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Archive for the ‘Matrimonio’ Category

Todo empieza como una relación inocente

En nuestra sociedad apresurada hay pocos espacios y casi ningún tiempo para compartir nuestra intimidad con nuestro cónyuge e incluso con algún amigo o pariente muy cercano. Por eso se hace especialmente peligroso cuando se presenta la ocasión de que alguna persona empiece a ocupar el espacio que debería ocupar nuestro cónyuge.

La historia es siempre la misma: el cónyuge infiel desarrolló una relación que empezó como una inocente amistad, con alguien al que poder hablar, alguien que le escuchaba, que se preocupaba.

En una sociedad especialmente hostil, es importante proteger el matrimonio con una atención especialmente fuerte. “Cada uno es tentado por sus propios deseos que le atraen y seducen; estos deseos, una vez concebidos, engendran el pecado, y el pecado, una vez crecido, engendra la muerte” (Carta de Santiago 1, 14-15). Necesitamos plantar un seto de protección alrededor de nuestro matrimonio, es decir, tomar decisiones ya, por adelantado, que mantengan la tentación lejos y hagan del matrimonio una prioridad.

La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad. A veces esa relación comienza tomando un café con una mujer que no interesa, de entrada…

Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.

Para proteger tu matrimonio podrías escuchar lo que dice un analista del matrimonio:

Presta atención a lo que piensas. Si todo el día estás pensando en los fallos de tu cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.

No juegues a comparar. Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a tu esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las tres de la mañana, cuadrar cuentas, etc.

Guarda la vista y guardarás el corazón. Matrimonios sólidos se destruyen cuando uno de los dos se aloca porque no guardó la vista, y por ella entran deseos y vanidad. ¿Qué es lo que n os puede retener en las zarzas del camino? La soberbia y la sensualidad.

Busca ayuda. Buscar ayuda es un signo de fortaleza. Busca ayuda quien está dispuesta a presentar batalla; te darán una perspectiva serena, valiosa, para establecer nuevas estrategias para proteger o defender o reconstruir tu matrimonio.

Si no te has casado, vive la abstinencia desde tu noviazgo. Si lo haces así, tu matrimonio será un cielo. Te darás cuenta que él o ella no te usa, no te “amarra” sino que te quiere mejor, casto virtuoso.

Y sucede que a veces hay motivos para no querer cortar con el o la amante, por no saber qué decir: Dile que hay amores que no agradan a Dios. ¿Cómo cuáles? como los amores entre personas del mismo sexo, el adulterio, la lujuria y el egoísmo. En la fornicación, los dos se unen en una sola carne de maldición.

Otro motivo es no querer herir.

─ No quiero lastimarla (o).

─ Más la vas a lastimar si perseveras en ese “juego” porque la vas a mandar al infierno (y por la eternidad, sino se arrepiente a tiempo). ¿No te importa lastimar a tu familia, y sobre todo, a Dios? Quien peca gravemente vuelve a crucificar a Jesús.

Un autor muy leído del siglo XIX decía que debemos de huir de dos cosas: de “los demonios que no espantan y las cadenas que no suenan. Los demonios que no espantan, son los malos amigos o compañeros: lo que el diablo no puede hacer por si, lo hace por ellos. Las cadenas que no suenan son las ocasiones y peligros: antes de caer en lo grave, sin sentirlo, suele caer y quedar preso de ellas” (Vida Interior de XX, pág. 27).

Le preguntaban a un experto:

¾¿Acaso aconseja ser casto?

Contestó:

¾Recomiendo hacer un uso responsable de la propia sexualidad, si por eso se entiende ser casto. Para ir adelante necesito de los dos remos: el esfuerzo personal y la gracia de Dios. El otro remo es necesario: la oración, los sacramentos, sino, es imposible vivir la vida matrimonial como Dios quiere.

El umbral de excitación del mundo actual está muy alto, y muchos lo quieren imitar. Hay actos complementarios que, en vez de ayudar a la otra persona a que sea más persona, animaliza. No se vale todo. Estamos en una sociedad muy erotizada, y nos estamos olvidando de lo importante: de ayudar a que la otra persona no se animalice. Es más fácil que el varón se animalice a que la mujer lo haga.

No podemos justificar el mal; es muy fácil justificarlo. Hay que arrepentirnos, confesarnos y no pasa nada. Si justificamos el mal nos estaríamos clavando puñales.

-Vivo con un hombre que no es mi esposo.

-Si lo amas, ¡déjalo! No lo vayas a condenar.

La moral es el arte de vivir. La moral dice cómo me tengo que comportar para ser bueno y para ser feliz, para ser como el Creador me hizo, esa es la moral positiva. Si actuamos conforme a la naturaleza seremos felices. Los sacerdotes que permiten comulgar a los que viven en amasiato, los mandan al infierno y ellos se van más abajo. Satanás cree en Dios pero le desobedece.

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AMAR, ES RENUNCIAR, PARA LUEGO GANAR

“¡Quisiera huir con mi novio!”, decía una chica adolescente, sin medir las consecuencias para ella y para el muchacho. No hay sabiduría en ese deseo; hay una inexperiencia feroz. En esta edad se ve el mundo color de rosa y, por un error de este tipo, se puede echara perder una vida. La gente joven debe de aprender a vivir lo propio de su edad: el estudio, la diversión sana, la comunicación con su familia y sus amigos, y no echarse responsabilidades para las que están inmaduros.

Octavio Paz  dice que “la castidad cumple la misma función en Oriente que en Occidente: es una prueba, un ejercicio que nos fortifica espiritualmente y nos permite dar el gran salto de la naturaleza humana a la sobrenatural”[1].

Es propio del corazón humano aceptar exigencias, incluso difíciles, en nombre del amor hacia una persona. El novio que ama a su novia, sabe esperar, y no pide una prueba de amor, cuando él no puede ofrecerle un matrimonio con la misma prisa con la que él pide la prueba de amor. Y a veces, esa prueba de amor termina en odio a quien se le entrega, porque siente que esa persona, en vez de elevarlo, lo rebaja; otras veces, termina pidiendo más y mas. Un joven equilibrado entiende que, la mejor opción, es la abstención sexual antes del matrimonio, y entiende que haya quienes elijan la virginidad para vivir su adolescencia o para toda la vida.

La elección de la virginidad o de celibato para toda la vida es una respuesta al amor de Dios y, por tanto, tiene el significado de un acto de amor esponsal; es decir, de un de una donación esponsal de sí mismo. Es una donación hecha como renuncia, pero hecha sobre todo, por amor.

Vito de Larigaudie fue un hombre extraordinario. Fue un gran descubridor de continentes, y el primero que hizo un viaje en automóvil de Francia a Indochina. Líder de la juventud francesa, fue un hombre que amó a sus semejantes y al mundo. Su espiritualidad se centraba en la admiración ante el mundo creado. Bajo su fotografía se leía una inscripción: “Una santidad sonriente”.

Vito de Larigaudie amaba la aventura, el baile y el canto. Era un magnífico nadador y esquiador. Acogía todas las alegrías y vivía saturado del ritmo de su amable conversación   En sus apuntes escribió: “Todo tiene que ser amado: la orquídea que inesperadamente florece en la selva, la belleza del corcel, el gesto del niño y el sentido del humor, o la sonrisa de la mujer. Hay que admirar todo lo que es bello”[2].

En su vida hubo luchas y sacrificios, y ésta estuvo sometida a la prueba. Tuvo que tomar decisiones valientes porque la integridad nunca ha sido tarea fácil. Escribe:“Sentir en la profundidad de uno mismo toda la suciedad y el hervir de los instintos humanos, y saber mantenerse por encima de todo ello, no hundirse, andar por encima, como se anda por un pantano seco,(…). Era seguramente una mestiza, tenía los hombros preciosos, y esa belleza salvaje de los mestizos de labios gruesos y ojos enormes. Era bella, enloquecedoramente bella. En realidad se podía hacer solamente una cosa… Pero no la hice, salté sobre el caballo y huí a galope, llorando de desesperación y de rabia, pero con la conciencia llena de paz, ya que, por el amor que siento hacia mis semejantes, no quise hacer daño”.

La castidad es posible si está edificada sobre los cimientos de la educación de la voluntad, y si se sabe huir de la ocasión. Se puede hacer frente a la presión exterior tratando, conociéndose a sí mismo, sabiendo que somos frágiles y vulnerables por esencia; pero que la debilidad se hace fortaleza huyendo de la ocasión. Si no huimos, nuestra debilidad corrompe nuestra conciencia, y entonces tratamos de justificar una acción.

El mismo autor escribe: “En lo profundo de mi ser hay aguas puras y tranquilas. No pueden afectarme, pues, las sombras o los remolinos de la superficie (…). Toda mi vida fue una gran búsqueda de la verdad, en todas partes y a todas horas, en todos los lugares del mundo busqué sus huellas. La muerte será como soltarme de la cadena que me tiene atado, y el fin de una asombrosa y estupenda aventura; será la consecución de esa plenitud que siempre perseguí”.

[1] Octavio Paz, La llama doble, p. 22.

[2] Citado por Tadeusz Dajczer, Meditaciones, Clavería, México 1992, p. 231

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Claves para enseñar a los niños el amor de verdad

18 noviembre 2017 Deja un comentario

La familia es el lugar decisivo para recibir y conocer el amor entrañable que prepara para el  matrimonio.

Cuando éramos pequeños mis hermanos y yo, mi padre solía viajar con frecuencia por motivo de negocios y siempre mantenía la comunicación por hermosas cartas de su puño y letra.

Mi madre las leía en voz alta,  sobre todo en la parte en que se dirigía a nosotros, sin embargo, una buena parte por lo general quedaba entre ellos. Lo que si no se nos escapaba es que siempre se despedía de mi madre con la frase: “Tuyo, con entrañable amor”.

Muchos años y muchas cartas con la misma despedida en esas circunstancias, y una vida en común de sincero y profundo amor entre ellos, hasta que mi padre murió, y mi madre  conservo su presencia  tal como si  hubiera seguido viviendo en ella hasta el final de sus días.

Ahora, en mi vida adulta y ya casada, también suelo viajar por motivos de trabajo y con la nueva tecnología del WhattsApp, mantenemos mi esposo y yo constante comunicación, en donde convencida también apelo a la frase “con entrañable amor”.

Ahora puedo comprender profundamente el por qué mi madre conservó tan vivos recuerdos de mi padre. El entrañable amor es todo aquello que se siente en el cuerpo y se comunica al espíritu, y este a su vez manifiesta sus afectos haciendo brotar las expresiones propias de los enamorados.

Son frases que el espíritu conoce y siente como: “¡Cuánto extraño tus caricias!”; “La sola idea de que pronto te veré me quita el cansancio.” ;“¡Qué alegría que me llamaras!”; “Tu recuerdo despierta en mí una gran ternura”.   Son frases que manifestan un amor que surge de las entrañas y se siente en las entrañas con intima aceptación.

Era lo que en las cartas mi madre reservaba para sí y lo hacía entreverando el amor de mi padre con un amor que nacía a su vez desde sus propias entrañas, reconociendo en cada palabra escrita toda la intensidad de la verdad del amor entre ellos.

En ese entreverado, ya no era ya lo que ella sentía o lo que mi padre sentía, sino lo que ambos sentían. Un sentimiento común de apertura y acogida mutua en experiencia íntima, como bien y patrimonio común,  expresado con sus propias palabras, en sus propias formas.

Así, como una manifestación más de ese entreverado, afloraban palabras como: “pichoncito”,“ reina mía”, “chiquitita”, “tesoro”. Son comunes en tantos matrimonios, pero convertidas en solo suyas, pues eran el código de íntimo reconocimiento y aprobación de su amor desde sus respectivas intimidades.

Un amor  arduamente trabajado en los claroscuros de la existencia humana, en la que se amaron no a pesar de sus defectos y limitaciones sino a través de los mismos.

Su amor, siendo lo primero entre ellos, se extendió hacia nosotros amándonos de igual manera con un amor entrañable e incondicional, educándonos y enseñándonos que auto reconocimiento, auto aprobación y auto intimidad, permiten la comunicación del propio cuerpo con la propia alma, lo que capacita el buen amor entre varón y mujer.

Nos educaron así para el matrimonio, porque el amor conyugal verdadero y bueno es un amor entrañablemente afectivo.

Soy consciente de que cada persona tiene para sí mismo su propio amor, su trato, sus afectos y sus sentimientos que pueden ser de mayor o menor calidad; pueden ser armónicos y positivos, también puede ser traumatizantes y dolorosos.

Y de que cuando las cosas van bien en el amor conyugal, significa que aceptamos nuestros defectos y limitaciones mientras luchamos con ellos, sin que por ello sean un estorbo en el trato amoroso con nosotros mismos, por lo que nos encontramos más capacitados para conjuntar ese amor de nosotros con el propio del otro, configurando así el núcleo original del amor conyugado.

En caso contrario significa que estamos incorporando al amor conyugal, las anomalías, carencias, traumas y fracturas de amor propio o de nosotros mismos.

Esto explica que la familia, desde el nacimiento hasta la constitución ya madura de la personalidad, sea la escena primera y el lugar decisivo para recibir amor entrañable incondicional o haber sufrido su carencia.  

La familia marca para bien o para mal la capacidad de dar y recibir afecto.

La experiencia clínica demuestra cada día la conexión existente entre el haber sufrido una infancia y una adolescencia traumatizada en familia, y la incapacidad para el amor entrañable y afectivo hacia los demás, es decir para configurar el amor conyugal y familiar.

Con todo, se puede haber llegado al matrimonio con esa limitación, pero cabe siempre la esperanza de sanarla en sus raíces, adquiriendo la capacidad de integrar armónicamente todas las partes del ser corporal y espiritual que necesariamente concurren en una sana relación amorosa.

El daño de la pornografía en el matrimonio

18 noviembre 2017 Deja un comentario

Si consideras que el porno puede servir para avisar la llama del amor, ten cuidado… porque te quemarás.

Matrimonio sexualmente aburrido; solución: pornografía… Y claro, si el mundo nos está vendiendo que hay que experimentar sensaciones, sensaCIONES, SENSACIONES -in crescendo- , a más no poder, y si a nuestro matrimonio le falta sazón pues… ¡qué mejor picante que un tercero! ¡o varios!

Así que, ¡bienvenida la pornografía a nuestro matrimonio! Todo sea en nombre del amor y por salvar nuestra relación. ¡Ah! Y por cumplir con alguna que otra fantasía… ¡Vaya engaño!

Siempre supe que la pornografía existía pero no fue hasta que me divorcié que, platicando con amigas, me di cuenta que es muy común entre las parejas. Cada vez que escuchaba esas pláticas de verdad se me volteaban los ojos de la impresión e incredulidad porque en mi matrimonio jamás ha entrado en ese tipo de aberraciones.

Todo eso me llevó a reflexionar sobre este común denominador de muchas parejas divorciadas: el uso habitual y recurrente de la pornografía. Es incluso recomendación de terapeutas a los que habían acudido para solucionar sus conflictos matrimoniales. Se la recomendaban para “avivar la llama de su amor” y mantenerlos unidos. Pues yo digo que fue tal la llama que avivaron que acabaron quemándose…

No seamos tontos. La pornografía lejos de unir nuestro matrimonio lo destruye desde lo más profundo. Impide vivir una sexualidad plena y nos separa sencillamente porque se ha situado entre los dos.

Te comparto alguna de las razones por las que no conviene invitar a la pornografía a tu matrimonio.

  • Destruye la autoestima. Una de las sensaciones más espantosas que una persona puede experimentar es ver cómo alguien atraiga a tu cónyuge para poder tener intimidad conyugal con él. Uno llega a pensar que no es suficiente para el otro.
  • Denigra a la mujer. Hay un estudio que arrojó resultados sobre la relación de el hombre que ve porno con su mujer. Al parecer es más probable que quiera que su mujer sea esclava, agachona y subyugada a él y a sus deseos. La mujer se percibe como objeto de placer.
  • Si hay problemas en el matrimonio, la pornografía solo los empeora. Es tal la ceguera espiritual que entra a través del porno que difícilmente encuentran la raíz del problema matrimonial. Es más, no tienen ni la capacidad de buscarla porque la adrenalina sexual es lo único que, de momento, les mantiene unidos. Es casi imposible ver más allá. Total, en la cama se lo pasan requetebién, y lo demás… pues ya es lo de menos. Con una actitud así los conflictos se incrementarán y la relación terminará muy mal.

Frente a todo esto es importante afirmar que es posible vivir una sexualidad más que satisfactoria como fruto del amor entre los esposes. No es necesario para eso denigrar nuestra persona y de olvidarnos de que nuestros cuerpos poseen una dignidad que hay que embellecer y proteger. Para poder vivir nuestra intimidad conyugal de forma sana y completa será pues necesario descubrir la raíz de nuestra relación. Es decir, trabajar entre otras cosas en sanar todo aquello que nos está impidiendo vivirla de esa forma.  No abras puertas que después serán dificilísimas de cerrar. La pornografía es hija de la infidelidad conyugal y es un atentado directo contra tu dignidad y la de tu matrimonio. Si están viviendo algo parecido, por favor busquen y encuentren apoyo urgente.

Categorías:Matrimonio, Mundo, Pornografía

Infidelidad a través de WhatsApp

10 noviembre 2017 Deja un comentario

La fidelidad en el amor es una conquista diaria de la integridad personal.

 Testimonio anónimo.

Hace un tiempo me encontré en mi whatsapp personal un chat de mi ex secretaria a quien tenía unos años sin ver ni saber de ella, la razón: ambos habíamos aceptado la invitación a participar en un grupo de ex compañeros de trabajo y disponía de mi número, lo que aprovechó  para enviarme un cordial saludo.

Le contesté en el mismo tono agradeciéndole su atención, luego entrecruzamos breves comentarios sobre el presente de nuestras vidas: familia, trabajo, entre otros… Ella estaba divorciada y tenía un hijo pequeño.

La cosa hubiera quedado ahí, pero luego me envió una imagen en la que aparecía muy guapa,  por lo que entraron en mi mente una serie de pensamientos erróneos: ella era aún joven, atractiva y… libre como cuando la conocí, así que quizá podíamos volver a tratarnos con el compañerismo de cuando laborábamos juntos, claro, solo a través de una simple relación virtual. Un compañerismo que en la vida real implicó en su momento ciertos flirteos.

Comenzó como un juego de vanidad y aferramiento a la juventud  de alguien como yo, con poco más de 40 años. Un juego por el que constantemente vaciaba el contenido del chat de mi celular para no tener problemas con  mi esposa a quien amaba verdaderamente.

Luego en ese “juego” fueron aumentando intercambios de comentarios sobre gustos, aficiones, chistes, pensamientos bellos retransmitidos de la misma red, y… confidencias personales. Confidencias que solo pertenecían a mi esposa,  y que siendo ya una clara manifestación de infidelidad, eran  a la vez la antesala de mayor involucramiento.

Pensaba  que a propósito de confidencias en el mundo de lo virtual, no arriesgaba nada si mentía, dando a entender que había grietas en mi matrimonio, y que mi esposa en las crisis volteaba hacia otro lado. Lo cierto es que con esta actitud  lo que estaba haciendo en el mundo real era invitar a alguien a que llegase a destruir la felicidad que hasta ese momento existía entre  mi esposa y yo.

Fue entonces que “ese alguien” comenzó a enviarme selfies de mirada intensa, así como imágenes con provocativas poses.

Se había encendido el foco rojo y me negué a verlo, más aún, tratando de sentirme bien en esa doble moral, le enviaba a mi vez selfiescuyo fondo escogía con cuidado para dar una imagen de libertad, juventud y capacidad económica.

Era ridículo, absurdo, pero de lo virtual pase a considerar la posibilidad real de una cita para un encuentro personal.

Estaba enganchado y no quería reconocer que estaba admitiendo la existencia de un tercero en mi matrimonio y que por ello ya era infiel aunque no existiese contacto físico con la persona. Tan era así que estaba dejando de ser leal al proyecto común existente en mi matrimonio, pues empezaba a estar ausente afectiva y emocionalmente.

Por algunos de mis amigos, yo sabía que este tipo de experiencias en las redes sociales puede ser síntoma de un vínculo deteriorado, por lo  que alguno de la pareja empieza a seducir o a dejarse seducir por otro. En el fondo existen situaciones inconscientes de tipo conflictivas sin atender y resolver.

Lo cierto era que en mi matrimonio no había problemas, pero había olvidado que la fidelidad es una conquista diaria de la integridad y me estaba durmiendo en mis laureles.

Ahora, ahogado por el cúmulo de emociones malsanas que me arrastraban, me costaba trabajo ver a mi esposa a los ojos, sobre todo ante el  cercano aniversario de nuestro matrimonio, el cual mi esposa me recordó cariñosamente, sin sospechar nada.

En ese momento, ella fue la balsa a la que me aferré como náufrago ante la fuerte atracción de una aventura, cuyas consecuencias  serían como atarme a una enorme roca que en cualquier momento podría  arrastrarme el hacia el abismo.

Y decidí terminar con eso.

Lo que hice fue deshacerme del número del celular y darme de baja del grupo sin dar ninguna explicación a “mi conquista virtual”.  Lo único que puedo decir a mi favor es que tuve la valentía de huir,  admitiendo  la debilidad adquirida.

Mis amigos que han caído también en la trampa  de las “inofensivas relaciones virtuales”  como  fuga a sus problemas de relación,  forman parte de un nuevo fenómeno social cuya característica es esta forma de infidelidad.

Por ello valiéndome de su amistad y confianza les he participado mi experiencia y testimonio,  al tiempo que invitado a asistir a un curso de superación en matrimonio y familia que les ayude a detectar su problema de fondo.

A ellos y a mí nos ha quedado claro que ciertamente en el engaño del adulterio, anteriormente existía siempre la contrapartida del encuentro físico con el otro, y que hoy, al margen del peligro latente,  aún cuando ese encuentro no se diera nunca, de todas maneras el daño al matrimonio puede ser profundo,  ya que en pos de esa relación virtual se termina dilapidando la relación real.

En ambos casos,  puede resultar el vaciamiento total del vínculo.

Hoy se puede ser absolutamente infiel en solitario con toda la carga moral que ello implica, y tan es así que el impacto emocional para la persona que ha descubierto la infidelidad virtual del cónyuge no es menos grave que el de los actos cometidos físicamente.

Escríbenos a: consultorio@aleteia.org

¿Qué hace que un matrimonio en la Iglesia Católica sea nulo?

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REDACCIÓN CENTRAL, 27 Jun. 16 / 06:02 pm (ACI).- Las afirmaciones del Papa Francisco sobre los matrimonios nulos a mediados de 2016 pusieron sobre el tapete el tema de la nulidad matrimonial, un asunto que preocupa al Santo Padre y para el cual estableció una reforma.

Un matrimonio es nulo cuando existe alguna de las causales que permiten probar que entre un hombre y una mujer, por diversas razones, nunca existió matrimonio.

“Es importante que la gente recuerde que la Iglesia siempre presume la validez de un matrimonio a menos que se demuestre lo contrario”, dijo en diálogo con ACI Prensa, J.D. Flynn, un especialista en derecho canónico de Nebraska en Estados Unidos.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) precisa, en el numeral 1625, que para que exista matrimonio los protagonistas deben ser libres, es decir, que debe realizarse plena voluntad y consentimiento de los contrayentes. Los que participan no deben “obrar por coacción” y no deben estar “impedidos por una ley natural o eclesiástica”.

Se debe tener claro que “el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás”, señala el numeral 1640.

La Iglesia tiene procesos muy específicos para evaluar los posibles casos de nulidad y para ello se debe presentar ante el juez competente las pruebas pertinentes y deben intervenir las dos personas que forman parte del proceso. “El hecho de que una pareja tenga dificultades no significa que el matrimonio sea nulo”, precisó Flynn.

“El proceso de nulidad de la Iglesia es en el fondo por buenas razones. Es muy difícil saber lo que una persona se había propuesto en su día de boda, es por ello que el proceso de la Iglesia para declarar la nulidad es tan exhaustivo y difícil”, agregó.

El Código de Derecho Canónico divide las causales en tres grandes grupos. El primero corresponde a los “impedimentos” o causa externas que imposibilitan contraer matrimonio; el segundo se refiere a los “vicios de consentimiento” o aquellas circunstancias que afectan la voluntad de quienes contraen matrimonio; y finalmente “los defectos de forma”, es decir, algunas formalidades que no se siguieron para que la unión sea tal.

Aquí presentamos las causales de nulidad más comunes divididas en estos tres grupos:

Impedimentos

1. Cuando hay impotencia en el varón y/o en la mujer (canon 1084)

En pocas palabras, cuando cualquiera de las dos partes no puede realizar el acto conyugal (sexual) naturalmente.

2. Si existe un vínculo matrimonial anterior (canon 1085)

El matrimonio es nulo si es que uno de los contrayentes ya estaba casado antes, incluso si esta unión anterior no se consumó a través de las relaciones sexuales. No es lícito contraer otro matrimonio si es que la nulidad de la unión anterior no es legítima y certera.

Vicio de consentimiento

3. Por carecer de uso de razón (canon 1095, 1°)

Cuando una persona adulta no tenga uso de razón a consecuencia de una enfermedad psíquica. “Los ‘graves defectos psicológicos’ o el ‘grave defecto en la voluntad o cognición’ de una persona, pueden mitigar su capacidad de elegir”, explicó el experto J.D. Flynn.

4. Si existe un grave defecto que impida conocer los derechos y deberes esenciales del matrimonio (canon 1095, 2°)

Por ejemplo, este caso sucede, en algunas ocasiones, cuando los contrayentes son obligados a casarse –tal vez por un embarazo– y desconocen lo que significa a cabalidad el matrimonio dentro de la Iglesia. El matrimonio puede declararse nulo si durante el proceso se prueba que uno o los dos no aceptaron la unión libremente y sin su consentimiento.

5. Si se es incapaz de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (canon 1095, 3°)

Pueden existir diversos trastornos de personalidad que deben ser corroborados mediante pruebas psicológicas o psiquiátricas. Por ejemplo, la grave inmadurez del contrayente o una dependencia psicológica excesiva hacia la madre, padre, hermano o amigo, que impida a la persona desarrollar sus deberes dentro del matrimonio.

6. Ignorar la naturaleza del matrimonio (canon 1096)

Como explica J.D. Flynn, otro factor de nulidad es la “ignorancia” de la naturaleza del matrimonio como “una unión permanente entre un hombre y una mujer, que de alguna manera se forma para la procreación de niños a través de la cooperación sexual”. Esta ignorancia no se presume después de la pubertad.

7. Si se contrae el matrimonio engañando, solo para obtener el consentimiento (canon 1098)

Existen muchos casos de engaños solo con la intención de que se lleve a cabo el matrimonio. Por ejemplo, si una persona es estéril y no lo dice a su pareja antes del matrimonio. O cuando se desconoce que uno de los contrayentes tiene otra familia o es un criminal.

8. Si se simula por completo el matrimonio o se excluye de forma intencionada una de sus propiedades esenciales (canon 1101)

Estas propiedades son la apertura a la vida, la fidelidad y la indisolubilidad.

Por ejemplo, para que ocurra esta causal “uno de los contrayentes debe tener la intención directa de no conceder a la otra persona el derecho a tener niños en ningún momento del matrimonio”, como explica el abogado J.D. Flynn .

“Por otra parte, si una persona se casa con la intención de no ser fiel, el matrimonio no sería válido. Esto es diferente cuando alguien que prometió ser fiel engañe luego a su cónyuge”.

También es motivo de nulidad si “una persona atenta directamente contra la indisolubilidad pretendiendo poner fin a la unión cuando se crea conveniente”, acotó el especialista en derecho canónico.

Por defecto de forma

9. Por la forma en la que fue celebrado el matrimonio (canon 1108)

Es uno de los casos menos comunes. “Solamente son válidos aquellos matrimonios que se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco, o un sacerdote o diácono delegado por uno de ellos para que asistan, y ante dos testigos, de acuerdo con las reglas establecidas en los cánones que siguen, y quedando a salvo las excepciones (…)”.

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No, lo que nos mantiene unidos no son, ni deberían ser, los hijos

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Nuestra intimidad es ese lazo de amor irrompible que va a mantener unido nuestro matrimonio para toda la vida. Intimidad es sinónimo de unidad

La RAE define a la intimidad como una amistad íntima, como una zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia.

Cuando hago esta pregunta a las parejas invariablemente obtengo la misma respuesta. ¿Cuál es el lazo más fuerte e indestructible que siempre les mantendrá unidos? Y me responden que los hijos. Y claro, tiene lógica. Pero… Si de verdad fuera tan fuerte e indestructible, ¿por què sigue habiendo tanto divorcio?

Entonces no son los hijos los que nos mantienen unidos, sino nuestra capacidad de amor y compromiso mutuos, de entrega y de mantenernos como prioridad uno del otro. Los hijos son fruto de nuestro amor y una enorme bendición la cual -desafortunadamente- para muchas parejas ese amor -el más puro de los amores- no es suficiente para luchar contra sus egoísmos personales y evitar el divorcio.

Me explico mejor. Los hijos es lo más bello que la vida nos puede dar y por supuesto que hay que amarlos incondicionalmente, dedicarles nuestro tiempo, esfuerzo, etc. pero sin descuidar a ese ser quien en nuestro matrimonio debe seguir siendo prioridad, incluso antes que los hijos: nuestro cónyuge.

La intimidad en la vida marital va mucho más allá de un mero encuentro sexual. Es el permitir conocernos verdaderamente desnudos, pero del alma. Es comunicarnos nuestros espíritus sin miedo a ser juzgado porque entre nosotros solo existe amor, mismo que nos hace abrirnos a compartirnos todo de nosotros de una manera segura. Es permitir a nuestros corazones que dialoguen entre sì, muchas veces sin palabras. La idea es que nuestra relación matrimonial sea la más íntima de todas las relaciones humanas.

Ahora te voy a pedir que te remontes a aquellos años de cole, a tus clases de matemáticas cuando te enseñaban acerca de los conjuntos. Te pedían que pusieras 2 círculos unidos. De esa unión resultaba una intersección -algo en común- que quedaba en medio de ambos y que puede ser tan grande o pequeña como los círculos estuvieran uno de otro. A mayor lejanía de estos, más pequeño el vínculo. A menor separación, más grande el vínculo.

Pues justo esa intersección es lo que es nuestro vínculo matrimonial, todo eso que nos une y tenemos en común aparte de los hijos. Si durante los años hemos procurado hacer todo y de todo por mantenernos unidos por medio del amor, del respeto, de la compasión, del servicio mutuo, del perdón, de la Fe, compartiendo alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, etc. significa que nuestro vínculo ha estado bien alimentado lo que significará que tendremos una unión sólida, impenetrable cual ciudad amurallada.

Si, por el contrario, cada uno ha hecho de su vida lo que ha querido apartándonos de nuestro fin en común que es hacernos mutuamente felices y ser uno del otro camino hacia plenitud. Si de alguna manera hemos caído en el egoísmo y nuestras prioridades de vida están alteradas o no coinciden, pues ya sabremos cual será el resultado.

Y esto lo podemos ver en la epidemia de divorcios que hay en los matrimonios cuando los hijos se han ido del hogar. Son parejas que se perdieron en el camino, que se olvidaron de que antes de haber sido padres fueron pareja. Se dedicaron a ser solo padres y se olvidaron de ser esposos, amigos, amantes, confidentes, socios, compañeros de camino, ayuda idónea uno del otro.

Pasan los años y cada vez tuvieron menos cosas en común porque se descuidaron de nutrir sus nexos de pareja. Los hijos, el único vínculo que les mantenía unidos ya no están. Ahora son dos perfectos desconocidos -emocionalmente hablando- viviendo bajo el mismo techo, comiendo en la misma mesa y durmiendo en la misma cama. Y claro, como esa sensación de soledad acompañada no es nada agradable, entonces se separan o, peor aún, se divorcian pensando que esa es la solución.

Insisto, para que nuestra intimidad crezca y que así nuestro vínculo sea cada vez más sólido es importante que la alimentemos a diario por medio detalles, de compartir actividades y gustos, de decirnos palabras de afirmación, etc. Créanme que es mucho más sencillo de lo que parece. También sugiero tomar en cuenta estos puntos.

  • Para alimentar nuestro vinculo es muy importante que cada uno salga de sí para entrar en el otro. Es decir, cambiar el egoísmo por el altruismo. En un acto sincero de amor y generosidad pienso más en ti, en tus gustos y preferencias y menos en mí.
  • Conocer cuáles son nuestras mutuas necesidades emocionales y hacer todo por satisfacerlas. Te sugiero leer “Las 5 grandes necesidades emocionales de él y de ella”.
  • Conocer las áreas de intimidad que existen y trabajar por alimentar cada una. Compartiré solo algunas que el Dr. Champan, en su libro “El Matrimonio: Pacto y Compromiso” nos sugiere y les reto a que busquen y encuentren más. Hasta puede ser un ejercicio divertido que pueden realizar en pareja:
    • La intimidad intelectual. Compartir pensamientos, experiencias, deseos o ideas que han servido de estímulo a una persona. Por ejemplo, compartir de un buen libro que acabo de leer y de esa fabulosa película que tanto me ha impresionado.
    • La intimidad emocional. Es el compartirse a sí mismo -emociones o sentimientos-. Es cuando ante lo que nos acontece en la vida nos abrimos y participamos lo que sentimos e invitamos al otro a hacer lo mismo.
    • La intimidad espiritual. Es lo que un individuo puede compartir de su relación diaria con Dios y que nos invita a la reflexión. Es decir, aquello que le da significado a su vida. Por ejemplo, compartir y reflexionar sobre el Evangelio dominical.

Conviene cuidar y nutrir nuestra intimidad como pareja porque será el vehículo que alimentará nuestro vínculo, ese que por más que pasen las tormentas, por más que las crisis nos visiten a nuestro hogar, será tan sólido que no habrá nada ni nadie que lo destruya. Además, se torna tan impenetrable que un tercero jamás tendrás cabida. Recordemos que para que un tercero entre se necesita que haya suficiente espacio entre los dos.

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