El silencio de los padres de familia

Antes, los padres de familia educaban, con mayor o menor acierto, pero educaban. Podemos decir que en la actualidad existen muchos casos de miedo a ejercer el mando; ese temor en padres desorientados, es un fenómeno relativamente reciente. Y ese miedo tiene una estrecha relación con el deseo de no sufrir por un lado, y con la falta de información por otro. Expliquemos esto: existe un miedo generalizado al sufrimiento propio y ajeno -fruto quizá del afán de placer que nos invade-; así va ganando terreno una política de concesiones y de claudicaciones en la educación de los menores.

Aristóteles dice que el hombre feliz actuará conforme a la virtud y llevará los cambios de fortuna con sumo decoro. Escribe: «se difunde el resplandor de la hermosura moral cuando un hombre lleva con serenidad muchos y grandes infortunios, no por insensibilidad al dolor, sino porque es bien nacido y magnánimo».

La autoridad es tema clave en educación; el problema radica en que muchos padres y dirigentes no tienen suficiente personalidad y en muchas ocasiones poseen una idea equivocada de la autoridad.

Quizá el resultado más valioso de toda educación sea la capacidad para obligarse uno mismo a hacer lo que tiene que hacer y cuando debe hacerse, le guste o no.

En vez de ofrecer una vida fácil al hijo, conviene capacitarle para una vida dura y áspera. Hay que iniciarlo, sin miramientos de falsa compasión, en los esfuerzos que probablemente tendrá que desarrollar un día.

Mientras la conducta de los jóvenes se encuentra en estado plástico, es necesario que adquieran buenos hábitos: cada pequeño acto, vicioso o virtuoso, deja cicatriz en ellos.

Falta de información

El miedo también se da en los padres por falta de información: no se sabe qué hacen los hijos en el tiempo libre o cuando no se está con ellos, y no se sabe qué se debe hacer en un mundo en constante transformación.

A ese temor a ejercer la autoridad pueden haber contribuido las telenovelas, donde con frecuencia el tema se centra en los reproches de los hijos a los padres; les culpan de sus fallos o fracasos aludiendo a errores que los padres han cometido en su educación, y no reconocen que buena parte del mal procede del propio corazón.

Paternalismo es «dar el pez y no enseñar a pescar».

«Si una opción desafortunada significa una cierta desdicha -dice José Maria Cabodevilla-, no hay mayor desdicha para un ser humano que haberse habituado a que se lo den todo elegido».

AUTORIDAD y PRESTIGIO

Los padres tienen autoridad por el hecho de ser padres; pero la autoridad se mantiene, se pierde o se recobra por el modo de comportarse. No será real si falta prestigio.

La palabra «prestigio» puede resultar ambigua. No es lo mismo el prestigio de un deportista, de un profesor o de un padre de familia. ¿Cómo se tiene prestigio con los hijos? por el modo de ser, esto es: por el buen humor, la serenidad y la naturalidad. Hay diferentes estilos de buen humor, pero todos se apoyan en el optimismo y en saber esperar, que se concreta en decir: confío en que podrás, espero cosas buenas de la bondad de tu corazón.

El optimismo, la serenidad y la confianza aseguran las mejores condiciones para’ actuar con firmeza y con flexibilidad, con suavidad y con fortaleza: SUAVITER ET FORTITER, como decían los antiguos romanos.

La palabra autoridad deriva de auctoritas, que significa la fuerza que sirve para sostener y acrecentar; auctor es el que sostiene una cosa y la desarrolla. La palabra autoridad ha conservado las significaciones clásicas de crédito, garantía, poder y prestigio.

Tienen prestigio los padres que son muy comprensivos y muy flexibles, pero que a la vez son capaces de mantener en lo sustantivo una línea de actuación, sin dar bandazos, graduando la exigencia según las circunstancias, sin dejar nunca de exigir y de exigirse a sí mismos la mejora.

Desprestigian la solemnidad y el dramatismo, el echar en cara, el lamentarse, los juicios temerarios y el mal humor.

La autoridad es virtud, valía, prestigio; es la ciencia y la eficacia de una persona en un asunto, reconocida por otras personas. La autoridad no es independencia, sino servicio, no es majestad sino excelencia. La autoridad pertenece al reino de la calidad.

En cuanto al modo de ejercerla, la autoridad trata de convencer, de comprobar su validez; recurre al diálogo como instrumento de gobierno y acepta, en un clima de libertad, el compromiso de cada una de las partes con la verdad.

EL PRESTIGIO DEL OTRO CONYUGE

La autoridad vista como servicio debe gastarse, en primer lugar, en fomentar el prestigio del otro cónyuge. La vida matrimonial no es una competencia donde al final se verá quién gana. No, es armonía, colaboración, o al menos así debe serlo. Cualquier delicadeza es poca en este sentido. Hay sugerencias que ayudan a los hijos a descubrir valores en su padre o en su madre que les habían pasado inadvertidos. Hay también silencios inoportunos y omisiones, que pueden hacer sufrir inútilmente.

Existe una sobreestimación exagerada de las frustraciones infantiles. Por miedo a que el niño se traume se le evitan esfuerzos, sufrimientos y obstáculos, que forjan su carácter. Más adelante la vida por si misma se los presenta, no saben enfrentarse con ellos… y es entonces cuando en verdad corren el peligro de traumarse.

Lo normal es que en la vida humana haya dolor; cuando a un niño se le protege en exceso, es difícil que sea maduro y que se valga por sí mismo.

Si un padre desautoriza a su esposa ante el hijo, la función se degrada. En cambio, la potenciación de la autoridad del otro se puede hacer destacando un detalle, en esas conversaciones privadas con cada hijo: «Te has fijado en…» y se menciona un hecho edificante o se destaca una virtud. Y a continuación, se pasa a otro asunto. Hay cosas dichas como de paso que ayudan a quererse más, a establecer una base más sólida para el ejercicio de la autoridad. En resumen se podría decir. “Más vale educar con deficiencias que no educar”.

Cuando ya no puedes más con tu hijo adolescente…¡la solución!

El amor es el poder más grande

Consejos útiles para un padre amoroso que trata con un niño no tan adorable

Cuando me convertí en madre por primera vez hace 23 años, nunca pensé que sería posible que no me gustara mi propio hijo. Sin embargo, en el transcurso de las últimas décadas ha habido momentos en los que no me ha gustado uno de mis hijos, especialmente cuando se acercaban sigilosamente a la adolescencia.

Si bien los he amado intensamente, ¡y todavía los amo!, me sorprendieron estos sentimientos de disgusto. Quiero decir, no es algo que quieras admitir ante ti mismo, y mucho menos ante amigos y familiares. Y ciertamente no estaba escrito en ningún manual que estos horribles sentimientos negativos asomarían la cabeza y me llenarían de culpa, confusión e ira.

Recientemente, después de un tiempo muy difícil con uno de mis hijos, en realidad me quebré y hablé con otras dos mamás de jóvenes. Ambas habían pasado por momentos muy difíciles, ambas se sentían completamente desgastadas y cuestionaban su maternidad.

Me hizo pensar: si nosotras tenemos estos sentimientos, otras mamás también deben tenerlos. Y en realidad me hizo enojar más. Somos tres madres amorosas que siempre hemos hecho todo lo posible por nuestros hijos. Todas trabajamos duro y tratamos de inculcar en nuestra descendencia los valores que son importantes para nosotras. Sin embargo, nuestros esfuerzos, según nuestros hijos, aparentemente no son lo suficientemente buenos.

Una llamada de atención

Escucharnos a todas expresar nuestras experiencias fue un gran grito de guerra: «¡Somos buenas mamás!». Pero, ¿cómo avanzamos con sentimientos negativos hacia nuestros hijos?

Luego pensé en mi propia mamá, que tenía 9 hijos . ¿Alguna vez le disgustó alguno de nosotros? Ella es tan sabia y tan comprensiva. Seguramente tiene el secreto para tratar con adolescentes insatisfechos.

Pensé en una expresión que usa a menudo: «Todo sale en el lavado». Realmente no entendía a qué se refería cuando era más joven, especialmente porque uno de sus muchos talentos es quitar las manchas difíciles de la ropa que la gente normal dejaría por imposible.

Ahora, en retrospectiva, entiendo lo que quiere decir. Nuestros hijos nacen y se colocan en un ciclo largo y caliente. Durante los diversos ciclos, dan vueltas, hacen mucho ruido, luego se calman y luego vuelven a ponerse en marcha. El ciclo de lavado terminará algún día. Habrá calma; solo tenemos que aguantar y ser pacientes.

Es dificil. Tenemos que apegarnos a nuestras armas. Al admitir que no nos gustan nuestros hijos, podemos tomar medidas para ayudarnos a volver a quererlos. No es fácil, pero aquí están las tácticas que he estado usando y que parecen ayudar:

1 ACEPTA TUS SENTIMIENTOS.

Es horrible mirar al niño que amas y admitir que no te gusta. Pero recuerda: no es un estado mental permanente. Si no te gusta una comida que has preparado, haces ajustes hasta que funcione. Trata de pensar en tus hijos como si fueran una comida que no está bien sazonada.

2 NO DISCUTAS LAS COSAS CUANDO TODAVÍA ESTÁS ACALORADO.

Una de las peores cosas que puedes hacer es abordar temas difíciles cuando tu hijo te está gritando. Diría cosas hirientes. Normalmente, las personas dicen cosas en el calor del momento de las que luego se arrepienten. Es un mecanismo defensivo natural atacar cuando estás enojado. Piensa en tu hijo como un animal enojado y herido, y háblale cuando esté tranquilo.

3 NO ENUMERES TODOS SUS FALLOS.

Esto es complicado. El mal comportamiento es inaceptable. Los niños necesitan que se señalice este comportamiento, pero solo de una manera que pueda ayudarlos a seguir adelante. Esto significa salir con soluciones prácticas a sus problemas. Si tu hijo necesita ayuda con la gestión del tiempo, por ejemplo, sugiere un horario realista que pueda ayudarlo.

4 TOMARSE UN TIEMPO.

Una táctica que realmente me ayuda cuando estoy lidiando con un adolescente insoportable es tomarme un descanso de él. Recientemente tuve una situación en la que me sentí tan devastada que no podía hablar con mi hijo. Necesitaba saber las consecuencias de sus palabras, y cuánto me había lastimado. Mi silencio fue probablemente el mensaje más fuerte que pude haber enviado.

5 DI NO A LA CULPA.

Es muy fácil caer en la trampa de preguntarse qué deberías haber hecho y qué podrías haber hecho mejor. Detente. Como padres amorosos, hacemos lo que creemos que es mejor en el momento. No tratamos deliberadamente de sabotear la vida de nuestros hijos. Hay factores externos que juegan un papel muy importante, y es importante recordar que si bien sentimos que nuestros hijos son un reflejo de nosotros, también son en gran medida su propia persona. Y, lo que es más importante, en la edad adulta temprana están lidiando con una gran cantidad de sentimientos y frustraciones que no siempre pueden verbalizar o comprender.

6 ¡CULPA DEL COVID!

He pasado los últimos años culpando a la pandemia por casi todo, especialmente por el impacto que ha tenido en nuestras vidas. En realidad, la pandemia ha afectado a nuestros hijos de maneras que aún no podemos entender. En un momento de sus vidas en el que deben sentirse libres de preocupaciones, han tenido que lidiar con restricciones que no son consistentes y, a menudo, no tienen sentido. El impacto a largo plazo del SARS-COV2 no se sabrá por mucho tiempo, así que ten esto en cuenta cuando vea que sus hijos tienen dificultades.

7 ORAR.

¡Y reza mucho! No puedo decir cuántas veces le he suplicado a la Virgen que me muestre el camino, que me enseñe a tener paciencia y me dé la fe para no desistir de mi hijo. Funciona. Siempre es cuando estoy en mi punto más bajo, al final de un momento difícil, cuando ella viene a mí por la noche y alivia mi angustia, y me recuerda que todo saldrá a la luz.

Los niños estadounidenses pierden la motivación y la creatividad

dicen los maestros

Los maestros dicen que los niños en Estados Unidos están perdiendo motivación y creatividad debido al uso excesivo de Internet y la asistencia excesiva de los padres.

La infancia se define por la creatividad y la pasión, pero los jóvenes estadounidenses parecen estar perdiendo estas habilidades, según los instructores.

Los niños en los Estados Unidos son menos imaginativos y motivados que las generaciones anteriores. Según Page Park, un maestro de Indiana con 24 años de experiencia, hay un contraste obvio entre los jóvenes de hoy y sus compañeros de hace solo unos años.

«Ellos tampoco saben cómo pensar por sí mismos. Tengo algunos niños que son realmente buenos en la resolución de problemas, pero no tantos. No son buenos para resolver problemas», agregó.

Park afirma que su creatividad ha disminuido desde que comenzó a enseñar. Incluso los problemas simples no son resueltos por los estudiantes de hoy.

SUSCRÍBETE A GREATGAMEINDIA

Ingrese su dirección de correo electrónico para suscribirse a GGI y recibir notificaciones de nuevas publicaciones por correo electrónico.

Por ejemplo, si un estudiante se diera cuenta de que no tenía un lápiz, no pediría uno, según Park.

«He enseñado la mayor parte de mi carrera», dijo Park. «Estoy hablando de estudiantes de secundaria que simplemente no piensan preguntar: ‘Oye, ¿puedo pedir prestado un lápiz?’ Y los tengo disponibles donde pueden llevarlos».

Cuando Park mira alrededor de su salón de clases, ve a una generación que está desconectada del resto del mundo.

«Hablan mucho de juegos. Nunca hablan de salir a la calle. Hablan de quedarse despiertos hasta tarde. Sus ritmos de sueño son horribles», dice Park.

«Tengo uno que me decía la semana pasada o la semana anterior que no se va a la cama hasta las tres de la mañana. Podrían ser un poco más rígidos en movimiento».

Page Park, un experimentado maestro de Indiana, dice que los niños de hoy no son tan
creativos o motivados como los niños en el pasado.

Otros instructores en muchos estados han notado una tendencia similar.

Theresa, una maestra con sede en Nueva York y colaboradora de The Developing Mom, cree de manera similar que sus hijos carecen de creatividad y entusiasmo.

«Pensé, todo lo que tengo que hacer es presentarme todos los días y dar lo mejor de mí, y puedo inspirar a estos niños. Puedo cambiar tu vida. Todo maestro piensa eso», afirmó. Pero lo que empecé a ver fueron los estudiantes, no estaban inspirados, sin importar lo que yo o mis compañeros maestros hiciéramos».

Theresa tenía el mismo problema en cada una de las tres escuelas donde trabajaba.

Theresa, una inmigrante nigeriana, cree que los jóvenes con los que creció eran considerablemente más creativos y motivados que los estudiantes a los que ahora instruye. Cuando se enfrentan, los jóvenes estadounidenses, en su opinión, se rinden.

«¿Por qué es que estos niños aparecen y están completamente desinteresados en la educación? Me desconcertó», dijo.

Alrededor de la mitad de los alumnos de la actual escuela de Theresa no tienen hogar, pero no tienen el mismo deseo de escapar de la pobreza que los niños nigerianos, afirma.

Teresa entiende las dificultades de la pobreza. Ella y sus hermanos solo tenían una comida diaria cuando eran jóvenes en Nigeria, pero ellos y otros niños estaban ansiosos por obtener una educación y tener éxito.

Theresa agregó: «Ver a la gente desperdiciar su oportunidad me da ganas de llorar». «Cualquier niño en Nigeria daría un brazo y una pierna para venir a este lugar. Y ustedes lo tienen todo, y lo tiran».

Jessica Bonner, una patóloga del habla de la escuela primaria en Birmingham, Alabama, también ve una diferencia entre los niños de hoy y los niños del pasado. Ella afirma que no suelen discutir sus intereses compartidos. En cambio, parecen estar preocupados por ver los videos en línea de otras personas.

«Lo que cambió fueron los celulares. Los teléfonos inteligentes, sin embargo, fueron lo que comenzó a cambiar. Así que ahora los estudiantes están mirando y confiando más en los dispositivos», agregó Bonner.

Recientemente le pidió a un grupo de estudiantes en una de sus clases que idearan un tema educativo para un video musical que iban a hacer. En lugar de debatir o tomar una decisión, la miraron fijamente antes de comenzar una conversación sobre temas no relacionados.

Bonner dice: «Honestamente creo que los estudiantes de primaria están tan acostumbrados a tener que seguir un plan de estudios establecido durante todo el día con poca o ninguna aportación de ellos que inconscientemente archivan sus ideas».

La creatividad y el deseo de tener éxito parecen estar inextricablemente vinculados en las historias que cuentan estos maestros. La creatividad es el resultado de un fuerte deseo de un resultado específico. Los niños que son apáticos no crean.

Trading Dreams por pantallas

Los expertos tienen algunas teorías sobre por qué los niños estadounidenses no son tan creativos como sus homólogos europeos. Sin embargo, la primera y más ampliamente aceptada teoría es que la capacidad de un niño para pensar y automotivarse se ve perjudicada por la actividad constante en línea.

Los maestros que hablaron con La Gran Época estuvieron de acuerdo en que pasar demasiado tiempo en línea es un factor contribuyente, y las estadísticas los respaldan.

Según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, algo cambió en la salud mental de los adolescentes en 2010.

Solo unos pocos años entre 1999 y 2010 vieron tasas de autolesiones adolescentes de más de 300 lesiones por cada 100,000 personas o tasas de suicidio de más de 10 por cada 100,000 personas. Sin embargo, desde 2010, las tasas de suicidio y autolesiones entre los jóvenes de 18 a 24 años nunca han caído por debajo de estos niveles y, en general, han aumentado.

Uno de los desarrollos más significativos en la sociedad durante este período de tiempo, según el Pew Research Center, fue el aumento de la propiedad de teléfonos inteligentes.

Según otros estudios, los jóvenes pasan una cantidad significativa de tiempo en línea.

Si bien la correlación no siempre implica causalidad, los maestros y psicólogos han demostrado que el uso excesivo de Internet y los problemas de salud mental a menudo están vinculados.

Niños estadounidenses que pierden motivación y creatividad, dicen los maestros 2
Muchos padres carecen de una comprensión básica del efecto fisiológico que el uso excesivo de pantallas tiene en el cerebro de los niños y el impacto continuo que tiene en su desarrollo en adultos.

El Dr. Leonard Sax, psicólogo, afirma que los niños estadounidenses pasan mucho más tiempo en línea que los niños en otros países.

«En este país, por ejemplo, es muy común que los niños se acuesten con sus teléfonos, o que los niños tengan consolas de videojuegos en sus habitaciones», dice Sax. «En realidad es inusual en Europa continental».

La enfermedad mental infantil ha aumentado dramáticamente desde que los niños comenzaron a vivir en línea, según Sax. El tiempo excesivo en línea parece estar relacionado con la desconexión, la falta de motivación y una serie de otros síntomas.

«En los últimos tres años, los niños estadounidenses se han salido del fondo y ahora son muchas, muchas veces más propensos a estar ansiosos, deprimidos, desconectados, desmotivados y sin prestar atención en comparación con los niños en Europa, Australia o Nueva Zelanda», dijo.

Crecer inteligentemente

Los maestros afirman que los niños de hoy pasan toda su vida pegados a sus teléfonos inteligentes.

Incluso las amistades de los niños de hoy difieren de las de hace una década, según Park. Giran en torno a lo que ocurre en internet. Para ellos, Internet parece ser «el mundo real».

«Se trata de lo que hizo en TikTok», dijo Park.

Debido a sus extensas vidas en línea, Park, quien también enseña yoga, cree que los niños parecen estar separados de sus cuerpos.

«Si se frustran con algo, no saben cómo lidiar con eso dentro de su cuerpo. No saben cómo apagar su sistema nervioso y volver a un estado de descanso y digestión», dijo. «Así que viven en este estado constante de pánico y ansiedad».

Los niños que están obsesionados con la tecnología también están aislados de la naturaleza, según Park, y esta separación de la naturaleza los hace menos creativos.

«No van con los dedos de los pies en la hierba», dijo, y agregó: «Hay una gran desconexión entre los niños y la naturaleza, una gran desconexión entre lo que les está pasando físicamente».

Los niños que viven en línea tienden a consumir el contenido de otras personas en lugar de desarrollar sus propias ideas, según Bonner.

«Están siendo influenciados por lo que están viendo», dijo. «Eso definitivamente contribuye en gran medida a que no sean tan creativos, porque están siendo influenciados por otra persona».

Los niños aprenden creatividad en la primera infancia, según el Dr. Patrick Capriola, fundador del sitio web de educación Strategies for Parents. Deben practicar estas actividades sin distracciones para poder hacerlas bien.

Afirma que cuando los niños pasan más tiempo mirando las pantallas, pierden importantes oportunidades de aprendizaje. Corren el riesgo de sentirse abrumados por los estímulos en lugar de experimentar, procesar y comprometerse con la vida.

«Cuanto más tiempo pasan los niños frente a una pantalla, menos tiempo tienen para estar con su imaginación, concentrarse en sus pensamientos y experimentar con ellos de manera creativa, porque el contenido detrás de la pantalla a menudo lo hace por ellos», dijo Capriola.

«Esta exposición tiene el potencial de degradar su capacidad para desarrollar estas habilidades, porque el niño tiene menos tiempo para conceptualizar ideas por su cuenta».

Demasiado fácil

Theresa cree que los niños estadounidenses no son creativos porque sus problemas son resueltos por ellos por otros.

Los niños se acercan a la vida como si alguien más siempre resolviera sus problemas porque tienen acceso a Internet y padres que intervienen rápidamente en lugar de dejarlos luchar un poco, dijo.

«Cada pequeño problema que tienen se resuelve de inmediato para ellos. Y si sus padres no pueden resolverlo, simplemente encuentran un recurso en línea».

Cuando los niños no enfrentan desafíos, no saben qué hacer cuando se enfrentan a un concepto difícil en la escuela, según Theresa.

Según ella, los maestros de su escuela están luchando por encontrar una solución al problema. Cómo ayudar a los niños que no enfrentarán desafíos es un tema común de conversación en el salón de maestros de su maestro. Sin embargo, no hay respuestas satisfactorias.

«Nos quejamos del problema, y luego simplemente lo aceptamos. Como, así es Como es Estados Unidos. Así son los niños», dijo. «Solo tienes que seguir adelante».

Este tipo de dependencia de los demás se conoce como «impotencia aprendida» por los psicólogos. Cuando los padres ayudan en exceso a sus hijos, los niños concluyen que carecen de agencia.

Los problemas que surgen de la indefensión aprendida son similares a los problemas que surgen de pasar demasiado tiempo en línea. La depresión, el bajo rendimiento y la ansiedad se encuentran entre ellos.

Problemas en la escuela

Otra razón por la que los niños no crean es el estado actual de la educación. Muchos aspectos del sistema educativo estadounidense, según Sax, hacen que sea difícil despertar el interés de los niños.

A diferencia de las escuelas europeas, que se centran en enseñar a los niños a disfrutar de la escuela antes de enseñarles habilidades académicas, las escuelas estadounidenses con frecuencia enseñan a los niños habilidades antes de que tengan la edad suficiente para aprenderlas, según el libro de Sax «Boys Adrift».

Debido a que los niños se desarrollan más lentamente que las niñas, cree que esta tendencia es más dañina para ellos.

Los niños que son demasiado jóvenes para tener éxito en la escuela se sienten estúpidos, según Sax. Comienzan a despreciar la escuela porque se ven obligados a fracasar.

Después de casi dos décadas de tratar de persuadir a los líderes escolares para que cambien sus métodos de enseñanza, Sax ha descubierto que, en su mayor parte, no están dispuestos a escuchar.

«Cuando te acercas a un director o administrador de la escuela con ese tipo de preocupación, eres una molestia y no lograrás nada. Pueden o no decir algo bueno, pero realmente no importa», dijo.

Park cree que las escuelas hacen un mal trabajo con los niños que no son académicamente dotados en su experiencia. Aunque todos deberían poder leer y hacer matemáticas hasta cierto punto, no todos necesitan ser expertos.

Un grupo de niños aprende de un maestro en la Escuela Primaria Stark en Stamford, Connecticut, el 10 de marzo de 2021.

Ella cree que un niño que es un artista creativo, carpintero o constructor a menudo será decepcionado por una escuela que se centra únicamente en temas académicos.

«Siento que esos niños que tal vez habrían sido creativos en algunas de esas otras áreas, tal vez serían un soldador increíblemente creativo. Serían capaces de crear algo hermoso, dada la oportunidad», dijo Park.

Sin embargo, no pueden inscribirse en este programa porque tienen dificultades en otras materias académicas.

Según Page, la universidad no es para todos, y hay muchas otras opciones viables para ganarse la vida.

Los tiempos están cambiando

Niños estadounidenses pierden motivación y creatividad, dicen los maestros 5
Para satisfacer la creciente demanda, varios colegios y universidades han desarrollado programas de deportes electrónicos, incluidos algunos de los mejor calificados de la nación, como la Universidad de California-Irvine. Universidad Estatal de Ohio, Universidad de Texas y más.

Es posible que los niños sean más conscientes del futuro que los adultos, según Robert Powers, un consejero universitario.

A pesar del hecho de que la actividad excesiva en línea parece estar relacionada con problemas de salud mental, Powers cree que la vida en línea está aquí para quedarse. Lo más probable es que la vida se vuelva aún más en línea en el futuro.

Él cree que los niños no serán tan creativos, conectados relacionalmente o ambiciosos como lo fueron antes. Sin embargo, usaremos la misma terminología para describir lo que hacen en diferentes situaciones.

Él predice que esta generación se convertirá en atletas de deportes electrónicos y amigos en línea.

«El niño que una vez estuvo pegado a su pantalla estaba realmente adelantado a su tiempo, tratando de equilibrar dos mundos que realmente deberían haberse combinado todo el tiempo», agregó Powers.

Según Powers, el futuro es un mundo digital o «combinado».

«Y creo que eso también significa que los niños están bien».

Sin embargo, muchos maestros que conocían a los niños antes de que tuvieran acceso a Internet creen que la creatividad, la determinación y las amistades de hoy en día son menos de lo que podrían ser.

Park declaró que siempre le ha fascinado la tecnología. Sin embargo, ha observado que pasar demasiado tiempo en línea aísla a sus estudiantes del mundo natural y de las relaciones humanas.

«No es tan bueno como podría ser», agregó.

Necesitamos su apoyo para llevar a cabo nuestro periodismo independiente y de investigación basado en la investigación sobre las amenazas del Estado Profundo que enfrenta la humanidad. Su contribución, por pequeña que sea, nos ayuda a mantenernos a flote. Por favor, considere apoyar a GreatGameIndia.

Soporte GreatGameIndia

Hijos y pantallas: cómo plantear límites sin gritos ni enfados

Te explicamos cómo limitar el tiempo de pantalla de tu hijo, sea niño, adolescente o joven, sin gritos ni enfados

¿El asunto de los dispositivos digitales se ha convertido en una fuente de conflicto en tu familia? ¡No te desanimes! En esta entrevista al psicoterapeuta Didier Pleux te ofrecemos algunas estrategias para limitar el tiempo frente a las pantallas de tus hijos.

Regular las horas de móvil puede enseñar al niño, al joven o al adolescente a dominar su frustración, esta es una de las ideas de su  libro sobre autocontrol en los niños Développer le self-control de ses enfants (ed. Odile Jacob).

No es un derecho

¿Por qué los padres tienen tanta dificultad para regular la gestión de las pantallas?

Son muchos los padres que consideran la frustración como una castración. Sin embargo, la frustración es decir simplemente: “No puedo hacer todo lo que quiera siempre” y “No estoy solo”.

Contrariamente a la televisión y el ordenador, el adolescente lleva el móvil consigo, como una prenda de ropa. Le permite vivir su propia vida, sobre todo para escapar de la familia y de los intercambios relacionales.

Es un caso extremo, pero acabo de recibir a una madre que había regulado el tiempo que pasaba su adolescente en el móvil porque sus notas estaban bajando y el joven se plantó en comisaría por maltrato… Hay que explicar a los niños que el móvil es un medio de comunicación, no un derecho inalienable.

Hay que explicar a los niños que el móvil es un medio de comunicación, no un derecho inalienable.

¿Los padres pueden llegar a suprimir las pantallas en algunos casos?

Sí, cuando un adolescente no es capaz de controlar su pantalla solo o sola, por ejemplo, cuando busca pornografía. El ambiente general debe ser de empatía hacia los hijos, pero los padres también tienen derecho a contrariarles y contradecirles. Con un hijo autónomo, que utiliza su móvil para enviar mensajes a los amigos, la organización del tiempo de uso no plantea problemas.

El problema concierne a los niños frágiles, influenciables o poco tolerantes a las frustraciones. Sin mediación adulta, van a sitios de inmediatez o juegan a videojuegos durante horas, en la satisfacción de un principio de placer inmediato. Si el joven abusa o si navega por sitios prohibidos para menores, ¿por qué habríamos de dejarle el móvil? Al suprimirle el smartphone, podrá entrar en Internet en casa de un amigo, lo que viene a ser lo mismo. Lo hará, pero, además, sin el aval de los padres, y eso supone una gran diferencia, porque sabe que está ignorando otra prohibición.

Si el joven abusa o si navega por sitios prohibidos para menores, ¿por qué habríamos de dejarle el móvil?

Autocontrol

¿En qué consistiría un “código familiar de buena conducta” en relación al smartphone?

Sería un contrato decidido por los padres que concretara el tiempo concedido al móvil, igual que con las horas de salida. Dar un móvil sin límites implica una autorregulación, pero ¿un niño de 11-12 años que se deje a su aire va a dirigirse naturalmente hacia un sitio web inteligente?

Las invitaciones sexuales, por ejemplo, son numerosas en Internet, y hay compañeros mal intencionados encantados de explicar a los novatos cómo conectarse a esos sitios.

Una vez reguladas las franjas horarias de acceso a Internet, ¿cómo se les ayuda a gestionar la frustración?

Hay que empezar pronto, de lo contrario se convierte en una guerra constante. Frustrar no es sancionar, privar de libertad o provocar berrinches; es haber aumentado con antelación el umbral de tolerancia del hijo, enseñándole a dar de sí mismo.

¿Ayuda en casa, participa en las comidas, se ocupa de su ropa sucia? Si no tiene horarios regulares ni deberes que hacer y es alimentado cuando le place, ¿Cómo podría de repente aceptar una privación total del móvil?

Los padres deben enseñar a su hijo el principio de realidad y el sentido del esfuerzo, que hay que ajustar en función de la edad. Podemos autorizarle el acceso a Internet tras haber hablado de ello con él y haberle preguntado con qué objetivo pretende usarlo. A posteriori, la represión y la artillería pesada no resuelven, por desgracia, el problema de fondo.

Actividades para desarrollar tolerancia a la frustración

¿Quiere decir que llega un momento en que es demasiado tarde para frustrar a un hijo quitándole el teléfono?

Si los mismos padres están conectados todo el día a su pantalla, será más difícil. Es menos coherente también retirar una pantalla si los niños no tienen ningún límite, si su ego ha sido demasiado desarrollado, si es incapaz de aprender una declinación en alemán o de estar atento en clase de física.

Todo está relacionado, y si un niño vive siempre en el placer, la menor frustración se vuelve inaceptable. Si es autónomo en el placer, entonces ¿por qué no pasear al perro, poner la mesa, ser responsable de una tarea familiar, ganarse una paga…? Estas pequeñas acciones permiten evitar desarrollar una intolerancia a la frustración.

El escultismo también es una excelente escuela de vida. Hacer un fuego, montar un campamento, preparar la comida… Los scouts extraen un mayor placer después de haber estado limitados a hacer alguna cosa para la que los adolescentes ociosos son atendidos sin ningún esfuerzo. Del mismo modo, una educación religiosa permite en principio trascender la ley del ego, no sentirse por encima de todo.

Placer y adicciones

¿Cómo funciona la frustración a nivel psicológico y del cerebro?

El cerebro primario emocional está programado para el placer y para comer, sobrevivir, dormir. Si un niño no está acostumbrado a posponer el placer, su córtex, es decir, su inteligencia racional, se debilita. Inundado por un placer inmediato, incapaz de resistirlo, se convierte entonces en más proclive a desarrollar una adicción.

El niño inmaduro necesita una instancia moral que frene su pulsión (el “ello” en psicoanálisis). Al principio, los padres se encargan de eso; luego, la moral interior toma el relevo normalmente. El equilibrio entre placer y displacer se aprende, no es innato, contrariamente a lo que se escucha, porque el niño está inclinado naturalmente hacia el placer. Es un ser de emociones que se puede educar y, además, los niños que carecen de adultos significativos tienen un fuerte desprecio por sus padres ausentes.

La violencia

La pantalla suscita muchas más frustraciones que los otros ámbitos. ¿Por qué es más violenta la frustración relacionada con las pantallas?

La adicción a las pantallas ya se trata en los centros especializados. Según el jurista Joël Bakan, autor de Nos enfants ne sont pas à vendre (“Nuestros hijos no están en venta”, ed. Les Arènes), la pantalla tendría un poder adictivo tan fuerte como el de una droga dura. Cuando le arrancamos de su videojuego favorito, el niño puede sentirse inundado por la ansiedad, la ira y la depresión. Son los mismos síntomas que tiene un heroinómano cuando se le retira la droga, porque el uso de una pantalla provoca estímulos en el cerebro emocional que le hacen perder la noción del tiempo y le impiden desengancharse. Por eso no conviene suprimir todas las pantallas de golpe. Regular el móvil es darle armas al niño, permitirle descubrir bondades diferidas más grandes.

Cómo usar las pantallas

¿Qué uso concreto del móvil y de las pantallas recomendaría usted?

No responder de inmediato a los mensajes de texto permite dedicar más tiempo a hablar, concentrarse en sus deberes o en el momento presente.

No responder a esa solicitación permite diferir y humanizar su deseo, como la alegría de recuperar el móvil el fin de semana.

También hay que explicar al niño que el móvil no es una herramienta anodina y no autorizarle acceso a Internet cuando ningún adulto esté presente en la casa.

Dárselo todos los días es crear un hábito de vida que será difícil de romper. Mientras un niño esté escolarizado, debe dedicarse a su trabajo durante la semana.

En cambio, puede utilizarlo una hora el sábado y otra el domingo, y quizás el miércoles, no necesariamente de manera sistemática, si ha terminado sus deberes.

El psiquiatra Serge Tisseron recomienda además prohibir Internet antes de los 9 años y los medios sociales antes de los 12 años. Y luego, consumirlos en pequeñas dosis.

Entrevista realizada por Olivia de Fournas

Encuentra tu persona vitamina

Dice Marian Rojas:

He investigado mucho sobre sexualidad, ésta no nos deja inmunes. Hay que entender cuando es una herida y cuando es algo bueno. Hay que llega a nuestro corazón. Desde pequeños adquirimos patrones que luego influyen en nuestra vida madura. Lo que vivimos en casa es lo que consideramos normal y conocido. A medida que te vas haciendo mayor, vemos que existe otro campo. Esos son los cimientos emocionales y, ante ello, hay que analizar para sanar heridas, para no repetir el mismo patrón.  Hay cosas que no vemos como “amenaza” porque hay un patrón inconsciente que repite el patrón vivido en casa, o es posible que esa persona se vaya al extremo. Por ejemplo, una persona que ha vivido con un padre alcohólico puede no ver mal que su novio lo sea.

Hay que conocer si fui amado en casa o no. Quien vive resentido no es feliz. Si miro atrás y escuece es que sigue haciendo daño ese hecho. ¿Cómo me tocaron en la infancia? ¿Me pegaron? Es fundamental que el niño reciba abrazos, besos, caricias y manifestaciones de cariño. Hay gente que se siente incómoda si los abrazan. En México la gente abraza, en Estados Unidos, no.

Si me han tocado feo o haciéndome daño, me influye cuando me tocan o me abrazan. La oxitocina es la hormona del parto y de la lactancia. Es la hormona de cuando te tocan y te quieren bien. Todos necesitamos la oxitocina, y a veces la oxitocina nos la dan las mascotas. Nos la da la persona que nos escucha con atención.

Con la pandemia bajó la oxitocina en la persona, con la sana distancia. Cuantas personas están solas y lo que les ayudan son las mascotas. No hay que nos aíslen porque nos enfermamos y no tenemos la vía de escape que nos ayuda tanto.

¿Cómo regular nuestro estrés? Esto se debería de manejar en las escuelas y universidades. Hay que tener dos o tres nociones básicas. Si nuestro organismo recibe una amenaza hay un pico de cortisol, puede haber taquicardia, por ejemplo, si te dicen que a tu hijo algo le ha pasado.

A veces se cae el pelo porque estoy con mucho cortisol. Nuestro organismo se pone en alerta por algo real o por algo imaginario. Muchas de las cosas que nos preocupan, el 90% de lo que imaginamos, no suceden pero me intoxico con cortisol. El cortisol inhibe la regeneración de células.

La sensación de opresión en el pecho me lleva a que no respirar con profundidad. Puedo llegar a tener una colitis ulcerosa. Me inflamo con la depresión, la dermatitis, la colitis, el estreñimiento, la hinchazón abdominal, se me caen mechones de pelo… Se agota mi sistema inmune. No duermo bien, me despierto con frecuencia, estoy irritable. Eso puede llevar a ataques de ansiedad o a la tristeza, por estar meses en estado de alerta.

Muchas de las crisis de pareja es una crisis donde abunda el cortisol, hay una intoxicación fuerte.

Cuando uno ve pornografía, como consecuencia, tiene irregularidades en su sexualidad. ¿Cómo buscas la satisfacción en ello? Cuando al cerebro le metes mucha dopamina con la pornografía, el cerebro siente mucho placer, pero luego no sabes regularte.

Estamos en mundo de gratificación instantánea. Hay que enseñarle a las nuevas generaciones que no todo es a golpe de clic, por ello la gente no tolerancia a la frustración.

Necesitamos una generación que busque la verdad, que sepa elevarse y posponer la recompensa. Eso fortalece mi corteza prefrontal, eso es lo que nos hace seres superiores. Pero si busco la gratificación instantánea se debilita la corteza prefrontal del cerebro.

La lectura es al cerebro lo que el ejercicio al cuerpo. Pero ese desconectar con la lectura o la oración que cada uno sepa, ayuda al ejercicio del cerebro. Vamos a tener una población con muchos problemas neurológicos porque la gente no lee, no ejercita su cerebro.

El hecho de estar quietos, ayuda a que los niños no sean demasiado activos o demasiado estimulados. Por eso es bueno que lean al menos media hora, los que han aprendido a leer, o más lectura si son más grandes.

La psiquiatría es una rama de la amistad”, dice Enrique Rojas (su papá, que es psiquiatra).

Hay personas que llegan a su consulta para temas que no han tratado o verbalizado con nadie. Se dilata tres horas porque quiere llegar al fondo. Les explica con un esquema lo que puede suceder en su cerebro. Le pregunto sobre sus cimientos emocionales. Hay que manejar factores de estrés y personalidad, y el paciente debe mejorar en conocimiento propio. Ante el estrés estás vulnerable y somatizas de alguna manera específica. ¿Qué te sube el cortisol? Hay obsesivos de tiempo, de limpieza, de enfermedad…

Hay que desactivar factores de estrés.

A veces funcionan medicinas naturales (probióticos, omega 3, etc.), y otras necesitan otra medicación, es un impermeable, pero la gente tiene que vivir la vida. Que la medicación no se prolongue toda la vida.

Hay que trabajar las heridas del pasado, gestionar el presente y quitar el miedo al futuro, que es la ansiedad. El miedo paraliza. Luego se hace un acompañamiento. Cuando uno se conoce, se siente aliviado, porque sabe por qué se dispara tal o cual síntoma.

Cuando uno tiene algo ultra doloroso, a veces hay que guardarlo, y hay que contar lo que más duele a un amigo (a), un familiar que nos ame y esté preparado para entender, al psiquiatra o al sacerdote. Necesitamos a una persona que nos escuche y no nos juzgue, que sea una persona vitamina, una terapeuta vitamina. Cuesta pedir ayuda.

Marian dice que hay que ser capaz de disfrutar lo bueno y gestionar lo malo. Cuando no disfrutes lo bueno piensa que algo me pasa y debo pedir ayuda. No tener la vergüenza de decir que lo estamos pasando mal. Ha sido una etapa difícil.

Psiquiatra Marian Rojas Estapé

Carta a los papás que siguen llevando a sus alborotados hijos a misa, semana tras semana

Cristo tenía algo muy importante que decir sobre personas como tú

Queridos padres y madres exhaustos y desanimados:

Así que sus hijos son terribles en misa. Caóticos, desobedientes y alborotadores, semana tras semana. Es como si el gran foco de un circo concentrara su luz sobre ustedes todo el tiempo, ustedes y su paternidad aparentemente de inferior calidad.

Estoy  ahí, con ustedes. He empezado a tener miedo de los domingos.

Es decir, lo hemos intentado todo. Ir a la primera misa de la mañana, ir a la misa vespertina, usar libros de misa, explicaciones susurradas, amenazas susurradas, nos hemos sentado delante, nos hemos sentado atrás, hemos ido directamente a la sala de los niños para que lloren…

tal vez algunos de los trucos han ayudado, pero la conclusión es que no hay manera de salir de ese edificio sin que algún hijo grite, corra como un loco hacia el altar o Dios sabe qué.

Sin embargo, a pesar de todo, cada semana, yo y mi ruidosa y caótica familia vamos a estar allí (¡al fondo!) meneándonos y distrayendo a todo el mundo, y sometiéndonos al juicio de un gran número de personas, que tal vez no entiendan lo difícil que es enseñar a un niño pequeño a sentarse en silencio durante 45 minutos.

Parece una locura. Aun así, igualmente nos vestimos de domingo y vamos a misa, tal como la Madre Iglesia nos pide.

Quiero que sepan que si esta también es su historia, está bien. Mejor incluso. Cristo tenía algo muy importante que decir sobre personas como nosotros:

Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”. (Lucas 21,1-4)

¿No es eso exactamente lo que estamos haciendo? Estamos dando literalmente todo lo que tenemos, obedeciendo la petición de la Iglesia de asistir a la misa dominical (la vergüenza, desafortunadamente, no es una buena razón para quedarse en casa).

Visto desde fuera, parece que hemos hecho lo mínimo. Hemos entrado en el edificio, claro, pero ¿nos estamos concentrando? ¿Estamos teniendo una experiencia espiritual? ¿Acaso escuchamos una palabra del Evangelio, por el amor de Dios?

No lo parece demasiado. Somos los únicos que sabemos lo mucho que realmente estamos dando. Pero Cristo también lo sabe.

Así como las dos monedas pequeñas de la mujer en la caja de la colecta no parecen nada en comparación con la gigantesca bolsa de oro del hombre rico, nuestra contribución parece tan pequeña que una persona podría preguntarse por qué nos molestamos.

¿Por qué venir a misa si vas a pasar todo el tiempo con el protocolo de control de daños con los niños pequeños? Pero Cristo está ahí para recordarnos que no ve lo que ve el resto del mundo.

Con frecuencia, salgo de misa sintiendo que todo fue un fracaso. Ni siquiera pude seguir la ceremonia y me fui tan rápido que olvidé hacer una genuflexión. ¿Qué clase de católica soy?

Si así es como se sienten ustedes también, no lo olviden: tener niños pequeños o niños con necesidades especiales o cualquier situación en la que se encuentren que haga imposible arrodillarse en silencio y escuchar cuidadosamente, es un tipo único de pobreza.

Y nosotros, en nuestra pobreza, realmente damos todo lo que tenemos, simplemente haciéndolo lo mejor que podemos. Aunque lo mejor que podemos hacer sea simplemente estar allí.

Así que no preocupen. No se preocupen demasiado por la imagen de su familia. Aunque nunca sea fácil, sigan haciendo lo que hacen y sepan que, aunque el mundo no lo vea, Dios sí percibe cuán valioso es su sacrificio.

Implicar a los padres, una buena (y barata) política educativa

Cuando se analizan los factores que más influyen en el desempeño de los estudiantes, con frecuencia el foco se centra en cuestiones socioeconómicas (el nivel de estudios y de ingresos de los padres) u organizativas (la ratio de profesores-alumnos, las condiciones laborales de los docentes, los itinerarios educativos). Sin embargo, existe otro factor al que no se suele prestar tanta atención en los medios: la implicación de los padres en la escuela.

Diversos estudios han constatado que, junto a la formación del profesorado y el clima escolar, la cercanía de las familias es una de las claves para mejorar los resultados de los alumnos, especialmente de los más desaventajados y en los primeros cursos.

La pandemia, un despertador

Durante el confinamiento provocado por la pandemia, la comunicación con las familias pasó forzosamente a un primer plano. Muchos padres sintieron la necesidad de prestar una mayor atención a la educación de sus hijos. Por otra parte, estas circunstancias también supusieron un golpe de realidad para las escuelas. En algunos casos, les ha servido para darse cuenta de que el problema del supuesto desinterés de algunas familias “a las que es difícil acceder” tenía que ver, en realidad, con unos mecanismos de interacción poco adecuados.

Un reciente informe de la Brookings Institution recoge más de 60 iniciativas exitosas puestas en marcha en distintos países para implicar a los padres. Algunas de ellas han nacido como respuesta al parón educativo por la pandemia, pero la mayoría se venían desarrollando antes.

El informe resulta interesante porque muestra una gran variedad en cuanto a los enfoques de las distintas intervenciones, y también en cuanto a sus promotores: en algunos casos han sido las propias familias; en otros, los gobiernos; en otros, asociaciones educativas o civiles. Además, el coste de estas iniciativas es generalmente bajo, sobre todo si se compara con el de otras políticas educativas como el descenso de las ratios o el incremento en el salario de los profesores. No obstante, los autores del estudio recuerdan que no cualquier forma de implicar a los padres resulta beneficiosa; es imprescindible tener en cuenta las características específicas de la población a la que se dirige la medida.

El mentor familiar

Varias de las iniciativas coinciden en apostar por la figura del “mentor familiar”, una persona que hace de enlace entre la escuela y los padres, y que asesora a estos en distintos temas. Según cada caso, sus atribuciones se ciñen a lo académico o incluyen también otros aspectos.

Por ejemplo, en las escuelas comunitarias del estado de Nuevo México (EE.UU.), más de 150 en la actualidad, cada familia cuenta con un asesor que le informa puntualmente de diferentes aspectos: desde las ausencias a clase, problemas de comportamiento o las notas en los exámenes, a los próximos eventos interesantes en el centro. Además, visita a los padres con regularidad en sus casas. Un aspecto importante es que domine el idioma nativo de su familia tutelada, algo no tan sencillo en un territorio donde casi el 60% del alumnado es de origen hispano. Este enfoque ha logrado mejorar los resultados de una de las zonas con peores registros educativos del país.

Una estrategia similar sigue el proyecto Parents’R’Us, resultado de la coalición de varias organizaciones sin ánimo de lucro de distintos países europeos. La iniciativa busca dotar a padres de familias desaventajadas de los recursos necesarios para convertirse en verdaderos agentes educativos para sus hijos. Para ello, forma primero a unos pocos “mentor managers” en cada escuela, habitualmente profesores: su labor será, a su vez, formar a los mentores, padres implicados en el centro, que se encargan de seguir a padres desenganchados del proceso educativo de sus hijos (cada uno se encarga de tres), y que constituyen los destinatarios finales de la iniciativa. Esta labor la realizan mediante reuniones semanales de una hora, presenciales siempre que se pueda.

La labor de los mentores es más amplia en otras iniciativas. EdNavigator es un programa desarrollado en varias ciudades de Estados Unidos que ofrece a padres con pocos recursos un “navegador”; es decir, un asesor familiar, ya sea un profesor, un experto en educación u otro padre especialmente formado. Este acompaña a la familia del alumno durante todas las etapas de la educación, e incluso después. Además de aconsejar en lo puramente académico, ofrece también asesoramiento en cuanto a la elección de carrera universitaria, orientación profesional, o la capacitación profesional de los propios padres. En 2018 este proyecto fue designado entre las 10 Grandes Ideas en Educación por la revista Education Week.

El proyecto Parents’R’Us pone a los padres más implicados en el colegio como mentores de otros padres

Móviles que “enganchan” para bien

Dos iniciativas de las reseñadas en el informe tienen en común el uso del teléfono móvil como herramienta para evitar que algunas familias desconectan del proceso educativo de su hijo, en territorios donde esto era un peligro real.

En Botsuana, al sur de África, el parón forzoso de la educación presencial por la pandemia hizo temer a las autoridades educativas que muchos alumnos de pocos recursos se desengancharan de la escuela. Llevar el material educativo en papel hasta las casas no era una opción viable. Por ello, la ONG Young 1ove organizó un sistema de ejercicios matemáticos por mensajería.

Cada familia recibía semanalmente dos sms (no era necesario disponer de conexión a Internet) con sendos problemas matemáticos, más unas recomendaciones dirigidas a los padres sobre cómo guiar a sus hijos en la resolución de los ejercicios. Unos días después, una persona formada por Young 1love, habitualmente un profesor de su colegio, llamaba al dueño del móvil, y padres e hijos mantenían una larga conversación sobre los problemas con el móvil en modo altavoz. En total, cerca de 500 familias participaron en el programa “piloto”, que duró tres meses. En comparación con las que no lo hicieron, los hijos de estas familias obtuvieron un 31% menos de suspensos en Matemáticas a la vuelta. Prácticamente todos pidieron que la iniciativa continuara después de retomar las clases presenciales.

En Himachal Pradesh, un estado del norte de India, las autoridades educativas estaban preocupadas por la alta tasa de absentismo y abandono escolar, sobre todo en las zonas rurales, y por la poca asistencia de las familias a los centros. De manera que en 2019, con ayuda de una empresa tecnológica, crearon una app de mensajería propia, e-Samwad, para comunicar a los padres todo tipo de incidencias: notas de exámenes, ausencias, problemas disciplinarios, próximas reuniones familiares, etc. La iniciativa fue un éxito, y actualmente el 98% de las escuelas públicas estatales la han adoptado.

Moldeando el sistema educativo

Otros proyectos pretenden no solo tener a los padres informados sobre su hijo, sino darles un mayor protagonismo en el diseño del sistema educativo.

En British Columbia (provincia de Canadá), el gobierno local llevaba tiempo buscando soluciones al bajo rendimiento escolar de la población indígena, cuya tasa de abandono temprano de las aulas triplicaba la media. A comienzos de la pasada década se puso en marcha un plan para invitar a aportar su visión en un proceso de rediseño de la educación pública de la zona. Los padres participaron en varias consultas, en comités para remozar los planes educativos, o en talleres sobre las necesidades del mercado laboral local que luego marcaban las líneas de la orientación profesional a los alumnos. Además, los más comprometidos crearon “materiales de bienvenida” (vídeos, presentaciones, cartas) para otras familias indígenas que llegaran de nuevas al centro. Tras el impulso inicial, estas iniciativas se han consolidado como parte de la cultura educativa de la región.

En Inglaterra, ParentKind, una asociación formada por padres de alumnos de distintos centros, se encarga de recoger las opiniones de otros padres sobre varios asuntos relacionados con el sistema educativo y proponer reformas concretas a las autoridades. Por ejemplo, últimamente consiguió que varios gobiernos locales se comprometieran a rebajar el precio de los uniformes, para que no supusieran una barrera a las familias de menos ingresos; o que se diseñara un sistema de exámenes más personalizado durante el confinamiento. Además, recauda dinero para otras organizaciones de padres en todo el país.

Todas estas iniciativas muestran la gran variedad de enfoques que hay para implicar a los padres en la educación; un empeño que ofrece, a bajo precio, grandes resultados, sobre todo entre los estudiantes que parten con alguna desventaja.

El miedo a educar

Parents helping their children with their schoolwork

Antes, los padres de familia educaban, con mayor o menor acierto, pero educaban. Podemos decir que en la actualidad existen muchos casos de miedo a ejercer el mando; ese temor en padres desorientados, es un fenómeno relativamente reciente. Y ese miedo tiene una estrecha relación con el deseo de no sufrir por un lado, y con la falta de información por otro. Expliquemos esto: existe un miedo generalizado al sufrimiento propio y ajeno -fruto quizá del afán de placer que nos invade-; así va ganando terreno una política de concesiones y de claudicaciones en la educación de los menores.

El miedo también se da en los padres por falta de información: no se sabe qué hacen los hijos en el tiempo libre o cuando no se está con ellos, y no se sabe qué se debe hacer en un mundo en constante transformación.

A ese temor a ejercer la autoridad pueden haber contribuido las telenovelas, donde con frecuencia el tema se centra en los reproches de los hijos a los padres; les culpan de sus fallos o fracasos aludiendo a errores que los padres han cometido en su educación, y no reconocen que buena parte del mal procede del propio corazón.

Ya Séneca señalaba: “¿No ves que es distinta la forma de amar de los padres y de las madres? Los padres despiertan temprano a los hijos para que se pongan a estudiar, no les permiten que estén ociosos y hacen que les corra el sudor y a veces también las lágrimas. En cambio las madres los arrullan en su regazo, los tienen cerca de ellas y evitan darles disgustos, hacerlos llorar y que se cansen” (De Providentia, 2,5).

La autoridad, correctamente entendida, es acrecentar las capacidades del otro, es tirar del otro hacia arriba. La mejor manera de lograrlo es dando ejemplo.. Si los hijos te ven como un dios, va a llegar un momento en que vas a caer del pedestal.

“Si una opción desafortunada significa una cierta desdicha -dice José María Cabodevilla-, no hay mayor desdicha para un ser humano que haberse habituado a que se lo den todo elegido”.

Por otra parte existe una sobreestimación exagerada de las frustraciones infantiles. Por miedo a que el niño se traume se le evitan esfuerzos, sufrimientos y obstáculos, que forjen su carácter. Más adelante la vida por si misma se los presenta, no saben enfrentarse con ellos… y es entonces cuando en verdad corren el peligro de traumarse.

Lo normal es que en la vida humana haya dolor; cuando a un chico se le protege en exceso, es difícil que sea maduro y que se valga por sí mismo.

Aristóteles dice que el hombre feliz actuará conforme a la virtud y llevará los cambios de fortuna con sumo decoro. Escribe: “se difunde el resplandor de la hermosura moral cuando un hombre lleva con serenidad muchos y grandes infortunios, no por insensibilidad al dolor, sino porque es bien nacido y magnánimo”.

La autoridad es tema clave en educación; el problema radica en que muchos dirigentes no tienen suficiente personalidad y en muchas ocasiones poseen una idea equivocada de la autoridad.

Muchas personas no son educadas para dominarse a sí mismas. Otras, se inclinan a la obediencia por la obediencia, sin razonar el sentido de lo que mandan. Se ha considerado como meta “doblegar la voluntad” más que conocerla e impulsarla con la confianza y la cooperación.

Quizá el resultado más valioso de toda educación sea la capacidad para obligarse uno mismo a hacer lo que tiene que hacer y cuando debe hacerse, le guste o no. En vez de ofrecer una vida fácil al hijo, conviene capacitarle para una vida dura y áspera. Hay que iniciarlo, sin miramientos de falsa compasión, en los esfuerzos que probablemente tendrá que desarrollar un día. Es menester, sin embargo, guardarse de presentarle ya en su primera edad una perspectiva tan sombría que un corazón aún flaco y primerizo es incapaz de soportar. Anticiparle los contactos con la injusticia del mundo puede desalentar, ya sin remedio, a quien todavía necesita creer en la bondad y la belleza, a quien no tiene aún fuerzas para dar una respuesta combativa y animosa.

Mientras la conducta de los jóvenes se encuentra en estado plástico, es necesario que adquieran buenos hábitos: cada pequeño acto, vicioso o virtuoso, deja cicatriz en ellos.

AUTORIDAD y PRESTIGIO

Los padres tienen autoridad por el hecho de ser padres; pero la autoridad se mantiene, se pierde o se recobra por el modo de comportarse. No será real si falta prestigio.

La palabra “prestigio” puede resultar ambigua. No es lo mismo el prestigio de un deportista, de un profesor o de un padre de familia. ¿Cómo se tiene prestigio con los hijos? por el modo de ser, esto es: por el buen humor, la serenidad y la naturalidad. Hay diferentes estilos de buen humor, pero todos se apoyan en el optimismo y en saber esperar, que se concreta en decir: confío en que podrás, espero cosas buenas de la bondad de tu corazón.

El optimismo, la serenidad y la confianza aseguran las mejores condiciones para’ actuar con firmeza y con flexibilidad, con suavidad y con fortaleza: SUA VITER ET FORTITER, como decían los antiguos romanos.

La palabra autoridad deriva de auctoritas, que significa la fuerza que sirve para sostener y acrecentar; auctor es el que sostiene una cosa y la desarrolla. La palabra autoridad ha conservado las significaciones clásicas de crédito, garantía, poder y prestigio.

Tienen prestigio los padres que son muy comprensivos y muy flexibles, pero que a la vez son capaces de mantener en lo sustantivo una línea de actuación, sin dar bandazos, graduando la exigencia según las circunstancias, sin dejar nunca de exigir y de exigirse a sí mismos la mejora.

Desprestigian la solemnidad y el dramatismo, el echar en cara, el lamentarse, los juicios temerarios y el mal humor.

La autoridad es virtud, valía, prestigio; es la ciencia y la eficacia de una persona en un asunto, reconocida por otras personas. La autoridad no es independencia, sino servicio, no es majestad sino excelencia. La autoridad pertenece al reino de la calidad.

En cuanto al modo de ejercerla, la autoridad trata de convencer, de comprobar su validez; recurre al diálogo como instrumento de gobierno y acepta, en un clima de libertad, el compromiso de cada una de las partes con la verdad.

EL PRESTIGIO DEL OTRO CONYUGE

La autoridad vista como servicio debe gastarse, en primer lugar, en fomentar el prestigio del otro cónyuge. La vida matrimonial no es una competencia donde al final se verá quién gana. No, es armonía, colaboración, o al menos así debe serlo. Cualquier delicadeza es poca en este sentido. Hay sugerencias que ayudan a los hijos a descubrir valores en su padre o en su madre que les habían pasado inadvertidos. Hay también silencios inoportunos y omisiones, que pueden hacer sufrir inútilmente.

Si un padre desautoriza a su esposa ante el hijo, la función se degrada. En cambio, la potenciación de la autoridad del otro se puede hacer destacando un detalle, en esas conversaciones privadas con cada hijo: “Te has fijado en…” y se menciona un hecho edificante o se destaca una virtud. Y a continuación, se pasa a otro asunto. Hay cosas dichas como de paso que ayudan a quererse más, a establecer una base más sólida para el ejercicio de la autoridad. En resumen se podría decir. “Más vale educar con deficiencias que no educar”.