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La importancia de vivir en armonía conyugal y sexual

La armonía conyugal se logra cuando la pareja, al vivir el amor, “se supera a sí misma” y armoniza sus cualidades en una unión sólida profunda.

Young beautiful woman holds beloved on back and laughs.

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El matrimonio, y la familia de manera especial, es una escuela de amor, porque la convivencia diaria obliga a acoger a los demás con respeto, diálogo, comprensión, tolerancia y paciencia.

La armonía conyugal se logra cuando la pareja, al vivir el amor, “se supera a sí misma” y armoniza sus cualidades en una unión sólida profunda. Cuando esto ocurre, cada uno se enriquece con las cualidades del otro. Se da entonces una especie de “transfusión de dones” entre ambos. Pero para eso es necesario que la pareja llegue a la unidad, superando las falsedad, la inmadurez, la mentira, la infidelidad. Que nada los divida: mentiras, peleas, odios…

Es lamentable que entre muchas parejas, con el pasar del tiempo, y con la rutina del día a día, la atención al otro, y peor aún, el respeto, se van acabando. No tiene lógica, por ejemplo, que uno ofenda al otro con palabras pesadas y que provocan resentimientos; no tiene cabida que el marido hable mal de la esposa con los demás, criticándola con terceros. Esto también es infidelidad. Esto no sucede solamente en el campo sexual.

Por otro lado, es necesario estar atentos para que la atención y el cariño al otro no se apaguen. Es importante mantener encendida la llama del deseo de agradar al otro. Es en los detalles donde muchas veces se manifiesta: ¿Cuál es la ropa que a ella le gusta que me ponga? ¿Qué corte de pelo le gusta a él? ¿Cuál es la moda que le gusta? ¿Cuál es la comida que le gusta? ¿Cuáles son los muebles que prefiere? ¿Cuál es el coche que más le gusta? ¿Cuál es el pasatiempo que le gusta? En fin, la preocupación de alegrar al otro, sin caer en la exageración, está claro, es lo que mantiene la comunión.

Esto no quiere decir que el amor conyugal deba ser un “egoísmo a dos”. Como diría Exupéry, “amar no es mirarse el uno al otro, sino es que ambos miren en la misma dirección”. Esto es, la pareja no puede detenerse en sí misma, tiene grandes tareas delante: los hijos, la ayuda a los demás, la vida en la Iglesia, etc. Es importante mirar en la misma dirección y caminar juntos.

Para que la armonía se de en la vida de la pareja, cada día, deberá rechazar todo lo que pueda desunirla: peleas y palabras ofensivas, comparaciones con la vida y actitudes de otros matrimonios, malentendidos con la familia del cónyuge, envidia y celos del otro, malentendidos en el uso del dinero, reclamos, negatividad, apego exagerado a los padres, mal humor, meterse con el otro, en fin, todo lo que amargue la relación.

Para que la armonía se de es necesario conocer al otro. Cada uno de nosotros es un misterio insondable, único e irrepetible. Somos individuos. Cada uno de nosotros es insustituible y eso muestra lo importantes que somos para Dios. Cuando nos casamos, recibimos al otro de la manos de Dios y la familia, como un regalo único, singular, sin igual y que debe, por lo tanto, ser cuidado con el máximo cuidado para siempre.

Es fundamental para la vida de la pareja que cada uno conozca la historia del otro: su vida, su pasado, la realidad familiar, de dónde viene, etc., para poder comprenderlo, ayudarlo, amarlo, perdonarlo. Nadie ama a quien no conoce.

Todo nuestro pasado permanece vivo dentro de nosotros, y lo llevamos al matrimonio. Para que el otro me comprenda, necesita conocer mi pasado, la historia de mi vida. En ello radica la importancia de revelarle al otro ese “misterio” que somos, de manera clara y auténtica, sin falsedades ni mentiras.

Un misterio sólo puede conocerse si es revelado. Por lo tanto, cada uno necesita “revelarse”, con toda sinceridad y autenticidad, para que el otro lo conozca. Aunque esa práctica haya comenzado en el noviazgo, no debe cesar en la vida de la pareja. Siempre es tiempo de conocer al otro cada vez más, para descubrir sus riquezas.

Aquí entra la importancia del diálogo en la vida de la pareja. Algunas dificultades la descolocan y la pareja tiene que estar atenta a eso. Para algunos es la falta de hábito en el diálogo, no están acostumbrados a él. Por otro lado es necesario vencer tanto mutismo, o no hablar, así como el hablar de más, al punto de anular al otro.

Normalmente el hombre espera de la mujer que sea caprichosa, con él y con la casa, que cuide de su apariencia y lo estimule en sus actividades. La mujer, por su parte, espera comprensión, seguridad, atención a sus cualidades, afecto, romance, elogio, cariño y también estímulo para su realización. Las diferencias personales no son los obstáculos a la armonía conyugal, al contrario, la comunión de la pareja se arraiga en la complementariedad natural que existe entre el hombre y la mujer y crece en el intercambio de las riquezas de cada uno.

“Si quieres ser tratado como rey, entonces trata a tu esposa como reina”. Podemos decir que una pareja armónica es una pareja madura. ¿Qué es ser maduro? Es ser plenamente hombre o mujer.

La buena relación sexual en la vida de la pareja es de fundamental importancia para su armonía y depende de la armonía conyugal. La vida sexual tiene dos dimensiones: unitiva y procreativa. La dimensión unitiva significa que el sexo es un medio de unidad de la pareja. En la relación sexual, más que nunca, la pareja se vuelve una sola carne.

El acto sexual, para la pareja, es la más intensa manifestación de su amor, es la celebración del amor a nivel afectivo y sensitivo. Por lo tanto, no puede haber sexo sin profundo amor. Sólo puede vivirse en el matrimonio, porque sólo en el matrimonio existe un compromiso para toda la vida, y la responsabilidad de asumir sus consecuencias, especialmente los hijos. Si quitamos el amor, el sexo se transforma en mera prostitución: sexo sin amor, sin compromiso.

Está claro que la luz que debe guiar la relación es el amor y no el egoísmo. Habrán momentos en la vida de la pareja que la relación sexual será imposible. Cuando la esposa está embarazada, o próxima a dar a luz, tras el parto, por una cirugía, etc. En esas ocasiones, y en muchas otras, por sentido común, pero también por caridad con la pareja, la otra parte tendrá que respetar.

He oído a mujeres que se quejan que los maridos las obligan a hacer lo que ellas no quieren y no aceptan en el acto sexual. En este caso, es una violencia obligarlas a eso. Aquello que cada uno acepta, las caricias en preparación al acto sexual, deben realizarse con libertad. Es legítimo que el esposo prepare a la esposa para alcanzar ambos el orgasmo. El esposo debe guiarse por la orientación de la esposa, que sabrá mostrarle naturalmente lo que necesita para llegar al orgasmo con él.

No es fácil muchas veces la adaptación sexual de la pareja, y a veces lleva años. También ahí se debe tener paciencia y bondad con el otro, para ayudarlo a superar sus dificultades.

Para llegar al orgasmo, la mujer necesita ser verdaderamente amada, respetada, valorada, protegida, etc., por su esposo, más que entregarle el cuerpo, ella le entrega el corazón. El acto sexual para ella no comienza en la cama, sino en el café de la mañana, en el beso de despedida al ir a trabajar, en la llamada de teléfono durante el día, en una flor, etc.

Hay parejas que ofenden al otro durante el día y por la noche quieren tener una dulce relación, es imposible. No te olvides que el sexo es manifestación de amor. ¿Cómo se manifiesta el amor si no existe? ¿Cómo unir bien los cuerpos si los corazones no están unidos?

Fragmento de un artículo publicado por Editora Cleofás y traducido por Aleteia

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