Una anécdota bella

Relatada por un taxista de Aguascalientes

Me sucedió hoy. Me subí al taxi y en cuanto me subí, él encendió en radio en una estación muy taxi-agsagradable. Pensé: “No quiere hablar conmigo”. A medio viaje le pregunté si era católico. Dijo que sí. Le pregunté que si rezaba el Rosario. Me dijo que sí, que diariamente. Y me comentó: Ay seño, si yo te contara… Tengo un hijo pequeño que enfermó. Lo llevé al hospital pues tengo el seguro popular. En el hospital me dijeron que ya estaba bien, que era mejor seguir la recuperación en casa pues los hospitales están muy infectados, pero que debía comprar sus medicinas y un nebulizador. Pregunté cuánto costaba un nebulizados y me dijeron que $1500. ¡No tenía el dinero! Le pedí mucho a Dios que pudiera conseguirlo y Él me lo dio en la mano. Fue de la manera siguiente: se subió un pasajero y le comenté mi situación. Él se sacó un Rosario de plata del cuello y me lo puso en mi cuello, luego se sacó una imagen de la Santa Muerte. Yo me quedé frío pues no la quería pero no le dije nada. Trató de ponérmela y tras tres intentos no pudo; entonces dijo: “Esto no es para ti”. Luego me dijo:¿Qué harías si intento matarte? ¿Tienes un arma con qué defenderte? Yo le enseñé el Rosario que me acababa de poner en el cuello y se asombró de mi gesto espontáneo. Luego sacó $1500 y me los dio. Le dije: “¡Pero son suyos!”. Contestó: “Yo no sé por qué hago esto, pues nunca lo hago, pero tómalos para comprar el nebulizador, y cuando ya no lo ocupes, dalo a otra persona que lo necesite; pero te pido que reces el Rosario a diario por mí”. Y desde entonces rezo a diario el Santo Rosario pidiendo por él, y si mi suegra me invitar a rezarlo, lo hago con gusto, además de que rezo el otro Rosario por mi benefactor. Vi que Dios me dio en mi mano lo que yo le pedía, se valió de esa persona para hacerlo. Yo pienso que ese hombre era un sicario, porque era aficionado a la Santa Muerte y porque me dijo que él tenía mucho dinero en su casa, y no le quitaba nada con darme eso. Ese taxista me hizo ver que con esa experiencia él entendió y vio que Dios se podía valer de cualquier persona para ayudarnos, cuando así se lo pedíamos y cuando confiábamos en Él. Ahora trabaja todos los días con alegría porque percibe que Jesús va con él junto a su asiento y se siente muy acompañado y amado por Dios.

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