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Luis Mas, el ‘antihéroe’ de Operación Triunfo

El primer expulsado de la nueva edición de OT reclama “tender puentes y evitar la tentación de poner cruces en una sociedad que juzga muy rápido y a primera vista”

¿Pero por qué todo el mundo odia a Luis Mas?

El increíble ‘crossover’ entre Luis Mas de OT y el ‘Cayetano’ de Carolina Durante

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El martes llegó a Madrid y cinco chicas le esperaban a la salida del AVE. Fotos. Saludos. Ya tiene fans.

Luis Mas no pudo entrar en la Academia de Operación Triunfo, pero no está perdiendo ni un minuto en paladear el aparente fracaso, “porque yo quiero ser artista, es mi vocación, y lo voy a conseguir, cueste lo que cueste”.

Han pasado poco más más de tres semanas desde que la Gala 0 de OT le cerró el paso mediático, pero la carrera de Mas sigue palpitante fuera del plató. Los expertos en telegenia que decían que este barcelonés daría juego, no se equivocaban. Da la cara también después de abandonar el barco, y, sí, da juego. Por eso, en menos de dos semanas, ha recibido “propuestas interesantes de compositores y productores, incluso del mundo del cine”, y su nombre sigue vivo en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Tiene 19 años y estudia tercero de Administración y Dirección de Empresas en inglés en la Universidad Internacional de Cataluña. Su cuenta en Instagramcuenta con 10 publicaciones y más de 67.000 seguidores. Antes de entrar en la fábrica de artistas de TVE ya había editado sus videoclips y sumaba cinco años de jazz y música moderna, tanto en piano como en voz en el Conservatori del Liceu y había dado sus primeros pasos en el mundo de la danza y la escena.

Canta, toca el piano, baila y actúa, porque “el día de mañana me gustaría ser un Ryan Gosling en La La Land. Si ahora hay que abrirse camino haciendo singles y forjando una carrera de artista, lo haré y disfrutaré en el trayecto”.

El prestigio, mejor que la fama

Sobre su adiós al programa habla largo y tendido, sin excusas. También porque los insultos y las agresiones verbales están tomando tal cariz entre los fans de OT que hace falta decir las cosas con claridad. Por encima de la decisión del jurado, lamenta las críticas personales que se lanzaron contra él en las redes sociales “sin conocerme y juzgando a primera vista sobre cuestiones que no tienen nada que ver con mi forma de ser y de pensar. En mi casa, en mi colegio y en el deporte he aprendido a defender la libertad de la gente y respetar la diversidad”.

Para él, “el prestigio es mejor que la fama. El esfuerzo es la mejor palanca para mover el presente y alcanzar el futuro, aunque ahora mismo la fama me puede ayudar mucho“. De hecho, su participación en OT ha sido “un trampolín con el que podría haber llegado más lejos si hubiera tenido la suerte de aprovechar todo lo que se aprende en la Academia”.

Se ve como “un chico verdadero, entusiasta, trabajador, y con una vocación muy fuerte por el mundo artístico. Para mí, la auténtica Operación Triunfo es ser coherente, esforzarme todos los días, y ser feliz haciendo felices a los demás. El deporte me ha enseñado a perder y a ganar. No hay tiempo para lamerse las heridas. Con tantos proyectos en la cabeza solo queda ponerse a funcionar lo mejor posible”.

Sin miedo y a contracorriente

El joven catalán admite que tiene amigos de todos los colores políticos, que está muy a gusto con su forma de entender la vida y de ser creyente. “Cuando eres tú mismo -destaca- el público te compra tu versión. Los espectadores y los oyentes son muy duros con lo que huele a falso, a prefabricado, o a veleta”.

Reconoce que “en algunos temas voy a contracorriente”, pero subraya su empeño en conseguir ser “lo suficientemente profesional como para abrirme camino entre las pegas, las críticas o los prejuicios. Estoy educado para comprender las opiniones diferentes y no juzgar a nadie. Las personas siempre estarán por encima de sus creencias”.

Más allá de OT, sigue hacia adelante con una sonrisa que le ha hecho ya cómplice de mucha audiencia. En mitad de la lluvia de codazos entre todos los aspirantes de su edad que buscan un hueco en los escenarios, él tiene claro que su objetivo es “ser buen profesional y buena persona antes que subir a cualquier precio. Eso es compatible con ser competitivo. No se trata de sobrevivir como se pueda, sino de afianzarse con fundamento. No quiero ser un producto viral“.

Con el 1-O reciente, el joven de El Masnou (Barcelona) entiende que “todo el mundo quiera luchar por la libertad y abrirse su camino, pero debemos priorizar ser constructivos. La protesta a secas es insuficiente, hay que trabajar duro para conseguir la meta que se busque. Quejarse sin aportar nada es muy fácil. Me gustaría que mi vida personal y profesional sea una ocasión para tender puentes, conectar personas, y evitar esa tentación facilona de ir poniendo cruces. La tolerancia y el respeto se exigen, pero también se viven en primera persona”.

“El mundo es más rico si vemos lo positivo”

Sobre su paso fugaz por la Academia destaca “el equipazo de concursantes y la amistad que hemos forjado en poco tiempo. Todos los aspirantes de OT son personas con un corazón enorme. Nos ha unido nuestra ilusión por ser artistas, aunque cada uno venía con su forma de ser, su manera de pensar, su estilo, y sus circunstancias. ¡El mundo real es así de diverso y rico cuando sabemos ver las cosas positivas de los demás!”. Agradece especialmente la profesionalidad y la empatía de Roberto Leal, que “es un crack. Sus mensajes después de dejar la Academia me han servido mucho”.

Luis Mas dejó una carrera entre platós hace tres semanas, pero sigue en modo play: ha vuelto a la Universidad y su móvil es un hervidero de propuestas a corto, a medio y a largo plazo.

Así, en la distancia corta, destroza esa imagen altiva que fabrican los estereotipos y aclara: “Defenderme de los juicios injustos sobre mí no es prepotencia, sino defensa propia“. De estos días agradece especialmente el apoyo de su novia, “de la que estuve detrás mucho tiempo”. Son pareja desde hace dos años “y entre los dos hemos creado una relación muy estrecha de confianza. Me apoya y es feliz con mi apuesta por dedicarme al mundo artístico”.

Entre sus referentes musicales resalta Pablo Alborán. Entre las virtudes que más necesitará en adelante, la humildad: “No puedes ir de sobrado. Sin embargo, tener personalidad es una exigencia, porque se ve que la vida de un artista está llena de mareas que suben y bajan. Si no tienes donde agarrarte, es fácil hundirse”. Entre sus retos básicos, “saber aprender de los que saben”.

A Luis Mas le dan alergia “las apariencias” y en sus ojos brilla el talento. Más allá del veredicto del jurado de OT, aquí hay madera: “Con esfuerzo, intentaré demostrar que esta es mi vida y que hacer feliz a mucha gente es la gasolina que alimenta un viaje duro, pero fascinante”.

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La santidad de cada día, la vida de don José Luis Múzquiz

Don José Luis fue una inspiración para miles de personas de todos los estratos sociales. Este documental recoge algunos testimonios de quienes le conocieron a lo largo de su vida.

 

El hombre que caminaba con los elefantes

(próximamente, sacerdote)

 

Paul Kioko creció entre elefantes, rinocerontes, leones y serpientes en Kenia. Tras varios años trabajando como médico, recibirá el diaconado el 3 de noviembre. Esta es su historia.

Paul Kioko, de niño, con un elefante.

¿Dónde naciste?

Nací en Nairobi, la capital de Kenia, pero transcurrí toda mi infancia en los diferentes parques nacionales del país, con mis padres y hermanos. Mi padre trabajaba en el Kenya Wildlife Service como jefe de los guardabosques.

¿En qué consistía su trabajo?

Su trabajo consistía en proteger y cuidar la vida salvaje en aquellos parques. Mi infancia fue itinerante: en cada parque vivíamos una media de cinco años, y luego nos trasladábamos a otro, hasta recorrer casi todo el país. El Nakuru National Park, las Aberdare Mountains, el Amboseli Park al pie del monte Kilimanjaro o el Tsavo National Park fueron mis casas.

¿Cómo fue tu infancia en la sabana?

Crecimos jugando entre los arbustos con mis hermanos. Aunque siempre existía un cierto peligro de encontrar algún león u otra bestia, lo que más temía mi madre eran los escorpiones y las serpientes, pues hay muchos. Gracias a nuestros ángeles custodios, nunca ocurrió nada serio.

LO QUE MÁS TEMÍA MI MADRE ERAN LOS ESCORPIONES Y LAS SERPIENTES

Pero imagino que viviríais muchas aventuras…

Sí, claro. Recuerdo por ejemplo que, en una ocasión, una cobra escupió veneno en los ojos de uno de mis hermanos. Lo llevamos corriendo al hospital y no perdió la vista. En otra ocasión, otro hermano casi chocó con su bicicleta contra dos leones que estaban escondidos tras una curva. Afortunadamente, los animales estaban en ese momento dando buena cuenta de un jabalí que habían cazado, por lo que mi hermano pudo retirarse a salvo.

¿Cómo era la vida en familia en un ambiente así?

Si nos portábamos razonablemente bien durante la semana, mi padre nos llevaba el domingo con el jeep por el parque. El reto era jugar a ver quién veía primero uno de los ‘Big five’ (elefante, rinoceronte, león, búfalo o leopardo). Casi siempre ganaba mi padre porque era el más paciente, y podía mirar durante largo rato un lugar e individuar a los animales que se escondían allí.

¿Tu madre disfrutaba de aquella vida?

Sí, aunque a ella le interesaban más los pájaros, algo que los niños no entendíamos. Me explico. Mi madre nació en los EEUU y vino a África al final de los años 60 para enseñar Matemáticas y ver el mundo. Quizá por eso le gustaban los pájaros: como ellos, voló a un lugar lejano para vivir su vida. En Tanzania, conoció a mi padre, que estaba acabando su formación como experto medioambiental, y el resto es historia, o providencia divina, como solía decir mi abuela.

Todos los días, un pájaro venía a comer en la mano de Paul.
Todos los días, un pájaro venía a comer en la mano de Paul.


¿Qué aprendiste en esos años de la naturaleza?

Aprendí muchas cosas. Por supuesto, a disfrutar de los grandes espacios y de la belleza de la creación. Pero lo que me ha marcado profundamente es, por un lado, la paciencia de mi padre para ver grandes cosas y, por otro, la capacidad de mi madre para disfrutar de las pequeñas alegrías de la vida, como contemplar un pajarillo.

¿Cómo era tu relación con los animales?

Aquello era un paraíso para unos niños como nosotros. No teníamos televisión ni PlayStation, pero no nos hacían falta. Los guardabosques traían a casa crías de animales huérfanos, a los que había que cuidar: recuerdo cómo paseaban en torno a la casa crías de impalas, gacelas, antílopes, leones, elefantes y rinocerontes.

Algunos animales más crecidos, sobre todo los elefantes, había que tenerlos en jaulas hasta su liberación. Recuerdo que les dábamos mangos y naranjas para comer, y jugábamos a encestar desde lejos las frutas en sus enormes bocas abiertas… Éramos niños.

CONOCÍ A ALGUNOS JÓVENES UNIVERSITARIOS QUE VENÍAN A ENSEÑARNOS LA FE CRISTIANA

¿Qué rumbo tomó luego tu vida?

Cuando comencé la escuela superior, tuve que trasladarme a la ciudad. Fue precisamente en mi escuela, la Lenana School, donde conocí a algunos jóvenes universitarios que venían a enseñarnos la fe cristiana. Más tarde supe que algunos pertenecían al Opus Dei. Conocí mejor esta realidad de la Iglesia, en la que tiempo después -en mi último año en Lenana-, pedí la admisión.

Tras completar mis estudios de Medicina en la University of Nairobi, trabajé en el hospital del ejército de Kenia durante un año. Luego, ejercí la medicina durante casi 15 años en el Mater Hospital de Nairobi, primero en el departamento de Urgencias y luego en la Unidad de Cuidados Intensivos, donde acabé la especialización en anestesiología.

Paul Kioko ha realizado sus estudios de Teología en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma).
Paul Kioko ha realizado sus estudios de Teología en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma).

¿Cuándo aparece en tu vida la opción del sacerdocio?

Como dice el libro de la Sabiduría, hay un tiempo para cada cosa bajo el Cielo. Comprendí que así como Dios me había dado la vocación de servir a los enfermos como médico, me estaba llamando a servir a toda su Iglesia como sacerdote. En cierto sentido, pienso que siendo médico me preparó para recibir la llamada al sacerdocio.

Y ahora, ¿serás sacerdote?

No todavía. El próximo 3 de noviembre recibiré, junto con otros 33 fieles del Opus Dei de 16 países, el diaconado de manos de Mons. Celso Morga. En mayo próximo, si Dios quiere, seremos ordenados sacerdotes.

¿Cómo te has preparado?

Principalmente, con la oración y la participación en la santa Misa. También llevo varios años estudiando Teología en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y profundizando en otras materias en el Colegio Romano de la Santa Cruz, junto con otros fieles del Opus Dei de muchos países. En estos años he comprendido que es Dios quien nos prepara al sacerdocio, pero se sirve de muchos amigos y maestros para arrojar luz en ese camino.

¿Cuál es la materia que más te ha gustado en la Universidad?

He realizado la licenciatura y el doctorado en Teología Moral. Teniendo en cuenta mi formación y trabajo como médico, no le sorprenderá que me sienta atraído por los temas bioéticos y por los fundamentos filosóficos de la práctica médica.

TE LEVANTAS POR LA MAÑANA, OFRECES TU JORNADA AL SEÑOR Y NO SABES DÓNDE GUIARÁ TUS PASOS

Has defendido ya la tesis doctoral, ¿cuál fue el tema?

Se dice que la manera más rápida de dormirse es pedirle a alguien que te hable sobre su tesis. Correré ese riesgo: mi investigación trata sobre la virtud de la prudencia como punto de conexión entre las decisiones médicas “técnicamente correctas” y “moralmente acertadas”. Cuando trabajé en la Unidad de Cuidados Intensivos, tuve que afrontar muchas veces el dilema sobre cuándo y cómo poner límite a los tratamientos médicos.

Moral, Teología, Roma, sacerdocio… ¿Echas en falta los años en el parque natural?

Las memorias de la infancia nos acompañan a lo largo de la vida, y siempre recordaré con gusto las aventuras entre animales salvajes. Pero sé que una vida al servicio de Dios y de los demás es una aventura aún mayor. Te levantas por la mañana, ofreces tu jornada al Señor y no sabes dónde guiará tus pasos. Antes, sólo admiraba la belleza de la creación en los parques naturales; ahora, contemplo la amorosa providencia de Dios en todas las situaciones en las que Él me pone. Espero que muchos más lo puedan encontrar a través de mi ministerio sacerdotal. Recen por nosotros.

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Testimonio de la Dra. Natalia Nikolova

Hace cuatro meses recibí la noticia sobre el fallecimiento de una amiga y colega en el ministerio.  He estado pensando mucho en su legado desde ese día.  El Seminario Nazareno de las Américas en Costa Rica produjo un tributo lindo a ella que se puede encontrar en su sitio web.

Dra. Natalia Nikolova nació en Rusia y fue adoctrinada en el comunismo y ateísmo.  Pero Dios tenía otro plan para su vida.  Tuve el privilegio de conocerla en Costa Rica, y después viajamos de corto plazo a Ucrania en abril de 2006 en un viaje misionero con Ardeo Global. Después de conocerla más en esas dos semanas, pedí que escribiera su testimonio. Aquí, en sus propias palabras escritas algunas semanas después del viaje, está la historia asombrosa de la fidelidad de Dios.

Yo nací en Ucrania en 1973 en Ciudad de Bolgrad en la región de Odessa. Mi padre fue un líder comunista, y nosotros vivíamos bien económicamente. Desde preescolar yo fui enseñada en la doctrina comunista. Se nos inculcó que el mejor niño del mundo fue Lenin, y que todos los niños de la Unión Soviética debían ser como él. Él era muy obediente con sus padres, no decía malas palabras, era muy educado. Por eso todos los niños queríamos ser como él. La profesora del preescolar escogía a los niños que tuvieran la capacidad de retener los versos y poderlos recitar de memoria. Claro, la mayoría de los versos eran sobre Lenin. Muchos años después del preescolar, en mi memoría todavía sonaban aquellos versos que la profesora me ponía a recitar en la reunión de padres y maestros en preescolar.

También en la escuela pasamos leyendo mucho sobre Lenin, su infancia, sobre el contexto histórico de su tiempo, sobre su heroísmo, su carácter revolucionario, y que a él es al que debemos que nuestro país sea el mejor país del mundo: libre, donde no existen ni ricos ni pobres, donde cada persona puede llegar a ser lo que quiera ser. Esa imagen se les proyectaba a todos los niños y jóvenes, y todos sabíamos que él era una persona perfecta. Este era Lenin. Resultó que él era no solamente el mejor niño del mundo, sino también el mejor joven y el mejor hombre del mundo. Yo quería ser como él. En mí había un deseo genuino de ser una buena persona. Y se me enseñó que la única forma de llegar a ser muy buena persona era ser como Lenin. Por eso yo pasé las diferentes etapas del discipulado comunista: octyabryata, pioneros y komsolmolsyu. Aun había llegado a ser líder de los jovenes comunistas.

En mi familia a Dios se le veía como algo basado en la superstición. En mi conciencia luchaba con lo que había dicho Marks y Engels: que la religión era el opio para el pueblo, que estaba diseñado para tener al pueblo dominado, y que era para los débiles.

Cuando tenía 16 años en 1989, yo terminé el colegio e ingresé a la Universidad Estatal de Medicina de Odessa. En 1993 me casé con un estudiante de medicina quien era de Costa Rica. Él estaba estudiando medicina en Ucrania con una beca de su país. Fue algo raro, yo fui educada en el espíritu comunista y siendo novios le dije que amaba mucho a mi país y no estaba dispuesta a abandonarlo. Él insistía en casarnos, y después de 9 meses de su insistencia, creo que por compasión, yo cedí a su presión. Desde muy pequeña soñaba con tener un bonito hogar, donde mi futuro esposo y yo nos amáramos y criáramos a nuestros hijos en un ambiente de amor. Y por eso, si al fin y al cabo, para cumplir mi sueño, tendría que viajar tan lejos, estaba dispuesta a hacerlo.

Ese mismo año nació mi hija Linda. En 1995 yo terminé la Universidad de Medicina y viajé con mi hija a Costa Rica, donde hacía un año me esperaba mi esposo. Él tuvo que irse un año antes, porque al terminar, tenía que salir del país inmediatamente para no perder el pasaje que les daba Ucrania. Y como él era de una familia pobre, no podía darse lujo de perderlo.

Al llegar a Costa Rica y al pasar el primer mes yo quería regresar a mi país, porque toda aquella persona amorosa y atenta que era mi exesposo, se convirtió en alguien muy orgulloso y repugnante. Él no estaba preparado para recibir grandes cantidades de dinero ni ser alguien importante en la sociedad, cuando antes era alguien insignificante y pobre. Yo quería que él cambiara y que fuera como antes, yo le reclamaba esta frialdad y la falta de cariño, pero él simplemente me culpaba a mí y a mi carácter y decía que yo no le hacía caso.

Mi familia en Ucrania estaban muy en contra de mi matrimonio y de que yo me hubiera mudado a otro país. Me advertieron el riesgo de fracaso, pero mi exesposo me prometía el cielo y la tierra, que siempre me iba a ser fiel y me amaría toda la vida. Le creí a él y no a mis padres y me arriesgué a viajar tan lejos para formar un hogar feliz.

Así que la idea de regresar a mi país parecía muy vergonzosa para mí. Por eso traté de luchar por mi hogar. Sin embargo, la situación empeoraba cada día. Llegó a tal grado que estando embarazada de mi segundo hijo, Leonardo, decidí irme de la casa. Le escribí una carta de que ya no aguantaba ese infierno y que le daba una semana para que pensara. A la semana él me prometió que iba a cambiar, y entonces volví a casa. Pero debido a todo este sufrimiento que pasé viviendo en mi hogar, que de ninguna forma resultó feliz como me lo imaginaba en Ucrania al casarme, inicié con contracciones, y tenía apenas 7 meses de embarazo. Era 1997. Debido al riesgo elevado de mortalidad infantil en los niños prematuros, de la ciudad donde vivíamos, me trasladaron a la capital de Costa Rica, a uno de los hospitales centrales. Para evitar la hipoxia neonatal, allí me hicieron la cesárea.

Recuerdo muy bien cuando me levanté después de la cesárea para ir a ver a mi hijo. Era un cuadro muy conmovedor para mí. Mi pequeño hijo, solo de 1725 gramos,   estaba conectado a la máquina de ventilación asistida, tenía varios cateteres venosos con varias soluciones, estaba conectado al monitor y estaba en área de los niños más críticos.

Me solté en un inconsolable llanto. No podía aguantar el dolor que había inundado todo mi ser. Me sentía impotente, sin poder ayudarle en algo. Mi hijo estaba grave, y aunque yo soy médico, yo entendía que nada podía hacer por él. Cada madre quiere que su hijo viva. Yo también quería que mi hijo viviera. Pero al entender la gravedad del asunto, me sentí aplastada por el dolor y por la impotencia personal.

Todos los días en la mañana yo llegaba al hospital y pasaba con mi hijo hasta las 10 de la noche. Y cada noche al llegar a la casa de unos amigos en San José, la capital de Costa Rica, me ponía a llorar, para luego levantarme en la mañana para ir al hospital. Siempre llegaba corriendo hacia la incubadora de mi hijo, tenía pavor de encontrarla vacía y que me dijeran que falleció.

Una mañana que llegué al hospital, el neonatólogo me dijo que mi hijo aspiró 5 mililitros de sangre en sus pulmones. Fue la peor noche para mí, sabía que estos niños podían morir de una hemorragia pulmonar masiva. Al llegar a la casa de mis amigos, les conté que mi hijo estaba más grave. El amigo me dijo que me preparara porque el niño ya no iba a sobrevivir. Pero su esposa, que era cristiana, me dijo: “Pídale a Dios.”

Yo no sabía cómo pedirle a Dios, ella tampoco me explicó, por eso mi primera oración fue muy primitiva, pero sincera: “Dios, ayúdale a mi hijo. No lo dejes morir.” Yo no entendía lo que Cristo hizo por nosotros. Así que decir que le tuve mucha fe a este Dios, es falso. Más bien, en uno de los momentos dije: “Si Dios no salvó a su propio hijo y lo dejó morir en la cruz, cómo va a salvar al mío.”

Mi hijo pasó 22 días en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatalogía. Había riesgo de que quedara muerto o ciego o sordo o paralítico. Pero mi hijo sobrevivió. Y yo lo acompañé todos estos días. Fui testigo del poder de Dios. A los 2 meses era un niño hermoso y gordito, y nadie que lo hubiera visto podía imaginar lo difícil que había sido para él sobrevivir.

Ver que mi hijo no solo sobrevivió, sino que también ahora era un niño sano, me dejó muy sorprendida. Entendí que algo extraordinario había pasado. No sabía cómo pasó todo eso, solo podía comprender que estaba viendo un milagro de Dios. Mi mente ateísta había sufrido un giro de 180°. Quedé tan profundamente agradecida con este Dios que salvó a mi hijo, que quería encontrarlo para decirle: “Gracias por lo que hiciste.”

Mi vida empezó a cambiar. Me fui apartando de algunos pecados: malas palabras, malos pensamientos.

Mi relación con mi exesposo había cambiado. Los dos nos sentíamos culpables de que el niño, debido a nuestras discusiones, nació antes de tiempo y todo lo que tuvo que sufrir. Pero el cambio no duró mucho. Pronto otra vez discutíamos como antes.

En septiembre de 1998 unos amigos nos regalaron una Biblia. Al ver que la situación en mi hogar estaba ya casi insalvable, empecé a buscar en la Biblia cómo salvar el matrimonio. Me dije a mí misma: “Este Dios una vez salvó a mi hijo, tal vez Él pueda hacer lo mismo con mi matrimonio.” Como no conocía la Biblia, busqué atrás del libro, en la concordancia, los versículos que dijeran “esposo”, “esposa”, etc. De esta forma fue que encontré el versículo 5:23 de Efesios y leí que Dios decía que el esposo debe ser la cabeza de la esposa. Descontenta y enojada cerré la Biblia. “No puede ser,” me dije a mí misma. “No ha nacido todavía el que me va a mandar,” no podía creer que esto fuera la voluntad de Dios, cuando en el comunismo se nos enseñó la igualdad del hombre y la mujer. No podía aceptar que tenía que tener al esposo como mi cabeza.

No volví a tocar la Biblia por más de 3 meses. Aunque me sentía muy agradecida con Dios y en mí había un profundo deseo de buscarlo, pero no estaba de acuerdo con este versículo. Muchas veces durante este tiempo volvía a pensar “¿Por qué Dios invertaría algo así?” Pero la situación de mi hogar siguió empeorando. Y lo que más me dolía no era el perder a mi esposo, la idea de volver a casarme no me asustaba. Pero me dolía que mis hijos no iban a vivir con su padre. Yo entendía que yo podía elegir a otro esposo para mí, pero mis hijos no podían elegir a otro papá. Así que al cabo de estos 3 meses sentí el deseo de volver a buscar el versículo que me causó tanto desacuerdo. Y empecé a convencerme a mí misma: “¿De qué me vale querer mandar? Si cuando él hace lo que yo diga, y sale bien, él dice que de él fue la idea. Y cuando sale mal, me culpa a mí.” Así que decidí obedecer a Dios, y le dije a mi esposo que a partir de ese día él era el que iba a mandar. Claro, él quedó muy impresionado. Pero para mí era el fin de una dura prueba. Si la prueba con mi hijo fue muy dura, esta no lo fue menos para mí. Se estaba quebrantando mi voluntad para someterla a Dios. Muchas veces sentía dentro de mí como un volcán que no estaba de acuerdo con Dios, pero recordaba lo que Él había hecho por mi hijo, y con mucho costo me sometía a Él. Por muchos años fui una persona muy dominante, por eso no fue fácil permitirle a Dios que Él me dominara a mí.

La prueba con mi hijo trató con mi parte afectiva, la prueba de someterle a mi esposo trató con mi voluntad.

De vez en cuando ganaba Dios y de vez en cuando ganaba yo. Hasta que finalmente me cansé de luchar con Dios, me cansé de la vida de pecado, y le dije a Dios: “Dios, quiero hacer Tu voluntad.” Fue abril de 2000. Esta fue mi conversión. A partir de allí mi vida empezó a cambiar más rápidamente. Todavía no entendía cuál era el plan de Dios a través de su Hijo. Pero Dios tuvo mucha misericordia de mí a pesar de mi gran ignorancia.

En este tiempo fue que entendí que los líderes comunistas habían quitado al Dios verdadero y en su lugar habían puesto a los ídolos del comunismo. Si antes yo quería hacer desaparecer a cualquier persona que hablara mal del comunismo porque me sentía parte de ello, ahora comprendí que fui víctima del comunismo. ¡Fuimos engañados! Me sentí traicionada. Mi corazón se inundó de mucho dolor por mi pueblo. ¡Mi pobre gente, cómo pudimos aguantar tanta mentira y tanto engaño! Solo en 1991 habían 250 millones de habitantes en la Unión Soviética. ¡Cuánta gente se fue al infierno durante eso 74 años de idolatría! No lo podía creer, que todo en lo que creía sinceramente, fue una gran falsedad.

Debido a esta desilusión, tuve gran temor de ser otra vez engañada por alguna secta. Quería congregarme en alguna iglesia, pero quise saber algo de Biblia antes de elegir una iglesia. Por eso cuando supe de que la Iglesia del Nazareno de Ciudad Quesada, donde yo vivía, iba a dar un curso de Antiguo Testamento I, me interesé mucho y me inscribí para recibirlo. Era septiembre de 2002. Después del curso de Antiguo Testamento I, me invitaron al curso del Antiguo Testamento II que iban a dar al mes siguiente.

Cuando llegué a recibirlo, nos explicaron que era un programa de 30 cursos de 3 años, 10 cursos por año. Me gustó la doctrina de la Iglesia del Nazareno. Oré a Dios y de esta forma tomé la decisión de congregarme. Solo que el primer día mi esposo me siguió. Y cuando llegué a casa, me hizo un escándalo de cómo yo siendo médico podía ir donde los cristianos y que si yo volvía allá iba a matar al pastor y a poner una bomba en la iglesia. Toda su familia era católica. Pero él era más ateo que creyente.

Duré varios meses desanimada, pensando que antes de que él se convertiera, no podría congregarme. Veía a otros hermanos que pudiendo ir a la iglesia no iban, y yo que quería ir, no lo podía hacer para no crear problemas en mi hogar, no sentía que era el tiempo de Dios. No tenía fe de que me iba a congregar en poco tiempo. Pero Dios me tenía una sorpresa, Él siempre me sorprende. Recibí una palabra de parte de Él que pronto iba a empezar a congregarme. Sentí esta palabra que de verdad era de Dios. Era aquella seguridad que llegaba a mi corazón. Entonces empecé a orar a Dios que preparara a mi esposo para la noticia que le iba a dar.

Y Dios respaldó su palabra. El día cuando le hablé, le dije: “Yo no sabía, pero, resulta que desde hace tiempo yo me convertí. Dios está en primer lugar para mí, y tú en el segundo. Así que voy a ir a la iglesia. Tú puedes ir a matar al pastor, puedes ir a poner una bomba en la iglesia, pero no vas a matar la fe que yo tengo.” Mi esposo había quedado perplejo. Llegó a reaccionar como a los 15 días. Terminó alegando porqué yo iba a la iglesia. Pero ya era demasiado tarde. Ya yo iba cada domingo a la iglesia y no iba a soltar la posición que Dios había entregado en mis manos. Para mí era ver lo imposible, porque nunca me imaginé yendo a la iglesia, cuando mi exesposo estaba radicalmente en contra de la iglesia evangélica. Aunque él nunca iba a ninguna iglesia, si yo hubiera ido a la iglesia católica, no hubiera sido tanto problema para él. Pero la iglesia evangélica era la iglesia que él detestaba. Era un milagro para mí. Dios hacía posible algo antes inadmisible.

Por muchos años viví un cristianismo clandestino: de leer la Biblia o escuchar canciones evangélicas o de ver canal cristiano solo y únicamente cuando mi esposo no estaba. Sufrí muchas agresiones verbales de que no tenía nada en mi cabeza ya que me había vuelto una fanática religiosa. Nunca imaginé que fuera posible servirle a Dios, siendo mi esposo una persona inconversa. Aunque él vio un gran cambio en mí, y aun lo admitía, nunca llegó a aceptar mi fe. Dios me había cambiado, pero mi hogar seguía mal. Mi exesposo siempre me culpaba. Y por muchos años llegué a aceptar la culpa. Le dije a Dios que estaba dispuesta al dolor y trato duro conmigo de parte de Él, con fin de que Él me cambiara. Ya no quería ser igual. Y de verdad Dios había cumplido mi petición.

Todavía mi exesposo seguía en su alcoholismo y rebelión contra Dios. Yo ya no aguantaba más este sufrimiento. Le dije a Dios que lo cambiara o lo quitara, porque ya había llegado al borde de mi aguante. Sin embargo, Dios me permitió aguantar un año más. Ya yo estaba en un callejón sin salida. Quería un esposo amoroso, pero tenía un esposo agresor, tanto conmigo como con nuestros hijos. Además, entendía que no podía tener un ministerio serio para el Señor, mientras mi hogar me robaba ánimos y fuerzas. Pasé por una depresión bastante seria, que enmascarababa en mi trabajo, para poder sobrevivir y no encerrarme en mi casa. El Señor fue mi único refugio. Finalmente, hace año y medio Él me guío a una decisión crucial. Después de muchas oraciones, le dije a mi exesposo: “Ya no aguanto una gota más de tu licor. Te doy 15 días de tiempo. Piénsalo y escoge entre el licor o la familia. No te presiono. Toma tu tiempo.” A los 8 días mi exesposo delante de nuestros hijos, tiró el anillo de matrimonio y dijo: “Yo me voy de la casa. Voy a seguir tomando. Nadie me manda.” Sentí que Dios mismo me estaba liberando de esta persona monstruosa. Más tarde Dios me reveló que mi exesposo deseaba poseerme como si fuera mi dueño, anulando toda mi decisión personal. En todo él quería decidir por mí. El Señor de verdad llegó a ser mi Libertador de esa posesión.

A los 5 meses de estar separada me di cuenta de la verdadera causa del porqué nunca funcionaron las cosas en mi hogar. Todos los años desde que llegué a Costa Rica, y posiblemente antes, mi exesposo me fue infiel con varias mujeres. Como médico me ha tocado a atender a muchos pacientes que han vivido en infidelidad. Ellos testifican de que es una vida de infierno, es vivir una doble vida, llegan a un punto donde ni ellos mismos saben a quien aman. Es una vida infeliz. Esto fue lo que viví con mi exesposo.

Creo que fue la prueba más dura de mi vida. Antes de casarnos habíamos hablado del tema. Aún durante el matrimonio también. Mi posición siempre fue que si él algún día deseaba buscar a otra mujer, nada más me avisara, y allí terminaba todo. Que yo no iba a hacerle escándalo, ni le iba a estorbar en su vida. Cada uno se iría por su lado. Lo único que yo le pedía es que fuera honesto y nunca me engañara. Él juraba que siempre me era fiel y que me amaba demasiado. Así que aunque a veces tenía mis dudas, al no haber nada de pruebas, seguía creyendo sus mentiras.

Cuando me di cuenta, mi corazón realmente se quebrantó. Pasé un mes de agonía, de un dolor insoportable. Pude comprender a aquellos que terminan su vida suicidándose debido a una traición de estas. En mi vida sufrí 2 terribles traiciones: con  el comunismo durante 27 años, y con la infidelidad de mi exesposo durante más de 10 años. Pero el  Señor fue fiel en levantarme de esta prueba tan dura. Así que otra vez puedo testificar de su poder, de que Él levanta a aquel que tiene el corazón hecho pedazos. En Él encontré esta verdad genuina, santidad y mucho amor tierno y eterno. Él es mi Rey. Es la razón de mi vida, es el sentido de mi caminar. Gracias a Él puedo vivir una vida de amor y de santidad. Alabado sea Su Nombre. Amén.

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Fortalece tu papel de mamá

Rosa Pich-Aguilera Roca, de Barcelona, dio una conferencia en el Club de niñas Mirabel (SLP), a la que asistieron una veintena de madres de familia. Rosa narró unas pinceladas de su vida. Sus tres primeros hijos nacieron con cardiopatías congénitas, por tanto, un médico aconsejó: “No tengan más hijos”. Ella lo pensó junto con su marido y decidieron una cosa:

– “Nadie se mete en nuestra cama”.

Decidieron decir que sí a un nuevo hijo porque es un hijo para siempre, para la eternidad. Sus dos hijos mayores, con cardiopatías, han salido adelante, y actualmente tienen más de 20 años. Pasó el tiempo y ya tenían 10 hijos. Fueron a la canonización de San Josemaría y pidieron tener gemelos. Al año siguiente nacieron Pepe y Pepa. Rosa comenta con buen humor: “Tengo 18 hijos con el mismo hombre y trabajo media jornada en estampado de telas o en alguna otra cosa”.

La BBC de Londres les invitó a participar en un programa: The Biggest Family of the World. Su esposo no quería pero finalmente accedió ante la petición de Rosa de dar testimonio. Llegan y ven una mesa redonda, así, en un golpe de ojo ves lo que pasa. A la mesa no está invitada la TV ni los celulares o móviles. En una habitación duermes seis chicos en literas, y debajo hay una cama de invitados, pues les gusta invitar de vez en cuando a algún amigo. Les preguntaron: “¿Qué hacéis con la compra?”. Respondió Rosa: “Se hace una compra on-line al mes: 10 docenas de huevos, 96 rollos de papel higiénico, etc. Si antes del mes se acaba la mantequilla no pasa nada, se toma pan con pan”. Los hijos son muy deportistas, y esto ayuda a que desfoguen fuerzas y no sean violentos.

La tercera hija, Carmineta, no iba a vivir más de 3 años y llegó a los 18. A esa edad le tuvieron que cambiar el marcapaso. Nadie se muere en el cambio de un marcapaso. A ella explotaron las venas. Comenta Rosa: “No entendemos los planes del Señor pero tiramos para adelante”. En las familias numerosas las alegrías se multiplican y las penas se comparten.

En uno de los viajes de trabajo de su marido se fueron a Croacia. Allí Rosa decide escribir un libro del día a día en su casa y de cómo se organiza. Nace “el hijo n. 19”: ¡El libro! Se titula: Cómo ser feliz con 1,2,3… hijos.

Sólo nos habló del tercer capítulo que trata de las “mejoras”. Una de las hijas ayuda a hace una lista con el nombre de sus hermanos y anota las mejoras que todos sugieren para su superación, una lista de encargos. En verano hace una lista de mejoras y en invierno otra. Además, hacen asamblea: ¿Qué mejora quieren poner a mamá? Y eligen alguna. Hacen un couching. Así, Tomás lloraba mañana, tarde y noche, el tercero de los hijos de abajo para arriba. La mejora sugerida fue: “Llorar una sola vez al día”; él necesita llorar así que sólo se lo moderaron ya que llora si pierde los zapatos, si se le cae el vaso de leche… Pepa, desde que nació era una chica seria. Le dijeron que su mejora era sonreír. A base de irla trabajando ha adquirido una hermosa sonrisa. Cuqui es compradora compulsiva. Entre todos han decidido que ella puede comprar una vez al mes. Al paso de unos años, fue de compras y encontró unos zapatos de la talla de su mamá. No compró nada para ella y le trajo zapatos a su mamá, La mejora de la mamá la sugirió el papá: “No mandar al marido”. Cuando llegan a las 5 de la tarde del colegio, Rosa deja el celular hasta las 8 pm.

Rezan juntos el Rosario porque la familia que reza unida permanece unida. Les llega la adolescencia a los hijos y dejan de rezar, pero tienen un examen difícil y dicen: “Reza por mi examen”.

Una vez Rosa encontró a una chica en la vía pública y le dijo: “He leído tu libro, soy hija única, pero hemos hecho lista de mejoras y, hasta el día de hoy, los tres vivimos bajo el mismo techo”.

Anita es la hija cocinera. Da clases en el club de niñas y se la pasa bien. Una amiga le dijo a Rosa: “Mi hija tiene quince años y todos los viernes se va a callejear o a un bar”. Hay que encontrarle actividades más constructivas.

En cierta ocasión Rosa y su marido viajaban para dar cursos de orientación familiar por cuatro meses, estuvieron en Bielorrusia, Corea, etc. Su esposo se sintió mal y suspendieron el viaje. Empezó a adelgazar y no le encontraban lo que tenía. Finalmente le diagnostican cáncer con metástasis. Veían que era el final. Una amiga que tiene una panadería les trajo pan, cuernos con chocolate. Tienen una mortificación en cuaresma en familia que es no tomar chocolate. Lo recordó uno. La mamá dijo: “Hoy es un día especial y tomaremos chocolate”.A los doce días fallece el marido. Unas amigas dijeron: ¡Qué suerte que Rosa está arropada con tantos hijos!

Una participante en su conferencia le pregunta: “¿Cómo empezar a rezar en familia?”. Rosa contesta: “El Papa quiere que recemos el Rosario en familia. Cada uno reza un misterio y pone la intención que quiera. Los niños aguantan eso y más. Así el demonio está menos cerca. Es arma tan poderosa. Trabajo, soy consejera en varias empresas, voy a la compra y rezo el Rosario, y no me vuelvo loca porque la Virgen me ayuda”. Otra madre de familia pregunta: “¿Cómo le hacen con la cuestión económica?”. Rosa responde: “Dios nos ha creado para ser felices aquí en la tierra. Gasto menos que en una familia de tres porque no compramos caprichos. En casa no hay celular hasta los 18 años. Cuando uno reza ve las cosas de otro modo, si hay más problemas, rezo más. Muchas veces me voy delante del Santísimo y suplico: hazme ver porque me he ofuscado.”

El libro de Rosa está publicado por Ed. Palabra y está traducido a 15 idiomas.

EN INTERNET HAY CONFERENCIAS Y ENTREVISTAS BREVES DE ROSA.

Videos de Rosa Pich, ¡geniales!

Testimonio de Rosa Pich

Testigos de Esperanza

Rosa Pich en Ara TV mayo 2018

¿Qué pierdes con hacer oración?

27 septiembre 2018 1 comentario

Le preguntaron a un hombre:

  • ¿Qué ganas al hacer oración?
  • Nada…,
    pero déjame decirte lo que he perdido: la inseguridad, la ira, el egoísmo
    exagerado, la depresión y el miedo a la muerte.

En una ocasión dijo el Cardenal Bergoglio cómo debía ser la oración: A mi juicio debe ser en cierta manera una experiencia de claudicación, de entrega, donde todo nuestro ser
entre en la presencia de Dios. Es allí donde se producirá el diálogo, la
escucha, la transformación. Mirar a Dios, pero sobre todo sentirse mirado por
Él. En ocasiones la experiencia religiosa en la oración, en mi caso, se produce
en mi caso cuando rezo el Rosario o los salmos, o cuando celebro la Eucaristía.

Pero cuando más vivo la experiencia religiosa es en el momento en que me pongo a
tiempo indefinido delante del sagrario, a veces me duermo sentado dejándome
mirar. Siento como si estuviera en manos de Otro, como si Dios me tuviese
tomando la mano. Creo que hay que llegar a alteridad trascendente del Señor,
que es Señor de todo pero que respeta siempre nuestra libertad. 
Esto aparece

en una entrevista en el libro El Jesuita.

Para San Bernardo el verdadero conocimiento es una experiencia personal profunda de Jesucristo y de su amor. Eso lo hemos de experimentar para que nuestra vida tenga sentido.

San Antonio de Padua es doctor de la Iglesia. En sus sermones habla de la oración como de una relación amor con Dios que impulsa al hombre a conversar dulcemente con el Señor, que suavemente envuelve el alma en oración.

Hacer de la oración carne de nuestra carne. Es cum versus, estar ante otro.

Siempre hemos de poner el esfuerzo de recogernos. El teléfono celular me puede sacar de mí. No me recojo en el tiempo de la noche. No me puedo vender a los poderes de la tierra. Vas a empezar a ser rebelde, infeliz.

Llega un momento en que se puede cortar la comunicación y
entonces estoy en el infierno, porque el infierno es estar solo. La oración es
una actitud interior, una actitud del corazón, un modo de estar frente a Dios,
antes que realizar actos de culto. La oración es una respuesta a Aquél que ya se hizo presente en nuestra vida.

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