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Archive for the ‘Enfermedad’ Category

Los que hacen las políticas de educación sexual…

Los que hacen las políticas educativas deben entender eso:

  • Las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluyendo infecciones virales incurables, han alcanzado proporciones epidémicas. Anualmente, 3 millones de adolescentes contraen ETS, afectan a uno de cuatro adolescencias que sean sexualmente activos.
  • La actividad sexual temprana tiene consecuencias negativas para la gente joven. La investigación demuestra que además del posible embarazo, la gente joven también experimenta lesiones emocionales y psicológicas, dificultades maritales subsecuentes, y la implicación en otros comportamientos de riesgo elevado.
  • El programa  de “sexo seguro” da poco espacio a gente joven para que se abstenga de actividad sexual temprana. Tales programas promueven fuertemente el uso del condón. Además, casi todos esos programas contienen un mensaje ofensivo para la mayoría de los padres.

Consecuencias de la actividad sexual temprana

La gente joven que tiene actividad sexual entra en un campo de comportamiento de riesgo elevado que conduce al daño físico y emocional. Cada año, influenciado el ambiente y una carencia de orientación, millones de adolescencias sufren las consecuencias.

Enfermedades de transmisión Sexual

La nación está experimentando una epidemia de enfermedades sexuaesl transmitidas que se esté ampliando constantemente. En los años 60, el principio de la “revolución sexual,” las enfermedades dominantes relacionadas con la actividad sexual era sífilis y gonorrea. Hoy, hay más de 20 ETS extenso, infectando a un promedio de más de 15 millones de individuos cada año. dos tercios de las ETS ocurre en personas de 25 años para abajo. Cada años, 3 millones de adolescencias contraen un ETS; total, un cuarto de adolescencias sexualmente activas se ha contagiado. 3

No hay curación para las enfermedades virales sexual transmitidas tales como el virus humano de la inmunodeficiencia (VIH) y herpes, que toman su peaje en la gente a través de la vida. El Papiloma humano (HPV) —  tiene 6,5 millones de casos nuevos cada año, y la causa de casi todo cáncer cervical es ésta y que mata a aproximadamente 4.800 mujeres por año — y la  Clamidia, se asocia a la enfermedad inflamatoria pélvica que marca con una cicatriz los tubos de Falopio,  es la causa mayor y más rápida de la infertilidad.

Perceptiblemente, la investigación demuestra que el uso del condón ofrece relativamente poca protección (de “cero” a “alguno”) para el herpes y ninguna protección contra el HPV mortal. Una revisión de la literatura científica revela que, en promedio, los condones no pudieron prevenir la transmisión del virus del VIH — que causa el síndrome inmune de la deficiencia conocido como ayudas — entre 15 por ciento y 31 por ciento del tiempo. 6 que no debe sorprender, por lo tanto, que mientras que el uso del condón ha aumentado en los últimos 25 años, la extensión del SIDA ha continuado además levantándose. 7

Heritage.org

Heritage Foundation

Alida

Dr. Alida Franceschi Dorta passed away July 5th, in Caracas, Venezuela.

Today, Alida passed away. She was an elderly Numerary, a Paediatrician, who had been diagnosed with Multiple Sclerosis since 1973, and spent almost 30 years in a wheelchair.

I went to Mass in Arada, the Centre in Caracas where Alida lived for the last 15 years or so. She didn’t get up (was not moved from her bed by her nurses) as she was feeling poorly; but she did receive Holy Communion during Mass (her bedroom is next door to the Oratory), and was clearminded enough to realise she was getting worse.

Alida was a Professor of Paediatrics at the Universidad Central de Venezuela’s Hospital School of Medicine, and her book on “Examen pediátrico” (Paediatric Examination), is still in use. She was born in Miranda, Estado Carabobo, Venezuela in 1933, and became a member of Opus Dei in 1959, the eighth woman to do so in Venezuela.

Her illness never stopped her from carrying out a fruitful apostolic and professional work. Her constant smile and positive outlook charmed all who met her.

Today, July 6th, at the Funeral Mass, the Venezuelan Vicar of Opus Dei, Dr. Javier Rodríguez reminded us to pray for her, as is our Christian and family duty, but also to have recourse to her intercession, partircularly in the difficult times we are experiencing in the country.

Please, pray for Alida, and a little bit, for Venezuela.

Un cáncer, una muerte y un milagro maravilloso

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“Sé que tú me ayudarás a morir”, me predijo

 

Conocí a Lali en el trabajo. Tenía 33 años y era secretaria de dirección. Empezamos a conocernos, nos hicimos amigas, íbamos a comer juntas o compartíamos café en los descansos. Poco a poco, fuimos abriendo nuestros corazones. Ella empezó a explicar sus creencias espirituales: la cábala, las energías, el reiki, los viajes astrales, la astrología,… Yo le expliqué las mías: un Jesús que ama, que redime, que acepta, una Madre que acoge, una Iglesia abierta a todos y a la misericordia… Hablábamos con respeto, escuchándonos una a otra, sin pretensiones de convencimiento, sin juzgarnos, con interés.

Me habló de su vida difícil. De su padre borracho y maltratador. De su madre sufriente y depresiva que se suicidó. De su hermano menor que ahora era drogadicto y estaba ingresado en prisión. De su hermana que al cumplir los 18 años se fue a vivir con su novio y rompió lazos con la familia porque deseaba separarse de esa corriente de autodestrucción.

De cómo ella a los 18 años empezó a trabajar y se llevó sus hermanos menores a vivir con ella porque estaban desatendidos por el padre, los volvió a escolarizar, les enseñó modelos de higiene, les dio amor y cariño.

De cómo su padre volvió al cabo de los años, enfermo de cirrosis y ella lo cuidó hasta que murió a pesar de que había sido la causa de la desgracia familiar. De cómo ahora había encontrado una estabilidad profesional y personal, de su compañero de vida, de sus amigos.

Y de repente llegó el cáncer de estómago. Solo uno de cada tres sobrevive los 5 años, le dijeron. Lali era luchadora, la que más, y se compadeció de los otros dos porque ella era la que iba a sobrevivir, dijo. La operaron, pasó por una quimioterapia muy dura y volvió al trabajo.

Y al cabo de unos meses el cáncer volvió y ya no tenía cura. Tenía 35 años. Volvieron las sesiones de quimioterapia, sin ningún resultado y llegó un momento en el que ya no se podía hacer nada más e ingresó en una Unidad de Cuidados Paliativos.

Lali decidió que no quería que sus últimas semanas de vida fueran un paseo de personas que fueran a despedirse de ella, ni que todo el mundo viera cómo se iba consumiendo hasta morir. Eligió a unos 5 ó 6 amigos para que la cuidaran. A mí me sorprendió estar entre el grupo de elegidos, porque éramos compañeras de trabajo más que amigas y personas de su círculo más íntimo no pudieron despedirse de ella.

“Sé que tú me ayudarás a morir”, me predijo.

A mí me tocaban las noches. Unas noches eternas en las que hablábamos sin cesar de la vida, de la muerte, de qué hay más allá, de cómo hay que morir, del amor de Dios, de la reencarnación, de la resurrección.

Yo le hablaba de ese Dios que la amaba con infinita ternura, que no juzgaba, que no imponía miedo, que la esperaba con los brazos abiertos. Del Padre que quiere estrechar de nuevo a su hija, del Amigo que quiere compartir con ella su vida eterna, del Espíritu que la acompañaría en su camino al cielo. Ella escuchaba.

Pero durante el día, sus amigos volvían con mensajes de energías, fuerzas y astros.

No le impuse nunca nada, simplemente hablábamos y nos escuchábamos. Hasta que un día ella misma me pidió que me asegurara que no moriría sin confesarse. Sin embargo, me pidió esperar un poco porque tenía mucho dolor y prefería confesarse cuando tuviera el dolor controlado.

Pero la manera de controlar el dolor era con morfina y Lali fue entrando en una especie de doble vida y nebulosa donde cada vez era más difícil conversar con ella. Yo intuía que por muchas ganas que yo tuviera de que se confesara, era necesario que ella lo pidiera y lo deseara de verdad, que era necesario tener paciencia.

Cuando ya no podía casi ni hablar, lo propuse a los amigos y familiares, que se negaron en redondo porque no creían que fuera bueno y la asustaría.

Lali llegó a un punto en que prácticamente solo le funcionaban el corazón y los pulmones. Los médicos no podían comprender ya no cómo no estaba en coma, sino cómo no estaba muerta.

La última noche que pasé con ella intuí que era la última. Lali ya no hablaba, solo respiraba. Pasé la noche rezando.

Le dije a Dios que no podía hacer ya nada más, que era yo sola contra un grupo más numeroso de personas que vetaban la presencia de un sacerdote, que no podía luchar más, que había fallado, que no había sabido hacerlo mejor, qué sólo Él podía obrar el milagro.

Recé un rosario tras otro, pedí continuamente la protección del manto azul de María para que la protegiera de cualquier influencia externa que le impidiera llegar al cielo… y no paré de hacerle la señal de la cruz en la frente.

Por la mañana me fui, desanimada, triste, sabiendo que ya no podía hacer nada más, que se iba a morir sin haberse confesado, pero con la confianza de que la misericordia de Dios era grande y que Él iba a contemplar la capacidad de ofrecer amor que había demostrado en su vida.

Al cabo de unas horas me llamaron sus amigos. ¡Lali había pasado la mañana cogiéndoles la mano y guiándoles para que le hicieran la señal de la cruz en la frente! Aunque eran contrarios a la presencia de un sacerdote, habían interpretado que con ese gesto Lali pedía una confesión. ¡Alucinante!

Rápidamente fui con un sacerdote amigo al hospital. Al llegar, el sacerdote hizo salir a todo el mundo. Yo también hice el amago de salir, pero él me invitó a estar, a pesar de que era una confesión. “Te mereces vivirlo”, me dijo. Al entrar le dije: “Lali, ponte guapa que vengo con una persona especial, vengo con el sacerdote del que hablamos para que te puedas confesar”.

No sé de dónde sacó las fuerzas para sentarse, abrió los ojos como platos, consiguió sacar una sonrisa de oreja a oreja de su cara. Fue impresionante. ¡Estaba tan débil!

El sacerdote le preguntó “Lali, ¿sabes que Dios te ama?”. “¡Me ama tanto!”, contestó.  “¿Amas tú a Dios?”. “Lo amo con locura”, contestó con un hilo de voz. “Te arrepientes de tus errores?”. Lali ya sin voz asintió. “Dios te ha perdonado de todo, ahora puedes descansar”. Lali cerró los ojos, cayó sobre la almohada y entró en coma. Al cabo de un par de horas murió.

Muere Chema Postigo, padre de la familia escolarizada más numerosa de España

Gabriel Ariza                                                                                              6 Marzo, 2017

El séptimo de 14 hermanos conoce a la novena de una familia de 16. Se casan y tienen 18 hijos. Dios ha querido llevarse a Chema cuando todavía tienen hijos pequeños. Un cáncer de hígado ha acabado, en pocas semanas, con su vida.

El séptimo de 14 hermanos conoce a la novena de una familia de 16. Se casan y tienen 18 hijos. Los Postigo-Pich son la familia escolarizada más numerosa de España. Hoy Dios ha querido llevarse a Chema, el padre, tras una rapidísima enfermedad en la que ha sido “el paciente mejor acompañado del hospital”. La noticia del fallecimiento la ha dado su esposa a través de Instagram:

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“Los médicos nos aconsejaron no tener más hijos, pues se morirían todos. A día de hoy viven 15…”

La familia más numerosa de España, los Postigo Pich, se sometió hace tres años a las preguntas de los lectores de Infovaticana. Lea aquí sus respuestas. ¿Quiénes son los Postigo-Pich? El séptimo de 14 hermanos conoce a la novena de una familia de 16. Se casan y tienen 18 hijos. Los Postigo-Pich son la familia escolarizada más numerosa de … Sigue leyendo“Los médicos nos aconsejaron no tener más hijos, pues se morirían todos. A día de hoy viven 15…”

La cortesía sirve

Antonio, un padre de familia, cierto día cuando regresaba del trabajo se encontró con un embotellamiento de tránsito infernal y notó que un señor conducía apresuradamente, cortándole el paso a todo el que podía al tratar de abrirse paso entre los vehículos.

Cuando se aproximó al carro de Antonio, se le atravesó de una manera tan brusca que por poco ocurre un choque fuerte.

 En ese momento, Antonio tuvo deseos de insultarlo e impedirle el paso, pero luego pensó: “¡El pobre! Está tan nervioso y apurado… ¡Sabrá Dios si tiene un problema serio y necesita llegar cuanto antes a su destino!”.

 Con estos pensamientos, detuvo por completo su auto y lo dejó pasar.

 Al llegar a casa, Antonio recibió la noticia de que su hijo de tres años había sufrido un grave accidente y había sido llevado al hospital por su esposa. Inmediatamente se dirigió al hospital; al llegar, su esposa corrió a sus brazos y lo tranquilizó diciéndole:

 – Gracias a Dios todo está bien. El médico llegó justo a tiempo para salvar la vida de nuestro hijo; ya está fuera de peligro.

 Aliviado, Antonio pidió hablar con el médico para agradecerle.

¡Cual no sería su sorpresa cuando vio que el médico era ese señor nervioso y apurado a quien le había cedido el paso casi una hora antes!

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Santa Claus le dio el regalo, y el pequeño murió entre sus brazos

14 diciembre 2016 Deja un comentario

Impactante experiencia vivida por un anciano Santa voluntario en un hospital

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Ser Santa Claus profesional es una experiencia muy gratificante… o impactante a veces. Eric Schmitt-Matzen, un estadounidense de 61 años tuvo una experiencia que le dejará marcado de por vida. El canal norteamericano ABC News cuenta su historia.

Papa Noel recibió una llamada urgente de una enfermera: “Hay aquí un niño pequeño que está muy mal. Va a morir dentro de poco. Está preocupado porque piensa que va a echar de menos la Navidad cuando se vaya”. Eric Schmitt-Matzen no se lo pensó y acudió presto al hospital.

“Me encontré con sus padres y con más seres queridos. Les pedí que por favor me esperasen fuera de la habitación porque quería parecer feliz y jovial. Y que —en el caso de que me acompañasen— si les entraban ganas de llorar, saliesen rápido porque si no, no podría hacer mi trabajo”, explicaba este lunes en esta entrevista el Santa Claus profesional.

Esta, según cuenta Schmitt-Matzen fue la conversación

¿Qué es lo que he oído por ahí? ¿Que crees que vas a echar de menos la Navidad?”. “No te preocupes. Los elfos tenían este regalo hecho para ti desde hace mucho tiempo”.

En ese momento Santa Claus le hizo entrega del regalo.

El niño miró a Santa y le dijo: “Me han dicho que voy a morir”.

La contestación de Schmitt-Matzen fue genial: “¿Me podrías hacer un favor? Cuando llegues al cielo, di que eres el elfo número uno de Santa”.

“¿De verdad que soy tu elfo número uno?”, contestó el pequeño y añadió: “Santa, ¿puedes ayudarme?”.

Santa Claus abrazó al niño y sintió las lágrimas del pequeño, conforme este dio su último suspiro.

Normalmente Schmitt-Matzen vuelve de su trabajo con una gran sonrisa y alegría, pero en este caso fue más complicado. Volvió en su coche en un mar de lágrimas: “Tuve que parar varias veces porque no podía ver nada, no sabía a dónde me dirigía”.

El Santa Claus profesional vivió un momento indescriptible que muestra la magia y la ilusión que tienen los niños. Por ello, ahora Schmitt-Matzen destaca que para ser un buen Santa lo importante no es la barba o el atuendo sino “tener sentimientos sinceros”.

¿Acaso no es una gran obra de misericordia lo que este hombre hizo por el pequeño moribundo?

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La sonrisa de Ángeles

12 diciembre 2016 Deja un comentario

Cuida a su marido amnésico, a su hijo con parálisis y a su padre enfermo

Uno mi cruz a la de Cristo para la salvación del mundo

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El 24 de agosto el corazón de Agustín se paró. Cuando volvió a bombear, era «un hombre nuevo», sin recuerdos de su vida anterior. Mª Ángeles es su apóstol y cada día le presenta a Jesús, al Jesús que le había conquistado hace varias décadas en un Cursillo de Cristiandad, realidad eclesial de la que son coordinadores y responsables.

Mª Ángeles sostiene además la fe de sus hijos –el mayor de ellos, con una parálisis cerebral– y cuida de su padre enfermo, que vive con ellos. Ahora tiene más tiempo porque en julio se quedó sin trabajo. Ella lo lee en clave de esperanza: “Ahora puedo disfrutar de ir a los médicos con tiempo”. Y así resuenan las palabras de Pablo: “Para los que aman al Señor, todo parece ser para bien”.

Estar con M.ª Ángeles es conocer a la mulier fortis de la Escritura. Habla pausada. Mientras sonríe –y no para de hacerlo– las lágrimas ruedan sin violentar. Intuyes que son compañeras de camino, y las responsables de que sus ojos grandes y profundos lean con tanta claridad la existencia. El 24 de agosto sus amigos recibieron este mensaje: “Agustín padre ha sufrido un infarto muy severo. Por favor, rezad por que la voluntad de Dios se cumpla, y si es posible podamos seguir disfrutando de él”.

¿Cómo sucedió ese instante en el que la vida y la muerte se echan un pulso?

Viajábamos en tren a Barcelona, tuvo la parada y estuvieron 40 minutos intentando reanimarle. Al principio nadie podía ayudarnos, así que llamé a mi cuñada médico para que me diera órdenes. Nos ayudó un estudiante de Medicina. Luego llegó el equipo sanitario y lo intentaron dos veces, sin resultado. Se decían: «No merece la pena, en caso de despertar, ¿cómo va a quedar?». Yo les dije: «Por favor, tengo a un hijo con parálisis cerebral, sé lo que es, no me asusta. Inténtelo. Somos una familia, le necesitamos. Inténtelo».

¿Y lo consiguieron?

Sí. Yo rezaba: “Está medio muerto, pero Señor, que Tú quieras lo que yo quiero”. Y bueno, el Señor es fiel…

Dices que piensas en la cananea que pide piedad a Jesús porque su hija sufre

Me habían dicho que no llegaría vivo al hospital así que toda mi atención estaba en preparar a mi hija. Le dije: “María, venimos de unos días de vacaciones muy especiales en los que papá y yo hemos podido hablar mucho de vosotros. Me decía lo orgulloso que está de vosotros. Siempre hemos pensado que lo mejor de nuestra vida sois vosotros. ¡Qué suerte! Papá se irá directo al cielo”.

También está mi hijo mayor, que tiene parálisis cerebral. Está muy unido a su padre. Y ahora está retorciéndose más si cabe. Sufriendo y sin entender mucho. Lo nuestro no es una cruz, es un regalo al fin y al cabo, porque sacará lo mejor de nosotros. Yo sé que sacará lo mejor de María, que tiene que servir para el mundo. Y Agustinillo… es una vida rota, y esa no es problema, esa se va al cielo directa.

¿Cómo fueron esos días?

Recuerdo cómo rezaba con Agustín. Le ponía la cruz en la mano y le decía “Cristo cuenta contigo, pero nosotros también, Agus. Si puedes, aguanta”. También contamos con nuestros amigos y comunidad. Celebramos la Eucaristía en la UVI. El sacerdote le puso en sus labios una gotita de la sangre de Cristo. Fue impresionante contemplar toda la vida de un Dios en mi marido en coma.
Y ahora…

Agustín tiene amnesia. No se acuerda de quién es, de su historia. Él, un abogado brillante, con una cultura extraordinaria, muchas habilidades sociales y de fe profunda… Y no sabe quién es. Ni recuerda su experiencia de Dios… Qué poco somos… Y aún así, ¡toda una vida! Me tiemblan las piernas pensando: “Señor, ¿cómo hago para que vuelva a saber de Ti?”.

¿A qué te agarras cuando te mira y no te ve a ti?

La cruz es y está. Es duro que no me reconozca. Es un sufrimiento que le pregunte a mi hija quién es. Pero Cristo está. Le pido consuelo y responde. Es una oportunidad para volver a construir lo que no estaba sólido. Uno mi cruz a la de Cristo para la salvación del mundo. Fuera hay verdaderas cruces. No la mía. A Dios le pides ayuda y te devuelve tarea. Pero gozosa. Nuestro precio, nuestro salario es ese.

Rocío Solís

Artículo originalmente publicada por Alfa y Omega

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