Conversiones tumbativas y conversiones evolutivas

Recibió la Primera Comunión esta Pascua

Un fallo renal, un hermano que se convierte, la burla de un pastor… y Vivien se hizo católica

Hay conversiones tumbativas y conversiones evolutivas: esta joven de Minnesota necesitó tiempo y mucha reflexión para dar el paso.

Actualizado 27 mayo 2012

C.L. / ReL

Los caminos de Dios son inescrutables. En unos casos, como el de San Pablo, la llamada tira del caballo a su destinatario. En otros el recorrido es mucho más sutil.

El camino de una joven enfermera

Así sucedió con Vivien Betland, estudiante de enfermería en la Universidad de Minnesota, que acaba de incorporarse a la Iglesia católica esta última Pascua, cuando fue bautizada bajo condición (es de origen baptista) y confirmada, e hizo la Primera Comunión.

En su blog, que ilustra una imagen de Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962), ha contado el proceso que le llevó hasta ese punto.

Creció en una familia poco religiosa. Tenían Biblias, pero nunca la leían. Celebraban la Navidad y la Pascua, pero más por las vacaciones que por su significación religiosa, y nunca iban a la iglesia, salvo que su hermano menor cantase en el coro. “No diría que era atea, y mis padres sin duda no lo eran, pero no compartieron su fe conmigo ni me enseñaron nada sobre Dios. Había oído hablar de Jesús y sabía que había muerto en la cruz, pero realmente no entendía por qué ni tenía ni idea de la importancia de ese hecho. Mi madre había crecido como baptista, así que de esa forma me identificaba yo cuando me preguntaban”, recuerda en cuanto al aspecto espiritual de una infancia que fue feliz y con sus padres volcados con sus hijos.

Primera aproximación

La primera señal le vino cuando, durante la enseñanza secundaria en el colegio, en poco tiempo murió su única abuela viva y a su madre le diagnosticaron un fallo renal grave. La adaptación de su dieta provocaba continuas discusiones y la pérdida de energías que empezó a padecer cambiaron la vida en el hogar. La familia empezó a tener deudas como resultado de la situación y su padre estaba cada vez más estresado en casa, hasta que descubrieron que estaban en bancarrota.

Todas estas dificultades las pasaron sin referencia alguna a Dios ni pedirle ayuda. El carácter de Vivien comenzó a retraerse: “Me sentía sin nadie con quien hablar, muy sola. Ni siquiera me veía hablando con mis padres para contarles mis problemas adolescentes, porque ellos ya tenían sus propios problemas. El Único que lo sabía todo era el Único a quien yo no conocía. Yo no sabía que mi mejor Amigo me estaba esperando para que fuese con Él”.

Su hermano, cristiano pero anticatólico

Cuando ella estaba en su segundo año de bachillerato, su hermano comenzó a acudir con un amigo a un campus cristiano, y cuando volvió a casa en invierno le propuso a su hermana ir a la iglesia. A Vivien le gustó la idea: “Estaba en cierto modo entusiasmada. Algunas veces le había pedido a mis padres que fuéramos a la iglesia, pero siempre había alguna excusa para no ir”.

Y ella empezó a ponérselas a sí misma también cuando la invitaron del grupo dominical del templo… hasta que acudió. “¡Todo el mundo era tan acogedor! Sentí que querían que estuviese allí aunque aún no me conociesen”, recuerda. Y empezó a confiarse con ellos y a contarles sus problemas familiares: “Siempre se ofrecían a rezar por mí, y me sentía muy querida. Así aprendí sobre Dios y su amor a sus criaturas, y que Jesús había muerto en la Cruz, Él, un hombre perfecto, para que mis pecados fuesen perdonados y pudiese recobrar la relación con Él”.

Vivien entra entonces en el meollo teológico del cambio que estaba dando en el sendo de una comunidad protestante. “Me consideraba salvada porque rezaba pidiendo a Jesús que viniese a mi corazón y perdonase mis pecados, pero no permití que eso realmente me cambiara. No es que yo fuese una mala chica, pero sí era egoísta y presumida. Era animadora del equipo del instituto y vivía para ser muy popular. Siempre iba a lo mío”, cuenta.

Siguió yendo a la iglesia y al grupo juvenil, pero confiesa que no vivía mucho su fe fuera de ese ámbito, e incluso era algo “cruel” al separarse de las personas que no le interesaban para sus objetivos: “Había algunas líneas rojas que no traspasaba, pero nunca por Dios, sino para no desagradar a mis padres o estresarle aún más”.

Su hermano… católico ahora

El verano antes de graduarse, fue a una misión a México con su grupo de la iglesia, a visitar un orfanato. Allí se encontró niños que nunca podrían conocer a sus padres, u otros que les habían visto y les habían perdonado. “Pude ver que Dios estaba actuando en sus vidas y que ellos se habían rendido a Él. Había tanta alegría en sus vidas en vez de dolor, que yo quería tener eso. Fue entonces cuando decidí vivir la vida según la voluntad de Dios, y no según la mía“, explica.

La siguiente sorpresa llegó esa Navidad, cuando su hermano soltó en casa que quería convertirse al catolicismo: “¡Todos nos quedamos anonadados! Él había sido uno de las personas más anticatólicas que yo había conocido. Yo no sabía mucho del catolicismo, pero en mi iglesia baptista se enseñaba que era un error, y yo así lo creía. Creí que mi hermano estaba loco, pero si es lo que quería hacer, tampoco me importaba mucho. Luego fui sabiendo más del catolicismo, pero chocaba tanto con lo que le escuchaba a mi pastor, que no podía ser algo bueno“.

Los grandes obstáculos para Vivien eran la Eucaristía y la Virgen María. Y aunque su hermano le arguyó al respecto, no le hizo mucho caso: “Tampoco me importaba mucho: él amaba a Dios y en mi opinión eso era lo que contaba”.

El verano de 2010, Vivien fue bautizada en el río Mississippi por su pastor baptista: “Mi hermano se alegró, porque aunque yo no era católica, el bautismo borraba mis pecados. De nuevo pensé que estaba loco: el bautismo era sólo un símbolo de nuestra obediencia y nuestra fe en Cristo, pero no obraba realmente nada en nosotros“, cuenta, señalando la gran diferencia entre la idea de ese sacramento en la Iglesia católica y en las comunidades evangélicas.

Tras su bautismo, Vivien empezó a tomar su fe más en serio, y a cambiar la forma con la que se relacionaba con los demás, a rezar más a menudo y a meditar en la palabra de Dios, e incluso se convirtió en catequista de un grupo de niñas.

La burla de un pastor

En el invierno de 2010 fue con su hermano a una adoración eucarística: “Me dijo que leyera Juan, 6 y que rezara mientras estaba allí. Lo hice y empecé a comprender por qué los católicos creen que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Pero yo seguía encontrando inaceptables el bautismo infantil y el culto a María. Pero mis ojos se estaban abriendo”.

Finalmente, en el verano de 2011 decidió que no podía seguir aparcando esas cuestiones y debía estudiarlas a fondo: “Debía estudiar con mente abierta lo que realmente enseña la Iglesia“. 

Y -los caminos inescrutables de Dios- el paso final lo dio gracias a un pastor baptista. Un domingo, al llegar el momento de la comunión, dijo en torno de burla hacia la creencia católica: “Te damos gracias por este pan, que no se convierte mágicamente en tu cuerpo, sino que sigue siendo pan, símbolo de tu sacrificio”.

“El tono en que lo dijo claramente se reía de la fe católica, y aunque yo todavía negaba que el pan fuese el cuerpo de Cristo, me molestó que se riese abiertamente de la fe católica durante un servicio. Y me sentí ofendida porque eso significaba que se estaba riendo de mi hermano”, afirma Vivien.

Todos estos hechos le hicieron profundizar cada vez más en el estudio de la doctrina: elcarácter puramente simbólico que para los baptistas tenía el bautismo le chocaba, hasta que comprendió que tenía que “significar algo” objetivo.

Atando cabos

También le chocaba la mentalidad de “una vez salvado, ya estás salvado para siempre”, característica del protestantismo, porque cuando había en ella una lucha entre el bien y el mal, le quedaban dudas sobre su salvación. Tampoco entendía la oposición entre la fe y las obras que planteaba su comunidad: “La Biblia dejaba claro que ambos son necesarios. La fe católica parecía ser el único lugar donde podía encontrar algo que diese sentido a la unidad entre la fe y las obras. Cuando más lo estudiaba, más comprendía que lo católico es realmente bíblico”.

También vio cómo el capítulo 1 de San Lucas (“bienaventurada te llamarán todas las generaciones”) justificaba en las Sagradas Escrituras el culto a la Virgen que tanto rechazaba antes.

Cuando comprendió que el capítulo 6 de San Juan implicaba la presencia física de Cristo bajo las apariencias de pan, el cambio se acercó un poco más: ”Si Cristo me ofrece todos los días su Cuerpo y su Sangre, ¿cómo podía ignorar ese hecho?”.

Y por último, la necesidad de la autoridad para interpretar la Biblia, y la evidencia de que la Iglesia católica era la única que se remontaba a los tiempos apostólicos, hicieron el resto.

Fidelidad en las dificultades

El pasado septiembre se unió a un catecumenado, y en la Pascua de 2012 fue confirmada yrecibió la Primera Comunión.

“Por supuesto, mi transición no ha sido fácil”, concluye su testimonio: “Encontré mucha resistencia en mis amigos protestantes y mi antiguo pastor. Al principio me costó, pero luego comprendí que también Jesús perdió amigos y lo pasó mucho peor que yo. Y tampoco tengo derecho a quejarme. Sigo teniendo amigos, y por supuesto me ha ayudado mucho mi hermano. Ahora soy muy feliz de formar parte de la Esposa de Cristo”.

Encontró a Dios leyendo sobre el genoma

«Era atea, busqué en el budismo porque era “guay” y acabé en la Iglesia católica» 

Misty y su marido agnóstico se embarcaron en una búsqueda de la verdad. Invitaban a cenar a personas de distintas religiones y les hacían preguntas. Visitaban sus comunidades. Y estudiaban sus enseñanzas. A veces la comunidad era atractiva, pero la doctrina contradictoria.

Actualizado 22 mayo 2012

Pablo J. Ginés/ReL

“Nunca quise ser católica, ni siquiera quería ser cristiana. Cuando mi marido me convenció de que me sumase en su búsqueda espiritual hace 15 años, a través de religiones grandes y pequeñas, lo hizo sobre todo por contentarlo”, explica la norteamericana Misty en su testimonio de CatholicSistas.

“Yo llevaba viviendo más de diez años como una atea declarada, no podía pensar que existiese La Verdad, ni mucho menos que se pudiese encontrar. No podía aceptar que Dios fuese real“, recuerda del inicio de su itinerario.

A Dios, leyendo sobre el genoma

“Un día, leyendo un artículo sobre el proyecto genoma humano -yo escribía de temas técnicos- sentí la necesidad de contemplar mi mano. Lo que antes era una ingeniosa máquina de carne y hueso ahora se me revelaba como un puro milagro de la creación. Fue exactamente en ese momento: un segundo antes yo era atea; al siguiente, era creyente. Supe con absoluta certeza que sólo un diseñador inteligente (Dios) podía haber creado algo tan maravilloso como yo”.

Pero una cosa es el dios de los deístas, un relojero que pone en marcha la Creación y se retira, irrelevante en la vida, y otra cosa es un Dios personal que interviene y se relaciona con sus criaturas.

Misty tenía amigos meramente deístas, pero para ella “era impensable que Dios crease un universo glorioso, con gente asombrosa, como mi esposo, para luego retirarse. Me daba cuenta de que la belleza que llenaba de lágrimas mis ojos ya incluso cuando era atea podía interpretarse sólo como un sello personal de un Dios que ama y se deleita en su creación. Si creó la tierra majestuosa, nos dio el gozo de la música y una mente para apreciarlo, no tenía sentido que lo hiciese para darle la espalda”.

Invitando a cenar: preguntas con respeto

“Así que mi esposo agnóstico y yo empezamos a hacer preguntas a la gente que decía saber algo de Dios: los creyentes. Todos los creyentes. Cada vez que encontrábamos una persona de fe, le invitábamos a cenar y respetuosamente le asediábamos a preguntas. Visitamos sus iglesias y templos, fuimos a su culto, leímos ad nauseam sobre qué creían y por qué y cómo vivían sus creencias”.

Lo que al principio más nos atraía era el budismo, sin duda porque celebridades prominentes de Hollywood hacían de él una religión ´guay´. Pero pese a nuestros mejores esfuerzos, no pudimos aceptar que el budismo fuera verdadero”, explica Misty.

Ella y su marido habían aceptado la lógica de la postura pro-vida pocos años antes. “Incluso cuando era atea veía que se trataba de un tema de derechos humanos. Así que nos perturbó escuchar a una budista que decía respetar toda la vida pero nos describía cómo ayudaba en abortos“.

Un budismo de moral relativista

El budismo ofrecía una moral relativista: “tal cosa sólo es mala si es mala para ti”. “Esto no nos encajaba: o el aborto es malo en todos los casos porque quita una vida humana, o no es malo nunca. La idea de que la moralidad de una acción se base en que yo quiera que sea buena o mala parecía simplemente un self-service ridículo. Nos estremecía imaginar un mundo en que la gente decidiera por sí misma si matar, robar o mentir está bien o mal”.

Además, en el centro budista de su zona, cuando traían algún maestro importante, cobraban varios cientos de dólares por un retiro espiritual de pocos días. “La sabiduría de sus santos vivientes venía por lo general con un precio caro en la etiqueta”. Para el marido de Misty esto era un argumento eliminatorio: la sabiduría, la verdad, también debía ser accesible a los pobres.

A Misty no le convencía el Más Allá budista. Incluso si uno es un budista muy virtuoso y purificado, al final la recompensa consiste en renunciar a todo “yo” al entrar en el Nirvana. Para eso pueden ser necesarias muchas reencarnaciones… donde tampoco se mantiene tu “yo”, tu persona. En el cristianismo, el individuo mantiene su “yo”, su personalidad e individualidad, su ser Pedro o Susana, incluso en la unión con Dios. En el budismo, todo eso (es decir, la persona) desaparece. “Pensaba en la gente que yo amaba y me parecía terrorífico imaginar que lo que les hace ser quienes son -su alma- desaparecería“. No era atractivo.

Un mormón que amaba a Cristo

Misty, gran amante del café, hacía bromas con respecto al mormonismo, que prohibe esta sustancia por crear cierto grado de dependencia. Pero invitaron a una familia mormona a comer en casa. “Después de los budistas, era un placer poder volver a servir carne”, dice Misty. Les atraían por su sentido de comunidad y su defensa de la vida y la familia.

El padre de aquella familia mormona fue la primera persona que les habló de Jesucristo con pasión, con un amor palpable por Él.

“Tenía una relación personal con Jesús. Era como leer sobre Abraham Lincoln toda tu vida y descubrir de repente que está vivo aún, de verdad, y que personas que conoces son sus amigos”, explica Misty. Así “fue un mormón quien nos hizo dar cuenta de que la clave era Jesús“.

Misty y su marido, sin embargo, habían leído mucho sobre la historia de Joseph Smith y la fundación del mormonismo. No podían aceptar que Smith fuese de verdad un profeta de Dios.

Católicos tibios, evangélicos entusiastas

Decidieron buscar entre los amigos de Jesús: los protestantes. ¿Y los católicos? Misty tenía una compañera de trabajo católica que iba a misa cada domingo pero decía que “no necesito creer en todas esas cosas sobre Jesús; me gusta la idea de que Dios vino a vivir con nosotros pero no me importa si pasó de verdad o no“. Conocían dos jóvenes católicos que sí eran reverentes con su fe, pero muy silenciosos, no hablaban de ello.

En cambio los evangélicos que conocían eran entusiastas, les invitaban a eventos, les acompañaban y acogían en cuanto cruzaban la puerta de sus locales y antes. Por el contrario, aunque decidieron acudir varias veces a misas católicas, nunca nadie en misa les recibió, les acogió ni se presentó a saludarles. “De hecho, una vez que nos acercamos a un sacerdote para plantearle si podíamos hacerle preguntas sobre la fe nos dijo, gruñendo: ´llamad a la diócesis´“, recuerda Misty.

En Fairfax, Virginia, vivieron por primera vez lo que era una Pascua vibrante, intensa, en una congregación evangélica “ardiente” (que, detalla Misty, hoy ha abandonado la Iglesia Episcopal). “Te sentías como en un concierto de rock, era gente gozosa por ser cristiana”, reconoce.

Cada pastor, una doctrina distinta

Gran sentido de comunidad, como los mormones. Pero, ¿y la doctrina? Invitaron a comer a muchos pastores distintos… y cada uno enseñaba una doctrina distinta, aunque todos decían estar “basados en la Biblia”. Un pastor episcopaliano les decía que el aborto nunca es aceptable; otro les decía que a veces sí. Lo mismo con la ordenación de mujeres, el matrimonio de divorciados, etc…

“Cuanto más leíamos de Historia del Cristianismo, más nos dábamos cuenta de que las iglesias protestantes habían cambiado La Verdad por lo que fuese culturalmente aceptable en su época. Y si La Verdad existía, sabíamos intuitivamente que no se decidía por comité”.

Católicos, como los primeros cristianos

Así pasaron a estudiar la historia del catolicismo. “Leímos que los primeros católicos, apenas 100 o 200 años después de Jesús, ya creían en la Eucaristía como el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús; creían en el bautismo de niños. En la confesión, el purgatorio, el infierno. Estaban contra el aborto y, sí, también contra la anticoncepción. Vimos que el canon de la Biblia se recopiló porque los libros apoyaban la tradición oral de la Iglesia, y no al revés”.

Esa consistencia histórica, el conservar las doctrinas, les llevó al catolicismo a pesar de los ejemplos poco inspiradores de católicos que conocían.

Ellos habían estado dispuestos a seguir La Verdad donde estuviese: a raparse el pelo con los budistas o mudarse a Utah con los mormones. Y descubrieron que el catolicismo es exigente: “¿nunca más mentir?; ¿nunca más chismorrear?, ¿ir a misa cada domingo después de muchos años de dedicarlos a dormir?, ¿renunciar a la anticoncepción por la regulación natural de la fertilidad?”

Lo hicieron, convencidos de que para rendirse a Cristo tenían que rendirse a las enseñanzas de Cristo en la Iglesia.

Jesús estuvo siempre ahí, conduciéndonos por este camino, asegurando que tuviésemos la gracia para encontrar la verdad, aceptarla y vivir según ella”, concluye Misty. Actualmente vive en Alaska cuidando y educando a sus cinco hijos en casa.

 

Criterios de autenticidad de las apariciones y revelaciones

De la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 1978                       

El Vaticano publica en su web los criterios de autenticidad de las apariciones y revelaciones 

Ayudará a juzgar «presuntas apariciones y revelaciones, mensajes, locuciones y fenómenos extraordinarios». 

Actualizado 23 mayo 2012 

ReL

La Santa Sede ha publicado en su sitio web un documento que contiene los criterios para discernir la autenticidad o no de apariciones, revelaciones personales y otros fenómenos extraordinarios.

Se trata de la primera versión oficial en español de estas normas que fueron aprobadas en 1978 por el Papa Pablo VI pero que fueron conocidas sólo en la versión original latina en medios especializados.

Estas “Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones” es un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe y llevan la firma de los entonces prefecto Cardenal Franjo Šeper y del secretario, el sacerdote dominico Jérôme Hamer.

El documento vaticano se encuentra en la sección de «Documentos disciplinares» de la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo el título «Normas sobre el Modo de Proceder en el Discernimiento de Presuntas Apariciones y Revelaciones».

Para leer el documento pinche aquí.

Asimismo, aparece publicada en la página web del dicasterio vaticano un “Prefacio” a las Normas firmado por el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal William Levada.

Para leer el Prefacio pinche aquí.

“Satanás, sal de ese cuerpo”

José María Zavala le ha echado audacia y acaba de completar una atrevida y pionera aproximación testimonial al fenómeno de la posesión diabólica y al combate agotador que libran contra ella los exorcistas. Lo cuenta Carmelo López-Arias.

Si la fe es creer lo que no hemos visto… los exorcistas no la necesitan. No, al menos, para afirmar que el demonio existe. Reciben sus salivazos, en ocasiones sus golpes, padecen sus intentos de manipulación. Le ven actuar. Le miran a los ojos.

En ocasiones son como “dos braseros”, es fuego lo que despiden. Lo atestigua el capuchino Matthieu Girard, exorcista de Besançon (Francia), que solía llevar a personas incrédulas a que le ayudasen a sujetar al poseído.

Así lo hizo en el caso que recoge José María Zavala en Así se vence al demonio (LibrosLibres). La mirada incandescente era casi lo de menos. A los fibrosos acróbatas de una troupe circense a la que el padre Matthieu pidió auxilio les espantó bastante más que doce de esos atletas apenas pudiesen sujetar al suelo a un empresario cincuentón, padre de tres hijos, que años atrás había pactado con el diablo entregarle su alma a cambio del éxito en la vida.

El diablo -Roma no paga traidores- le retribuyó, pasado el tiempo, con un dolor de espalda brutal al que ni los mejores traumatólogos encontraban causa. Hasta que alguien le sugirió acudir a un exorcista. ¡El agua bendita halló la causa enseguida!

La carcajada de la bestia

Minutos después, el poseso se elevaba por los aires y arrastraba con él a seis hombres volando por la habitación casi como sobre una alfombra mágica. Ni uno solo dejó de pasar aquella noche por el confesionario.

Otras veces “la persona poseída cierra los ojos durante el exorcismo”, aclara el padre Salvador Hernández, exorcista de la diócesis de Cartagena, al autor: “Pero al abrírselos, estando en trance, las pupilas aparecen dilatadas hasta el punto de abarcar todo el ojo. En otras ocasiones, los ojos están completamente en blanco”.

Zavala ha entrevistado a varios exorcistas, que le han contado cómo es el día a día de un sacerdote consagrado a sacar del cuerpo de una persona el o los demonios (a veces decenas de ellos) que lo han invadido.

Uno de ellos es Gabriele Amorth, probablemente el más célebre del mundo, porque lo fue en la diócesis de Roma. Y cuenta dos casos muy interesantes porque el mismo Juan Pablo II llevó a cabo el rito: a una joven en 1982 y a otra en 2000.

Incluso el Karol Wojtyla de la plenitud de su edad, recién llegado al pontificado y aún físicamente poderoso, quedó “impresionado” con lo que vio hacer a Francesca cuando comenzó el exorcismo en su capilla privada del Vaticano.

Lo terrible es que en ninguno de los dos casos la intervención del mismísimo sucesor de Pedro resultó suficiente. Francesca necesitó cinco años más de exorcismos hasta quedar liberada. En cuanto a la segunda chica, de 19 años, poseída desde hacía siete, el papa alivió su situación, pero tuvo que escuchar cómo, la segunda vez, la bestia infernal se carcajeaba del escaso éxito inicial de las oraciones y bendiciones.

Esto es algo que los exorcistas se preocupan mucho de recalcar: no son infalibles. No administran un sacramento, que produce su efecto por su misma virtud, sino un sacramental: el éxito de la liberación depende de la experiencia del sacerdote, de la determinación del poseído de llevar una vida de oración y virtud y de la perfección y devoción con que se ejecute el ritual.

En el caso que cuenta Lorenzo Alcina, exorcista de la diócesis de Mallorca y el más veterano de España (desde 1976), ni siquiera el bautismo, que ciertamente confirió la gracia, logró la expulsión de todos los demonios que atormentaban a una mujer peruana de 30 años a quien su madre había iniciado de pequeña en un secta satánica.

Llamas a Belcebú y viene

Cuando, advertido por un sacerdote con menor experiencia, acudió a la casa de la joven, que estaba casada con un español, se la encontró levitando. Aun en pleno trance de esclavitud corporal, conservaba el dominio de su mente. Cuando don Lorenzo le ofreció recibir de inmediato el agua redentora -no estaba cristianada-, ella aceptó.

“Bautizarla y que dejase de gritar y levitar fueron una misma cosa”, le explica a Zavala. Pero el problema no acabó. Ambos sacerdotes estuvieron practicándole exorcismos de una hora dos veces por semana durante ocho meses.
La mayor parte de los casos que recoge este libro tienen que ver con el juego insensato con los cultos satánicos, el espiritismo (la güija sobre todo) o la magia negra. Llaman a Belcebú, y Belcebú viene. Y, cuando viene, es complicado echarlo.

Gaetan Kabasha, joven sacerdote centroafricano, relata que en su país es frecuente que algunos recurran al diablo para encontrar diamantes o para subir en la escala social, o que practiquen la brujería con animales para hacer daño a una persona.

Una señora a la que exorcizó había empezado a notar los asaltos diabólicos cuando su marido, un militar con quien había ido a Sudán a consagrarse a Satanás para ascender en el Ejército, dejó de cumplir los maléficos términos del pacto.
Y el padre Brendan, un neoyorquino de origen irlandés que lleva un cuarto de siglo expulsando demonios y es un experto en sectas satánicas, advierte de otro riesgo similar: las invocaciones a Lucifer, explícitas o implícitas, de algunas bandas de rock.

Ahora bien, si estremecedor resulta escuchar a los exorcistas, lo es más aún conocer el testimonio de los poseídos.
A través del padre Salvador, Zavala ha podido conocer una multitud de casos en los que las víctimas, con la intención de ayudar a quienes pueda estar en peligro, nos hacen partícipes de su desgracia pasada o presente y de cómo la superaron.
Manuel, empresario que tiene hoy 41 años, vivió doce asaltos terribles entre febrero y abril de 2009, peleas en las que reconoce que disfrutaba con la “pelea barriobajera” que libraba contra el crucifijo exhibido por el sacerdote.

Había llegado hasta ese punto a raíz de unas enfermizas relaciones con mujeres mayores que le condujeron a una obsesión destructiva. Rompió su matrimonio y se separó, y puso en peligro su negocio. Y de ser una persona religiosa, pasó a sentir una versión irracional y lancinante a todo cuanto tuviera que ver con Dios o con la Iglesia.
La convicción de haber sido víctima de un mal de ojo y una infestación diabólica le hicieron buscar una salida tras otra, hasta que, en compañía de unos amigos y de don Salvador, acudieron a Fátima a implorar remedio.

En una capilla de la Virgen del Carmen tuvieron lugar los últimos exorcismos, y ante un cuadro enorme de la Madre de Jesús gritó un “¡Renuncio!” desde sus entrañas que expulsó de su cuerpo al último diablo. “Pido a Dios que nadie más caiga en el gran error de pensar que el demonio no existe”, concluye Manuel su testimonio.

Para sor María del Rosario, de 32 años, religiosa desde hace doce, el combate continúa, como prueba viviente de que el claustro no es una barrera absoluta. Recibió a Zavala en presencia de la hermana Inés, testigo de la veracidad de sus palabras.

Ha sufrido ataques diabólicos durante buena parte de su vida: golpes, bruscos cambios de temperatura, terroríficas visiones nocturnas… “Una vez me puso haciendo el pino con la cabeza en el suelo, hasta el punto de alcanzar una perfecta rigidez corporal”.

La mano que meció la cuna

En su caso no hubo coqueteo con el maligno. Más bien es el maligno quien ha querido apartarla de la vida consagrada, atacándola solo en el convento y dejándola tranquila en casa de sus padres e incluso en la iglesia de su pueblo. Y ha intentado boicotear con violencias terribles su apego a los sacramentos y su amor a María.

El padre Salvador tuvo que atarla, mientras tres personas la sujetaban, durante todas las sesiones del exorcismo. Él rezaba “y ella se retorcía, duplicando sus fuerzas”: “Todos los exorcismos eran distintos, pero igual de impresionantes”, resume sor Inés. En uno de los últimos vomitó sangre durante el ritual, hasta que una visión de la Virgen fue precursora de la victoria final. Que es victoria, aunque aún requiere de vez en cuando repetir las bendiciones. Se siente libre, y los asaltos que aún padece los ve como un regalo del Señor: “¡Me hacen humilde y obediente!”, exclama.

Es la predilección de Satán por las almas más inocentes, en su intento de corromperlas.

Ricardo tenía solo 20 meses cuando empezó a dormir mal, a padecer de los nervios y, en consecuencia, a adelgazar. Pero los médicos no encontraban nada raro. Sus padres decidieron entonces instalar una cámara en la habitación para monitorizarle.

Elena y su marido supieron lo que es el horror cuando vieron claramente un brazo junto a la cuna del niño, cuando le grabaron suspendido en el aire como si alguien le introdujese en la cama… o cuando entraban en el cuarto y lo encontraban como jugando con alguien. “Tá ahí”, decía el pequeño cuando le preguntaban por su compañero de juegos. Y señalaba con el dedo un oscuro e inquietante rincón.

También el padre Salvador acudió en socorro de esta familia. El crío reaccionó como loco en cuanto le acercó la cruz y el agua bendita, y se le llenó el cuello de granos. Esta vez, Deo gratias, la lucha fue corta. El maleficio que -descubrieron luego- habían practicado contra ellos unos malos vecinos fue vencido con rapidez.

Lo decisivo fue el rosario que rezaron los padres de Ricardo en su habitación, con el niño delante. Para que no haya dudas de quién aplastará la serpiente y dónde reside la fuente de toda esperanza.

¿Milagro en Valencia?

Por intercesión de Vicente Garrido Pastor 

Una madre de familia se cura de forma inexplicable de un cáncer por el que le daban 10 meses de vida. 

Actualizado 18 mayo 2012 

Avan

La delegación para las causas de los santos del Arzobispado de Valencia ha iniciado el estudio de un “posible milagro” atribuido a la intercesión del fundador del Instituto Secular de las Obreras de la Cruz, el sacerdote valenciano Vicente Garrido Pastor (Benaguacil, 1896- Moncada, 1975), cuyo proceso de beatificación se instruye actualmente en Roma.

La “posible gracia” obrada por el Siervo de Dios Vicente Garrido Pastor corresponde a una curación “inexplicable” de una madre de familia, de Albacete, a quien le fue diagnosticado en 2003 un “adenocarcinoma de endometrio, estadio IVB, por afectación metastásica en cadera derecha” con una esperanza de vida de 10 meses, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la delegación.

Sin embargo, transcurridos ocho años, “y después de numerosos controles y valoraciones médicas por parte de especialistas oncológos de varios hospitales”, en 2011, los últimos informes y pruebas realizadas constataron la “remisión completa” del tumor y la “ausencia actual” de la enfermedad, según las mismas fuentes.

La mujer en la que se obró el “probable milagro”, que cuenta con una hermana perteneciente precisamente al Instituto Secular Obreras de la Cruz, “se encomendaba a su fundador”, el Siervo de Dios Vicente Garrido, “a quien rezaban y rezan y le guardan enorme devoción”.

El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, ha presidido esta tarde, en Palacio Arzobispal, la constitución del Tribunal que se encargará de recoger la documentación, pruebas médicas y testificales para “examinar y probar la existencia de este hecho milagroso”. según fuentes de la delegación que lleva varios años investigando en esta causa.

Una vez transcurrido el periodo de estudio del “presunto milagro” en la fase diocesana, el Tribunal ahora creado, formado por sacerdotes, médicos y peritos, remitirá la documentación a la Santa Sede para “que continúe allí el proceso” . En ese caso sería valorado por el congreso de médicos de la congregación vaticana para las Causas de los Santos, posteriormente por la comisión de teólogos y, finalmente, por la de Obispos y Cardenales, que remitirían y presentarían la documentación al Papa, quien promulgaría el “decreto de milagro”.

Al tratarse de una “causa de virtudes”, “para llegar a la beatificación se requiere la aprobación de un milagro”, según las mismas fuentes, que han añadido que “si éste llegara a su fin vendría de inmediato su declaración como beato”.

El proceso de beatificación de Vicente Garrido Pastor fue abierto el 12 de junio de 1990 en Valencia y clausurado el 14 de septiembre de 1999, en Moncada (Valencia), en donde falleció. Más tarde, el 20 de octubre de 2000, la Congregación para las Causas de los Santos concedió el “decreto de validez de dicho Proceso instruido en la Curia Eclesiástica Valentina” pasando en ese momento a ser instruido en Roma.

El Instituto Secular Obreras de la Cruz

El 13 de febrero de 1934, “el entonces joven sacerdote valenciano Vicente Garrido, que venía trabajando incansablemente en el apostolado seglar femenino, reunió en Burjassot a un grupo de mujeres para dirigirles un retiro espiritual”. Cuatro meses después, “consiguió la aprobación de los estatutos de una sociedad civil, denominada «Sociedad Amor Cristiano», que vendría a ser el germen del actual Instituto”, han añadido.

Desde entonces, han trabajado en la promoción, formación y evangelización de las mujeres, y en numerosos pueblos y ciudades crearon talleres para su formación y promoción laboral. Ahora, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de este Instituto Secular, han adaptado su servicio a las necesidades del momento presente y en la archidiócesis de Valencia dirigen tres centros para mujeres en riesgo de exclusión social, e inmigrantes, transeúntes o con problemas familiares, en Sagunto, Museros y en Valencia.

Además, las Obreras de la Cruz han impulsado otros proyectos solidarios en Chile y Bolivia, y están presentes también en Rwanda. Igualmente, el Instituto asume otras acciones, como el impulso de los ejercicios espirituales, la colaboración parroquial y el apostolado social obrero.

Las Obreras de la Cruz “viven el carisma de la consagración secular en el entramado de la sociedad” y ejercen su apostolado “desde la profesión, tareas y obras apostólicas”, han añadido.

 

Santo secuestrado o santo arquitecto

Bosco Gutiérrez Cortina, arquitecto

“Es más fácil ser santo secuestrado que santo arquitecto”

TERESA GUTIÉRREZ DE CABIEDES 

16.MAY.2012

Su historia ha llenado de asombro a auditorios de todo el mundo y se extiende viralmente a través de Youtube. Ahora también pasará a la historia de la literatura épica gracias a 257 días. Bosco: la historia real de un hombre que no se dejó vencer por el miedo (José Pedro Manglano, Planeta, 2012). Durante el simbólico tiempo que dura un embarazo, su alma de arquitecto se enfrentó al reto más grande de su vida: edificar un espacio interior lo suficientemente sólido como para convertir un zulo físico y mental en el palacio de la felicidad.

– El secuestro que padeció, gracias al final feliz, es novelesco como poco. ¿Por qué ha cedido su voz a otro para que construya el relato?

– Soy arquitecto y no escritor. No tengo la estructura mental ni la pluma de quien ha firmado este relato. También era necesario que alguien con otra perspectiva pudiese ensamblar en un hilo narrativo la multitud de recuerdos y material archivado que conservo.

– Durante cuatro meses de cautiverio vivió la desnudez radical. Y desde que decidió contar su historia, también vive una desnudez biográfica. Con este libro, ¿queda alguna morada secreta para usted y su familia?

– En mi familia hay quienes no traspasaron el muro del sufrimiento y no quieren volver a oír hablar de mi secuestro. Este libro, además, aporta fotografías que hasta ahora eran inéditas. Eso puede doler, pero yo no quiero guardarme nada. Siento que he podido construir una metodología de supervivencia que debo comunicar: tengo un compromiso de deudor.

Re-construir la existencia

– Su secuestro se resolvió sin el pago de un rescate. Más aún, con sus propias manos abrió una puerta trasera en los planes de los secuestradores: se escapó. ¿Con quién contrajo la deuda?

– Con todos los que rezaron por mí y me sostuvieron. Cada vez que cuento lo que sucedió es como si fuera ante un comité de accionistas y les dijera: “Vengo a rendir cuentas de la inversión”.

– Con sólo 34 años, Dios le arranca los planos de su vida y le sugiere que en vez de arquitecto ocupe la silla del delineante. ¿Por qué no se rebela?

– ¡Claro que me rebelé! Pero en un momento determinado tuve que optar: o no creo en Dios o creo en él con todas las consecuencias. Si Dios es mi padre, no puede querer nada malo para mí. La oscuridad y el sinsentido se convirtieron en una oportunidad única.

– Leyendo su historia, da la sensación de que logró encontrar una especie de pátina resbaladiza por la que su fortaleza psicológica y espiritual era impenetrable.

– Cuatro días antes de ser apresado, corrí una maratón. Después, en el zulo, corrí cuarenta y dos maratones estáticas, en el mismo pedazo de suelo. Mientras corría, rezaba por quienes amaba, sabiendo que ellos también oraban por mí. Me hice un atleta de la oración y, sí, Dios me regaló ser impermeable.

– Las ventanas convierten el paisaje real en un cuadro. En el zulo en el que fue confinado no había ventanas pero usted se dibujó paisajes panorámicos. ¿En qué medida no era un autoengaño?

– Todos los mediodías, yo asistía con mi imaginación a la Misa celebrada en algún lugar del mundo. Iba uniéndome a cada gesto, a cada palabra. En el momento de comulgar, viajaba al corazón de mi esposa, para recibir a Dios con ella. Al final, me sentía como si me hubieran inyectado un ánimo sobrehumano. ¿Era una fantochada? Más bien una cuestión de practicidad: palpaba, hasta físicamente, una fuerza espiritual innegable.

– El tiempo pasa y… ¿salen goteras en el alma?

– Procuro vivir la intensidad espiritual de aquellos días. Pero ser santo secuestrado es más fácil que ser santo arquitecto. Yo saboreé la meta. Ahora, trato de llegar al menos a un término medio: ni vivir de rentas ni tener que padecer otra situación tan dura para mantener en forma el músculo de la oración.

Los andamios de la libertad

– Usted no teme decir que estamos hechos del mismo adobe que nuestros secuestradores. Logró, de hecho, tener con ellos una relación de respeto y hasta de preocupación por su error moral. ¿Dónde trazar la linde entre la caridad extrema y el síndrome de Estocolmo?

– Yo nunca compartí con ellos ni sus objetivos ni sus métodos: desde universitario peleé duramente contra la teología de la liberación. Tampoco tuve un trato personal con ellos: más bien participaron de mi monólogo interior. Yo jamás escuché su voz. Pero mi responsabilidad era compartir con ellos la aventura espiritual que estaba viviendo.

– ¿Cómo ha influido la enorme riqueza espiritual que atesoró esos meses en su diseño de interiores?

– La Biblia de mi arquitectura es la Alhambra de Granada, que guarda la riqueza para dentro y hacia fuera muestra sobriedad. También me inspiro mucho en la tradición mexicana, que es como una mujer: más atractiva cuanto más acierta a coquetear, a dejarse descubrir poco a poco.

Contrafuertes para un mundo en crisis

– Su amor patrio ha hecho que no emigrara a un lugar más seguro. ¿Se puede dar el permiso de habitabilidad a la sociedad mexicana actual?

– Seguimos teniendo problemas urgentes que resolver. Hace poco secuestraron al hijo de un amigo mío y lo mataron. Los secuestros sólo terminarán cuando se impida pagar rescates: basta mirar las estadísticas de otros países latinoamericanos.

– La seguridad y la lucha contra el narcotráfico son las promesas estrella de la campaña electoral en México. ¿Cumplirán los políticos con sus planes de urbanismo social?

– He hablado repetidas veces con el presidente Calderón, con diputados, para que se prohíba por ley el pago de rescates. Pero no me gusta dar lecciones políticas. Yo estoy al servicio de personas que puedan encontrar en mí esperanza y ayuda ante el secuestro de un familiar.

– La familia brilla en tu historia como si fuese un hormigón indestructible, contra el que rebota la irracionalidad y el odio. ¿Cómo “exportar” este material de eficacia probada para la construcción de nuestra sociedad?

– En mi secuestro descubrí la eficacia del paso a paso. Y de no dejar de correr. Hay la oleada de contravalores que intentan destruir los pilares de la ética humana. Además, una sociedad sin Dios avanza hacia el desastre. Urge que los padres recuperemos la autoridad moral y que no nos rindamos ante la educación de nuestros hijos. Por otro lado, nunca vamos a estar lo suficientemente preparados para una acción social perfecta.

– ¿Cómo restaurar los cimientos?

– Hay un libro de filosofía tolteca, de los indios mexicanos, que brinda Los cuatro acuerdos: “Sé escrupuloso con tu palabra; no te tomes nada personal, ni las alabanzas ni las ofensas; no hagas suposiciones: vive intensamente el día a día; pon lo mejor de ti cada día”. Qué sabiduría más útil, ¿verdad?

Poco antes de ser secuestrado, el arquitecto Bosco pronunciaba una conferencia en Los Ángeles, en la que sentenció: “La arquitectura es más que un espacio donde vivir. La buena arquitectura es la que surge de un profundo pensamiento, de un silencio, del estudio de la luz y de la sombra, del conocimiento ante cómo reacciona cada materia, de la preocupación del arte de la creación”. Durante su segundo alumbramiento, el arquitecto Bosco, entendió cada letra del título de aquella conferencia: “La riqueza del espacio interior”.

@teresagcabiedes

 

Cambia al Che por Jesús

Lilian Kirsten

Una matemática atea y proaborto siente a los 47 años a Dios en un oratorio y cambia al Che por Jesús

“Me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil”, cuenta la profesora chilena en un vídeo.

Actualizado 15 mayo 2012

ReL

“A los 47 años me dí cuenta de que Dios existía. Tener que enfrentar ese cambio a esa edad no fue fácil”. Así describe su experiencia Lilian Kirsten, una profesora de Matemáticas chilena que se convirtió a la fe católica al descubrir que era hija de Dios y que le llevó a cambiar la rebeldía de su ídolo el Che Guevara por la de San Josemaría, el Fundador del Opus Dei. 

Al relatar su conversión, la matemática describe cómo toda su vida estuvo marcada por el ateísmo militante: sus convicciones eran ateas, su esposo era ateo, todos sus amigos eran ateos. “Todo lo espiritual, no existía”, confiesa. Sin embargo, en el interior de un oratorio al que había acudido al experimentar lo que ella llama un “vacío existencial”, irrumpió en ella la conciencia de la presencia del Señor que le transformó la vida y la llenó de felicidad. 

Comencé a estudiar en la décad de los 70, una época bastante agitada políticamente. Salíamos con piedras y marchas y mucho asambleísmo”, rememora ahora en la ciudad de Concepción. “El Che Guevara era para nosotros un modelo: era un rebelde que se rebelaba contra la injusticia del mundo”.

“Cuando pienso en esa época, la persona humana no tenía ningún valor. Cuando se hablaba de aborto, esa persona para mí no tenía ningún valor. Además, más chiquitita, menos valor”, revela en cuando recuerda sus años estudiantiles. “Uno es muy egosísta, muy centrada en una misma”, reflexiona hoy Lilian.

El dogma marxista de la lucha y conflicto no era sólo algo que escuchaba y sostenía ella en las aulas sino también algo que vivía en la intimidad de su hogar, con su esposo y sus hijos, situación que llevó a su familia a vivir una permanente situación de inseguridad, angustia y desencuentros.

“Había un desencanto. Hacía muchas cosas pero no les encontraba sentido. Yo podía vivir regiamente por fuera, pero interiormente tenía una rabia y un vacío interiores inmensos. Estaba viviendo muy mal. Allí es cuando aterrizas y si no tienes fe, te viene como un “vacío existencial”.

Un primer encuentro-desencuentro con San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuya imagen veía en las estampitas que tenían sus alumnas durante los exámenes (“¿Quién es este señor, que lo tienen como algo tan importante?”, se preguntaba) condujo a Lilian, finalmente, a un oratorio. Allí, de rodillas, y por primera vez,…

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