El Amor libre

La persona que defiende el amor libre dice: “El amor no es amor si no es libre”. Aparentemente, esa persona pone al amor por encima de todo, pero no lo pone. Sitúa la libertad individual por encima del amor. Su posición equivale a decir: “Te doy todo menos mi libertad, que es lo que más aprecio. La aprecio por encima de ti”. No comprometerse ¿es amor?…

Si alquilas una casa, ¿comprometes todo tu dinero en mejorarla? no, ¿por qué? porque es provisional. Así, no puede haber totalidad en el experimento. La persona que sostiene el amor libre dice: “Voy a experimentar contigo, si me conviene, sigo…”.

Quien ama, pone la libertad individual al servicio del amor. Los que aceptan el amor libre o el matrimonio a prueba, son personas inseguras. Generalmente son así porque han visto infidelidades en sus padres o han tenido una experiencia negativa del amor. La persona que defiende esta postura dice: “Como hay fracasos en el amor conyugal, no me caso”. En vez de decir: “Me hago adulto para contraer, como adulto, el compromiso de entrega del amor, sin el cual el amor no es amor”.

El amor libre toma a los seres humanos como objeto de prueba, pero el ser humano se destruye para siempre en esa prueba, en el aspecto biológico, psicológico y moral.

El amor libre equivale al matrimonio a prueba para conocerse bien; pero esa observación es artificial, impide la espontaneidad, porque se pretenderá cuidar la imagen. La experiencia ha demostrado que el matrimonio a prueba no garantiza un pleno conocimiento de la persona, ya que el ser humano siempre está en proceso de evolución; es inconstante por naturaleza; no obstante, puede superar esa deficiencia con virtudes y con la fuerte atracción hacia el bien que anida en su corazón.

El varón desea ser admirado por la mujer, pero predomina en él la tendencia a dejarse atraer por la mujer; predomina lo sexual sobre lo sentimental. Si el varón no llega a dominarse, se creerá un gran enamorado porque se prenda de la última belleza que ve, cuando en realidad está siendo esclavo de una sensualidad superficial.

Se hace un pésimo servicio a la grandeza del hombre cuando fidelidad se considera equivalente a estabilidad, fijeza o inmovilismo. Aceptar esto es hacerle el juego a la infidelidad, que se presentará como lo dinámico, inventivo y espontáneo. Fidelidad es crecimiento en el amor, es constancia en el cariño, es calidad de vida. El enamorado tiende al sí total, perpetuo y exclusivo, al sí sin reservas. Quien no experimenta el sentimiento de que se entrega de una vez para siempre, sin posible retorno, no ama verdaderamente.

El matrimonio a prueba es una situación irregular que muchos quieren hoy justificar, atribuyéndole un cierto valor. La misma razón humana insinúa que no se puede aceptar, que es poco convincente que se haga un “experimento” tratándose de personas, cuya dignidad exige que sean únicamente término de un amor de donación, sin límite alguno de tiempo; pide que sean fin y no medio.

Juan Pablo II decía a los alemanes: “La unión corporal y sexual es algo grande y hermoso. Pero solamente es digna del hombre si ella es integrada en una vinculación personal, reconocida por la sociedad civil y eclesiástica. Toda unión carnal entre hombre y mujer tiene, por tanto, su legítimo lugar sólo dentro del recinto de fidelidad personal, exclusiva y definitiva, en el matrimonio. (…). No se puede vivir solamente de prueba; no se puede morir solamente de prueba. No se puede amar sólo de prueba, aceptar a una persona sólo de prueba y por un tiempo determinado (Alemania, 15 de noviembre 1989, n. 5).

El don del cuerpo en la relación sexual es el símbolo de la donación total de la persona. Esto no se consigue sin una educación en el amor auténtico y en el recto uso de la sexualidad.

Ana Catalina Emmerick escribe: “Todo cuanto el hombre piensa, dice y hace tiene alguna vida y continúa viviendo como obra buena o mala. Lo malo hay que remediarlo con la confesión y la penitencia; de otro modo continuarán las consecuencias del pecado sin término” (tomo X, 478, n. 45).

Consulta de una madre soltera en aflicción

Tengo una preciosa hija, Valery, acaba de cumplir los 3 meses de edad y ha sido una enorme bendición para mí. La parte triste y difícil es que mi hija nació fuera del matrimonio. Manuel y yo fuimos novios hace 3 años, a pesar del poco tiempo que estuvimos juntos (3 meses), yo me enamoré perdidamente de él. El cumplía con todas las expectativas que yo esperaba de un hombre, trabajador, responsable, educado, deportista, divertido, con una buena autoestima, sin ningún vicio, con una familia unida y de pilón me encantaba físicamente. Manuel decidió terminar la relación con el argumento de que nos tratáramos como amigos para ver si las cosas se volvían a dar. Ingenuamente, yo viví durante estos tres años esperando que las cosas se dieran entre nosotros nuevamente. El tuvo dos noviazgos, el primero termino y en el segundo tristemente su novia falleció, eso fue hace dos años. Yo le hablé a Manuel para darle el pésame y a partir de ese momento me empezó a invitar a cenar a comer, etc. Me dijo que me quería pero que necesitaba tiempo. Un día sin más, me habló para ir a su cuarto a recoger un regalo que me había traído de un viaje y por supuesto fui, terminamos teniendo relaciones. Era la primera vez que yo estaba con un hombre y pensé que el había sido el hombre indicado con el cual yo podía perder mi virginidad. Seguimos viéndonos y tiendo relaciones, no había nada claro y yo platiqué con él. Me alejé de él. Al cabo de unos meses nos encontramos y me invító a salir, yo seguía enamorada de él, y accedí nuevamente. Reanudamos nuestros encuentros sexuales. Después salí embarazada. Le avisé y al principio se portó bien, me dijo que no me preocupara, que nos íbamos a casar. De un día para otro cambió y me dijo que no nos íbamos a casar. Durante el embarazo decidí que el se alejara de mí. El me dijo que quería dar el apellido a su hija y estar al pendiente de ella. Yo he tratado de no involucrar la relación entre él y yo con la relación entre mi hija y su padre. En estos momentos quiero pensar en el bienestar de mi hija y no alejarla de su padre. Quisiera que Manuel se alejara para siempre de nuestras vidas y no esté aquí viniendo muy a gusto a ver a la niña y queriendo tomar decisiones como si él y yo fuéramos una pareja. El pasa una aportación mensual para los gastos de Valeria. El anda saliendo con otras personas y se que en cualquier momento va a rehacer su vida y se casará con alguien que él ame. Solo de pensar en eso, me siento fatal pero se que es la realidad. Actualmente estoy en terapia porque se que mi hija me necesita y yo ya quiero olvidar a su padre, pero me cuesta mucho trabajo porque en cierta forma tenemos comunicación por Valery. Quisiera cortarle definitivamente. El me dice que seamos amigos, que salgamos con Valery. ¿Podrá darme su punto de vista por favor? espero no haber sido muy rollera pero necesitaba platicarle como ha sido todo. Gracias Espero su comentario. Karla

Estimada NN:

Gracias por tu confianza. Esas cosas tan íntimas son las que Dios quiere que también a él le platiques a solas, en tu habitación o en una iglesia. Los hombres son así: Le piden a la mujer que se les entregue y una vez que ella cede la menosprecian. Tú vales mucho, no debes de entregarte a nadie sin que haya de por medio un matrimonio, porque sino te va a seguir pasando lo mismo. Ya cometiste un error, y luego volviste a caer en él. Manuel se da cuenta de que satisfaces su pasión pero no lo elevas, no lo llevas a Dios, a la pureza. Pienso que conviene que nunca te quedes a solas con él, que te portes más seria, amable pero que no vea que a la primera te entregas, por que los varones piensan: “Lo que haga conmigo lo va a hacer con otros”. No piensan que en realidad la mujer sólo se entrega por amor. Haz el propósito firme de no ponerte en la ocasión de volver a tener relaciones con él. No te quedes sola en un lugar como una habitación o un coche. Cuida tu cuerpo, tu alma, tu intimidad. Si eres católica, acude al sacramento del Perdón para que tengas más fuerza para decir que NO. Además, así te sentirás ligera, sin culpa.

Un abrazo con cariño.

Miranda

LOS NOMBRES HAN SIDO CAMBIADOS.

5 lecciones matrimoniales

Desde economía hasta ideas divertidas de citas, estas pequeñas sugerencias pueden hacer una gran diferencia en cualquier matrimonio

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Después de 42 años desde que se dedicaran su primer guiño cómplice en clase de Álgebra II, mis padres todavía actúan como risueños adolescentes enamorados. Pasean alegremente por la calle, se van de cine, hablan sin parar durante horas y ríen juntos hasta bien entrada la noche. Solo cuando me casé fui plenamente consciente del peso de las lecciones matrimoniales que había presenciado en mi padre y mi madre. De mi madre, he conseguido una inmensa sabiduría de la vida en general, y del único y privilegiado papel de ser esposa.

Del ejemplo profundo y expresivo de mi padre, que resuena en mí debido a nuestros rasgos de personalidad en común, he aprendido mucho sobre el matrimonio y la vida. Siempre he admirado y he tratado de emular la energía, el optimismo y la inteligencia interminables de mi padre. Es capaz de iluminar una conversación normal con su narrativa carismática y su pensamiento inventivo.

Cuando estamos juntos, no es extraño encontrarnos compartiendo unas risas o una conversación fascinante, jugando a algún juego o trabajando en un proyecto, sea lo que sea lo que hagamos, lo disfrutamos con alegría.

En mi banquete de bodas, mi padre y yo le dimos una vuelta de tuerca más al tradicional baile de padre e hija. Ideó una mezcla de nuestras canciones favoritas y saltamos y bailamos y lo pasamos en grande. Añadimos movimientos especiales con un significado especial. Así es la naturaleza de nuestra relación: toneladas de diversión con una profunda conexión y una capacidad para hablar sobre las cosas importantes de la vida.

Aunque mi matrimonio todavía es joven, me he descubierto usando muchas de las estrategias de mi padre para la vida y las relaciones:

1. Practicar reacciones positivas

Durante el transcurso de unos cuantos años —con una inversión total en el matrimonio y en una vida con cuatro hijos— mi padre sufrió una rotura de brazo, otra de espalda y más tarde de muñeca, lo cual terminó dejándole parcialmente paralizado de su brazo y mano izquierdos.

Pero en vez de quejarse, mi padre relata cómo sus enfermedades y lesiones propiciaron circunstancias positivas en su vida, como el hecho de que la discapacidad y el desempleo terminaron por llevarle hasta un trabajo profundamente satisfactorio. Mi padre mira más allá de los puntos negativos para ver los tremendos regalos que surgen de los desafíos vitales.

La Universidad de Pensilvania, lugar de nacimiento de la psicología positiva, descubrió que las parejas felices y prometedoras ponen énfasis en lo positivo de la vida. Cuando surge el estrés marital, por cosas como el desempleo o una enfermedad, a las parejas que responden con una fortaleza optimista les va mucho mejor.

Cuando falleció mi abuelo mientras mi marido y yo viajábamos por Asia, yo tuve dificultades con estar tan alejada durante un momento tan delicado y emocional. Mi padre me ayudó a ver los aspectos positivos de la situación, como que podíamos ofrecer una misa en honor de mi abuelo en un país tan lejano como Birmania, algo que a mi abuelo le habría parecido insólitamente chulo.

Aunque no estuve físicamente presente durante el funeral, mi marido y yo pudimos celebrar la vida de mi abuelo y mantener el contacto con la familia a través del teléfono, mensajes y abrazos a la vuelta a casa. Aprendimos con la perspectiva positiva y el ejemplo de mi padre sobre que una situación difícil puede tener un resultado hermoso si escogemos verlo de esa forma.

2. Mantener conversaciones financieras regulares

De pequeña escuchaba historias sobre cómo mi padre solo comió sándwiches de mantequilla de cacahuete y mermelada durante años para reducir el gasto en casa y poder ahorrar para el futuro. También recuerdo a mis padres hablando frecuentemente sobre donaciones a la caridad, sobre alternativas de gasto y ahorros para la jubilación. Debatían sobre los gastos y los ahorros con antelación para evitar desacuerdos financieros.

El compromiso matrimonial y una comunicación saludable se conservan cuando las parejas han establecido unas directrices y unos límites para sus decisiones financieras”, resolvía un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Mis padres mantienen un plan financiero actualizado al mismo tiempo que fortalecen la comunicación entre ellos.

Gracias a que recuerdo estas conversaciones regulares entre mi madre y mi padre, mi marido y yo —para ser sincera, sobre todo mi marido— llevamos una plantilla con nuestro presupuesto. Tratamos de hablar de nuestras finanzas sin tener que recurrir al vino. Cuando lo dejamos todo claro y bien atado, nos damos cuenta de que las próximas semanas son más tranquilas y que el estrés no nos afecta tanto.

3. Apoyar a tu cónyuge en sus proyectos

El interés de mi marido por la enseñanza nos ha llevado a vivir en el extranjero. Hay días que nuestro futuro incierto puede desbarajustarme emocionalmente y dejarme como un chirriante tiovivo desvencijado.

Mientras mi madre nos educaba en casa, a mí y a mis tres hermanos, y también lograba sacar adelante todo el hogar, mi padre trabajaba en un empleo exigente a tiempo completo y con un largo trayecto de casa al trabajo. En medio de este periodo frenético, mi padre apoyaba a mi madre cuando la invitaban a algún circuito de conferencias. Él permanecía como su mayor fan y la animaba a lanzarse sobre cualquier oportunidad.

El pensar en el ejemplo de mi padre a la hora de apoyar las ambiciones de mi madre me ayuda a recuperar mi firmeza para respaldar a mi marido en sus sueños, aunque eso suponga vivir en un país diferente o no saber cuál será nuestro próximo paso.

El doctor Gary Chapman, autor de Los cinco lenguajes del amor, explica que “las acciones de apoyo a menudo marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso”. Anima a las parejas a estimular y respaldar los proyectos de sus cónyuges, sean grandes o pequeños.

4. Escoger la integridad, incluso cuando no es conveniente

El doctor James Craig, un terapeuta matrimonial de Indiana, opina que “la amenaza definitiva para los matrimonios de hoy en día no es el estrés de origen externo, sino lo que sucede en el interior [de la relación]”. Según continúa: “La gente se centra más en lograr ser felices ellas mismas que en hacer lo que es correcto”. A menudo he visto a mi padre priorizando el camino de la rectitud y la integridad.

Cuando la madre de mi madre estaba al borde de la muerte por un cáncer, mi padre trasladó a su joven familia para estar más cerca de ella. Aunque se sacrificaba con un trayecto a su trabajo de casi tres horas, dejó a un lado su conveniencia para poner primero a mi madre, a mi abuela y a los demás.

No he tardado mucho en darme cuenta de que poner primero a mi marido y hacer lo correcto en un matrimonio es más difícil de lo que parece.

Cuando mi marido y yo diferimos, hace falta poder mental y emocional para mostrar paciencia y entendimiento. Requiere poner un pie fuera de mis propios deseos y mi hilo de pensamiento para hacer lo que es correcto. Basándome en mi rendimiento hasta ahora, imagino que cualquier coach honrado me diría que necesito más práctica.

5. Organizar citas divertidas

A veces mi marido y yo nos estancamos en el trabajo y en la planificación de nuestro futuro y se nos olvida divertirnos.

Recuerdo que cuando éramos más pequeños, mi padre daba prioridad al tiempo con mi madre, porque sabía que si seguían organizando citas juntos mantendrían la llama del romance. A día de hoy, encuentra tiempo de la forma que pueda para salir de cita con mi madre y pasarlo bien juntos, ya sea en una cena, una película o un paseo por la ciudad.

Mi marido y yo nos hemos dado cuenta de que incluso después de una escapada sencilla, como un evento gratuito de la comunidad o un paseo en bici, nos sentimos refrescados y reconectados como pareja.

Siempre estaré agradecida por las formidables lecciones que aprendí del carácter y del ejemplo de mi padre, y continuaré luchando por tener un matrimonio sano y duradero como el de mis padres. Si empleamos los sencillos secretos que funcionaron en parejas que admiramos, podemos conseguir mucho a la hora de ayudar a fortalecer nuestros propios matrimonios.

Lecciones de vida de una mujer de 100 años

Perlas de sabiduría para el día a día

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Annabelle Black, centenaria, vivió la gripe española, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y los grandes cambios desencadenados durante los años 1960 y 1970. Su familia fue la primera en el barrio en tener un coche y ella vio la evolución de la tecnología de la radio hasta el smartphone.

Annabelle formaba parte de una familia de diez hijos y crió a seis niños. A ella le encantan sus doce nietos y cuatro bisnietos. Conjuntamente con la creación de una familia llena de fe y feliz, ella tuvo una carrera próspera. Fue una innovadora de la fuerza del trabajo en la década de 1960 cuando se volvió la primera asistente del Huntington, NY Town Attorney, cargo creado para ella, debido a su brillo y tenacidad.

Ella es parroquiana activa en su iglesia, donde desempeña el cargo de presidenta de la Sociedad del Rosario y Ministerio Eucarístico. Ella sigue sirviendo como lectora y es conocida y amada por su mezcla singular de gracia y sentido común y su espíritu inquebrantable de esperanza y buen humor. También es un modelo de clase y bondad. Su estilo es osado e implacable.

Annabelle Black es mi abuela. Yo llevo su nombre y estoy orgullosa de decir que ella (junto con mi madre que también tiene el mismo nombre) es mi modelo de feminidad.

Pienso en ella todos los días. Su ejemplo me inspira cuando estoy comprando ropa, luchando con los dolores de embarazo, decorando mi casa, dando clases, cocinando, o decidiendo cómo quiero criar a mis hijos. Yo siempre he acudido a ella en los duros momentos de mi vida y ella siempre ha sido un paraguas de fuerza y sabiduría.

Ya que vamos a celebrar su 100º cumpleaños, con la mente y los ojos brillantes como siempre, sentí que era un buen momento para entrevistarla, y compartir la sabiduría increíble que tuve el privilegio de aprender con ella a lo largo de mi vida con el resto del mundo.

Como consecuencia de la reciente conversación y las muchas conversaciones que hemos tenido a lo largo de los años (he admirado su filosofía y abordaje de vida desde que era los suficientemente mayor para conversar) aquí está la manera de vivir plenamente con 100:

  • Redescubre tu niño interior.

Tómate un sorbete o cómete un hot dog en la calle.

  • También tu propia empresa:

“Tienes que ser capaz de resistirte a ti mismo”, dice Annabelle. Existen muchas conversaciones sobre aprender a “amarte a ti mismo”, pero no sobre disfrutar estar solo y no dejar que los sentimientos de culpa, inseguridad, tedio o duda destruyan tu alegría.

  • Ten sentido del humor.
  • Entiende que el humor puede desarrollarse y construirse a lo largo del tiempo, como un músculo.

Puedes mantenerlo humilde, también.

  • Desarrolla un talento especial para crear tu propia diversión.

Un poco de travesura siempre es bueno.

  • Cultiva tus propios intereses.

Ten pasatiempos más allá de la maternidad y carrera… o, en sus palabras, “enloquecerás”

  • Conoce tus cosas favoritas:

Dulces, música, color, asignatura, comida, etc. Eso ayuda a explicar quién eres: para ti mismo y para los demás.

  • Ten tu propia palabra favorita:

“Esperanza” es una buena palabra… o cualquier otra palabra que tu alma diga.

  • Localiza lo que te hace sentir bonita y vuélvelo parte de tus rituales diarios:

Pueden ser aretes, un estilo de cabello, un poco de colorete. Viste lo que te hace sentir mejor.

  • Interésate más en el amor que en ser amado.

Junto con eso, piensa en otras personas más que en ti mismo.

  • Establece la hora del te como un ritual diario. La tetera es necesaria.

La familia real sabe eso… ¿por qué no tu familia? Incluso si bebes café diariamente (como lo hace Annabelle), hay algo inexplicablemente calmante sobre el acto de verter agua caliente sobre hojas de té en una olla brillante. Derramar y saborear, solo o con otros, un té de tarde cura el cuerpo y el alma.

  • La música debe ser parte activa de tu vida, aún más si lo haces solo.

Desenpolvar el instrumento que tocaste en la escuela o cantar en la ducha. Cuando Annabelle era joven, acostumbraba a volver a casa y ver a su papá tocando el piano y a su madre cantando junto a él. Ellos no eran músicos profesionales, pero animaban a la familia, compartiendo sus melodías.

  • Haz diariamente algo para mantener tu cerebro activo:

Annabelle lee mucho, hace crucigramas a diario y toca el piano.

  • Memoriza poesías.

Descubre los poemas que son más significativos para ti y cítalos cuando hubiera la necesidad de encontrar significado o compartir la sabiduría con alguien.

  • Camina para ejercitarte. Cuando sea posible, sube escaleras.

Camina y sube escaleras lo suficiente y no necesitarás más del gimnasio. Annabelle recomienda: si es posible, vete a pie hasta la panadería para comprar el pastel de chocolate y, enseguida, cuando llegues a casa, cómete un pedazo, sin culpa.

  • Busca la comedia y el drama como un equilibrio en el entretenimiento.

Busca dos programas de televisión favoritos: el drama para hacerte pensar y la comedia para hacerte reír.

  • Una extravagancia ocasional puede sustituir un año de terapia.
  • La moda no es frívola.

Es una forma de autoexpresión. Annabelle dice: “A veces es una razón para vivir”. Incluso a los 100 años, ella se expresa a través de lo que usa.

  • No tengas miedo a seguir tu propio estilo.
  • Brillo y brillo

Ponte lindos collares y aretes, especialmente “una joya más antigua”.

  • No tengas miedo de usar colores.

Huye de los habituales cafés, beiges y negros.

  • No te vanaglories.
  • Ten cuidado con los elogios:

Haz siempre elogios, pero no los tomes muy en serio cuando se refieran a ti. Todo el mundo tiene inseguridades.

  • Ve a las tiendas de antigüedades.

Es divertido y puedes encontrar una rareza para tu casa.

  • Manda tarjetas de cumpleaños por correo.

En esta época de e-mails, todavía hay algo atemporal y especial sobre el acto de escribir una carta a mano. A Annabelle le gusta incluir santitos o inserciones de inspiración dentro de las tarjetas. Ella las manda a todos sus amigos y familiares, jóvenes y ancianos… y a todos les encanta recibirlas.

  • Aprecia cada edad:

Todos tienen algo que celebrar y algo que enseñar.

  • Sé agradecido.

Annabelle cree en el poder de dar gracias antes de las comidas, y ella siempre reza así: “Pedimos por aquellos que no son tan afortunados como nosotros. Y que podamos tener siempre el máximo”.

  • Sé caritativo.

Ayuda a los necesitados. Enseña a los jóvenes. Protege a los inocentes.

  • Moderación en todas las cosas es un elixir de la juventud.

No bebas mucho alcohol ni abuses de nada.

  • Busca las alegrías simples.

Un buen libro, un paseo en bicicleta, un baño de espuma.

  • Aprende a hablar de ti mismo.

Como Annabelle diría: “Dios te dio una boca, úsala”.

  • Las mujeres deben ejercitar más su poder.

No permitas que tus hijos tengan la última palabra. No cedas cuando ellos tengan una rabieta. Habla cuando tu marido esté equivocado. Habla cuando el jefe no entienda el buen trabajo que haces. Deja que se oiga tu voz.

  • Ten el valor de ser anticultural.

Es importante ir “a la moda”, pero deja las tendencias cuando violen tus valores.

  • No pongas el dinero en primer lugar en tu vida, o perderás tu alma.
  • Pero ten un guardadito:

Un poco de dinero guardado para una emergencia o diversión, o para ayudar a alguien.

  • Estate preparado.
  • Piensa más allá del profesionalismo.
  • Si eres jefe, sé el tipo de jefe que te gustaría tener.
  • Una mujer tiene derecho a mantener una aura saludable; un hombre debe ser un libro abierto.

Busca el tipo de hombre que es honesto y franco.

  • “Una mujer que dice su edad dirá cualquier cosa”.

Especialmente si eres lo suficientemente afortunada como para parecer más joven de lo que eres, no lo digas. Hasta que tengas más de ochenta…

  • Sal a bailar con tu marido, incluso aunque él no baile.

Es romántico. Y siempre que vayas a una boda, no olviden bailar juntos. Eso renueva sus promesas matrimoniales.

  • Ten valor.
  • Ríe todos los días:

A propósito, no hay problema en reír sobre algo tonto, incluso en los tiempos más sombríos. La risa nos mantiene joven.

  • Ama tu país:

Recuerda que eres parte de algo mayor.

  • Encuentra una manera de añadir un capricho a tu vida en la decoración de tu casa.

Annabelle cuelga cascabeles en la puerta para recibir a los invitados con un sonido brillante y alegre.

  • Las casas deben tener rincones…

Son pocos los lugares donde disfrutamos de la serenidad.

  • Cada cuarto debe tener una colcha.
  • Cada casa debe tener una decoración especial.
  • Tu casa debe indicar tu fe.

Las personas que entran deben saber a quién o qué amas. Annabelle siempre tuvo el arte religioso en la pared como un recordatorio de que su fe es una parte importante de su vida.

  • Arreglar la casa puede ser una oportunidad.

Es un ejercicio físico y emocional, y una oportunidad de ser orgulloso y humilde al mismo tiempo: orgulloso de lo que creaste y humilde para cuidar de ti mismo.

  • Tu casa es tu lugar.

Es una manera de expresarse. Es también un refugio, un lugar donde la familia y los amigos deben querer ir. Debe reflejar alegría.

  • Pon una buena mesa: aunque estés solo.

No tengas miedo de usar tus mejores manteles de mesa, cubiertos, copas y platos en el día a día. Nosotros, muchas veces, guardamos las cosas para los días “especiales”, que son raros, en lugar de volver cada día especial. Annabelle practica esa sabiduría incluso después de quedar viuda. Era una manera de recordar su propia dignidad, mantener una rutina y ritual de autocuidado.

  • Vuelve agradables las tareas no tan agradables.

Cuando salgas a tirar la basura o al hacer alguna tarea doméstica, mira alrededor, las flores o las estrellas.

  • Dedica un área entera de tu casa para que estropeen tus nietos o niños.

Annabelle tenía un armario de esquina con vidrio lleno de dulces y chocolates. Sus nietos tienen buenos recuerdos de ese rincón.

  • Tener una familia es un acto bonito y heroico.

Annabelle dice: “no tengas miedo de tener hijos. Yo tuve seis. A veces fue difícil, yo a veces estaba sobrecargada, pero nunca me arrepentí. Cada uno de ellos mejoró mi vida”. Annabelle dice que ella entiende que puede intimidar imaginar cuidar de un ser completamente dependiente o tener una boca más que alimentar. Pero ella dice que cuidar de sus hijos fue el mejor momento de su vida y ha conocido las alegrías de cada etapa. Lo volvería a hacer, en un abrir y cerrar de ojos.

  • Estás más cerca de Dios cuando estás en un trabajo de parto.

El hermano mayor de Annabelle, un sacerdote jesuita, siempre le recordaba antes de que ella entrara en el trabajo de parto: “Recuerda: tú eres el vínculo para tu hijo entre el cielo y la tierra, y estás ayudando en el acto de la creación”. Annabelle cree que, aunque estés en trabajo de parto, es una oportunidad especial para orar por las personas que más necesitan de tus oraciones.

  • Las mujeres deben tener siempre la palabra final en la elección del primer nombre de su bebé.

Finalmente, ellas hacen todo el trabajo al traer al bebé al mundo. Los maridos pueden dar ideas, pero deben apoyar la elección de la mujer para el nombre del bebé.

  • Cuando vuelvas a casa con un nuevo bebé, más mayor, debes recibir mucha atención.
  • Tus hijos pueden ser tus profesores.

La mamá de Annabelle le enseñó a su abuela a leer y a escribir.

  • A veces necesitas dar más atención a un niño de la familia.

Mientras que ningún padre debería tener un hijo favorito, puede haber momentos en que ellos se preocupen más con uno que con otro, y no deben tener miedo a dar más atención durante el tiempo que el niño lo necesite.

  • Las familias deben tener humor, oración y música todos los días.

Puedes cantar o silbar mientras lavas o limpias la casa y los niños se admirarán con tu alegría y aprenderán que el trabajo no es algo malo.

  • Desanima la competencia entre hermanos.

Ellos necesitan ser solidarios entre sí y apoyarse unos a otros. A fin de cuentas, hay un mundo cruel allá fuera.

  • Viste muy bien a tus hijos.
  • Enseña a los niños a mantener el orden en tu casa.

De esta forma, ellos pueden compartir el orgullo de un trabajo bien hecho.

  • Todos en la familia deben ayudar.
  • No esperes la felicidad para tus hijos…

La felicidad es una consecuencia de una buena vida, no una meta. Críalos para que sean personas de buen carácter e integridad y fe, y el resto vendrá con el tiempo.

  • Enseña a tus hijos.

Enséñales a decir “por favor” y “gracias”, incluso aunque a ellos no les guste el regalo o la comida. Además de eso, los niños no deben saber todas las conversaciones de los adultos. La infancia debe ser un momento inocente y relativamente despreocupado de la vida.

  • No seas individualista.

Cada miembro de la familia es responsable de la buena reputación del otro.

  • No tengas miedo de decirles a tus hijos ya mayores lo que deben hacer.

A la larga, ellos apreciarán tu preocupación y orientación.

  • Aprovecha el tiempo para hablar con tus hijos.

Habla de sus alegrías y preocupaciones, y comparte tus historias.

  • No valores excesivamente a tus hijos.

Es desagradable, desconcertante y, peor aún, puede volverte contra ellos. También puedes poner demasiada presión sobre los niños.

  • Discute las cosas en la mesa.

Intenta mantener la costumbre de tener una cena especial juntos, como una familia.

  • Implícate en la difusión o los trabajos de beneficencia.

Existen muchos ministerios que necesitan ayuda, y te sorprendería la satisfacción que se obtiene participando, además de hacer nuevos amigos y ayudar a los demás.

  • Ten tu propia oración favorita.
  • Intenta ir a la iglesia al menos todos los domingos.

Es muy gratificante cuando tus amigos parroquiales conocen a tu familia y ven a tus hijos crecer.

  • El mejor regalo que puedes hacerle a tus hijos es garantizar que conozcan a Dios.
  • Los maridos/papás deben ir a la iglesia junto a su familia.
  • Ten un legado relacionado con eventos significativos en la vida de la familia.

Annabelle comenzó una tradición familiar de bordar el nombre de cada nuevo bebé en una pieza que el niño usaría en su bautizo. Esa tradición fue creada en los años cuarenta y permanece hasta hoy.

  • Todos los buenos padres deben hacer sacrificios cuando es para el mejor interés de sus hijos.

Esto es especialmente verdadero cuando se trata de educación y moralidad. Annabelle está orgullosa de ella y del sacrificio de su marido para dar a todos sus seis hijos una educación católica.

  • Ten tradiciones familiares.
  • Todos los días, quédate un rato sin tecnología.
  • Las visitas son bienvenidas.

Familia y amigos deben sentir el calor y la hospitalidad cuando entran en tu casa.

  • Siempre ten comida extra: nunca sabes cuándo alguien tendrá hambre.

Annabelle recuerda vívidamente la Gran Depresión. Cuando un hombre vino a su casa en busca de trabajo y, en lugar de mandarlo con las manos vacías, su madre le dio un plato de comida.

  • Aprende una receta nativa de tu nacionalidad.

Esto aumenta la sensación de identidad de tu familia.

  • La comida realmente puede consolar.
  • Sigue haciendo amigos.
  • No sufras solo.

Invita a tus familiares y amigos, y reza cuando las cosas están difíciles.

  • No tengas envidia.

Destruye el interior. De la misma forma, no guardes rencor o cualquier cosa que corroa tu alma. No vale la pena.

  • Shakespeare tenía razón.

Especialmente cuando se trata de dormir: “el sueño que desata la enmarañada tela de la atención”.

  • Viajar es muy bueno.
  • Examina tu conciencia.

Cada noche, cuando te vayas a acostar, pregúntate: “¿En qué me equivoqué hoy?” E inténtalo hacer mejor mañana.

  • Levántate y brilla.

Intenta encontrar maneras de ser feliz y agradecido por un nuevo día… todos los días.

  • Ten opiniones y creencias.

Manténte vibrantemente interesado en eventos mundiales, política y religión (es algo para leer, pensar y hablar), pero cuidado: no odies a una persona con una creencia diferente de la tuya.

  • Admite el paso de la edad.

No tengas miedo de incorporar las mejores cualidades de una matriarca o patriarca, siendo un ejemplo fuerte, sabio y amoroso para toda la familia.

  • Cultiva la curiosidad y la admiración.

Sé ansioso por conocer las historias de la vida de todos aquellos que amas.

  • Donde quiera que vayas en la vida: florece donde fueras plantado.

Cuando estés viejo y tu vida cambie, recuerda buscar nuevos amigos (nunca es demasiado tarde) y encuentra una manera de ser útil a las personas.

  • Recuerda siempre que somos parte de una “comunión de santos”.

Hay un puente que conecta seres queridos en la tierra con los seres queridos en el cielo.

  • Sé auténtico.

Cuando todo el resto desaparece –juventud, belleza, dinero, poder, carrera– lo que queda es la auténtica vida que has construido y promovido: ese es tu verdadero legado.

  • Recuerda seguir amándote a ti mismo, con todas tus imperfecciones.
  • Nunca olvides que Dios te ama.

Ve a Dios en todas la cosas.

La inspiradora historia de Steve Gleason, atleta con atrofia muscular

Cumple los sueños de los demás, aunque él mismo no puede mantener ni la cuchara

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A veces, basta con un sólo momento para saber que algo especial va a pasar. Es lo que promete el trailer de un documental que cuenta la historia de un ex jugador de fútbol americano Steve Gleason.

Hay indicios de que la película Gleason no se mostrará en los cines de todos los países. Podríamos en este punto empezar a quejarnos de la comercialización del cine contemporáneo, donde no caben obras de valor. Pero esto no sería el estilo de nuestro protagonista.

Tu tiempo es limitado

El atleta sufre esclerosis lateral amiotrófica.

-¿Has pensado en cuánto tiempo te queda de vida? -le pregunta el periodista de televisión.

– Sí. Es un buen tema para la reflexión –le responde Gleason con una voz cada vez más débil.

-¿Por qué?

-Porque todos tenemos nuestro propio camino de la vida que es limitado. Sin embargo, la mayoría de nosotros vivimos como si no fuera así.

Este diálogo (que es una traducción libre) es la última parte del material para la NBC emitido antes de la Super Bowl en 2012, es decir, justo antes del evento deportivo más importante en los Estados Unidos.

Sin embargo, el programa con la participación de Gleason no se centró en la lucha deportiva, sino en la lucha con una enfermedad mortal.

El héroe del fútbol, antes musculoso y duro como una roca, apareció en el programa sufriendo ya más de un año de una enfermedad neurológica grave que consiste en la parálisis de las neuronas motoras, lo que conduce a la atrofia muscular progresiva y a la muerte.

El proceso de esta enfermedad se puede explicar también gracias a la analogía con el deporte: al principio aparecen problemas para tomar la pelota, y luego para tomar… el aliento.

“El santo” de Nueva Orleans

Puede parecer que la película Gleason es una historia sobre la pérdida, sobre revivir las antiguas glorias, sobre las injusticias del destino, la desesperación… No es ninguna de estas cosas.

No es el estilo del ex jugador del Santos de Nueva Orleans (New Orleans Saints), o populares “Santos” en Nueva Orleans.

Creo que mi futuro será mayor que mi pasado“, dice el atleta en la película. Tampoco piensa rendirse a la lenta desaparición de la función motora y a la muerte inminente.

En la fase inicial de la enfermedad comienza a realizar sus sueños. Después de un tiempo se da cuenta de que debería también hacer algo por los demás. Así que crea la fundación “Team Gleason”, cuya misión es organizar excursiones para otros pacientes con esclerosis lateral amiotrófica.

La idea es darles la motivación para seguir viviendo y para mostrar al mundo que las personas con esta enfermedad pueden alcanzar sus objetivos. Y cumplir sus sueños.

La belleza del matrimonio

El enfermo terminal Steve Gleason y su mujer deciden tener un hijo. Es una decisión consciente. La relación entre padre e hijo mostrada en la película, conmueve.

Por un lado vemos al antiguo héroe de los deportes, perdiendo la voz y la movilidad, cada vez más endeble que requiere de un cuidado constante. Por otro lado aparece el hijo, que -a diferencia de su padre- aprende a andar, hablar y con cada año aumenta su independencia.

También está la mujer que no tiene la intención de desesperase y apoya a su marido en la dureza de la enfermedad.

Aquí llegamos al mensaje que aparece al comienzo del anuncio de la película: lo importante en el matrimonio no es sólo la forma en que nos comportamos cuando todo va bien, sino, sobre todo, cómo nos comportamos en los tiempos difíciles.

Foto de niña rezando por sin techo se vuelve un éxito en Internet

En su cumpleaños, la pequeña Harmony pidió regalos para dar a los sin techo. Y, al entregarlos, ella fue más allá

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A lo largo de las últimas semanas, se ha hecho viral en las redes sociales la imagen de la pequeña Harmony, de 9 años, que sorprendió a su familia con su pedido de cumpleaños: ella quiso regalos que pudiera dar a los sin techo de su ciudad, Chicago, en los Estados Unidos.

El día que entregó los regalos, Harmony fue más allá: ella rezó por un sin techo que, emocionado, se inclinó y lloró.

Fue cuando la prima de la niña, Aris Billingsley, sacó la foto.

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Al postear la foto, Aris, escribió:

“¡Es increíble que el corazoncito de ella sea tan grande! Todo en Chicago es real… El amor es real, el odio es real, los asesinatos son reales, la pobreza es real. Y esta es una foto real de mi prima maravillosa, rezando de verdad por un sin techo. Yo quise compartir la foto con ustedes porque me conmovió, así como conmovió al hombre, que se inclinó llorando. Si quieres compartir algo, comparte esto”.

La aceptación de uno mismo

La aceptación de sí mismo es un deber tanto para el hombre como para la mujer. Deber difícil porque esta aceptación no nacecon nosotros. Tenemos queaprenderla. Si yo no me acepto, no puedo aceptar a otros. Si yo no me amo, no puedo amar a otro. La aceptación de sí mismo es necesario para cada ser humano. Si vivo en conflicto con mi cuerpo, vivo en conflicto con Quien me ha creado, como le sucede a los que plantean la perspectiva de género.

Para amar a los demás, el ser humano debe de empezar por amarse a sí mismo. La medida del amor al otro ha de ser la del amor a sí mismo.

Las mujeres no se liberan por el camino de esforzarse en ser como los hombres. La llamada a la liberación es mucho más que eso. Requiere que las mujeres se acepten a sí mismas en su originalidad. El hombre no es superior a la mujer, simplemente son diferentes, para complementarse.

Enamorarse es fácil, pero ser constante y lograr el crecimiento del amor, no lo es. Y esto lo podemos constatar en muchos casos. El amor desea el bien del otro, quiere que sea mejor; pero ¡cuánto cuesta aceptar los defectos ajenos! Amamos realmente cuando aceptamos al otro tal y como es, con sus defectos y con sus cualidades, pero con la esperanza de que luche y supere sus defectos.

El amor auténtico es exclusivo y tiene un matiz de absoluto. El amor verdadero implica tratar a la otra persona de modo excepcional, amable y cordial. El amor inteligente está formado de tres elementos básicos: corazón, cabeza y espiritualidad. Cuando se elige pareja, hay que apostar por los valores interiores. Si no, tarde o temprano ese romance termina por aburrir.

La felicidad está construida a base de amor, trabajo y cultura, sin que por eso pierda su aspecto trascendental. Al contrario, de algún modo, el amor, el trabajo y la cultura trascienden cuando se les da su sentido y se les ubica en un proyecto donde cabe lo espiritual.

El amor es como el fuego, que hay que avivarlo cada día, de otro modo se apaga. Hay que nutrirlo de cosas pequeñas, de detalles cotidianos que hacen la vida agradable y llevadera tanto al cónyuge como a los hijos, si los hay.

En nuestros días se le da tal lugar a la belleza física, que con frecuencia se olvida la importancia del buen carácter y de los valores de la persona. Si se acaba la hermosura y la atracción, ¿se acaba el amor?… ¿Fue amor verdadero el que no supo superar el paso de los años?

Cuando se ama verdaderamente, se ama con todo el ser y a través del tiempo.

Te invito a leer un soneto de Francisco de Quevedo (del Siglo de Oro de la Literatura Española); en una primera lectura, escucha su musicalidad, en una segunda lectura, trata de entenderla, y en la tercera, profundiza en su significado.

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera.

mas no de esotra parte en la ribera

dejará memoria, en donde ardía;

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a la ley severa.

 Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido:

 su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

Cuando la pasión mata el amor

En el frenesí de los cuerpos que se consumen, a veces no está el corazón

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Los besos se multiplican siguiendo el ritmo desenfrenado del hervor interno y de la carne febril, difíciles de controlar.

Estas almas se ofrecen mil besos y, con los ojos cerrados, se lanzan cual suicidas hacia el océano negro de la ilusión romántica. No viven en el mundo real, sino en el disfrute de ellos mismos a través del otro, en la evasión ridícula que ofrece el amor pasional y de espectáculo.

Por desgracia, estas almas tan lanzadas se enfrentan a una catástrofe, confundidas por las falsas concepciones del amor, que lo convierten en un producto de consumo, del que se abusa y luego se desecha.

El amor no es la expresión de los instintos sexuales, sino un propósito común que requiere la unión de las voluntades.

Antoine de Saint Exupéry señalaba con buen acierto que el amor no consiste en mirar fijamente a los ojos del otro, sino más bien conducir esa mirada común en una misma dirección.

La importancia del cuerpo en la expresión del amor

No se trata de que los puritanos no encuentren en los cuerpos un apoyo a sus elucubraciones, ¡todo lo contrario! Mi objetivo aquí no va en contra del cuerpo humano, sino más bien en su favor.

El cuerpo no es un instrumento que deba ser utilizado de acuerdo con nuestros pequeños apetitos libidinosos; es el santuario sagrado que permite la expresión del amor, ese movimiento interior que proviene de las entrañas del alma.

¡El amor es una Divina Liturgia que puede desplegarse sólo a través de su lenguaje de excepción!

El cuerpo es al alma lo que el cofre al tesoro. Dicho de otra forma, el cuerpo es el signo visible por el que se traduce la realidad interior.

Si el cuerpo es un santuario, entonces debemos velar por que sus puertas no se abran en vano a ladrones malintencionados –y que a menudo son ciegos– que no dudarían en precipitarse sobre el tesoro para profanarlo.

Por eso, mientras se esboza el dibujo de un amor, es conveniente, antes de nada, recordar que éste se expresa muy a menudo en las pequeñas atencioneso, con mayor motivo, en los gestos delicados que valen mucho más que mil palabras, que a menudo se las lleva el viento.

No hay que dejar de transmitir cierta ternura, pero siempre vigilantes de que los actos reflejen ese amor oculto en el castillo del alma y no algunos deseos exaltados que buscan solamente el placer.

El amor, algo más que un ideal

El amor no es ese ideal tan sólo presente en el imaginario de los poetas, reservado a determinadas élites especiales y que nadie más puede alcanzar, de tan perfecto que es, tan alejado de la realidad de una existencia humana que se mide en virtud de su sufrimiento, de sus cicatrices y de la muerte.

El amor, como el ideal más perfecto de todos que jamás podría conjugarse con el presente de nuestras vidas. ¡No! El amor es más bien la verdad a la que todo ser humano aspira y sin la cual el corazón se reseca, vaciado de su substancia.

El amor es esta verdad que muestra y recibe al otro tal y como es, con sus límites y sus espinas.

El amor tampoco es una abstracción por encima incluso del concepto, en contraste con la idea de lo real y lo carnal.

El amor no puede quedar reducido a un simple contrato que rechace cualquier emoción y que sea motivado exclusivamente por la inteligencia y la razón.

¡Cuidado con los mojigatos! No somos espíritus puros, sino seres compuestos de espíritu y materia; y sería una falta de respeto hacia la obra divina impedir que el amor atravesara nuestro ser por entero, es decir, tanto nuestra sensibilidad como nuestra carne.

El amor es la aceptación del obsequio TAL Y COMO ES, sin máscara, sin comedia alguna.

El amor es presentarnos en toda nuestra desnudez, tanto física como espiritual, con todo lo que somos.

El amor es la síntesis grandiosa de todos estos elementos, esta armonía interior, que exige un alma motivada por el corazón, iluminada por la razón, y elevada por la gracia.

Miedo a no ser amado

Por beckyreynaud

joven-triste-o-con-problsLa angustia de todas las angustias “es el miedo a no ser amado, a perder el amor; la desesperación es la convicción de haber perdido para siempre todo amor, el horror de la total soledad”. La esperanza, en cambio “es la certeza de que recibiré el gran amor, que es indestructible, y que ya desde ahora soy amado por este amor” (cfr. Joseph Ratzinger, Mirar a Cristo, EDICEP. Valencia 2005, p. 73-74). Según Santo Tomás de Aquino, la raíz de la desesperación se encuentra en la así llamada acidia, que nosotros traducimos por pereza, en cuanto falta de voluntad de un hacer activo; según Tomás es idéntica a la “melancolía de este mundo”. El gran éxodo de la Iglesia, dice Ratzinger “ha tenido ciertamente este fundamento, se quería ser libre de pesados límites (…). Parecía que sólo había libertad de alegría para los no creyentes (…). Hoy se ha experimentado hasta la saciedad las promesas de la libertad ilimitada (…). Las alegrías prohibidas pierden su esplendor en el momento en que ya no están prohibidas”, mientras que la llama de hambre de lo Infinito siempre permanece encendida. La raíz más profunda de esta tristeza es la falta de una gran esperanza y la imposibilidad de alcanzar el gran amor. Todo lo que se puede esperar ya se conoce y todo amor desemboca en la desilusión La antropología cristiana dice que la tristeza deriva de una falta de ánimo grande, de una incapacidad de creer en la propia grandeza de la vocación humana, la que Dios pensó para nosotros. El hombre no tiene confianza en su propia grandeza, quiere ser más “realista”. El hombre “no quiere creer que Dios se ocupe de él, que le conozca, le ame, le mire, le esté cercano” (Mirar…, p. 77). Hoy existe un extraño odio del hombre contra su propia grandeza. El hombre se ve a sí mismo como el enemigo de la vida, se ve como el gran perturbador de la paz de la naturaleza, la criatura que ha salido mal. Su liberación y la del mundo consistiría en el destruirse a sí mismo y al mundo, en el hecho de eliminar el espíritu. “Al inicio de este camino estaba el orgullo de “ser como Dios”. Era preciso desembarazarse del vigilante Dios para ser libres (…). Esta rebelión de la pereza humana contra la grandeza de la elección es una imagen de la sublevación contra Dios” que cualifica de modo particular a nuestra época. En México, en la mitad de los hogares hay gritos cada semana. Y uno de cada 5 adultos reconoce que no hay muestras de cariño en su hogar. La decadencia de la sociedad es consecuencia de que el hombre coloca su voluntad, su soberbia y su comodidad por encima de la pretensión de verdad. Ya no tiene un amor grande a la verdad, ya no la busca. Esta inversión de extiende a todos los campos de la vida. Lo antinatural se convierte en lo normal. El hombre que vive en contra de la verdad, vive también en contra de la naturaleza. Su capacidad de inventiva ya no sirve para el bien, se convierten genialidad y finura para el mal. Ya no domina la vida sino la muerte. Pieper decía que la tristeza perezosa es “uno de los elementos determinantes del rostro secreto de nuestro tiempo”. Un exceso de actividad exterior puede ser el intento lamentable de colmar la íntima miseria y la pereza del corazón, que siguen a la falta de fe, de esperanza y de amor a Dios y a su imagen reflejada en el hombre. “Aprender a rezar es aprender a esperar y por lo tanto es aprender a vivir”, dice el Papa Benedicto XVI (Mirar a Cristo, EDICEP 2005, p. 72).