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La historia de una monja que desafió a los nazis

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Assumpta Serna

Entrevista a la actriz Assumpta Serna, protagonista: “No he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad”

A sus 60 años, la actriz catalana Assumpta Serna está que no para. Simpática y trabajadora donde las haya, aprovecha el tiempo como nadie. Junto a su marido dirige hace 13 años la Fundación First Team, en esencia una técnica para mejorar la interpretación, nacida al albur de un libro suyo, El trabajo del actor en el cine (Cátedra, 1999), que además es un volumen de uso en las escuelas de cine.

Por su parte, la Fundación ya ha editado otro lúcido trabajo, Directoras pioneras en el cine español. Assumpta Serna fue protagonista de un corto, Servicio de habitaciones, elaborado por los alumnos de la ECAM en su último curso, que le ha valido ya un galardón, y que ha sido muy bien valorado en más de 30 países hasta la fecha. Además, la actriz tiene pendiente de estrenar en España la comedia He matado a mi marido(Francisco Lupini Basagoiti), al lado de Miriam Díaz Aroca y el drama Bernarda, inspirado en la obra lorquiana La casa de Bernarda Alba (Emilio Ruiz Barrachina) al lado de Victoria Abril.

el próximo 20 de octubre se estrena en salas españolas Red de libertad (Pablo Moreno), única biografía fílmica sobre Sor Helena Studler, una Hija de la Caridad que salvó la vida de miles de refugiados franceses al evitar que cayeran presos de las fuerzas nazis. Con tales credenciales, Aleteia también ha podido conversar con su protagonista.

– ¿Cómo preparó el papel?

Ha sido un trabajo apasionante, en especial cuando he tenido que estudiar una biografía tan apasionante como ésta, porque ves que hace un poquito de honor a tu verdad. Hay que investigar al personaje, no quedarte sólo con el texto; buscar las raíces de él a través de la respiración del propio Pablo (Moreno, el director) y buscar en aquellos textos que Helena Studler dejó.

Eso para mí es lo más importante, es decir, intentar entender todos los prismas, intentar completar aquello que la película por su propia estructura no puede desarrollar. Entonces, como actores, ahí se encuentra nuestra principal y gran responsabilidad de saber dotar al personaje de aciertos y contradicciones, de favorecer todas las aristas posibles a quienes les damos vida y siempre integrarlo en el plano de la credibilidad. Es decir, de hacerlo humano.

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Assumpta Serna

– ¿Y se inspiró de algún modo?

Pues sí. Además en este caso fue divertido. Cuando era pequeña, tenía unas monjas (Hijas de la Caridad) que eran familia de mi madre, más en concreto de mi tía abuela. Habíamos ido a Yecla con ellas y me acordaba de esas tocas tan inmensas, que no entraban muy bien dos personas con ellas puestas en un todoterreno cuatro por cuatro, un Renault, de entonces. Y estas monjas fueron las que educaron a mi madre, que vivían en un convento, en zona roja cuando la guerra. Tras su muerte, íbamos todos los veranos a verlas.

Durante la guerra se refugiaron con mi abuelo y yo las recordaba muy diferentes: una encarnaba todo el cariño, el amor, la generosidad; la otra era mucho más seca y autoritaria en el sentido de querer una cosa y conseguirla. Así que hice una mezcla de estas dos mujeres, hasta construir el personaje, y a su vez es un homenaje privado hacia estas Hijas de la Caridad, que querían muchísimo a mi madre y a la familia.

Y, cosas de la vida, cuando hicimos el preestreno se me acercó una de las mujeres que decía que era de la zona de allí de Murcia y resulta que mi tía abuela, que era profesora de música, tenía siempre una foto mía en el piano… Así que de alguna manera puedo decir que siempre están por ahí, me han protegido y me han dado un muy bonito papel a mis 60 años para contar una historia de una heroína ejemplar.

– ¿No tenía antes referencias del carisma?

Carisma para mí es una palabra un poco vacía. Se repite a menudo pero al final no sabes bien qué es. Sin embargo, Pablo me ha ayudado mucho a reconocer el significado más católico y cristiano de la congregación y todo lo que redunda a su alrededor, a saber, la teoría del pensamiento filosófico que acompañaba a estas monjas, que es la llama y el motor que inspiran sus acciones. Y para mí fue interesante entender una manera de vivir que tras 400 años continúan desarrollando muchísimas mujeres.

Y lo hacen en silencio, ayudando y enseñando a los más desfavorecidos, por lo que es algo también muy bonito de recordar hoy día y, mejor aún, plasmarlo en una película. Por mi parte he intentado que esa filosofía estuviera allí. Y me ha gustado mucho poder decir las palabras de Studler, precisamente cuando se estaba muriendo esa pobre persona maltratada por los nazis.

– ¿Tuvo alguna duda antes de aceptar el papel?

Ninguna, ninguna, ninguna. De inmediato cogí el teléfono y dije que sí. A mí me gusta reaccionar así, no sé hacerlo de otra manera. Hay que buscar un momento muy especial en la primera lectura del guión, que es donde ves la película totalmente como un espectador, cuando el personaje te sugiere y te inspira o no. Entonces cuando realmente eso pasa y estás inflamado por lo que has leído y has llorado y has entendido… es ya responsabilidad de una buscar el momento para que esto pase. Una vez que esto sucede, hay que hacerlo, no hay otra.

– ¿Conocía algo de Sor Helena Studler?

No. Sabía que al político francés Francois Mitterrand, teniente en esa época, lo había salvado una monja pero no sabía que su rescatadora fue Helena. Es una de estas cosas que alguien te dice como dato curioso.

– ¿Le pareció atractivo el guión?

Como estructura estaba perfecto, muy bien montado desde que lo leí. Nosotros lo que buscábamos era humanizarlo, en el sentido de encontrarme cosas que pudieran ser realmente salidas de tono, porque si no el personaje terminaría convertido en algo poco idílico y poco humano.

– De un tiempo a esta parte se está poniendo de moda un tipo con películas este corte. ¿Qué le parece que esta corriente se abra paso en el cine?

Que los valores de esta película son más pertinentes que nunca. En un momento donde la falta de diálogo, de escucha y de generosidad son tan grandes resultan más que procedentes. Son valores universales que durante toda la vida tendremos que repetir. Se habla de derechos humanos.

Por supuesto también de la llamada a la vida religiosa y de instar a que las personas se comporten mejor con sus semejantes. Es el ejemplo vivo de que hay que saber amar y actuar en consecuencia. Y creo que esto es válido hoy y mañana, siendo religioso o no. Cuando en tu día día tus acciones tienen que ver con la generosidad estás cada vez más cerca de lo divino, de la felicidad que te da el ser generoso con el otro.

En realidad, es un mensaje muy humanista de siempre. Las Hijas de la Caridad representan a muchas personas que creen en unos ideales y que han sido capaces de luchar por ellos y de estar con ellos toda su vida. Y esa actitud es ejemplar. Siempre digo que no he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad porque durante el rodaje estaban pendientes de todo siempre, con esa generosidad de la que antes te hablaba, y esa manera de interesarse y sorprenderse. Esa curiosidad y respeto por la vida no la he encontrado en otros productores con los que he trabajado. 

– ¿Qué ha aprendido con este personaje?

El hecho de que salvando a uno salvas a la humanidad. Ése es el mensaje de esta película. Aprendes que todavía es posible que equipos enteros crean en algo, no en el sentido religioso, sino en creer que estaban haciendo algo necesario. Y digo más: esta película da sentido a la vida de los demás que es para lo que hacemos y contamos historias.

Para mí este personaje es un bombón. Lo más bonito de Helena Studler es que fue así de natural. Luego se termina convirtiendo en un acto heroico pero ella realmente no lo vio así, no quiso ninguna condecoración y cuando se la dieron la rechazó. En ese sentido, yo la he hecho un poco más humana y sonriendo un poco, porque creo que a pesar de todo los premios también hay que agradecerlos, aunque se sienta que no se merecen.

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Assumpta Serna

– En la celebración del preestreno en Madrid, el superior provincial de Las Hijas de la Caridad comparó ‘Red de Libertad’ con la peli ‘La lista de Schlinder’

Hay una serie de homenajes dentro de la película. Todos sabemos que hubo gente que estuvo en contra del poder establecido, así como otra arrogante. No obstante, resulta muy útil y conveniente que se acentúe esa comparación, principalmente cuando de quien se habla es de una persona que ha dedicado su vida a darse a los demás y ha rechazado y perdido muchas cosas, incluso su salud, para seguir luchando.

– ¿Recuerda algún diálogo representativo de Helena?

Sí. Me llamó la atención una de las frases que Helena dice cuando se está muriendo: “¡Ay, con lo que hay por hacer!”. Cosa que a mí me toca directamente porque entre el trabajo de la Fundación, el trabajo como actriz, de la escuela, mi familia…, vaya, que no hay tiempo para nada.

Porque realmente en la vida no hay tiempo para las cosas que uno quiere hacer. Cuando tienes ilusión y pasión y curiosidad y estás vivo tienes esa idea de encontrar todo el sentido de ayudar a los demás, cosa que también me pasa a través de la escuela y la Fundación. Y falta tanto tiempo siempre que quizás eso es lo que me ha tocado más de esta película.

– Si le llamaran de Hollywood para hacer una película parecida, ¿aceptaría?

Sin pensármelo. En América hay una corriente muy interesante de películas de tono cristiano o con una serie de valores importantes, que es un cine súper válido y actual.

– ¿Qué papeles querría hacer?

Los de personajes íntegros en lugar de hacer películas de carácter violento o de miedo. No me gustan mucho.

– ¿Tiene motivo?

Una vez fui jurado de un festival de películas de miedo y al final terminas por no tenerlo. Me gustan las historias que dan sentido a la vida y la felicidad está en escuchar al otro, en reconocer, en este caso, todos los valores que puede tener una película como Red de Libertad. Pero también tiene que coexistir el factor del defecto que tenemos los humanos, porque hacer una película solo de lo divino sería difícil que tuviera éxito, básicamente porque cada uno piensa en su Dios de distinta manera.

– Al hilo de esta idea, recuerdo su trabajo en ‘Teresa Teresa’, de Rafael Gordon, donde hacía de diablillo…

No lo había pensado porque teníamos presente la comparación con la monja que hice de Sor Juana Inés De la Cruz. Fue una poetisa que quizá no tenía esa vocación de monja, sino que lo hizo para poder estudiar en el siglo XV. El escritor mexicano Octavio Paz decía que Sor Juana Inés De la Cruz quiso ser santa. Porque se aparta de un día para otro del mundo de las letras y de su figura pública hasta el fin de su vida, que decide simplemente que transcurra en la comunidad.

Yo creo que ahí Helena tocaba más el suelo y entre una y otra era bonito reflexionar al respecto. Sinceramente, me hubiera gustado ser Teresa (Isabel Ordaz) pero el director no me vio nunca como monja. ¡A ver si me ve en ésta!

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Assumpta Serna

– Hablando de los premios, ¿qué piensa de ellos?

Como te decía antes, he estado de jurado en muchos festivales.  Y siempre es una oportunidad de ver cine pero, sobre todo, te ponen una posición donde realmente tienes la responsabilidad de no decir sólo me gusta o no me gusta, sino de defender por qué algo funciona aunque no te guste. Es algo difícil de hacer en la sociedad en la que estamos pero es un bonito ejercicio. Ahora que siendo presidente del jurado puedes imponer unos criterios.

De he hecho, me he encontrado con gente de todo tipo, por ejemplo en un festival en Alemania de personas con discapacidad. Y era muy interesante porque allí no tuvimos ningún problema en establecer estos criterios o quizás ha sido la vez que menos me ha costado. A veces, cuando eres diferente, tienes más posibilidades y entiendes que la diferencia te puede proporcionar otras sorpresas gratificantes. Para mí fue una lección muy importante.

También hay jurados que dan premios a películas, porque simplemente a uno le gusta mucho  algo de esa historia y al otro le disgusta lo mismo y surgen problemas. Lo suyo sería establecer unas pautas sobre lo que se va a premiar y de qué manera. Y los jurados así a mí me interesan, pero hay pocos, conque los premios para mí son menos importantes que el público que va a ver la película.

En el caso de los Goyas, Gaudís, los Oscars… Son gente de la misma profesión que de repente ha votado por ti y quieras que no son profesionales a los que les gusta lo que haces y es reconfortante si te gratifican con un premio. En resumen, prefiero el premio del público, de esas personas que te paran por la calle y te dicen que les has gustado en la película, porque a fin de cuentas no conoces el criterio del jurado.

– ¿Qué piensa sobre el IVA cultural, ahora que el Gobierno quiere rebajarlo para 2018?

En un momento de crisis ha sido una decisión absolutamente equivocada. Hemos visto que en otros países que también tenían la misma crisis han reaccionado de una manera completamente distinta y eso era un barómetro sobre la situación de todo lo que nosotros no hemos podido comunicar a la gente, al trabajador normal. Quizás en esto hemos dado un poquito la espalda al espectador y hemos preferido recibir las subvenciones… se podría reflexionar mucho sobre el tema, aunque no es algo fácil.

– Confío en que si se resuelve mejore.

Éramos uno de los países donde la gente acudía más al cine, y se nota, por ejemplo, en el día del espectador donde la gente acude aún más. Además, Internet y la piratería nos están comiendo mucha parte del negocio… por eso, esa subida del IVA fue demoledora.

En los últimos 10 años muchas personas han tenido que abandonar su negocio y reciclarse. Por eso tienen mucho valor las nuevas generaciones que se dedican más al cine independiente y digital. Es lo que yo llamo la democratización del cine digital, porque también ha influido en el modelo de distribución de cine. ¡Son momentos apasionantes! Yo, desde los años 80, no me aburro porque siempre hemos estado en crisis o hemos tenido algo contra lo que luchar.

En estos momentos la televisión está haciendo productos muy interesantes, igual que las nuevas plataformas. No sabemos muy bien cómo va a ir en el futuro pero siempre pienso de manera positiva y seguro que todo va a salir bien. Hay cosas que no tienen solución, pero en el caso del IVA también se favorece una ley donde se pueden hacer donaciones al cine. Pero parece que interesa poco.

– ¿Qué haría para eliminar la piratería?

Creo que es cuestión de trasladar un mensaje. De montar campañas organizadas por parte de los cineastas para dar a entender lo que quiere decir la piratería. Unos informes ciertos de las cifras ciertas del cine que nunca hemos tenido ni tendremos en este país. Es difícil hablar de piratería cuando no te respaldan unas cifras exactas por parte del Ministerio de Cultura, la Asociación de Productores o la Academia de Cine. Siempre son los tres soldados distintos del cine.

Entonces, ¿cómo lo vas a defender si no nos entendemos entre nosotros? Tiene que haber otro sistema con el que valorar todo eso. Ahora mismo hay que contar con el peso que tienen los influencers en el cine. De hecho, el cine de hoy día, comparado con lo que yo hacía cuando empecé no tiene nada que ver. Incluso la prensa escrita tenía un valor casi divino y ahora este valor está tan repartido y diseminado…

– ¿Diría que sí a Pablo Moreno si le volviera a llamar?

Sí, sin problemas. Pablo es una persona con la que me gustaría volver hacer otros proyectos. En la Fundación hemos elaborado un código de buenas prácticas del actor en el audiovisual. Es una guía ética de las relaciones del actor con el equipo. El equipo que lidera Pablo ha cumplido todas y ha tomado ese código como suyo. Y creo que es una buena oportunidad de decir que efectivamente se puede hacer un cine con valores, dentro de la misma estructura.

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El sacerdote que cura los cuerpos y las almas en Ruanda

14 septiembre 2017 Deja un comentario
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El padre Ubald da la bendición con el Santísimo durante un retiro. Foto: Facebook del padre Ubald Rugirangoga

A su padre lo mataron cuando él tenía 7 años, y su madre murió durante el genocidio que devastó Ruanda en 1994. «Vi cómo hermanos en la fe mataban a otros hermanos en la fe en mi propia parroquia. Hasta mis parroquianos me querían matar a mí». Desde entonces, Ubald Rugirangoga predica en su país la liberación del perdón, organizando retiros con víctimas, y también con los perpetradores de la masacre que se llevó 45.000 vidas en tres días. En 1991 recibió el don de intercesión por la sanación de los enfermos, con numerosas curaciones físicas y espirituales. Ha estado en Madrid invitado por una comunidad carismática para predicar el retiro Jesús sana hoy. «Soy un cura feliz. El perdón me ha hecho libre», dice

Usted afirma haber recibido en 1991 el don de sanación. ¿Qué es exactamente?

Empecé a rezar por los enfermos en 1987, a raíz de una epidemia de disentería que hubo en mi parroquia y que provocó muchos muertos. Yo tenía miedo de contagiarme y de enfermar cuando rezaba por ellos, pero pensé con mucha fuerza: «¡Tenemos que rezar!», y al cabo de un mes de orar todos juntos en mi parroquia la enfermedad desapareció. ¿Fueron las medicinas? ¿Fue la oración? Yo solo sé que ahí nació dentro de mí el interés en rezar por los enfermos. Formé un grupo de nueve personas que empezamos a rezar cada jueves por los enfermos, con mucha fe y convicción.

En 1991 vino un nuevo don: en la acción de gracias después de una Eucaristía vi venir hacia mí la imagen de un pie izquierdo con heridas. Luego, una mano derecha, junto a una voz que me decía que alguien sufría del codo. Luego, la imagen de un trasero de alguien lleno de heridas. Y luego el vientre de una mujer embarazada, y la voz diciéndome que una mujer tenía miedo al embarazo. Por último, la voz me dijo que había alguien allí que pensaba que daba igual rezar o no rezar. Todas esas imágenes y voces vinieron a mí.

¿Qué significaba todo eso?

Entonces pregunté si alguien allí sufría del pie izquierdo, y un hombre dijo: «Yo», y le pedí: «Prueba a andar», y entonces se levantó y dijo: «¡Ya no me duele!». Después pregunté si alguien padecía de su codo derecho, y un hombre se levantó y dijo que se había curado de repente. Después pregunté si alguien tenía heridas en su trasero y una mujer se levantó del suelo, porque no podía sentarse, y al cabo de tres días las heridas habían desaparecido; ella no se lo creía. Luego pregunté si alguna mujer estaba embarazada y tenía algún problema; una mujer se levantó y dijo que ella había tenido dos hijos pero luego llevaba siete años sin tenerlos, porque había perdido dos hijos, y este no creía que iba a nacer vivo; yo le dije que sí iba a nacer vivo. Y así fue.

¿Y la persona a la que le daba igual rezar o no rezar?

Pregunté por ella también, y se levantó una mujer. Su hijo de 5 años estaba enfermo, con una llaga en una pierna, y el médico le dijo que debía amputarla porque la herida llegaba ya al hueso. Ella quiso rezar y le pidió a su marido que la acompañara, pero él no quiso. Todo eso la deprimió y entonces ella perdió la esperanza en la curación de su hijo, pensaba que la oración no iba a solucionar nada. Pero ella vino a rezar ese día, y al cabo de tres días la herida de su hijo estaba completamente curada.

¿Cómo se lo tomó?

Estaba sorprendido. Yo tengo la convicción de que todo esto viene de Jesús. Eran imágenes, voces, que de repente llegaban a mí cuando rezaba, y la gente se curaba. Todo era nuevo para mí. Decidí consultar con mi obispo, y me recordó que el libro de los Hechos cuenta que también Pedro veía imágenes que le ayudaban en su ministerio. Así que me dio la autorización para llevar a cabo este don.

¿Desde entonces ha sido testigo de curaciones físicas?

Sí, muchas, incluso aquí en Madrid. En el retiro en el que acabo de participar me impresionó una doctora que padecía de un problema en su cabeza y dijo que se le había curado. En otra ocasión, en Estados Unidos, estaba yo rezando en adoración ante el Santísimo, y me vino la imagen de una chica en una silla de ruedas. Por la tarde estaba en un retiro, ¡y vi a la chica que había visto por la mañana! Recé por ella y me fui, y después invité a quien padeciera de alguna parálisis a que se levantara. Ella no se lo creyó en ese momento, pero luego, cuando ya estaba en la sacristía escuché voces fuera: la chica se había levantado de su silla de ruedas.

¡Es Jesús! Él es el que cura. Todo lo que hago es en el nombre de Jesús. Él es el que quiere curar a todas estas personas.

Padre Ubald, también hay heridas interiores, en el espíritu…

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Foto: Isabel Cristina Pérez Estrada

Toda curación física está encaminada a una curación espiritual. Cuando ves a alguien que ha recibido una curación, eso aumenta tu fe. Esas curaciones te hacen creer más.

Y también hay sanaciones que pasan por el perdón, porque el odio es una herida muy grande. Pero, al perdonar, las personas se curan y recuperan la paz. Mi misión principal es llevar a la gente a Jesús, llevar a la gente a la fe, a creer en Él, a creer que después de esta vida hay otra. Él es la Verdad, Él está vivo, lo que dice es la verdad.

¿Por qué no hay entonces más curaciones, para que haya más gente que pueda creer?

Es por nosotros. Si nosotros no rezamos por las curaciones, no habrá curaciones.

Usted experimentó en su propia vida el genocidio que hubo en Ruanda. ¿Es posible sanar también esas heridas?

Sí es posible. Yo mismo no tengo ningún odio. El hombre que mató a mi madre durante el genocidio de 1994 es ahora mi amigo; él vino un día a pedirme perdón, y yo lloré, le abracé y le dije: «En el nombre de Jesús, te perdono». Me he hecho cargo de sus dos hijos y les he pagado los estudios.

Uno de sus hijos no podía perdonar a su padre por lo que había hecho. Había matado a muchas personas, y ahora… Yo le dije: «Ven, y recemos juntos», y le pedí que perdonase de corazón. Él lloraba cuando decía: «Perdono a mi padre…».

Esto debe ser difícil de entender para muchos en su país…

Predicar el perdón me ha traído problemas, Dios mío. A veces la gente no lo entiende. Pero para mí el odio es el mal, y lo vencemos con el perdón y siendo misericordiosos. Solo así se puede parar la violencia.

Otro ejemplo: un hombre mató a otro, y el hijo de la víctima se casó con la hija del verdugo. Esa chica, cuando me escuchó predicar el perdón y dar mi testimonio, quiso hacer algo. Ella sabía que su padre había matado a un hombre y había dejado viuda a su mujer, y entonces fue a verla y acabó viviendo con ella, ayudándola en todo. El hijo de aquella viuda, que pudo escapar del genocidio, llegó un día a casa de su madre y se encontró con la hija del asesino de su padre. «¿Qué hace esa chica aquí? Su padre ha matado a papá», dijo enfadado. Pero la madre defendió a la chica: «Es una buena chica, es amable, me cuida mucho». Con el tiempo, él se dio cuenta de la bondad de la chica y cómo cuidaba de su madre, y acabó casándose con ella. Yo bendije su matrimonio y hoy tienen tres maravillosos hijos.

¿Y qué pasó con el padre de ella?

Cuando salió de la cárcel su hija preparó la reconciliación entre ambas familias. Recibió el perdón de la mujer y de su hijo, y él mismo decía: «Soy feliz. Yo quité la vida, y ahora mi hija me la está dando. Yo di muerte y ella da vida». Ahora es un abuelo orgulloso de sus nietos.

Dirige en Ruanda el centro El secreto de la paz. ¿Cuál es ese secreto?

¡El secreto de la paz es el perdón! Este es un centro en el que rezamos por la sanación de las personas. En mi país hay muchas heridos y lo primero que hacemos es escucharlos. Hacemos una escucha cristiana, porque muchos vienen con mucha ansiedad. La gente necesita alguien que los escuche, porque si no se vuelven locos. Pero si tienes alguien que te escucha, entonces compartes el dolor de tu corazón, curas tus heridas. Fundé una congregación llamada Misioneros de la Paz, con ramas masculina y femenina, y también con laicos, como un gran familia, y el carisma que tienen es el de la escucha: acoger y escuchar a las personas, y confortarlas.

¿Qué ocurre cuando uno quiere perdonar pero no puede?

Si no perdonas al alguien, entonces estarás llevando a esa persona encima, como un gran peso, toda tu vida. No perdonar es una forma de morir. Tienes que perdonar, para ser libre, para dormir bien, para no llevar ese peso siempre… Y si no puedes, al menos reza por ello, pídele a Jesús ese don, porque sin Jesús perdonar es imposible. Él lo hace.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

 

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Víctimas y asesinos del genocidio de Ruanda, durante un retiro de reconciliación dirigido por el padre Ubald. Foto: frubald.com

Un signo que dispone a la fe

Nuestra fe posmoderna, muy infiltrada de racionalismo y moralismo, queda a menudo desconcertada por el extraordinario realismo del Evangelio. Pero muy reales eran la parálisis o la ceguera de aquellos que se acercaban a Jesús. Con Jesucristo, Dios ha irrumpido en la historia abrazando la debilidad, también liberando y sanando a enfermos. Dichas curaciones son un signo del Reino, es decir, verifican y manifiestan que Dios se acerca definitivamente al hombre en su debilidad. Pertenecen irrenunciablemente a la revelación cristiana.

Además, Jesús ha querido capacitar a sus apóstoles para los mismos signos. La Iglesia, que mantiene presente el misterio de Dios en la historia, debía ser capaz de hacerlo con el mismo realismo y la misma viveza de sus milagros (cf. Hch 3,1-10; 14,8-11).

Por eso, la tradición de la Iglesia ha anunciado y suplicado sin cesar a Cristo como médico. Así, los padres de la Iglesia aprovecharon que la salvación también se dice salus, salud, y propusieron enfrentar la patología del pecado con las terapias de la ascesis, la oración y especialmente los sacramentos, fármacos custodiados y servidos por la Iglesia, nuestro hospital de campaña. Es cierto que progresivamente se enfatizó el significado espiritual de esta curación (especialmente litúrgico), pero sin renunciar nunca al significado corporal. Ahí tenemos una historia milenaria llena de santos taumaturgos, milagros alcanzados por la intercesión dirigida al Cielo y santuarios reconocidos como especiales lugares de sanación, amén de innumerables obras dedicadas a los enfermos.

Un carisma es un don particular del Espíritu Santo concedido a la Iglesia en su vida histórica concreta. Su significado último viene dado siempre por la misión de la Iglesia, es decir, que sirva para afinar mejor el testimonio cristiano en el mundo. Ante un carisma de curación, más allá del fenómeno de la sanación corporal, los teólogos destacan su carácter de signo especialmente relevante del señorío de Cristo, que dispone más fácilmente a la fe, la verdadera salus, la plenitud de la vida del hombre, que es uno en cuerpo y alma. La auténtica salud se llama santidad, y somos curados, Dios mediante, para ser portadores en el mundo de esta verdadera vida, la divina.

 

Jaime López Peñalba

Profesor de Teología e Historia de la Espiritualidad.

Universidad San Dámaso

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México puede mucho

13 septiembre 2017 Deja un comentario

Por beckyreynaud

Dios nos ha elegido para transformar la historia, pero cuando no vivimos lo ordinario con heroísmo viene el desencanto. ¡Qué importante es vivir cada día como si fuera el último!

Es un hecho que México puede mucho, que es una fortaleza para el resto de la humanidad, pero los mexicanos hemos de luchar más contra el egoísmo, el sentimiento y el resentimiento. Con fortaleza y optimismo, hemos de descubrir y explotar las virtudes ocultas en nosotros mismos y en las personas que amamos. Hay que ayudarnos mutuamente a pulir el temperamento.

El carácter es una estructura virtuosa. Pero toda virtud implica autodominio. Y ¿cómo se nota que falta autodominio? Cuando “explotamos”, contestamos mal o rezongamos. ¿Qué es rezongar? El Diccionario de la Lengua Española dice que rezongar es gruñir, refunfuñar a lo que se manda, ejecutándolo de mala gana. Ya se sabe que nacemos con un temperamento, y que el carácter es ese mismo temperamento pero educado. Cuando nos enojamos sin gran motivo, nos falta carácter. Es una pena reconocer que nuestro tiempo ha perdido el señorío de sí mismo.

El carácter significa una armónica conjugación entre tres elementos: la inteligencia, la voluntad y el sentimiento. En México, debemos de luchar –sobre todo- por adquirir dos virtudes cardinales: fortaleza y templanza. Dentro de la fortaleza entra el tratar de ser menos susceptibles (menos soberbios) pero sin perder el “tener corazón”.

Tiene importancia el “dominio del enojo” por su cotidianidad, y por la gravedad de sus consecuencias. A veces una persona se presenta enojada, regañona, malhumorada, cortante, introvertida, triste, rezongona…, y eso influye en el ambiente. Y digamos de paso que el enfado y el mal humor es el principal mensaje de las telenovelas. Esa es la conducta que nos presentan como “modelo”.

Aristóteles considera la sabiduría como dominio; como la resistencia ante lo adverso o también que prevalezca lo racional frente a lo irracional. Y hoy, lo que más brilla por su ausencia es la educación de la voluntad. Es la voluntad la que se deja mover por el entendimiento, o bien se deja mover por los sentimientos, o por ambos. Este dominio no consiste en que desaparezcan los sentimientos, sino en que no prevalezcan.

Según el Doctor Carlos Llano —filósofo del siglo XXI—, dos rasgos son los que condicionan la posibilidad de tener un carácter sólido: la humildad y la castidad. Si se marginan estas cualidades, la persona será mediocre, insignificante. Y esto es así porque la humildad y la pureza son las bases –espiritual la una y corporal la otra- del carácter.

La simpatía natural no es un rasgo constitutivo del carácter, sino que, dependiendo de la actitud que tomemos ante ella, puede servirnos para apuntalar un aspecto de nuestro carácter –la generosidad- o de nuestra falta de carácter: el egoísmo.

Cuando el egoísmo toma posesión de una persona, se inactiva toda posibilidad de virtud. Al contrario, cuando hay generosidad, hay un ensanchamiento del alma. “El soberbio y el incontinente se encuentran centrados en sí mismos (…) El autodominio consiste en el abatimiento de la propia excelencia en que reside la esencia de la humildad. La voluntad de dominio, en cambio puede conducirnos a la precedencia sobre los demás, no por ser precedente sino por ser yo, en lo que residen la soberbia, la vanidad, la egolatría y el egoísmo (…): La ausencia de la humildad como la de la castidad apuntan a una desintegración del carácter” (Carlos Llano).

Con frecuencia los jóvenes olvidan que  no están hechos para el placer sino para el heroísmo. En resumen, se trata de adquirir virtudes y de usar bien de nuestra libertad, batalla que dura toda la vida, pues tan importante como la adquisición de una virtud es su mantenimiento. Se nos pide el avance progresivo de la virtud, conforme al adagio clásico: o se avanza o se retrocede. Millán Puelles dice: “somos libres, no estamos hechos del todo; pero somos, esto es, no lo tenemos todo por hacer”.

Algunos extranjeros que visitan México se impactan gratamente al ver la reserva de fe que hay en nuestro país, y es que, en general los mexicanos hemos entendido que la fe no se opone a la civilización. Cuanto más arraigada está en los hombres y en los pueblos, más se acrecienta en ellos la ciencia y el saber, porque Dios es la sabiduría infinita. Y donde no hay fe, desaparece la paz, y con ella la civilización y el progreso, introduciéndose en su lugar la confusión de ideas, la división de partidos, la lucha de clases y, en los individuos, la rebeldía de las pasiones contra el deber, y así el hombre pierde su dignidad, que es su verdadera nobleza.

Ojalá no olvidemos esas célebres palabras a México de Juan Pablo II: “¡Dios te bendiga, México!, que te esfuerzas en desterrar para siempre las luchas que dividieron a tus hijos mediante un diálogo fecundo y constructivo. Un diálogo en el que nadie quede excluido … Sólo el diálogo fraterno entre todos dará vigor a los proyectos de futuras reformas, auspiciadas por los ciudadanos de buena voluntad, pertenecientes a todos los credos religiosos y a los diversos sectores políticos y culturales”. (Juan Pablo II, Ceremonia de despedida, México, D .F., 26 de enero de 1999).

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Tenía 13 años, le cortaron el cuello por no apostatar

Una extraña mujer la cuidó… era la Virgen

experienciascercanasalamuerteEl autor y médico responsable del Departamento de Constataciones Médicas de Lourdes, Patrick Theillier, publica en su libro Experiencias cercanas a la muerte (Palabra), un asombroso milagro mariano que tiene por protagonista a Santa Mariam Baouardy, religiosa carmelita, originariamente palestina de rito greco-melquita.

Cuando tenía 13 años, en Galilea, un hombre le cortó el cuello por no querer apostatar y abrazar el Islam. Debería haber muerto, pero vivió una experiencia que luego describiría y que es motivo de asombro para los médicos.

Infancia en Tierra Santa
Miriam nació en 1846 en Galilea en una familia pobre y muy creyente, católicos de rito greco-melquita. Se quedó huérfana a los tres años y sus padres adoptivos se establecieron en Alejandría, Egipto.

Cuando cumplió trece años sus padres adoptivos intentaron casarla con su tío.Mariam se negó en rotundo. El tío, furioso, decidió tratarla como una esclava durante tres meses. Pero ella seguía sin ceder.

Con la intención de reunirse con su hermano pequeño Boulos en Galilea, Mariam consiguió huir con un antiguo criado de la familia.

Le cortaron el cuello
Aquel criado era un musulmán que la intentó obligar a convertirse al islam y abandonar su fe católica. Mariam rechazó la idea y el criado, al ver que la cristiana no pensaba apostatar, desenfundó un cuchillo y le cortó la garganta.

Luego envolvió su cuerpo en un gran velo y con la ayuda de su madre y su mujer, abandonó el cuerpo de Mariam en un callejón. Esto sucedió la noche del 7 al 8 de septiembre de 1858.

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Devotos en el día de la canonización de Santa Mariam Bouardy

Aquella misteriosa religiosa
Mariam explicaría años después que se encontró en el interior de una gruta. Junto a ella se encontraba una religiosa que vestía un hábito azul. Esta mujer le contó que la había recogido de un callejón, trasladado a aquel refugio y cosido el cuello.

Aquella misteriosa hermana se comportaba de forma extraordinaria. Habló poco, humedeció los labios de la joven con un algodón, la obligó a dormir y le dio una rica sopa. No se parecía a ninguna otra religiosa.

Cuando la herida cicatrizó, la religiosa hizo salir a Mariam de la gruta. La condujo a la iglesia de Santa Catalina, atendida por franciscanos y llamó a un confesor. Tras salir del confesionario, Mariam no volvió a ver a aquella extraña religiosa.  La enfermera del hábito azul había desaparecido.

Muchos años después, siendo ya monja carmelita, Mariam fue obligada por obediencia a contar su martirio. Afirmó que había estado realmente muerta y había visto el Cielo.

A su maestra de novicias en Marsella, que le preguntó si fue objeto de un juicio le respondió: «¡Oh, no! Me encontré en el Cielo. Vi a la Santa Virgen, a los ángeles y a los santos, que me acogían con una enorme bondad. También vi a mis padres en su compañía. Vi el trono resplandeciente de la Santísima Trinidad y a Jesucristo nuestro Señor en su humanidad. No había sol, ni luces, pero todo era de una claridad brillante. Entonces alguien me dijo: “Efectivamente eres virgen, pero tu libro todavía no ha terminado”».

Bajo el manto de María
El día de la Natividad de 1874, aniversario del martirio y milagro de Mariam, ella recordó: “En un día como este, estuve con mi Madre. En un día como este consagré mi vida a María. Me habían cortado el cuello y al día siguiente, María me tomó bajo su protección”.


Hermana Mariam (segunda por la izquierda en la fila de arriba) con las otras fundadoras del Carmelo de Belén

En agosto de 1875, navegando rumbo a Palestina, Mariam contaba al P. Estrate, su padre espiritual (que puso por escrito todo lo que conoció sobre la joven a petición del obispo de Bayona de esa época, Monseñor Lacroix), estas palabras: “Ahora ya sé que la religiosa que me curó después de mi martirio era la Santísima Virgen”.

Sólo pudo ser un milagro
La cicatriz fue examinada por muchos médicos a lo largo de las enfermedades por las que pasó Mariam. La cicatriz era de 10 cm de largo y de 1 cm de ancho. Recorría toda la parte delantera del cuello. Le faltaban varios anillos de la tráquea, como constató el médico de Pau el 24 de junio de 1875.

A consecuencia de ese corte tan profundo Mariam tuvo la voz ronca toda su vida. De hecho, un famoso médico de Marsella, ateo, cuando trató a la chica afirmó que tenía que haber un Dios porque desde el punto de vista médico estaba muerta.

Mariam era chica muy humilde. Se consideraba a sí misma “insignificante”. Su historia está llena de milagros, levitaciones, éxtasis y estigmas.

Con 20 años entró en el Carmelo de Pau (localidad cercana al Pirineo francés) y tomó el nombre de María de Jesús Crucificado. Fundó el Carmelo de Mangalore, en la India y luego el Carmelo de Belén, donde murió con 33 años en 1878, a causa de un accidente.

Fue beatificada en 1983 por San Juan Pablo II y canonizada el 17 de mayo del 2015 por el Papa Francisco. 

(A continuación se ofrece el vídeo de la canonización de Mariam Baouardy y María Alfonsina Danil Ghattas, que son las primeras santas palestinas, además de la francesa Jeanne Emilie de Villeneuve y de la italiana María Cristina de la Inmaculada Brando)

 

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El testamento espiritual de un hombre que intentó violar y mató a una niña

Alessandro Serenelli, asesino de Maria Goretti, fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida, pero algo le hizo cambiar

Alessandro Serenelli (1882-1970) era un joven trabajador robusto que vivía cerca de la familia Goretti cuando ésta se trasladó al Agro Pontino.

Arrastrado por la pasión intentó varias veces seducir a la joven María Goretti, que todavía no tenía 12 años, y violarla.

Ante su resistencia un día la apuñaló 14 veces con un objeto afilado.

Al principio, en la cárcel, no mostró ningún arrepentimiento .Tampoco cuando le visitó el obispo para hablarle del perdón de Dios.

Pero unos días después pidió hablar con el obispo: había soñado con Marietta, su víctima, que llevaba 14 lirios (tantos como puñaladas) y le sonreía resplandeciente. Ahí empezó su transformación.

Recogemos aquí el testamento espiritual del Alessandro Serenelli anciano, ya con casi 80 años, poco antes de su muerte, transformado por la fe de “Marietta” (hoy santa María Goretti) y por la vivencia de la espiritualidad franciscana.

El asesino, debido a la edad (entonces la mayoría de edad era a los 21 años) no fue condenado a la cadena perpetua, sino a 30 años de reclusión.

Su camino espiritual fue lento y duro. Fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida.

Lo salvaron la certeza del perdón de “Marietta” y sus últimas palabras: “¡Lo quiero conmigo en el paraíso!”.

La Navidad de 1934 visitó a Assunta, la madre de Marietta. Ella le dijo que ya le había perdonado. Fueron juntos a la Misa de Navidad para admiración de todos los que les reconocieron.

Se mantuvieron siempre en contacto. Juntos vieron a santa María Goretti canonizada en 1950. Alessandro estuvo junto a la anciana Assunta cuando ella murió.

Alessandro murió en la enfermería de los padres capuchinos de Marerata el 6 de mayo de 1970, donde había sido portero durante décadas.

El texto que publicamos, su testamento espiritual, se encontró a su muerte en un sobre cerrado, con fecha del 5 de mayo. Está tomado de: Madre di Dio. Mensile mariano(noviembre 2002). La traducción es de Pablo Cervera Barranco.

Huid del mal y seguid siempre el bien
(Testamento espiritual de Alessandro Serenelli)

Soy un viejo de casi 80 años, pronto voy a terminar mis días. 

Echando una mirada al pasado, reconozco que en mi primera juventud recorrí un sendero falso, la vía del mal que me condujo a la ruina.

Veía todo a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que siguen la mayoría de los jóvenes sin siquiera pensarlo. Y yo hice lo mismo. No me preocupaba.

Personas creyentes y practicantes tenía cerca de mí, pero no les prestaba atención, cegado por una fuerza brutal que me empujaba hacia un sendero malo. 

A los 20 años cometí el delito pasional del que hoy me horrorizo con sólo recordarlo.

María Goretti, ahora santa, fue el ángel bueno que la Providencia había puesto ante mis pasos para guiarme y salvarme. Todavía tengo grabadas en mi corazón sus palabras de compasión y de perdón. Rezó por mí e intercedió por su asesino

Siguieron treinta años de prisión. Si no hubiera sido menor de edad, hubiera estado condenado a cadena perpetua. Acepté la merecida condena. Expié mi culpa

La pequeña María fue verdaderamente mi luz, mi protectora; con su ayuda, me porté bien en mis 27 años de cárcel e intenté vivir honradamente cuando la sociedad me aceptó de nuevo entre sus miembros.

Los Hermanos de San Francisco, los Capuchinos de las Marcas, me acogieron con caridad seráfica en su monasterio no como un siervo, sino como un hermano y con ellos convivo desde hace 24 años. 

Ahora espero sereno el momento de ser admitido en la visión de Dios, de abrazar a mis seres queridos de nuevo, y de estar junto a mi ángel protectora y su querida madre, Assunta.

Los que lean esta carta, ojalá que quieran seguir la feliz enseñanza de huir del mal y seguir el bien siempre.

Pienso que la religión con sus preceptos no es una cosa que se pueda menospreciar, sino que es el verdadero consuelo, el único camino seguro en toda circunstancia, hasta las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!

Alessandro Serenelli

Artículo publicado por Religión en Libertad

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La encina de Fátima

, el arma del rosario… y una bella historia del árbol con fama de sagrado

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¿Fue casualidad que la Virgen se apareciese precisamente en lo alto del arbusto de una encina?

La Virgen de Fátima se apareció a San Francisco Marto y Santa Jacinta Marto y a Sor Lucia Dos Santos sobre una encina. ¿Por qué fue esto así? La pregunta es pertinente porque la encina es un árbol cargado de significación simbólica, tal como explica Sor Gloria Riva en un artículo publicado en Avvenire bajo el título “La encina de Fátima y el arma del Rosario” y que recoge y traduce Cari Filii News (los ladillos son de ReL):

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Sor Gloria Riva tiene un blog en Avvenire donde, entre otras cosas, extrae lecciones teológicas de las grandes obras de la pintura clásica.

La Virgen María se apareció en 1917 a los pastores de Fátima sobre un Quercus ilex, comúnmente llamado encina. La simbología de este árbol hunde sus raíces en la antigüedad. Para los griegos la encina era, en general, el árbol sagrado dedicado a Júpiter. Debido a su longevidad y robustez, siempre fue considerado parábola de la eternidad.

En lo concreto, en cambio, la encina estaba asociada a la desventura: su follaje umbroso, con las frondas siempre verdes, hacía que los bosques de encinas fueran impenetrables; de ahí su reputación de planta funesta.

Bella historia sobre la Cruz
Pero no es así para la cristiandad que, al contrario, le regala a la encina un papel sin precedentes. Se narra cómo, tras la condena a muerte de Cristo, todos los árboles se negaron a ofrecer su madera para fabricar la cruz. Bajo los golpes de los leñadores y los carpinteros todas las maderas se rompían en pedazos.

La encina fue el único árbol que no se rebeló porque comprendió que Cristo, con la cruz, redimiría al mundo y salvaría a la creación de la caducidad de la muerte. No es casualidad que San Egidio, tercer compañero de San Francisco de Asís, en sus visiones en que aparecía el Salvador, éste estaba junto a una encina, símbolo del crucifijo.

Se comprende mejor por qué la Virgen María se apareció a los tres pastorcillos de Fátima sobre este árbol. El anuncio de la Virgen se sitúa dentro de la gran obra de salvación que Cristo lleva a cumplimiento en la cruz, y que se debe actuar en la historia a través del cuerpo místico de la Iglesia.

Aparición cristiana… por si alguien lo duda
A pesar de la homonimia entre la Fátima portuguesa y la única hija de Mahoma, los símbolos que rodean a la Virgen durante la aparición indican claramente que es una aparición cristiana. De hecho, entre los árboles citados en el Corán no se encuentran ni la encina ni el más genérico roble, mientras que son numerosas las obras de arte que representan a la Virgen encima o junto a este árbol.


Rafael, Sagrada Familia del Roble.

Una de las más famosas es la Sagrada Familia del roble, de Rafael, en la que San José, pensativo, se apoya en las ruinas de un templo pagano (ya caído), mientras que la Virgen está sentada delante de un roble, con San Juan Bautista niño entregándole el pergamino del Ecce Agnus Dei a Cristo, indicando así, con la complicidad del roble, el destino que abrazaría el Mesías.

Un cuadro para un Rosario en expansión
Pero la imagen más sugestiva que vincula, con gran anticipación, las apariciones de Fátima al arte es la Virgen del árbol seco, obra de Petrus Christus, artista holandés del siglo XV.


Petrus Christus, Virgen del árbol seco.

Aquí María aparece sobre un árbol espinoso, el mismo sobre el que estaba el Salvador para llevarnos a la gloria, y lleva en brazos a Cristo Niño, cuyo cuerpo está cubierto con el paño blanco de la resurrección. Jesús le entrega a su Madre el fruto de su Pasión, que volverá a abrir a la humanidad el jardín donde se halla el árbol de la vida. Ese fruto que los progenitores habían robado ahora nos lo regala Cristo por la gracia.

Hay quince letras que cuelgan de las ramas secas del árbol, referencia a los 150 Ave María que formaban el Santo Rosario antes de la introducción de los Misterios Luminosos. La difusión del Rosario en Europa data de 1475, mientras que el cuadro de Petrus Christus es de 1465. Con diez años de antelación, este artista propone a los fieles ese arma de salvación que también la Virgen de Fátima, quinientos años más tarde, indicará como instrumento para vencer el drama de la descristianización del mundo contemporáneo.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

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Kibeho, ¿un precedente válido para el reconocimiento de Medjugorje? El enviado del Papa abre la puerta

Medjugorje está de plena actualidad. De vuelta de su reciente visita a Fátima el Papa habló de este lugar de peregrinación mariana y poco después en Italia se publicaban las conclusiones del informe Ruini que encargó el Papa Benedicto XVI sobre las apariciones, y que tiene Francisco en sus manos desde hace tres años.

La principal conclusión de los reputados expertos que participaron en la investigación era la casi unanimidad en reconocer la sobrenaturalidad de las primeras 7 apariciones mientras que las posteriores generaban bastante más dudas por lo que fueron votadas por separado produciéndose una oposición mayoritaria a su reconocimiento (Puede leer aquí los principales datos del informe).

Por otro lado, está el papel del enviado especial que el Papa Francisco envió a Medjugorje para analizar la situación pastoral de este lugar y cuyo informe enviará al Pontífice a finales de junio. El arzobispo polaco Henryk Hoser ha hablado en varias ocasiones de los importantes frutos espirituales que se dan en este pueblecito bosnio, especialmente el de la confesión y el de adoración.

Sin embargo, este viernes el enviado papal concedió una entrevista en Avvenire, propiedad de la Conferencia Episcopal italiana, donde él mismo proporcionó un dato que puede tener más relevancia de la que pudiera parecer.

El enviado del Papa habla de una posible solución a Medjugorje

Monseñor Hoser respondió al gran interrogante que se suscita tras hacerse público el informe Ruini. Cómo separar las supuestas primeras siete apariciones, las producidas entre el 24 de junio y el 1 de julio de 1981, de las que se vienen produciendo hasta el día de hoy. Para ello, citó Kibeho, el santuario mariano de Ruanda donde también se apareció la Virgen en la década de los 80.

El enviado del Papa sabía muy bien de lo que hablaba puesto que llegó en 1975 a Ruanda como misionero palotino. Durante el genocidio ruandés llegó a ser visitador apostólico en el país y tras la sangrienta guerra civil fue superior de la orden en Ruanda y en otros países de la zona hasta que fue nombrado para otras responsabilidades por el Papa en Europa.

Las similitudes que rodean a Medjugorje y Kibeho en algunos aspectos son muy similares por lo que la solución por la que se optó en África podría ser válida para Bosnia, al menos en parte. Así al menos lo dejó entrever el enviado del Papa en la entrevista con el periódico italiano. Y una pregunta que surge es si Francisco pudo elegir a monseñor Hoser para esta misión conociendo ya el precedente de Kibeho, del que el polaco era un experto.

Las similitudes que podrían existir entre Medjugorje y Kibeho

Desde 2001 existe un reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de las apariciones en Kibeho. El 29 de junio de ese año el obispo de Gikongoro, Augustin Misago, aprobó a nivel diocesano la veracidad de las apariciones. Poco tiempo después era refrendado por la Santa Sede.

1981. En este año empezaron las supuestas apariciones tanto en Medjugorje como en Kibeho. En junio fue Bosnia y en noviembre en Ruanda. En ambos casos la Virgen se habría aparecido a varios videntes y todos ellos adolescentes. Del mismo modo, empezaron algunos años antes de las terribles matanzas entre habitantes de un mismo país como ocurrió en los dos países, las cuales habrían sido avisadas por María en sus mensajes.

A pesar de las similitudes, existe una diferencia de calado. Mientras que en África ha habido un reconocimiento por parte del obispo local, en Medjugorje los sucesivos obispos en cuya jurisdicción esta este pueblecito afirman que “no se puede afirmar que se está tratando con apariciones y revelaciones sobrenaturales”

Sólo se reconoció a tres de los videntes y las primeras apariciones

En Kibeho, pese a que las apariciones se alargaron años y tenían siete videntes, seis niñas y un niño, finalmente tras dos investigaciones, tanto teológica como médica, sólo se reconoció a tres videntes y las primeras apariciones. Sobre los otros cuatro jóvenes y el resto de mensajes hubo reservas en las investigaciones por lo que el obispo no confirmó la autenticidad de esas visiones ni de sus protagonistas.

¿Podría darse una solución parecida, salvando las distancias, para Medjugorje? El propio arzobispo Hoser no lo descarta, por las similitudes, pero para ello es mejor conocer con más detalle lo que ocurrió en África a principios de los 80.

El obispo de Gikongoro, Augustin Misago, aprobó la veracidad de las apariciones a tres de las videntes, Alphonsine, Marie Claire y Anathalie

Así fueron las apariciones en Kibeho

En este lugar del sur de Ruanda, y según el relato aprobado por la Iglesia, la Virgen se apareció en primer lugar a Alphonsine Mumereke el 28 de noviembre de 1981. Tal y como recordaba Cari Fili News, nadie la creyó y sufrió el acoso de sus compañeros, especialmente de Marie Claire Mukangango. Por ello, esta joven que entonces tenía 16 años pidió a la Virgen que se apareciese a alguna otra chica como prueba de su veracidad. Y esto sucedió con Anathalie Mukamazimpaka, y posteriormente, con la misma Marie Claire.

¿Una visión del genocidio?

El mensaje de Nuestra Señora de Kibeho, quien se presentó a ellas como la Madre del Verbo fue un mensaje sencillo de arrepentimiento por los pecados, de amor a Dios y al prójimo y de oración, en particular del Rosario de los Siete Dolores.

Pero además, el 19 de agosto de 1982 mostró a las tres chicas una terrible visión de muerte, violencia, sangre, fuego y destrucción. Ellas describieron ríos de sangre, pilas de cráneos, gentes matándose con saña.

Una de las videntes fue asesinada en el genocidio ruandés

Cuando las visiones y mensajes desaparecieron aún faltaban años para que tuviesen lugar las espantosas matanzas en Ruanda, fundamentalmente de los hutus contra los tutsis, que costaron un millón de vidas y horrorizaron al mundo hace dos décadas. Todo se verificó tal cual ellas lo habían visto, incluso en Kibeho, donde murieron cinco mil refugiados, entre ellos la vidente Marie Claire.

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