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El museo con más rosarios del mundo: los hay de presidentes, de la hermana Lucía, de clérigos famosos…

23 noviembre 2017 Deja un comentario

Parece demostrado que la mayor colección de rosarios del mundo, a menos que se demuestre lo contrario, está en un pequeño museo de la ciudad norteamericana de Stevenson, en el Estado de Washington, en la esquina noroeste del país. El lugar es el Columbia Gorge Interpretive Center (www.columbiagorge.org) y exhibe unos 4.000 rosarios de lo más diverso.

Los rosarios los fue reuniendo en vida el señor Donald A. Brown de North Bonneville, que nació en 1895 y murió en 1975, con 80 años. Era un entusiasta de la historia y fue uno de los fundadores de la Sociedad Histórica del Condado de Skamania. Tenía una granja en la zona, vivía con cierta holgura y no dedicaba demasiado tiempo a supervisarla.

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Donald A.Brown en 1917, con 22 años

Tampoco era un gran viajero: solo una vez, en 1961, fue a México en peregrinación, y se trajo algunos rosarios. También se trajo una estatua grande de madera de Nuestra Señora de Zapopán, datada hacia 1815.

Los rosarios los consiguió carteándose con gente del mundo entero durante 6 décadas. Solo hablaba inglés, pero unos amigos le traducían sus cartas y otras que recibía al español, el francés o el alemán. Muchos rosarios le llegaban sin que los solicitara, y él anotaba el remitente, el origen y más datos… aunque solía olvidarse de las fechas.

Muchos rosarios con Historia

Entre los 4.000 rosarios almacenados encontramos:

– Uno que le envió el Padre Flanagan, fundador de la Ciudad de los Muchachos (interpretado por Spencer Tracy en la película de 1938 “Forja de Hombres” –aquí su trailer-); el famoso sacerdote lo adquirió en Tierra Santa, con cuentas de madera de olivo; está firmado por el dorso

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El padre Edward Flanagan, creador de la Ciudad de los Muchachos

– uno de cuentas de hueso blanco más bien toscas que hizo la Hermana Lucía, la mayor de los tres pastorcillos videntes de Fátima

– otro de Al Smith, el primer católico que intentó ser presidente de EEUU, en 1928 (y no lo logró)

– uno de Robert Kennedy, asesinado en 1968, hermano del presidente J.F.Kennedy, asesinado 5 años antes; este rosario lo dejó Robert Kennedy en una iglesita de Baviera (Alemania); los responsables de la iglesia lo enviaron a Donald Brown cuando supieron de su asesinato

uno de 1960 que le envió J.F.Kennedy cuando aún no era presidente, sino solo candidato en campaña; Donald se lo pidió y el candidato católico (primero en llegar a presidente) se lo hizo llegar; al parecer, lo había usado para rezar durante la Segunda Guerra Mundial

– un rosario dedicado a la memoria de Dag Hammerskjold, Secretario General de Naciones Unidas de 1953 a 1961; él era luterano, murió al estrellarse su avión en el Congo Belga (probablemente derribado); intentaba mediar allí un acuerdo de paz

Son ejemplos de como el rosario, y su oración, va ligado a las esperanzas y pesares de los hombres a través de los años. La colección en sí la empezó en 1917.

El rosario del hábito de unas monjas le llamó

Donald no era católico en su infancia y adolescencia: se convirtió en su juventud. Estando retirado por convalecencia en el Hospital de la Misericordia de North Bend, en Oregón, postrado por la neumonía que le agobió con mala salud toda su juventud, fue donde nació “mi interés por esta hermosa devoción”, escribió.

“Fue allí donde vi que llevaban el rosario en en sus hábitos las Hermanas de la Misericordia. Si bien mi amor por el arte sacro nació conmigo, el rosario siempre ejerció una fascinación especial para mí. Considero mis antiguos años de enfermedad una bendición especial, ya que el rosario fue el principio de la fe de mi adopción“, escribiría años después. Se hizo católico en 1920 y fue terciario dominico.

El museo tiene también algunos muebles eclesiásticos peculiares, como el reclinatorio para orar del padre Blanchet, primer arzobispo de Oregón, y un altar de la misión de Saint James de McMinneville de 1850.

Muebles con fe y rosarios de 6 tamaños

También se exhibe una bandera americana formada por 39 rosarios de pino blanco de las Black Hills de Dakota del Sur y una imagen de la Virgen de Fátima que fue propiedad del obispo de Leiria-Fátima, en Portugal.

Entre los 4.000 rosarios los hay de 6 tamaños: los diminutos, con cuentas como cabeza de alfiler; los rosarios de dedo, del tamaño de anillos; los de formato brazalete; el rosario clásico en forma de collar; los de gran tamaño para llevar a la cintura en un hábito religioso; y, por último, los enormes, que están pensados para colgar en lugares públicos como recordando la importancia de orar. El más grande, de 5 metros, es de bolas de plástico, para que jugasen y rezasen los niños pequeños de una escuela.

Todos ellos se despliegan como un ejemplo del abrazo de la Virgen y su Dulce Nombre, en los labios de los católicos que rezan pidiendo su intercesión a todas las edades, “ahora y en la hora de nuestra muerte”.

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Sobrevivir para contarlo

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Libro recomendable:

Sobrevivir para contarlo, Immaculée Ilibagiza.

Immaculée es una de las sobrevivientes del genocidio en Ruanda en 1994. Estuvo 91 días escondida en un baño pequeño… ¡Vale la pena leerlo!

 

 

 

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La última “bruja” ahorcada en Boston era católica

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La lavandera Ann “Goody” Glover era una inmigrante irlandesa

Aunque la mayor parte de las personas ahorcadas en la ola de histeria del las “brujas” entre los colonos de Massachusetts del siglo XVII eran puritanas, Ann “Goody” Glover era una inmigrante irlandesa católica romana.

Los problemas para la Glover (el apelativo “Goody” es abreviación de Goodwife, el equivalente de “Señora” en la época) comenzaron poco después de 1680, cuando esta lavandera viuda empezó a trabajar para la familia Goodwin en Boston. Según un relato del Irish Times, la Glover y su hija Mary fueron expulsadas después de que Mary fuese acusada de haber robado vestidos a la familia Goodwin.

Poco tiempo después de que las Glover se fuesen, en verano de 1688, cuatro de los niños de la familia Goodwin empezaron a acusar síntomas inexplicables, y se llamó a un médico para que los visitase.

Los gritos de los niños eran “lamentables y estridentes”, y el desplazamiento del dolor de una parte [del cuerpo] a otra era constante e inexplicable”, refiere la obra de James Bernard Cullen de 1889, The Story of the Irish in Boston.

En una época en que la intolerancia anticatólica era la norma y en que crecía la histeria de la brujería, esta última era condenada muy duramente, y las Glover fueron consideradas las brujas responsables de los problemas de los niños.

El reverendo Cotton Mather, entonces el principal ministro puritano de Boston, durante su estudio del caso definió a Goody Glover como una “idólatra católica romana”. Tras haberla interrogado, Mather refirió que la pobre mujer rezaba a muchísimos espíritus, prueba que fue usada contra ella en el proceso. Hoy se piensa que estos espíritus no eran demonios, sino santos católicos.

Cuando se le ordenó que rezara el Padrenuestro en el proceso, la Glover, que según muchos historiadores no conocía muy bien el inglés, lo hizo en una mezcla de gaelico y latín imperfecto, confirmando su culpa en la mente de los acusadores.

La Glover fue ahorcada en Boston el 16 de noviembre de 1688. Según Robert Calef, un mercader de Boston que la conocía, “Goody Glover era una pobre vieja loca y despreciada, una católica irlandesa que fue sometida a juicio por haber hecho daño a los niños Goodwin. Su comportamiento durante el proceso fue el de una persona distraída. Se la calificó de cruel. Las pruebas contra ella eran del todo insuficientes. El jurado la consideró culpable. Fue ahorcada. Murió como católica”.

Cuatro años después de su ejecución, la histeria contra la brujería llegó a su pico en Salem, donde 19 “brujas” fueron condenadas a la horca.

Trescientos años después del ahogamiento de la Glover, en 1988, el Boston City Council proclamó el 16 de noviembre “Goody Glover Day” en su recuerdo. Una placa dedicada a la memoria de “Goodwife Ann Glover” dice así:

No lejos de aquí, el 16 de noviembre de 1688 Goodwife Ann Glover, una anciana viuda irlandesa, fue ahorcada como bruja porque rechazó renunciar a su fe católica. Tras ser deportada de su Irlanda natal a Barbados con su marido, que murió allí por su fidelidad a la fe católica, llegó a Boston, donde vivió unos seis años antes de ser injustamente condenada a muerte. Este memorial se ha erigido para recordar a “Goody” Glover como primera mártir católica de Massachusetts.

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La historia de una monja que desafió a los nazis

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Assumpta Serna

Entrevista a la actriz Assumpta Serna, protagonista: “No he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad”

A sus 60 años, la actriz catalana Assumpta Serna está que no para. Simpática y trabajadora donde las haya, aprovecha el tiempo como nadie. Junto a su marido dirige hace 13 años la Fundación First Team, en esencia una técnica para mejorar la interpretación, nacida al albur de un libro suyo, El trabajo del actor en el cine (Cátedra, 1999), que además es un volumen de uso en las escuelas de cine.

Por su parte, la Fundación ya ha editado otro lúcido trabajo, Directoras pioneras en el cine español. Assumpta Serna fue protagonista de un corto, Servicio de habitaciones, elaborado por los alumnos de la ECAM en su último curso, que le ha valido ya un galardón, y que ha sido muy bien valorado en más de 30 países hasta la fecha. Además, la actriz tiene pendiente de estrenar en España la comedia He matado a mi marido(Francisco Lupini Basagoiti), al lado de Miriam Díaz Aroca y el drama Bernarda, inspirado en la obra lorquiana La casa de Bernarda Alba (Emilio Ruiz Barrachina) al lado de Victoria Abril.

el próximo 20 de octubre se estrena en salas españolas Red de libertad (Pablo Moreno), única biografía fílmica sobre Sor Helena Studler, una Hija de la Caridad que salvó la vida de miles de refugiados franceses al evitar que cayeran presos de las fuerzas nazis. Con tales credenciales, Aleteia también ha podido conversar con su protagonista.

– ¿Cómo preparó el papel?

Ha sido un trabajo apasionante, en especial cuando he tenido que estudiar una biografía tan apasionante como ésta, porque ves que hace un poquito de honor a tu verdad. Hay que investigar al personaje, no quedarte sólo con el texto; buscar las raíces de él a través de la respiración del propio Pablo (Moreno, el director) y buscar en aquellos textos que Helena Studler dejó.

Eso para mí es lo más importante, es decir, intentar entender todos los prismas, intentar completar aquello que la película por su propia estructura no puede desarrollar. Entonces, como actores, ahí se encuentra nuestra principal y gran responsabilidad de saber dotar al personaje de aciertos y contradicciones, de favorecer todas las aristas posibles a quienes les damos vida y siempre integrarlo en el plano de la credibilidad. Es decir, de hacerlo humano.

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Assumpta Serna

– ¿Y se inspiró de algún modo?

Pues sí. Además en este caso fue divertido. Cuando era pequeña, tenía unas monjas (Hijas de la Caridad) que eran familia de mi madre, más en concreto de mi tía abuela. Habíamos ido a Yecla con ellas y me acordaba de esas tocas tan inmensas, que no entraban muy bien dos personas con ellas puestas en un todoterreno cuatro por cuatro, un Renault, de entonces. Y estas monjas fueron las que educaron a mi madre, que vivían en un convento, en zona roja cuando la guerra. Tras su muerte, íbamos todos los veranos a verlas.

Durante la guerra se refugiaron con mi abuelo y yo las recordaba muy diferentes: una encarnaba todo el cariño, el amor, la generosidad; la otra era mucho más seca y autoritaria en el sentido de querer una cosa y conseguirla. Así que hice una mezcla de estas dos mujeres, hasta construir el personaje, y a su vez es un homenaje privado hacia estas Hijas de la Caridad, que querían muchísimo a mi madre y a la familia.

Y, cosas de la vida, cuando hicimos el preestreno se me acercó una de las mujeres que decía que era de la zona de allí de Murcia y resulta que mi tía abuela, que era profesora de música, tenía siempre una foto mía en el piano… Así que de alguna manera puedo decir que siempre están por ahí, me han protegido y me han dado un muy bonito papel a mis 60 años para contar una historia de una heroína ejemplar.

– ¿No tenía antes referencias del carisma?

Carisma para mí es una palabra un poco vacía. Se repite a menudo pero al final no sabes bien qué es. Sin embargo, Pablo me ha ayudado mucho a reconocer el significado más católico y cristiano de la congregación y todo lo que redunda a su alrededor, a saber, la teoría del pensamiento filosófico que acompañaba a estas monjas, que es la llama y el motor que inspiran sus acciones. Y para mí fue interesante entender una manera de vivir que tras 400 años continúan desarrollando muchísimas mujeres.

Y lo hacen en silencio, ayudando y enseñando a los más desfavorecidos, por lo que es algo también muy bonito de recordar hoy día y, mejor aún, plasmarlo en una película. Por mi parte he intentado que esa filosofía estuviera allí. Y me ha gustado mucho poder decir las palabras de Studler, precisamente cuando se estaba muriendo esa pobre persona maltratada por los nazis.

– ¿Tuvo alguna duda antes de aceptar el papel?

Ninguna, ninguna, ninguna. De inmediato cogí el teléfono y dije que sí. A mí me gusta reaccionar así, no sé hacerlo de otra manera. Hay que buscar un momento muy especial en la primera lectura del guión, que es donde ves la película totalmente como un espectador, cuando el personaje te sugiere y te inspira o no. Entonces cuando realmente eso pasa y estás inflamado por lo que has leído y has llorado y has entendido… es ya responsabilidad de una buscar el momento para que esto pase. Una vez que esto sucede, hay que hacerlo, no hay otra.

– ¿Conocía algo de Sor Helena Studler?

No. Sabía que al político francés Francois Mitterrand, teniente en esa época, lo había salvado una monja pero no sabía que su rescatadora fue Helena. Es una de estas cosas que alguien te dice como dato curioso.

– ¿Le pareció atractivo el guión?

Como estructura estaba perfecto, muy bien montado desde que lo leí. Nosotros lo que buscábamos era humanizarlo, en el sentido de encontrarme cosas que pudieran ser realmente salidas de tono, porque si no el personaje terminaría convertido en algo poco idílico y poco humano.

– De un tiempo a esta parte se está poniendo de moda un tipo con películas este corte. ¿Qué le parece que esta corriente se abra paso en el cine?

Que los valores de esta película son más pertinentes que nunca. En un momento donde la falta de diálogo, de escucha y de generosidad son tan grandes resultan más que procedentes. Son valores universales que durante toda la vida tendremos que repetir. Se habla de derechos humanos.

Por supuesto también de la llamada a la vida religiosa y de instar a que las personas se comporten mejor con sus semejantes. Es el ejemplo vivo de que hay que saber amar y actuar en consecuencia. Y creo que esto es válido hoy y mañana, siendo religioso o no. Cuando en tu día día tus acciones tienen que ver con la generosidad estás cada vez más cerca de lo divino, de la felicidad que te da el ser generoso con el otro.

En realidad, es un mensaje muy humanista de siempre. Las Hijas de la Caridad representan a muchas personas que creen en unos ideales y que han sido capaces de luchar por ellos y de estar con ellos toda su vida. Y esa actitud es ejemplar. Siempre digo que no he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad porque durante el rodaje estaban pendientes de todo siempre, con esa generosidad de la que antes te hablaba, y esa manera de interesarse y sorprenderse. Esa curiosidad y respeto por la vida no la he encontrado en otros productores con los que he trabajado. 

– ¿Qué ha aprendido con este personaje?

El hecho de que salvando a uno salvas a la humanidad. Ése es el mensaje de esta película. Aprendes que todavía es posible que equipos enteros crean en algo, no en el sentido religioso, sino en creer que estaban haciendo algo necesario. Y digo más: esta película da sentido a la vida de los demás que es para lo que hacemos y contamos historias.

Para mí este personaje es un bombón. Lo más bonito de Helena Studler es que fue así de natural. Luego se termina convirtiendo en un acto heroico pero ella realmente no lo vio así, no quiso ninguna condecoración y cuando se la dieron la rechazó. En ese sentido, yo la he hecho un poco más humana y sonriendo un poco, porque creo que a pesar de todo los premios también hay que agradecerlos, aunque se sienta que no se merecen.

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Assumpta Serna

– En la celebración del preestreno en Madrid, el superior provincial de Las Hijas de la Caridad comparó ‘Red de Libertad’ con la peli ‘La lista de Schlinder’

Hay una serie de homenajes dentro de la película. Todos sabemos que hubo gente que estuvo en contra del poder establecido, así como otra arrogante. No obstante, resulta muy útil y conveniente que se acentúe esa comparación, principalmente cuando de quien se habla es de una persona que ha dedicado su vida a darse a los demás y ha rechazado y perdido muchas cosas, incluso su salud, para seguir luchando.

– ¿Recuerda algún diálogo representativo de Helena?

Sí. Me llamó la atención una de las frases que Helena dice cuando se está muriendo: “¡Ay, con lo que hay por hacer!”. Cosa que a mí me toca directamente porque entre el trabajo de la Fundación, el trabajo como actriz, de la escuela, mi familia…, vaya, que no hay tiempo para nada.

Porque realmente en la vida no hay tiempo para las cosas que uno quiere hacer. Cuando tienes ilusión y pasión y curiosidad y estás vivo tienes esa idea de encontrar todo el sentido de ayudar a los demás, cosa que también me pasa a través de la escuela y la Fundación. Y falta tanto tiempo siempre que quizás eso es lo que me ha tocado más de esta película.

– Si le llamaran de Hollywood para hacer una película parecida, ¿aceptaría?

Sin pensármelo. En América hay una corriente muy interesante de películas de tono cristiano o con una serie de valores importantes, que es un cine súper válido y actual.

– ¿Qué papeles querría hacer?

Los de personajes íntegros en lugar de hacer películas de carácter violento o de miedo. No me gustan mucho.

– ¿Tiene motivo?

Una vez fui jurado de un festival de películas de miedo y al final terminas por no tenerlo. Me gustan las historias que dan sentido a la vida y la felicidad está en escuchar al otro, en reconocer, en este caso, todos los valores que puede tener una película como Red de Libertad. Pero también tiene que coexistir el factor del defecto que tenemos los humanos, porque hacer una película solo de lo divino sería difícil que tuviera éxito, básicamente porque cada uno piensa en su Dios de distinta manera.

– Al hilo de esta idea, recuerdo su trabajo en ‘Teresa Teresa’, de Rafael Gordon, donde hacía de diablillo…

No lo había pensado porque teníamos presente la comparación con la monja que hice de Sor Juana Inés De la Cruz. Fue una poetisa que quizá no tenía esa vocación de monja, sino que lo hizo para poder estudiar en el siglo XV. El escritor mexicano Octavio Paz decía que Sor Juana Inés De la Cruz quiso ser santa. Porque se aparta de un día para otro del mundo de las letras y de su figura pública hasta el fin de su vida, que decide simplemente que transcurra en la comunidad.

Yo creo que ahí Helena tocaba más el suelo y entre una y otra era bonito reflexionar al respecto. Sinceramente, me hubiera gustado ser Teresa (Isabel Ordaz) pero el director no me vio nunca como monja. ¡A ver si me ve en ésta!

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Assumpta Serna

– Hablando de los premios, ¿qué piensa de ellos?

Como te decía antes, he estado de jurado en muchos festivales.  Y siempre es una oportunidad de ver cine pero, sobre todo, te ponen una posición donde realmente tienes la responsabilidad de no decir sólo me gusta o no me gusta, sino de defender por qué algo funciona aunque no te guste. Es algo difícil de hacer en la sociedad en la que estamos pero es un bonito ejercicio. Ahora que siendo presidente del jurado puedes imponer unos criterios.

De he hecho, me he encontrado con gente de todo tipo, por ejemplo en un festival en Alemania de personas con discapacidad. Y era muy interesante porque allí no tuvimos ningún problema en establecer estos criterios o quizás ha sido la vez que menos me ha costado. A veces, cuando eres diferente, tienes más posibilidades y entiendes que la diferencia te puede proporcionar otras sorpresas gratificantes. Para mí fue una lección muy importante.

También hay jurados que dan premios a películas, porque simplemente a uno le gusta mucho  algo de esa historia y al otro le disgusta lo mismo y surgen problemas. Lo suyo sería establecer unas pautas sobre lo que se va a premiar y de qué manera. Y los jurados así a mí me interesan, pero hay pocos, conque los premios para mí son menos importantes que el público que va a ver la película.

En el caso de los Goyas, Gaudís, los Oscars… Son gente de la misma profesión que de repente ha votado por ti y quieras que no son profesionales a los que les gusta lo que haces y es reconfortante si te gratifican con un premio. En resumen, prefiero el premio del público, de esas personas que te paran por la calle y te dicen que les has gustado en la película, porque a fin de cuentas no conoces el criterio del jurado.

– ¿Qué piensa sobre el IVA cultural, ahora que el Gobierno quiere rebajarlo para 2018?

En un momento de crisis ha sido una decisión absolutamente equivocada. Hemos visto que en otros países que también tenían la misma crisis han reaccionado de una manera completamente distinta y eso era un barómetro sobre la situación de todo lo que nosotros no hemos podido comunicar a la gente, al trabajador normal. Quizás en esto hemos dado un poquito la espalda al espectador y hemos preferido recibir las subvenciones… se podría reflexionar mucho sobre el tema, aunque no es algo fácil.

– Confío en que si se resuelve mejore.

Éramos uno de los países donde la gente acudía más al cine, y se nota, por ejemplo, en el día del espectador donde la gente acude aún más. Además, Internet y la piratería nos están comiendo mucha parte del negocio… por eso, esa subida del IVA fue demoledora.

En los últimos 10 años muchas personas han tenido que abandonar su negocio y reciclarse. Por eso tienen mucho valor las nuevas generaciones que se dedican más al cine independiente y digital. Es lo que yo llamo la democratización del cine digital, porque también ha influido en el modelo de distribución de cine. ¡Son momentos apasionantes! Yo, desde los años 80, no me aburro porque siempre hemos estado en crisis o hemos tenido algo contra lo que luchar.

En estos momentos la televisión está haciendo productos muy interesantes, igual que las nuevas plataformas. No sabemos muy bien cómo va a ir en el futuro pero siempre pienso de manera positiva y seguro que todo va a salir bien. Hay cosas que no tienen solución, pero en el caso del IVA también se favorece una ley donde se pueden hacer donaciones al cine. Pero parece que interesa poco.

– ¿Qué haría para eliminar la piratería?

Creo que es cuestión de trasladar un mensaje. De montar campañas organizadas por parte de los cineastas para dar a entender lo que quiere decir la piratería. Unos informes ciertos de las cifras ciertas del cine que nunca hemos tenido ni tendremos en este país. Es difícil hablar de piratería cuando no te respaldan unas cifras exactas por parte del Ministerio de Cultura, la Asociación de Productores o la Academia de Cine. Siempre son los tres soldados distintos del cine.

Entonces, ¿cómo lo vas a defender si no nos entendemos entre nosotros? Tiene que haber otro sistema con el que valorar todo eso. Ahora mismo hay que contar con el peso que tienen los influencers en el cine. De hecho, el cine de hoy día, comparado con lo que yo hacía cuando empecé no tiene nada que ver. Incluso la prensa escrita tenía un valor casi divino y ahora este valor está tan repartido y diseminado…

– ¿Diría que sí a Pablo Moreno si le volviera a llamar?

Sí, sin problemas. Pablo es una persona con la que me gustaría volver hacer otros proyectos. En la Fundación hemos elaborado un código de buenas prácticas del actor en el audiovisual. Es una guía ética de las relaciones del actor con el equipo. El equipo que lidera Pablo ha cumplido todas y ha tomado ese código como suyo. Y creo que es una buena oportunidad de decir que efectivamente se puede hacer un cine con valores, dentro de la misma estructura.

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El sacerdote que cura los cuerpos y las almas en Ruanda

14 septiembre 2017 Deja un comentario
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El padre Ubald da la bendición con el Santísimo durante un retiro. Foto: Facebook del padre Ubald Rugirangoga

A su padre lo mataron cuando él tenía 7 años, y su madre murió durante el genocidio que devastó Ruanda en 1994. «Vi cómo hermanos en la fe mataban a otros hermanos en la fe en mi propia parroquia. Hasta mis parroquianos me querían matar a mí». Desde entonces, Ubald Rugirangoga predica en su país la liberación del perdón, organizando retiros con víctimas, y también con los perpetradores de la masacre que se llevó 45.000 vidas en tres días. En 1991 recibió el don de intercesión por la sanación de los enfermos, con numerosas curaciones físicas y espirituales. Ha estado en Madrid invitado por una comunidad carismática para predicar el retiro Jesús sana hoy. «Soy un cura feliz. El perdón me ha hecho libre», dice

Usted afirma haber recibido en 1991 el don de sanación. ¿Qué es exactamente?

Empecé a rezar por los enfermos en 1987, a raíz de una epidemia de disentería que hubo en mi parroquia y que provocó muchos muertos. Yo tenía miedo de contagiarme y de enfermar cuando rezaba por ellos, pero pensé con mucha fuerza: «¡Tenemos que rezar!», y al cabo de un mes de orar todos juntos en mi parroquia la enfermedad desapareció. ¿Fueron las medicinas? ¿Fue la oración? Yo solo sé que ahí nació dentro de mí el interés en rezar por los enfermos. Formé un grupo de nueve personas que empezamos a rezar cada jueves por los enfermos, con mucha fe y convicción.

En 1991 vino un nuevo don: en la acción de gracias después de una Eucaristía vi venir hacia mí la imagen de un pie izquierdo con heridas. Luego, una mano derecha, junto a una voz que me decía que alguien sufría del codo. Luego, la imagen de un trasero de alguien lleno de heridas. Y luego el vientre de una mujer embarazada, y la voz diciéndome que una mujer tenía miedo al embarazo. Por último, la voz me dijo que había alguien allí que pensaba que daba igual rezar o no rezar. Todas esas imágenes y voces vinieron a mí.

¿Qué significaba todo eso?

Entonces pregunté si alguien allí sufría del pie izquierdo, y un hombre dijo: «Yo», y le pedí: «Prueba a andar», y entonces se levantó y dijo: «¡Ya no me duele!». Después pregunté si alguien padecía de su codo derecho, y un hombre se levantó y dijo que se había curado de repente. Después pregunté si alguien tenía heridas en su trasero y una mujer se levantó del suelo, porque no podía sentarse, y al cabo de tres días las heridas habían desaparecido; ella no se lo creía. Luego pregunté si alguna mujer estaba embarazada y tenía algún problema; una mujer se levantó y dijo que ella había tenido dos hijos pero luego llevaba siete años sin tenerlos, porque había perdido dos hijos, y este no creía que iba a nacer vivo; yo le dije que sí iba a nacer vivo. Y así fue.

¿Y la persona a la que le daba igual rezar o no rezar?

Pregunté por ella también, y se levantó una mujer. Su hijo de 5 años estaba enfermo, con una llaga en una pierna, y el médico le dijo que debía amputarla porque la herida llegaba ya al hueso. Ella quiso rezar y le pidió a su marido que la acompañara, pero él no quiso. Todo eso la deprimió y entonces ella perdió la esperanza en la curación de su hijo, pensaba que la oración no iba a solucionar nada. Pero ella vino a rezar ese día, y al cabo de tres días la herida de su hijo estaba completamente curada.

¿Cómo se lo tomó?

Estaba sorprendido. Yo tengo la convicción de que todo esto viene de Jesús. Eran imágenes, voces, que de repente llegaban a mí cuando rezaba, y la gente se curaba. Todo era nuevo para mí. Decidí consultar con mi obispo, y me recordó que el libro de los Hechos cuenta que también Pedro veía imágenes que le ayudaban en su ministerio. Así que me dio la autorización para llevar a cabo este don.

¿Desde entonces ha sido testigo de curaciones físicas?

Sí, muchas, incluso aquí en Madrid. En el retiro en el que acabo de participar me impresionó una doctora que padecía de un problema en su cabeza y dijo que se le había curado. En otra ocasión, en Estados Unidos, estaba yo rezando en adoración ante el Santísimo, y me vino la imagen de una chica en una silla de ruedas. Por la tarde estaba en un retiro, ¡y vi a la chica que había visto por la mañana! Recé por ella y me fui, y después invité a quien padeciera de alguna parálisis a que se levantara. Ella no se lo creyó en ese momento, pero luego, cuando ya estaba en la sacristía escuché voces fuera: la chica se había levantado de su silla de ruedas.

¡Es Jesús! Él es el que cura. Todo lo que hago es en el nombre de Jesús. Él es el que quiere curar a todas estas personas.

Padre Ubald, también hay heridas interiores, en el espíritu…

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Foto: Isabel Cristina Pérez Estrada

Toda curación física está encaminada a una curación espiritual. Cuando ves a alguien que ha recibido una curación, eso aumenta tu fe. Esas curaciones te hacen creer más.

Y también hay sanaciones que pasan por el perdón, porque el odio es una herida muy grande. Pero, al perdonar, las personas se curan y recuperan la paz. Mi misión principal es llevar a la gente a Jesús, llevar a la gente a la fe, a creer en Él, a creer que después de esta vida hay otra. Él es la Verdad, Él está vivo, lo que dice es la verdad.

¿Por qué no hay entonces más curaciones, para que haya más gente que pueda creer?

Es por nosotros. Si nosotros no rezamos por las curaciones, no habrá curaciones.

Usted experimentó en su propia vida el genocidio que hubo en Ruanda. ¿Es posible sanar también esas heridas?

Sí es posible. Yo mismo no tengo ningún odio. El hombre que mató a mi madre durante el genocidio de 1994 es ahora mi amigo; él vino un día a pedirme perdón, y yo lloré, le abracé y le dije: «En el nombre de Jesús, te perdono». Me he hecho cargo de sus dos hijos y les he pagado los estudios.

Uno de sus hijos no podía perdonar a su padre por lo que había hecho. Había matado a muchas personas, y ahora… Yo le dije: «Ven, y recemos juntos», y le pedí que perdonase de corazón. Él lloraba cuando decía: «Perdono a mi padre…».

Esto debe ser difícil de entender para muchos en su país…

Predicar el perdón me ha traído problemas, Dios mío. A veces la gente no lo entiende. Pero para mí el odio es el mal, y lo vencemos con el perdón y siendo misericordiosos. Solo así se puede parar la violencia.

Otro ejemplo: un hombre mató a otro, y el hijo de la víctima se casó con la hija del verdugo. Esa chica, cuando me escuchó predicar el perdón y dar mi testimonio, quiso hacer algo. Ella sabía que su padre había matado a un hombre y había dejado viuda a su mujer, y entonces fue a verla y acabó viviendo con ella, ayudándola en todo. El hijo de aquella viuda, que pudo escapar del genocidio, llegó un día a casa de su madre y se encontró con la hija del asesino de su padre. «¿Qué hace esa chica aquí? Su padre ha matado a papá», dijo enfadado. Pero la madre defendió a la chica: «Es una buena chica, es amable, me cuida mucho». Con el tiempo, él se dio cuenta de la bondad de la chica y cómo cuidaba de su madre, y acabó casándose con ella. Yo bendije su matrimonio y hoy tienen tres maravillosos hijos.

¿Y qué pasó con el padre de ella?

Cuando salió de la cárcel su hija preparó la reconciliación entre ambas familias. Recibió el perdón de la mujer y de su hijo, y él mismo decía: «Soy feliz. Yo quité la vida, y ahora mi hija me la está dando. Yo di muerte y ella da vida». Ahora es un abuelo orgulloso de sus nietos.

Dirige en Ruanda el centro El secreto de la paz. ¿Cuál es ese secreto?

¡El secreto de la paz es el perdón! Este es un centro en el que rezamos por la sanación de las personas. En mi país hay muchas heridos y lo primero que hacemos es escucharlos. Hacemos una escucha cristiana, porque muchos vienen con mucha ansiedad. La gente necesita alguien que los escuche, porque si no se vuelven locos. Pero si tienes alguien que te escucha, entonces compartes el dolor de tu corazón, curas tus heridas. Fundé una congregación llamada Misioneros de la Paz, con ramas masculina y femenina, y también con laicos, como un gran familia, y el carisma que tienen es el de la escucha: acoger y escuchar a las personas, y confortarlas.

¿Qué ocurre cuando uno quiere perdonar pero no puede?

Si no perdonas al alguien, entonces estarás llevando a esa persona encima, como un gran peso, toda tu vida. No perdonar es una forma de morir. Tienes que perdonar, para ser libre, para dormir bien, para no llevar ese peso siempre… Y si no puedes, al menos reza por ello, pídele a Jesús ese don, porque sin Jesús perdonar es imposible. Él lo hace.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

 

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Víctimas y asesinos del genocidio de Ruanda, durante un retiro de reconciliación dirigido por el padre Ubald. Foto: frubald.com

Un signo que dispone a la fe

Nuestra fe posmoderna, muy infiltrada de racionalismo y moralismo, queda a menudo desconcertada por el extraordinario realismo del Evangelio. Pero muy reales eran la parálisis o la ceguera de aquellos que se acercaban a Jesús. Con Jesucristo, Dios ha irrumpido en la historia abrazando la debilidad, también liberando y sanando a enfermos. Dichas curaciones son un signo del Reino, es decir, verifican y manifiestan que Dios se acerca definitivamente al hombre en su debilidad. Pertenecen irrenunciablemente a la revelación cristiana.

Además, Jesús ha querido capacitar a sus apóstoles para los mismos signos. La Iglesia, que mantiene presente el misterio de Dios en la historia, debía ser capaz de hacerlo con el mismo realismo y la misma viveza de sus milagros (cf. Hch 3,1-10; 14,8-11).

Por eso, la tradición de la Iglesia ha anunciado y suplicado sin cesar a Cristo como médico. Así, los padres de la Iglesia aprovecharon que la salvación también se dice salus, salud, y propusieron enfrentar la patología del pecado con las terapias de la ascesis, la oración y especialmente los sacramentos, fármacos custodiados y servidos por la Iglesia, nuestro hospital de campaña. Es cierto que progresivamente se enfatizó el significado espiritual de esta curación (especialmente litúrgico), pero sin renunciar nunca al significado corporal. Ahí tenemos una historia milenaria llena de santos taumaturgos, milagros alcanzados por la intercesión dirigida al Cielo y santuarios reconocidos como especiales lugares de sanación, amén de innumerables obras dedicadas a los enfermos.

Un carisma es un don particular del Espíritu Santo concedido a la Iglesia en su vida histórica concreta. Su significado último viene dado siempre por la misión de la Iglesia, es decir, que sirva para afinar mejor el testimonio cristiano en el mundo. Ante un carisma de curación, más allá del fenómeno de la sanación corporal, los teólogos destacan su carácter de signo especialmente relevante del señorío de Cristo, que dispone más fácilmente a la fe, la verdadera salus, la plenitud de la vida del hombre, que es uno en cuerpo y alma. La auténtica salud se llama santidad, y somos curados, Dios mediante, para ser portadores en el mundo de esta verdadera vida, la divina.

 

Jaime López Peñalba

Profesor de Teología e Historia de la Espiritualidad.

Universidad San Dámaso

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México puede mucho

13 septiembre 2017 Deja un comentario

Por beckyreynaud

Dios nos ha elegido para transformar la historia, pero cuando no vivimos lo ordinario con heroísmo viene el desencanto. ¡Qué importante es vivir cada día como si fuera el último!

Es un hecho que México puede mucho, que es una fortaleza para el resto de la humanidad, pero los mexicanos hemos de luchar más contra el egoísmo, el sentimiento y el resentimiento. Con fortaleza y optimismo, hemos de descubrir y explotar las virtudes ocultas en nosotros mismos y en las personas que amamos. Hay que ayudarnos mutuamente a pulir el temperamento.

El carácter es una estructura virtuosa. Pero toda virtud implica autodominio. Y ¿cómo se nota que falta autodominio? Cuando “explotamos”, contestamos mal o rezongamos. ¿Qué es rezongar? El Diccionario de la Lengua Española dice que rezongar es gruñir, refunfuñar a lo que se manda, ejecutándolo de mala gana. Ya se sabe que nacemos con un temperamento, y que el carácter es ese mismo temperamento pero educado. Cuando nos enojamos sin gran motivo, nos falta carácter. Es una pena reconocer que nuestro tiempo ha perdido el señorío de sí mismo.

El carácter significa una armónica conjugación entre tres elementos: la inteligencia, la voluntad y el sentimiento. En México, debemos de luchar –sobre todo- por adquirir dos virtudes cardinales: fortaleza y templanza. Dentro de la fortaleza entra el tratar de ser menos susceptibles (menos soberbios) pero sin perder el “tener corazón”.

Tiene importancia el “dominio del enojo” por su cotidianidad, y por la gravedad de sus consecuencias. A veces una persona se presenta enojada, regañona, malhumorada, cortante, introvertida, triste, rezongona…, y eso influye en el ambiente. Y digamos de paso que el enfado y el mal humor es el principal mensaje de las telenovelas. Esa es la conducta que nos presentan como “modelo”.

Aristóteles considera la sabiduría como dominio; como la resistencia ante lo adverso o también que prevalezca lo racional frente a lo irracional. Y hoy, lo que más brilla por su ausencia es la educación de la voluntad. Es la voluntad la que se deja mover por el entendimiento, o bien se deja mover por los sentimientos, o por ambos. Este dominio no consiste en que desaparezcan los sentimientos, sino en que no prevalezcan.

Según el Doctor Carlos Llano —filósofo del siglo XXI—, dos rasgos son los que condicionan la posibilidad de tener un carácter sólido: la humildad y la castidad. Si se marginan estas cualidades, la persona será mediocre, insignificante. Y esto es así porque la humildad y la pureza son las bases –espiritual la una y corporal la otra- del carácter.

La simpatía natural no es un rasgo constitutivo del carácter, sino que, dependiendo de la actitud que tomemos ante ella, puede servirnos para apuntalar un aspecto de nuestro carácter –la generosidad- o de nuestra falta de carácter: el egoísmo.

Cuando el egoísmo toma posesión de una persona, se inactiva toda posibilidad de virtud. Al contrario, cuando hay generosidad, hay un ensanchamiento del alma. “El soberbio y el incontinente se encuentran centrados en sí mismos (…) El autodominio consiste en el abatimiento de la propia excelencia en que reside la esencia de la humildad. La voluntad de dominio, en cambio puede conducirnos a la precedencia sobre los demás, no por ser precedente sino por ser yo, en lo que residen la soberbia, la vanidad, la egolatría y el egoísmo (…): La ausencia de la humildad como la de la castidad apuntan a una desintegración del carácter” (Carlos Llano).

Con frecuencia los jóvenes olvidan que  no están hechos para el placer sino para el heroísmo. En resumen, se trata de adquirir virtudes y de usar bien de nuestra libertad, batalla que dura toda la vida, pues tan importante como la adquisición de una virtud es su mantenimiento. Se nos pide el avance progresivo de la virtud, conforme al adagio clásico: o se avanza o se retrocede. Millán Puelles dice: “somos libres, no estamos hechos del todo; pero somos, esto es, no lo tenemos todo por hacer”.

Algunos extranjeros que visitan México se impactan gratamente al ver la reserva de fe que hay en nuestro país, y es que, en general los mexicanos hemos entendido que la fe no se opone a la civilización. Cuanto más arraigada está en los hombres y en los pueblos, más se acrecienta en ellos la ciencia y el saber, porque Dios es la sabiduría infinita. Y donde no hay fe, desaparece la paz, y con ella la civilización y el progreso, introduciéndose en su lugar la confusión de ideas, la división de partidos, la lucha de clases y, en los individuos, la rebeldía de las pasiones contra el deber, y así el hombre pierde su dignidad, que es su verdadera nobleza.

Ojalá no olvidemos esas célebres palabras a México de Juan Pablo II: “¡Dios te bendiga, México!, que te esfuerzas en desterrar para siempre las luchas que dividieron a tus hijos mediante un diálogo fecundo y constructivo. Un diálogo en el que nadie quede excluido … Sólo el diálogo fraterno entre todos dará vigor a los proyectos de futuras reformas, auspiciadas por los ciudadanos de buena voluntad, pertenecientes a todos los credos religiosos y a los diversos sectores políticos y culturales”. (Juan Pablo II, Ceremonia de despedida, México, D .F., 26 de enero de 1999).

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Tenía 13 años, le cortaron el cuello por no apostatar

Una extraña mujer la cuidó… era la Virgen

experienciascercanasalamuerteEl autor y médico responsable del Departamento de Constataciones Médicas de Lourdes, Patrick Theillier, publica en su libro Experiencias cercanas a la muerte (Palabra), un asombroso milagro mariano que tiene por protagonista a Santa Mariam Baouardy, religiosa carmelita, originariamente palestina de rito greco-melquita.

Cuando tenía 13 años, en Galilea, un hombre le cortó el cuello por no querer apostatar y abrazar el Islam. Debería haber muerto, pero vivió una experiencia que luego describiría y que es motivo de asombro para los médicos.

Infancia en Tierra Santa
Miriam nació en 1846 en Galilea en una familia pobre y muy creyente, católicos de rito greco-melquita. Se quedó huérfana a los tres años y sus padres adoptivos se establecieron en Alejandría, Egipto.

Cuando cumplió trece años sus padres adoptivos intentaron casarla con su tío.Mariam se negó en rotundo. El tío, furioso, decidió tratarla como una esclava durante tres meses. Pero ella seguía sin ceder.

Con la intención de reunirse con su hermano pequeño Boulos en Galilea, Mariam consiguió huir con un antiguo criado de la familia.

Le cortaron el cuello
Aquel criado era un musulmán que la intentó obligar a convertirse al islam y abandonar su fe católica. Mariam rechazó la idea y el criado, al ver que la cristiana no pensaba apostatar, desenfundó un cuchillo y le cortó la garganta.

Luego envolvió su cuerpo en un gran velo y con la ayuda de su madre y su mujer, abandonó el cuerpo de Mariam en un callejón. Esto sucedió la noche del 7 al 8 de septiembre de 1858.

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Devotos en el día de la canonización de Santa Mariam Bouardy

Aquella misteriosa religiosa
Mariam explicaría años después que se encontró en el interior de una gruta. Junto a ella se encontraba una religiosa que vestía un hábito azul. Esta mujer le contó que la había recogido de un callejón, trasladado a aquel refugio y cosido el cuello.

Aquella misteriosa hermana se comportaba de forma extraordinaria. Habló poco, humedeció los labios de la joven con un algodón, la obligó a dormir y le dio una rica sopa. No se parecía a ninguna otra religiosa.

Cuando la herida cicatrizó, la religiosa hizo salir a Mariam de la gruta. La condujo a la iglesia de Santa Catalina, atendida por franciscanos y llamó a un confesor. Tras salir del confesionario, Mariam no volvió a ver a aquella extraña religiosa.  La enfermera del hábito azul había desaparecido.

Muchos años después, siendo ya monja carmelita, Mariam fue obligada por obediencia a contar su martirio. Afirmó que había estado realmente muerta y había visto el Cielo.

A su maestra de novicias en Marsella, que le preguntó si fue objeto de un juicio le respondió: «¡Oh, no! Me encontré en el Cielo. Vi a la Santa Virgen, a los ángeles y a los santos, que me acogían con una enorme bondad. También vi a mis padres en su compañía. Vi el trono resplandeciente de la Santísima Trinidad y a Jesucristo nuestro Señor en su humanidad. No había sol, ni luces, pero todo era de una claridad brillante. Entonces alguien me dijo: “Efectivamente eres virgen, pero tu libro todavía no ha terminado”».

Bajo el manto de María
El día de la Natividad de 1874, aniversario del martirio y milagro de Mariam, ella recordó: “En un día como este, estuve con mi Madre. En un día como este consagré mi vida a María. Me habían cortado el cuello y al día siguiente, María me tomó bajo su protección”.


Hermana Mariam (segunda por la izquierda en la fila de arriba) con las otras fundadoras del Carmelo de Belén

En agosto de 1875, navegando rumbo a Palestina, Mariam contaba al P. Estrate, su padre espiritual (que puso por escrito todo lo que conoció sobre la joven a petición del obispo de Bayona de esa época, Monseñor Lacroix), estas palabras: “Ahora ya sé que la religiosa que me curó después de mi martirio era la Santísima Virgen”.

Sólo pudo ser un milagro
La cicatriz fue examinada por muchos médicos a lo largo de las enfermedades por las que pasó Mariam. La cicatriz era de 10 cm de largo y de 1 cm de ancho. Recorría toda la parte delantera del cuello. Le faltaban varios anillos de la tráquea, como constató el médico de Pau el 24 de junio de 1875.

A consecuencia de ese corte tan profundo Mariam tuvo la voz ronca toda su vida. De hecho, un famoso médico de Marsella, ateo, cuando trató a la chica afirmó que tenía que haber un Dios porque desde el punto de vista médico estaba muerta.

Mariam era chica muy humilde. Se consideraba a sí misma “insignificante”. Su historia está llena de milagros, levitaciones, éxtasis y estigmas.

Con 20 años entró en el Carmelo de Pau (localidad cercana al Pirineo francés) y tomó el nombre de María de Jesús Crucificado. Fundó el Carmelo de Mangalore, en la India y luego el Carmelo de Belén, donde murió con 33 años en 1878, a causa de un accidente.

Fue beatificada en 1983 por San Juan Pablo II y canonizada el 17 de mayo del 2015 por el Papa Francisco. 

(A continuación se ofrece el vídeo de la canonización de Mariam Baouardy y María Alfonsina Danil Ghattas, que son las primeras santas palestinas, además de la francesa Jeanne Emilie de Villeneuve y de la italiana María Cristina de la Inmaculada Brando)

 

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