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Rebeca, víctima de Boko Haram

15 septiembre 2017 Deja un comentario

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Rebeca fue esclava sexual de Boko Haram. La pegaron tales palizas que perdió al hijo que esperaba. Los terroristas querían que renegara de Jesucristo y la obligaban a rezar el Corán cinco veces al día. Pero cuando, de rodillas, inclinaba la cabeza hacia la Meca, recitaba en su interior: «En el nombre de Jesús, te quiero Señor». Incluso los terroristas la forzaban a rezar el rosario musulmán y en cada cuenta, ella paladeaba un avemaría a la Virgen. El martes que viene Ayuda a la Iglesia Necesitada la trae a Madrid para presentar una campaña de recogida de fondos para ayudar a las víctimas y húerfanos de Boko Haram en Nigeria

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN España) presenta su nueva campaña Libres ante el terror de apoyo a la Iglesia en Nigeria y las víctimas del grupo yihadista Boko Haram. Tendrá lugar el próximo martes 19 de septiembre en la sede de la fundación (C/ Ferrer del Río,14. Madrid) a las 11:00 horas.

Contará con la presencia de Rebeca, madre de familia y católica que fue secuestrada por Boko Haram. A su hijo de dos años, Zacarías, los terroristas le lanzaron al lago Chad, donde murió ahogado, porque su madre se negó a tener relaciones sexuales con los milicianos. A Rebeca, durante su cautiverio, la golpearon tanto que mataron al hijo que llevaba dentro.

El calvario de esta mujer comenzó cuando Boko Haram atacó su pueblo, Baga, situado al noroeste de Nigeria. Tuvo que salir corriendo junto a su marido, Vitrus, y sus dos hijos, Zacarías, de 2 años, y Jonathan, de 1. Pero Rebeca, de 24 años y embarazada, no podía seguir el ritmo. El matrimonio decidió separarse porque el grupo terrorista asesina a los hombres y secuestra a las mujeres. Boko Haram dio alcance a la mujer y a sus dos hijos, y acto seguido, se escucharon una ráfaga de disparos. Rebeca pensó que habían asesinado a Vitrus, y este pensó que habían matado a Rebeca.

A la mujer la llevaron a un campo de entrenamiento del grupo terrorista, junto con el resto de mujeres cristianas de Maiduguri, donde se convirtió en esclava sexual de los milicianos. Rebeca se negaba a entregar su cuerpo a los terroristas, lo que le costó un sinfín de palizas que provocaron la muerte del bebé que estaba esperando y que asesinaran a su hijo Zacarías en el lago Chad.

También quisieron que Rebeca renegara de Jesucristo y la obligaban a rezar el Corán cinco veces al día. Pero cuando, de rodillas, inclinaba la cabeza hacia la Meca, recitaba en su interior: «En el nombre de Jesús, te quiero Señor Jesús». Incluso los terroristas la forzaban a rezar el rosario musulmán y, en cada cuenta, ella rezaba un avemaría a la Virgen. Finalmente, Rebeca fue violada y se quedó embarazada de un terrorista.

Tras dos años en este infierno, la mujer pudo escapar. Salió corriendo del campo de entrenamiento con su hijo Jonathan y el hijo del miliciano. Pasó semanas perdida en el norte de Nigeria hasta que pudo llegar a su pueblo, donde se reencontró con su marido. Vitrus, pensando que su mujer había fallecido, estaba apunto de casarse con otra mujer.

En la presentación también estará presente el padre Innocent Zambua, sacerdote de la diócesis de Maiduguri, en el noreste de Nigeria, cuna de Boko Haram y una de las zonas que más ha sufrido los ataques del grupo terrorista.

Ayuda a la Iglesia Necesitada quiere con esta campaña recaudar fondos para sostener a las viudas y huérfanos víctimas de Boko Haram en la diócesis de Maiduguri, para su escolarización y formación. También quiere reconstruir las casas de aldeas cristianas quemadas por el grupo Fulani en el sur de Kaduna, entre otros proyectos relacionados con la formación de seminaristas, catequistas, y acciones a favor del diálogo interreligioso.

 

Una cosa sobre sexo que es urgente difundir

El amor conyugal es un regalo que alimenta el espíritu de los esposos

El amor es el ingrediente principal en la unión conyugal. Y quién es el amor sino Dios. Amor sin sexo seguirá siendo amor, pero sexo sin amor, sin Dios como centro… Piénsalo.

El amor conyugal significa la entrega mutua de los cónyuges, en todas sus dimensiones, como un hombre y una mujer.

A cuántos de nosotros se nos enseñó que el sexo era algo sucio, asqueroso y pecaminoso. Se nos habló únicamente de “lo malo” en vez de enaltecer sus bondades. Y claro, muchos llegamos al matrimonio con nulos conocimientos sobre este. Lo poco que sabíamos era por lo que platicábamos entre los amigos y si bien nos iba, lo que aprendimos en el curso prematrimonial.

El sexo en sí mismo no contiene nada malo, todo lo contrario. Si Dios mismo lo creó quiere decir que en él todo es “bueno y perfecto”. Que es un don, un regalo de su parte para transmitirnos su amor y permitirnos participar de la plenitud de su amor.

Es bueno y se tornará aún más perfecto -pleno- cuando se haga dentro del marco para el cual fue creado, entre uno hombre y una mujer unidos en matrimonio sacramental. Dios mismo le dio ese toque de placer el cual es fruto de esta unión perfecta y nunca su fin.

Cuando no tenemos claro todo esto y elegimos tener prácticas sexuales fuera de su marco sagrado, entonces sí se torna como algo “tóxico”, que nos daña y no conviene a nuestro espíritu. También cuando lo utilizamos como mero objeto de placer; cuando le restamos dignidad y lo ponemos en un plano meramente “animal” dejándonos llevar por pasiones y deseos desordenados; cuando lo vemos solo como un “derecho” -porque es mi cuerpo y yo hago con él lo que quiero- hasta denigrarlo con prácticas tipo Sodoma y Gomorra o masoquistas, entre otras, y no como una dádiva divina.

Aquí el sexo me está restando dignidad como persona y no me está poniendo en comunión con Dios, sino todo lo contrario.

Si de verdad fuéramos conscientes de todo lo que se transmite por medio del acto sexual, de toda la “información” espiritual -por ponerle un nombre- que se comunica por medio de esta entrega…

Y es que no se comparten solo cuerpos, también hay fusión de espíritus, de todo el ser. Todo lo que esa persona traiga cargando espiritualmente se lo va a transmitir a esa otra con la que elija tener relaciones íntimas. Y así sucesivamente con todas las que se haya involucrado.

Te lo explico con un ejemplo.

Ese esposo -le llamaremos Mario- que viaja a Las Vegas por asuntos de negocios le es infiel a su esposa con otra mujer que conoció: Pat. Se “mete” con ella una noche de copas. Total, nadie se va a enterar porque “What happens in Vegas stays in Vegas!”.

¡Sí, cómo no! El señor va de regreso a su hogar creyendo que ahí muere el asunto y que jamás volverá a saber de Pat. Pero no, no va solo y no lo sabe. De hoy en adelante le acompañará toda la historia espiritual de la mujer con la que se acostó.

Peor aún, Pat había tenido intimidad con muchos hombres más. Digamos que era una mujer de una moral muy relajadita y eso de tener sexo la primera noche pues se le daba. Entonces, ella a su vez trae cargando toda la historia espiritual de cada uno con los que se ha acostado, misma que esa noche de copas le transmitió a Mario.Y seguramente, esos que en su momento se involucraron con ella, también lo hicieron con otras más y así sucesivamente.

Como ven Mario no va solito en el avión, ahora le acompaña su gran familia espiritual de quién sabe cuántos miembros. ¡Y no lo sabe! Y te apuesto a que tú que ahora me lees tampoco lo sabías…

Necesitamos recobrar nuestra dignidad como personas y darle a ese acto sagrado el valor que Dios mismo le dio. La intimidad sexual es una “delicia” y no uso esta palabra en la connotación sensible solamente, sino como un gozo que es fruto del amor, del Espíritu Santo.

Es decirle a mi cónyuge: “Quiero ser uno contigo para siempre y quiero demostrarte con cada parte de mi ser cuánto te amo”.

El cuerpo habla, transmite amor y también necesita sentirlo. Es expresarte que por amor estoy listo para darme, para entregarme y recibirte como un todo que somos tú y yo, como una ofrenda de nuestra persona y de nuestro mutuo amor.

De hecho, si observamos el diseño del corporal de uno y de otro nos damos cuenta de que el cuerpo del varón está diseñado para entregarse por entero a su mujer y el de la mujer para recibirle. Hay un embone perfecto.

Hemos escuchado que la frase “hacer el amor” no está bien empleada porque el amor no se hace, sino que el amor ya es y el amor es Dios.

Efectivamente, el amor en plenitud es Dios, pero a este hay que accionarlo, ponerle cuerpo. De hecho, una pareja cuando se casa elige amarse como Dios ama -de manera libre, total, fiel, fructuosa- y hace votos en el altar respondiendo a las preguntas que les hace el sacerdote.

Esas promesas se hacen en el altar y luego esas se cumplen en la noche de bodas cuando se entregan el cuerpo. Es decir, primero fueron palabras, promesas espirituales y ahora las hacemos vida, las llevamos al plano del cuerpo para elevarlas al espíritu y unirnos con Dios.

El sexo -intimidad conyugal- es una renovación verdadera de las promesas nupciales. Esto es, se pone carne sobre las palabras dichas. Por eso esta es una unión santa, sagrada.

Además de ser el signo por medio del cual Dios transmite su gracia sacramental a la pareja, alimenta el espíritu de los esposos. Así como el agua es para el bautismo, la unión sexual es para el matrimonio.

Papás, necesitamos romper este círculo vicioso de desinformación y, peor aún, de mala información que estamos transmitiendo a nuestras nuevas generaciones. Es imperativo que nos “formemos” adecuadamente sobre este tema, con personas e instituciones que nos muestren el sexo como lo que es, un regalo del amor de Dios.

A ver, ¿cuántos de ustedes han estudiado la Teología del Cuerpo” de san Juan Pablo II? ¿Cuántos de ustedes se escandalizaron al leer Hacer el amor es hacer oración y ni siquiera se pusieron a investigar el significado y la profundidad de estas palabras?

Si no nos ponemos las pilas, será el mundo -que hoy por hoy está volteado de cabeza- quien se siga encargando de “formar” -o malformar-  a nuestros hijos. No basta con ser empresarios exitosos o ser eruditos en tal o cual tema, hay que formarnos de manera integral -cuerpo, mente, espíritu- y esto es urgente que lo hagamos ya.

Estamos inmersos en un letargo espiritual impresionante y temas como este -el sexo como mi derecho y sin freno alguno- está secuestrando los corazones y las voluntades de las personas más vulnerables. ¡Despertemos! 

Categorías:Matrimonio, Mundo, Sexo

“Hacer el amor” es hacer oración

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El sexo está llamado a ser sagrado

¿Tú sabías que cuando “haces el amor” con tu cónyuge dentro del único marco digno y seguro en que debe ser este acto íntimo -el matrimonio ante Dios- y cumpliendo con sus fines -unión, procreación, estar abiertos a la vida- estás haciendo oración?

Más adelante te lo explico de manera de sencilla. Ten en mente que “oración es elevarnos a Dios“. Es decir, que nuestro espíritu se comunique con el de Dios.

San Juan Pablo II en su maravillosa catequesis sobre la Teología del Cuerpo nos habló sobre una capacidad maravillosa que solo los humanos podemos experimentar por medio de nuestro cuerpo, el atributo nupcial que es nuestra capacidad de expresar amor con él. Ese amor precisamente en el cual la persona se convierte en regalo y por medio de ese regalo cumple con el propósito de su existencia. 

Podríamos pensar que eso no es nuevo porque todos tenemos la capacidad de expresar el amor con el cuerpo por medio de abrazos, caricias, etc. Pero no todos, insisto. Es exclusivo de las personas. Los animales no lo hacen.

Tampoco van haciéndose votos y promesas de amor. Las personas somos las únicas que nos entregamos a otra como una ofrenda de amor. Es decir, me entrego a ti por amor y por medio de este regalo cumplo con el propósito de mi existencia que es amar como Dios ama y así me convierto en regalo para alguien más dándome por completo, a Dios y al prójimo.

Hacer el amor es hacer oración. Como el Génesis -en el Antiguo Testamento- nos ha enseñado sobre la creación de nuestros primeros padres, antes del pecado original, el corazón de Adán estaba totalmente dirigido a Dios.

A pesar de que el paraíso entero estaba a su total disposición y disfrutaba de él, Adán solo miraba hacia Dios y le amaba tantísimo que quería expresarle su amor, demostrárselo con su cuerpo. Pero como Dios era puro espíritu no podía hacerlo.

Adán -claro que sigo hablando figurativamente- no se dio por vencido e intentó entregar su amor a las plantas, a los árboles, a los animales, a cuanto ser vivo que se encontraba en el paraíso, pero pronto se percató de que con ninguno de ellos se sentía completo, siempre se sentía vacío.

Digamos que sus muestras de amor por medio de abrazos y caricias no eran correspondidas ni le satisfacían porque lo que él deseaba era llegar a Dios. Su vacío era cada vez más profundo.

Dios, por su parte, al darse cuenta del vacío que Adán sentía y de que su único fin era llegar a Él, se compadeció y le creó a la compañera y ayuda idónea. Le regaló a su mujer, Eva.

Dios entendió que el “deseo” de Adán no era hacia la mujer como tal, sino totalmente hacia Él. Pero como Dios no tenía -ni tiene- cuerpo, entonces le dijo que le regalaría otro cuerpo, el de su mujer para que se pudiera entregar a ella de una manera total y libre y que, por medio de esa unión de cuerpos con ella, mismos que embonarían de una manera perfecta, pudiera alcanzar esa unión con Dios que él tanto anhelaba.

Por fin Adán pudo llegar a Dios por medio de ese acto de amor con Eva y participar del espíritu de Dios. Por eso es por lo que “hacer el amor” es hacer oración.

Dice san Juan Pablo II: “se ven el uno al otro con toda la paz de la mirada interior que crea la plenitud de la intimidad de personas”. Todos deseamos a alguien que nos ame, nos acepte y nos respete por completo, plenamente, porque eso nos llena, nos eleva y, literal, nos hace experimentar el amor de Dios.

Adán y Eva se reconocieron desnudos y no sintieron vergüenza porque la dimensión interior del corazón de Adán estaba totalmente volteada a Dios. En su alma solo habitaba el amor y no había malicia. Pronto descubrió que el cuerpo de su mujer estaba hecho para recibir como el de él estaba hecho para entregarse.

Eva puede ver en su totalidad el interior de Adán y observar eso, que su corazón estaba totalmente volteado y dirigido hacia Dios.Eva se da cuenta de que participa de todas las perfecciones que hay de Dios y que su único deseo era amarle y llegar a Él por medio de ella, entregándose plenamente.

Ella sabe que él la desea, pero con un deseo puro, santo, lleno de amor y no de lujuria. También reconoce que Adán lo que quiere es expresarle las perfecciones del amor de Dios por medio de su cuerpo.

Con esta explicación podemos darnos cuenta de la dignidad del acto sexual y de por qué el marco del matrimonio que es bendecido por Dios es el único ambiente sagrado e idóneo para llegar a Él por medio de nuestra unión.

Necesitamos ser conscientes de que la unión sexual es muy agradable a Dios porque por medio de ella nos comunica su amor, nos hace partícipes de su espíritu y nos transmite sus gracias para poder sacar adelante la nada fácil tarea que cada uno de nosotros tenemos dentro de nuestros matrimonios.

A ningún otro acto sexual se le puede llamar “hacer el amor” porque amor es Dios y ninguno otro te eleva ni te lleva hacia Él. Ningún otro te dignifica. Es más, cualquier acto sexual fuera de este contexto es desagradable a Dios porque no nos está uniendo a Él, al contrario, nos aleja de participar de la plenitud de su amor.

Todos los seres humanos necesitamos de Dios. Todos estamos creados para recibir. De hecho, en la misa es Jesús -Dios hecho Hombre- quien se entrega a nosotros. Y todos nosotros -hombres y mujeres- hablando de manera espiritual y simbólica somos mujer para recibirle.

Es decir, lo masculino entrega, lo femenino recibe; es por eso por lo que a la Iglesia la llamamos “ella”, en femenino porque es la que recibe.  Es una analogía maravillosa para que entendamos por qué Cristo es el esposo que se entrega a su Iglesia, quien es la esposa que le recibe.

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The Silent Scandal: Promoting Teen Sex

caminogirl-1031772_960_720With millions of dollars in sex-education programs at stake, it is not surprising that the groups that have previously dominated the arena have taken action to block the growing movement to abstinence-only education. Such organizations, including the Sexuality Information and Education Council of the United States (SEICUS), Planned Parenthood, and the National Abortion and Reproductive Rights Action League (NARAL), have been prime supporters of “safe-sex” programs for youth, which entail guidance on the use of condoms and other means of contraception while giving a condescending nod to abstinence. Clearly, the caveat that says “and if you do engage in sex, this is how you should do it” substantially weakens an admonition against early non-marital sexual activity.

Not only do such programs, by their very nature, minimize the abstinence component of sex education, but many of these programs also implicitly encourage sexual activity among the youths they teach. Guidelines developed by SEICUS, for example, include teaching children aged five through eight about masturbation and teaching youths aged 9 through 12 about alternative sexual activities such as mutual masturbation, “outercourse,” and oral sex. In addition, the SEICUS guidelines suggest informing youths aged 16 through 18 that sexual activity can include bathing or showering together as well as oral, vaginal, or anal intercourse, and that they can use erotic photographs, movies, or literature to enhance their sexual fantasies when alone or with a partner. Not only do such activities carry their own risks for youth, but they are also likely to increase the incidence of sexual intercourse.

In recent years, parental support for real abstinence education has grown. Because of this, many traditional safe-sex programs now take to calling themselves “abstinence plus” or “abstinence-based” education. In reality, there is little abstinence training in “abstinence-based” education. Instead, these programs are thinly disguised efforts to promote condom use. The actual content of most “abstinence plus” curricula would be alarming to most parents. For example, such programs typically have condom use exercises in which middle school students practice unrolling condoms on cucumbers or dildoes.

En el sexo ¿vale todo?

“Amémonos al límite, seamos felices juntos, olvidémonos de juzgar qué es bueno y qué es malo. Pero súbitamente todo se desmorona”. Liv Ullmann

Infiel 03.jpgAlgunos afirman que nadie puede dictarles lo que tienen que hacer con su sexualidad. Que para ellos “vale todo”. Pero desentenderse de la ley moral acaba tarde o temprano en serios disgustos. Así queda reflejado con brillantez, por poner un ejemplo, en la película “Infiel”, de Liv Ullmann, que aborda con cierta profundidad el drama del adulterio. Cuando dos personas inician una relación adúltera, piensan quizá que es como un juego para adultos. Los principios morales desaparecen. Amémonos al límite, seamos felices juntos, olvidémonos de qué es bueno y qué es malo, que no pasa nada.

Sin embargo, tarde o temprano descubren que no da igual olvidarse de la naturaleza y de sus leyes. Querían hacer como que eran dioses que se dan a sí mismos su naturaleza y sus leyes, y no tardan mucho en comprobar que se han mentido a sí mismos, y sobreviene entonces la consiguiente tragedia. Querían jugar a que no había principios morales, y súbitamente aquella simulación y aquel fingimiento se desmoronan.

Lo que era un matrimonio unido, una hija feliz, un buen amigo, acaba todo deshecho por la irreflexión, por el egoísmo de la sensualidad que ciega y lleva a la irresponsabilidad, e incluso a la crueldad, a destrozarlo todo. Las víctimas son ellos mismos, sus familias, esa niña que ha sido utilizada en el juego de adultos, arrollada por un torbellino emocional que desgarra su vida, sin entender bien cuál es su papel en esa historia de deslealtades.

Alfonso Aguiló

Categorías:infidelidad, Mundo, Sexo

Cuando tu esposo es adicto a la pornografía

Consejos para hacer frente a la adicción sexual

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He leído una carta anónima publicada sobre la mujer de un adicto al porno que sentía el engaño y el dolor fruto de la adicción de su esposo. Al instante sentí dolor, tristeza y furia. A continuación ofrezco estas breves sugerencias prácticas y espirituales, tanto para esta esposa como para su marido. Confío en que otras personas encuentren algo de ayuda aquí también.

A la esposa anónima: todo lo que escribes es absolutamente verdad, y no solo para ti, sino para muchas esposas más (y también esposos). Deberías saber que, de hecho, existen recursos de ayuda para cónyuges de adictos a la pornografía.

Sin embargo, empecemos por ser brutalmente honestos. Probablemente tu marido es adicto a algo más que el porno. Cometemos un grave error al hablar simplemente de “adicción al porno”. La pornografía es una droga de transición que facilita la llegada o concurre con otros múltiples comportamientos sexuales compulsivos. Deberíamos usar el término ‘adicción al sexo’. Al hablar de adicción a la pornografía se minimiza la cuestión (ya que la pornografía está tan gratuitamente aceptada) y se ignora la realidad de que están en juego probablemente comportamientos mucho más graves.

Aquí hay algunas sugerencias prácticas para la esposa anónima:

1. La adicción de tu marido no tiene nada que ver con que tú no le satisfagas sexualmente. Deja de flagelarte. Puede haber dificultades en tu vida íntima, pero no son la causa de su adicción. Más bien al contrario. La adicción causa problemas en tu vida íntima, por no mencionar en tu matrimonio. Tu marido nunca estará satisfecho sexualmente mientras siga siendo un adicto sin intención de recuperarse.

2. Hazte una prueba de ETS. No será fácil emocionalmente. Te pondrá en una montaña rusa de sentimientos encontrados. Pero necesitas saber si tu salud está en peligro a causa del comportamiento de tu marido. Es un adicto, lo cual significa, por desgracia, que es un mentiroso. Tiene que mentir para poder gestionar su adicción. No tienes manera de saber si te ha dicho toda la verdad sobre su trastorno sexual. Lo más probable es que te haya contado una verdad a medias, algo que te satisfaga lo suficiente en un momento de confrontación. Lo más seguro es que tu mente ni siquiera viaje a los lugares donde él ha estado.

3. Existen grupos de ayuda. Encuentra uno que te funcione. Necesitas ayuda. Cargas sobre tus hombros un peso tremendo y sufres enormemente.

– S-Anon es un programa de 12 pasos para parejas y allegados en general de adictos al sexo. Sí, tu marido es un adicto al sexo aunque creas que en realidad “solamente” es un adicto a la pornografía. Es posible que debas probar con diferentes grupos porque todos pueden variar mucho entre sí. Tienes que encontrar uno donde te sientas cómoda; dicho lo cual, no significa que este desafío no deba suponer un esfuerzo. Al-Anon, de alcohólicos anónimos, puede ser de ayuda si no puedes encontrar un programa S-Anon. Los programas de 12 pasos son gratuitos.

– Si no puedes encontrar un programa de 12 pasos o prefieres una opción diferente, prueba a encontrar un terapeuta profesional especializado en adicción al sexo. Muchos ofrecerán tanto asesoramiento individual como en grupo. Como todos los terapeutas, los terapeutas sexuales son un grupo heterogéneo. Algunos son buenos; otros no tanto.

Sé inteligente. Escucha a tu instinto. Existen muchos programas de certificación para terapeutas sexuales, pero los CSAT (Certified Sex Addiction Therapist, del instituto IITAP, International Institute for Trauma and Addiction Professionals) son los más conocidos y posiblemente los más reputados. Su elaboración ha sido supervisada por el doctor Patrick Carnes, experto destacado en adicción al sexo. Su investigación, en particular en el ámbito de la familia, va en línea con la doctrina católica. Los especialistas CSAT también están formados en el proceso por el que un marido se abre por completo a su esposa (o tanto como ella necesite). Necesitarás este proceso para seguir adelante.

– NO vayas a un terapeuta que sea un simple terapeuta sexual. Normalmente no entienden el concepto de adicción al sexo (o al porno) y no es de extrañar que te culpen a ti por los problemas de tu marido. Si tan solo te relajaras, te pusieras ropa sexy, te atrevieras a algo más arriesgado, si encendéis una vela, si vierais porno juntos… Estos terapeutas serán el terapeuta de los sueños de tu marido.

– También te advierto para que tengas cuidado con los terapeutas que se anuncian primero como católicos (o cristianos) y luego como terapeutas. Lo que necesitas es a alguien que entienda por lo que estás pasando, el que sea católico o no es una cuestión menor. Tienes que saber si es un terapeuta experto capaz de ayudarte. Investiga por internet. Llama a organizaciones sanitarias competentes preguntando si pueden recomendar a alguien o si hay quejas sobre alguno de los terapeutas que estés considerando. Incluso en tu centro médico de cabecera; en algunos tienen listas de profesionales de la salud mental que tienen valores neutrales.

4. Lee sobre codependencia y TEPT (trastorno de estrés postraumático) para parejas de adictos al sexo. Si el diagnóstico de codependencia no encaja con tu caso, no dejes que nadie te ponga esa etiqueta. Cada vez más terapeutas que trabajan con cónyuges de adictos al sexo descubren que los cónyuges sufren de forma más inmediata algo parecido al TEPT.

Probablemente haya un elemento de codependencia, pero el efecto de TEPT es mucho más inmediato porque la adicción al sexo es una adicción profundamente personal e íntima. No es como las adicciones a las drogas o al alcohol, aunque también hieren terriblemente a los seres queridos. Causa un dolor que es radicalmente más personal para el cónyuge. Además, a menudo es mucho más oculto y secreto. Normalmente se produce un momento de descubrimiento brutal para el cónyuge de un adicto al sexo.

5. Para entender más en general sobre la adicción al sexo, lee obras de algún experto reputado, como el libro Out of the Shadows del doctor Patrick Carnes.

6. Puedes leer información ofrecida en recursos para cónyuges (o parejas en general) de adictos al sexo. Hay muchos libros y artículos disponibles en Internet. Algunos son obra de cristianos, otros no. Busca lo que funcione en tu caso. Estar en un grupo podría ayudarte a filtrar los mejores recursos.

7. No te conformes con menos que sobriedad por parte de tu marido. A medida que tú te fortalezcas, anímale a que reciba ayuda. En Estados Unidos dispones de tres programas principales de 12 pasos relativos a la adicción al sexo. Resumo brevemente:

– SA: Sexaholics Anonymous. Los miembros de sexólicos anónimos (SA, también en España) coinciden en que la única forma legítima de comportamiento sexual se produce entre marido y mujer. No hay sexo con otros ni con uno mismo. SA se alinea muy bien con la doctrina católica sobre la moral sexual.

– SAA: Sexo Adictos Anónimos. Definen la sobriedad a su manera, así que podría incluir comportamientos que no son estrictamente fieles y castos.

S.L.A.A.: Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (en español A.S.A.A.). Sus miembros también tienen su propia definición de sobriedad.

8. Tu marido también puede recibir ayuda de un terapeuta CSAT y/o de un grupo. Sin embargo, yo recomendaría trabajar con alguien al principio que exija a tu marido que logre cierto nivel de sobriedad (90 días o más) antes de hurgar en cuestiones psicológicas. Tu marido es un adicto. Lo más probable es que sea un hombre inteligente, ya que ha sido capaz de mantener al menos un indicio de fachada hasta ahora. La terapia se convertiría en una distracción de su esfuerzo inmediato sobre la sobriedad. También podría manipular la terapia y tus esperanzas. No te conformes con menos que la sobriedad. Está enfermo y solo hay una forma de mejorar. Sobriedad.

9. No discutas con tu marido. No se encuentra en una posición razonable. Lo volverá todo contra ti. Manifiesta tus necesidades, tus peticiones, etc., pero no insistas si se va a convertir en una discusión. Aquí es donde tu propio esfuerzo será esencial. Si no haces tus propios deberes, tu marido te arrastrará en una espiral de devastación cada vez que discutáis.

10. No eres la madrina de tu marido ni su terapeuta ni su director espiritual ni ante quien deba rendir cuentas. Lo mejor de utilizar recursos externos profesionales es que puedes liberarte de una función imposible en la que probablemente hayas quedado atrapada.

11. No empieces con terapia matrimonial. No hasta que tu marido esté sobrio y ambos estéis sanos en general; nada se puede hacer por el matrimonio hasta entonces. Cualquier terapeuta que sugiera lo contrario es un charlatán. El matrimonio está en pausa por ahora. Si llegas al punto de la terapia matrimonial, trabaja solamente con un terapeuta que no oculte secretos de ninguno de los esposos. Pregunta al terapeuta sobre su enfoque en la terapia de parejas. ¿Incluye la transparencia? Tiene que haber transparencia total. El matrimonio debería ser paciente y vosotros dos deberíais tener un papel en él. Pero el terapeuta debería centrarse en sanar el matrimonio, no en ofrecer encubrimiento a ninguno de los dos. Debería ser un trabajo duro. Si es fácil, probablemente no es real.

12. Cuídate. Te lo debes a ti misma, a tu marido y a tus hijos. Hazte un examen médico si hace más de un año del último o si estás experimentando cambios de salud significativos. Pero un chequeo de verdad, no solo tu visita regular al ginecólogo. Haz ejercicio. Te ayudará a aclarar tu mente y tal vez incluso a rezar. Come bien. Haz cosas buenas que te hagan sentir bien y fuerte: para ti, para tus hijos e incluso para tu marido.

13. No tomes ninguna decisión sobre el matrimonio a no ser que necesites una separación legal para protegerte económicamente o necesites residencias separadas para protegerte a ti y a tus hijos. En cuanto empieces a recuperarte de esta horrible situación, llegarás al punto en que verás con claridad cuál debería ser el próximo paso. Lo sabrás porque tendrás paz sobre tu decisión aunque dé miedo tomarla.

Y a continuación, algunas sugerencias prácticas espirituales.

Por lo general, un cónyuge que ha sido herido tan profundamente termina preguntándose dónde está Dios en medio de todo esto. “Si Dios es Amor, ¿por qué siento soledad y falta de amor? ¿Por qué Dios no se preocupa lo suficiente de mí?”. La traición puede provocar el endurecimiento de nuestro corazón, no solo hacia la persona que nos ha traicionado, sino hacia nosotros mismos y hacia Dios.

Pero la cuestión es que Dios sí se preocupa por ti. Te ama profundamente aunque no sientas Su amor ahora mismo. El hecho de que te hayas percatado de lo malo de tu situación es una señal de que Dios te acompaña, confirmando que mereces más que todo eso, que deberías ser amada y que, de hecho, lo eres. Sin Dios de tu lado, no tendrías la confianza para mantener tus trece (o cantarle las cuarenta) ante tu cónyuge, ante el mundo y ante Dios mismo.

Sigue haciéndote estas preguntas. Exige respuestas. Te acercarán más a Dios. Experimentarás Su amor a medida que crezcas en la certeza de que los fracasos de tu marido no son el reflejo de tu valía ni de tu dignidad. Pide consuelo a Dios; Él te lo concederá. Podrá ser en momentos fortuitos, a veces podrán ser obvios. Ve con frecuencia a confesarte, como mínimo cada dos semanas, si no más a menudo.

Necesitas la gracia para sanar tu ira justificada. Necesitas la gracia para levantarte cuando te sientas tan decaída que nada parezca importar. La gracia está ahí, al alcance de tu mano. Tómala, úsala, corre con ella. Toda esta situación te ha robado tu paz. Permite a Dios que la restaure. Si puedes, consigue un buen director espiritual. Cuando te encuentres en una situación en la que veas que pierdes tu paz, atiende a dos cosas:

1. Perder tu paz interior es una señal de que en lo profundo de tu interior sabes que las cosas deberían ir mejor.

2. Tan pronto como empieces a perder tu paz, haz lo que sea necesario para detener el proceso. Puede que requiera toda tu energía y fuerza o puede que sea sorprendentemente simple. No serás capaz de saber si te están amando si no tienes paz en tu interior. Por eso precisamente al diablo le gusta que pierdas tu paz, porque entonces pierdes apego a la realidad. Por desgracia, probablemente el diablo esté trabajando codo con codo con tu pobre marido para hacerte dudar de todo lo que sabes sobre la realidad, pero en especial la realidad de que eres amada profunda y apasionadamente por Dios, al margen de los errores de tu marido. Al margen de tus propios errores.

Ve a misa siempre que puedas. Estás pasando por una crucifixión, así que dispones de mucho que ofrecer en el sacrificio de la misa. Si tienes hijos pequeños, sigue el consejo de las mamás blogueras y busca a quien te eche una mano con su cuidado. Que no sean ellos quienes te impidan ir a la misa que tan desesperadamente necesitas.

Para los adictos al sexo:

Tenéis que decidir tomaros esto en serio y detener ese comportamiento. [Voy a asumir que el adicto es el marido, como en el caso de la carta mencionada al principio, ya que es el caso de la mayoría de adicciones al sexo; aunque la situación cambia. La adicta podría ser fácilmente la esposa.]

  1. Decide buscar ayuda ahora mismo. Ve a una reunión de SA tan pronto como sea posible. Hoy mismo. Sin excusas; ya has puesto excusas durante demasiado tiempo.
  2. Claro, explora otras opciones de tratamiento; pero una reunión de SA es sin duda un buen camino para comenzar sin más dilación. Hoy. Si no hay ninguna reunión de SA cerca de ti, ve a otra reunión de 12 pasos.
  3. Quiérete a ti mismo lo bastante como para querer estar sano. Probablemente estás en esta situación porque te han pasado muchas cosas desagradables y has elegido muchas cosas desagradables para ti mismo (por no mencionar para tu esposa y tus hijos). Más tarde podrás lidiar con eso, pero primero permanece sobrio.
  4. Si el ordenador es el problema, tíralo, guárdalo bajo llave, busca un responsable ante quien rendir cuentas de tu evolución.
  5. Tu esposa no es la responsable ante quien rendir cuentas, ni tu terapeuta ni tu confesora. Tampoco es Dios ni el padre que te decepcionó ni quienquiera con quien estés enfadado. Deja de usarla para hacerte sentir superior y mejor contigo mismo. Deja de culparla. Deja de señalar sus errores. Quizás no estés preparado ni seas capaz de amarla como debieras, ya que ni siquiera puedes empezar a amarte de verdad a ti mismo hasta que estés sobrio y permanezcas sobrio. Pero deja de herirla más de lo que ya lo has hecho.
  6. Comprende que está enfadada y que seguirá así durante un tiempo. La única esperanza que te queda de ser de alguna ayuda para ella es controlar tu comportamiento y detener tu impulsividad sexual.
  7. Si hay otras adicciones involucradas, busca también ayuda para tratarlas. Tu adicción sexual, no obstante, será la más difícil de superar.
  8. Si tienes hijos o quieres tener hijos, pon freno a tu adicción. De otra forma, tus hijas continuarán casándose con hombres como tú o tus hijos se convertirán en hombres como tú porque tú eres el ejemplo de hombre que más conocen. Solamente puedes empezar a darle la vuelta a la situación viviendo tu sexualidad con integridad.
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Tener o no tener relaciones sexuales siendo soltero

octubre 9, 2016 por beckyreynaud

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Si nos vamos al principio de la polémica actual llegamos a una pregunta: ¿Para qué estamos en la tierra? La respuesta de muchos conocida es: Para conocer, amar y servir a Dios y esta vida y ser felices en la otra, por toda la eternidad. Otros dirán: “Estoy en la vida para divertirme”. ¿Y si llega una situación límite, qué? Habría que preguntar. La verdad es que hay que contar con el dolor, el sufrimiento, porque tarde o temprano, llega.

Nuestra época glorifica el cuerpo y sus placeres, exalta la libertad sexual, pero piensa que todo esto tiene que ver más con la esfera de la biología que con la psicología. Desde el momento que se considera a la sexualidad como un fenómenos puramente biológico, deja de tener sentido una moral sexual.

Edith Stein advierte: Una persona educada es aquella a la que le sabe bien lo bueno y le sabe mal, lo malo.

Muchos jóvenes actuales se preguntan: ¿Por qué no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio? Porque Dios no lo quiere. El sexto mandamiento dice: “No cometerás actos impuros”. ¿Cuál es el mayor deseo del hombre? Es ver a Dios. Y Jesús dijo: “Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”. “El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir” (San Gregorio de Nisa).

El noveno mandamiento exige vencer la concupiscencia carnal en los pensamientos y en los deseos. Esta lucha supone la práctica de la templanza. Todas las épocas han pedido templanza en la educación de los niños y de los jóvenes; pero ahora se nos quiere educar en la destemplanza y por eso vemos tantos males, robos y excesos de todo tipo.

Si se quieren menos nacimientos, basta con evitar la unión libre y el amasiato. Además, el sexo fuera del matrimonio se asocia a la violencia y a otras formas de abuso.

Las cifras oficiales dicen que entre el 23% y el 27% de los adolescentes han tenido relaciones sexuales en México. Eso quiere decir que tenemos un 70% de adolescentes que viven la abstinencia y un 30% al que hay que enseñarles los grandes beneficios de la abstinencia sexual: se evitan las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo no deseado, herir a la pareja, y, sobre todo, son más felices así. Los jóvenes entienden muy bien los mensajes de abstinencia si se les saben explicar. Lo normal es que la gente soltera no tenga relaciones sexuales. El problema está en que algunos textos de Biología de Primaria y Secundaria los impulsan a los adolescentes a experimentar con su sexualidad.

Toda la Historia muestra que al ser humano lo han educado en la templanza, y ahora se nos quiere “educar” en la destemplanza porque ella quebranta voluntades. Las personas, sobre todo la gente joven, no quiere límites. Hay que saber que es sensato y sano tener límite en todo.

La templanza es la virtud más “personal” entre las cuatro virtudes cardinales. Es moderación en cualquier actividad. La templanza no es rechazar el objeto deleitable sino usarlo de acuerdo con la razón. Es una virtud que enriquece habitualmente a la voluntad y la inclina a refrenar los apetitos sensitivos hacia los bienes deleitables contrarios a la razón. La templanza modela nuestro comportamiento hasta conseguir un correcto equilibrio de inteligencia y pasión. Dos son las tendencias que arrastran al hombre a los bienes deleitables:

  • el placer de comer, y
  • el placer sexual

Estas tendencias no son malas en cuanto logran sus bienes deleitables dentro del orden racional. El desorden en este terreno consiste en el uso de los goces de tales inclinaciones contra los fines naturales, o en el uso de los mismos con exceso. Además, nuestras obras nos siguen y quedan en nuestra alma moldeándola. De cómo se entienda la templanza, dependerá la postura que se adopte respecto de la creación y del mundo exterior.

Dentro de la templanza entra la valoración positiva de lo sexual. “Cuanto más importante es una cosa, tanto más ha de seguirse en ella el orden de la razón”, dice Santo Tomás. Precisamente por ser la tendencia sexual un bien tan elevado, necesita la defensa por medio del orden de la razón. La lujuria destruye de una manera especial la fidelidad del hombre a sí mismo y ese permanecer en el propio ser. Por ella, el hombre se insensibiliza para percibir la totalidad de lo que realmente es. La obsesión de gozar la impide acercarse a la realidad. Santo Tomás pone el ejemplo de un león que al aparecer un ciervo no es capaz de ver en él más que su carácter de presa. En un corazón lujurioso pasa lo mismo. La lujuria no se entrega, se doblega, quebranta la voluntad. Va mirando la ganancia, corre tras la caza del placer. La esencia de la lujuria es el egoísmo.

La castidad en cuanto templanza y la lujuria en cuanto destemplanza quieren decir que la una o la otra se han instalado en el ser humano como una segunda naturaleza, dando lugar así a una postura habitual. En cambio, la castidad como continencia y la lujuria como incontinencia, expresan una situación pasajera.

La lujuria impide que el espíritu se impregne de la verdad. Pero además destruye el verdadero goce sensible de lo que es sensiblemente bello. El cristianismo jamás excluyó el placer sensible de lo moralmente bueno. El hombre está llamado a disfrutar de las sensaciones específicas que cada objeto está llamado a producir. Sólo percibe la belleza del mundo quien lo contempla con mirada limpia.

La moderación y la castidad no son la perfección del hombre, pero crean los presupuestos para la realización del bien. Por eso el profesor Biffi decía: “La ascética es el itinerario para la construcción del hombre”.

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