La fe todo lo puede

La fe no es creer que yo puedo, la fe es creer que Dios puede.

La fe no la establece la razón, sino la Sagrada Escritura y la Tradición.

La fe es la respuesta amorosa al amor de Dios manifestado en Jesucristo: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna” (Ioh 3, 16).

La fe tiene capacidad para iluminar toda la existencia del hombre; cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. No se trata de razonar mucho sino ver las cosas desde las causas altísimas.

El Señor le dijo a una mujer que está en proceso de beatificación (Josefa Menéndez): El mundo está lleno de odio y vive en continuas luchas: un pueblo contra otro, unas naciones contra otras, y los individuos entre sí, porque el fundamento sólido de la fe ha desaparecido de la tierra casi por completo. Si la fe se reanima, el mundo recobrará la paz y reinará la caridad… Déjate convencer por la fe y serás grande, déjate dominar por la fe y serás libre. Vive según la fe y no morirás eternamente (18 junio 1923).

La fe no se opone a la civilización. Cuanto más arraigada está en los hombres y en los pueblos, más se acrecienta en ellos la ciencia y el saber, porque Dios es la sabiduría infinita. Y donde no hay fe, desaparece la paz, y con ella la civilización y el progreso, introduciéndose en su lugar la confusión de ideas, la división de partidos, la lucha de clases y, en los individuos, la rebeldía de las pasiones contra el deber, y así el hombre pierde su deidad, que es su verdadera nobleza.

Lo que distingue al cristiano es la fe, y, concretamente, la fe en que el Hijo de Dios se ha hecho hombre para salvarnos.

Existe un vínculo entre la pureza de corazón, la del cuerpo y la de la fe (CEC 2518). Los fieles deben creer los artículos del Símbolo “para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciendo, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen” (San Agustín, fidet symb. 10, 25).

Hace unos años, el Cardenal Ratzinger decía que la fe cristiana brilla con dos grandes testimonios. El primero es la santidad, la caridad heroica de los santos. Y el segundo es la belleza del arte cristiano que rodea la liturgia. Los dos son signos de Dios y llevan a Dios.

Benedicto XVI dijo: «La escuela de la fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y fidelidad que hay que renovar todos los días». «Pedro, que había prometido fe absoluta, experimenta la amargura y la humillación del que reniega: el orgulloso aprende, a costa suya, la humildad», indicó, mostrando la clave que hizo de Pedro un apóstol. (Audiencia miércoles, 24 mayo 2006).

No se quiere comprender que la presencia del hombre en la tierra está en orden a la vida eterna, que la tierra es exilio y campo de una lucha, no querida por Dios sino por el odio, por la envidia y la rivalidad de Satanás y de sus diabólicas legiones.

Cristiano es quien vive de fe, de esperanza y de caridad; dones derramados por el Padre celestial en nosotros. Son estas virtudes las que hacen posible el despliegue del germen de vida sobrenatural recibido en el Bautismo. En la vida cristiana, la fe proporciona sobre todo un pleno conocimiento de la voluntad de Dos, de modo que se siga una conducta digna de Dios, agradándole en todo, produciendo frutos de toda especie de obras buenas y adelantando en conocimiento de Dios (cfr.Gaudium et spes, n. 11).

Cuando la fe se ha perdido también se pierde la verdadera comprensión de los acontecimientos humanos.

Esto dice el profeta Jeremías: “Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza y aparta del Señor su corazón. Será como un cardo en la estepa, que no disfruta del agua cuando llueve; vivirá en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhabitable” (Jeremías 17,5-8).

“Reza por mí”

El presente texto —publicado en el ABC Sevilla por Miguel Ángel Robles— se ha convertido en viral. No es común que un articulo de opinión tenga tal aceptación. Por falta de espacio selecciono algunas líneas, invitando a que lo busquen en Internet:

Rezar es una conversación con los que ya no están, el recuerdo de los que te antecedieron y la oración para seguir su ejemplo. Rezar es pedir por ellos. Y también pedirles a ellos por los que estamos aquí… Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia. Es pasar por la Iglesia de San Pedro, de camino al colegio, y rezarle al Cristo de Burgos un Padre Nuestro para que te ayude en los exámenes. Es el refugio del frío, y el silencio acogedor. Rezar es tener memoria.

Rezar es lo que va antes del trabajo o después del trabajo, y lo que nunca lo suplanta, porque ya lo dice el refrán: a Dios rogando y con el mazo dando. Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse de quien no tiene otro medio de hacerlo, como cuando rezamos por un enfermo que se va a operar y ya está todo en manos del cirujano (y de Dios). Rezar no hace milagros, o sí los hace, eso nunca lo sabremos, pero ofrece consuelo al que reza y a aquel por quien se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad. Rezar es la aceptación de tus limitaciones.

Rezar, y sobre todo que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida. Un privilegio inmenso. Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti. ¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una madre, un hermano, un hijo o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y esté siempre contigo?

Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios. Rezar es la maestría de niños y abuelos. Y es un súper poder que nos predispone al bien. Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.

http://padrealejandro.org/

De: Alejandro Cortés <alejandrocortesgb@gmail.com>

Alejandro Cortés González-Báez

¿Sintonizas con los tiempos?

Hoy la gente pide historias de la vida real, de la literatura o de la historia, testimonios palpables, por ello hay que saber narrar, contar historias, y eso llega más que tanta argumentación.

Actualmente, es necesario hablar con un lenguaje que sea comprensible y que se adecúe al nivel del público o del interlocutor; partir de los puntos comunes que se tienen. En este diálogo s hay que conjugar los aspectos afectivos, la inteligencia y la voluntad.

Es preciso saber profundizar en la verdad para tratar de llegar a una sabiduría del corazón que da plenitud a la vida. El reto que tenemos los adultos es enseñar a pensar a jóvenes y adultos, que significa enseñar a plantearse los problemas y a encontrar las soluciones moralmente buenas. Se trata de irnos ayudando mutuamente a ser progresivamente capaces de decidir bien, de discernir. Se trata de tener y de dar una visión optimista y esperanzada ante el futuro.

Un maestro, un periodista o un padre de familia, no es sólo un divulgador de conocimientos, sino alguien que con su empeño y atención por cada persona, transmita un modo de vivir, unos ideales y unas convicciones valiosas para afrontar y disfrutar la vida.

Tuve un profesor en Roma, Carlo Caffarra, que enseñaba que hay distintos tipos de verdades. Si el río Nilo mide 5 ó 6 mil km. no nos afecta personalmente. Esa es una verdad no existencial.  Lo que sí afecta nuestra vida son las “verdades existenciales”: Si creemos que Dios existe o no, si creemos que el alma es inmortal o no, pues de ellas depende el giro que le vamos a dar a nuestra vida. Y en esas verdades existenciales es donde muchas veces diferimos.

Siempre es interesante escuchar el punto de vista de otros pues hay aspectos que se nos escapan y nos ayudan a matizar o nos dan un dato extra a considerar, y siempre es bueno tratar de entender el punto de vista del otro.

No se trata de imponer ideas, sino de que cada uno veamos aspectos de la realidad que quizás antes no veíamos. A veces uno me siento tan pleno al leer o ver una serie, que quisiera compartirlo con los demás. Otras veces deseamos dar esperanza.

Lo más importante es que cada uno sea lo que debe ser, ¿y qué debe ser? Eso es lo que hay que descubrir cada uno personalmente. Veamos como lo decía Martin Luther King:

“Si no puedes ser un pino sobre el monte, sé una hierba, pero sé la mejor hierba pequeña a la orilla del arroyo. Si no puedes ser un árbol, sé un arbusto. Si no puedes ser una autopista, sé un sendero. Si no puedes ser el sol, sé una estrella, Sé siempre lo mejor de eso que eres. Trata de descubrir el proyecto que estás llamado a realizar y dedícate con pasión a cumplirlo en tu vida”.

A veces, muchos quisiéramos compartir la fe cristiana porque es bella y porque sólo Jesús y su Iglesia tienen la capacidad de curar las heridas que tenemos, y de llenar nuestros vacíos existenciales. Sin embargo, no es  posible sustituir a nadie en el ejercicio de su libertad y en sus decisiones personales, pero el diálogo no sobra, sobre todo si hay crisis.

Sería interesante que cada persona se planteara dos cosas: Purificar su identidad y mostrar de modo bello lo que es bello. “Es tan erróneo cambiar en lo que no tienes que cambiar, que no cambiar en lo que tienes que cambiar”.

El complejo legado cristiano de Elvis Presley

Con vistas al próximo estreno de una obra de teatro sobre las últimas horas del Rey, aquí tenéis una ojeada a sus alegrías y dificultades vitales con la fe

El rey ha muerto. Larga vida al rey.

Más de 40 años después de su muerte, millones de personas todavía veneran al Rey del Rock and Roll. Tocan su música, cantan sus canciones, se entregan a malas imitaciones del hombre.

Los millennials nacidos décadas después de su muerte (16 de agosto de 1977 a la edad de 42 años) quizás no conozcan Heartbreak Hotel o Hound Dog, pero sí conocen su nombre. Incluso después de todo este tiempo, la cultura sigue tuteándose con Elvis.

Pero aun con todos sus singles número 1 en ventas (18, incluyendo 11 ininterrumpidos), todos sus álbumes de éxito (14 recibieron un disco de oro o de platino) y toda su evidente influencia sobre la música popular, la vida y el legado de Elvis Presley siguen siendo complejos, en especial en lo referente a su fe cristiana, a la que aseguraba ser devoto pero que no siempre seguía del todo bien.

“He leído muchas biografías de personas cercanas a él que decían que Elvis siempre estaba en conflicto con Dios”, dice Mark Macias, quien escribió The King: The Final Hours, una obra para teatro de inminente estreno y que especula sobre cómo podrían haber sido los últimos momentos de Elvis en la tierra. “Quería dar su talento a Dios, pero el mundo era demasiado tentador como para resistirse”.

La relación de Elvis con Dios comenzó temprano. Él y su familia asistían a la Iglesia de la Primera Asamblea de Dios en el este de Tupelo, Mississippi.

Fue bautizado dos veces cuando era niño, una vez en Tupelo y otra vez cuando era adolescente por un pastor pentecostalista unicitario en Memphis (fue bautizado una tercera vez, esta vez póstumamente, por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

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Los tres bautismos de Elvis

Según todos los relatos, Elvis era profundamente religioso.

“Creo en la Biblia”, dijo en una ocasión. “Creo que todo lo bueno proviene de Dios. No creo que yo cantara como canto si Dios no hubiera querido que lo hiciera”.

Para Elvis, el cristianismo y la música estuvieron íntimamente entrelazados desde el principio de su vida.

Su madre, Gladys, dice (en una historia reproducida por Beliefnet.com) que incluso cuando era pequeño Elvis se sacudía de su regazo durante los servicios y corría al frente de la iglesia para ver cantar al coro, a veces imitando también sus movimientos.

Lisa Marie Presley, la hija de Elvis, dice que el góspel era “sin duda” su género musical favorito. “Parecía estar más apasionado y en paz cuando cantaba góspel”, escribió en el libreto de Where No One Stands Alone, un álbum de grabaciones de góspel de Elvis publicado a principios de este mes de agosto.

Y en el documental de 1972 Elvis On Tour, Elvis dice que incluso entonces —en las últimas etapas de su carrera— el góspel era una fuente constante de consuelo.

“Hacemos dos shows por noche durante cinco semanas [en Las Vegas]”, dijo. “Muchas veces subimos y cantamos hasta el amanecer, canciones de góspel. Crecimos con [el góspel]. Más o menos te tranquiliza la mente”.

Macias afirma que se crió amando a Elvis y que sus canciones góspel formaban parte de la banda sonora de su infancia.

“Hay una historia famosa sobre Elvis grabando un álbum de góspel”, cuenta Macias. “Cuando terminó, estaba llorando y todos en la habitación se emocionaron. Elvis luego dijo a todo el mundo que podía sentir a Dios directamente cuando interpretaba esas canciones góspel para Dios”.

Sin embargo, aunque la música góspel (cuyo nombre viene de gospel, ‘Evangelio’ en inglés) era una parte enorme e imperecedera de la vida de Elvis, el mensaje del Evangelio a veces se perdía entre el alboroto.

Cheryl Thurber, escribiendo para The Gospel Music Magazine, describió a Elvis como un “buscador espiritual”.

Y es que, aunque Elvis llevaba la Biblia consigo a todas partes, también leyó Autobiografía de un yogui y El profeta.

En el libro de Peter Guralnick Careless Love: The Unmaking of Elvis Presley, un relato de sus últimas dos décadas de vida, se cuenta que sus últimos meses los pasó en gran parte en reclusión, a solas, con la única compañía de una serie de libros de espiritualidad.

“Todo lo que quiero es saber la verdad, conocer y experimentar a Dios”, declaró una vez, según afirma Christian Today. “Soy un buscador, esa es mi esencia”.

No obstante, incluso las búsquedas más sinceras pueden desviarse. La fama y la fortuna pueden ser un detrimento para la fe.

Elvis, que nació en una casa de dos habitaciones en Tupelo, llegó a tener acceso a innumerables tentaciones durante su descomunal carrera.

Sabemos, tristemente, a dónde llevaron esas tentaciones: cuando murió, tenía un grave sobrepeso y abusaba de un surtido de drogas.

“El aislamiento suscita el abuso de drogas”, aseveró el difunto músico Tom Petty en el documental biográfico de dos partes de HBO, Elvis Presley: The Searcher.

“Debió de sentirse muy solo, eso lo sabemos. Hay un punto en el que tienes éxito y te vuelves muy rico, y llega un día en el que te das cuenta que nada de eso te hará feliz. Él sabía que tenía que encontrar algo, pero creo que se rindió”.

Sin embargo, Macias especula que, en sus últimas horas, Elvis regresó a la fe, un regreso que se relata en su obra de teatro (que tendrá un preestreno limitado en el teatro The Producers Club el 17 de octubre, en Nueva York).

“Creo que en sus últimas horas, Elvis Presley le pidió a Dios que le perdonara”, afirma. “Sabía que cometió errores en la vida y se arrepintió de algunas de las decisiones que tomó. Durante sus horas finales, sí sabemos que Elvis fue a su piano y tocó canciones de góspel. Dudo que tocara canciones góspel en su piano todas las noches, así que ¿quizás ese acto nos da alguna indicación de que Elvis estaba llamando a Dios? Yo creo que sí”.

“La mayoría de los artistas son sensibles”, continúa Macias. “Así es como creamos. Nos adentramos en lo profundo de nosotros mismos y sentimos. Elvis fue un gran artista y cantante porque sabía cómo profundizar en su espíritu y conectar con un poder superior. Personalmente, creo que aprendió eso en la iglesia cuando era niño y que nunca le abandonó”.

La historia de una devoción incondicional

Edith Piaf y Santa Teresa de Lisieux

 

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Icono de la canción francesa, Édith Piaf era una profunda devota de santa Teresa de Lisieux desde una curación milagrosa durante su niñez. Tras quedar ciega a los 6 años, habría recuperado la vista después de una peregrinación a Lisieux. Repaso de la historia de una devoción infalible…

Édith Gassion, nacida el 19 de diciembre de 1915 en París, estaba destinada a un futuro muy especial ya de niña, según parecía. Conocida internacionalmente como Édith Piaf, sigue siendo reconocida hoy en día como una de las mejores voces de la canción francesa, gracias a famosas canciones como La vie en roseNon, je ne regrette rien o su famoso Hymne à l’ amour.

Su vida fue tan corta como intensa y comenzó con una infancia sin mucha fortuna. Hija de una madre cantante de calle y padre contorsionista, fue rápidamente abandonada por su madre, que la dejó para poder ganarse la vida. Su padre, soldado durante la Primera Guerra Mundial, confió entonces a la pequeña Édith a su abuela paterna.

En aquella época, la abuela era la patrona de un burdel en Normandía, en Bernay, a unos treinta kilómetros de Lisieux. La niña pasó allí unos años antes de volver a la carretera con su padre, una vez terminada la guerra, en una itinerancia durante la que empezó a cantar en la calle para ganar algo de dinero.

Así reparó en ella, unos años más tarde, Louis Leplée, director de una sala de espectáculos en los Campos Elíseos. Él le dio el apodo de “la môme Piaf“, “pequeño gorrión”, por su pequeño tamaño, y lanzó su carrera.

A lo largo de toda su vida, la historia de Édith Piaf se ha visto marcada por una multitud de dificultades. Por sus múltiples amantes y las historias amorosas que terminaron en escándalo, algunos calificaron su vida de “libertinaje”. Incluso los servicios funerarios religiosos le fueron rechazados en vista de su número de matrimonios.

Sin embargo, hay una cosa que está más allá de reproche para Édith: su fidelidad en su devoción a santa Teresa de Lisieux, después del milagro que experimentó siendo niña.

Destinada a ser ciega

A la edad de 6 años, la pequeña Édith desarrolló una queratitis aguda, una inflamación de la córnea que la dejó ciega. Debido a la multitud de tratamientos que no tuvieron efecto, su abuela, las “chicas de vida alegre” del burdel donde vivió y la propia Édith, se resignaron al hecho de que permanecería ciega. Hasta el día en que su abuela decidió llevar a sus “hijas” en peregrinación a Lisieux, no lejos de allí, con la pequeña Édith.

Había oído hablar de sanaciones inesperadas en personas que venían de visitar la tumba de santa Teresa. Una vez en el lugar, todas se aplicaron en múltiples oraciones delante de los curiosos ojos de los habitantes: ver llegar a estas “chicas de vida alegre”, aunque vestidas de rigor, con una niña con una venda negra en los ojos era, cuanto menos, inusual. Frente a la tumba de santa Teresa, frotaron la frente de la pequeña Édith con tierra y luego imploraron a la santa en sus oraciones que ayudara a su pequeña protegida.

Un milagro inexplicable

Algunos días después, Édith comenzó a recuperar la vista, ante la feliz mirada de las chicas del burdel y de su abuela. Los médicos se mantenían escépticos. Sin embargo, lo cierto es que la niña había recuperado el uso de sus ojos y pudo volver a salir unos años más tarde a la carretera con su padre para realizar espectáculos aquí y allá.

A lo largo de su vida, Édith atribuyó este milagro a las muchas oraciones dirigidas a Teresa de Lisieux y desde entonces desarrolló una devoción a la santa.

Una creencia infalible

A partir de aquel momento, Édith fue regularmente cada septiembre, en el aniversario del viaje de Teresa al cielo, para rezar en el Carmelo de Lisieux. Conservó durante toda su vida una medalla alrededor del cuello con la imagen de la santa.

Antes de cada actuación, se santiguaba y rezaba la misma oración de protección: “¡Teresa, ahora canto para ti!”. Édith la consideraba su hermana espiritual y, según resultó, eran primas en decimocuarto grado por parte del padre de Édith…

A través de todas las dificultades en su vida, su fe nunca se vio alterada. Y sin embargo, Édith sufrió la muerte de su hija Marcelle a los 2 años y medio de edad a causa de una meningitis devastadora, así como la pérdida de varios amigos, amantes, incluyendo la muerte del amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan… Aun con todo, conservó la fe hasta el final.

Unos días antes de morir, le dijo a su enfermera:

“No es posible que una vez muertos, no seamos más que polvo… Hay algo que se nos escapa, que no sabemos… Yo creo en Dios. Sería demasiado injusto que aquellos que han sufrido en esta tierra sólo encontraran la paz reducidos a polvo. El Paraíso vendrá… después del Juicio Final”.

“La Iglesia está en deterioro”.

Así le dijo Jesucristo a Luisa Piccarreta

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Las presuntas visiones están al centro de la causa de beatificación de la mística italiana. Y anticipan, en diversos casos, las amonestaciones de Bergoglio a los sacerdotes

¿Recuerdas las vibrantes y continuas advertencias del papa Francisco al clero? Citamos algunas.

Por el ejemplo, la advertencia a los sacerdotes para que sean mediadores del amor de Dios, no intermediarios que piensan en su propio interés (Santa Marta, 9 diciembre de 2016). Y también: “Nuestro pueblo perdona a los curas muchos defectos, salvo el de estar apegados al dinero” (Jubileo de los Sacerdotes, 2 junio 2016). Y la insistencia en la “doble vida de los sacerdotes”, es una “enfermedad fea” (homilía de la misa en el Vaticano para la ordenación de 10 nuevos sacerdotes, domingo 7 mayo 2017).

Hace más de un siglo una mística italiana recogía en sus memorias advertencias aún más duras, fruto de visiones en que ella misma observaba junto a Jesús los vicios del clero romano.

Luisa Piccarreta hoy está camino de ser beatificada. El 20 de noviembre de 1994, la Santa Sede dio el “Nulla Osta” a la arquidiócesis de Trani-Barletta-Bisceglie, para la apertura oficial de la Causa de Canonización.

El 29 de noviembre de 2005, el arzobispo Giovan Battista Pichierri cerró la fase diocesana, dando inicio a la romana de la Causa de Beatificación (Bel tempo si speraTv 2000, 24 marzo 2017).

A 9 años ya rezaba durante horas

Luisa Piccarreta nació en Corato (Bari) el 23 de abril de 1865, y fue la cuarta de las cinco hijas de Vito Nicola Piccarreta y Rosa Tarantini. Vivió su infancia y adolescencia en una granja agrícola, cuyo padre era el granjero, situada en el centro del Murge, en la localidad Torre Disperata.

Recibió la Primera Comunión y Confirmación a los nueve años y desde ese momento aprendió a estar en oración durante horas enteras; a los once años se inscribió a la Asociación de las Hijas de María.

La primera visión de Jesús

A los trece años, mientras meditaba sobre la Pasión de Jesús, al sentir el corazón oprimido y la falta de respiración, salió al balcón de la casa y ahí tuvo una visión: la calle estaba llena de personas que empujaban a Jesús, sufriente y ensangrentado, mientras llevaba la pesada cruz sobre los hombros. Entonces, Cristo levantó los ojos, la miró como pidiéndole ayuda y Luisa tuvo compasión y se ofreció víctima expiatoria por los pecados que aplastaban al Redentor.

Desde ese momento en adelante, se encendió en ella un deseo insaciable de consolar a Jesús, tomando sobre sí sus sufrimientos para salvar las almas y reparar así las ofensas que recibía. Comenzaron para ella los sufrimientos físicos debidos a los estigmas invisibles y a las duras y continuas vejaciones de demonios.

La segunda visión de Jesús

A los dieciséis años, un día, después de ser vejada por el demonio, tuvo una segunda visión de Jesús que penaba y la Virgen de los Dolores que la invitaba a ofrecerse víctima por amor a su Hijo. Entonces pronunció su Fiat Voluntas tua a Dios, haciendo voto de víctima de expiación por los pecados. Enseguida, comenzó a manifestarse un misterioso estado de sufrimiento que la obligaba a estar inmóvil en la cama y a vomitar cualquier comida y bebida, nutriéndose sólo del Santísimo Sacramento, durante setenta años (santiebeati.it).

Rigidez cadavérica

Se trataba de una inexplicable rigidez cadavérica, aunque daba señales de vida y no existían curas que pudieran resolver esta pena indecible.

La familia se dirigió a la ciencia médica, considerando estos fenómenos una enfermedad, pero no tuvo éxito.

La liberación con la cruz

Y entonces llamaron a un sacerdote, el agustino Cosma Loiodice, el cual acercándose a la enferma, le hizo el signo de la cruz en el cuerpo inmóvil, que para maravilla de los presentes, hizo que la enferma adquiriera sus funciones normales. Habiéndose ido el sacerdote agustino, cada día se llamaba a cualquier sacerdote, que con el signo de la cruz la conducía a la normalidad.

La “divina voluntad”

Se volvió terciaria dominica con el nombre de Magdalena, pero Jesús le encomendó una misión particular y única: en la “pequeña prisión” de su cama, Jesús le hizo conocer su deseo de conducir a la humanidad al orden y al objetivo para el cual fue creada, es decir su “Divina Voluntad”, como vivió Adán antes del pecado original.

No fue comprendida por todos, es más los mismos sacerdotes la consideraban un muchacha exaltada, una neurótica que quería llamar la atención de los demás sobre sí. Una vez la dejaron en ese estado cadavérico por más de veinte días.

La orden del director espiritual

No tenía un director espiritual, porque Jesús le hablaba interiormente, corrigiéndola y conduciéndola hacia la cumbre más alta de la perfección cristiana. Pero el arzobispo de Trani, monseñor Giuseppe Bianche Dottula (1848-1892), abrió el caso de Luisa, delegando un confesor especial para Luisa Piccarreta, en la persona de don Michele de Benedictis, el cual con su prudencia y sabiduría, impuso a la chica del Corato, límites por los cuales no podía hacer nada sin su consentimiento; le ordenó comer al menos una vez al día, aunque enseguida vomitara lo que comiera.

El sacerdote Michele desde el 1º de enero de 1889 le dio el permiso de permanecer en cama, donde permaneció sentada durante 59 años, hasta su muerte, ininterrumpidamente.

Semi analfabeta y “escritora”

El 28 de febrero de 1899, el segundo confesor don Gennaro De Gennaro, le dijo que escribiera lo que sucedía entre Jesús y ella y las gracias que recibía continuamente. Así, desde el 28 de febrero de 1899 al 28 de diciembre de 1938, escribió importantes revelaciones en un manuscrito que contenía alrededor de 10 mil páginas, recogidas en treinta y seis volúmenes, sobre “santificación” en la Divina Voluntad.

El viaje con Jesús

En una visión, escribió Luisa:

…El bendito Jesús me ha transportado a una ciudad, donde las culpas que se cometían eran tantas que, salía como una neblina densísima, apestosa, que se elevaba al cielo. Del cielo bajaba otra neblina espesa y dentro estaban condensados tantos castigos, que parecía que fueran bastantes para exterminar a esta ciudad, y yo dije: “Señor, ¿en dónde estamos? ¿Qué lugar es este?”.

En un instante vi el desastre que se llevaba a cabo, y parecía que el Vaticano recibía parte de la sacudida. Ni siquiera estaban perdonados los sacerdotes. Por eso toda consternada dije: “Señor mío, perdona a tu ciudad predilecta, tantos ministros tuyos, el Papa. Oh, con cuánto gusto me ofrezco a ti para sufrir sus tormentos, para que se los perdones”. (Vol. 4°, 10-10-1900)

“Sacerdotes son tinieblas”

En otra visión habla de la degradación de los sacerdotes:

…En un cerrar de ojos he visto tantas miserias humanas, el abatimiento y el despojo de la Iglesia, el mismo degrado de los sacerdotes, que en lugar de ser luz para los pueblos, son tinieblas. Con gran amargura por esta visión dijo: “Santísimo Dios, dale la paz a la Iglesia, hazle restituir lo que le han quitado, no permitas que los malos se rían a espaldas de los buenos”. Y mientras decía eso las Divinas Personas dijeron: “Son misterios incomprensibles de Dios”. (Vol. 4°, 13-11-1900)

Los enemigos de la Iglesia

…Esta mañana mi adorable Jesús vino y me transportó fuera de mí misma. Me parecía que era Roma. Cuántos espectáculos se veían en todas las clases de personas. Hasta en el Vaticano se veían cosas que daban asco. ¿Qué decir de los enemigos de la Iglesia?

Cómo se enfurecen contra ella, cuántas calumnias maquinan, pero no pueden realizarlas porque Nuestro Señor los tiene atados. Pero lo que más me ha asustado es que veía a mi amor Jesús a punto de liberarlos.

Los castigos

¿Quién puede decir cuán consternada estaba? Entonces, viendo Jesús mi consternación me dijo: “Hija, son absolutamente necesarios los castigos. En todas las clases ha entrado la podredumbre y la gangrena, por lo tanto, es necesario el hierro y el fuego para hacer que no mueran todos; por eso esta es la última vez que te digo que te conformes con mi Voluntad, y te prometo que perdonaré una parte”. (Vol. 4°, 22-03-1901)».

México puede mucho

Por beckyreynaud

Dios nos ha elegido para transformar la historia, pero cuando no vivimos lo ordinario con heroísmo viene el desencanto. ¡Qué importante es vivir cada día como si fuera el último!

Es un hecho que México puede mucho, que es una fortaleza para el resto de la humanidad, pero los mexicanos hemos de luchar más contra el egoísmo, el sentimiento y el resentimiento. Con fortaleza y optimismo, hemos de descubrir y explotar las virtudes ocultas en nosotros mismos y en las personas que amamos. Hay que ayudarnos mutuamente a pulir el temperamento.

El carácter es una estructura virtuosa. Pero toda virtud implica autodominio. Y ¿cómo se nota que falta autodominio? Cuando “explotamos”, contestamos mal o rezongamos. ¿Qué es rezongar? El Diccionario de la Lengua Española dice que rezongar es gruñir, refunfuñar a lo que se manda, ejecutándolo de mala gana. Ya se sabe que nacemos con un temperamento, y que el carácter es ese mismo temperamento pero educado. Cuando nos enojamos sin gran motivo, nos falta carácter. Es una pena reconocer que nuestro tiempo ha perdido el señorío de sí mismo.

El carácter significa una armónica conjugación entre tres elementos: la inteligencia, la voluntad y el sentimiento. En México, debemos de luchar –sobre todo- por adquirir dos virtudes cardinales: fortaleza y templanza. Dentro de la fortaleza entra el tratar de ser menos susceptibles (menos soberbios) pero sin perder el “tener corazón”.

Tiene importancia el “dominio del enojo” por su cotidianidad, y por la gravedad de sus consecuencias. A veces una persona se presenta enojada, regañona, malhumorada, cortante, introvertida, triste, rezongona…, y eso influye en el ambiente. Y digamos de paso que el enfado y el mal humor es el principal mensaje de las telenovelas. Esa es la conducta que nos presentan como “modelo”.

Aristóteles considera la sabiduría como dominio; como la resistencia ante lo adverso o también que prevalezca lo racional frente a lo irracional. Y hoy, lo que más brilla por su ausencia es la educación de la voluntad. Es la voluntad la que se deja mover por el entendimiento, o bien se deja mover por los sentimientos, o por ambos. Este dominio no consiste en que desaparezcan los sentimientos, sino en que no prevalezcan.

Según el Doctor Carlos Llano —filósofo del siglo XXI—, dos rasgos son los que condicionan la posibilidad de tener un carácter sólido: la humildad y la castidad. Si se marginan estas cualidades, la persona será mediocre, insignificante. Y esto es así porque la humildad y la pureza son las bases –espiritual la una y corporal la otra- del carácter.

La simpatía natural no es un rasgo constitutivo del carácter, sino que, dependiendo de la actitud que tomemos ante ella, puede servirnos para apuntalar un aspecto de nuestro carácter –la generosidad- o de nuestra falta de carácter: el egoísmo.

Cuando el egoísmo toma posesión de una persona, se inactiva toda posibilidad de virtud. Al contrario, cuando hay generosidad, hay un ensanchamiento del alma. “El soberbio y el incontinente se encuentran centrados en sí mismos (…) El autodominio consiste en el abatimiento de la propia excelencia en que reside la esencia de la humildad. La voluntad de dominio, en cambio puede conducirnos a la precedencia sobre los demás, no por ser precedente sino por ser yo, en lo que residen la soberbia, la vanidad, la egolatría y el egoísmo (…): La ausencia de la humildad como la de la castidad apuntan a una desintegración del carácter” (Carlos Llano).

Con frecuencia los jóvenes olvidan que  no están hechos para el placer sino para el heroísmo. En resumen, se trata de adquirir virtudes y de usar bien de nuestra libertad, batalla que dura toda la vida, pues tan importante como la adquisición de una virtud es su mantenimiento. Se nos pide el avance progresivo de la virtud, conforme al adagio clásico: o se avanza o se retrocede. Millán Puelles dice: “somos libres, no estamos hechos del todo; pero somos, esto es, no lo tenemos todo por hacer”.

Algunos extranjeros que visitan México se impactan gratamente al ver la reserva de fe que hay en nuestro país, y es que, en general los mexicanos hemos entendido que la fe no se opone a la civilización. Cuanto más arraigada está en los hombres y en los pueblos, más se acrecienta en ellos la ciencia y el saber, porque Dios es la sabiduría infinita. Y donde no hay fe, desaparece la paz, y con ella la civilización y el progreso, introduciéndose en su lugar la confusión de ideas, la división de partidos, la lucha de clases y, en los individuos, la rebeldía de las pasiones contra el deber, y así el hombre pierde su dignidad, que es su verdadera nobleza.

Ojalá no olvidemos esas célebres palabras a México de Juan Pablo II: “¡Dios te bendiga, México!, que te esfuerzas en desterrar para siempre las luchas que dividieron a tus hijos mediante un diálogo fecundo y constructivo. Un diálogo en el que nadie quede excluido … Sólo el diálogo fraterno entre todos dará vigor a los proyectos de futuras reformas, auspiciadas por los ciudadanos de buena voluntad, pertenecientes a todos los credos religiosos y a los diversos sectores políticos y culturales”. (Juan Pablo II, Ceremonia de despedida, México, D .F., 26 de enero de 1999).

Cómo una mujer se volvió monja para dejar que su esposo fuera sacerdote

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Envuelta en una situación extraña, Cornelia Connelly permaneció firme en su búsqueda de la santidad

Nacida en una gran familia presbiteriana de Philadelphia, Cornelia Peacock conoció rápidamente una vida de dificultades y abandono. Su padre falleció cuando tenía nueve años y su madre cuando cumplió catorce. Entonces se fue a vivir con su hermanastra.

Cornelia era una joven hermosa que atrajo la atención de un sacerdote episcopal. A pesar de la oposición de su familia, Cornelia se casó con el reverendo Pierce Connelly en 1831.

Se mudaron a Mississippi, donde Pierce se hizo pastor de una iglesia episcopal. Cornelia dio a luz a dos hijos allí y durante ese tiempo la pareja empezó a explorar la fe católica. Con el tiempo, Connelly renunció a su pastoral debido a su búsqueda de la verdad y decidió viajar a Roma.

Ambos fueron recibidos en la fe católica, pero Connelly deseaba ser ordenado sacerdote católico romano. Por entonces no había disposiciones que permitieran a un hombre casado ordenarse en el rito latino, así que le sugirieron que probara con el rito oriental. El consejo no caló en Connelly y por el momento empezó a renunciar a su deseo.

La familia disfrutó de un breve periodo viviendo en Italia y luego regresaron a  Luisiana para que Connelly enseñara inglés en una universidad jesuita. Cornelia enseñaba música en una escuela local mientras criaba a sus cuatro hijos.

Sin embargo, Connelly no estaba satisfecho y, de nuevo, renovó su búsqueda del sacerdocio. Mientras tanto, Cornelia ya estaba embarazada de su quinto hijo. Comprensiblemente, ella era reticente a la idea de su marido, pero consideró que, de alguna manera, era la voluntad de Dios.

Así que la familia regresó a Roma. Para que Connelly pudiera ordenarse sacerdote, Cornelia tuvo que entrar en el convento del Sagrado Corazón en Trinità dei Monti. Como hacía poco que había dado a luz, le permitieron llevar a su hijo al convento, pero primero vivió como lega durante la lactancia de su pequeño.

Connelly empezó los estudios para el sacerdocio. Antes de convertirse en diácono, Cornelia le pidió que se replanteara su objetivo.

Connelly insistió en su ordenación, de modo que Cornelia consintió hacer el voto de castidad y lo aceptó como la voluntad de Dios. Connelly sería ordenado sacerdote mientras ella se convertiría en monja. Cornelia confiaba en que Dios extrajera un bien mayor de aquella situación.

Un obispo de Inglaterra oyó hablar de Cornelia y le preguntó si estaría dispuesta a fundar una orden religiosa de hermanas educadoras. De nuevo, con la confianza de que Dios estaba al mando, Cornelia viajó a Inglaterra con sus dos hijos más jóvenes y fundó la Sociedad del Santo Niño Jesús.

Al principio, las religiosas educaban a niños pobres de Inglaterra y, más tarde, establecieron escuelas en Europa, Estados Unidos y África.

El sello distintivo de sus escuelas, basado en su propia filosofía y experiencias vitales, se convirtió en una referencia para la dignidad de todos los seres humanos.

Además, al contrario que la corriente general de la época, ella creía que las escuelas debían parecerse a los hogares y que las religiosas debían ser madres amorosas que trataran a los estudiantes con atención y respeto.

Mientras ella sacaba adelante con éxito su nueva orden religiosa, su marido se desquició. Fue a Roma y se presentó como cofundador de la orden de su esposa, con la intención de ganar poderes sobre ella.

Cornelia se enteró de la situación cuando unos documentos redactados por su marido llegaron a los obispos ingleses. Tenía que devolver el asunto a su cauce y negar la participación de Pierce en la orden.

Entonces Connelly decidió presentar una demanda civil contra ella, después de arrebatarle los hijos y renunciar al sacerdocio y a la fe católica. Esto supuso un gran dolor y sufrimiento para Cornelia, dado el distanciamiento y el desafortunado destino de su marido. Connelly se dedicó entonces a vivir como escritor de artículos contra la fe católica.

Durante todas las vicisitudes, Cornelia mantuvo una confianza inquebrantable en Dios. Según escribió en su diario: “Pertenezco por completo a Dios. No hay nada en el mundo que no abandonaría para hacer Su Divina Voluntad y satisfacerle”.

Tras su muerte en 1879, su búsqueda de la santidad a través de semejante sufrimiento fue una inspiración para muchos. Más tarde se abrió la causa para su canonización y, en 1992, fue declarada oficialmente ‘venerable’.

El Purgatorio en la Biblia

Explicado por Scott Hahn, ex pastor protestante

 

Si la palabra «purgatorio» no existe en la Biblia, ¿cómo podemos saber que existe?

Scott Hahn, maestro y doctor, Ph.D en Teología Bíblica, es considerado uno de los mayores especialistas en Biblia del mundo, al ser esta la razón (sus profundos conocimientos) que lo llevó a convertirse en un católico fervoroso.

“El purgatorio es una exigencia de la razón e incluso de la caridad de Dios por nosotros. La palabra ‘purgatorio’ no existe en la Biblia, fue creada por la Iglesia, pero la realidad es que el “concepto doctrinario” de este estado de purificación existe ampliamente en la Sagrada Escritura. La Iglesia no tiene duda de esta realidad, por eso, desde el primer siglo reza por el sufragio de las almas del purgatorio.

La enseñanza sobre el purgatorio tiene sus raíces ya en la creencia de los propios judíos del Antiguo Testamento; alrededor de 200 años antes de Cristo, cuando ocurrió el episodio de Judas Macabeo. Se narra ahí que algunos soldados judíos fueron encontrados muertos en un campo de batalla, teniendo debajo de sus ropas algunos objetos consagrados a los ídolos, algo que estaba prohibido por la Ley de Moisés. Entonces Judas Macabeo mandó hacer una colecta para que se ofreciera en Jerusalén un sacrifico por los pecados de esos soldados:

“(…)”Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; “mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.” (2 Mac 12, 40-46).

Con base en las enseñanzas de san Pablo, la Iglesia entendió también la realidad del purgatorio. En 1 Co 3,10, él habla de personas que construyeron sobre el fundamento que es Jesucristo, utilizando unos, material precioso, resistente al fuego (oro, plata, piedras preciosas) y, otros, materiales que no resisten al fuego (paja, madera).

Todos son fieles a Cristo, pero unos con mucha devoción y fervor, y otros con tibieza y renuencia. Y san Pablo presenta el juicio de Dios bajo la imagen del fuego que prueba las obras de cada uno. Si la obra resiste, su autor “recibirá una recompensa”; pero, si no resiste, su autor “sufrirá perjuicio”, es decir, una que no será la condenación; pues el texto dice explícitamente que el trabajador “se salvará, pero como a través del fuego”, es decir, con sufrimientos”.

¡Recemos siempre por las almas del Purgatorio!

Fuentes del texto original en portugués.

http://blog.cancaonova.com/felipeaqui…
http://www.ofielcatolico.com.br/2002/…

Video en facebook: https://www.facebook.com/OtradutorCat…

 

“Estoy por irme al cielo, los ayudaré desde ahí”

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Las últimas palabras de Gloria Trevisan a su mamá son de esperanza: estar preparados para morir tan jóvenes es una verdadera gracia

¡Qué hermosa es Gloria Trevisan! Una jovencita bellísima y normal. También Marco, su prometido, es guapo. Parece contento. Están ahí, con sus bellas caras juveniles, publicadas en los perfiles de las redes sociales personales y ahora también en las grandes páginas web de importantes diarios.

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Pamela Pizziolo | Facebook | Fair Use

Aparecen aún en la lista de desaparecidos, pero no hay motivos, dice el abogado de la familia, para creer que sigan vivos.

No llegué a saber si también Marco llamó por teléfono a sus papás, si también ellos tuvieron esta terrible gracia de poderlo acompañar hasta el extremo de la vida. Los papás de Gloria sí. Pudieron hacerlo porque ella les llamó, tarde por la noche apenas se dieron cuenta que había sucedido algo en los pisos de abajo del condominio viejo de 27 pisos donde vivían.

Ahora que soy mamá desde hace más de 13 años he descubierto en donde están las cuerdas que tiemblan, vibran, jalan sin romperse y ni siquiera se deshilachan que nos unen a los hijos y a sus vidas. Para siempre. Gloria, sin mamá, sería huérfana; su mamá y su papá, sin ella, serán siempre su mamá y su papá. Esta trágica especificación se volvió su esencia.

¿Cómo habrán vivido las horas, los minutos, entre una llamada y la otra?

Estoy impactada con su valentía. Con su permanencia ahí, en su angustioso lugar, dándose fuerza el uno al otro y esperando siempre. Cercanos lo más posible a su hija. La proximidad tenía de por medio la mitad de un continente y un largo y frío tramo de mar. Muchos “y si”, varios metros de “lo siento” y “te extrañaré pero ve y sé feliz”. “Te apoyamos desde aquí”.

Siento alivio al ver narrados estos sentimientos, por saber de estas pruebas enfrentadas con fuerzas heróicas y normales a disposición por estos papás. ¿Habrán tocado fondo sus reservas? ¿A dónde se llega en estos casos? ¿A la médula? ¿A las vísceras? ¿Al corazón, que como órgano vital habrá sufrido quizá un shock, y sin embargo se mantuvo?

Pero este tonto experimento de televisión de la verdad en diferida no tiene sentido, si acaso como un intento de empatía. Y también ésta, a veces, puede volverse intromisión. Perdónenme.

Pienso sólo en las cosas bellas que dijo Gloria a su mamá. Las pocas, las únicas cosas para decir. Gracias. Me voy. Muero, pero voy a vivir. Los ayudaré desde el cielo.

Quién sabe qué fe tenía esta chica. Quién sabe cuán diligente habrá sido su ángel de la guarda, en esos momentos, y cuánto la habrá consolado. Quién sabe la sorpresa cuando le haya visto el rostro. Como escribe Eugenio Corti en El Caballo Rojo: Esteban muere y mientras muere, todo se vuelve al revés y él lo ve. Ve, magnífico, a su ángel.

Si Gloria dijo “voy al Cielo” en un momento así, trágico, definitivo, con esa presencia de espíritu que me parece haber intuido, yo personalmente he llegado a creer.

No es la frase que encontramos en los comentarios de Facebook alternada con el acrónimo R.I.P., al “sonríenos desde arriba”. No es el deseo a veces infantil y aburrido que encontramos por ahí, como una moneda en el sombrero del mendicante, que dejamos caer rápidamente para poder escapar inmediatamente. Lejos del dolor y la muerte: se vuelve absurdo para nosotros, pueblo cansado que se ha olvidado de Cristo y su Redención. No. Se lo dijo en ese momento, sabía lo que decía.

Y como niños que sabemos nacer: competentes y seguros nos volteamos para que pasen los hombros, agachamos la cabeza para salir por el canal del parto, nos empujamos hacia afuera, hacia la luz; así, de la misma misteriosa manera, todos, hombres y mujeres, una vez que hemos nacido y vivido, poco o mucho, sabemos, o deberíamos saber morir. Qué gracia tuvo Gloria, si se pudo dar cuenta y preparar para el momento más importante de su vida.

La hora de su muerte se estaba acercando y ella lo sabía, quiso darse cuenta; junto con su prometido que, hasta que pudo, la tranquilizó, se tranquilizó y a sus futuros suegros. El humo de un incendio es algo aterrador.

Nos sucedió a mi marido, a mí y a mi pequeña primogénita (estaba embarazada). Despertarse en medio de la noche con los gritos de un vecino que lanzó la alarma (Dios lo bendiga siempre); levantarse, correr, respirar con dificultad, toser, lagrimar, no ver las paredes, llegar a tientas a las escaleras, pensando sólo en salir al aire fresco y limpio, con el corazón golpeando la cabeza… Y lo nuestro era una cosa insignificante, en comparación.

(Por eso es una costumbre despreciable y cobarde, aunque coherente con el carpe diem triste de nuestros tiempos, no decirle a la persona enferma de gravedad que le queda poco para vivir. Mentir, fingir que está por curarse. Y ¿cómo se va a preparar? ¿Cómo va a recogerse interiormente y decidir qué decir, qué dejar en los recuerdos de quien le ama, qué decirle a Dios de quien quizás sólo ha sospechado su existencia y el amor?)

Ahora y entonces. Es importante estar listos, vigilantes, presentes.

El Ave María los une en un punto solo, nunc et in hora mortis nostrae. Porque se parecen mucho. Gloria estaba en su ahora y de presente en presente, con el humo asfixiante que llenó su departamento, su ahora se volvió esa hora, la de su propia muerte.

La familia Gottardi afirma que hasta que no se demuestre lo contrario seguirán esperando que su muchacho siga vivo. Y también ella. Por supuesto, cabe esperar. Deseo que puedan volver a abrazarlos o que, por lo menos, puedan recuperar sus restos. Los cuerpos sin vida. No tener ni siquiera el cuerpo del hijo muerto, si realmente sus nombres pasan de la lista de desaparecidos al de las víctimas, es una enorme pena que se añade a la pena. A la Virgen, que es la Dolorosa, se le dio el cuerpo. Espero que puedan parecerse a ella en esto.

Intuyo de lejos el dolor, la desesperación, de estos papás. Su vano ímpetu, su deseo de acusar, en este momento, a todo un país, que está lleno de culpas, que es cobarde, que aplasta y aplasta a los jóvenes, mortifica a las familias, a la madres, padres, niños.

¡Lo entiendo! Su maravilla, su hija bella e inteligente y tenaz, estaba allá, lejos de ellos, después de una licenciatura, llena de vida y proyectos. Estaba allá para poder trabajar dignamente y ganar el dinero que se debería ganar también aquí, ¡caray! Qué rabia, realmente. Deberán, sin embargo, rendirse, y espero pronto, al hecho que ésta aunque sea una injusticia social que mortifica a los jóvenes y con ellos a un país entero y su futuro, no basta para explicar el fin de la vida de Gloria.

Espero que hayan criado y educado a Gloria en la certeza, no obvia, del Cielo, en la seguridad que se nace para vivir en la alegría, la serenidad, la satisfacción de construir algo bello y sobre todo para amar y ser amados; pero se nace también para morir y se muere para vivir para siempre.

Espero que puedan recordar, ahora que parece todo innecesario y negado, todo arrancado de los ojos y el corazón, que la felicidad existe y con la gracia de Dios entraremos en su Reino y ahí sabemos que ningún incendio lo reducirá a humo. Ningún humo nos quitará la respiración. Ningún país lanzado como un viejo tren de las montañas rusas en las vías de la muerte nos hundirá el estómago.

Gloria dijo gracias mamá. De lo que has hecho. Estoy por morir, lo se.

La última llamada se remonta a las 4. Según el entrecomillado del Corrierela chica dijo “Mamá, me he dado cuenta que estoy muriendo. Gracias por lo que hiciste por mí”. Luego, el adiós: “Estoy por irme al cielo, los ayudaré desde ahí”.

Como hacen siempre los hijos, pidió ayuda a los papás, a pesar de su evidente impotencia. ¿Qué habrían podido hacer desde Italia? Los sometió a un dolor y a un estrés enormes, al que no deberían haber sido sometidos, creo yo. Todo por estar con ella. Y ella, pobre muchacha, a quién más habría podido acudir si no a quien la trajo al mundo y la ha amado? Incluso los soldados moribundos, quien da a luz, todos nosotros, frente a la muerte, al dolor, al miedo, a las cosas grandísimas y definitivas, malísimas y bellísimas, gritamos “mamá”.

Y al final, como siempre hacen los hijos arrinconados, dijo lo esencial: gracias. Me voy. Los ayudaré.

Y no es verdad que no se pueda hacer nada. Hasta que no se tenga la certeza de que esté muerta rezamos que esté viva. Cuando se tenga la certeza o se alegrará y se alabará a Dios o se llorará y sin desesperación se rezará por su joven alma. Si las llamas se la llevaron esperamos que hayan quemado la paja de pecado que pudiera haber cometido. Esperamos que haya pensado “María, aún necesito a mamá. ¿Estás?”.

Y sabemos que con los Sí que cambian la suerte de una humanidad entera María Santísima, la bella muchacha de Nazaret, tiene una cierta experiencia.