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Archive for the ‘Testimonio’ Category

En España perdió la fe de su infancia, pero retó a la Virgen con un ayuno de 40 días… y todo cambió

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Filka Mihalj explica su acercamiento a la Virgen y a la fe con un ayuno en Medjugorje

Filka Mihalj es una mujer de Bosnia que hoy trabaja en Medjugorje, como traductora de español y guía. Reza el Rosario, ama a Dios y a la Virgen y trata de ir a misa diaria siempre que puede.

Sin embargo, durante bastantes años de su juventud estuvo alejada casi por completo de la fe. Fueron unos españoles queacudían en peregrinación a Medjugorje los que la volvieron a acercar a Dios a través del amor de la Virgen María.

Padre comunista, madre con fe discreta

Filka nació en una familia de croatas de Bosnia cuando todavía existía la Yugoslavia comunista. Su padre era miembro del Partido Comunista. Su madre era creyente católica pero evitaba dar demasiada visibilidad a la fe.

Cuando Filka tenía 7 años, vio que una amiguita suya con la que siempre jugaba se ausentaba siempre una tarde a la semana: iba a catequesis de niños, en una casa particular, de forma prácticamente clandestina.

Filka quiso ir con su amiga, y la catequista le dijo que necesitaba un permiso expreso de su madre. “Bien, puedes ir, pero no se lo digas a nadie”, dijo la madre. Como tantos cristianos bajo los regímenes ateos de Europa del Este, Filka logró recibir así, en aquellas clases, una formación católica a escondidas.

En esa catequesis aprendió a amar a la Virgen: una Madre en el Cielo, algo muy comprensible para ella como niña. Entender a Dios y la Trinidad le costaba más, era más bien un concepto teórico. De niña visitó una vez Medjugorje y le hablaron de que la Virgen se había aparecido y se seguía apareciendo allí a unos videntes, pero no fue algo que le interesara mucho.

En un campo de refugiados en la Guerra de Yugoslavia

El Muro de Berlín cayó en 1989, cuando ella era una adolescente. Y enseguida llegó la cruel guerra de la ex-Yugoslavia, a tres bandas, a veces más, de serbios, croatas y bosnios. Su madre, enfermera, fue reclutada para atender heridos. Su hermano, reclutado para el frente. Ella acabó enseguida en un campo de refugiados.

En la guerra y postguerra conoció a muchas personas que perdían a su padre o a su madre, y que quedaban muy dañadas y desequilibradas. “Es duro perder a cualquier, crea heridas, pero cuando pierdes a la madre, la herida es más grave”, dice hoy. Por eso anima a todos a tomar a María como Madre, para sanar heridas espirituales y crecer de forma sana.

“En España son muy religiosos”… pero ahí perdió la fe

En cierto momento, se le abrió la posibilidad de ir a estudiar a España. “Con lo religiosa que eres te gustará, allí son todos muy cristianos”, le dijo su madre. Pero en la España de los años 90 encontró lo contrario. Acudió a misa en unas pocas ocasiones y solo veía algunas viejecitas.

No contactó con jóvenes cristianos. Había llegado al país con una beca de una asociación socialista y la gente con la que trataba era de ámbitos no cristianos. “Ya nadie joven es cristiano aquí, la Iglesia es cosa de viejecitas y de países atrasados como el tuyo“, le decían. Y eso parecía cuando iba a misa.

Así que la joven Filka, que estaba lejos de casa y de su familia, que ahora tenía dinero porque trabajaba, que tenía 19 años y libertad, se volcó en hacer amigos mundanos, tratar de conocer mucha gente y llevar una vida superficial. Así dejó por completo los sacramentos la relación con Dios.

Camino de Medjugorje: “recemos el Rosario”

Pasados unos años, después de que un novio la dejase, empezó a reflexionar algo sobre el sentido de la vida y como conducirla. Vivía otra vez en Yugoslavia y la contrataron como acompañante de peregrinos españoles que acudían a Medjugorje. Ella explicaba algunas cosas de historia y cultura en el autobús, y enseguida el cura español decía: “Muy bien, y ahora recemos el Rosario”.

Yo rezaba con ellos el Rosario porque quedaba feo no rezar, te miraban mal, la gente en el autobús lo esperaba de ti”, recuerda ella.

Pero al pasar los días, estando en Medjugorje, leyendo información que encontraba ella decidió retar a la Virgen para reorientar su vida. “Virgen María, veo que hablas mucho del ayuno. Yo ayunaré 40 días a pan y agua esta cuaresma, y quiero que tú me devuelvas la fe de mi infancia“.

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El ayuno la transformó

Ni siquiera rezó mucho esos días, pero el ayuno a pan y agua durante 40 días fue su oración. Esa experiencia de austeridad la fue cambiando. Al cabo de tres semanas sintió que, después de muchos años, necesitaba confesarse, que era parte de la purificación y renovación que sentía. Acudió a un sacerdote que le confesó y le explicó que el pecado era una separación dañina del amor de Dios, que la reconciliación era un acercarse a Dios. Y María era el camino que la estaba acercando a Jesús y a Dios padre, a un trato personal que de niña no había llegado a tener.

“Cambió todo en mi vida. Perdí miedos, podía pasear sola de noche, antes no me atrevía. Cambió mi forma de vestir y de hablar. La gente me lo notaba, me lo decía, me decían que si me había enamorado…”.

Hoy Filka es una entusiasta de compartir la fe. El ayuno que la Virgen de Medjugorje propone fue su camino de retorno a la fe. La Virgen como Madre está abierta para abrazar a todo el que necesite ser abrazado. “Y siempre, junto a ella, está su Hijo Jesús”. Lo explica con alegría en el programa “Cambio de Agujas” de HM Televisión.

 

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¿Cuándo son más fuertes las tentaciones del diablo?

Una reflexión que impacta el alma

 

Reconozco que no soy el mejor amigo de Jesús. A menudo lo ofendo. Muchas veces lo hago sin pensar, soy impulsivo. Inmediatamente me doy cuenta de mi error, reflexiono y le pido que me perdone.

Cuando encuentro la ocasión acudo al confesionario para encontrarme con su Misericordia y su Amor.

Es fantástico tener la oportunidad de acercarnos al confesionario. Se lo recomiendo a todo el que puedo. Amigos míos que tenían años sin confesarse de pronto se me acercan y me comentan:

“No comprendo por qué no lo hice antes. Me siento renovado. Es como si Dios te diera una nueva oportunidad. Y yo pienso tomarla”.

Y justamente, para personas como yo, tan imperfectas, este sacramento es un regalo del cielo. Algunos santos lo han llamado el sacramento de la alegría, porque te restaura la paz.

Ayer pensaba en ello y en las veces que he sido tentado.

En esos terribles minutos en que llega la tentación, me digo: “Si pierdo la gracia, lo pierdo todo”.  Luego acudo con Jesús en el sagrario y le cuento. Saliendo del oratorio me acerco a nuestra Madre del cielo y le pido: “Guárdame bajo tu santo manto”.

¿En qué momentos ocurre con más frecuencia? Cuando paso días sin rezar como debiera o abandono la misa diaria.

Me he dado cuenta… Sin la oración estoy perdido.  

Las grandes tentaciones, las más fuertes, suelen llegarme días previos a una fiesta religiosa importante. ¿Te ocurre igual?

Supongo que el diablo desea que perdamos la gracia para que de alguna forma ofendamos más a Dios en esos días.

Hace una semana me pasó. Me rondaba la tentación. De inmediato me dije: “No deseo perder la gracia”.  Y me ocupé en otros asuntos para ocupar la mente.

El diablo no descansa. Es muy hábil para buscar tus puntos débiles y te ataca por allí sin piedad.

Lo imagino diciéndole a Dios:

“Ese Claudio, dice amarte, y mira en lo que anda”.

Suelo decir que el diablo es malo con ganas. No te dejes. No le des gusto. 

Si caes levántate lo más pronto que puedas, haz una buena confesión y vuelve a empezar. Recuerda lo que una vez me dijo un sacerdote amigo:

“Santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta”.

Dios está pendiente, no te abandona.  Te da las gracias que necesitas y te mira ilusionado.

El resto, recorrer el camino,  depende de ti.

Haz de tu vida algo grande para Dios.

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«La Virgen me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

Claudia Koll, ex actriz erótica

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La Virgen María tuvo un papel importante en su proceso de conversión

Claudia Koll fue una de las estrellas del cine erótico en Italia, muy rentable a inicios de los 90 del pasado siglo. Tenía la fama que le daban sus papeles, como en Cosí fan Tutte, del director Tinto Brassy, y conseguía mucho dinero por ellos. Sin embargo, existía en ella un vacío enorme que no lograba llenar ni con ese éxito ni con los hombres.

Fue en el 2000, año del gran jubileo, cuando esta actriz se convirtió y su vuelta a la Iglesia fue muy sonada debido a los papeles que había protagonizado en el pasado. En este cambio, la Virgen María ha sido fundamental, también antes de su conversión, pues aunque ella no lo supiera ya había una semilla en ella.

Devota de la Virgen de Medjugorje y Fátima

Koll es una devota de la Virgen de Medjugorje, donde ha peregrinado en varias ocasiones, pero Fátima y Lourdes también han sido parte importante para ella. “María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer, a expresar mejor mis cualidades femeninas: la dulzura y el espíritu materno”, aseguraba.

En la entrevista en Medjugorje que recoge AleteiaClaudia Koll contó cómo la Virgen estuvo cerca de ella durante todo su proceso de conversión y cómo lo pudo sentir así. Y habla concretamente de una experiencia que vivió en este pequeño pueblo bosnio.

Su experiencia con la Virgen

“Es uno de esos momentos en los que todo se detiene. Vi que estaba lloviendo pero no sentía caer la lluvia sobre el paraguas. Es realmente una experiencia maravillosa sentir a la Virgen en el corazón. No se me ocurrió en absoluto buscar signos ni mirar al cielo. Creo que el encuentro tiene lugar dentro de uno”, contaba esta actriz de 52 años.

 

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Claudia Koll aprovecha ahora para dar testimonio de Dios en todo momento

Claudia Koll explicaba también que la Virgen siempre estuvo con ella aunque no pudiera verla. “Siempre ha estado presente en mi vida, desde que nací. Cuando tenía ocho o diez años, no me acuerdo, vi una película sobre la Virgen de Fátima. Entonces comprendí que la Virgen no era una estatua, era una mujer”.

María, presente en su infancia

La actriz cuenta que en ese momento de su infancia quedó “realmente impresionada al ver que la Virgen había dado una tarea tan importante a los videntes”, niños como ella. “A través de la película sentí que la Virgen me habló de la belleza, la paz, la serenidad”, contaba. Al llegar a su casa hizo una oración en la que pidió a María que llevara ya con ella como hizo con Francisco y Jacinta.

“El Señor no respondió a esa oración pero creo que Él me quiere para dar testimonio de Él. Toda esta experiencia que he tenido me ha ayudado a entender la grandeza de la misericordia divina”.

Hija del Jubileo del 2000

Este proceso que se inicio en el 2000, ella se considera hija del Jubileo, un día en se encontraba desesperada y no sabía qué hacer. Y acabó entrando en una iglesia de Roma.

“Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: ¿Qué quieres de Él?. Yo le dije: ‘Nada, soy una pecadora’. Cuando me hizo la señal de la cruz en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar… Era la respuesta del Señor”, contaba esta mujer, tal y como recogía ReL en un reportaje.

“El Señor me invitaba a vivir sin miedo”

“Comprendí que el amor que había buscado siempre por caminos equivocados era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos los corazones desean: la presencia de Dios. Comencé a degustar la vida y a entender que el Señor me empujaba a vivir sin miedo, porque Él estaba a mi lado”, aseguraba

Ella se dio cuenta de que “el mundo del espectáculo me ha utilizado” y usa “nuestra debilidad y nos golpea allí donde somos más frágiles. Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas”.

“Quería probar emociones fuertes, pero nadie realmente me había enseñado a vivir. Lo más extraordinario para mí ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de mi condición de gran pecadora. Pero después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme.Nada me bastaba, no estaba contenta de verdad con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”, concluía.

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John Curry vio a la Virgen cuando tenía 5 años, y la Iglesia aprobó su testimonio: ésta es su historia

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John Curry vio a la Virgen cuando tenía 5 años. Y a San José. Y a San Juan Evangelista. Los vieron él y otros 14 paisanos. Fue en su pueblo, en Knock, Irlanda.

Después, a los 25 años emigró, trabajó en Estados Unidos de obrero ferroviario. Luego, ya con más de 60 años, estaba acogido en una casa de las Hermanitas de los Pobres, y ayudaba en misa. También era el encargado de recoger el comedor cada día.

-Vaya, veo que usted se llama John Curry y es irlandés… ¿No conocerá Knock, donde la Virgen se apareció? ¿No conocerá al John Curry que se le apareció la Virgen? –le preguntó una Hermanita, que estaba leyendo sobre la aparición.

-Ese John Curry es el que ayuda en misa, con usted, cada mañana en esta casa – respondió Curry, que luego lo escribió en una carta, divertido.

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John Curry, ya mayor en Nueva York

El último vidente de los quince

John Curry, el niño que vio a la Virgen, murió en 1943, con 68 años. Era el último de los videntes de Knock. Nació pobre, vivió pobre y murió pobre. Lo enterraron en una fosa sin lápida, en un cementerio comunal propiedad de las Hermanitas de los Pobres en Long Island.

Hace un par de años, en 2015, el cardenal de Nueva York,  Timothy Dolan, visitó en Irlanda el santuario de Knock (www.knockshrine.ie), que recibe peregrinos cada día. El rector, Richard Gibbons, le explicó que en su diócesis, en Nueva York, estaba oculta y sin marcar, la tumba del último de los videntes, el más pequeño.

Entonces el cardenal Dolan, de vuelta a Nueva York, hizo localizar el lugar, desenterrar al vidente y enterrarlo con honores este 13 de mayo de 2017, mientras el Papa Francisco canonizaba a otros dos niños videntes, Francisco y Jacinta Marto, los videntes de Fátima.

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El re-entierro de John Curry contó con el cardenal, otros dos obispos, una veintena de sacerdotes, asociaciones de católicos irlandeses como la Antigua Orden de Hibernios (www.aoh.com), peregrinos llegados de Irlanda y de Knock… Ahora descansa en la Basílica de Saint Patrick (Antigua Catedral), con una lápida que lo señala en granito negro y azul como “Testigo de la aparición de Knock”.

John Curry no hablaba casi nunca de aquel día único, increíble, inolvidable y lluvioso, el 21 de agosto de 1879. A menos que le preguntasen: entonces respondía a las preguntas. Un primo que lo visitó ya mayor lo describió como “un hombrecito bueno, respetable”, que disfrutaba hablando de su juventud e infancia en Irlanda. Una de las Hermanitas que vivían con él lo describió como “muy cándido”, “si hacía algo mal, era el primero en decírtelo”.

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Declaró con 5 años… y con 62

A los pocos días de la visión en Knock, en 1879, la Iglesia investigó el caso. Quince parroquianos decían haber visto en la pared externa de la parroquia, bajo la lluvia, una luz, y en ella la Virgen, que miraba hacia el Cielo y, a su lado, San José y San Juan Evangelista. La testigo de mayor edad era una señora de 74 años. John, de cinco, era el más joven. Su primo, de 11 años, lo había levantado sobre una valla para que pudiera verlo. La aparición duró dos horas.

En la comisión investigadora inicial entrevistaron al pequeño y tomaron nota: “El niño dice que vio imágenes, imágenes bonitas, la Santa Virgen y San José. No podía afirmar más que vio las imágenes bonitas y la luz, y escuchó que la gente hablaba de ellas, y subió sobre el muro para ver las cosas bonitas y la luz”.

Su testimonio y el de los otros testigos convenció a la comisión y a la Iglesia: Knock se convirtió en lugar de peregrinación aprobado.

Pero casi seis décadas después, en julio de 1937, al otro lado del Atlántico, John recibió en la casa de las Hermanitas una citación de un tribunal eclesiástico neoyorquino, para ir a dar testimonio sobre el caso otra vez.

– ¿Es usted el John Curry que se menciona por haber sido testigo presencial de la supuesta aparición de la Virgen María en la iglesia de Knock ese día? – preguntó el tribunal.

– Sí, señor, yo soy ese mismo John Curry.

Y explicó su testimonio, con más detalles. En la visión vio un altar, y un cordero, aunque no recordaba si el cordero estaba en el altar o en brazos de San José. San José tenía bigotes, y San Juan tenía un libro.

“Como si fuera anoche”

Dijo que lo recordaba “como si fuera anoche”. Que sí había leído el testimonio de otros testigos, pero que él hablaba “de lo que tengo en la cabeza”. “Me pareció que las imágenes estaban vivas, pero no hablaban. Una de las mujeres allí, Bridget Trench, besó los pies de la Santa Virgen y trató de abrazarlos, pero no había nada allí, solo la imagen. Yo la vi hacer eso. Las figuras eran de tamaño real y las recordaré hasta la tumba”, declaró.

También declaró: “Tengo una gran memoria, la hermana se lo puede decir. Y nunca he estado enfermo en mi vida, la única vez que pagué a un doctor fue para que me quitaran un diente”. Sin embargo, el hecho de vivir con las Hermanitas de los Pobres indica que a los 62 años ya no estaba muy bien de salud. De hecho, moriría 6 años después.

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El lugar de las aparición, en la pared de la parroquia de Knock, en 1880,
al año siguiente de producirse el hecho

Una aparición sin palabras, pero ¿sin mensaje?

Knock es una aparición peculiar: muchos testigos y ningún mensaje. La Virgen va acompañada, de su esposo y de su hijo-tutor, Juan, el nuevo hombre de la casa, entregado por Jesús al pie de la Cruz:  “hijo, ahí tienes a tu Madre; Madre, ahí tienes a tu hijo”, le dijo. Durante dos horas, bajo la lluvia, ellos estuvieron allí.

Sin hablar. ¿Sin mensaje?

En el santuario de Knock explican que el mensaje no son palabras, el mensaje es la presencia. Con su presencia dicen “estamos aquí, estamos con vosotros”. Una familia peculiarísima: José, Juan, María… que dio consuelo con su presencia a los campesinos irlandeses pobres de 1879 y puede dar consuelo a las extrañas familias recompuestas o desmanteladas de este siglo XXI. Estando ahí, bajo la lluvia, sin palabras. Para quien los contemple.

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La encina de Fátima

, el arma del rosario… y una bella historia del árbol con fama de sagrado

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¿Fue casualidad que la Virgen se apareciese precisamente en lo alto del arbusto de una encina?

La Virgen de Fátima se apareció a San Francisco Marto y Santa Jacinta Marto y a Sor Lucia Dos Santos sobre una encina. ¿Por qué fue esto así? La pregunta es pertinente porque la encina es un árbol cargado de significación simbólica, tal como explica Sor Gloria Riva en un artículo publicado en Avvenire bajo el título “La encina de Fátima y el arma del Rosario” y que recoge y traduce Cari Filii News (los ladillos son de ReL):

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Sor Gloria Riva tiene un blog en Avvenire donde, entre otras cosas, extrae lecciones teológicas de las grandes obras de la pintura clásica.

La Virgen María se apareció en 1917 a los pastores de Fátima sobre un Quercus ilex, comúnmente llamado encina. La simbología de este árbol hunde sus raíces en la antigüedad. Para los griegos la encina era, en general, el árbol sagrado dedicado a Júpiter. Debido a su longevidad y robustez, siempre fue considerado parábola de la eternidad.

En lo concreto, en cambio, la encina estaba asociada a la desventura: su follaje umbroso, con las frondas siempre verdes, hacía que los bosques de encinas fueran impenetrables; de ahí su reputación de planta funesta.

Bella historia sobre la Cruz
Pero no es así para la cristiandad que, al contrario, le regala a la encina un papel sin precedentes. Se narra cómo, tras la condena a muerte de Cristo, todos los árboles se negaron a ofrecer su madera para fabricar la cruz. Bajo los golpes de los leñadores y los carpinteros todas las maderas se rompían en pedazos.

La encina fue el único árbol que no se rebeló porque comprendió que Cristo, con la cruz, redimiría al mundo y salvaría a la creación de la caducidad de la muerte. No es casualidad que San Egidio, tercer compañero de San Francisco de Asís, en sus visiones en que aparecía el Salvador, éste estaba junto a una encina, símbolo del crucifijo.

Se comprende mejor por qué la Virgen María se apareció a los tres pastorcillos de Fátima sobre este árbol. El anuncio de la Virgen se sitúa dentro de la gran obra de salvación que Cristo lleva a cumplimiento en la cruz, y que se debe actuar en la historia a través del cuerpo místico de la Iglesia.

Aparición cristiana… por si alguien lo duda
A pesar de la homonimia entre la Fátima portuguesa y la única hija de Mahoma, los símbolos que rodean a la Virgen durante la aparición indican claramente que es una aparición cristiana. De hecho, entre los árboles citados en el Corán no se encuentran ni la encina ni el más genérico roble, mientras que son numerosas las obras de arte que representan a la Virgen encima o junto a este árbol.


Rafael, Sagrada Familia del Roble.

Una de las más famosas es la Sagrada Familia del roble, de Rafael, en la que San José, pensativo, se apoya en las ruinas de un templo pagano (ya caído), mientras que la Virgen está sentada delante de un roble, con San Juan Bautista niño entregándole el pergamino del Ecce Agnus Dei a Cristo, indicando así, con la complicidad del roble, el destino que abrazaría el Mesías.

Un cuadro para un Rosario en expansión
Pero la imagen más sugestiva que vincula, con gran anticipación, las apariciones de Fátima al arte es la Virgen del árbol seco, obra de Petrus Christus, artista holandés del siglo XV.


Petrus Christus, Virgen del árbol seco.

Aquí María aparece sobre un árbol espinoso, el mismo sobre el que estaba el Salvador para llevarnos a la gloria, y lleva en brazos a Cristo Niño, cuyo cuerpo está cubierto con el paño blanco de la resurrección. Jesús le entrega a su Madre el fruto de su Pasión, que volverá a abrir a la humanidad el jardín donde se halla el árbol de la vida. Ese fruto que los progenitores habían robado ahora nos lo regala Cristo por la gracia.

Hay quince letras que cuelgan de las ramas secas del árbol, referencia a los 150 Ave María que formaban el Santo Rosario antes de la introducción de los Misterios Luminosos. La difusión del Rosario en Europa data de 1475, mientras que el cuadro de Petrus Christus es de 1465. Con diez años de antelación, este artista propone a los fieles ese arma de salvación que también la Virgen de Fátima, quinientos años más tarde, indicará como instrumento para vencer el drama de la descristianización del mundo contemporáneo.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

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Hacía maratones, recorrió el mundo y era adicta a la dieta: hoy es feliz tras las rejas del convento

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No quería ser monja, tuvo novios y dio vueltas por el mundo hasta que vio que su felicidad estaría en el convento

Marie Elizabeth pasa ahora su vida en un tranquilo convento de clarisas de Minnesota en una vida contemplativa de oración pero no siempre fue así.

Antes corrió numerosos maratones y recorrió el mundo como especialista médico pero Dios hizo una historia con ella en la que acabó abrazando la vida religiosa, no sin una gran lucha interior por su parte.

En su testimonio que relata en Cloistered Lifeesta monja cuenta que ella creía estar muy contenta con su vida. Aparentemente lo tenía todo, un buen trabajo, hobbies, muchos amigos, dinero, podía viajar…

Corredora de maratones y adicta al deporte
Durante ocho años trabajó como fisioterapeuta en Minnesota. “Me encantaba correr, de hecho era un dios para mí. Cuando no estaba trabajando corría. No me costaba trabajo levantarme a las 3.00 de la mañana para correr 18 millas [29 km] antes de ir a trabajar.  El maratón (algo más de 42 kilómetros) era mi distancia y corrí ocho de ellos en cinco años.

Aunque se había criado en una familia católica su estilo de vida le llevó a “abandonar la fe” y a estar en un “punto muerto espiritual”. Además, después de la universidad se obsesionó con su aspecto físico, se autoconvenció de que estaba demasiado gorda y que necesitaba hacer aún más ejercicio.

Correr y controlar su alimentación y las calorías hasta el extremo más obsesivo por lo que no era consciente del daño que se estaba haciendo a sí misma. Una hemorragia interna, una fractura de la pelvis por estrés y el asma. Esto le provocó y echaba la culpa a Dios de sus problemas de salud.

A Guatemala a una misión médica
La hermana Marie Elizabeth afirmaba que en ese momento tenía inclinación a lo que ella llamaba una “misión laica” y le surgió la posibilidad unirse a un grupo de médicos que realizaban labores humanitarias en Guatemala.

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El problema que había generado en su cuerpo
“Lo que descubrí allí se convirtió en un punto de inflexión en mi vida. Sabía que el pueblo de Guatemala era muy pobre, lo que no me esperaba era su alegría contagiosa. ¿Cómo podían ser tan felices? Pronto se me hizo evidente dónde estaba la respuesta. Habían encontrado toda su alegría en una fe profundamente arraigada. Esto me golpeó muy fuerte”.

Pero allí además empezó a abrir los ojos en otro sentido pues otro voluntario que estaba en este viaje le mostró la obsesión que tenía con el ejercicio y su cuerpo. “Entonces me di cuenta de que no podía continuar por ese camino porque me iba a autodestruir”, confesaba.

Preservar su virginidad
Así fue como poco a poco fue volviendo de nuevo a la fe católica en la que había sido criada y descubrió a la Virgen María, que fue clave en un momento concreto de su vida. “Yo tenía un novio en ese momento que no compartía mi reticencia hacia las relaciones antes del matrimonio. En dos momentos concretos, María vino a mi rescate y preservó mi virginidad”, recordaba.

Finalmente dejó la relación con su novio y aunque sabía que era lo mejor para ella quedó completamente devastada. Eso le hizo refugiarse más en Dios. Empezó a ir a misa todos los días y hacer adoración ante el Santísimo.

En ese momento decidió hablar con un sacerdote para explicarle su relación con la Virgen. Él le preguntó si el Señor podría estar llamándola a una vida de virginidad. “Yo reaccioné con impulso y mucho énfasis, ‘NO’. Pero su respuesta fue amable pero inquietante para mí: ‘yo tampoco quería ser sacerdote al principio pero si es la voluntad de Dios, Él cambiará tu corazón”.

Medjugorje aparece en su vida
Su proceso de vocación avanzaba sin que ella se diera cuenta. “Mi tío había despertado en mí interés por un lugar llamado Medjugorje”, contaba esta religiosa. Así que finalmente acabó yendo de peregrinación a este lugar, donde le ocurrió algo extraordinario. “Con un sacerdote santo hice la más impresionante confesión de mi vida. Después de decirle mis pecados, me hizo agarrar un crucifijo con él y recitar una oración.

Marie Elizabeth afirmaba que “sentí algo muy poderosos dentro de mí” y salió de confesionario “sabiendo que era una persona diferente. Al día siguiente en misa, todo estaba ya muy claro para mí. ¡No estaba muerta, sino viva!”.

Regresó a su casa y se involucró en distintos grupos católicos. En un viaje de esquí vivió otro momento clave de su vocación: empezó a leer a Santa Faustina Kowalska y no podía dejar de leer ni de llorar.  Ahí comenzó a plantearse la vida religiosa. 

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Santa Faustina Kowalska (1905-1938), impulsora de a devoción a la Divina Misericordia, es autora de muchos textos espirituales que edifican a miles de lectores (En ReL recomendamos esta breve obra introductoria)

El punto de inflexión
Tres semanas después llegó “el día que quedará impreso en mi memoria para siempre”. Aquel día pidió a Dios que el sacerdote que oyera su confesión ese día le ayudara a conocer cuál era la voluntad de Dios para ella.

“Después de confesar mis pecados le dije al sacerdote que pensaba que me estaba volviendo loca porque no podía sentir a Dios lo suficiente y sólo sentía paz durante la misa, en la Adoración o rezando el Rosario”, contaba la ahora religiosa.

“Pensaba que Dios debía estar loco”
El sacerdote le dijo tranquilamente que necesitaba “tener una cita con Jesús” y le invitó a que le acompañara a visitar a las clarisas de Sauk Rapids donde en el pasado él había sido capellán.

Cuatro días después estaba con el sacerdote en este convento donde se reunieron con la madre abadesa. Ella les contó su experiencia durante cincuenta años como monja de clausura. “Yo pensaba que Dios debía estar loco por pensar en una vida así para mí, que amaba viajar y estar fuera de casa”.

Sin embargo, Marie Elizabeth confesó que “el Señor es un Dios de sorpresas” y menos de seis meses después ya estaba como postulante en el convento. Ahora lleva años como monja y no echa de menos su vida alocada: “Cada día es una aventura y Él siempre me desafía y me lleva más allá de lo que creo que son mis límites”.

“A los ojos del mundo, mi vida se considera un desperdicio, pero ahora tengo a Dios, estoy muy satisfecha. Él me ha llamado no a la maternidad física sino a la espiritual”.

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Perdí a los 27 años a mi marido y dos hijos… así lo superé

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“Fue durísimo, entendía a la gente que se quita la vida, se había roto mi vida…”

Con 18 años empiezo a salir con Quique, todo es una historia maravillosa. Y cuando más felices estamos, con unos gemelos de un año y otro bebé a punto de nacer, tenemos un accidente. Estuve 15 días en la UVI luchando por mi vida. Pero perdí a uno de los gemelos, al bebé que estaba esperando y a Quique.

¿Cuándo te enteraste?

En la UCI luchaba pensando en todos los planes que teníamos por delante. Salí emocionada. Yo no sabía nada. Pensé que me estaba esperando en el cuarto. Y bueno… fue muy bonito porque mi madre me había escrito una carta de parte de Quique diciéndome que ya estaba con la Virgen y que se había llevado al enano para cuidarle.

Y empieza el peso de la cruz…

Fue un dolor salvaje. Yo que era superapasionada, que he querido vivir cada minuto a fondo y de repente, no quería vivir. Un tío mío me decía que le recordaba a Job. Así que yo le preguntaba cómo terminaba. Y el final siempre me consolaba porque le da el ciento por uno en esta vida y luego la vida eterna.

Pero fue durísimo. Entendía a la gente que se quita la vida. Se había roto mi vida y tenía 27 años. Prefería tener 80 para palmarla ya e irme con ellos.

¿Cómo era tu relación con Dios tras algo así?

Recuerdo que le dije a mi madre: “No interesa ser su amiga. Me tiro toda la vida haciendo lo que Él quiere y va y me manda esto”. Y ella me contestó: “Haz lo que quieras, pero la única respuesta y consuelo la tienes en Él“.

¿Y podías experimentar que los tuyos estaban vivos?

Fue a partir de la experiencia de sentirlos verdaderamente presentes como pude tener una experiencia y certeza real del cielo. Sentía que Dios me llevaba en brazos literalmente. Sentía a Cristo como mi cireneo. Fueron momentos brutales.

¿Qué pasó para que el dolor dejara paso a un aliento?

Un día me dije –fue una actitud del corazón que me regaló Dios–: “No puedo más, se acabó, que sea lo que Tú quieras”. Y empecé a aceptarlo, a dar gracias por lo que pasó de bonito a raíz del dolor, por la gente que me escribió. Empecé a dar gracias por el marido que había tenido, por los hijos. Y me esforcé en vivir el hoy. Ya era una batalla vivir cada día.

Y la esperanza tuvo nombre y se llama José, ¿verdad?

A los pocos meses del accidente me fui a Asturias con mis suegros. Cuatro meses antes del accidente estaba embarazada y teníamos la boda de mis cuñados allí, estábamos emocionados, pero no pudimos ir porque tuve que guardar reposo. Así que, cuando volví, tuve un momento de rebeldía: “Pero Señor, si te lo ibas a llevar, ¿por qué no me dejaste disfrutar de esto con él, que habría sido su último viaje?”.

Comentándolo luego con mi cuñada me decía que quizá lo mejor es que hubiera un lugar donde no tuviera recuerdos que me hicieran daño, un sitio donde pudiera conocer a gente diferente, un sitio virgen.

No obstante seguía deshecha y así me fui a Tierra Santa con mi familia, que no me apetecía nada, porque pensaba: “¡Y ahora a recorrer el camino de la cruz, como si no tuviera yo bastante!». Pero la verdad es que de ese viaje volví cambiada. Empezó el corazón a funcionar. Ese verano, en Asturias, conocí a José.

¿Cómo se vive un amor tras un duelo tan profundo?

Yo decía que nunca iba olvidar a mi marido. Voy con los anillos que él me regalo aún en la mano. Lo tengo presente, su familia sigue siendo la mía, estoy marcada para siempre. Así que eso le dije a José. Y él me respondió: «Mira, a mí me gustas tú como eres; si no fuera por eso no serías tú, y eso es lo que quiero». Él es un hombre de Dios. Nos casamos donde nos conocimos, en ese lugar en el que tiempo atrás me ayudaron a ver que se trataba de un lugar nuevo para mi, donde poder reposar. Allí había pedido yo a la Virgen de Guía: «Si tú estás aquí para guiarme, guíame. Igual que guías a los marineros, guíame porque estoy en un momento de oscuridad total y absoluta». Y así fue.

Marta Oriol, al cierre de esta edición, tendrá ya en sus brazos a Rocío. Cuatro hermanos la cuidarán en casa. En el cielo, otros tres (la última su hermana Paz, una trilliza que murió al nacer). Ellos serán para la pequeña la presencia certera de que ha nacido para no morir jamás.

Por Rocío Solís
Artículo publicado originalmente por Gaudium Press

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