«White Christmas»

La verdadera historia detrás de la canción

El popular villancico tiene un significado más profundo de lo que podría parecer a primera vista. Muchos de nosotros, al escucharlo, recordamos las Navidades de nuestra infancia; pero los primeros cantantes que entonaron esta canción, en la década de 1940, lo hicieron pensando en los refugiados de guerra y los soldados forzados al frente

«Sueño con una Navidad blanca», recita la canción que tenemos en los oídos y que nos conmueve cada vez que se emite por radio. Y es quizás inevitable que nos sintamos un poco melancólicos cuando recordamos las lejanas navidades de nuestra infancia. En ellas casi nos parece que la nieve era más blanca, los adornos más festivos y los buenos sentimientos más extendidos.

Pero, ¿es este el mensaje que quiere transmitir la canción? ¿Qué estaba pensando realmente Irving Berlin al componer esas famosas líneas?

Nostalgia

Originalmente, White Christmas era el arrebato de un profesional obligado a pasar la Navidad lejos de su familia

Te sorprenderá descubrir que Irving Berlin cavilaba sobre las blancas Navidades de su infancia mientras se preparaba para pasar una en la soleada California, de gira, en compañía de su productor discográfico y el personal que lo acompañaba.

Era el año 1940; y el compositor, apenado por estar fuera de casa, escribió la canción que conocemos bien… con una notable diferencia: la comenzaba en estos términos:

The sun is shining, the grass is green,
the orange and palm trees sway.
There’s never been such a day
in Beverly Hills, L.A.
But it’s December the twenty-fourth –
and I am longing to be up North.

Afortunadamente para todos nosotros, Berlín no tardó mucho en darse cuenta de que la distancia de la familia es sin duda una fuente de sufrimiento, pero que el ciudadano promedio podría haber tenido alguna dificultad para empatizar con un hombre exitoso que se queja de que tuvo que gastar su dinero en fiestas en un resort de cinco estrellas de Beverly Hills.

Como resultado, el primer verso se rompió; y esto permitió que la canción se transformara en una melancólica reminiscencia de Navidades pasadas. Un símbolo de una infancia más inocente y más alegre que muchas veces parecemos haber perdido para siempre.

White Christmas fue interpretada por el cantante Bing Crosby y lanzada en diciembre de 1941, logrando un moderado éxito de público. Lo que significa que el éxito no fue abrumador. Posteriormente, el propio Crosby declaró que no había captado de inmediato el potencial de aquella canción, que a primera vista ciertamente le había parecido bonita pero no tan especial como para convertirse en un gran clásico.

Y estalló la guerra…

Pero cuando, doce meses después de aquella Navidad de 1941, las radios reanudaron su programación navideña: y todo había cambiado. Estados Unidos llevaba en guerra ya un año. Muchas familias no habían visto a sus maridos, padres, hijos durante meses; y muchas mujeres eran dolorosamente conscientes de que varias sillas quedarían vacías en la cena de Navidad de ese año.

Al escuchar la melancolía de aquellos que, lejos de casa, no pueden hacer otra cosa que soñar con una Navidad «como las que yo conocí», era inevitable que uno pensara en aquellos soldados del frente, rodeados por los horrores de guerra y en constante peligro para la vida.

Pero eso no es todo: en la melancolía de quienes lamentan las navidades de un tiempo perdido, muchos vieron un llamado a los refugiados de guerra que se habían visto obligados a abandonar sus hogares para salvarse de los bombardeos o para escapar de la persecución racial.

Y, en este sentido, el hecho de que el propio Irving Berlin tuviera orígenes judíos parecía sugerente: el compositor había vivido en América desde que era un niño, por lo que nunca se había visto afectado directamente por las leyes raciales. Sin embargo, esta coincidencia ayudó a fortalecer aún más la asociación entre White Christmas y el sufrimiento de quienes, a causa de la guerra, ven arrebatada su vida cotidiana.

Éxito arrollador

Y así, aquella canción navideña se convirtió en un éxito arrollador: las emisoras de radio se inundaron de solicitudes para transmitirla varias veces al día. A tal punto, que muchos discos terminaron destruidos físicamente por el desgaste.

Soldados estadounidenses escuchan la radio, Normandía 1944

Se cantaba durante las colectas de fondos que se hacían a favor de los refugiados que emigraban a los Estados Unidos. Muchas iglesias y muchas escuelas la enseñaron a los niños, sugiriendo que la cantaran pensando en sus compañeros menos afortunados.

Y la asociación mental entre la guerra y la canción permaneció durante mucho tiempo en el imaginario colectivo. A partir de la década de 1950, muchas producciones cinematográficas la utilizaron como banda sonora en películas de ambientación militar. Durante las guerras de Corea y Vietnam, varios jóvenes la cantaron de forma polémica, en clave de protesta.

La canción perdió sus connotaciones más bélicas recién en las últimas décadas, cuando muchas naciones pusieron fin al servicio militar y en casi todas partes se hizo la ilusión de que el estruendo de los cañones ya podía reclasificarse como un recuerdo del pasado.

Lamentablemente, la historia reciente nos ha demostrado que estas esperanzas no estaban tan bien fundadas. Y nuevamente este año muchas familias se encontrarán lamentando dolorosamente sus Navidades habituales, que ya no están allí.

Por lo tanto, no estará de más dejar que nuestros pensamientos corran hacia ellos cada vez que escuchemos las notas de White Christmas sonando en la radio. Sin duda espléndidas y preciosas canciones de tema sacro se han dedicado a la Navidad… Pero, a veces, incluso la música «profana» puede ser un punto de partida para la reflexión y la oración.

El Adviento

Este es un tiempo de esperanza en el que le podemos decir al Señor: “¡Tengo sed de Ti, mi Dios vivo! Sé el centro de mi vida. Que Tú crezcas y yo disminuya. Permite que yo mire a la gente como la miras Tú, que prepare los caminos del Señor, que dé luz. Dame afán de conocerte y amarte más. Toma posesión de mi alma para que seas el Señor de mi vida”.

El tiempo de Adviento nos empuja a afrontar la gran figura de Juan el Bautista. Es difícil captar la importancia de Jesús si no se pasa antes por el baño purificador de Juan. ¿Qué es lo primero que nos dice este profeta? “¡Convertíos!”, en otras palabras, “¡arrepiéntanse!”. San Juan nos pide “enderezar las sendas”, que significa prepararnos para identificarnos con Jesucristo, y eso lo hace Él en la eucaristía. Escuchemos hoy sus palabras, y pidamos a Dios los obstáculos que ponemos para impedir su gracia en mí, en nosotros.

 Cristo mismo continúa la obra de su inmensa misericordia. La Iglesia, en el transcurso del año, conmemora todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta el día de Pentecostés y hasta la Parusía (2ª venida).

Después de la celebración anual del misterio pascual (esto es, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo), la Iglesia nada tiene más antiguo que la celebración del Nacimiento del Señor y de sus primeras manifestaciones.

Esta celebración se prepara con el tiempo de Adviento, que posee una doble índole: es el tiempo de preparación para la solemnidad de Navidad, en la que se celebra la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y al mismo tiempo, por medio de esta recordación, el espíritu se orienta a la espera de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos: esto se llama Parusía. Por estas dos razones, el tiempo de Adviento se presenta como un tiempo de piadosa y alegre espera.

El tiempo de Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo que coincide con el 30 de noviembre. Los domingos de este tiempo reciben el nombre de domingos I, II, III y IV de Adviento.

En su comentario al Salmo 109, San Agustín dice: Dios estableció el tiempo de sus promesas y el momento de su cumplimiento. El período de las promesas se extiende desde los profetas hasta Juan Bautista. El del cumplimiento, desde éste hasta el fin de los tiempos (…). Prometió a los hombres la divinidad, a los mortales la inmortalidad, a los pecadores la justificación, a los miserables la glorificación.

San Agustín define la oración como un ejercicio del deseo, venimos a decir lo que queremos y a abandonarnos en Dios.

El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, pero su corazón es demasiado pequeño. Hemos sido creados para una gran realidad, pero necesitamos llenarnos de Ti, Dios mío.

San Buenaventura nos sugiere: “Hay que concentrar en Dios la totalidad de nuestras aspiraciones.” Y explica: Esto es algo misterioso que sólo lo puede conocer el que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y nadie lo desea sino aquél que inflama el fuego del Espíritu Santo. Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al ser humano, pregunta a la oscuridad no a la claridad, no a la luz sino al fuego que abraza totalmente y transporta a Dios.

Nos movemos por esperanzas, si no las ponemos en Dios, nos llenaremos de otras cosas. Nos quedaremos cortos.

Aquél que vino y que vendrá, no se ha ido. Madre mía, ayúdanos a vivir el Adviento como lo pasaste tú, con ese amor y esa lucha, por hacer lo que Dios quería. Que recibamos al Niño como Tú.