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Archive for the ‘Matrimonio’ Category

Por qué (y cómo) dar una segunda oportunidad a tu matrimonio

Los milagros existen, pero hay que trabajar para hacer que sucedan

La mala noticia es que el matrimonio perfecto -sin problemas- no existe y que ese cuento que desde niños nos repetían, “y fueron felices para siempre” es solo eso, un cuento. La buena es que, aunque sea imperfecto y existan diferencias, tu matrimonio puede -y debe- ser “un matrimonio feliz”.

Pero, ¿qué es lo que sucede cuando ya te encuentras en una relación donde de manera repetitiva hay conflictos los cuáles cada vez se tornan más severos e intensos? No se saben comunicar porque comienzan hablando serenamente y terminan en ofensas y/o agresiones.

Después viene la reconciliación -muchas veces llena de pasión- y se juran que no vuelven a perder el control, se repiten que se aman y se piden otra oportunidad.

O bien, en una relación tibia donde incluso ya ni discuten y simplemente se ignoran porque hasta hablarse les da pereza. El amor, la pasión y todo eso que alguna vez los unió pareciera que se fue por la ventana y “sienten” que ya no son felices.

Y así se les pueden ir años o la vida entera en una relación “cíclica, tóxica, viciada y vacía” donde probablemente terminarán no como en los cuentos de hadas sino al revés, “fueron infelices” para siempre. ¿De verdad así quieren seguir viviendo su matrimonio? ¡Abran los ojos! Hay algo más allá de todo eso. Hay muchas soluciones y el divorcio no es una de ellas.

Somos novios y queremos estar juntos todo el día. Pasa el tiempo y nos urge casarnos para no despegarnos ni un solo momento. Y cuando ya estamos dentro, nos urge salir porque no somos lo suficientemente maduros para reconciliar nuestras diferencias.

Todos tenemos defectos de carácter, temperamentos muy particulares y enormes áreas de oportunidad y no a los primeros conflictos vamos a terminar con una relación que nos brinda más cosas positivas y de valor que negativas.

Elegimos comprometernos y formar una familia con esa persona de la que alguna vez nos enamoramos y luego elegimos amar de manera libre. Le juramos en el altar -con Dios y la comunidad como testigos- amor hasta que la muerte nos separe, “en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarle y respetarle todos los días de nuestras vidas”.

Las segundas oportunidades siempre son válidas y muy valiosas. Vale la pena apostar por nuestro matrimonio. En algún momento tuvimos sueños en común como tener hijos y ser “uno” hasta la muerte.

En el plan de Dios está que nuestro matrimonio se salve. No porque así “deba de ser”, sino porque se trata de que juntos, sin perder personalidad e independencia y soltando cualquier ego, reencontrando esos puntos de unión, volvamos a ver los dos hacia una misma dirección buscando y encontrando un fin común: llegar juntos al cielo siendo uno el medio de santificación del otro.

Para lograr esto se requiere poner de acuerdo a nuestra mente y corazón y no dejarnos llevar por cosas como “es que siento que ya no lo quiero y no me hace feliz”. Necesitamos hacernos responsable del compromiso de vida que tenemos con esa persona a la que desposamos recordando que no nos casamos para que nos hicieran felices (mucho menos infelices), sino para nosotros hacer feliz y santo a alguien más.

Es ser menos egoístas y más altruistas. Es decir, fijarnos en las necesidades de nuestro cónyuge y hacer a diario pequeños actos heroicos que le demuestre lo importante que es para nosotros.

Muchas veces es necesario que el matrimonio toque fondo para que el resurgir sea lo más enriquecedor posible. Cuando en una relación hay discrepancias, esas mismas diferencias hay que utilizarlas para crecer e identificar qué heridas de la infancia hay que sanar y que áreas de oportunidad existen.

Cuando realmente tomamos conciencia de que las actitudes del cónyuge que nos detonan son áreas personales que necesitamos trabajar nos saldremos de nuestro papel de víctimas para hacernos responsables de la parte que nos corresponde. Aquí aplica lo que san Agustín sugería: “Procura adquirir las virtudes que crees que faltan en tus hermanos y ya no verás los defectos, porque no los tendrás tú”.

Este despertar de la conciencia es maravilloso porque realmente nos daremos cuenta de que los únicos responsables de que seamos felices somos cada uno de nosotros.

Esa misma felicidad -la cual es una actitud de vida y una decisión personal- llegará a su plenitud gracias al amor que nosotros le comunicaremos a nuestro cónyuge por medio de nuestro servicio incondicional porque nadie tiene amor más grande que aquel que está al servicio del amor.

¡Claro que vale la pena! ¿Pena? ¡Sí! Porque todo cambio trae consigo un trabajo profundo el cual muchas veces costará mucho esfuerzo y sacrificio. Después y a su tiempo esa “pena” se volverá aprendizaje y gozo.

La relación cambiará y mejorará únicamente cuando sus componentes -ambos cónyuges- tomen el compromiso personal de hacerlo sin esperar a que el otro lo haga. Esto no se dará por arte de magia. Es por eso que hay puntos básicos a tomar en cuenta para que estos cambios sean sustanciales:

Invitar a Dios. Un matrimonio se rescata de rodillas. Es decir, mucha oración. Se necesita de mucha humildad, valentía, fortaleza y caridad sobrenatural para mover la voluntad hacia lo que le conviene a nuestra alma y matrimonio.

Acaba con tus problemas y no con tu matrimonio. Haz conciencia de que la relación no es el problema. El problema eres tú y tu cónyuge, cada uno con sus defectos o heridas internas las cuales son producto de su historia personal. Este es un trabajo individual el cual requiere de mucha humildad y honestidad consigo mismo porque ni tú le vas a cambiar ni tu cónyuge tiene la capacidad de hacerlo. Si no se reconocen las áreas de oportunidad que hay en cada uno y trabajan para sanar las heridas personales y de pareja, difícilmente la relación se salva.

Voluntad. Desear cambiar para crecer como persona y trabajar en ello. Cambias tú y por ende cambia la relación. De nada sirve haber tomado conciencia de que tienes hábitos que ponen en riesgo tu relación si no estás dispuesto a dejarlos. Cuando hay un “para qué”, los “cómo” se manifiestan y los caminos se abren. Aquí es muy importante que no te sueltes de Dios.

Buscar y encontrar apoyo externo. Lo explico con un ejemplo. Una persona codependiente tiene la conciencia de ahogar y controlar a su pareja. Tiene la voluntad de cambiar y de ya no lastimarle con sus chantajes, pero no tiene la menor idea de cómo hacerlo. Es aquí donde entra el apoyo externo. Hay herramientas y personas capacitadas (libros, terapias, sacerdotes, talleres, psicólogos, coaches, etc.) que les brindarán el apoyo necesario para generar estos cambios y que les pueden acompañar en el proceso.

Esperar con calma. Roma no se hizo en un día por lo que la paciencia, la fortaleza y la perseverancia son vitales para que estos cambios se generen. No se cambia de la noche a la mañana. Cuando te comiences a desesperar piensa que todo lo que estás haciendo es para alcanzar sueños maravillosos: ser mejor persona y rescatar lo que parecía irrescatable.

Recompensa. ¿Cuál es tu verdadera motivación para cambiar? La más importante, revivir eso que parecía muerto y rescatar esa familia, ¡tu familia! Por supuesto que tu cónyuge también es un incitante maravilloso. Sin embargo, si solo cambias por darle gusto y no le pones amor y generosidad, esos cambios no serán reales, no echarán raíz y pronto te llegará el cansancio. Otro buen estímulo para generar esos cambios positivos pudiera ser el que vivirás más en paz y en armonía contigo y por ende con todo lo que te rodea. Vale la pena que el mundo conozca la mejor versión de ti. Piensa, ¿cómo te gustaría ser recordado? ¿No te motiva pensar que el día que ya no estés en este mundo puedas dejar huellas y no cicatrices?

Tu matrimonio es tu medio de santificación y tu camino al cielo. ¿Estás siendo tú ese camino para tu cónyuge? Los milagros existen, pero hay que trabajar para hacer que sucedan. Como dice el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Así que “termina con tus problemas y no con tu matrimonio”.

Claro que el amor todo lo puede y con Dios por delante el éxito está asegurado. Tomando como modelo a la Sagrada Familia, agota todas las herramientas y recursos a tu alcance para hacer de tu matrimonio imperfecto, tu perfecta fuente de felicidad y de paz y convertir tu hogar un lugar luminoso y alegre.

Luz Ivonne Ream, coach Ontológico/Matrimonio/Divorcio Certificado. Especialista Certificado en Recuperación de Duelos. Orientador Matrimonial y Familiar.

Interesarse por Dios, por los demás y por el trabajo bien hecho

repostero-900-494382373-chef-decorating-food-dishTodos queremos ser felices, Aristóteles dice que “la verdadera felicidad consiste en hacer el bien”.

La gente no vale por lo que es ni por lo que sabe, sino por lo que decide. Un ingeniero fue llamado a componer una Computadora compleja y costosísima. Apagó la PC, sacó un destornillador, le dio vueltas a un pequeño tornillo y la PC quedó en perfecto estado. Cobró mil dólares. El dueño le dijo que porqué tanto. Contesto: “diez dólares por venir y apretar el tornillo. 990 dólares por saber qué tornillo apretar”.

Las dos columnas que sostienen la creación son el trabajo y el matrimonio, se puede leer en el libro del Génesis. Para hacer las cosas bien se necesita el amor y la técnica.

A una señora se le planteó tomar un curso sobre novísimos. Dijo:

– ¿Para qué, si ya tengo esposo?

– Los novísimos no tratan del novio sino de lo que viene después: muerte, juicio, cielo, infierno, purgatorio.

Ella entonces aclaró:

– Es que tengo una formación cristiana muy básica.

Cada generación sostiene la historia en sus propias manos. Esta generación tiene toda la generación futura en sus manos. El mundo está lleno de tecnología y hay poca fe. San Juan Dice: Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe (1 Jn 5,4). Estamos entrando a una época de oscuridad sin precedentes. Siempre hay que preguntarnos: ¿Qué tiene que ver esto con la Historia de la salvación?

Quien conoce las verdades de la fe en profundidad tiene más facilidad para hacer oración. Ayer, hoy y siempre, la ignorancia religiosa es el mayor enemigo de Dios. Entre más conocemos a Dios más lo podemos amar y mientras más lo amamos más deseos tenemos de conocerlo y hacerlo conocer.

Alejandro Llano dice que la filosofía se encuentra estrechamente relacionada con la vida espiritual, aunque sólo sea porque ambas tratan de realidades que no se ven (Olor a yerba seca, p. 526). Una vocación facilita y apoya a la otra.

La formación espiritual, la formación apostólica y la formación profesional necesitan el fundamento de la formación doctrinal-religiosa. Es necesario conocer a fondo la doctrina cristiana. La falta de doctrina tiene una gran repercusión. Influye en el modo de tratarse uno mismo y de tratar a los demás, en el trabajo profesional, en el modo de elaborar leyes, en el noviazgo y en la vida matrimonial, en lo que se elige para entretenerse y en el modo de divertirse. Hoy, la gente joven no se sabe divertir. No tienen inventiva, sólo se les ocurre acudir al alcohol, a la droga o practicar deportes extremos. Entonces, hay que ir más lejos en la formación de la inteligencia y en la formación cultural para poder razonar con más conocimiento de causa. Pero para eso hace falta que el alma quiera formarse. Hay que aprender a leer, con sacrificio. Esa continuidad supondrá un gran beneficio.

Chesterton decía: “la desgracia de nuestros contemporáneos no es que no crean en nada, sino que se lo creen todo”. El abandono de la fe no ha llevado a las masas a la razón sino a la superstición, no al ateísmo sino a la idolatría. Sabemos que la ignorancia es el mayor enemigo de la fe y el mayor obstáculo para la Redención. Entonces el mayor servicio que podemos hacer es dar doctrina.

Cada uno es responsable de cómo alimenta su inteligencia. Ilusionarse, estudiar constantemente, pedir consejo sobre libros para tener un plan de formación intelectual y doctrinal. Necesitamos conocimiento para saber hacer bien el trabajo y el apostolado.

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“La aventura del matrimonio”

vídeos sobre la vida en familia

 

Sole y Juampi son un joven matrimonio argentino. Estos seis vídeos narran “La aventura del matrimonio”: sus luchas y victorias, peleas y reconciliaciones pueden servir para guiar un curso prematrimonial o para parejas ya casadas.

Los vídeos han sido realizados por Digito identidad.

Peligros del viaje

Los defectos del otro pueden convertirse en un obstáculo para la convivencia. Se pelea por todo. ¿Cómo conocer y superar los peligros del viaje?

Buscando un faro

En el matrimonio, el camino cristiano se recorre en dos. Pero, ¿cómo se hace para meter a Jesús en la propia casa?

El valor de no estar solos

“Estábamos en crisis, para separarnos”. En ese momento, la ayuda de otros matrimonios cristianos puede ser fundamental para no tirar la toalla.

Una aventura para todos

Cuando llegan los niños, la alegría se mezcla con las preocupaciones. El sueldo no llega, el tiempo no llega, la relación cambia…

Vale la pena

“Terminar el día con un abrazo”: es el consejo que dan Sole y Juampi a quienes desean iniciar una aventura que, sin duda, vale la pena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cómo salí del infierno en que se había convertido mi matrimonio

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Un matrimonio no es de 2, sino de 3, y no precisamente Sancho…

 

Todos soñamos que nos suceda como a Cenicienta o como en cualquier cuento de hadas: “y fueron felices para siempre”. Ojalá así fuera la historia de todos los matrimonios. Sin embargo, sabemos que no es así y que en muchos sucede todo lo contrario “y fueron infelices para siempre”. ¡Qué horror! Porque es matrimonio, no martirio.

Pero, ¿qué es lo que sucede en la vida matrimonial para que esta se vuelva un infierno? Se dice que nadie nos enseñó a ser esposos y que no hay un manual para el matrimonio. Efectivamente, nadie nos enseñó a lo primero, quizá los padres con su ejemplo, pero guía como tal sí la hay. Basta con ser obedientes al plan concreto que Dios tiene para el matrimonio y que pocos se interesan por conocer y, peor aún, obedecer.

Cuando no tenemos claro para qué nos casamos ni los fines del matrimonio, este, eventualmente acabará por tornarse un espacio donde ya no queremos estar. Además, como dicen las Sagradas Escrituras, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente y cuando elegimos sacar a Dios de la ecuación las pequeñas lluvias que surjan dentro de la relación se tornarán huracanes, como le sucedió a Elina y a su esposo. Ella misma nos cuenta su historia, de lo que fue vivir un matrimonio con Dios y sin Él…:

La mayoría nos casamos pensando que todo será como en las películas y vivieron felices para siempre. Pero la realidad es que no es así.

En un matrimonio llegan las dificultades comunes que se dan en una vida de pareja y en la cual, si no se tiene a Dios en medio, es imposible salir bien librado y vivir felices para siempre. Eso fue lo que me sucedió. Después de la boda dejamos a Dios en el olvido y mi esposo y yo comenzamos a vivir una terrible realidad.

Al inicio todo parecía estar saliendo perfecto. Teníamos un buen trabajo, una casa, autos, viajábamos a placer.  Era una vida que me gustaba y que muchos desearían, pero había algo que no me hacía sentir plena: yo deseaba ser madre y mi esposo no quería tener un hijo, al menos no en ese momento.

A pesar de que nos casamos pasando los 30 años, él aún quería tener una vida más relajada sin hijos y sin la responsabilidad que representan. Sin embargo, después de mucha insistencia finalmente aceptó tener un hijo. Pero cuál fue mi sorpresa al ver que no quedaba embarazada.

Yo en ese entonces busqué a Dios para pedirle un hijo, pero le busqué solo como a alguien que cumplía peticiones, no le conocía realmente. Así pasaron meses y no conseguíamos embarazarnos. Para mí el tener un hijo se volvió una obsesión y mi esposo estaba harto de que cada mes era lo mismo. Nuestra vida íntima se volvió un simple procedimiento para quedar embarazados.

Todo iba empeorando. Mi esposo se comportaba como soltero viviendo en fiestas y parrandas con sus amigos y yo me estaba convirtiendo en la esposa pendenciera que reclamaba, reprochaba e investigaba cada paso que él daba.

La mujer prudente edifica la casa; la necia, con sus manos la destruye. Proverbios 14,1.

Yo fui la mujer necia que contribuyó a destruir su hogar, su matrimonio. Un día sucedió lo inevitable. Llegó la infidelidad y el adulterio. Mi esposo decía estar enamorado de otra persona y quería el divorcio. Para mí fue un golpe terrible que me hundió en una profunda depresión.

Al principio traté de resolverlo con mis fuerzas. Le insistí, le supliqué, lo perseguí para que arregláramos las cosas. Pedí ayuda a mis suegros, a mi cuñada y no había poder humano que lo hiciera cambiar de opinión. Pasé días de angustia y llegué a tener ataques de pánico. Mi mente estaba llena de pensamientos negativos.

A mi esposo, por el contrario, se le veía feliz en su nueva relación y parecía tener éxito en todo. Busqué ayuda con psicólogos, terapeutas y hasta con los llamados PNL, pero nadie pudo sacarme de esa terrible depresión.

Yo venía de una familia católica donde mi madre era muy entregada a Dios. Ella con su ejemplo me llevó a conocer de Dios. Iba con ella cada domingo a Misa. Hasta ese momento yo era una católica tibia que no había tenido un encuentro personal con el Señor.

Como me di cuenta que con la ayuda humana a la que había recurrido no pude conseguir que mi esposo recapacitara, entonces busqué al que en ese momento yo creía era solo alguien para pedir milagros. Fue cuando el Señor -con su amor y misericordia- se aprovechó de mi estado y me hizo un fuerte llamado a luchar por mi matrimonio.

Empezó llevándome a un ministerio que hoy da apoyo a cientos de personas que pasan lo mismo que yo viví. Lo primero que me enseñaron fue a estrechar mi relación personal con Dios, es decir, trabajar en mi auténtica conversión y así luego todo lo demás se daría por añadidura. Entendí que no debía orar por el regreso de mi esposo, sino por la salvación de su alma.

Busquen primero el reino de Dios y su justicia divina y todo lo demás se les dará por añadidura. Mateo 6,33

Así empecé una lucha espiritual por la restauración de mi matrimonio. En este camino me di cuenta de todos los errores que había cometido como esposa y de que había muchas áreas de mi vida que debían cambiar. Tuve que pasar un largo proceso donde el Señor sanó mi corazón y me ayudó a perdonar.

El milagro sucedió al darme un nuevo amor para mi esposo, un amor incondicional, un amor que superaba todo. Fue un proceso difícil donde sufrí confrontaciones, experimenté muchos miedos que me daba terror enfrentar como el no tener hijos, mi edad, y una serie de películas de terror que me hacía en la mente.

Solo el Señor pudo sacarme de ese terrible infierno que estaba viviendo: el Señor cumplió sus promesas. Él me dijo: “no temas”, yo estoy contigo.

No temas, que yo estoy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios. Yo te fortaleceré y vendré en tu ayuda, y con la diestra victoriosa te sostendré. Isaías 41,10

Me aconsejaron soltar a mi esposo, dejar de buscarlo y permitir a Dios que trabajara con él porque Él tenía el poder de traerlo de regreso. Eso fue lo que sucedió. Pasaron meses sin saber de mi esposo. Él estaba viviendo lejos de Dios con otra mujer.

Pero un día los papeles se invirtieron. Mi esposo me buscó. Ya no se veía feliz, no tenía paz y decía que la vida no tenía sentido. Yo, con paz en mi corazón y confiada en el Señor, pude darle apoyo y platicarle lo que el Señor había hecho en mi vida.

El Señor me dio su promesa de restauración en Jeremías 30: Sí; haré que tengas alivio, de tus llagas te curaré – oráculo de Yahvé -. Porque “La Repudiada” te llamaron, “Sión de la que nadie se preocupa”.  Así dice Yahvé: Voy a hacer volver a los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus mansiones me apiadaré; será reedificada la ciudad sobre su montículo de ruinas y el alcázar tal como era será restablecido. Jeremías 30, 17-18

Mi esposo continuó llamándome. Siempre me aclaraba que solo quería ser mi amigo y que no quería que yo confundiera las cosas. Pasaron muchos meses hasta que el Señor lo trajo de vuelta a casa. Doy toda la gloria y honra a Dios porque nuestro matrimonio ha sido restaurado.

Y allí resonarán los cantos de acción de gracias y los gritos de alegría; los multiplicaré y no serán pocos, los honraré y no serán menguados. Jeremías 30,19

El Señor restaura y bendice en todas las áreas de tu vida. También me dio promesa de ser madre y dos años después de que mi esposo volvió quedé embarazada. Antes de que este milagro sucediera mi fe fue probada. Recibí malas noticias en mis intentos de concebir y, aunque reconozco que me quebranté nunca dudé de que Dios lo haría.

Pasé por dos cirugías en mi matriz, pero al final Dios dijo la última palabra. Hoy tenemos un hermoso hijo y el solo mirarlo es recordar cada día que nada es imposible para Dios.

Hermanos: Dios hace posible lo imposible y tú que hoy crees que tu matrimonio está muerto, el Señor puede traerlo a la vida, si tan solo lo sigues y le abres las puertas de tu corazón.

Por Luz Ivonne Ream, coach Ontológico/Matrimonio/Divorcio Certificado, especialista Certificado en Recuperación de Duelos, orientadora matrimonial y familiar.

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Un taller que ayuda a las esposas a enamorarse de sus maridos nuevamente

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Conoce la norma clave para mejorar la relación

Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, fue un famoso dramaturgo francés del siglo XVII. Aunque escribió muchas obras que hoy se consideran clásicos, una de sus obras teatrales más conocidas fue una comedia titulada La escuela de las mujeres, centrada en una estratagema matrimonial fuera de control.

En el momento de su escritura, la obra planteaba muchas cuestiones en torno a las mujeres y el matrimonio, algunas de las cuales siguen vigentes hoy día, como cuál es el objetivo de un matrimonio y cuál es la función de una mujer en él.

Linda Dillow, moderna escritora cristiana y coach matrimonial, ha escrito varios libros que abordan este mismo tema. Uno, titulado What’s It Like To be Married to Me? [¿Qué significa para mí estar casada?], ofrece consejos a las mujeres basándose en su propio matrimonio, de 47 años de duración, sobre cómo cambiarse una misma en favor de una mejor relación marital.

Sus filosofías de autoayuda han ganado tracción y se han vuelto especialmente influyentes en ciertas partes de Europa; tanto es así que en ciudades polacas como Varsovia y Cracovia han surgido talleres basados en su filosofía.

En estas sesiones, mujeres católicas —esposas, madres y amigas— se reúnen para leer el libro de Dillow y ayudarse mutuamente a poner en práctica su filosofía, la cual, entre otras cosas, promete ayudar a las mujeres a volverse a enamorar de sus maridos.

Sin embargo, ¿de verdad puede fortalecer un matrimonio el hecho de cambiar tus malos hábitos (como las quejas)? Hemos hablado con mujeres que han participado en estos talleres para descubrirlo:

Sueños pre-boda

“Es tentador pensar que una mujer se convierte automáticamente en esposa después de la boda. Pero cuanto más tiempo estás casada, más puedes ver cuánto trabajo supone no ya el ser una esposa, sino el ser una buena esposa”, dice Mirka Lukowska, una de las directoras de los talleres para esposas.

Es fácil que, al comienzo de la unión, sientas que entras en una vida idílica, un “felices para siempre” después de una boda de ensueño, pero entonces llegan los pequeños contratiempos, los altibajos de la vida diaria, que suponen un duro golpe con la realidad.

Por ello, el taller comienza pidiendo a las mujeres (ya lleven décadas o unos pocos días casadas) que recuerden todas las razones que las motivaron originalmente a querer casarse con sus maridos.

“Queremos recordar los sueños que teníamos antes de nuestra boda”, explica Agnieszka Strzoda, una de las fundadoras de los talleres.

“Personalmente, yo imaginaba que mi matrimonio sería maravilloso y romántico, que dispondríamos de mucho tiempo para tener citas, pero llegó un momento en que se interponía todo el tiempo que pasábamos con la colada, la cocina y cuidando de los niños, y empezamos a olvidarnos de esas otras cosas. Parte del objetivo de estos talleres es ayudar a las mujeres a recordar ese tipo de sueños y a recuperarlos”, explica.

Otra mujer en el taller, Malgorzata Czapska, hace casi 25 años que es esposa. Dice que se preparó para el matrimonio lo mejor que supo: leyendo, estudiando, pidiendo consejos a las personas que respetaba y en quienes confiaba.

“Para mí era muy importante descubrir qué hace falta para ser una buena esposa y tener un matrimonio sólido”, afirma, “en especial desde una perspectiva espiritual, porque quería construir una relación basada en el auténtico sacramento del matrimonio. Lo que descubrí rápidamente gracias a mi investigación es que ni el mejor de los matrimonios católicos sería fructífero sin mucho esfuerzo. Así que me uní a estos talleres para asumir la responsabilidad de mi esfuerzo en mi matrimonio”.

Prohibido quejarse

Después de que las esposas se comprometen de nuevo con los motivos por los que se casaron con sus esposos en primer lugar, los talleres proponen a las participantes una sencilla norma que seguir: prohibido quejarse sobre sus maridos.

“Es fácil quejarse sobre cualquiera, pero es crucial recordar que, cuando decidimos casarnos con nuestros maridos, vimos algo especial en ellos. Algo en mi marido me atrajo a él, algo en él me cautivó. La idea de la norma sobre no quejarse es una vuelta a esa perspectiva inicial”, explica Mirka Lukowska.

Sin embargo, aunque Lukowska respeta la norma, al principio no le dijo a su marido que estaba asistiendo a estos “talleres” para esposas. “Oculté el libro; quería hacer el taller sin que él lo supiera”, admite.

En los talleres, las esposas reciben muchas tareas diferentes y también deberes que hacer en casa, como en el instituto. Se pide a las mujeres, por ejemplo, que pongan en práctica el pensamiento positivo y digan cosas agradables sobre sus maridos.

Incluso reciben tareas físicas que han de vigilar para controlar su progreso: “Tenía que cambiar mi pulsera de una mano a la otra cada vez que tenía un pensamiento negativo o simplemente cuando empezaba a quejarme de mi marido [como un recordatorio para detenerme]. A veces la cambiaba varias veces en una hora. Mi marido no se daba cuenta de la pulsera, pero yo sí me daba cuenta de que él estaba más feliz”.

Por fin, cuando Lukowska habló a su marido del taller, sucedió algo incluso más sorprendente: él propuso llevar también una pulsera “para que él también pudiera asumir el reto”, explica Lukowska.

Para otra participante, Malgorzata Czapska, el ejercicio también funcionó estupendamente, porque la base de una relación marital es la comunicación.

Al no centrarte en las quejas, te permites abrirte a tu esposo de nuevas formas y ver sus necesidades de una forma más clara. Incluso sugiere ir un paso más allá y enviar a tu marido a lo largo del día mensajes de texto o correos electrónicos con piropos o mensajes cariñosos.

Entonces, ¿cuál es el objetivo?

“El propósito de estos talleres es encontrar una forma de avanzar en nuestro matrimonio”, afirma con seguridad Malgorzata Czapska. “En nuestras reuniones compartimos nuestras dudas, nuestras esperanzas y nuestros deseos. Miramos a lo que podemos arreglar, lo que podemos cambiar. Y las otras mujeres en nuestra pequeña ‘escuela para esposas’ se ayudan mutuamente a descubrir todas esas emociones y soluciones”.

Agnieszka Strzoda, otra mujer que está probando el taller, añade que debido a que ha jurado compartir su vida con su marido, merece la pena dedicar tiempo a este taller para cuidar de su relación. “[Ya] no intento ser la esposa ideal. Quiero ser una esposa que le apoye, una esposa a la que mi marido tenga ganas de ver después de trabajar, una amiga y una compañera”, declara.

Muchas de las participantes dicen también que confían en hacer sus matrimonios más santos, más cercanos a la forma que Dios los concibió. Así que no solo trabajan en mejorar la comunicación con sus maridos, sino también en mejorar la salud espiritual de su relación.

“El sacerdote que bendijo nuestro matrimonio dijo que era muy importante que viviéramos en una relación de tres: nosotros dos y Dios”, explica Czapska. “Estas relaciones deben estar en un continuo movimiento para que funcionen. Un matrimonio sacramental debería imitar la Trinidad y buscar unidad [entre esas tres partes]”.

¿Estás interesada en estos talleres para esposas o quieres empezar tu propio taller en tu localidad? Puedes encontrar más información aquí (aunque, claro, tendrás que utilizar el traductor de Google si no encuentras a alguien que hable polaco): http://www.spotkaniamam.pl

Este artículo se publicó originalmente en la edición polaca de Aleteia.

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Sexualidad e intimidad

pareja-contenta3La sexualidad afecta lo más íntimo de nuestro ser. Concierne a nuestra afectividad, a nuestra capacidad de amar, a nuestra relación para establecer vínculos con otros. Por eso la afectividad ha de ser protegida por nosotros mismos, porque no nos dejamos tocar por extraños aunque la caricia parezca tierna e inocente, ya que nuestra intimidad está reservada para un amor verdadero, no para excitar la pasión desordenada y malsana. Sólo esta capacidad de custodiarse hace posible el don de sí mismo.

La realidad es que somos frágiles, vulnerables a lo que vemos, leemos o vivimos. Hoy día está de moda ver pornografía, y la persona no advierte el daño que le puede hacer. La pornografía mata el amor. Hay quien sale avante de esta adicción, pero hay quienes caen como en un abismo. Somos de carne y hueso y sentimos, percibimos, y no siempre tenemos la fuerza para vencer los vicios y adicciones. Se necesita un gran amor a la verdad, al bien y a Dios para salir victoriosos.

¿Qué es el pudor? Es no exhibir el cuerpo, partes íntimas de él, ni la intimidad personal. ¿No sucede lo mismo con los sentimientos íntimos? Si se guardan en secreto o se confían a unos pocos, mantienen su significado. En cambio, revelados indiscretamente a cualquiera, se convierten en un objeto anónimo de curiosidad y de cotilleo. En un ensayo, Jacinto Choza hablaba de “la supresión del pudor” como uno de los signos definitorios de nuestro tiempo. Si desnudarse fuera lo normal, la vergüenza sería antinatural, pero la vergüenza es un instinto de preservación de la intimidad, no un prejuicio adquirido.

La sociedad entera tiene la percepción de que existe un límite. Pero muchos anuncios te invitan a “romper límites” e impone la falta de sobriedad o de pudor. Vivimos en una sociedad hipnotizada por el sexo. La novedad actual es que nadie de avergüenza de llevar parte del cuerpo descubierto. La trasgresión ya no se considera la ruptura de un orden profundo, indispensable para evitar precipitarse en la animalidad.

El ser humano puede quedar desprotegido, a base de desproteger el pudor, en tres campos: el lenguaje, el vestido y la casa. A través de la palabra podemos dar a conocer nuestra intimidad al mejor amigo; a través del vestido cubrimos nuestra intimidad corporal de los ojos extraños. Cuando invitamos a una persona a nuestra casa, la invitamos de algún modo a nuestra intimidad.

Y ¿de dónde proviene esta moda de tomarse a la ligera la sexualidad? En parte de las clases de educación sexual dada con programas estadounidenses. Bajo la bandera de “educación”, los llevan hacia experiencias sexuales que conducen al embarazo adolescente, al aborto, a las enfermedades mentales y físicas y/o a problemas emocionales.

Se confunde una educación sexual con enseñar erotismo, y lo que se requiere es hablar con naturalidad de la sexualidad, que se aprenda qué es la privacidad y el respeto a su propio cuerpo y al de otras personas. A los jóvenes hay que decirles que la masturbación es pésima pues los hace egoístas, y a la hora de casarse, van a buscar sólo su satisfacción, olvidando a su cónyuge.

La auténtica educación sexual, caracterizada por la formación y la información, es indispensable, pero no la explicación de todas y cada una de las técnicas sexuales, donde desaparece el amor espontáneo y sólo queda la biología. Y más aún, donde reducen la educación sexual al aprendizaje de los caminos para obtener placer, aun cuando esos caminos sean perversos.

Actualmente los jóvenes están bombardeados con imágenes de sexo, pero quizás los mayores violadores son los que les dan instrucción sexual sin una base moral. Éstos empiezan por dar una explicación de la biología humana básica, donde todo parece inocente; pero así empiezan para luego dar grandes zancadas para describir al detalle toda actividad sexual imaginable.

Actualmente las clases de educación sexual amplia o comprehensiva son una variante del abuso de niños, ya que destrozan sistemáticamente la modestia natural de los infantes, tira sus barreras protectoras contra lo obsceno. Ello viola el alma infantil. Estos grupos seducen a la gente joven para llevarles al sexo prematuro, y luego explotan esa caída dándoles los medios para que sus víctimas crezcan adictos a sexo, con justificaciones y excusas. Algunos cultivan así el futuro mercado para sus productos.

Delante de nuestros ojos desfilan todos los días hombres y mujeres vacíos de personalidad. La falta de interioridad de una persona la conduce a imitar lo que hacen los demás, a ser borrego, sin descubrir su aporte personal inédito, hecho que hace de la persona una novedad radical. A la interpelación corriente sobre qué es el sexo, cabe dar una respuesta banal, en la vía de la “química”, y cabe una respuesta rigurosa, fruto de muchas horas de estudio y reflexión.

 

La ira en el matrimonio

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Es importante apagar los primeros chispazos de la ira y no dejar que tome cuerpo su hoguera.

La ira engendra ira hasta alcanzar emociones desbordadas,  porque se desvincula de la razón y deja sueltos los sentimientos vehementes. En esta, no se buscan soluciones lógicas o justas a una situación, sino solo accionar de palabra o de hecho buscando ofender o dañar físicamente, pero realmente daña más a la persona que la padece.

Puede él quejarse de la montaña rusa de los sentimientos de ella, y ella lamentarse de la indiferencia de él ante lo que ella dice. Y estas diferencias emocionales pueden ser en parte psicológicas en cuanto a hombre o mujer; o  remontarse a la educación recibida desde la infancia, más la influencia del entorno social en que se creció.

Diferencias en las que eventualmente subyacen conflictos internos no superados del todo,  que permanecen agazapados para saltar cuando las circunstancias lo provoquen.

Sentimientos  de inseguridad, falsa autoestima por educación en la prepotencia o baja autoestima por trauma y complejos; mala capacidad para el manejo de frustraciones… entre otros.

Sin embargo, por encima de las diferencias emocionales y conflictos internos no resueltos, entra en juego la libertad para superarse en la relación conyugal  y no rebasar la barrera sin retorno en las dificultades. El amor es el mayor motivo para lograrlo por el autoconocimiento y el ejercicio de la voluntad.

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¿En qué nivel de relación es posible que nos encontremos?

Primer nivel

Es  la etapa en que aun predominan sentimientos amorosos  y la parte angélical del otro (su juventud, su belleza, su gracia y simpatía, etc.) hace fresca, espontánea y feliz la convivencia.

Cuando discuten, saben apagar los primeros chispazos del enojo y no dejan que tome cuerpo su hoguera, la solicitud de perdón es espontánea y se estrechan más en la delicadeza y ternura.

Segundo nivel 

Se presentan las primeras diferencias realmente confrontantes, pero encuentran una válvula de escape al considerarlas aun anecdóticas y graciosas. Es así que hasta las llegan a contar en las reuniones familiares: “Me dijo tal y yo le conteste esto… ” Al tiempo que con naturalidad describen  sucesos que por primera vez ponen de relieve cierto grado de dificultad  en su convivencia,  sin que aparezcan aun juicios que descalifiquen  o adjetivos de mal gusto.

Realmente se corrigen el uno al otro de buena manera y con amorosa intención.

Tercer nivel 

Los defectos y errores ya no son pasados por alto fácilmente,  las quejas razonadas se acompañan de críticas, ya no a los hechos, sino a la persona del cónyuge, con adjetivos que se matizan aun por la comprensión y consideración hacia el que las recibe, pero que empiezan a generar en el otro sus primeras reacciones defensivas, tanto en autojustificarse como en responder con otros reclamos. Comienzan los primeros  silencios del disgusto.

Discuten cuidándose de no ser vistos o escuchados por los hijos.

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Cuarto nivel 

Se comienzan a sustituir las quejas razonadas por  la áspera crítica a la persona con un impacto emocional más corrosivo, por lo que las actitudes de defensa y contraataque son más frecuentes. Aparecen las primeras expresiones verbales de desdén acompañadas de ironía y sarcasmo, igualmente reforzadas por el lenguaje corporal: desde señas impropias, la sonrisa burlona o  el labio torcido, con la clara intención de hacer sentir mal al otro. Se empiezan a generar sentimientos de abandono y de rechazo. Los silencios se alargan.

Aún creen en su amor,  pero se encuentran ya en zona de peligro.

En este nivel aún es posible sanar la relación volviendo al amor y el respeto, retomando la capacidad para expresar  mutuamente  los propios sentimientos, opiniones y pensamientos, defendiendo las posturas que consideran justas. Tratando de hacerlo en el momento oportuno, de la forma adecuada, sin negar o desconsiderar los sentimientos, opiniones, pensamientos del otro. Se trata de volver a actitudes que sin ser pasivas, no son beligerantes.

Quinto nivel 

Las críticas cargadas de desdén son cada vez más frecuentes, los reclamos son cada vez más subidos de tono, con descalificaciones que dañan severamente la autoestima del otro. Hacen su aparición insultos como “idiota”, “bruja”, “imbécil”.  Lejos de cuidarse de no dar mal testimonio a los hijos, los hacen igualmente objeto de agresiones.

La soberbia se opone frontalmente a la posibilidad de una reconciliación, el perdón no se admite y empiezan a hablar mal el uno del otro con terceras personas.

Han entrado en franca caída en la relación, las probabilidades de separación son muchas.

Sexto nivel

Aparece la ira que genera ira hasta convertirse en odio, empiezan a reaccionar con emociones cada vez más destructivas  que buscan que quien reciba las ofensas se sienta avergonzado, disgustado, inculpado y defectuoso, lo que provoca una respuesta defensiva que no mide el enfurecimiento y deseos de  vengarse  por quien considera que se ha visto vulnerado en aquello que piensa merecer,  gravemente dañado  u ofendido.

Usan a los hijos como instrumento de venganza  exigiéndoles tomar partido y lejos de buscar ya el ganar; ahora saben que los dos pierden, pero no les importa,  ya que solo se enfocan al  quién pierde más, quién sale más dañado. Se hurga en las heridas del otro.

Séptimo nivel: El desbordamiento

Se bloquean y solo tienen pensamientos negativos el uno del otro, se declaran abiertamente enemigos,  por lo que fácilmente se disparan las emociones que llevan a expresiones de odio o a la violencia física. 

Ambos están abrumados por lo que consideran la negatividad de su cónyuge, al igual que sintiéndose hundidos con sentimientos desgarradores y fuera de control  por sus propias reacciones.

Las conductas tienen un fuerte componente patológico,  no pueden oír sin distorsionar; ni responder con lucidez; les resulta difícil organizar su pensamiento y caen en reacciones primitivas, como: agredir físicamente, romper cualquier cosa sin importar su valor o causarse dolor a sí mismo golpeando la pared hasta fracturarse la mano, entre otras.

La separación es irremediable.

Es importante solicitar ayuda especializada cuando se detectan señales de que existe serio déficit de inteligencia emocional en uno o ambos cónyuges, que hacen que los altibajos emocionales, al rebasarlos,  se conviertan en un serio peligro para la relación.

Por Orfa Astorga de Lira.

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