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Archive for the ‘Testimonio’ Category

Cautivada por Fátima dio una charla improvisada y acabó dedicando toda su vida

250.000 niños la han escuchado

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Natalie Martha Loya ha dedicado su vida a difundir el mensaje de Fátima

El 13 de mayo se cumplen 100 años de la primera aparición de la Virgen María en Fátima. Una fecha muy especial, motivo por el cual el Papa Francisco visitará el santuario ese día. Pero si hay también una persona que espera con ilusión poder conmemorar esta jornada histórica esa es Natalie Martha Loya, una mujer de 91 años que sin pretenderlo ha dedicado su vida a llevar el mensaje de Fátima por todo Estados Unidos haciendo crecer esta devoción a cientos de miles de personas.

Y aunque ahora necesite un andador para llegar a la catedral de San Juan Bautista en Ohio, perteneciente al Eparquía Católica de rito bizantino, durante décadas fue un auténtico ciclón compartiendo a tiempo y a destiempo la importancia del mensaje de Fátima. Ahora, sirve a la Virgen de otra manera, desde la oración, aunque no con menos ímpetu que en su juventud.

Charlas a más de 250.000 niños

Echando la vista atrás, Natalie no puede contar el ingente número de personas a las que ha podido hablar de la Virgen pero “debo de haber hablado con al menos 250.000 niños de edad escolar”, confiesa. Y a eso habría que sumar un número mucho mayor tras sus conferencias en parroquias, residencias o bibliotecas…

Incluso recuerda con emoción cuando pudo entrar en la cárcel de máxima seguridad de Ossining (Nueva York) en 1977 donde habló a asesinos y violadores sobre la conversión, el Rosario y el resto de mensajes que dejó María en Fátima.

Pero este apostolado mariano surgió sin pretenderlo. Su padre era sacerdote católico de rito oriental, motivo por el cual estaba casado, por lo que se mudó varias veces dependiendo de la parroquia que tuviera que atender por su condición de religioso.

Tenía un futuro laboral prometedor

Natalie tenía un futuro prometedor pues era una avanzada para su época. En 1948 se había licenciado en Química, un campo dominado entonces casi exclusivamente por hombres, y empezó a trabajar en industrias de este sector.

Sin embargo, dejó su trabajo para seguir a su familia, destinada a una parroquia en Indiana, para así ayudar en casa puesto que su madre estaba enferma. Tres meses después fallecía y para que su padre se pudiera dedicar por completo a su ministerio sacerdotal Natalie dejó definitivamente el mundo laboral. Así fue como llegó a Nueva York en 1953. “Fue allí donde toda mi vida cambió”, recuerda esta mujer.

La peregrinación que cambió su vida

Aún recuerda como si fuera ayer cómo le llamó la atención una revista del Ejército Azul de Fátima que le había llegado a su padre así como un anuncio de una peregrinación por distintos santuarios marianos de Europa para conmemorar el centenario del dogma de la Inmaculada Concepción que se cumplía en 1954.

Ella y su padre realizaron esa peregrinación que duró seis semanas y así fue como pudo visitar Fátima por primera vez. En ese viaje llevaba una pequeña cámara fotográfica por lo que pudo hacer algunas fotos en el santuario portugués.

Al regresar y revelar las fotos, de manera espontánea surgió la posibilidad de dar una pequeña conferencia sobre Fátima y su mensaje en la parroquia de su padre y en otras de rito bizantino de la zona. El mensaje de María era entonces muy poco conocido y el boca a boca provocó que la fueran llamando de una parroquia a otra para que les hablará de la Virgen, especialmente de lo que dijo en Fátima.

Miles y miles de rosarios y escapularios

A los 28 años empezó un apostolado que mantuvo durante décadas y que abrió camino a María en Estados Unidos. “Yo iba donde quiera que alguien me llamara y pudiera incluir en mi calendario y eso incluía parroquias, residencias, escuelas…”, cuenta Natalie, tal y como recoge The Catholic Register.

Parte de su apostolado era promover también la oración así que “yo distribuía rosarios y escapularios en cada charla. Los mandaba hacer por miles”. Y asegura que “algunas veces alguien me daba un billete de 20 dólares y eso cubría todos mis gastos y mis viajes. Nunca me preocupé por eso. Tenía un techo sobre mi cabeza y mi padre cuidaba de mí y no tenía que preocuparme por comidas o cualquier cosa”.

“Todos somos pecadores”

En sus conferencias siempre hablaba de la necesidad de la conversión personal y la consagración al Inmaculado Corazón de María, así como las peticiones de la Virgen para obtener la promesa de la paz en el mundo.

Y lo hacía igual tanto en la escuela como en la cárcel de máxima seguridad. En la prisión, recuerda que no sabía cómo empezar y para ello recurrió a unas palabras pronunciadas por el obispo Fulton Sheen, ahora en proceso de beatificación y dijo a los presos para empezar: “Todos somos pecadores”. Cuando acabó los presos le pidieron volver y todos los escapularios y rosarios se los habían llevado los reclusos a sus celdas.

Además, Natalie y su padre iniciaron la rama bizantina del Ejército Azul tras recibir la aprobación del obispo del exarcado católico bizantino de Estados Unidos.  Y así fue como sin pretenderlo dedicó todo su tiempo y su energía a llevar Fátima a los hogares de miles de estadounidenses. Ahora que las fuerzas físicas flaquean lo hace siguiendo las enseñanzas de María a través del Rosario.

De frontera a frontera: La región sur me reorienta hacia el norte

A personal essay (Spanish) of my journey in the past year near the southern Mexican border, my criticism of Mexican civil society organizations working on migrants rights and the hypocrisy of advocacy efforts on both sides of the Mexico-US border.

Essay first appeared in El Nuevo Sol on April 6, 2017.

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En la frontera México-Guatemala, Lago Internacional (julio 2016)

¿K’uxi elan avo’onton? es una expresión que se usa para saludar dentro de las comunidades indígenas tsotsiles en Chiapas. Me explicaron que su traducción literal es “¿Cómo está tu corazón?” Ha sido una de las más lindas expresiones que he escuchado y que no llegué a pronunciar correctamente, pero me llenaba de felicidad cuando me respondían, “Lek oy”, “muy bien”. Lo que sí aprendí es que es más que una expresión. Representa otra manera de pensar. Desde este saludo se combate la superficialidad a la que nos hemos acostumbrado cuando nos preguntan: “¿Cómo estás?”, al cual la mayoría respondemos “bien”, de manera robótica, aunque en realidad no lo estemos.

La pregunta ¿K’uxi elan avo’onton? también es una invitación a la reflexión desde el corazón, porque no solo desde ahí se siente, también se piensa. Para yo poder responderla, tendría que volver a mirar hacia esa parte dentro mí que había hecho a un lado por mucho tiempo, porque era mejor no sentir el dolor causado por las rupturas que he sufrido a lo largo de mi vida como migrante. Pronto me di cuenta que no tenía certeza de en qué condición estaba mi corazón, ni si lo tenía intacto. ¿Habrá estado conmigo en los últimos 7 años que he estado en México o parte de él se habrá quedado en Los Ángeles, donde viví 20 años de mi vida antes de ser deportada?

A pesar de mi pasado, he sido afortunada en tener la oportunidad de vivir en un nuevo contexto en el cual también me reencontré con mis raíces. Yo nací pobre, descendiente de una familia de provincia con poca escolaridad, pero muy trabajadora. Así que reubicarme a un estado con niveles de pobreza de los más altos en el país tendría muchas similitudes con mi niñez en México antes de migrar. Para mí, no era ajeno vivir en colonias sin drenaje o en una casa de tabique con techo de lámina, el cual sentías podría derrumbarse con una tormenta de granizo. Pero la pobreza o marginación de donde vengo no era la de las comunidades indígenas. Nunca tuve que caminar más de dos horas para llegar al plantel escolar más cercano. Tampoco fui forzada a dejar de asistir a la escuela para trabajar en el campo para tener algo que comer. Para mi familia, el migrar a Estados Unidos fue una estrategia de sobrevivencia. También se convirtió en una oportunidad de movilidad social que nunca hubiéramos tenido en México. A la misma vez, el migar me desconectó de mi origen. Pero tal como una planta sigue creciendo después de ser transplantada, pude echar raíces una vez más en otro lugar.

Desde que fui expulsada de la ciudad y el país que me adoptó por dos décadas, no he podido arraigarme o llamarle “casa” a los lugares en los que he vivido post-deportación aun cuando me lleguen a decir: “bienvenida a este tu país”, “welcome home”. En los últimos 7 años, he tenido estancia en 7 ciudades, 3 países en los cuales he sentido un tipo de esquizofrenia de pertenencia: parte de mí se siente que pertenece, y otra parte no lo logra. Aún con las redes de apoyo y las amistades que he forjado en cada uno de estos lugares que he recorrido, no creo que en ninguno pueda imaginarme viviendo el resto de mi vida. Me he acostumbrado a estar físicamente en donde vivo, pero sin habitarlo emocionalmente ¿De qué me serviría decorarlo o darle algún tipo de calidez si ese desplazamiento que llevo dentro persistiría? Desde estas emociones contradictorias es que me llegué a dar cuenta que algo no estaba bien con mi corazón. Algo seguía doliéndome a pesar del tiempo. Jamás sería la misma después de la indignidad que solo entienden quienes la viven en carne propia: la experiencia que nos ha marcado a más de 2 millones de mexicanos que hemos sido deportados desde EE.UU. Es por esto que mi lucha propia también anhela una casa, una familia política. Pero esta búsqueda no ha sido nada fácil.

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Taller de fotografía con niñas y niños de primaria en Zinacantán, Chiapas (noviembre 2016) Foto: Rodrigo Barraza García.

En mi trayectoria de activismo post-deportación que empezó con el anuncio del programa DACA del ahora expresidente Barack Obama, he aprendido que los movimientos sociales también reproducen las exclusiones del mismo sistema que denunciamos. El propio discurso de derechos humanos evidencia una jerarquía de grupos de migrantes que selecciona entre los que merecer ser incluidos y los que no. En este segundo grupo están los que no son considerados “migrantes ideales” y aquellos que pertenecemos a grupos que no son políticamente viables de incluir en una agenda de justicia social. En EE.UU., los que hemos sido deportados y deportadas conformamos este último grupo. En México, ni siquiera nos volteaban a ver hasta recientemente, cuando la élite política le vio ventaja empezar a hablar sobre el fenómeno del retorno ahora que Donald Trump se ha convertido en el enemigo público número uno en ambos lados de la frontera.

Antes de Trump, solo fue de interés para el gobierno mexicano las visitas de delegaciones de DACAmentados quienes fueron recibidas hasta por el Senado. Se les abrían las puertas para tomar en cuentas sus perspectivas sobre la política mexicana y la del exterior, claro después de darles un paseo turístico por las pirámides de Teotihuacán o el Palacio de Bellas Artes. Mientras se impulsaba lo que llegamos a nombrar como Dreamer Tourism, habíamos aquellos que seguíamos sin tener plataformas para exigir una re-inserción digna en este nuestro país. Tampoco tenemos un boleto de regreso a Estados Unidos, ni siquiera como turistas para visitar a nuestras familias o amigos que dejamos atrás. Pero eso sí, llegábamos a causar molestia cuando señalamos nuestra indignación ante esto. Nos convertimos en una incomodidad para las dependencias del gobierno que patrocinaban los viajes, las organizaciones civiles que se habían sumado a estos esfuerzos, y los mismos activistas Dreamers quienes no veían cómo llegaron a legitimar nuestra exclusión al aceptar su viaje de reencuentro con su “México lindo y querido”, al que no querían regresar de manera permanente.

Ahora, la “urgencia” del gobierno en responder ante la anticipada ola de deportaciones bajo la administración de Trump, y específicamente su interés de recibir con “los brazos abiertos” a los Dreamers, se suma al uso del migrante como bandera política que es sorprendente invisible para muchos, incluyendo para varias organizaciones de sociedad civil que trabajan por las personas deportadas. Estas mismas han celebrado la prioridad que ha llegado a tener el tema de migración de retorno con falta de un posicionamiento crítico o político. Carecen de denuncias públicas hacia los oportunismos que ahora se evidencian en México, desde cuando Enrique Peña Nieto recibió a los “primeros” deportados bajo la administración de Donald Trump que llegaron a la Ciudad de México hasta el “movimiento” pro-migrante impulsado por una coalición del Senado llamada Operación Monarca, que recientemente presentó una propuesta de reconocimiento de estudios extranjeros para Dreamers retornados, la cual hasta el día de hoy sigue quedándose sin cumplir sus promesas.

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Presentación del Museo Migrante en el Festival por la Transparencia y el Derecho a Sabre, Chenalhó, Chiapas (septiembre 2016). Foto: Rodrigo Barraza García.

Es así como mi lucha de justicia social e inclusión ya no es solo hacía afuera – contra los gobiernos y sus políticas – sino también hacía dentro del movimiento. Ante el contexto político de la región y los niveles de exclusiones que he enfrentado con mis hermanos y hermanas en la lucha, tuve que buscar un camino alternativo donde voces como la mía no pudieran ser cooptadas o ignoradas. Ya era hora de empezar un esfuerzo propio, de impulsar proyectos de migrantes para migrantes.

Ahora regreso a Tijuana, fortalecida después de un par de años de desgaste emocional crónico agravado por las batallas internas que no había anticipado enfrentar en esta lucha. En el sur, pude aprender desde otra manera de mirar y pensar, una que se diseña desde la horizontalidad de colaboración que no había visto en la práctica, aterrizada a partir de metodologías participativas. El crear espacios donde el migrante es el experto de la migración, el protagonista principal en todos los procesos y los trabajos organizativos y no solo un sujeto de estudio al quién se les extrae datos o testimonios.

Este es el trabajo en el que llegué a integrarme durante mi estancia en Chiapas con Voces Mesoamericanas, Acción con Pueblos Migrantes A.C. Fue alentador conocer y colaborar con una organización que busca la auto-organización de las propias comunidades migrantes para que puedan convertirse en sujetos políticos y tener la capacidad de ejercer sus derechos. En mi opinión, este debería de ser el objetivo principal de las organizaciones que buscan la protección de los derechos de las y los migrantes. Pero la realidad es que no es común que las personas migrantes tengan el espacio de participación para influir en la agenda de trabajo o procesos incidencia de las organizaciones civiles en México. Los tecnócratas y expertos en políticas públicas dentro de sociedad civil le dan poca importancia o prioridad. Llegué a concluir que esta es la razón por la cual hay un desconecte con la misma población que buscan proteger.

Ahora regreso a Tijuana, fortalecida después de un par de años de desgaste emocional crónico agravado por las batallas internas que no había anticipado enfrentar en esta lucha. En el sur, pude aprender desde otra manera de mirar y pensar, una que se diseña desde la horizontalidad de colaboración que no había visto en la práctica, aterrizada a partir de metodologías participativas. El crear espacios donde el migrante es el experto de la migración, el protagonista principal en todos los procesos y los trabajos organizativos y no solo un sujeto de estudio al quién se les extrae datos o testimonios.

Este es el trabajo en el que llegué a integrarme durante mi estancia en Chiapas con Voces Mesoamericanas, Acción con Pueblos Migrantes A.C. Fue alentador conocer y colaborar con una organización que busca la auto-organización de las propias comunidades migrantes para que puedan convertirse en sujetos políticos y tener la capacidad de ejercer sus derechos. En mi opinión, este debería de ser el objetivo principal de las organizaciones que buscan la protección de los derechos de las y los migrantes. Pero la realidad es que no es común que las personas migrantes tengan el espacio de participación para influir en la agenda de trabajo o procesos incidencia de las organizaciones civiles en México. Los tecnócratas y expertos en políticas públicas dentro de sociedad civil le dan poca importancia o prioridad. Llegué a concluir que esta es la razón por la cual hay un desconecte con la misma población que buscan proteger.

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Recorrido comunitario fotográfico con jóvenes de bachillerato en Los Chorros, Chiapas (octubre 2016).

A pesar de todo, he estado en una situación de privilegio a comparación de la mayoría de personas que llegan a México después de una deportación. Es por esto que también tengo un sentido de responsabilidad y de urgencia en tomar acción, pero desde una visión que integre la experiencia migrante. Hace siete años me hubiera sido imposible hacerlo desde mi propio proceso de sobrevivencia, pero creo que el camino que he recorrido hacia al sur del país me ha dado algunas herramientas para retomar una lucha personal en la frontera norte. No puedes llegar a un lugar como Chiapas, el cual ha ejemplificado la resistencia en México, sin que te cambie de alguna manera.

Por una parte, el salirme de mi propia lucha para acompañar a otra en comunidades indígenas me enseñó lo que implica ser una aliada. Fui parte de un equipo comprometido a un trabajo comunitario que daba el espacio a abordar de una manera mucho más integral y colectiva el derecho a migrar dignamente, pero también el del arraigo a sus comunidades de origen. Así fue como se amplió mi visión de la lucha migrante y vi la importancia de crear una voz política propia para las personas deportadas, no solo por lo que he vivido en México, sino por lo que sigo observando en el movimiento en EE.UU. Esto lo he visto desde mis interacciones en medios sociales con personas “aliadas” a la causa pro-migrante, como la siguiente iniciada por un tuit que escribí hace un par de meses sobre la política migratoria actual:

“Las políticas de inmigración que surgen de las órdenes ejecutivas de Trump no son nada nuevas. Es la optimización de la maquinaria de deportación de Obama” @mundocitizen

“es peligroso poner energías en hablar sobre como él [Obama] deportó a muchos y no lo que está pasando ahorita – esta mierda NO es la misma” @_yessi321

Ante esto, mi pregunta de fondo es la siguiente, ¿la justicia social tiene un límite de tiempo o caduca con ciertas condiciones? ¿Las deportaciones antes de Trump seguirán en el olvido y solo importarán aquellas bajo la nueva administración? La realidad es que va a seguir ocurriendo lo mismo que ha pasado en la última década. Ninguna de estas personas que definen la agenda de inclusión, o mejor dicho, de exclusión, van a esperarte del otro lado del muro cuando no te puedan proteger de una deportación. Al final, solo nos tenemos a nosotros, los que ahora nos encontramos al sur de la frontera para hacerlo, al menos lo único que nos queda es intentarlo.

 

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Un giro en el guion

Los buenos guiones de cine tienen un momento crucial llamado “punto de no retorno” o “el momento en el que todo está perdido”. Es la escena en el que el personaje toca fondo, el público deja de comer palomitas y todo está negro, muy negro.

Así se encontraba Luisa, sólo que no se trataba de una peli. Era todo crudamente real. Sin embargo, tras una grave trance hospitalario, contra toda esperanza, salió adelante. Y Luisa quiso dar gracias. ¿A quién?

33 años hacía que no cruzaba el umbral de una iglesia. Toda una vida. Pero entró y avanzó hasta el primer banco. Apenas le importo que hubiese una Misa y que le mirasen. A solas consigo misma dejó al corazón llorar a rienda suelta. Y vaya si lloró.

Y pasó lo inesperado. El cura la vio, y como pastor que era, bajó a darle un pañuelo. Y ese gesto trajo detrás una explosión de gracia. Fue un antes y un después. Alguien más grande que ella, había cambiado el guion de toda la película.

*****

La historia de Luisa forma parte del reportaje RESET, en el que varias personas han compartido su tiempo para hablar de su vida, de heridas, de caídas y levantadas, de eso tan humano que es errar y necesitar ser perdonado, de necesitar amar y ser amado. De la alegría de encontrar la misericordia de Dios en el “sacramento de la alegría”.

Creativas ayudas de este cura de Barcelona a los nuevos pobres

Un respiro para viudas con pensiones mínimas, autónomos sin subsidio, despedidos, deshauciados, divorciados,…

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La globalización, con sus ocultas siderurgias, está modelando el mundo, convirtiéndolo en una acechante gárgola. Las malas noticias se multiplican. Pese a la supuesta recuperación económica, crece el desempleo estructural. Los pronósticos a este respecto no son nada halagüeños: parece que internet y las tecnologías digitales no van a ser capaces de crear tantos empleos como van a destruir. Lo escuchamos del recientemente fallecido Zygmunt Bauman y de otros profesores universitarios en el documental In the Same Boat (2016).

La promesa de un mundo mejor, sin embargo, sigue motivando a mucha gente, en África y Oriente Medio, para hacer el petate y lanzarse a la aventura de intentar llegar a Europa.

Y así el mar Mediterráneo, como nos cuenta Pietro Bartolo, el único médico en Lampedusa, en el documental Fuoccoammare (2016), se está convirtiendo en un “moridero” de personas, que caen presas de las mafias y de la indiferencia de Europa, que es “peor que la del Holocausto”.

La civilización occidental, surgida del cristianismo, ha perdido contacto con la experiencia de fe y de encuentro que la originaba. Por eso el mundo ha seguido produciendo riquezas, beneficios, obras monumentales y espectaculares, pero sin preocuparse por el prójimo, por aquel que hace posible el nuevo inicio.

De este modo, el pobre, el inmigrante, el refugiado, el excluido en general, ya no es percibido como una oportunidad para que la fe se convierta en inteligencia de la realidad y se haga cultura, sino como un problema que hay que gestionar del modo más eficiente posible. Ya se encargará la mano invisible de Adam Smith, versión neoliberal de la Providencia, de hacerles justicia.

Además, uno de los instrumentos que habíamos inventado para combatir el problema de la desigualdad política, social y económica, nuestro querido Estado del Bienestar, está llegando a su colapso.

Los impuestos que se pagan empiezan a no ser suficientes para atender a todos los ciudadanos según los estándares establecidos hasta el momento. Las sociedades occidentales envejecen a galope tendido mientras se resisten a la entrada de los “extranjeros”, que son sometidos, como ganado, al estricto régimen de los campos de concentración de refugiados, a la espera de una morosa respuesta administrativa a su petición de asilo.

En unos años comenzará la jubilación de la generación del baby boom y la inversión de la pirámide demográfica dejará a muchos sin pensión y sin subsidio de ningún tipo. Lo que era un derecho dejará de serlo y aquellos que no tengan patrimonio se quedarán con lo puesto.

Parece que las nuevas ciudades del futuro van a parecerse más a las grandes metrópolis de África o América que a las hasta ahora más homogéneas y ordenadas capitales europeas. Las bolsas de pobreza y de exclusión van a crecer de la mano del desempleo, del incremento de la brecha social entre ricos y pobres y de la sofisticación de las nuevas tecnologías, que van a sustituir al ser humano en muchas de sus labores actuales.

Tras la crisis, empiezan a emerger y consolidarse grupos de “nuevos pobres” en nuestras sociedades. Personas que hasta el momento habían pertenecido a la amplia clase media han abandonado el mundo de relativo bienestar en el que vivían, porque inesperadamente se han descubierto incapaces de pagar sus hipotecas, sus alquileres o de sustentar a sus familias.

El padre Saturnino Rodríguez, párroco de San Eugenio I, Papa, en Barcelona (España), conocido entre sus feligreses como Mossèn Nino, es sacerdote en un barrio donde tradicionalmente vivían personas de clase acomodada. En los catorce años que lleva ejerciendo su presente encargo pastoral, ha visto aparecer esta nueva pobreza entre los habitantes de su arciprestazgo.

Viudas con pensiones mínimas que piden colas de pescado en la pescadería, supuestamente para sus gatos. Antiguos autónomos que ahora no tienen derecho a cobrar subsidio alguno. Personas que pierden su trabajo a los cuarenta, los cincuenta o los sesenta y que no encuentran otro oficio que el de hurgar en las basuras a hurtadillas. Divorcios que debilitan todavía más las familias ante las condiciones sociales ya de por sí desfavorables. Desahucios que dinamitan los horizontes de tantos.

Ante esta miseria sobrevenida, Mn. Nino ha buscado el modo de responder a esta nueva realidad. En él, la inteligencia de la fe se hace inteligencia de la realidad, como nos pedía hace unos años Benedicto XVI. Ha ideado y montado el comedor de Emaús, donde atiende diariamente las necesidades alimenticias de más de 200 personas.

Además, allí reciben el acompañamiento de los voluntarios, e incluso tienen a su disposición la atención psicológica y el consejo de un equipo de abogados, que muchas veces necesitan por las situaciones extremas en las que algunos de ellos se encuentran.

Los usuarios de Emaús son pobres vergonzantes. Hombres y mujeres que intentan mantener la apariencia de sus antiguas vidas de clase media con sus recursos actuales, prácticamente inexistentes.

Mn. Nino nos cuenta cómo el primer día que abrió el comedor de Emaús, había apenas 5 usuarios del mismo, y cada uno comía, investido de toda su dignidad, en su propia mesa, separada de la de los demás. Semanas después la compañía había crecido, se habían trabado vínculos y las sobremesas se alargaban, convirtiéndose para todos en un lugar donde respirar.

Sin embargo, la creatividad de este sacerdote no acaba ahí, porque Emaús no consigue llegar a las necesidades de todas las familias que pasan penurias en la ciudad, sino que está especializada en la pobreza vergonzante del barrio.

Quizás por eso, Mn. Nino también ha tenido que inventarse el supermercado solidario por puntos DISA (Distribución Solidaria de la Alimentos) en el que no solo ha implicado a las parroquias de la zona, sino también al Ayuntamiento y a otras organizaciones tales como el Banco de Alimentos, así como a donantes privados.

Con ello, nos cuenta, ha conseguido subvenir, contando con el trabajo conjunto de las asistentas sociales de la Administración y de Cáritas, las necesidades de más de 400 familias en situación de vulnerabilidad: sin empleo, sin ahorros, sin recursos, sin dinero, y que viven precariamente por culpa de la crisis, que se lo llevó todo.

Después relata emocionado algo que hace evidente que para él lo importante no es la obra. Un día le llaman del Hospital del Vall d’Hebron. Un enfermo seropositivo ha dado su número. Dice que él es su único amigo. Cuando le dicen su nombre no sabe de quién se trata. Pero la enfermera insiste y le cuenta cómo el paciente ha dicho que le conoció, vendiendo pañuelos de papel en la calle.

Mn. Nino lo identifica. Resulta ser un toxicómano sin familia. Sus padres murieron cuando él era un niño. Sufrió malos tratos, como su madre. Y cuando se quedó solo en el mundo se dedicó a olvidar, a pincharse, y ya no conoció amigos, porque sólo tuvo colegas yonquis que, como él mismo decía, no querían su bien.

Cuando salió del hospital le quedaban tres meses de vida. El médico se lo había dicho a los dos. Fueron tres meses de amistad sencilla. Poco a poco, fue pidiendo los sacramentos y acabó muriendo en paz. En la misa funeral solo estaban Mn. Nino, que oficiaba, y el cadáver. Y una foto de su madre, que aquel chico había pedido llevarse a la tumba sobre su pecho.

Hablando con Mn. Nino, ante su testimonio, nos damos cuenta de que la pobreza no sólo es una lacra social, sino que, en la experiencia cristiana, también puede convertirse en oportunidad para el despertar de la fe y para que ésta se convierta en creatividad y en cultura.

Como ha dicho el papa Francisco en la Evangelii Gaudium: “Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio”. Y la pobreza, como afirma san Ignacio, “es madre y muro”. Y comenta el Papa: “La pobreza genera, es madre, genera vida espiritual, vida de santidad, vida apostólica. Y es muro, defiende. ¡Cuántos desastres eclesiales han empezado por falta de pobreza!”.

La pobreza, signo de nuestro tiempo, nos ayuda a darnos cuenta de la presencia del Señor. Tratarla nos polariza y nos hace conscientes de la propia dependencia, de la gracia que es existir en cada instante. “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme”, repite la Iglesia.

De ahí la insistencia evangélica de este Papa en la misericordia: “servir a los pobres”, desgraciadamente cada vez más numerosos en nuestras sociedades post-metafísicas, “es servir al mismo Jesús”. Acercarse a los pobres supone, pues, un camino para la propia fe, un nuevo inicio, cargado de esperanza para la Iglesia, y para nuestra sociedad doliente.

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Apóstoles del Rosario y beneficiarios de sus gracias

Así es la relación de los Postigo Pich con la Virgen

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La familia Postigo Pich siempre ha tenido una gran devoción a la Virgen

¿Cómo llevar adelante una familia con 18 hijos? ¿Cómo soportar la muerte de tres de ellos? ¿Cómo se puede sonreír tras perder al padre y esposo quedándose viuda y 15 hijos? Estas preguntas seguramente se las han hecho muchas personas tras conocer a la familia Postigo Pich y la muerte del padre, José María, en lo que se ha convertido en un auténtico testimonio de fe que ha sobrepasado fronteras.

Y ha sido precisamente la fe la que ha sostenido a esta familia durante todos estos años en los que Chema y Rosa han dicho siempre sí a la vida. En esta familia la Virgen María ha tenido un papel protagonista, que durante estos días les ha consolado y que ahora les permite estar felices y llevar esta situación con paz.

Desde el comienzo de su vida matrimonial la Virgen ha sido parte esencial. José María y Rosa se casaron en el santuario mariano de Torreciudad, donde ofrecieron su matrimonio. Y a este mismo lugar volvió Rosa junto con sus quince hijos tras el entierro de su marido en Barcelona.

La Virgen, verdaderamente como madre

Dos días después del entierro, contaba Rosa, “a la salida del colegio nos escapamos a Torreciudad, santuario donde nos casamos hace 27 años. Hemos venido a pedir ayuda a Nuestra Madre, a dejarle nuestras lágrimas y a suplicarle que no nos abandone. Todos juntos de romería a pedirle fuerza para lo que viene. Todos juntos podemos superarlo”.

Y luego volvía a escribir: “Nos hemos ido a despedir de la Virgen. Madre mía no nos dejes. Cógenos fuerte de la mano. Ayúdanos a sonreír. Cúbrenos con tu manto. Gracias, gracias, gracias”.

La relación de los Postigo Pich con la Virgen va mucho más allá de los momentos de sufrimiento sino que es una relación diaria forjada durante años. Todos los días, toda la familia pide la protección de la Madre y rezan a ella.

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Tras enterrar a Chema, toda la familia acudió al santuario de Torreciudad

En uno de los capítulos de Cómo ser feliz con 1,2,3…hijos? libro que Rosa escribió y que ya se ha traducido a 10 idiomas responde a una pregunta que le han hecho cientos de veces: ¿cuál es su secreto para criar tantos hijos y encima hacer más cosas? Su respuesta hace entender cómo toda la familia ha podido vivir este acontecimiento de muerte con tanta serenidad.

“En nuestra casa rezar no es algo obligatorio, porque respetamos la libertad de nuestros hijos, pero les explicamos que nos ayuda a ser mejores personas, más humanos, más buenos, hace que nos ayudemos unos a otros y que no nos peleemos por tonterías. Cuando de buena mañana empiezan ya a discutir y a pelearse durante el desayuno, yo les digo: ‘chicos, ¿no habéis rezado hoy?’. Y empiezo a cantar el ofrecimiento de obras, por el cual ofrecemos el día a la Virgen María y le pedimos ayuda. Así sacamos el ‘demoniete’ que todos tenemos dentro”.

Y ella particularmente tiene otro secreto para lograr sacar adelante el día como madre y trabajadora. “Mi secreto no es nada caro, resulta accesible para todos los bolsillos del planeta”, bromea Rosa en el libro. Y no es otro que “madrugar por la mañana y asistir a Misa cada día. Luego intento quedarme media hora delante del Santísimo expuesto, es allí donde cojo fuerzas, donde veo las posibles soluciones a los problemas a los que me voy a enfrentar ese día, donde pienso nominalmente en cada uno de mis hijos, y veo qué pequeña mejora puedo trabajar con cada uno de ellos, y en mi marido”.

El Rosario, siempre en familia

Si los Postigo Pich han tenido un arma para mantenerse unidos ante tanto sufrimiento ha sido el Rosario en familia. En una reciente entrevista para Religión en Libertad tras el entierro de su madiro, Rosa afirmaba que durante todos estos años “hemos intentado vivir cada día, como con el rezo del Rosario en familia”.

“La Virgen siempre que se ha aparecido habla de rezar el Rosario en familia. Ya sea en Fátima, en Guadalupe, en Lourdes, o ahora en Medjugorje. Siempre la Virgen está diciendo lo mismo: ‘rezad el Rosario’”, relataba.

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La familia Postigo-Pich repartió 10.000 rosarios durante los funerales en Madrid y Barcelona

Además, recordaba que justo tras diagnosticar el cáncer con metástasis a Chema, “lo primero que dijimos era que teníamos que rezar el Rosario en familia. Ella está contenta y feliz cuando rezamos”.

Y así ha sido durante todo su matrimonio: “Siempre rezábamos en familia aunque los bebés fueran recién nacidos, y aprovechábamos cuando les tocaba dar el pecho y allí estábamos todos juntos. A lo mejor uno llegaba tarde, otro estaba haciendo un trabajo, otro se cansaba pero tienen el recuerdo de rezar el Rosario en familia todos juntos”.

Evangelizar también durante el entierro de Chema

De hecho, es tan importante la Virgen y el Rosario que incluso la muerte de Chema se ha convertido en una ocasión de evangelizar y de extender el rezo de esta oración mariana. Hasta 10.000 rosarios ha repartido la familia Postigo Pich durante los funerales que se han celebrado en Madrid y Barcelona y que fueron multitudinarios. Recordatorios que fueron montados como no podía ser de otro modo, en familia.

 

 

3 experiencias de premuerte que te harán plantearte la existencia del Paraíso

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Son los casos de los que habla el doctor Theillier, médico que ha estudiado los milagros de Lourdes

El doctor Patrick Theillier conoce bien los fenómenos sobrenaturales. Católico convencido y comprometido, ha trabajado durante 10 años como médico de la Oficina de Constataciones Médicas del Santuario de Lourdes. Junto a otros médicos, no necesariamente creyentes, se ha esforzado por verificar científicamente el carácter humanamente inexplicable de las curaciones obtenidas por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes.

Y es precisamente a partir de las conclusiones elaboradas por esta oficina que le fue posible a la Iglesia llegar al reconocimiento de algunos milagros. Una curación inexplicable se declara milagro cuando la autoridad eclesiástica competente reconoce un signo del poder y el amor de Dios presente en la vida de los hombres, capaz de fortalecer la fe del pueblo cristiano.

En “Quando la mia anima uscì dal corpo” (ediciones San Pablo) – Cuando mi alma salió del cuerpo – el doctor Theillier estudia las experiencias de premuerte, o acaecidas “en los límites de la muerte” (conocidas con la sigla inglesa NDE, Near-Death Experience).

1 – “Hice un viaje al Cielo”

En 2010 Todd Burpo, un pastor de la iglesia metodista de Nebraska, en Estados Unidos, escribió un pequeño libro, Heaven Is for Real, (El Paraíso es real) en donde contó la NDE de su hijo Colton: “Hizo un viaje al Cielo” durante una operación de peritonitis en la que sobrevivió. La historia es particular porque Colton tenía sólo 4 años cuando sucedió, y les contó su experiencia a sus padres, quienes quedaron impactados, pues lo hizo de forma casual y fragmentada. La NDE de los niños son las más conmovedoras porque son las menos contaminadas, las más verdaderas; se podría decir: las más vírgenes.

Premuerte más auténtica en los niños

El pediatra Melvin Morse, director de un grupo de investigación de las experiencias de premuerte en la Universidad de Washington, dice:

“Las experiencias de premuerte de los niños son sencillas y puras, no están contaminadas por ningún elemento de carácter cultural o religioso. Los niños no quitan experiencias como hacen a menudo los adultos, y no tienen dificultad en integrar las implicaciones espirituales de la visión de Dios”.

“Ahí me cantaron los ángeles”

Este es el resumen de la historia de Colton como aparece en el libro Heaven Is for Real. Cuatro meses después de su operación, al pasar en coche cerca del hospital donde fue operado, su mamá le preguntó si se acordaba, Colton respondió con una voz neutra y sin excitación: “Sí, mamá, me acuerdo. Ahí me cantaron los ángeles”. Y con un tono serio añadió: “Jesús les dijo que cantaran porque yo tenía mucho miedo. Y luego estuve mejor”. Impresionado, su padre le preguntó: “¿Quieres decir que estaba también Jesús?” El niño haciendo ademán afirmativo con la cabeza, como si confirmara algo muy normal, dijo: “Sí, también estaba él”. El papá le preguntó: “Dime, ¿dónde estaba Jesús?”. El niño le respondió: “Yo estaba sentado en sus piernas”.

La descripción de Dios

Es fácil imaginarse a los padres preguntarse si todo esto es verdad. Ahora, el pequeño Colton cuenta que dejó su cuerpo durante la operación, y lo demuestra describiendo con precisión lo que cada uno de los padres estaba haciendo en ese momento en otra parte del hospital.

Impactó a sus padres al describir el Cielo con particularidades inéditas, correspondientes a la Biblia. Describió a Dios como realmente grande y dijo que nos ama. Dijo que es Jesús quien nos recibe en el Cielo.

Ya no tiene miedo de la muerte. Lo dijo a su papá una vez que le dijo que corría el riesgo de morir si atravesaba la calle corriendo: “Que hermoso. Quiere decir que volveré al Cielo”.

El encuentro con la Virgen María

Después, respondió con la misma sencillez a las preguntas que le hicieron. Sí, vio animales en el Cielo. Vio a la Virgen María arrodillada frente al trono de Dios, y muchas veces cerca de Jesús, y que ama como lo hace una madre.

2 – El “túnel” del neurocirujano

El doctor Eben Alexander, neurocirujano estadounidense, especialista del cerebro, no creía absolutamente en una vida después de la muerte. Era escéptico: para él, todas las historias de NDE eran delirios y estupideces. En 2008 tuvo una meningitis fulminante que le hizo cambiar de idea. Contó su experiencia de premuerte primero en un artículo del semanario estadounidense Newsweek, y luego en un libro. Un viaje que lo convenció de la existencia de una vida después de la muerte.

“Estaba en una dimensión más amplia del universo”

Hace cuatro años los médicos del hospital general de Lynchburg, en Virginia, donde él trabajaba, le diagnosticaron una rara forma de meningitis bacteriana, que normalmente ataca a los recién nacidos. Las probabilidades de salir sin entrar en un estado vegetal eran pocas, y se volvieron casi nulas en las urgencias.

“Pero mientras las neuronas de mi corteza se reducían a la inactividad completa, mi consciencia, liberada del cerebro, recorrió una dimensión más amplia del universo, una dimensión que no había soñado y que habría sido feliz de poder explicar científicamente antes de hundirme en el coma. Hice un viaje a un ambiente lleno de grandes nubes rosas y blancas… Muy por encima de estas nubes, en el cielo, giraban en círculo seres cambiantes que dejaban tras de sí largas estelas. ¿Pájaros? ¿Ángeles? Ninguno de estos términos describe bien a estos seres que eran distintos de todo lo que he visto en la Tierra. Eran más evolucionados que nosotros. Eran seres superiores”.

Un canto celestial

El doctor Eben Alexander se acuerda de haber oído un sonido en pleno desarrollo, como un canto celestial, que venía de arriba, y que le dio gran alegría, y de ser acompañado en su aventura por una joven mujer.

Después de esta NDE, el doctor Alexander no tuvo más dudas: la consciencia no es ni producida ni limitada por el cerebro, como el pensamiento científico dominante sigue considerando, y se extiende más allá del cuerpo.

Nueva idea de consciencia

“Ahora, para mí es – dice Alexander – cierto que la idea materialista del cuerpo y el cerebro como productores, más que como vehículos, de la conciencia humana, ha sido superada. En su lugar ya está naciendo una nueva visión del cuerpo y del espíritu. Esta visión, a su vez científica y espiritual, dará lugar a la verdad, que es el valor que los más grandes científicos de la historia siempre han buscado”.

3 – El fusilamiento

He aquí una carta de don Jean Derobert. Es un testimonio certificado con ocasión de la canonización de Padre Pío.

“En aquel tiempo – explica don Jean – trabajaba en el Servicio Sanitario del ejército. El Padre Pío, que en 1955 me había aceptado como hijo espiritual, en los momentos cruciales de mi vida siempre me había hecho llegar una nota en donde me aseguraba su oración y su apoyo. Así fue antes de mi primer examen en la Universidad Gregoriana de Roma, así fue cuando entré en el ejército, así fue también cuando tuve que ir a combatir a Argelia”.

Una nota de Padre Pío

“Una noche, un comando F.L.N. (Frente de Liberación Nacional Argelino) atacó nuestra ciudad. Fui arrestado, me pusieron frente a una puerta junto a otros cinco militares, fuimos fusilados (…). Esa mañana había recibido una nota del Padre Pío con dos líneas escritas a mano: “La vida es una lucha pero conduce a la luz” (subrayando lucha y luz)”.

La subida al cielo

Inmediatamente don Jean vivió la experiencia de salir del cuerpo. “Vi mi cuerpo a mi lado, acostado y ensangrentado, en medio a mis compañeros asesinados también. Comencé una curiosa ascensión hacia lo alto dentro de una especie de túnel. De la nube que me rodeaba distinguía rostros conocidos y desconocidos. Al principio estos rostros eran tétricos: se trataba de gente poco recomendable, pecadores, poco virtuosos. Poco a poco, mientras subía los rostros que encontraba se volvían más luminosos”.

El encuentro con los padres

“De repente mi pensamiento se dirigió a mis padres. Me encontré cerca de ellos en mi casa, en Annecy, en su habitación, y vi que dormían. Intenté hablar con ellos sin éxito. Vi el departamento y observé que habían cambiado un mueble. Muchos días después, al escribir a mi mamá, le pregunté por qué había cambiado ese mueble. Ella me respondió: “¿Cómo lo sabes?”. Luego pensé en el papa Pio XII, que conocía bien porque fui estudiante en Roma, y enseguida me encontré en su habitación. Se había apenas acostado. Nos comunicamos intercambiando pensamientos: era un gran espiritual”.

“Chispa de luz”

De repente don Jean se encontró en un paisaje maravilloso, invadido por una luz azul y dulce. Habían cientos de personas, todas con treinta años aproximadamente. “Encontré a gente conocida (…). Dejé este “paraíso” lleno de flores extraordinarias y desconocidas para mí, y ascendí un poco más alto… Allá perdí mi naturaleza de hombre y me volví una “chispa de luz”. Vi muchas otras “chispas de luz” y sabía que eran san Pedro, san Pablo, san Juan, un apóstol, tal santo tal otro”.

La Virgen y Jesús

“Luego vi a santa María, bella más allá de lo increíble con su manto de luz. Me acogió con una sonrisa increíble. Detrás de ella estaba Jesús maravillosamente bello, y todavía más atrás había una zona de luz que sabía que era el Padre, y reconocí ahí la felicidad perfecta, como una cierta experiencia de la eternidad”.

La primera vez que vi al Padre Pío después de esta experiencia, el fraile le dijo: “¡Oh, el trabajo que me diste tú, pero lo que viste fue muy bello!”.

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Chema Postigo

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Me resistía a este momento. No quería escribir sobre Chema. Me parecía que no había papel ni teclado capaces de resistir la energía del trazo que una vida como la de Chema reclama. Siempre por delante, junto con Rosa. Por delante en el amor. Por delante en la entrega. Por delante en la generosidad. Por delante en el dolor. Por delante en la amistad. Por delante en la actividad. Por delante en la contemplación. Por delante… en el Cielo.

img_0415Hace más de 25 años, un grupo de matrimonios jóvenes iniciamos con Rosa y Chema la que su suegro, Rafael Pich, llamaba la nueva era de la orientación Familiar, la nueva era de la felicidad para miles y miles de familias. El curso de Primeros Pasos, y el de Primeras Letras y Decisiones y Adolescencia y Amor Matrimonial… Y Chema, con su muñeca, como en la foto, a todas partes, enseñando lo grande y lo pequeño. Enseñando el amor. Lo que quieras aprender, enséñalo, decía Rafael, y a él le resultaba fácil, muy fácil, porque se limitaba a enseñar lo que él era, un corazón inabarcable, sin afán de protagonismo alguno. Hacer y desaparecer, pero desaparecer estando ahí, en la sombra, al servicio de todos.

Nunca un no. Una llamada de Mari Carmen Navarro, desde el Fert: “Chema, nos ha fallado un moderador. Su sesión es dentro de dos horas… en Lleida”. Y Chema cogía su petate, su muñeca, apretaba el corazón entre sus dedos y salía hacia Lérida.

Y, después, los países. Desde la IFFD, federación que coordina los cursos de orientación familiar en todo el mundo, ni siquiera teníamos que llamarle. Brasil, Hong Kong, Corea, Chequia, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, Costa de Marfil, Ucrania y tantos otros. Era él quien llamaba. ¡A la vuelta! Con todo hecho… y muchas veces, nosotros sin saberlo, y todo en marcha. Los lugares más comprometidos. Siempre dispuesto. Con Rosa, la mejor embajadora de la familia, llevando su libro, “¿Como ser feliz con 1,2,3… hijos?” y, con él, la verdadera vida de familia por todo el mundo.

Su última locura fue el Family Enrichment Holidays en Torreciudad. Quince días de vacaciones para los demás. Y Rosa y él sirviendo a las familias que venían de lugares lejanos para formarse como directivos de las actividades de Orientación Familiar en sus países. Recogidas en aeropuertos, viajes arriba y abajo, organización de actividades, sesiones de formación… Y la sonrisa permanente. Nunca pasa nada. Nada te turbe, nada te espante…

Chema tenía un sueño. Y lo vivió con Rosa. Un sueño que -hoy lo está comprobando- es un pensamiento divino: el sueño del amor sin límites. Amor a Rosa, a sus 18 hijos -tres, con él, en el Cielo- y también, en lo que a mí más me ha tocado vivir, a todas las familias del mundo. Quien no ha conocido a alguien como Rosa y Chema difícilmente puede entender la capacidad de expansión del corazón humano, que crece y crece y crece cuando se olvida de sí y se da sin reservas.

Estos días, rezando por la curación de Chema, pensaba que, con diez como Rosa y Chema, daríamos la vuelta a esta ciudad de Barcelona y, desde ella, al mundo entero, para hacer de él la Familia que nunca debió dejar de ser. Chema se sabía miembro de esa familia humana y luchó toda su vida por mantenerla unida y acercarla, uno a uno, corazón a corazón, como han de ser tratadas las personas, al Padre común.

Les confieso una pequeña intimidad: tengo la costumbre de pedir a Dios que me conceda un cachito, aunque sea pequeño, de la virtud más destacada de las personas próximas a mí que nos dejan, en la certeza de que ellas las tienen ya en grado sumo.

Encontrar diez Chemas es un imposible metafísico, pero nos queda Rosa… Con tu permiso, Rosa, me atrevo a pedir a todos cuantos lean estas palabras que hagan como yo y pidan al Señor que les conceda algo, por poco que sea, de Chema. Y quizás entre todos podremos ir colmando poco a poco ese gran vacío que ahora sentimos… y que Chema, irrumpiendo desde su nuevo hogar silenciosa y discretamente, como siempre hacía, sabrá llenar y desbordar con sobreabundancia de todas las cosas buenas que pidamos por su medio.