#MeToo Cuando pasé por un episodio de acoso sexual

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El acoso sexual sucede en todos los medios sociales y laborales y no solo les pasa a las mujeres, también a los caballeros quienes por paradigmas sociales difícilmente hablarán del tema.

Se ha desatado un gran escándalo en las esferas más altas del cine. Harvey Weinstein es un magnate y productor de Hollywood acusado de acoso y abuso sexual. A raíz de que este alboroto, miles de mujeres, de distintas nacionalidades, razas, creencias y entornos sociales, laborales y económicos, se han empoderado para compartir sus testimonios de acoso y abuso sexual. Testimonios que durante muchos años callaron por vergüenza, por estigmas sociales y por miedo a ser juzgadas. Para ellos emplearon las redes sociales y el hashtag #MeToo o #YoTambien.

Y es que este tipo de aberraciones y maltratos, de comportamientos amorales y animales no solo suceden en ambientes de aquel calibre social o económico. Desafortunadamente, en muchos lugares es el pan nuestro de cada día y es una práctica a la que de manera contundente y valiente debemos poner fin.

Este es un punto delicado que abordo con el mayor respeto posible. Aún hoy el sexo femenino cargamos con ese estigma de que si un hombre se nos insinúa morbosamente es porque de alguna manera nosotros le provocamos o le invitamos a que se comporte de esa forma con nosotras. ¿Perdón? ¡Vaya excusa!

Lo que sí es importante que las mujeres entendamos es que la naturaleza de los hombres es la de ser “mirones”. Es decir, ellos son visuales. Ven una imagen y si no están educados a controlar su voluntad ni su imaginación, a dominar sus instintos y pasiones se prenderán de inmediato. O quizá si lo están, pero en ese momento en que la tentación se les presenta pasan por un momento de debilidad y caen.

Aclaro, esto no para justificarles, sino para que las damitas sabiendo esto seamos prudentes y sepamos poner límites sanos. Y, sobre todo, para que eduquemos a nuestras hijas a vivir, a vestir, a comportarse de una manera elegante y de acuerdo con su dignidad de mujer.

Es decir, tanto hombres como mujeres hay que vestirnos y comportarnos de la misma forma en que esperamos ser tratados, con dignidad y respeto.

Esto no quiere decir que, si una mujer se viste o actúa de una manera que pueda ser malinterpretada por un hombre, éste tenga el derecho de faltarle al respeto, ni con miradas sucias, ni con palabras e insinuaciones denigrantes. En ninguna circunstancia este tipo de “porquerías” pueden ser toleradas.

Todos tenemos ese noble deseo de aspirar a más, de encontrar salidas cuando la vida nos cierra caminos, pero nada justifica el denigrarnos para lograr nuestros fines, por muy nobles y buenos que estos sean, ni de aceptar propuestas “cochinas” -sucias- con tal de que alguien más nos ayude a lógralos.

Hay muchas personas que pasan por verdaderas necesidades y si a eso le aunamos una crisis personal donde la baja autoestima y el ego lastimado está haciendo de las suyas, donde el miedo es más fuerte que la esperanza y el amor propio, ya sabremos el resultado final. El único “ganador” será el buitre acosador si logra salirse con la suya.

Hace años a mí me sucedió algo parecido. Quizá eran otros tiempos y nunca había estado expuesta a peligros como el acoso sexual ni a insinuaciones maliciosas. Tenía 20 años y estudiaba en la universidad. Las matemáticas nunca fueron mi fuerte y era la única asignatura en la que obtenía un promedio muy bajo. Estudiaba y hacia tareas en grupo, tomaba clases particulares con el profesor que me daba la materia -tanto en su casa como en su oficina- para poder pasar la materia, aunque fuera con el mínimo requerido, pero nada más llegaba la hora del examen y tronaba. Horas y horas de estudio, esfuerzo y trabajo no se veían reflejados. Estaba desesperada. No podía terminar el semestre con una materia reprobada. En mi casa me matarían, de burra y fracasada no me bajarían. Y no se diga lo carísima que salía la colegiatura. Era hija de familia y universitaria donde mi única obligación era estudiar y no estaba cumpliendo con las expectativas que tenían de mí.

Hasta hoy soy muy penosa para pedir favores. Lo hago, pero me cuesta muchísimo trabajo. Pero un día me armé de valor, dejé mi pena a un lado y fui a hablar con el profe. Le expuse mi situación. Él se daba cuenta del esfuerzo que yo había hecho durante el semestre y le pedí que tomara en cuenta todo ese afán que había visto y que me dejara hacer trabajos extras para poder nivelar mis calificaciones, tantos como él quisiera. Que me pidiera hacer cualquier cosa, pero que me echara la mano para no reprobar la materia porque en mi casa me matarían con regaños.  Él me escuchaba detenidamente, me observaba y luego me preguntó: “¿Te puedo pedir cualquier cosa?” Y yo, inocente de cualquier mala intención y feliz de que quizá hubiera una oportunidad de que me apoyara, le contesté que sí, que me permitiera hacer todos los trabajos que él viera convenientes, que me dejara hacer la investigación más difícil, las tareas que él me pidiera yo se los presentará de una manera muy profesional con tal de que todo me lo acreditara y no reprobar la espantosa materia de matemáticas.

Su respuesta fue un tajante y doloroso no. Me dijo que definitivamente no me podía ayudar y que nos veíamos en el examen final. Ni hablar… Le di las gracias y me salí de su oficina toda triste y asustada pensando en la decepción que se llevarían en mi casa por no pasar mate.

Me presenté el día del examen sabiendo que no lo pasaría, pero era preferible estar ahí y sacar una baja calificación que no estar y sacar un rotundo cero por no presentarlo. Obviamente, cuando me pusieron el papel en el escritorio y vi todas aquellas ecuaciones integrales, derivadas, factoriales, etc. me solté llorando de la frustración. Me sentía como un niño de pecho quien berrea de hambre y le dan de comer carne, impotente y sin salida. Hacía mi mejor esfuerzo por contestar, aunque fueran tarugadas con tal de no entregar las hojas en blanco. En eso, se me acerca el profe y me escribe una nota en mi examen: “Hoy a las 6”, a la vez que me susurró al oído que me hiciera tonta y siguiera contestando. En ese momento sentí que el cielo de la esperanza se me habría. El profe me pedirá hacer trabajos extras y con eso podré pasar las mates, pensé.

Ahí estaba, puntualita a las 6 para la cita con mi expectativa la cual era aprobar la asignatura a cambio de trabajos de investigación. En cuanto me vio me dijo que nos fuéramos de ahí porque ya había terminado su día laboral y me pidió le llevara a su casa porque no traía auto.  A mí no me pareció nada fuera de lugar porque ya antes le había llevado, además de que varias asesorías yo las había recibido tanto en su casa como en su oficina.

Yo vivía en la ciudad y la universidad se encontraba fuera de ella y dentro de un pueblo pequeño, muy colonial, lleno de iglesias, donde los residentes en su mayoría son profesores y estudiantes universitarios. Él vivía en ese pueblito. Íbamos rumbo a su casa, camino que yo conocía, pero no tan bien cuando me señala que me vaya por otra vía porque la avenida que nos llevaba directo estaba cerrada. Le hice caso. Seguía al volante mientras le daba las gracias por haber accedido a ayudarme. Todavía le dije que sabía que eso le provocaría hacer un trabajo extra, todo por mí, que le estaría eternamente agradecida y nunca olvidaría su favor. Mis ansias de saber que trabajo me pediría no cesaban. Continuamente se lo preguntaba y él solo me respondía: “Paciencia. Ahora lo sabrás”. Yo sentía la emoción de un niño chiquito al que le espera una gran sorpresa.

Manejaba, manejaba y manejaba por caminos nuevos para mí. Ya comenzaba a oscurecer. Seguro no pasó tanto tiempo, pero a mí se me hizo eterno. Yo solo confiaba en que el profe conocía por donde andábamos y cuál era la otra ruta hacia su casa. No tenía porqué desconfiar de él.

De repente me dice: “Estaciona el auto aquí porque ya te voy a decir qué es lo que te voy a pedir”. Era un lugar sin luz, en medio de la carretera donde no pasaba ni un alma. Tonta e ingenua de mí. Lo que en ese momento creí es que como no estaba permitido eso de dejar proyectos finales para balancear las calificaciones, él no quería que nadie le viera y por eso me pedía estacionarme en ese camino tan solitario. Pero como era yo -y sigo siendo- de imprudente y espontánea, le dije: “¿Neta profe? Nel, aquí no me paro porque no se ve que pase nadie y corremos el riesgo de que nos asalten y si lo hacen a usted lo verán tan frágil que capaz que la que lo tiene que defender soy yo. Mejor vámonos a un lugar con luz y donde pasen más autos”. Y así lo hice. Manejé hasta encontrar un lugar donde se viera más vida.

Me estacioné. No podía esperar más a que el profe me mostrara la lista de trabajos y proyectos escolares que tenía que presentarle en menos de 15 días, porque él tenía ese plazo para presentar calificaciones finales. Por fin comenzó a hablar: “Quiero que sepas que he meditado seriamente en lo que te voy a pedir a cambio de que pases mi materia. Desde el primer día que entraste a mi clase, desde que te conocí me enamoré de ti y no ha pasado un segundo que no piense en ti como mujer. Quiero pedirte que pases un momento de intimidad conmigo…”

En cuanto escuché sus primeras frases el mundo se me vino encima. No podía dar crédito a lo que escuchaba. Paré en seco su nefasta propuesta. Tomé aire y me encomendé a Dios. Le dije que le pedía perdón si es que yo, por mi necesidad de tener buenas calificaciones en mi carrera y de pasar esa materia, le había mandado un mensaje equivocado, pero que mi dignidad no tenía precio, que no estaba dispuesta a aceptar sus proposiciones asquerosas y prefería reprobar. Todavía el tarado me pregunta: “¿Pues qué pensabas que te iba a pedir a cambio?” “¡Trabajos, investigaciones, tareas, muchas tareas!-  le respondí- ¡Pero jamás esto que me está pidiendo!”.

Ahí, en medio de la nada le pedí que se bajara de mi auto. En ese momento quiso arreglar lo que había hecho y me insistía que me amaba bien, que quería tener una relación sería conmigo, que le diera una oportunidad de demostrarme su amor, de conquistarme para que yo me diera cuenta de lo que era capaz de hacer por mí.

Le contesté que conmigo se había equivocado y que si de verdad deseaba tener una relación seria con cualquier otra mujer, estaba eligiendo el camino incorrecto.

“¡O se baja o le bajo!”, le repetí. “¡Fuera de mi auto! ¡Me da asco y jamás en mi vida quiero volver a saber de un ser tan asqueroso como usted! ¡Grave error cometió conmigo! ¡Lástima que quizá si ha habido estudiantes que hayan caído a sus proposiciones por no perder una beca u otra necesidad! Yo también estoy necesitada, pero mi persona no está a la venta!”

El camino de regreso a mi casa era largo. Tuve tiempo para llorar, enojarme y reflexionar sobre ese momento de pesadilla que acababa de vivir.

Primero me sentí sucia, culpable y responsable de haber sido yo quien había provocado de esa manera a ese señor. Y es que claro, cumplía con todas las características, los atributos para que a una mujer se le tachara de “ofrecida y facilita”. Era guapa, delgada, inteligente -menos para las matemáticas-, abierta, segura, bromista, muy amiguera, súper cariñosa y servicial. Me vestía y me arreglaba muy “cool”, pero jamás vulgar ni provocativa. Al contrario, moderna, pero elegante. Digamos que una personalidad como la que se tiene a esa edad, encantadora, que llamaba mucho la atención y despertaba la envidia de otras mujercitas quizá no tan seguras.

También me sentí profundamente “estúpida” porque eso que me había sucedido no rayaba en la inocencia, sino en la estupidez. Las señales estaban ahí, claras y yo no las vi ni olfateé nada de maldad.

Tardé días en digerirlo hasta que me animé a hablar del tema, pero solo con mi familia. Nunca tuve el valor de denunciarlo a la universidad. La culpa y el miedo me detuvieron a hacerlo… Después de todo, era su palabra contra la mía.

Además, como se habían presentado las circunstancias y cómo se había desarrollado la historia solo una tonta e ingenua no se hubiera dado de las intenciones de ese patán. Pues esa fui yo…

Decidí callar porque sabía que la universidad no me hubiera ni creído ni apoyado porque estaría en juego la reputación del plantel. Después supe de varias estudiantes a las que les había pasado lo mismo, varias de las cuales sí accedieron a sus deseos, pero no podían denunciarlo por miedo a perder sus becas.

El acoso sexual sucede en todos los medios sociales y laborales y no solo les pasa a las mujeres, también a los caballeros quienes por paradigmas sociales difícilmente hablarán del tema.

El no acceder o no aceptar ese tipo de insinuaciones o indirectas, aunque muchas veces ese tipo de sugerencias son más que directas y al grano, el no tolerar este tipo de abusos hacia nuestra persona y que eso no avance dependerá de muchos factores o circunstancias. Por ejemplo, de la fortaleza de la persona que las recibe, de cómo ande su autoestima y esté su estado emocional, de cuánto se ame, de verdaderamente reconocer su valor y dignidad como ser humano y del respeto que se tenga a sì misma.

Nuestra persona no puede ni debe ser usada como cosa ni tratada como mercancía. Tampoco tiene precio, sino un infinito valor.

¡Ah, por cierto! ¡Pasé matemáticas con 75!

El último éxito de Whitney Houston es un grito a Dios

“I Look to You” fue una expresión personal de la fe de la cantante

I Look to You es el título del tema de Whitney Houston de su séptimo y último álbum. Lanzado en 2009, el álbum llegó al lugar número 1 de los Billboards 200, volviéndose su cuarto álbum en el ranking y extendiendo su reino como artista femenina con la mayor cantidad de semanas en el número 1.

Las letras son de naturaleza espiritual y hablan de encontrar consuelo en un poder superior cuando uno se ha quedado sin fuerzas. El tono de la canción es reflejo de las luchas que Houston enfrentó en su matrimonio y la batalla contra el abuso de drogas, que finalmente la llevó a su muerte, en 2012.

After all my strength is gone – después de que todas mis fuerzas se vayan

In you I can be strong – En ti puedo ser fuerte

I look to you – Te miro

And when Melodies are gone – Y cuando todas las Melodías desaparecen 

In you I hear a song – En ti escucho una canción

I look to you – Te miro

La melodía fue escrita por R. Kelly, quien interpretó la canción en el funeral de Houston. También estuvo en un segundo lanzamiento de I Look to You para el álbum póstumo Greatest-Hits de HoustonI Will Always Love You –The Best of Whitney Houston. El segundo lanzamiento fue un dúo, que incluyó canciones previamente no utilizadas que Houston grabó durante sus sesiones de estudio en 2008.

En una de las fiestas para el lanzamiento de I Look to You, Houston describió por qué eligió nombrar el álbum como la canción:

“En los últimos años espiritualmente, esta canción dice todo lo que he querido decir. Hay momentos en la vida cuando pasamos por ciertas situaciones – algunas no tan buenas. Tienes que alcanzar una mayor fuerza, tienes que llegar a lo más profundo de ti mismo, pasar tiempo contigo mismo para hacer algunas correcciones que van más allá de tu propia comprensión y apoyarte en una comprensión superior, para mí la canción lo pone todo en la mira. Si no tuviera mi fe, hoy no sería tan fuerte.”

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Will Smith, ¡qué grande!

 

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El actor y cantante tuvo unas palabras de apoyo para José André, el “niño prodigio” boliviano que es ciego y toca jazz al piano

El famoso actor y cantante estadounidense Will Smith sigue haciendo propio el consejo de su personaje protagonista de “En busca de la felicidad”: “No dejes que nunca nadie te diga que no puedes hacer algo”. Si en el filme de 2006 se dirige a su hijo (que en la realidad también lo es, Jaden Smith), esta vez ha animado nada menos que a José André Montaño, el niño boliviano de Cochabamba que con 12 años de edad da conciertos de jazz y está considerado ya un fenómeno.

El joven pianista se encuentra estos días en Italia y Finlandia para dar cumplimiento a su agenda de compromisos. Desde Helsinki, este jueves envió a sus seguidores este mensaje de Facebook“Muy feliz por haber conocido a una persona tan increíble como Will Smith!Fue un placer querido amigo, tienes un gran corazón!!! Me siento feliz por el concierto que compartí con grandes músicos y artistas! y muy emocionado por la respuesta de ese público maravilloso! Gracias #Helsinki gracias a la vida! #LoveMusic #JoseAndre #Live # Piano #WillSmith #agradecido #Música #Happy #Lovemylife”.

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Had the pleasure of meeting 12 year old jazz pianist José André yesterday. Formed his first band at 6. Dropped his first CD at 8. Performing for thousands at 12. Don’t let anything or anyone keep you from being everything you’ve ever dreamed. www.facebook.com/JoseAndre.bo/videos/835847206558342/

Will Smith publicó en su Instagram publicó unas palabras de inmenso cariño hacia este pianista de jazz: “Tuve el placer de conocer a un pianista de jazz de 12 años  José André, ayer. Formó su primera banda a las 6. Lanzó su primer CD en 8. Actuando para miles a los 12. No dejes que nada ni nadie te impida hacer todo lo que has soñado“, escribió el artista, quien adjuntó una expresiva fotografía del encuentro entre ambos.

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José André nació en Cochabamba (Bolivia) el 20 de marzo de 2005. Ciego de nacimiento, su talento musical afloró a temprana edad. Experimentó primero con instrumentos de percusión como bongos, panderos, congas y cabassa, y posteriormente se dedicó al piano.

Cuando cumplió seis años, fundó su primera banda de jazz, el José André Jazz Trío, junto con Víctor Hugo Guzmán en la batería y Andy Burnett en el bajo. En 2013 publicó su primer disco, “Ama a todos”, que incluye composiciones propias.

 

 

 

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El exorcista que está en proceso de beatificación

Formó al Padre Gabriele Amorth, y conoció al Padre Pío de Pietrelcina

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El Padre Cándido Amantini, pasionista, está más cerca de recibir el honor de los altares. El sacerdote fue el único exorcista de Roma por 30 años, formó al Padre Gabriele Amorth, y conoció al Padre Pío de Pietrelcina, quien lo definía como “un sacerdote según el corazón de Dios”.

Su muerte, acaecida el 22 de septiembre de 1992 en olor de santidad, fue recordada hace poco en el Santuario de la Sacala Santa en Roma de los Pasionistas, donde el sacerdote vivió por mucho tiempo. En este santuario hay un lugar dedicado al Siervo de Dios, donde están sus restos mortales y los devotos acuden en oración, pidiendo su mediación.

Su causa de beatificación en su fase de investigación diocesana sobre su vida, virtudes y fama de santidad fue abierta oficialmente el 13 de julio de 2012 en el Vicariato de la Diócesis de Roma, y clausurada el 25 de noviembre de 2016, durante un evento que ocurrió en la Sala de la Conciliación del Palacio Lateranense en Roma.

La fase de investigación consistió en probar la heroicidad de las virtudes del sacerdote italiano, colectando pruebas testimoniales y documentos que demuestren su santidad. Elementos que son necesario dentro del proceso de beatifican. Queda a la espera un milagro atribuido a la mediación del pasionista y su aprobación para que sea reconocido pronto como beato.

El Padre Amantini nació en Bagnolo, provincia de Grisetto, Italia, el 31 de enero de 1914, siendo bautizado el 7 de febrero con el nombre de Eraldo; y confirmado el 8 de septiembre de 1920. Su encuentro con la comunidad de los Pasionistas fue desde pequeño cuando sirvió como acólito en la parroquia de su ciudad natal.

En 1926, el 26 de octubre, ingresa al Seminario Menor de los Pasionistas en Nettuno, Roma, comenzando un par de años después su tiempo del noviciado. En esta oportunidad recibió el hábito religioso tomando por nombre Cándido de la Inmaculada. El 31 de enero de 1933, tras un periodo en el convento de Tavernuzze en Florencia, profesó sus votos perpetuos.

Regresó a Roma en 1936 donde es enviado al Santuario de la Scala Santa. En la Ciudad Eterna obtuvo su licenciatura de Teología en la Pontificia Universidad Angelicum, y fue ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1937. Se destacó por sus conocimientos de lenguas como el griego, el hebreo, el sánscrito y alemán. Por varios años se dedicó a la enseñanza del hebreo y de las Sagradas Escrituras, pero en 1961, por su delicado estado de salud, debió abandonar la docencia.

A partir de ese momento hubo un gran cambio en su ministerio sacerdotal dedicándose al exorcismo, al que llegó gracias a su hermano y alumno el Padre Alessandro Coletti, quien era exorcista en la diócesis de Arezzo. Con él empezó sus primero exorcismos, convirtiéndose entre 1962 y 1963 el exorcista oficial de la Diócesis de Roma.

Fue la oración, sobre todo el Rosario, así como la Adoración Eucarística, lo que más le daba fuerza para poder realizar este ministerio. Según relatan sus hermanos pasionistas, el Padre Cándido solía levantarse en la noche para acompañar al Santísimo durante una hora. El sacerdote también tenía una profunda devoción a la Virgen, no en vano a Ella dedicó su único libro con el título: “El misterio de María”. Allí habla del gran papel que tiene Nuestra Señora en la salvación de las almas, por eso recomendaba invocar constantemente su especial protección.

Según el ya fallecido Padre Gabriele Amorth, uno de sus discípulos -quien acompañó al Padre Amantini en este en el ministerio exorcista desde 1986- , “el padre Cándido no se enfadaba nunca, tampoco con el diablo. Satanás le temía, ¡pues vaya si le temía, temblaba ante él!”.

Con información de la Nuova Bussola, Religión en Libertad y postulazionecausesanti.it.

Contenido originalmente publicado por Gaudium Press

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Estricta necesidad

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John Henry Newman. Foto: http://www.thepapalvisit.org.uk

Un 9 de octubre como hoy, hace 172 años, un brillante clérigo anglicano de 44 años, John Henry Newman era acogido en la Iglesia católica, a la que denominó entonces «el único redil de Cristo». Sabía que al hacerlo sacrificaba amistades de toda una vida, su buen nombre en la sociedad inglesa y su propio confort personal. Y lo hacía sabiendo que en su nueva casa había muchas cosas que por sensibilidad y convicción le producían rechazo (en algún caso incluso repugnancia) y que muchos de sus nuevos hermanos le miraban ya con recelo y prevención. Su conciencia de todo esto era tal que llegó a escribir a su hermana: «me destierro a mí mismo, y a mi edad… ¿qué puede ser sino estricta necesidad lo que me mueve a esto?».

Newman culminaba así un largo recorrido en el que había alcanzado la convicción plena y tranquila de que la Iglesia instituida por Jesucristo, la Iglesia de los Padres (a los que tanto amaba y que tan bien conocía), la verdadera Iglesia, sólo podía encontrarla en la Iglesia Católica presidida por el Papa. Para Newman esto no era un mero hallazgo intelectual sino una conciencia total, de modo que su propia suerte, su propia vida, estaban en juego. La estricta necesidad de la que hablaba a su hermana Jemima se refería a su propia salvación, entendida no sólo como el premio de la vida eterna sino también como la posibilidad de vivir plenamente, libre y razonablemente, aquí en la tierra.

Reconozco que la figura de Newman se agiganta a mis ojos conforme pasan los años, y se hace aún más querida y significativa en momentos como estos, cuando tantos que se manifiestan católicos no dudan en aguijonear, sermonear y alancear a su Iglesia, siempre con razones muy ponderadas, claro está. Impresiona ver a este hombre en su plena madurez, y en la cumbre de su carrera, arriesgarlo todo para entrar en el abrazo de la madre Iglesia, de cuyas miserias, retrasos y cegueras tanto sabía. Para él «la Católica» no era cuestión de herencia ni costumbre, todo lo contrario. Era cuestión de estricta necesidad, como le pasa a cualquier recién nacido con su madre. Por eso tenía que ir a ella, tenía que entrar en ella y abrazarse a ella.

Tras aquel 9 de octubre de 1845 Newman nunca se hizo falsas ilusiones. No condicionó su fidelidad a que se produjesen los cambios que él deseaba en tantos aspectos: en el gobierno, en la formulación de la doctrina, en la relación con una sociedad que ya se descristianizaba a ojos vista, en la respuesta institucional a tantos problemas… Se implicó con denuedo en todos esos campos sin reducir jamás su libertad de palabra y de pensamiento, y sufriendo por ello acusaciones injustas, marginación e incluso campañas orquestadas. Si nos sumergimos en sus cartas comprobamos el dolor y el amor que amasaron entonces su inquebrantable filiación a la madre Iglesia. Incluso cuando ante la magnitud de las murmuraciones hubo de confiar la autenticidad de su camino al juicio de Dios: ¡Deus viderit! le dijo al cardenal Barnabó, Prefecto de Propaganda Fide.

Lo más impresionante para mí es cómo madura (en la razón y en el sentimiento) su vínculo con la Iglesia a través de una vida agitada que es casi una continua diatriba con compañeros y adversarios. Ahí germina su aguda observación sobre el triunfo y la derrota en el camino de la Iglesia a lo largo de la historia: «la Iglesia siempre parece estar muriendo… pero triunfa frente a todos los cálculos humanos… la suya es una historia de caídas aterradoras y de recuperaciones extrañas y victoriosas… y en fin, la regla de la Providencia de Dios es que hemos de triunfar a través del fracaso».

Newman podría haberse enredado en cualquiera de las mil emboscadas en que se vio envuelto, podría haber roto la baraja, o al menos, haberse mostrado resentido. Y sin embargo no. Porque aunque sus jefes fuesen con frecuencia mediocres, sus profesores lentos y sus expresiones culturales inadecuadas al desafío de su tiempo, para él era cuestión de estricta necesidad estar allí como hijo, sabiendo que no era la Iglesia la que le debía gratitud a él (que tanto le había dado) sino que su propia vida estaba sostenida y alimentada, cada minuto, por esa madre. Y por eso ante la muerte rezaba así: «… que mis gloriosos santos me sonrían, para que en su compañía y por su mediación pueda recibir el don de la perseverancia y muera tal como deseo vivir: en tu fe, en tu Iglesia, a tu santo servicio, y en tu amor».

José Luis Restán

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La experiencia de María Vallejo-Nágera en Harvard

«Necesitaba poner a prueba mis bases católicas»

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María Vallejo Nágera, en una de las clases del Máster / Bryan Panzano- Harvard

Jesús García / ReL  5 septiembre 2017

Maria Vallejo-Nagera (Madrid, España, 1964), entra en la biblioteca de Harvard con paso seguro. Es una mujer alta (¡yo diría que muy alta para ser española!), y viste una de las sudaderas de la Universidad. Pero no lo hace porque desee promocionar tal centro de estudios o porque esté de paso. Lo hace porque a sus 53 años, es una estudiante más en esta Universidad.

– María, eres una escritora de España, que lleva ya 12 libros publicados a sus espaldas, 9 de ellos best-sellers… ¿Entonces, qué haces estudiando en Harvard? ¡A estas alturas y con todo lo que debes tener que hacer en Madrid! ¿Acaso tenías tiempo como para venirte un año entero a estudiar otra vez?
– ¡Jajaja! ¡Pero si no tengo tiempo para nada!, (contesta esbozando una amplia sonrisa). Me ha costado un lío tremendo organizarme, dejar en mi casa de España todo planeado, a mi familia, mi todo… Pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Como todo lo hermoso que sucede en mi vida, esta ha sido una oportunidad más brindada por Dios en un momento clave de mi vida. Es un regalo tan grande… Estoy muy conmovida porque cuando mandé mi aplicación para entrar, pensé que era solo un sueño más que quizá no se cumpliría. ¡Pero no ha sido así! Tuve la fortuna de ser aceptada por Harvard y bueno… ¡Pues aquí estoy!

– ¿Qué estás estudiando aquí y por qué viniste?
 (María sonríe irrandiando esa luz que sólo emana de alguien que está pasando por un momento muy bonito en su vida). Mi marido y yo nos enteramos a través de un amigo de un Master muy bonito, muy profundo y también interesantísimo que  Harvard ha puesto en marcha hace 9 años para personas de nuestra edad. Se llama “Advanced Leadership Initiative”, (https://youtube.be/UlzmGOdc_7Q), y está dirigido por una de las más prestigiosas profesoras de Harvard Bussines School. Su nombre es Rosabeth Moss Kanter, y ella diseñó este programa de estudios para que personas de 50 años en adelante, pudieran volver a ser estudiantes aquí en Harvard. Su intención era preparar aún más, a profesionales que ya tuvieran una carrera larga laboral a sus espaldas, prepararles en el otoño de la vida para ayudarles a elaborar un proyecto que mejorara el mundo de alguna forma. Ella lo llama “programa de Harvard para hacer de este mundo un mundo mejor”.

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María Vallejo Nágera, en Harvard, institución en la que está estudiando un Máster en estos momentos

-¿Y lo está consiguiendo contigo?
– (Risas) ¡Eso espero! El proyecto que yo he diseñado gracias a este programa se  llamará “Barrotes de luz”. Lo estoy elaborando para llevarlo a cabo en las cárceles de España. Por ahora sólo me lo ha aceptado la cárcel de Alcalá -Meco, y tengo una ilusión inmensa de comenzar. Se tratará de cómo enseñar a los presos a escribir sus propias novelas, sus propios Mensajero en la noche, para que puedan algún día publicar sus historias de arrepentimiento, sus propias novelas. En cárcel hay mucho arrepentimiento y el preso no sabe cómo enfocarlo, cómo pedir perdón. Mi deseo es encauzar ese arrepentimiento en el mundo de las letras, de la escritura… Es lo que conozco, lo que sé hacer. También me estoy preparando a fondo para poder dar clases de Cristianismo primitivo a los presos que deseen conocer un poco a Jesús, el Dios de los Cristianos.

– Sí, ya me había dicho un pajarito que, aparte del Máster, has tomado clases de Teología… ¡Y que encima has sacado notazas!
– (María vuelve a sonreír con una sonrisa que sólo puede venir de alguien plenamente feliz y agradecida). Bueno… Digamos que me defiendo como gato panza arriba.

– No, no, no… Tu eres una empollona, que me lo han dicho.
– ¡Jajajaja! Si, bueno… Un poco… Estoy estudiando unos cursos simplemente maravillosos de Nuevo Testamento, Antiguo Testamento y Cristianismo de los siglos II-XII.

– ¿Pero cómo te da tiempo a todo?
– ¡Pero si no me da tiempo a nada!

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“Cielo e infierno: Verdades de Dios”, libro que puede adquirir pinchando AQUÍ, es uno de los best-sellers de María Vallejo-Nágera

– Ya. Pero ese “pajarito” me ha contado que sí que te ha dado tiempo y que hasta ahora has sacado notazas…
– Me parece a mí que tu “pajarito” tiene la boca muy grande… ¡Jajaja! ¡También mi marido me dice que soy una empollona tremenda!

– ¿Tu marido? ¿Pero está aquí contigo?
– Sí, estamos haciendo el Máster juntos, ya que a él también le admitieron. Tal como te decía, esta entrada en Harvard ha sido un verdadero regalo de Dios. Pero él, en sus optativas, ha escogido clases de Ingeniería (es ingeniero industrial), y algunas clases en el MIT de Boston.

– María, ¿y ese empeño tuyo en estudiar ahora tanta Teología? ¿Acaso no te ha bastado investigar sobre Catolicismo durante estos últimos 17 años por tu cuenta?
– (María me clava una mirada penetrante y echa un suspiro al aire pensativa antes de contestar). Bueno… Llevaba años, verdaderamente largos años deseando profundizar en mi fe católica, pero ya no desde mis posibilidades como investigadora. Había llegado el momento de salir de “la pecera católica”. Necesitaba y deseaba hablar, discutir, con profesores muy preparados de otras denominaciones cristianas, ortodoxas o protestantes; gentes extraordinariamente preparadas en Cristianismo, pero que tuvieran otros puntos de mira, diferentes a los Católicos. Había llegado el momento de escucharles, de saber qué piensa un profesor protestante y por qué lo es… Quería aprender de ellos, preguntarles mis dudas… España es aún, aunque no guste que se afirme, un país en su mayoría, católico. Necesitaba poner a prueba mis bases católicas, y Harvard me pareció la Universidad más apropiada para ello. Harvard no es una Univesidad Católica. Aquí están los mejores profesores del mundo, pero no están “en mi pecera”.

– ¿En qué pecera están?
– En la del saber. Harvard estudia; Harvard investiga, Harvard responde… Y acepta todo aquello demostrable. La fe no se puede demostrar, pero sí el estudio profundo de la fe basada, por ejemplo, en los últimos descubrimientos arqueológicos. Harvard sabe todo sobre eso. Yo me moría por venir… Sabía que mi catolicismo chocaría con algunos descubrimientos que aquí se han investigado mucho, como los papiros descubiertos en 1945 de Nag Hammadi. Mi profesor de Nuevo Testamento es un experto en este tipo de cosas. Yo he aprendido todo lo que he podido sobre estos descubrimientos con ojos absolutamente asombrados…

– Mmmm… Qué desafío para ti, ¿no?
– Sí, tremendo. Ha sido duro defender mis ideas católicas en clase, pero estoy muy satisfecha con todo lo aprendido, con todo lo discutido, con todo lo hablado en las clases. Verás: aquí los alumnos son brillantísimos, los profesores fantásticos… Es bueno escuchar de sus bocas sus enseñanzas, a veces contrarias al Catolicismo, y también defender las mías, de raíz profundamente católica. No ha sido nada fácil estudiar estos cursos de Teología en Harvard, pero sinceramente me ha abierto a un espectro de espiritualidad inmensa; me ha hecho replantearme muchísimas cosas de mi religión y mis creencias.

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La escritora está estudiando distintas asignaturas de Teología durante su estancia en Estados Unidos. Foto- Bryan Panzano / Harvard

– No me irás a decir que, a raíz de lo aprendido en Harvard, ahora has perdido la fe…
– (María enarca las cejas sorprendida, como si hubiera tocado un hilo fino e incómodo del interior de su alma). ¡No! De ninguna manera… Ha sido, como te digo, duro. Aquí en Harvard se estudian mucho los manuscritos del Mar Muerto, los manuscritos de Nag Hammadi, los Evangelios Apócrifos de María Magdalena, Santo Tomás, etc… Para mí ha sido un reto abismal, ya que nunca había sabido de su existencia, ni los había estudiado. Digamos que me ha venido muy, muy bien aprender tantas cosas que ignoraba. Pero no me ha hecho flaquear en mi fe, sino todo lo contrario. Todo ello no ha hecho más que reforzar mi fe, amar más a mi Iglesia Católica, amar más a Jesús. Es bueno estudiar religión con personas que quizá la han perdido. Ellos son racionalistas, son sabios. Yo soy todo pasión, soy una apasionada enamorada de Jesús... La combinación ha sido perfecta. Uno de mis profesores me decía: “tu aprendizaje ha sido explosivo: has mezclado el saber con la fe, y eso es muy difícil.”

– ¿Quieres decir que a veces, de tanto aprender Teología, el hombre estudioso puede llegar a perder la fe?
– Si, así es. Si se razona demasiado, si se intenta buscar respuesta a todas las cosas sobre Dios, el hombre puede darse de bruces contra una pared. No se puede romper la unión de fe y razón. Sin fe, no se entiende a Dios. No es bueno SOLO estudiar a Dios. A Dios se le estudia, pero sobre todo, se le ama. Si quitamos amar a Dios de la ecuación, estudiar Teología no sirve de nada.

– Toma ya. Ahí queda eso.

María sonríe. Me dice que tiene clase y que ya no puede dedicarme más tiempo para la entrevista. Qué pena. Me hubiera quedado horas preguntándole cosas… Y se va; se pierde, despacito y con elegancia, entre las altas hileras de libros que componen la preciosa y antigua Biblioteca de Harvard Divinity School, en donde sé que pasa largas horas. La deseo suerte; la deseo mucho éxito y se despide con un gesto de la mano.

Pero no me entristezco: algo me dice que nos volveremos a ver.

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¿Quiénes son los “campeones” del Rosario?

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Durante 800 años, muchos santos lo rezaron y cambiaron el mundo. Descubre quiénes son

Al sacerdote estadounidense Donald Calloway (1972) le encanta el Rosario. De hecho, confiesa, en un reciente artículo publicado en Catholic Exchange que nunca podrá decir lo suficiente “sobre el poder y la maravilla de las benditas cuentas de Nuestra Señora”.

Por este amor al Rosario, el padre Calloway –quien pertenece a la Congregación de Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María– pasó tres años investigando todo lo referente a esta oración mariana por excelencia, para escribir el libro Campeones del Rosario. La Historia y los Héroes de esta Arma Espiritual.

En este libro, el sacerdote cuyos libros favoritos son La Verdadera Devoción a María (San Luis de Montfort), El Primer Amor del Mundo (Fulton J. Sheen ) y el Diario de Santa Faustina, realiza una historia completa del Rosario, sugerencias útiles sobre cómo rezarlo y enlista a quienes él considera son los 26 más grandes campeones del Rosario.

¿Quiénes son estos campeones? Son los que se destacan en los 800 años de historia del Rosario como los principales promotores y héroes de la forma preeminente con la que la Iglesia presenta la más alta devoción a Nuestra Señora.

De Santo Domingo a Santa Teresa de Calcuta

El primer campeón fue Santo Domingo. Es el fundador del Rosario, de la Orden de los Predicadores (Dominicos), y de la Cofradía del Rosario. “Era un sacerdote muy santo y Nuestra Señora le confió la poderosa espada espiritual del Rosario. Después de él, han habido muchos otros que han defendido esta devoción y han ayudado a extenderla hasta los confines de la tierra”, escribe el padre Calloway.

Los “campeones papales del Rosario” son el Papa Pío V; el Papa León XIII y San Juan Pablo II. El Papa Pío V defendió con el Rosario a la civilización occidental de la conquista islámica; León XIII escribió once encíclicas sobre el Rosario, y San Juan Pablo II insertó el jueves el rezo de los Misterios Luminosos.

En lo que respecta a los santos, el padre Calloway apunta dos nombres, principalmente: San Luis de Montfort y San Antonio María Claret. “San Luis de Montfort escribió uno de los libros más grandes jamás escritos en el Rosario, y San Antonio María Claret ordenó que cada sacerdote de su diócesis rezara el Rosario con sus feligreses los domingos y solemnidades”.

Entre los santos modernos, contemporáneos, señala a San Josemaría Escrivá, San Pío de Pietrelcina y Santa Teresa de Calcuta quienes “daban testimonio de las benditas cuentas por casi siempre tener un Rosario en la mano”.

Campeones curiosos

El padre Calloway narra en su libro y en su artículo de Catholic Exchange la historia del Beato Bartolo Longo. Napolitano que regresó al catolicismo por el Rosario, tras ser “ordenado” sacerdote satánico. Fue el fundador del santuario de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya. “Su amor por Jesús y María no conocía límites y también inició muchas obras de misericordia para ayudar a huérfanos, viudas y enfermos”.

Luego está el Siervo de Dios Frank Duff, fundador del mayor apostolado mariano del mundo, la Legión de María. Exigió a todos los miembros de la Legión que rezaran el Rosario; Mao Tse-tung, el líder comunista y padre de la República Popular de China, una vez se refirió a la Legión de María como “Enemigo Público Número Uno”, dice el padre Calloway.

Habla de la Hermana Lucia Dos Santos, Sierva de Dios y vidente de Fátima, quien “fue instruida explícitamente por Nuestra Señora para aprender a leer y escribir para promover el Rosario en el mundo”.

Y narra la que, quizás, sea una de las historias “más inspiradores en la larga letanía de los promotores del Rosario: la del Siervo de Dios Patrick Peyton. Este santo sacerdote reunió a más personas para rezar el Rosario que cualquier otra persona en la historia de la Iglesia” en las calles de Brasil, Colombia y Filipinas para rezar el Rosario “y vencer pacíficamente, dice el sacerdote estadounidense, dictadores políticos y regímenes ideológicos; incluso reunió a medio millón de personas en un parque en San Francisco para rezar el Rosario en 1961”.

26 Campeones del Rosario

Los hombres y mujeres mencionados arriba son sólo una muestra de los grandes campeones del Rosario del nuevo libro del padre Calloway: 26 Campeones del Rosario: La Guía Esencial de los Grandes Héroes del Rosario . Sin embargo, es importante, dice el autor del texto, que este nuevo libro se lea no solo acerca de estos “héroes”, sino que cada uno puede serlo.

Hace cien años, recuerda el padre Calloway, Nuestra Señora vino a Fátima, Portugal, y pidió a los tres pastorcitos que oraran diariamente el Rosario por la conversión y la paz en el mundo. Durante la última aparición del 13 de octubre de 1917, María se refirió específicamente a sí misma como “La Dama del Rosario”.

“El Rosario está en el corazón del mensaje de Fátima y necesitamos el Rosario en nuestras vidas, hoy más que nunca”, termina diciendo el padre. Donald Calloway, quien es actualmente Vicario Provincial y Director de Vocaciones de la Congregación de Padres Marianos de la Inmaculada Concepción, en Estados Unidos.

Más información sobre el libro y sobre la obra del padre Donald Calloway, en:

www.fathercalloway.com

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