DE BANQUERO DE WALL STREET A SACERDOTE

Disfrutando del estilo de vida de un exitoso banquero de Wall Street, Daniel Rehill alquiló una casa en Amalfi, Italia, para el verano. Cuando una amiga de él quiso visitar Medjugorje, el lugar de las apariciones de Nuestra Señora al otro lado del mar Adriático, Daniel decidió ir con ella. A pesar de los privilegios y lujos de su trabajo, se volvió muy infeliz a lo largo de los años. Comenzó a tener pesadillas que eventualmente lo llevaron a meses de insomnio. En su primera noche en Medjugorje pudo conciliar el sueño, Daniel se despertó con una sensación increíblemente buena. Cuenta que la palabra paz no es suficiente para describir el sentimiento que tenía. Buscó un sacerdote ese día y se confesó, luego de 20 años de su última confesión y retornó a la Iglesia Católica.

En su testimonio para «Frutos de Medjugorje« , el Padre Daniel habló con Marija Jerkić sobre su conversión y el camino hacia el sacerdocio. Puedes ver su testimonio en el canal de YouTube Frutos de Medjugorje, y a continuación te la trascribimos en su totalidad:

Mi madre visitó Medjugorje alrededor de 1989. El prometido de mi hermana tuvo un terrible accidente y estuvo en coma por seis meses y decidieron ir a Medjugorje a orar por un milagro y esa fue la primera vez que escuché de Medjugorje. ¡Y sí, yo no creía! Cuando era niño, a la edad de 10 u 11 años, un sacerdote abusó de mí, entonces tomé la decisión consciente de que nunca volvería a la iglesia. Así que dejé la iglesia durante unos 20 años y decidí hacerme rico haciendo banca y dinero.

Después de la universidad me mudé a Manhattan y trabajé en Wall Street, gané mucho dinero, pero me volví muy infeliz, porque la felicidad no viene del dinero, sino de una relación con Jesús, y yo no sabía por qué era infeliz y estaba empezando a tener pesadillas, era la misma todas las noches: yo me ahogaba, pero también habían unos bebés a mi lado que también se ahogaban, pero no podía alcanzarlos. Entonces me despertaba y no podía dormir, no había dormido nada durante meses. Luego alquilé una casa en Amalfi, Italia. Una villa grande, para fiestas de verano con amigos y un día una de mis amigas de Nueva York dijo que iba a ese lugar llamado Medjugorje.

Me pidió que la acompañara porque no se sentía segura, ya que la guerra acababa de terminar. Y dije: Bueno, está justo enfrente de Italia, ciertamente es lo mismo que Italia, ¿verdad? Buena comida y buen vino…  será genial. Entonces, fui a Medjugorje en 1998 y cuando llegué a Medjugorje, después de un viaje duro, miré un poco a mi alrededor, en su mayoría mujeres mayores rezando el rosario, así que decidí: no pertenezco aquí, estoy cansado, me voy a dormir, y por la mañana encontraré un auto y me iré de aquí.

Me acosté y me desperté en la mañana siguiente con una inmensa sensación de bienestar, lo que sentía… realmente no puedo explicarlo porque hay que experimentarlo para saber de lo que hablo, pero si dijera paz, eso no sería no será suficiente. Sentí que todo estaba bien conmigo y con el mundo, conmigo, con Dios, con todo, y eso que aún no me había confesado, así que fue un regalo, un regalo maravilloso.

Cuando trabajas en Wall Street, es un trabajo implacable, tienes que ser insidioso para progresar, tienes que ser fuerte. Cínico, enojado, implacable, centrado solo en ti mismo, en su progreso, por lo que este estilo de vida trae caos interior a una persona. No hay Dios allí. Y como me sentía tan bien, pensé: ‘si así es quedarme en Medjugorje, me quedaré toda la semana’. Sabía desde niño que tenía que confesarme antes de poder participar plenamente en la Misa, así que fui a la iglesia a buscar un sacerdote, y sabía que tras 20 años desde mi última confesión, tendría que ser un sacerdote, muy misericordioso. Pensé en buscar a alguien que no me juzgara o me condenara.

Y afuera de la Iglesia estaba un sacerdote que hablaba con varias mujeres, contando chistes, todas se reían con él, y él estaba fumando un cigarrillo, un hombre de piel oscura y bien parecido, yo me dije, ‘este es el indicado, un verdadero sacerdote de Hollywood’,

me acerqué a él y le pregunté: ¿Me puedes confesar?

Él respondió: ¡Claro!,  y escuchó la confesión de veinte años de mi loca vida en Nueva York.

Finalmente me miró y dijo estas palabras muy inusuales: ‘Creo que tienes vocación sacerdotal’.

Lo miré y le dije: ‘¿Disculpa? ¿No entiendes inglés, no has escuchado mi confesión ahora?

Y él dijo: «Para Dios todas las cosas son posibles».

Le respondí: ‘Está bien, ¡gracias!’

No lo pensé más, seguí mi propio camino, continué toda la semana uniendo todos los puntos: Programa de la tarde con el rosario, Misa, confesión, escalar Križevac, Colina de las Apariciones, cruz azul, todo.

Volví a casa y las cosas empezaron a complicarse un poco porque ahora hay que ponerlo todo en práctica. Aquí en Medjugorje es mucho más fácil porque aquí todo el mundo lo hace, pero no todo el mundo en Nueva York vive así, así que tuve que distanciarme de algunos amigos que no tenían una buena influencia en mí. Me uní a la Asociación de Jóvenes Católicos de Wall Street, una muy buena comunidad de católicos practicantes. Iba al trabajo a pie todos los días rezando el rosario por la mañana, por la tarde y cada vez que caminaba. Iba a misa durante el almuerzo y en aproximadamente un mes viví una vida católica de calidad, ya sabes, no solo lo mínimo, sino más que eso.

En ese momento, uno de los sacerdotes de la parroquia se fijó en mí. No me había visto antes, así que me habló y me dijo: ‘Creo que necesitas un guía espiritual’. Estuve de acuerdo y empezamos a reunirnos una vez a la semana y lo primero que dijo fue: ‘Tienes que empezar a orar y preguntarle a Dios si eso es lo que quiere de tu vida. Porque tal vez, nunca preguntaste, ¿verdad?’

Dije: ‘No, nunca pregunté’.

Y comencé a orar: ‘Señor ¿Quieres que me quede en mi trabajo o que haga otra cosa?’

Oré por eso durante una semana, volví donde el sacerdote y le dije: ‘Él no me respondió, obviamente quiere que me quede allí’.

El sacerdote fue sabio y me dijo: ‘¡Examinemos un poco tu vida! Así que durante 20 años dejaste la Iglesia, ignoraste a Dios, luego volviste a la Iglesia y luego oraste durante una semana y no te respondió. ¿Es eso así? ‘

Respondí que así era. Me preguntó: ‘¿No crees que eres un poco impaciente?’

Dije: ‘Tal vez’.

Me aconsejó que siguiera orando y entonces ore por un mes, ore por seis meses, ore por un año. Dieciocho meses después de esa oración diaria, el 5 de noviembre de 2000, estaba sentado en un banco después de la comunión para la misa dominical y escuché una voz que decía: ¡Ven, sígueme!‘ me di la vuelta y no había nadie alrededor y luego me di cuenta, ‘¡Oh, bueno, eres tú!’ Así que todavía tienes una voz. Y dije: «Está bien, voy detrás de ti, no sé a dónde vamos, pero voy detrás de ti«.

Al día siguiente tomé licencia por enfermedad, oré por esa intención y renuncié un día después. Y luego comencé a investigar cómo imitar a Jesús de una manera más concreta. Decidí estudiarlo todo como siempre lo hice y como aprendí en un ambiente de negocios. Entonces, hice tablas con todas las órdenes de la iglesia, carismas, lugares y duración de la formación. dominicos 12 años – ni loco!; Jesuitas 12 años – ¡de ninguna manera!; Legionarios de Cristo 12 años – no, demasiado tiempo…

Resultó que la formación de sacerdotes diocesanos fue la más corta, eran cuatro años. Decidí ser sacerdote diocesano. En ese momento, sin embargo, sucedió el 11 de septiembre y yo vivía a cuatro cuadras del Trade Center. Y entonces de repente no tenía trabajo, ni podía ir a casa, ya no podía vivir allí porque Manhattan estuvo cerrado durante dos meses.

Un sacerdote vino de Boston para celebrar la Misa de Sanación para las Viudas, un amigo mío estaba trabajando como cantor en ese momento y su esposa quería ir a esa Misa. Así que prometí llevarla. Fuimos a Misa y después de Misa, es decir, antes de comer, el cura dijo: ‘¡Quiero hablar con él, tráigalo!’

Llegó hasta mí, y literalmente me dice: ‘¿Qué estás haciendo con tu vida?’

Así me dijo, aunque fue un poco rudo, yo le dije: ‘Nada, no tengo trabajo ni casa’.

Y él dijo: ‘Tal vez el Señor te está llamando a Boston’. y luego se fue.

Su nombre es P. Tom DiLorenzo, aún vive y es el sacerdote más dinámico que conozco porque vive el Evangelio, literalmente lo vive.

Cuando me mudé, se produjo una fuerte ventisca. Me trasladé a Boston durante la fiesta de los Santos Arcángeles y a mediados de diciembre nos azotó una gran tempestad, el noticiero advertía: No salgan porque podrían morir.

Y un poco más tarde él me llama: ‘Danny, ponte la chaqueta, ¡vamos afuera!’

Y le dije: ‘Padre, dicen que podríamos morir’.

Y él dijo: ‘Tonterías, ¿sabes quiénes se van a morir esta noche? las personas sin hogar. ‘

Entonces, nos subimos a su camioneta y comenzamos a recoger a los desamparados. ¡Los recogiamos, los llevabamos a la iglesia y saliamos de nuevo! Los recogimos hasta que ya no quedó nadie en la calle. Y luego llegados a casa, cocinó albóndigas y mucho espaguetti. Les dio de comer a todos, y luego les predicó el Evangelio de como Dios los amaba, y luego les entregó unas mantas y les dice: ‘Quédense aquí’ , luego aumentó la calefacción, y dijo: ‘ en la mañana prepararé el desayuno’ .

De camino a la casa parroquial, le dije: ‘No sabía que los sacerdotes también estaban haciendo esto porque realmente es ayudar a la gente, no solo rezar’.

Él dijo: ‘Por supuesto que sí, no puedes rezar con alguien que está muerto’.

Entonces pregunté: ‘¿Por qué no lo hacen todos, por qué no lo hacen todas las iglesias?’

Él respondió: ‘Somos muy pobres, existe el don de la pobreza y por eso no nos importa que la gente nos robe las velas, nuestras puertas siempre están abiertas’.

Luego me aconsejó que redactara una solicitud para el seminario y la presenté, pero luego ocurrió un escándalo, el escándalo sexual en Boston. No sé si alguien es consciente de cuán grande fue el escándalo. Todos los días, una nueva historia se convertía en noticia de última hora y, por lo tanto, durante meses, simplemente la gente de Boston estaba exhausta. Los católicos se sintieron tan humillados, fue un momento difícil, y reviví esa experiencia mía de la infancia a medida que los recuerdos volvían.

Fue un tiempo doloroso, pero también un tiempo de sanación porque me permitió empezar a orar por los sacerdotes que hicieron cosas, que no habían hecho antes.

Sucedió que no fui al seminario en Boston, sino que terminé en una comunidad de ermitaños contemplativos en Nebraska. En cinco años me convertí en un ermitaño contemplativo y allí la mayor parte del día estabamos en oración.

El carisma de la comunidad es tan único, y es la Cruz. Todo el carisma se reduce a entregar la propia vida y presentarla a Jesús para obtener de nuestro sacrificio gracias que se envíen para la salvación de las almas. Esto es muy importante porque en el seminario te enseñan a ser un buen pastor, pero no te enseñan a ser el cordero del sacrificado. Y por eso hoy hay muchos sacerdotes que tienen dificultades con la entrega de su vida y con lo que les gustaría hacer para que la Iglesia se desarrolle y prospere.

Eso es lo que les falta a la mayoría de los seminarios, no puedo decir de todos, pero sí de aquellos en los que he estado. No parece que les enseñen eso. Y eso es lo principal cuando recordamos la misión de Jesús, Su misión se centró en ese evento.

Todos los años preparatorios [de Jesús] fueron importantes, pero fue ese momento [la cruz], el triunfo y redención. Y si el sacerdote no lo sabe, no podrá decir: con gusto lo haría, porque esto es lo más importante que Dios me pide hoy.

Decir: ¡Sí, me levantaré, iré a ese hospital!, incluso durante el COVID. Había muchos sacerdotes que tenían miedo de llevar la unción a los enfermos, y en el hospital dijeron: igualmente, no pueden entrar.

Yo tuve mucha suerte, pues les dije a las enfermeras: ‘Si ustedes pueden entrar en la habitación, ¿por qué no puedo yo?’ –  ellas dijeron: ‘es que tenemos una máscara especial que nos protege completamente la cara.’

yo les dije: ‘¡Consíganme esa máscara!’

Y así en Tennessee, donde trabajo, me hicieron una máscara y ahora puedo ungir a todos. Incluso si no eres católico, vendré a rezar contigo porque tengo una máscara especial.

Eso me hizo un poco de gracia y por eso les dije: ‘¿Saben qué?, mi máscara es mi bautismo, y estoy protegido por la Sangre [de Cristo], ¡déjenme entrar!’

Pasé un período importante de cinco años allí [comunidad de ermitaños] para aprender que esto es muy importante en la vida de un católico. Luego, regresé a Nueva York y parecía que nada iba a pasar.

Cuando los obispos me veían, decian: ‘¡Es muy viejo! Era un banquero de Wall Street, ¡no lo necesitamos!’

yo no tenía adónde ir, así que pensé: ‘¿Cómo terminará esto?’

Finalmente le dije al Señor: ‘Sabes qué, puede que me lo haya imaginado, puede que no tenga una vocación después de todo. Tal vez todo fue para mi propio desarrollo, para convertirme en una buena persona, por eso te devuelvo esta vocación. Es tuyo de todos modos. Si quieres que sea sacerdote, que me llame el obispo’.

Y lo dije como si nunca fuera a pasar, pero así sucedio. Dejé de buscar y volví al trabajo. Después de tres meses, un hombre con acento sureño me llamó y me dijo: ‘¡Hola!’

Respondí y me dice: ‘¿Eres Daniel Rehill?’

Confirmé y pregunté: ‘ Sí ¿quién eres?’ – y dijo: ‘soy el obispo David Choby de Tennessee.’

Y dije, ‘Oh, ¿en serio?’

Continuó: ‘Soy obispo aquí en Nashville, me gustaría conocerte’.

Me subi a un avión y nos conocimos. Él no es como la mayoría de los obispos que, ya sabes, le dan la mano a alguien y hablan durante unos minutos y luego te entregan al comisionado de vocaciones porque están muy ocupados.

Él Me recogió en el aeropuerto, yo le pregunte: ‘¿usted me va a recoger?’

Y él dijo: ‘¿Eso es un problema?’

Yo dije: ‘No, pero los obispos no reciben seminaristas en los aeropuertos, envían a alguien’.

Y él dijo: ‘Bueno, aquí somos diferentes’.

Me llevó a su casa donde vive solo y allí me quedé una semana, ¡en su casa!

Después de una semana me dijo: ‘Sabes, Daniel, creo que deberías venir a Tennessee y ser sacerdote aquí. Te invito. ‘

Estuve de acuerdo y terminé en Tennessee. Seis meses después me ordenó diácono, y después de otros seis meses, sacerdote. Así llegué a mí último paso hacia el altar, es decir, tuve que entregar todo para seguir adelante. Porque, eso es importante, dejarlo todo. Incluso las mayores esperanzas que tienes y luego él [Jesús] te sostiene.

Les contaré otra cosa sobre ese primer sacerdote que me confesó allí en Medjugorje.

Su nombre es Fr. Branimir, solía trabajar aquí en Medjugorje, ahora está en otro lugar y no lo había visto en 19 años. Por supuesto, lo recuerdo porque fue un punto de inflexión en mi vida. Ahora como sacerdote traje un grupo de Tennessee aquí a Medjugorje y un día fuimos a Tihaljina a ver la estatua de Nuestra Señora y el guía dice: ‘Esperen aquí, un sacerdote viene a saludarnos’.

En aquel momento se acercó el Padre Branimir, y yo lo reconocí porque era el sacerdote que escuchó mi confesión después de 20 años, y luego se fijó en mí y dijo: ‘¡Oh wao, te has convertido en sacerdote!’

Le dije: ‘¿Te acuerdas de mí?’

Él dijo: ‘¡Sí, estuve orando por ti!’

Increíble que se acuerde de una persona de hace 20 años, y él, que tiene 20 confesiones al día; luego me invitó a la casa, me ofreció café, dulces, lo que tenía. Ya dejó de fumar, lo cual es muy bueno, hablamos de todo, fue genial porque luego, ves que Dios vuelve a conectar todo, le pone un moño y arregla todo muy bonito, bonito. y bueno, volver a Medjugorje como sacerdote es una experiencia profunda, por varias razones:

Primero, porque sé personalmente en mi corazón, cuánto ama Nuestra Señora a los sacerdotes, no todos los sacerdotes lo saben, pero yo lo sé. Y volver a Medjugorje, donde Ella viene todos los días, es tan fuerte, porque ahora también yo puedo practicar el ministerio de la gracia, de la misericordia, escuchar tantas confesiones y celebrar el sacrificio de la santa Misa.

La última vez celebré Misa en Medjugorje, lo que hoy me hace más humilde sabiendo que vivía con un pie en el infierno y el otro sobre una cáscara de plátano y que en cualquier momento pude haber terminado muy mal; y ahora estoy en un lugar donde puedo revelar al pueblo de Dios la gloria de Dios y la misericordia de Dios, como lo hace Nuestra Señora, que es una verdadera y profunda bendición.

“El demonio existe. Yo he estado poseída y gracias a Dios y la Iglesia me liberé”

La madrileña Silvia Ramírez plasmó en un libro su dramática experiencia, digna de una película de terror, pero al tiempo llena de esperanza: “Cuando peor estaba, experimenté una misericordia grande”

No es habitual encontrarse con el testimonio de una persona poseída. En unos casos por vergüenza; en otros por el dolor del trauma vivido; quizás también por el miedo a ser juzgados, a ser objeto de burla o desprecio social, en un mundo que cada vez cree menos en el diablo, lo cierto es que los casos existentes suelen optar por el silencio.

Por eso es relevante el testimonio de Silvia Ramírez, que ella misma plasmó en el libro ‘Arrojad los demonios. Testimonio de una persona que estuvo endemoniada’ autoeditado en el año 2017 y que tiene una versión digital gratuita desde el año pasado (descargable en su blog personal Arrojad a los demonios).

ARROJAD A LOS DEMONIOS

arrojadalosdemonios.blogspot.com

Hace ya varios años que Silvia Ramírez vive una vida normal, integrada de nuevo en la Iglesia. En este tiempo no ha dejado nunca de contar su experiencia allí donde ha sido reclamada. Uno de los últimos lugares fue el Círculo de Espiritualidad de Valladolid, dependiente del Arzobispado, donde Aleteia pudo hablar con ella

“Yo he tenido la experiencia de que sí existe el demonio; he estado poseída y Dios me ha ayudado a liberarme”, asegura a Aleteia. Porque el suyo es, sobre todo, un testimonio de esperanza. “En medio de todo lo que me estaba pasando, experimenté una misericordia de Dios muy grande”.

A menudo los episodios de influencia demoníaca o de posesión son relacionados con enfermedades o problemas psicológicos. Suele ser el principal argumento que se esgrime para negar, o tapar, aquellos fenómenos que escapan a nuestra comprensión.

Pero no es el caso de Silvia Ramírez. “En cuanto empecé a sentir cosas extrañas fui al médico. A lo largo de estos años he tenido tres diagnósticos psiquiátricos y sólo me han detectado déficit de atención”, un problema sin relación alguna con lo que le sucedió.

“Pueden creer lo que quieran, pero hay realidades que existen, aunque no las veamos a primera vista. Las infecciones y posesiones diabólicas siguen unos patrones observables, hay una fenomenología que permite identificarlas”, explica Silvia Ramírez. “Es un fenómeno real que la Iglesia interpreta como la acción extraordinaria del demonio”.

Y aunque suele ser una realidad opaca, algunos exorcistas han llevado al público sus conocimientos, como el veterano José Antonio Fortea en su ‘Summa Daemoniaca. Tratado de demonología y manual de exorcistas’.

Una realidad que sólo en parte se parece a la que muestran las películas de terror, que, además, concentran episodios que se dilatan en el tiempo. “Las películas sobre demonios distorsionan el problema. Acumulan y concentran los rasgos de la posesión y los exageran para dar miedo. Pero cuando presencias una posesión lo que ves es una persona real que sufre de verdad”.

Silvia ha experimentado algunos de los rasgos con los que el cine ha caracterizado a los poseídos: “Que se te pongan los ojos en blanco, escupir, blasfemar, chillar… Todas esas cosas son reales, pero las películas han creado un tabú en torno a esto. Han convertido al exorcista en un personaje extraño y raro”.

Añadamos, además, que Silvia, en medio de una oración, llegó a tener una experiencia de levitación, en posición de arco voltaico. Esto significa que el cuerpo se arquea de forma anormal hacia atrás, sostenido únicamente sobre los talones.

“Lo que me ha curado”, añade, “no sólo ha sido que me hayan rezado; ha sido todo un camino de conversión”. Un camino en el que han intervenido 15 sacerdotes, de los cuales tan sólo 3 eran exorcistas. “He recibido 300 exorcismos con el ritual de la Iglesia católica y, aparte, 300 oraciones de liberación”, que puede impartir cualquier sacerdote.

Su experiencia personal refleja también la dificultad que tuvo, a lo largo del proceso, para encontrar a profesionales adecuados. Por eso su testimonio quieren recalcar también la necesidad de que la Iglesia forme exorcistas.

“La Iglesia tiene mucho miedo a los exorcismos. Y actúa con dejadez. No forma exorcistas suficientes, aunque tengo que reconocer que, de dos años para acá, hay más sensibilidad”.
Quizás porque “los sacerdotes cada vez detectan más casos que necesitan oraciones de sanación”, explica Silvia.

En su libro ‘¿Qué diablos vemos? El demonio en el cine’, el investigador Pedro Delgado Cavilla incluye esta reflexión: “pese a que en la Iglesia Católica ahora se hable del diablo en voz baja (al contrario que entre los protestantes, quienes reconocen abiertamente su existencia) su posible presencia da que pensar. En algunos casos, allá donde la medicina no logra nada, un exorcismo puede obtener resultados”, asegura.

Pero ¿cómo empezó todo? ¿Cómo se llega a estar poseído por el diablo? Silvia Ramírez ha reflexionado mucho sobre ello e identifica varias fases en su proceso de caída. Todo comenzó hace doce años con una crisis espiritual paradójicamente causada por su convicción de que tenía vocación religiosa.

“Buscaba mi vocación y sentí que Dios me rechazaba, lo que me produjo una crisis muy fuerte, hasta el extremo de llegar a odiarlo. Y decidí pasarme al otro lado”, recuerda.

A raíz de esa frustración personal busca en internet sectas satánicas con la intención de ingresar en alguna, pero no llegó a hacerlo. “Una luz roja interior me advierte de que no dé ese paso. Abandono la idea y dejo de escuchar música satánica”.

“Pero en mi corazón he abierto una puerta”, admite, y, en consecuencia, “empiezo a tener síntomas de una experiencia demoníaca muy fuerte”.

No estamos todavía en la fase de la posesión sino en la previa, la de influencia demoníaca. De hecho, un sacerdote le reza una oración de liberación y recupera la paz.

Tiempo después entra en lo que ella denomina una “crisis tonta”, aunque quizás no lo sea tanto. “Me canso de intentar ser buena. Siento que el cristianismo es un peso muy grande, que es muy costoso luchar en un mundo tan difícil. Decido que el pecado no existe y que voy a ser una más del mundo”.

Progresivamente Silvia va “apostatando de facto” y abandonando la Iglesia. “Empiezo a tener conciencia laxa y a probar todo tipo de experiencias espirituales”. Desde la Cienciología a orantes cósmicos, o movimientos de la nueva era. “Yo lo probaba todo, pero enseguida lo dejaba, porque todos imponían nuevas obligaciones, que es justo de lo que huía”.

Durante una práctica laboral en un tanatorio que, al parecer, había sido utilizado para sesiones de espiritismo con ouija, ella y sus compañeros sienten una presencia que les estremece y que les ‘acompaña’ hasta el interior del coche.

“A los tres días empiezo a tener pesadillas tremendas con presencias que se me subían en la cama, encima de mí. Y, al mismo tiempo, empiezo a hablar sola, entro en trance, rompo rosarios… Todo sale a la luz cuando, al acompañar a una amiga de un grupo carismático, en la misa me desmayo y empiezo a manifestar presencias malignas; me retuerzo y doy alaridos”.

Estos episodios se repiten en tres ocasiones distintas. En uno de los casos, un sacerdote presencia los hechos y le invita a ver a un exorcista que le diagnostica “posesión demoníaca de varios demonios”. La caída personal en el lado oscuro es ya plena.

A partir de aquí se inicia un proceso de liberación de cinco años de duración en el que Silvia tiene claro que desprenderse de los demonios y volver a la Iglesia son dos caras de la misma moneda.

“Cuando soy consciente de los tormentos que padezco, mi vida estaba perdida. No aguantaba dentro de los templos, porque empezaba a bufar, sentía que algo me arañaba por dentro, y entraba en trance. No podía ni rezar un Padrenuestro. Y las imágenes religiosas me producían un gran rechazo. Pero poco a poco voy haciendo pequeños avances”, recuerda.
Es justamente en este momento cuando experimenta “una misericordia de Dios muy grande”.

“Dios pone en mi camino a personas que no conocía de nada, que me ayudan a la oración, que me sostienen cuando entro en trance. Un matrimonio joven me acompaña. Y encuentro sacerdotes que me ayudan. Dios me va poniendo personas que me sostienen”.

Sin embargo, el proceso estuvo agravado por las dificultades, justamente a causa de la escasez de exorcistas. “Fue muy duro porque el exorcista que me estaba tratando cesó y hasta que tuvo un relevo pasaron muchos meses”. Incluso viajó a Brasil en busca de soluciones para su posesión maligna.

En medio de este proceso, sin embargo, “he podido sentir a la Iglesia como protectora, he percibido la fuerza de la comunidad a través del rezo del rosario, y he podido recuperar la belleza y la fuerza de los elementos sacramentales y de ciertas oraciones. LA oración tiene su efecto y finalmente he sido liberada”.

A lo largo del camino ha descubierto realidades que antes desconocía o minusvaloraba, como la fuerza de la Inmaculada Concepción, o la ayuda de los ángeles. “Son cosas que he ido redescubriendo”.

“Cualquier advocación a la Virgen es buena, explica, pero especialmente la Inmaculada Concepción, que es la que pisó la serpiente”.

Charles de Foucauld me hizo mucho bien cuando era estudiante

El papa Francisco ha recibido hoy a la Asociación de la Familia espiritual Charles de Foucauld y les deseó que la Virgen les conceda custodiar y alimentar su misma alegría, es decir, “el testimonio más claro que podemos dar de Jesús en todo lugar”. 

Francisco dijo que vive agradecido con Charles de Foucauld porque le hizo mucho bien cuando era estudiante. 

Antes de celebrar la Audiencia general, el Obispo de Roma recibió, en la pequeña sala del Aula Pablo VI a cincuenta miembros de la Asociación de la Familia espiritual Charles de Foucauld, que viajaron a Roma con motivo de la canonización de este hermano de los pobres, de quien dijo: “En él podemos ver a un profeta de nuestro tiempo, que fue capaz de sacar a la luz la esencialidad y universalidad de la fe”. 

“Como Iglesia tenemos necesidad de volver a lo esencial – ¡volver a lo esencial! – no perderse en tantas cosas secundarias, con el riesgo de perder de vista la sencilla pureza del Evangelio”

El Papa hablando espontáneamente afirmó que también él deseaba agradecer a San Charles de Foucauld porque su espiritualidad le hizo mucho bien cuando estudiaba teología”, y que lo ayudó mucho a superar las crisis y a encontrar una forma de vida cristiana más sencilla, menos pelagiana, más cercana al Señor”.

El santo ermitaño del Sahara es una figura de referencia para el Papa. Lo mencionó en particular en dos encíclicas y tres exhortaciones apostólicas, y ofreció su biografía a los miembros de la Curia al final de su discurso de deseos el 21 de diciembre de 2020. 

Más información aquí. 

«Corazón de Padre», recomendada por un experto

El padre Donald Calloway, autor de un libro sobre la consagración a San José, tuvo una juventud muy agitada antes de su conversión, que hemos contado en Cari Filii. En este vídeo recomienda con entusiasmo la película Corazón de Padre, dirigida por Andrés Garrigó, como un instrumento eficaz para difundir esta devoción y vivir su poderosa intercesión.

HAN VENIDO A UN LUGAR DE GRANDES GRACIAS

En estos días, en Medjugorje, se encuentran los peregrinos de Sudáfrica, acompañados por el arzobispo Stephen Brislin. Durante la peregrinación, participan en el programa vespertino de oración, y también han visitado los montes de Medjugorje, el Križevac y la colina de las Apariciones. Hoy, en el Salón de San Juan Pablo II, han tenido una breve conferencia impartida por el arzobispo Aldo Cavalli, visitador apostólico con carácter especial para la parroquia de Medjugorje. Todos los peregrinos de este grupo, excepto el arzobispo Brislin, están en Medjugorje por primera vez, por lo que tenían muchas preguntas a las que Mons. Cavalli respondió con alegría. Estaban interesados en la historia de Medjugorje, la postura de la iglesia respecto a Medjugorje, etc.

Mons. Cavalli les dijo que habían venido a un lugar de grandes gracias. Como él mismo afirmó, llegó a Medjugorje hace tres meses y comprendió que este es un lugar de gracia.

«Aquí muchos encuentran la paz, la paz que necesita cada uno de nosotros. Muchas gracias se derraman aquí, muchos han cambiado su vida aquí, muchos han encontrado su vocación sacerdotal aquí, al menos 600 personas. Todos los días se reza el rosario, se celebra la Santa Misa, se adora a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, se venera la Cruz del Señor. Todos los días, el programa vespertino de oración dura al menos tres horas», dijo Mons. Cavalli, quien les explicó que antes solo había unas pocas casas en Medjugorje y que mientras tanto se han construido numerosos hoteles, pero que todo esto es normal, porque si no ¿dónde dormirían los peregrinos, tendrían la comida y la bebida necesarias, comprarían un recuerdo y cosas por el estilo? Subrayó que la gracia que se derrama en Medjugorje puede ser recibida por todas las personas, independientemente de la cultura de la que provienen.

El arzobispo Stephen Brislin nos dijo que vino a Medjugorje por primera vez en el año 2000, y que a pesar de que el lugar haya cambiado por fuera, el espíritu de Medjugorje sigue siendo el mismo.

«Es una experiencia maravillosa venir a Medjugorje después de 22 años y ver que Medjugorje ha florecido espiritualmente y se ha convertido en lo que es hoy. Este lugar sigue siendo un lugar de oración, un lugar que ha cambiado muchas vidas, lo que corrobora nuestra fe en el poder de la oración. Este es un tiempo de profunda fe y experiencia espiritual», dijo el arzobispo Brislin.

Después de la breve conferencia, Mons. Aldo Cavalli impartió la bendición de Dios a todos los participantes.

Fuente: Fundación Centro Medjugorje