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Archive for the ‘Beatificación’ Category

Conoce al “sacerdote del Rosario”

Implicó a estrellas de Hollywood en una cruzada de oración

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Las producciones del sacerdote Patrick Peyton presentan a actores como Bing Crosby, Loretta Young y Gregory Peck

En mitad de la Segunda Guerra Mundial, el padre Patrick Peyton, un sacerdote de la Congregación de la Santa Cruz, sabía que solo había una cosa que las familias de toda la nación necesitaban hacer para garantizar la paz dentro y fuera de su hogar: rezar el rosario.

Sus padres le habían enseñado la importancia del rosario en su país natal, Irlanda, cuando toda la familia se arrodillaba diariamente para rezar el rosario. Además, el padre Peyton creía que la Santísima Madre le había curado milagrosamente de la tuberculosis mientras estudiaba en el seminario y por eso hizo el juramento de difundir Su amor por todo el mundo.

Pero ¿cómo podría él, un inmigrante irlandés insignificante en Estados Unidos, llegar a millones de personas para hablarles del poder del rosario?

Sin tener ninguna formación ni contactos en los medios de comunicación de masas, el padre Peyton fue a Nueva York y convenció a una mujer de la cadena de radio Mutual Broadcasting System de que la nación necesitaba un programa de radio católico. Esta mujer no cristiana decidió dar una oportunidad al padre Peyton con una condición: tenía que contar con la ayuda de estrellas de Hollywood.

El padre Peyton, nervioso, llamó al cantante y actor Bing Crosby y, de alguna manera, con la ayuda de Nuestra Señora, consiguió convencerle para que se uniera a la causa. El programa de radio se emitió por primera vez el 13 de mayo de 1945 y contó con la colaboración del “arzobispo Spellman de Nueva York, el presidente Harry Truman, Bing Crosby y los padres y hermanas de la familia Sullivan de Iowa dirigiendo el rosario (…). El padre Peyton terminó el programa con un apasionado llamamiento a que las familias rezaran juntas el rosario por la paz”.

El éxito del primer programa fue enorme y los oyentes pedían más.

El padre Peyton inició así su cruzada de oración para conseguir que su programa se emitiera de forma regular y fundó la productora Family Theater Productions en 1947 con estrellas de Hollywood dispuestas a apoyarle en su labor.

Sus diferentes producciones continuarían incluyendo a estrellas como “Grace Kelly, Gregory Peck, Rosalind Russell, Jimmy Stewart, Helen Hayes, Ronald Reagan, James Dean, Natalie Wood, Robert Young, Raymond Burr, Lucille Ball, Bob Newhart, Jack Benny, Loretta Young y Frank Sinatra”.

La radio era solo el principio para el padre Peyton, que se expandió hacia la producción televisiva y cinematográfica con la ayuda de sus amigos de Hollywood. Su nueva empresa llegaría a producir más de 800 programas de radio y 83 especiales de televisión donde participaban las mayores estrellas del momento.

Según Family Theater Productions, incluso “dieron al célebre productor/director George Lucas (Star Wars) su primer crédito para películas —como ayudante de cámara— a mediados de los 60 para el corto The Soldier, protagonizado por William Shatner”.

Además, el padre Peyton continuaría liderando concentraciones en torno al rosario por todo el mundo, atrayendo a nutridas multitudes allá donde iba. Pronto empezó a conocérsele como “El sacerdote del Rosario” y popularizó la frase “la familia que reza unida permanece unida”.

El padre Peyton continuó su labor de difundir el rosario hasta su fallecimiento en 1992. Su vida sigue siendo una inspiración para todos, en especial para los que quieren usar los medios de masas para la promoción del Evangelio.

El 1 de junio de 2001, el cardenal Sean Patrick O’Malley abrió oficialmente la causa para su canonización y en 2015 se presentó en el Vaticano la Positio, “un informe de 1.300 páginas que estudia su vida y ministerio por una virtud heroica y una vida de santidad”. Actualmente está en proceso de revisión y, una vez aprobado el caso, el padre Peyton sería declarado Venerable. Ya existen dos potenciales milagros sucedidos con su intercesión que podrían considerarse una vez concluida esta fase del proceso.

Pepito, el niño que ofreció su vida por la de su madre adoptiva

“Virgen mía, si mamá debe morir, por favor llévame a mí en vez de a ella” fueron sus últimas palabras

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Pronto será beatificado Giuseppe Ottone, un niño italiano que murió a los doce años ofreciendo su vida por la salud de su madre adoptiva.

Pepito nació el 8 de marzo de 1928 en Benevento. De padre desconocido, sólo se sabe que su madre quedó embarazada después de una violencia sexual. Iba a ser abortado pero una amiga hizo desistir a la mujer de esta decisión y en noviembre fue adoptado por Domenico Ottone y Maria Capria. Por temor a que la madre natural se arrepintiera, decidieron trasladarse a Nápoles.

Gracias a su madre adoptiva, Pepito creció grande en la fe y en tantas otras virtudes. Sincero, disciplinado, siempre alegre, antes de entrar en la escuela pasaba por la Iglesia para una breve visita a Jesús en el altar, era el primero en la clase.

La madre era muy buena, pía y paciente, al contrario del padre, al que le gustaba beber y tenía el carácter muy fuerte, colérico. José era un ángel de paz en familia, ayudaba a la madre a soportar la violencia del padre que se emborrachaba continuamente.

Era también muy misericordioso a escondidas ayudaba a los pobres con las moneditas que conseguía ahorrar y muchas veces donaba la merienda que le daban para la escuela. Cada mañana un anciano esperaba el almuerzo que él le traía a escondidas y de vez en cuando invitaba a un amiguito menos afortunado a comer a casa.

Con gran fervor recibió la primera comunión a los 7 años. Muchas veces se iba en bicicleta hasta Pompeya a rezarle a la Virgen del Rosario a la cual tenía una gran devoción. Como a los chicos de su edad le gustaba leer, se inventaba aventuras con sus amigos y soñaba ser militar de la marina cuando fuera mayor.

Pero llegaron tiempos más duros, era la época de la primera guerra mundial y a su madre muy enferma la tuvieron que hospitalizar para realizarle dos operaciones muy delicadas, y más para aquellos tiempos. Pepito ante tal motivo y por el gran amor que tenía por su madre adoptiva se puso muy mal y angustiado. Temiendo por la vida de ella, pensó en ofrecerse al Señor a cambio de su madre.

El día que iba a ser operada su madre, el niño encontró en la calle una estampita de la Virgen de Pompeya, la recogió y besándola dijo: “Virgen mía, si mamá debe morir, por favor llévame a mí en vez de a ella”. Fueron sus últimas palabras, en ese mismo momento empalideció y cayó a tierra sin conocimiento.

Lo llevaron de urgencia al hospital donde estaba su madre. Ella al saberlo no se operó y corrió al lado de su hijo, que murió al día siguiente. En cambio María murió a los 88 años, en 1983.

Jesús aceptó el sacrificio del pequeño Pepito llevando su alma noble al cielo eterno.

Le dijo no al aborto y está cerca de ser reconocida santa

Esta madre de familia puso en jaque el concepto de aborto “terapéutico”

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El jueves 20 de octubre se cierra la fase diocesana de la Causa de Beatificación de María Cecilia Perrín de Buide (1957-1985), laica argentina, madre de familia. En un acto del que participarán autoridades eclesiales de Bahía Blanca, diócesis en la que vivió esta mujer que desde niña participó de actividades del Movimiento de los Focolares, se cerrará esta etapa inicial del proceso, marcada por una profunda investigación documental.

Esta fase precede a la romana, donde continúa el análisis y puede, eventualmente, reconocerse las virtudes heroicas de la Sierva de Dios, y tras este reconocimiento, analizarse posibles milagros que lleven a la beatificación.

Las historias se suelen contar desde el inicio, pero en el caso de Cecilia vale una excepción. El espacio en el cual descansan sus restos mortales, en la Ciudadela Mariápolis Lía, son una suerte de bálsamo espiritual. Sobre su tumba, rodeada de árboles y de un ambiente de permanente paz y alegría, se lee una frase que ella misma acuñó en momentos de enfermedad y despiertan a la oración inmediata: “Tus caminos son una locura, rompen mi humanidad, pero son los únicos que quiero recorrer”. Allí, y así, en un cementerio que recorriendo y pensando su vida se convierte en luminoso, quería ser sepultada.

Cecilia nació en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, el 22 de febrero de 1957. Conoció de niña la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, del que participó como Gen (joven), y luego como voluntaria. Catequista, tras dos años de noviazgo contrajo matrimonio con Luis Buide, en 1983. A los pocos meses, concibe una niña, Agustina, pero una llaga, en febrero de 1984, le llama la atención. Esa llaga indicaba un cáncer que debía ser tratado de inmediato, pero el tratamiento perjudicaría la vida de la niña.

A Cecilia algunos médicos le sugieren un aborto “terapéutico”. Pero decidió seguir adelante con el embarazo, con el apoyo de su marido, familia y amigos, y pudo dar a luz en julio de 1984. A los 8 meses, regresó a la casa del Padre.

Todo el proceso de su enfermedad, de su entrega a la voluntad de Dios poniendo por delante la vida de su hija, quedó registrado en emocionantes cartas que escribió Cecilia durante esos meses.

“Hace días sentía de darle todo a Jesús, pero con la voluntad y el pensamiento, no con el sentimiento, no podía de esta forma decirle SI, porque me invadía un gran temor que me lo impedía. El otro día en el quirófano estando sola antes de que me durmieran pude decirle sintiéndolo: Sí, Jesús, te doy todo. Cuando desperté sentía una gran tranquilidad pese a que lo que me dijeron era bastante desalentador”, le escribió al entonces arzobispo de Bahía Blanca.

“Muchas veces hemos hablado de que Dios es Amor. Ahora les puedo decir que es la experiencia más profunda que vivo. La situación es difícil, pero no saben lo que es abandonarse a Él y decirle Vos actúa. Esta es tu voluntad, manifestate como Tú lo quieras. El cubre todo, todo. Su amor se hace sentir, pero sentir de veras. Es como que el corazón estalla. Parece una locura porque no se puede entender: sufrir el dolor físico y experimentar que más allá de ese gran dolor te invade una felicidad que no se te va. Yo siento que en el dolor uno se desprende de todo y se queda con lo íntimo de uno mismo y en esta intimidad está Dios y Él es Amor”, escribió a sus alumnos de quinto año.

“Días atrás sentía como si fuera lo mismo vivir que morir, o sea, que da igual. Es más, hubo momentos en donde veía que morir era más fácil, más descansado. Pero sabés, lo que ahora le pido a Jesús es que me gustaría ser expresión de su gloria, me gustaría mostrar esta vida que nos ha permitido probar”, escribió a Lía Brunet, referente del Movimiento de los Focolares que hoy da nombre a la Mariápolis en la que descansas sus restos.

Mientras se conoce esta información sobre el avance en la Causa de Beatificación de Cecilia Perrín, considerada de interés provincial por la Provincia de Buenos Aires hace algunos años, la ministra de Salud de esa misma provincia adhirió a un protocolo nacional que hasta ahora la provincia ignoraba para la realización de abortos considerados “terapéuticos”.

Cecilia Perrín, con su alegría y fe, aún en los momentos de mayor dolor físico, propone otro camino.

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Un sacerdote exorcista hacia los altares

20 noviembre 2015 Deja un comentario

Juan Manuel Martín del Campo podría convertirse en el primer exorcista beato de América Latina

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En la nueva tanda de futuros beatos aprobada a fines de septiembre por la Congregación para la Causa de los Santos, muy pocos notaron que se incluye uno que se distinguió en vida por ser un activo y reconocido exorcista. Se llama Juan Manuel Martín del Campo, de nacionalidad mexicana, que nació en Lagos de Moreno, en el Estado de Jalisco, el mismo año de la revolución rusa, 1917.

Pero la mayor parte de su vida transcurrió en el Estado de Veracruz, durante los años de la persecución religiosa, como seminarista, como párroco, como profesor, como confesor y capellán y como director espiritual, en una época en que las leyes mexicanas prohibían que la Iglesia desarrollara actividades públicas. Y nada menos que como exorcista, “un antiguo rito de sanación del demonio” que Martín del Campo practicó desde 1987 hasta 1995, un año antes de su muerte en 1996 debido a un cáncer de próstata.

Eran años difíciles para la Iglesia mexicana, a la que Juan Pablo II visitó entonces en dos oportunidades, 1979 durante la presidencia de López Portillo –cuando celebró una misa en Veracruz a orillas del mar- y en 1992, cuando gobernaba Salinas de Gortari.

Un biógrafo de Juan Manuel Martín del Campo afirma que el candidato a beato, “Conocido por su entrega y devoción al ministerio, su paciencia para confesar a los fieles y ser un sacerdote docto y lleno de piedad, encontró especial reconocimiento por realizar diversos exorcismos en la región, siendo uno de los más conocidos el ya mencionado, en el Centro de Especialidades Médicas del Estado de Veracruz (CEM)”.

El caso citado, uno de los muchos que el sacerdote trató durante los 7 años que recibió el mandato como exorcista del obispo de su diócesis, lo narra Rafael González Hernández, postulador de la causa, en su libro “Yo soy el Padre Martín”, usando como fuente principal un cuaderno de apuntes donde el sacerdote anotaba los pedidos que recibía.

El año que realizó ese exorcismo, noviembre de 1994, en el Centro de Especialidades Médicas ocurrió algo insólito. La madre de una enfermera que trabajaba en el hospital se acercó al sacerdote para informarle que había una paciente originaria de una localidad llamada Papaloapam, que presentaba “manifestaciones raras” que ni siquiera los médicos podían resolver, y que tenían la apariencia de “manifestaciones diabólicas”.

Los apuntes dicen que algunos días después un médico del mismo centro le pidió ayuda, de lo que se deduce que no fue inmediato y que el padre Martín del Campo se tomó tiempo para evaluar de qué se trataba. El médico admitió delante del sacerdote, y éste lo registra, que las terapias no hacían efecto y que la mujer, lejos de mejorar, empeoraba cada vez más, “provocando miedo en médicos y enfermeras”. El sacerdote decidió ir a ver. Con el permiso de los especialistas examinó a la mujer, llegó a la conclusión de que se trataba de un caso grave y decidió realizar un exorcismo.

El libro del biógrafo y postulador Rafael González Hernández reproduce estas palabras presumiblemente tomadas de los apuntes del exorcista: “Me dijeron que cuando ya iba en los pasillos del nosocomio, sin que la enferma lo supiera, ésta empezó a decir con voz distorsionada “ya viene el Martín, ya viene el Martín, jajajaja”, seguido por carcajadas inconexas. Entré inmediatamente y la pude ver con detenimiento, pude ver su rostro herido por la presencia del espíritu del mal”. El libro registra también que: “La mujer fue liberada y algunos miembros del personal médico se convirtieron a la fe católica, y se colocó una cruz en la entrada del CEM”.

El vocero de la Iglesia católica de Xalapa, Juan Manuel Suazo Reyes, confirmó en una entrevista que los cinco cardenales y los ocho obispos del Consejo de Obispos y Cardenales “determinaron de manera unánime otorgarle el nombramiento de venerable, título que se sumó al de Siervo de Dios”. La causa del sacerdote exorcista fue introducida en el Vaticano el 12 de marzo de 2011 y aprobada por la Comisión de teólogos el 25 de noviembre de 2014, también por votación unánime.

Si el camino de Juan Manuel Martín del Campo hacia los altares prosigue, y nada hace pensar que eso no ocurra, podría ser el primer sacerdote exorcista de América Latina en ser beatificado.

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Beatifican al primer mártir sudafricano

15 septiembre 2015 Deja un comentario

Asesinado por no pagar a un curandero

Historias de una beatificación

Gracias, don Álvaro

«Pero, ¿a quién me has traído? Éste es un santo»

19 septiembre 2014 Deja un comentario

Fray Jean Thierry murió a los 23 años, lleno de fe y alegría

«Pero, ¿a quién me has traído? Éste es un santo», dijo la doctora: está en proceso de beatificación

Actualizado 17 septiembre 2014

Leone Grotti/Tempi.it

Jean Thierry Ebogo murió con 23 años, cumplido su sueño de ser carmelita... y da fruto después de dejar esta vida

Jean Thierry Ebogo murió con 23 años, cumplido su sueño de ser carmelita… y da fruto después de dejar esta vida

El padre Gabriele Mattavelli, provincial de los Carmelitas Descalzos en Camerún, relata a Tempi.it los dos últimos años de vida pasados con el joven fraile camerunés Jean Thierry Ebogo,fallecido en Legnano en 2006 y en proceso de beatificación

«Después de haber sido nosotros quienes hemos llevado el Evangelio a tantas zonas del mundo, acogemos con alegría la llegada de evangelizadores y testimonios que llegan de esas tierras, como Jean Thierry, para que nuestra fe resurja».

Estas han sido las palabras del arzobispo de Milán Angelo Scola el pasado 9 de septiembre, al finalizar la ceremonia de clausura del proceso diocesano Super Virtutibus de Fray Jean Thierry Ebogo, nacido en Camerún en 1982 y fallecido en Legnano en 2006, a los 23 años.

Los documentos de la causa de beatificación y canonización ahora han pasado a Roma, pero quien ha conocido al joven fraile carmelita está seguro de haber acompañado durante una parte de la vida a un santo. 

«Yo he estado cerca de él en los últimos dos años de vida, cuando Jean ya tenía casi 22 años», relata a Tempi.it el padre Gabriele Mattavelli, elegido en 2005 provincial de los Carmelitas Descalzos en Camerún.

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Siempre había sido su deseo ser sacerdote, por lo que Jean entró en el Carmelo teresiano de Nkoabang el 28 de julio de 2003 a la edad de 21 años, pero su recorrido estuvo marcado por la aparición en 2004 de un gravísimo tumor óseo en la rodilla, que llevó a la amputación de la pierna y a someterse a distintos tratamientos en varios hospitales de Italia, sin éxito.

El padre Gabriele lo recuerda como un joven muy «sereno»: «Cuando la enfermedad le causaba dolores tremendos, él no se lamentaba nunca; más bien al contrario,animaba a todos sin manifestar lo que sufría».

Una actitud que quedó muy clara en un episodio: «Cuando conseguí llevarlo a Italia en agosto de 2005, lo llevamos rápidamente al hospital porque la enfermedad, después de la amputación, empeoraba. Desgraciadamente no había camas disponibles, por lo que tuvo que permanecer seis horas en la silla de ruedas. Hacía frío. Cuando lo fui a visitar al día siguiente, la doctora enseguida me dijo: “Pero, ¿a quién me has traído?”. Yo pensé que había hecho algo mal y entonces le respondí que venía de Camerún y que allí tenían otras costumbres. Pero ella me cortó: “No has entendido nada. Me has traído a un santo: no se puede permanecer todo ese tiempo al frío sin quejarse con esos dolores”».

Jean siempre aceptó su enfermedad con un único pensamiento en su mente: «Cuando le tuvieron que amputar la pierna – recuerda el padre Gabriele – yo fui a verle al hospital. Lo único que me pregunta y le preocupaba era: “¿Podré ser carmelita y después sacerdote?”».

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Jean Thierry (ya con hábito, fray Jean Thierry) con su madre en el hospital en Italia

La recidiva del osteoma osteoblástico, con metástasis cada vez más difundidas, decidió al padre Gabriele a trasladarlo de Legnano a Candiolo (Turín), a un centro especialista, durante dos meses. Cuando esta última terapia también fracasó, Jean volvió a Legnano donde un especialista había estudiado una terapia del dolor para hacer que los últimos días del joven fueran menos dolorosos.

«Precisamente en ese periodo muchísimas personas iban a verlo continuamente al hospital, pero en lugar de llevarle consuelo ellos salían consolados por él», explica el padre Gabriele, según el cual Jean era, seguro, un santo.

«Él estaba fatal, pero no se quejaba nunca y conseguía dar fuerza a todos los que le iban a ver. Esto no es posible sin una Gracia especial del Señor. Muchas personas desesperadas encontraron la paz después de haber conocido a Jean. Hay además muchos y pequeños signos».

¿Un ejemplo? «Hay muchísimos y algunos se sabrán pronto. Recuerdo, por ejemplo, que después de su muerte llevamos su estampita a una familia con una niña que nació con malformación. Con tres años ya la habían operado varias veces y ella lloraba siempre por el dolor; los padres no sabían qué hacer. Después de ponerle la estampita de Jean debajo de la almohada no volvió a llorar».

Pero hay signos más clamorosos: «Cuando tenía alrededor de 20 años y vivía aún en Camerún, a Jean se le apareció una noche la Virgen. Este episodio lo contó su hermano, que dormía en la habitación contigua y que en un determinado momento le oyó hablar con alguien. El día siguiente le preguntó quién era y al poco rato Jean le reveló que se le había aparecido la Virgen. Le había hablado de Camerún y de la misión».

A los funerales del joven, celebrados el 11 de enero de 2006 en Legnano, participó «una gran muchedumbre e incluso en el dolor fue un momento de gran alegría». Su cuerpo «contrariamente a las reglas, fue llevado a Camerún» y su tumba ahora es meta de continuas peregrinaciones.

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Profesión solemne de Jean Thierry como carmelita teresiano en el hospital, con su madre y el padre Gabriel

Antes de morir, el 8 de diciembre de 2005, gracias a una dispensa especial Jean pudo hacer su profesión solemne en el Carmelo teresiano convirtiéndose así en fraile. El padre Gabriel confirma la importancia que tenía para Jean la vida consagrada y recuerda una de las últimas cosas que el joven le dijo antes de morir.

«Fui a verle al hospital y estuvimos hablando de su santa preferida: Santa Teresa del Niño Jesús. En un determinado momento me dijo: “Yo no haré como Santa Teresita, que prometió una lluvia de rosas desde el cielo; no, yo desde el cielo haré que llueva un diluvio de vocaciones”».

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)