La sonrisa de Ángeles

Cuida a su marido amnésico, a su hijo con parálisis y a su padre enfermo

Uno mi cruz a la de Cristo para la salvación del mundo

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El 24 de agosto el corazón de Agustín se paró. Cuando volvió a bombear, era «un hombre nuevo», sin recuerdos de su vida anterior. Mª Ángeles es su apóstol y cada día le presenta a Jesús, al Jesús que le había conquistado hace varias décadas en un Cursillo de Cristiandad, realidad eclesial de la que son coordinadores y responsables.

Mª Ángeles sostiene además la fe de sus hijos –el mayor de ellos, con una parálisis cerebral– y cuida de su padre enfermo, que vive con ellos. Ahora tiene más tiempo porque en julio se quedó sin trabajo. Ella lo lee en clave de esperanza: “Ahora puedo disfrutar de ir a los médicos con tiempo”. Y así resuenan las palabras de Pablo: “Para los que aman al Señor, todo parece ser para bien”.

Estar con M.ª Ángeles es conocer a la mulier fortis de la Escritura. Habla pausada. Mientras sonríe –y no para de hacerlo– las lágrimas ruedan sin violentar. Intuyes que son compañeras de camino, y las responsables de que sus ojos grandes y profundos lean con tanta claridad la existencia. El 24 de agosto sus amigos recibieron este mensaje: “Agustín padre ha sufrido un infarto muy severo. Por favor, rezad por que la voluntad de Dios se cumpla, y si es posible podamos seguir disfrutando de él”.

¿Cómo sucedió ese instante en el que la vida y la muerte se echan un pulso?

Viajábamos en tren a Barcelona, tuvo la parada y estuvieron 40 minutos intentando reanimarle. Al principio nadie podía ayudarnos, así que llamé a mi cuñada médico para que me diera órdenes. Nos ayudó un estudiante de Medicina. Luego llegó el equipo sanitario y lo intentaron dos veces, sin resultado. Se decían: «No merece la pena, en caso de despertar, ¿cómo va a quedar?». Yo les dije: «Por favor, tengo a un hijo con parálisis cerebral, sé lo que es, no me asusta. Inténtelo. Somos una familia, le necesitamos. Inténtelo».

¿Y lo consiguieron?

Sí. Yo rezaba: “Está medio muerto, pero Señor, que Tú quieras lo que yo quiero”. Y bueno, el Señor es fiel…

Dices que piensas en la cananea que pide piedad a Jesús porque su hija sufre

Me habían dicho que no llegaría vivo al hospital así que toda mi atención estaba en preparar a mi hija. Le dije: “María, venimos de unos días de vacaciones muy especiales en los que papá y yo hemos podido hablar mucho de vosotros. Me decía lo orgulloso que está de vosotros. Siempre hemos pensado que lo mejor de nuestra vida sois vosotros. ¡Qué suerte! Papá se irá directo al cielo”.

También está mi hijo mayor, que tiene parálisis cerebral. Está muy unido a su padre. Y ahora está retorciéndose más si cabe. Sufriendo y sin entender mucho. Lo nuestro no es una cruz, es un regalo al fin y al cabo, porque sacará lo mejor de nosotros. Yo sé que sacará lo mejor de María, que tiene que servir para el mundo. Y Agustinillo… es una vida rota, y esa no es problema, esa se va al cielo directa.

¿Cómo fueron esos días?

Recuerdo cómo rezaba con Agustín. Le ponía la cruz en la mano y le decía “Cristo cuenta contigo, pero nosotros también, Agus. Si puedes, aguanta”. También contamos con nuestros amigos y comunidad. Celebramos la Eucaristía en la UVI. El sacerdote le puso en sus labios una gotita de la sangre de Cristo. Fue impresionante contemplar toda la vida de un Dios en mi marido en coma.
Y ahora…

Agustín tiene amnesia. No se acuerda de quién es, de su historia. Él, un abogado brillante, con una cultura extraordinaria, muchas habilidades sociales y de fe profunda… Y no sabe quién es. Ni recuerda su experiencia de Dios… Qué poco somos… Y aún así, ¡toda una vida! Me tiemblan las piernas pensando: “Señor, ¿cómo hago para que vuelva a saber de Ti?”.

¿A qué te agarras cuando te mira y no te ve a ti?

La cruz es y está. Es duro que no me reconozca. Es un sufrimiento que le pregunte a mi hija quién es. Pero Cristo está. Le pido consuelo y responde. Es una oportunidad para volver a construir lo que no estaba sólido. Uno mi cruz a la de Cristo para la salvación del mundo. Fuera hay verdaderas cruces. No la mía. A Dios le pides ayuda y te devuelve tarea. Pero gozosa. Nuestro precio, nuestro salario es ese.

Rocío Solís

Artículo originalmente publicada por Alfa y Omega

True Romance

More than 50 years together started with a year apart

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Back in 1962, a logistical issue or two got in the way of Mike Maus dropping on one knee to propose to Coralinn Tuttle.

First, he was stationed in Germany and she was attending college in New Jersey. Maybe he could have popped the question from the only phone on his floor of the bachelor officers’ quarters. But, he recalls, overseas calls cost a nickel a second.

So he wrote her a letter and enclosed an engagement ring.

“He’s very good with letters,” Coralinn says.

“I can write,” says Mike matter-of-factly. “I thought it was a very good letter. I was very much in love. All you had to do was express that and away you went.”

She said yes, obviously, but she wouldn’t put the ring on her finger until she talked to him.

“He could have been out in the field,” she says. “I didn’t really know. It wasn’t instantaneous speaking as we have now. It was leaving a trail of messages.”

There’s something romantic about that, isn’t there? There was no tweeting their engagement to the world. No Facebook posts with a million likes. No texting emoticons to each other. It was just two young people an ocean apart, linked by that letter and dozens of others exchanged during the year.

They’d met a couple of years earlier on a blind date. Mike was a senior at the United States Military Academy at West Point, where Coralinn’s father was dean of the military psychology and leadership department. She was a high school senior.

They were, Mike says, “very much taken with each other.”

After West Point graduation, he stayed in the U.S. for a year to go through airborne, ranger and artillery training school. She began attending Rider College, where he’d drive as often as he could to see her. Then he was transferred to Germany.

As fate would have it, her father received an assignment in Oberammergau, Germany, where the family moved in June 1963. Nepotism rules kept her from working with her dad, so she found a job as a legal secretary with the U.S. Air Force — “happily,” Mike says, “near where I was stationed.”

They married on April 4, 1964, and stayed in Germany for a year, where the first of their three children, Mike’s namesake, was born. Their two daughters, Cynthia and Christine, are Little Rock babies, born in Mike’s home state.

“You can take the boy out of Arkansas,” Coralinn says, “but not for very long.”

Mike left the Army and began working for Southwestern Bell and later AT&T, and was transferred just about as much as Coralinn’s career Army dad had been. The couple lived in Pine Bluff and Little Rock, Ark.; a time or two in Dallas; twice in New Jersey. When Mike retired at age 58, they settled in England.

Then Mike’s dad passed away. His mother and sister were in the Dallas area, so Mike and Coralinn moved back to Texas to be close to them. They settled in McKinney 15 years ago, living in their ninth house since they married. But they don’t exactly stay put. They go to Nuevo Vallarta, Mexico, and to Hawaii for a couple weeks every year. They’ve been all over the world. Next up? Africa for a photographic safari, shooting pictures to add to the 19,000 they’ve shot in the past 15 years.

They also do a lot of volunteer work, primarily at their church. Coralinn attributes their camaraderie and happiness to their stong Catholic faith.

“You have to have faith in God,” she says. “As long as we do good things and make measured decisions, things will be fine. I had breast cancer in 2000. My husband and family and friends and great doctors and the grace of God got us through that.”

Says Mike: “She’s a first-born and I’m a first-born, so there’s a push-pull about who’s in charge.”

“We’ve learned to relinquish times we’re not in charge,” Coralinn says.

Marriage, she says, “takes a lot of love and sincerity.”

“A good sense of humor,” Mike says. “Some tolerance.”

“And faith,” Coralinn says again. “You have to have a lot of faith in the person you’re considering marrying. You have to know he or she has your best interest at heart and loves you more than life itself. You have that hope this is the person you’ll marry for a lifetime. You have enough faith they’ll support you through all things.”

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En su primera adoración vio el rostro de Cristo y cambió

Serge Maury trabaja hoy la pastoral de separados en Francia 

Divorciado, mujeriego, sin fe… en su primera adoración vio el rostro de Cristo y cambió 

«Miré al altar, donde todos miraban. No vi pan. Lo que yo veía era una imagen del rostro de Cristo que sangraba de una manera terrible. Era una imagen fija, y en negativo, un negativo fotográfico». 

Actualizado 15 enero 2013

Pablo J. Ginés/ReL 

Serge Maury contó su testimonio en las Primeras Jornadas de Pastoral de Toledo

Nació en 1954 en Francia. En su casa había mucha violencia, y él dejó su familia y su ciudad a los 15 años para servir como militar en la Marina Nacional. Descubrió que allí había incluso más violencia que la que dejaba atrás.

“La mitad del personal de Marina venía de los correccionales o directamente eran expresidiarios. En aquel dormitorio enorme de 60 personas descubrías que el que sobrevivía era el más duro. Y en ese ambiente fui creciendo. Fui técnico de portaaviones, atendía temas ligados con los aviones en el barco. Pasé 20 años en la Marina y vi que el 85% de mis amigos se divorciaba”.

El mismo Serge se casó con una chica en Marsella, y aunque desde la primera comunión no había tenido ninguna inquietud religiosa, lo hicieron por la iglesia, de forma rutinaria. Tuvieron 3 hijos. Y, como tantos otros, tiempo después se divorciaron. 

La génesis del divorcio
“Pensemos cómo es la vida del marino y de muchos militares”, señala Serge. “Estás 4 ó 5 meses fuera de casa, y tu mujer lleva la casa y atiende a los hijos según su ritmo. Y entonces llegas a casa para unos meses, y como eres militar quieres que todo funcione a ritmo militar, das órdenes, quieres que se te obedezca, y entras en conflicto con tu mujer y los hábitos que hay en casa, y en pocos meses te has de ir otra vez. Eso ayuda a entender por qué hay tantas rupturas en estas profesiones.”.

“El caso es que dejé a mi mujer y el ejército y emigré a una zona costera canadiense, con un 30% de población francófona. Me saqué una novia canadiense y abrimos un restaurante, pero este negocio fracasó porque yo usaba criterios franceses y los clientes allí eran muy distintos”.

Por ese entonces Serge era consciente de tener dos problemas serios. “Por un lado, llevaba 15 años con problemas con el alcohol. Por otro, vi que no era capaz de conservar una mujer mucho tiempo. Dejé a mi pareja canadiense y me fui con otra mujer”.

El ingeniero casto
“Una vez estaba comiendo con un ingeniero de 35 años, y hablamos de cosas de religión. Yo había hecho la primera comunión de niño y luego ya no hice nada religioso. Y aquel hombre me dijo que era católico practicante y que nunca se había acostado con una mujer, y que no pensaba hacerlo con ninguna hasta que conociese a la mujer que Dios quería para él, la que sería su esposa. Me parecía incomprensible”. 

Serge se lo comentaba a otros amigos, con tono burlón: “Fíjate, ingeniero, 35 años, deportista, ¡y sin novia! ¡No lo quiere hacer!” 

Una voz en la noche
Y esa noche sucedió algo. “Estando sólo, en mi habitación, oí una voz. Aunque estaba solo, una voz me decía al oído: “¿Quién eres tú para burlarte? ¿Cómo puedes compararte con ese hombre que domina su sexualidad?” Y no pude dormir. Pasé varias noches inquieto. No podía dormir y experimenté una depresión. Incluso fui al psicólogo”.

Pero la voz proseguía por las noches: “¿Quién eres tú, Serge? ¿Qué has hecho en tu vida sino sembrar desesperación?”, le decía. 

Un día, muy hundido, fue a una iglesia que estaba abierta y vacía. “Me senté y le dije a Dios:‘Dios, yo no puedo más; si existes ayúdame’. Hay que tener en cuenta que yo pensaba, y siempre había pensado, que la religión era una cosa sólo para intelectuales y para curas”.

La casera que salía en noche cerrada
“Esos días me di cuenta de una cosa que me intrigaba. Mi casera, Alinne, salía muchas noches a las 2 de la madrugada. Yo no sabía donde iba. Y era raro, porque con el frío y la nieve de Canadá tenía que descongelar el coche, conducir con mucho frío, era muy incómodo. Al cabo de dos meses, me animé y le pregunté: “¿adónde vas a esas horas?” “A la adoración nocturna”, me dijo Alinne. “¿Qué es eso”?, pregunté. “Bueno”, dijo ella, “ven y lo verás”.

“Así que la acompañé una noche. Llegamos a una capilla donde unos religiosos mantenían adoración permanente. Yo me senté junto a la puerta, para escapar si las cosas se ponían feas, una costumbre que uno toma cuando ha pasado por la Marina”.

Y entonces pasó algo insólito que Serge explica con sus propias palabras. «»

Una experiencia mística
“Miré al altar, donde todos miraban, donde estaba la luz. Yo era aficionado a la fotografía. Yno vi pan. Lo que yo veía allí, donde todos miraban, era una imagen del rostro de Cristo que sangraba de una manera terrible. Era una imagen fija, y en negativo, un negativo fotográfico”.

Serge recalca que él entonces no sabía nada de doctrina ni de adoración eucarística. Nadie le había dicho qué era aquello, nadie le había enseñado que, según la doctrina católica, en el Pan está Cristo mismo. Él no recordaba esa enseñanza de su infancia, ni nada sobre adoración eucarística. 

“Oye, Alinne”, dijo Serge a su amiga. “No veo la utilidad de venir aquí a las 3 de la madrugada a adorar a un negativo fotográfico en medio de algo que brilla”. 

Ella le miró. Le preguntó a qué se refería Serge. Y cuando él explicó lo que veía, ella se echó a llorar. Cuando Serge lo explica en enero de 2013 en la 1ª Jornada de Pastoral de Toledo, años después, no puede evitar emocionarse y se le quiebra la voz.

“Al día siguiente volví con Alinne a la adoración, y hablamos y entonces entendí que lo que me había pasado era especial, que Dios me había hablado”.

La fe de un divorciado
Serge ahora ya tenía fe. Se había encontrado con Cristo y con la Iglesia. Su vida interior cambió y siguió acudiendo a la adoración. 

Un par de años después se incorporó a un grupo de oración de separados y divorciados que organizaban aquellos religiosos.

“Muchas personas venían sólo a una primera reunión. Otras perseveraban. Era un grupo de oración, y en la oración veíamos que Dios nos pedía curar diversas heridas antes de poder avanzar espiritualmente. Yo escuchaba mujeres dando testimonio en el grupo, hablando de su sufrimiento al ser abandonadas, o dañadas. Y así entendí cómo yo había dañado a mis mujeres, a mis hijos. ¿Tenía yo culpa en mis fracasos de pareja? Sí, un 89% al menos. “

Un año después, su primera novia canadiense, Denisse, empezó a acudir con Serge a esa oración. El director espiritual de Serge les dijo: “salta a la vista que os seguís amando, pero no es correcto ni bueno que viváis juntos”. 

¿Vivir como hermano y hermana?
¿Cuál era la voluntad de Dios para Denisse y Serge? ¿Sería nulo el primer matrimonio de Serge en Francia? ¿O querría Dios que viviesen en continencia, como hermano y hermana, juntos en la fe, ingresando en una comunidad nueva, de vida y evangelización, que admitía miembros en aquella región? 

El director espiritual rezaba por Serge y Denisse. Finalmente le dijo a él: “escribe a Marsella, a Francia, y pide que examinen tu caso, para ver si fue un matrimonio nulo”. En pocos meses llegó la respuesta del tribunal canónico de Marsella: denegaban la nulidad

Pero el director espiritual de la pareja estaba convencido: “Dios no quiere que seáis hermano y hermana en una comunidad. Vete a Francia y pide hablar con el juez del Tribunal.” Parecía absurdo: viajar de Canadá a Francia ¿para una reunión de 2 horas con un juez canónico? 

Pero Serge lo hizo. Llegó a Marsella, entró en una de las iglesias más bellas y famosas de la ciudad, y se puso a orar. 

El precedente de San Pablo
“Cuando sabes que Dios te atiende todo es distinto. En Francia si dices que Dios te guía o te habla te miran raro, pero en América, en cambio, la gente lo entiende. Y Dios me habló con una imagen en mi mente: vi a Saulo que caía del caballo. Después fui al tribunal. Me recibió el juez: un cura manco y con cara muy antipática” 

– No sé por qué se ha molestado usted en venir. Ya examinamos su expediente y su matrimonio no es nulo – dijo el cura.
– He venido porque me lo pidió mi director espiritual – le respondió Serge. Y le contó su itinerario, su conversión.
– Yo soy de la vieja escuela, y esas formas de encontrar a Dios no me convencen –respondió el juez eclesiástico.

Sin saber qué más añadir, Serge puso la mano en el pomo de la puerta, dispuesto a marcharse. Y entonces, “guiado por el Espíritu Santo”, dijo:

– Mire, padre, lo mío con Dios es como lo de Saulo con el Señor. Sólo Saulo vio a Dios, la luz y la voz del Señor. Las otras personas sólo vieron que Saulo cambió

El juez le miró y respondió: 

– Váyase, me comprometo a reexaminar su caso.

Y al cabo de unas semanas la Iglesia dictaminó que su primera boda era nula. 

Serge se casó con Denisse, y hoy tienen 3 hijos, de 13, 15 y 17 años, y viven medio año en Canadá y otro medio en Francia. 

Acoger a separados y divorciados
Serge y Denisse están volcados actualmente en la pastoral con separados y divorciados en Francia, colaborando mucho con la diócesis de Toulon. 

Los separados y divorciados quieren comulgar, claro, pero sobre todo quieren ser acogidos. Y a menudo simplemente una palabra marca la diferencia para sentirse acogido o no. Por ejemplo, si les dices “bienvenidos, la Iglesia es una casa de acogida para vosotros”, en realidad no es muy acogedor; es muy distinto a decir, por ejemplo, “esta es tu casa”.

A estas personas hay que decirles que hay grupos de oración y acogida para ellos”, insiste. “Y mi experiencia es que todo el que persevera en la oración, ve una luz al final. El Señor hace milagros”. 

La homosexualidad no es una enfermedad

Habla Doreena Paz, lesbiana durante 20 años 

«La homosexualidad no es una enfermedad, más bien es como un espejo roto que necesita ser reparado» 

Tras contar en ReL su estremecedor testimonio habla sobre si el homosexual nace así o se adquiere; el lobby gay, la violencia física que hay entre parejas lesbianas… 

Actualizado 20 septiembre 2012 

ReL 

Doreena Paz ofreció hace pocos días a los lectores de Religión en Libertad un testimonio muy duro sobre los años que estuvo en el mundo gay: Se inició en el mundo lésbico con 15 años; a los 17 no tenía ganas de vivir… pero Dios la ayudó

Doreena Paz tiene en la actualidad 34 años, y hoy es una mujer muy distinta a la de hace 20 años. Después haber realizado una terapia reparativa para sanar sus heridas emocionales, está a punto de casarse con un hombre. Doreena es un ejemplo más de que el cambio es posible. Se puede hacer la transición de la homosexualidad a la heterosexualidad.

La enorme repercusión que tuvo la historia de Doreena, y ante la petición de muchos lectores que querían saber más sobre su opinión ante varios aspectos de la homosexualidad y el colectivo gay, ha dado como resultado esta entrevista que no dejará indiferente a nadie. 

– ¿Es la homosexualidad una enfermedad?
– La homosexualidad no es una enfermedad. Es el fruto de un escándalo, moral, emocional, físico, sexual sufrido en la infancia, la adolescencia y hasta la edad adulta.

Son varias las causas que hacen que esta se adquiera, desde el abandono emocional por parte de los padres de un niño, la confusión en la escala de valores y roles, hasta el abuso sexual en la infancia.

Decir que es una enfermedad, implicaría un desligue de la responsabilidad de “ser homosexual”. Por tanto no habría culpabilidad. Pero no es tal el caso, ya que siempre existe la libertad de elegir. No es una enfermedad, es un trauma. Es por eso que parece que uno ha nacido con eso y que no se puede elegir, que nunca podrá sentir atracción por el sexo opuesto, etc. 

No entraré en detalles de psicología (no soy psicóloga), pero básicamente la homosexualidad es como ver un espejo roto. El espejo no “nació” así. Algo lo rompió…Y lo que vemos es un espejo roto, que necesita ser reparado. No es normal que un espejo continúe roto. La homosexualidad es un mal moral. Por eso es que debería poder ser tratado tanto por psicólogos especializados en el tema, como por sacerdotes.

– ¿Qué puedes decir acerca de la veracidad de tu relato autobiográfico?
– En cuanto al relato de mi vida ¿por qué no ha de ser cierto? Mi vida no es algo singular, desgraciadamente. Es bastante común en el ambiente gay. Y quien diga que en el ambiente gay se está mucho mejor, que reina un ambiente de sana moral e impecable civismo, que me disculpe, pero está ciego como un topo o no conoce el mundo gay. 

No es de recibo decir que los “heterosexuales” dejan mucho que desear con sus conductas o que algunos no deberían ser padres, poniendo de ejemplo que una pareja homosexual es más fiel a su pareja y que son más dignos de tener hijos que un matrimonio de un hombre y una mujer. 

Convengamos que la sociedad está enteramente en decadencia y esto afecta a todos los órdenes, incluyendo el matrimonio. Es un problema de orden, no de naturaleza. Hacer educar a un niño por un par de padres homosexuales no ayudará a la sociedad, porque va contra la naturaleza misma de las cosas.

– ¿Hay violencia en las parejas homosexuales?
– Sí, yo sufrí violencia con una de mis parejas… no es tampoco nada raro. Pasa que es algo que se oculta bastante bien, pero hay violencia entre las parejas homosexuales, entre lesbianas; que no por ser mujeres son menos violentas.

Es un tema candente que el lobby gay trata de ocultar, pero que existe. Por eso digo que no tiene nada de raro mi relato autobiográfico. Es bastante más común de lo que parece.

– ¿Los homosexuales nacen homosexuales?
– La sociedad actual nos ha hecho creer que los homosexuales nacen así y que la gente debe ser buena y tolerante. Y yo misma me creí eso. Fue una verdadera gracia que yo pudiera ver que no podía ser que la homosexualidad fuera buena. Fue difícil ver lo intrínsecamente malo que hay en ella. 

Reconozco que en la antigüedad posiblemente me habrían encarcelado y me habrían ofrecido la conversión a Cristo y no estoy segura de que en esa época lo hubiera comprendido totalmente. Mucho peso tuvo la tremenda vista de la decadencia actual y el propio desorden y vacuidad de mi vida en mi conversión, que quizás no hubiera visto en aquellas épocas. Tampoco me habrían ofrecido una terapia reparativa. Pero tampoco los doctores de épocas pretéritas hubieran podido dislumbrar la confusión de roles en algunos padres o en el entorno. 

En ese tiempo, las mujeres eran bien mujeres y los hombres bien hombres. Y no se discutía eso. Porque simplemente no había nada que discutir, la naturaleza hablaba por sí sola. Y los roles estaban bien asignados. Y eso no era para nada algo represivo o estructurado. Era un simple orden.

Agradezco haber nacido en una época en que la Misericordia y Paciencia de Dios se muestra sobreabundantemente. Lo que es decir mucho para nuestra época.

– ¿Cuál es tu propósito al contarnos este testimonio?
– Mi propósito es decir que no se dejen engañar por las prerrogativas que se imponen desde la moda, la sociedad actual, la televisión, el internet y aún las leyes y los gobiernos de turno sobre lo bueno del mundo gay. 

En varios países incluso ofrecen facilidades burocráticas, sociales y económicas a quienes digan que son homosexuales. Y también leyes que sancionen a todo aquel que hable en contra de la homosexualidad

– Pero, ¿una persona con sentimientos homosexuales puede cambiar?
– Sí, la homosexualidad se puede cambiar. Yo soy católica. No puedo decir que Dios no es indispensable para lograr ese cambio, porque no es así. Pero también es necesaria una voluntad dispuesta a todo, sin medias tintas, lista a quemar las naves. Es un acto de fe. Aún sabiendo que habrá caídas y momentos de total desolación, pero que hay que seguir luchando, sin descanso. Un vicio se adquiere en un día, una virtud puede llevar años adquirirla. No hay que bajar los brazos. Aquellos que ya son de una edad madura y piensan que ya están en la vía, que ya están en medio del baile y que ya no pueden cambiar, les digo que sí pueden. Ninguna edad es tarde para cambiar. Hay que confiar en Dios, que dispuso todo ordenadamente. Y que nos ama.

– ¿La homosexualidad era aceptada en la antigüedad y sólo desde la cristiandad fue condenada?
– Hay quienes dicen que la homosexualidad viene de antiguo. ¿Y con eso qué? El asesinato también viene de antiguo y no por eso lo ponemos por norma. La añejez de una conducta no la avala para decir que es algo inherente al ser humano. Una conducta se convierte en norma cuando forma parte de un orden. Y antiguamente, el ser fecundos, el tener muchos hijos, era algo bien visto en la sociedad (debería serlo hoy también), por el contrario, ser estériles era considerado un mal signo. 

Por tanto, la homosexualidad no podría haber tenido nunca cabida dentro de la sociedad antigua. También hay quien dice que los griegos eran bastantes homosexuales y bisexuales. Obviamente seguro que  habría varios, pero la homosexualidad tampoco estaba bien vista en la Grecia Antigua.

Tampoco voy a entrar en detalles acerca de esto, pero cualquiera que quiera indagar sobre el tema, leyendo de forma profunda sobre la vida de los griegos antiguos, constatará que lo que digo es cierto. La Iglesia se basó en la Revelación, las Antiguas leyes, la Naturaleza y las viejas costumbres para condenar la homosexualidad. No impuso nada nuevo con respecto a este tema, sólo terminó por sentenciar lo que a todas luces era malo.

– ¿Realmente el número de personas homosexuales ronda el 15% o más de la población total?
– Acerca del famoso 15%… es un número que se le transmite a uno cuando ingresa en un ambiente gay. Y uno ve el pequeño grupo que tiene delante y cualquiera que sepa matemática básica sabe que es imposible que los homosexuales sean el 15 % de la población. Y aún cambiando de ciudad, ese pequeño número inferior al 15% no se sostiene.

En las famosas marchas de orgullo gay, hay que reconocer que muchos de los que se suman no son gays, sino que muchos son “simpatizantes” o simplemente les gusta lo exuberante de “la fiesta”. 

Frecuentemente asisten a esas marchas personas de otras ciudades, para “hacer número”. Y en las fotos es fácil hacer parecer que son el gran gentío cuando en realidad no son tantos. También hay que decir que no son las mismas marchas de los años 80 que las de ahora. Ahora hay países que incluso facilitan esas marchas, que son gay friendlyEl tema homosexual ha pasado a ser un tema político. Por tanto ese famoso “15%” puede estar contenido por muchos varios heterosexuales.

– ¿Qué más se oculta detrás de la política pro lobby gay?
– De hecho sobre el tema del SIDA, hay mucho de política detrás del uso de la “victimización” del homosexual con HIV (y digo bien, con HIV y no con SIDA) para dar la imagen del gay abandonado y discriminado por la sociedad

Lo que nadie sabe, lo que se oculta, es que los mismos que militan “defendiendo” a sus compañeros con HIV; son los mismos que los abandonan cuando se les declara el SIDA. Sé de buena fuente que muchos de ellos son abandonados como perros en los hospitales y ni la familia los va a ver. Ni “sus amigos”. Sólo los usan como propagandamás para “para hacer una sociedad más tolerante y comprensiva”. Pura hipocresía.

EL INFIERNO SI EXISTE

EL INFIERNO SI EXISTE. FUE MOSTRADO EN UNA VISIÓN A TRAVES DE UN SUEÑO A UN SACERDOTE CATÓLICO

Impactante y espantoso relato de un Sacerdote que fue visitado por un ángel quien lo llevó al infierno para que viera en las condiciones que se encuentran las almas condenadas. Este testimonio es uno de mucha importancia porque nos trae la realidad que viven aquellos que rechazaron el amor de Dios. ¿Está usted dispuesto a aceptar a Dios o también lo rechaza? Le invito a que lea el siguiente testimonio y luego decida cuál camino quiere seguir…

Apocalipsis 21, 8: «… los impíos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre y allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos…» 

El Sueño del Infierno

Después de los sueños que tuviera la semana pasada y que fueron, mas o menos contados en estas páginas, no tenía dudas de que el ángel se me apareciera, nuevamente, para llevarme al Infierno. Los dos primeros paseos que el me dio, me alegraron bastante, sobre todo el del Cielo. Pero, haciendo la promesa de llevarme al Infierno, no tuve más tranquilidad.

Mientras tanto, yo debería visitar el lugar de los reprobados en la condenación eterna, para examinar de cerca, los horrores sufridos por las almas condenadas, por causa de sus pecados cometidos en la tierra. Hacia muchas noches que dormía sobresaltado. Y pensaba:

¿Mi Dios será que el sueño sucederá?

Y rezaba, rezaba mucho, pidiéndole a Dios que me dispensara de ver el sufrimiento de las almas del Infierno.
Y algunos días pasaron.
Pero, cuando fui esta noche, soñé, al final…
Soñé que el mismo ángel, de fisonomía alegre y tan divina, que me había llevado al Cielo, y, antes al Purgatorio, se presentaba delante de mí, con semblante cargado y austero. Pregunté:

¿Porqué estas tan serio?

El Infierno es tan horrible que los mismos ángeles de Dios se transforman cuando tienen que ir a el, en el cumplimiento de alguna misión. Yo mismo no deseaba mostrárselo a nadie, pero esta es la tercera vez que tengo encargado de hacerlo.

Pues, pensé para mi mismo:

¡Si este ángel quien mora en el Cielo y lo puede todo, no desea ir al Infierno, cuánto mas yo!

Y me recuerdo que en el sueño, me arrodillaba en el suelo y le decía al ángel que yo tampoco quería ir, pero, si esa era la voluntad de Dios, estaba listo. Le pedí que me ayudara a no estar impresionado con lo que tuviese que ver allá.

El me respondió que Dios quería que yo observara los horrores de la condenación eterna, por causa de mi misión de Sacerdote, a fin de que pudiese predicar mejor contra el pecado.

Y diciéndome estas palabras, me sujetó por la cintura y de repente nos encontramos en el espacio volando por entre nubes pesadas y amenazadoras.

Tengo miedo, exclamé.

Y me abracé con mi protector, cuya fisonomía cada vez me abatía más. Noté entonces que, al contrario de otras veces, íbamos descendiendo. Y aquella sensación desagradable de que iba a llevar una gran caída, me asustaba en cada momento. Pensaba, de instante en instante, que algún obstáculo se presentara delante de nosotros y mi corazón estaba tan pequeño como si fuera a dejar de bombear. Esto se acentuaba mas cuando entramos en una nube espesa, oscura, aterradora. Tenía la impresión horrible de que algo extraordinario estaba a punto de suceder y comencé a llorar.

El ángel me abrazó con cariño y me dice:

No temas nada. Estas con mi asistencia y tengo poderes de Dios para protegerte.

Y queriendo distraerme un poco, añadió:

¡Mira para arriba!

Fue entonces que, por primera vez observé la Tierra distanciándose de nosotros. Perdida en el espacio, girando, vertiginosamente, y en la proporción que descendíamos, ella se volvía cada vez menor.

Un viento caliente como si fuera de un horno comenzó a soplar. Tenía los labios resecos, los ojos hinchados y las orejas prendidas en fuego. ¿Mi Dios, qué será de mí? El ángel no hablaba. Estaba serio y preocupado, continuaba sujetándome por la cintura. Aquel su brazo era el único alivio que experimentaba en aquellas circunstancias.
Y la certeza de que habría de protegerme, me daba aliento para continuar aquel misterioso viaje.

Pero en instantes escuché una voz que me parecía tan sobrecogedora, tan cavernosa, como si fuese de asombro:

¡Estamos llegando!

Era el ángel anunciando que estábamos próximos a la gran puerta del Infierno.

¿Porqué tu vos suena tan diferente? Le pregunté.

Es pura impresión respondió él. El Infierno es así, las cosas son siempre muy pavorosas…

Y aquella voz, antes tan suave y delicada, ahora parecía un sollozo del infinito.
¡Allí está la grande y amplia puerta del Infierno!

El ángel me apuntó para abajo, donde podía ver una enorme ráfaga de humo negra, dejando trasparecer, por las rendijas de las puertas, un fuego aterrador, que parecía consumir todo lo de adentro.

¿Será que el fuego está destruyendo el Infierno? Pregunté.

¡No! Respondió el ángel. El fuego del Infierno es eterno y no se acaba nunca. Ni tampoco consume las almas que moran allí. ¡Ellas son quemadas, mas no destruidas!

Nos aproximábamos cada vez más a la puerta grande.
Ahora disminuía la velocidad de nuestro descender y podíamos ver claramente por las pasaduras de la puerta, el fuego caliente y voraz de infelicidad eterna.

Llegamos.

Aquí, todo es fácil dice el ángel. Entra sin ninguna complicación, acaba de hacer la señal.
Además, no precisa, que ya están ahí en la sala de espera. Piensan que somos condenados.

Miré para un lado y me encontré con más de un centenar de demonios. Espectáculo horrible, que no quería describir.
Eran como grandes hombres, con colas y cuernos, trayendo en las manos, unas grandes rastrillos tan caliente como si fueran de hierro incandescente. Cuando abrían la boca, dejaban salir llamas de fuego por entre los dientes y los ojos estaban abiertos de par en par casi fuera de órbita. Sus brazos se extendieron y las manos parecían abordar la celebración de la terrible arma.

Agarré fuertemente a mi compañero, sintiendo la calentura de una de aquellas feas bocas abiertas junto a mi rostro, cuando una risa infernal, histérica como de un loco, se hizo oír por las quebradas del Infierno. Parecía un trueno retumbando por la eternidad.

¿Qué es eso? Pregunté asustadísimo.

Es la señal que ellos dan cuando llegan almas para su reino. Esta risa horrible es de satisfacción que ellos sienten en su triunfo pasajero en contra de Dios.

Cuando así me explicaba, el ángel puso su espada de oro y apuntó para los demonios aglomerados delante de nosotros, exclamando:

Vine de parte de Dios, váyanse enseguida.

Al escuchar el nombre de Dios, los diablos se habían ido, con gran alboroto y relinchando de rebelión, dejando cada uno tras otro, un rastro de fuego, dando rugidos que agitan las puertas de la entrada infernal.

Ahora estamos solos. Nadie nos molestará. Lee aquella inscripción.

Obedeciendo la indicación de mi protector, levanté los ojos para lo alto de la puerta del infierno y leí estas palabras:

«¡Ustedes que entran aquí, dejen afuera todas sus esperanzas porque nunca mas saldrán de aquí!»

Esta leyenda está escrita en letras de fuego y solo pensar en el destino de los condenados al fuego eterno, me estremecí de horror.

¿Vamos a entrar? Me invito el ángel.

Cuando miramos para la puerta, vimos que estaba completamente descascarada. Adentro ya, un cuadro horrible se me presentó ante mis ojos. Eran unas almas envueltas en grades hogueras, cuyas llamas devoraban amenazadoramente, las paredes tétricas de la cárcel de Infierno. Me fui aproximando, lentamente, completamente asombrado, aquellos infelices que proferían y rugían como fieras embravecidas. Delante de mi espanto me dice el ángel:

Eso aquí no es nada. Estamos en el primer grado de condenación eterna.

Y marchando mas rápidamente exclamó:

Ven conmigo.

Atravesamos un mar de fuego, donde los demonios histéricos daban risas de locos, abriendo aquellas enormes bocas cerca de mi cara, dejándome temblando de pavor. Un aliento caliente salía de sus entrañas, viniendo a borbotones una fumarada fétida, congestión, más todavía, los infelices.
El ángel me mostró un departamento de los que estaban todavía esperando el grado de condenación que Lucifer, el jefe del Infierno les daría dentro de pocos días. Ví en estas almas una fisonomía pavorosa de sufrimiento. Ímpetu de revuelta, una constante proliferación de improperios salían de sus bocas ardientes. Allí se escuchaba llanto y más adelante, el desespero que oímos de rencor. Millares de demonios robustos, armados con rastrillos, empujaban a estas almas para el interior de un oscuro agujero donde solo había llanto y rechinar de dientes.
Cerré los ojos para no presenciar más aquel doloroso espectáculo y fui amparado por mi amigo que se aproximó a mí. Me confortó:

Dios quiso que vieras estas escenas, pero nada sufrirás.

¡Pero yo no soporto eso! Exclamé.

Y salimos los dos para un lugar mas calmado.

Quiero mostrarte diversos castigos impuestos a las almas de acuerdo con la calidad de los pecados de cada criatura.

En este momento pasaron dos demonios terribles dando risas que parecían retumbar de fuertes truenos.

¿De dónde vienen ellos? Pregunté.

Vienen de la Tierra. Fueron a buscar un moribundo que acaba de morir. No quiso confesarse y murió en pecado.

Y, apuntándome para la infeliz criatura dice:

¡Mira quien es él!

Cuando miré, me encontré con uno de mis amigos que, realmente, estaba enfermo en la Tierra. Cuando me vio, abrió los ojos, rechinó sus dientes y se contorsionó convulsivamente, revolcándose en el suelo caliente del infierno, dejándome temblando de agonía y miedo.
Quedé impresionado con la muerte y la condenación de mi amigo.

Si yo estuviese en la Tierra, habría conseguido confesarlo.

Imposible, dice el ángel. Rechazó la gracia de Dios y fue despreciado a sus propios destinos.

Llegamos, finalmente, a un lugar descampado, donde el ángel me mostró varias especies de sufrimientos.
En nuestro pasaje, rostros contorcidos por la amargura de dolor parecían querer devorarnos con sus ojos. Los brazos descarnados por el fuego se extendían hacia nuestra dirección. Cómo pedir socorro que no podíamos dar. Comencé a sentirme mal en aquel ambiente de sufrimiento y abracé al ángel, llorando convulsivamente.

¿Tienes miedo?

Tengo, sí. Sobretodo pena por estas almas. Pienso en porqué fue que se condenaron. ¿De quién sería la culpa? ¿De ellas propias?

¡En tu pregunta, leo tu pensamiento…se lo que quieres decir!

Si querido ángel. Pienso en la gran responsabilidad de los Sacerdotes. ¿Muchos se pierden por nuestra negligencia, no es verdad?
Realmente, pues no.

En el Cielo, no me quisiste mostrar el lugar de gloria de los padres. ¿Será que vas a mostrarme aquí su condenación?

Fue una orden que recibí de Dios. Mostrarte el lugar donde están las almas de los padres que no se salvaron.

A medida que marchábamos, el espectáculo de horror iba creciendo. El ángel me dice:

Recuerda que este sufrimiento aquí es eterno. En le Purgatorio todavía hay esperanza de salvación. Pero aquí, todo termina con la entrada del condenado a esta ciudad maldita.

Y volteándose rápidamente para mí, añadió:

¿Pero, sabes cuál es el mayor sufrimiento en el Infierno? Es la ausencia de Dios. El saber que existe una felicidad suprema, un lugar de tranquilidad donde todos nuestros deseos son satisfechos, un lugar de gloria, donde no hay dolores ni lamentos, para el cual fueron todos creados, sin poder, nunca más, salir de aquí. Y lo peor todavía es que las almas condenadas saben perfectamente que están aquí por libre y espontánea voluntad. ¡Dejar al Cielo por este sufrimiento eterno!

Así pues, ¿La ausencia de Dios es todavía peor que eso?

Y, sí. Este sufrimiento es impuesto por el propio pecado. Recuerda, por lo tanto, que el hombre fue hecho para Dios, pues Dios es su último fin. ¡Y no tienen a Dios! Siempre tendrán ese eterno deseo, esa eterna insatisfacción.

Íbamos caminando.
El ángel me mostró una gran cantidad de espinas.

Son almas me explico. Es una especie de sufrimiento. ¿Quieres ver?

Y, aproximándonos retorcidos cuernos en el suelo, uno de los capturados se partió el cuerno por el medio.

Dios mío, ¿qué ví?

La sangre corriendo de aquel cuerno partido, gotereando en el piso, una sangre caliente, oscura, gruesa, y luego un gemido lastimoso y profundo parecía salir de aquellos cuernos recubiertos de espinas, moviéndose, misteriosamente en el suelo.

Este sufrimiento esta reservado para las personas que, en vida, pecaban humillando y despreciando al prójimo, dice el ángel.

Y continuó su presentación, al mismo tiempo que explicaba los respectivos sufrimientos.
¿Ves este mar de lodo?

Lo veo, sí.

Son almas transformadas en lodo…Aquí en el Infierno es así que el pecado de las bajezas, de las hipocresías, de las traiciones es castigado.

Ví, enseguida, un enorme tanque, conteniendo una gran cantidad de plomo derretido.

¡Son las almas de los ambiciosos!

Más adelante, aquel depósito de oro gigante incandescente:

Las almas de los ricos y avaros son castigadas aquí, siendo transformadas en oro derretido.

Ahora, vamos atravesando un río de sangre.

¡Son almas de los asesinos!

Hasta que llegamos a un lugar exquisito, donde el ángel paró, ¡diciéndome que yo iba a ver lo que jamás pensaba ver!

Es un lugar de misterio dice el ángel.

¿Qué misterio?

Un lugar misterioso, diferente a los otros, donde están las almas predilectas de Satanás…

¿Las almas predilectas de Satanás? ¿Quiénes son ellas?

Predilectas de Satanás y de Dios también…

Yo estaba jadeante, con una respiración de desespero, sin saber de que se trataba. En cuanto el ángel seguía su explicación.

Estas almas son escogidas por Dios para un lugar destacado en el Cielo. Pero Satanás con envidia, las desea más que a otras y manda legiones de demonios para la Tierra para buscarlas. Ellos tienen orden de Lucifer de emplear todos los medios para que se pierdan.

Pues, ¿por qué no me dices quienes son esas almas?

Porque las vas a ver dentro de poco.

Y, apuntándome para unas nubes de fuego, me mostró algunos demonios que viven en agonías horribles, acompañados por las vociferaciones proferidas de una alma que no podía saber quien era.

¿Qué alma es esta? Pregunté.

¡Pobre alma! Exclamó el ángel. Alma querida de Dios, hecha por Dios para salvar al mundo, para dar santos al mundo y, ahora, aquí se quedará eternamente sin poder gozar de la gran recompensa que Dios le había reservado.

Querido ángel, dime, ¿de quién se trata?

Su lugar estará vacío por siempre en el Cielo. Jamás será ocupado por otra alma.

Y los demonios pasaron por nosotros, dejándonos envueltos en una nube de fuego que los cercaba con su preciosa presa.

Ahora vas a saber de quién es esta alma. Ellos van a abrir la cárcel de esta infeliz criatura. ¡Ella estará junto a otras compañeras de eterno infortunio! Ves, están abriendo la puerta.

Mis ojos estaban pegados a la gran puerta, delante de nosotros. Mi corazón pulsaba tan fuerte, que no podía permanecer de pie. Mis piernas temblaban, estaba lleno de gran pánico hasta que sentí desvanecer mis fuerzas. Le aseguré al ángel diciendo:

Me voy a desmayar…

No, dice el ángel.

¡El poder de Dios te dará la fuerza porque todavía veras otra cosa peor!

Y, caído en el piso caliente del Infierno, a los pies de mi protector, fui siguiendo los movimientos de los demonios, abriendo aquella cárcel de misterio. Un estruendo horroroso sacudió toda aquella sala inmensa, hasta el final, de sus puertas descascaradas.
En este momento, levantándome por el brazo, me dice el ángel:

¡Mira las almas que están adentro!

¡Las miré! ¡Mi Dios, que aflicción, que dolor tan profundo tenía todo mi ser. ¡No puedo creer lo que veo!

Y, mirando fijamente aquellos animales horribles, aquellas bestias horrorosas, en contorciones y espasmos horripilantes, exclamó el ángel:

¡Ahí están ellas! Son las almas de todas las madres que se condenaron. Las almas predilectas de Dios, las almas queridas de Dios, aquellas por quienes Dios tenía más predilección. Ellas, las almas de las infelices madres que no supieron ser madres, que despreciaron el gran privilegio de la maternidad, que descuidaron a sus hijos, dejando que muchos se perdieran por causa de su negligencia.

Yo miraba, atónito, aquel espectáculo tenebroso, en el que asquerosos demonios, amenazadores como perros furiosos, se arrojaban sobre aquellas almas transformadas en insectos, como para querer devorarlas, espetando las puntas de sus rastrillos incandescentes.

¡Pobres madres! Pensé. Es así que ellas, las descuidadas, son condenadas por el
Descuido en que vivieron. Las madres, las que fueron elevadas a la misma dignidad de Nuestra Señora, más no quisieron escuchar la voz de Dios que las llamó para desempeñar tan alta misión.

Mientras yo estaba tan absorto en mis pensamientos, ví a otro grupo de demonios que arrastraban otra madre que entró en la condenación eterna. Fue entonces que levantando los ojos pude leer en el techo de esa horrible prisión, las siguientes palabras, como un macabro homenaje a las madres que estaban allí.

«¡Estas son nuestras colaboradoras, en la gran obra de perdición del mundo!»

Viéndome leer esta inscripción, interrumpió el ángel.

Sí, porque si todas las madres fuesen santas, piadosas y educaran cristianamente a sus hijos, el mundo no sería tan malo. No habría juventud pervertida, ni la juventud de hoy en día se vería amenazada constante a la subversión del orden.

¿Esto significa que la santidad del mundo se debe, exclusivamente, a las madres? , Le pregunté.
Exclusivamente, no, respondió el ángel.

Y haciendo hincapié en las palabras, añadió:
Casi exclusivamente. Digo esto porque hay otra clase de personas a las que Dios confió la salvación de las almas y la santidad de la vida.

¿Los sacerdotes? , Le pregunté.

Sí, Dios les confió la salvación del mundo a las madres y a los sacerdotes. Por lo tanto, le reservó los mejores lugares en el cielo, así como Lucifer les reserva el mayor sufrimiento en el infierno.
Y una pregunta que constituye un verdadero reto para mí:

¿Quieres ver dónde están las almas de los sacerdotes que no se salvan? ¿Tienes valor?
En ese momento, estaba mudo del terror. Una extraña angustia y sentí una sensación que iba a caer en un abismo.

¡Si esta es la voluntad de Dios, exclamé, deseo ver a mis hermanos en el sacerdocio!

¡Por lo tanto, debemos salir de aquí replicó el ángel. Las madres y los padres están en el mismo pie de igualdad de sufrimiento en la condenación eterna. ¡Ves que la puerta que se está abriendo!

Entonces oí el crujido de las bisagras que giraban en sí mismas, mientras que dos bandas de las puertas se abrían para el paso a otro sacerdote que estaba llegando al Infierno.

Un cuadro impresionante que ví en este sueño, lo daría todo para terminar lo antes posible. A través de muchos cuerpos sin cabeza, sin piernas, sólo el tronco, pasando de unos invisibles brazos extendidos, por algo que no estaba allí.

¡Es el deseo de Dios! dijo el ángel. No tienen piernas, porque ellas le fueron dadas para que caminasen por el mundo, en la faena gloriosa de la predicación del Evangelio a todos los pueblos. Como utilizaron su caminar al servicio del mal, aquí tienen que moverse sin piernas. Y no tienen cabeza, porque Dios les dio ojos, oídos, boca, nariz, cerebro y el pensamiento para ser aplicados en la conquista de las almas al servicio de la regeneración del mundo y la restauración del reino de Cristo.

A través de la palabra y de pensamiento, los sacerdotes deberían santificar a toda la humanidad. Como no hicieron la voluntad de Dios, a pesar de ser llamados por Él a la noble misión, en el infierno son castigados por separado: los cuerpos de un lado, como acabamos de ver y la cabeza de otro, las piernas juntas. Cosa monstruosa. ¿Quieres ver?

Y el ángel me llevó a un lugar oscuro donde el humo tenía un aborrecido olor de carne humana quemada. Estábamos caminando. De repente, se reunieron horribles monstruos. Eran cabezas en las que se veían ojos brotados y bocas desmedidamente abiertas, queriendo pronunciar palabras que no salían. Inmediatamente, en relación con estas cabezas, dos piernas que se movían, sin abandonar el lugar.

Y los demonios que se divertían con la posición de aquellos monstruos lisiados envueltos en llamaradas de fuego que devora, quema, mientras que grujidos de animales amordazados se escuchaban en aquella sala fétida y congestionada. Era el lugar más caliente que encontramos en el Infierno.

Y pensar el ángel dice, que estas almas son hermanas en Cristo son otros Cristos. Y pensar que, en el cielo, las almas de los sacerdotes son más veneradas que a la Virgen, la Madre de Dios. Y pensar que en el cielo, los sacerdotes de Dios, viven juntos, disfrutando de su propia gloria, porque a ellos se les encomendó la continuación de la gran obra de redención de la humanidad. ¡Aquí están ellos, los Sacerdotes que se condenaron…!

De repente, un monstruoso demonio, cerca de mí, tocó una trompeta.
Vamos a ver qué Lucifer va a decir observó el ángel. Debe ser una orden que va a dar.
Escuché el sonido estridente de la trompeta, que resuena en todo el Infierno, miles de demonios allí se presentaron, en unos instantes, y como predijo mi protector, oyó que el diablo jefe de aquel bando, dar las siguientes instrucciones:

Sabía que la potencia máxima que impulsa todos los demonios del infierno que hay en la Tierra, un niño de doce años, que será santo, si continúa en el camino que va. No podemos permitir más este tipo de victoria… (y aquel demonio no pronunció el nombre de Dios, pero todos entendieron, con un rugido aterrador que rodó por el espacio sin fin del Infierno).

¡Tenemos que conquistar el alma para nosotros, continuó Satanás, para nuestro fuego! (Esta vez, se oyó una risa frenética, lo que refleja la satisfacción infernal de aquellos demonios). Nuestro trabajo siguió diciendo el demonio, será hacer que aquel niño compre muchas revistas maliciosas, ir a todas las películas en los cines, asistir en todas las novelas de televisión, ver todos los programas, hacer amistades con elementos que ya son de nosotros.

Debe desobedecer, a menudo a su madre, huyendo de la casa y caminar por las calles de aprendiendo lo que todavía no conoce. Tenemos que hacer también un servicio junto a su madre que es muy piadosa. Ella deberá asistir a las fiestas a fin de dejar al niño más a su voluntad. Debemos emplear todos los medios para asegurar que este chico se pierda, porque está escrito que va a morir pronto a causa de una operación que se va a someter, dentro de unos días. (Nueva risa histérica se oyó en todo el Infierno.) Ese chico debería perderse dice el diablo, ésta será nuestra más importante conquista.

Ordeno, en el nombre de Lucifer, que salgan todos ustedes (y eran miles los que estaban allí) a la Tierra inmediatamente. Cuando exista en la calle, un niño de nuestro rebaño, procuren hacerlo amigo del que queremos para nosotros, utilizando para ello todos los medios. Busquen cual es la mejor manera de comenzar desde su casa, hagan que alguien le de con una pelota, para que se una a los niños de su calle, que ya son nuestros, para jugar al fútbol, donde aprenden todo tipo de malas palabras e inmoralidades. Ahí es que tienen que quedarse ustedes, en medio de esos niños de la calle, sueltos, sin madres, esto es, cuyas madres también son nuestras, para que se pierda esta presa de nuestro enemigo común… (¡Nueva explosión, con chispas y truenos!).

En este punto, me desperté, gracias a Dios.

Me senté en la cama rápidamente. Era el amanecer y el sol estaba saliendo. Estaba atontado de la agonía, aterrado con el sueño, una verdadera pesadilla. Me arrodillé y recé. Oré mucho a Dios, una oración que yo solamente se rezar, pidiéndole sobre todo que me librara de estas pesadillas.

Después, la proporción se iba calmando, recordé que debería pedir una Misa y debería ser de esto mismo por la intención de aquel niño, que yo no sabía quien era, pero que Dios bien lo sabía. Celebraría Misa por aquella criatura y por su madre pidiendo a Dios que les diera las fuerzas para no sucumbir en las tentaciones de los millares de demonios que habían salido del Infierno para tentarlos aquí en la Tierra.

Y fui a celebrar mi Misa.

Cuando llegué a la sacristía, una señora, muy amiga mía, se aproximó y me dice:

Padre, hoy es el cumpleaños de mi hijo, Roberto, su alumno. Vine a preguntarle si sería posible celebrar esa Misa por él. Está necesitando muchas oraciones. Últimamente, está desobedeciendo varias veces. Ha hecho amistades en la calle, con las que no estoy satisfecha. Inventó un fútbol, en la equina, juntándose a una media docena de chicos y he notado muchos cambios en él en éstos últimos días. La semana pasada, comenzó a sentir unos dolores en la pierna derecha. Lo llevé al médico que descubrió una hernia ya avanzada, tienen que operarlo. Hoy es su cumpleaños. Hay padre, ¿podría celebrar la Misa por esa intención?

Yo meditativo, vago, impresionado, abrí los labios y balbucee:

Pues no…mi señora…voy a celebrar por él…

Y viendo mi confusión, mis palabras entrecortadas, preguntó la señora:

Padre, ¿está enfermo?

A lo que respondí;

Estoy, mi señora. Estoy enfermo…Pero, quede tranquila que haré la Misa por su hijo, por mi alumno Roberto, y él volverá a ser el que siempre fue: un hijo piadoso, obediente, ¡santo!

Comentario: El Infierno

La Sagrada Escritura habla de la realidad del Infierno. Nuestro Señor Jesucristo habló más sobre el Infierno que del Cielo.
El dogma de la fe de nuestra Santa Iglesia que las almas de los que mueren en estado de pecado mortal van hacia el Infierno.
El infierno es un lugar en estado de desgracia eterna en el que se hayan las almas de los reprobados, esto es, condenados.

La Sagrada Escritura es rica en pasajes sobre el Infierno. Segunda de Daniel 12, 2 los impíos resucitarán para eterna vergüenza y oprobio. Lea aún más en Judit 16, 17 y compare con Isaías 66, 24. También trata de esa terrible verdad, el Infierno, el libro de Sabiduría 4, 19 conforme 3, 10; 6, 5 ss.
Nuestro Señor amenaza a los fariseos con el castigo del Infierno (Mateo 5, 22.29-30; 10, 28; 18, 9; 23, 15.33: Marcos 9, 43.45-47). Nuestro Señor afirma clara y categóricamente que el Infierno es un suplicio eterno, fuego eterno, fuego que no se extingue. (Mateo 25, 41; 3,12; Marcos 9, 43; Mateo 13, 42.50; Mateo 25, 46).

Lugar de tinieblas (Mateo 8, 12; 22, 13; 25, 30). Lugar de llanto y rechinar de dientes (Mateo 13, 42.50; 24, 51; Lucas 13, 28). San Pablo da el siguiente testimonio: «Esos (los que no conocieron a Dios ni obedecieron el Evangelio) serán castigados a la eterna ruina lejos de la cara del Señor y de la gloria de Su poder (II Tesalonicenses 1, 8-9, conforme Romanos 2, 6-9; Hebreos 10, 26-31). Segundo Apocalipsis 21, 8 los impíos tendrán su parte en el tanque que arde con fuego y azufre y allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Apocalipsis 20, 10 conforme II Pedro 2, 4-6 e Judas 7). Da testimonio unánime de la realidad del Infierno, los padres de la Iglesia (discípulos los apóstoles y sucesores) y mencionamos apenas el santo mártir Ignacio de Antioquia, segundo sucesor de San Pedro en Antioquia que así mismo escribió: «Todo aquel que por su pésima doctrina corrompa la fe de Dios por la cual fue crucificado Jesucristo, ira para el fuego que no se extingue y a todos los que le escuchan» Que palabras terribles, que destino terrible, para los heréticos y apostatas que niegan la doctrina católica, que dejan la verdadera y única religión: La Católica, cometen una locura de fundar una nueva «iglesia» para sustituir la instituida por Nuestro Señor. Santo Ignacio dice: Para los heréticos, apostatas y los que les siguen. Procuremos oír los sabios consejos de San Judas (Judas 17-24).

No nos olvidemos que es dogma de fe que el Infierno dura por toda la eternidad. La palabra griega aionios, que se traduce «aquello que no tiene fin» refiriéndose a la eternidad del Infierno es la misma utilizado para hablar de la vida eterna (Juan 3, 16), para hablar de la eternidad de Dios (Romanos 16, 26). Intencionalmente Dios usó esa misma palabra para hablar del Infierno (Apocalipsis 14, 11).

Aionios no tiene significado doble. Sí ella nos revela que Dios es eterno y que lo que recibimos, si perseveramos en la fe católica, es eterno, entonces debe significar que el Infierno también es eterno.

¿Por qué existen personas que no creen en la existencia del Infierno? La negación de esa verdad no es un problema intelectual y si moral. En verdad son personas que no quieren cambiar de vida. Quieren vivir esclavizadas a los pecados de la carne y después ir para el Cielo. Ya decía Charles Baudelaire: «La mas bella astucia del diablo esta en el hecho de persuadirnos de que él, el diablo, no existe» y consecuentemente también que el Infierno no existe.

Se habla tan poco sobre del diablo, sobre el Infierno, sobre la muerte. Son los falsos profetas que tienen miedo de hablar de esas cosas y viven, ni un segundo la Palabra de Dios, pero si con ideas planteadas por la mentalidad dominante.
Nuestro Señor, repetimos, habló mas sobre el Infierno que sobre el Cielo, la Eucaristía, la Virgen Maria, porque El, que es Todo Amor, quiere que los hombres tengan ese conocimiento del terrible destino en que pueden caer con su rechazo al amor de Dios y la gracia salvadora que él les está ofreciendo.

Es bueno aclarar que las descripciones que la Biblia hace del Infierno son apenas indicios y una sombra pálida de la realidad.
Nuestra imaginación es incapaz de retratar de cualquier manera el horror del Infierno. Toda descripción sobre el Infierno esta muy lejos de la realidad. El Infierno es infinitamente más terrible de lo que se nos revela en la Sagrada Escritura y nos narra el sueño de Monsenhor Eymard.

Una buena confesión, una participación piadosa en las Misas dominicales, el amor a los hermanos, con buenas obras son señales de verdadera fe en Jesucristo. Esa es la verdadera fe católica que nos salva del Infierno y nos lleva para el Cielo. Hay dos caminos que llevan a la Eternidad: El Cielo o el Infierno, ¿Cuál de ellos escoge el lector?

Si quieren ir al Cielo, arrepiéntanse de sus pecados y procuren hoy mismo un Sacerdote piadoso católico y haga una buena confesión y nunca más se pierda una Misa los domingos – el Día del Señor.

Si el lector rechaza creer en la realidad del Infierno, me resta recordarle las palabras de Jesús:

«Loco, esta noche te pediré tu alma…» (Lucas 12, 20).
Diácono Francisco Almeida Araújo

ORACIÓN
¡Oh mi buen Dios que eres todo amor, yo te doy gracias por el don de la fe, doy gracias por Tu Santa Iglesia, doy gracias por ser católico, doy gracias por la esperanza del Cielo, doy gracias por la Escuela de Amor que es el Purgatorio para prepararnos mejor para las delicias del Cielo y te pido: ten misericordia de los pecadores y concede a Tu Iglesia un profundo amor a las almas para que den testimonio de Tu Evangelio con la palabra de de la vida! ¡Amén!

Vida Monástica con las Dominicas de Lerma

Ni catequesis ni charlas, solo la Eucaristía y el testimonio 

Lista de espera para hacer las Jornadas de Vida Monástica con las Dominicas de Lerma 

«La Nueva Evangelización parte del encuentro personal con Cristo», afirma sor Leticia, Maestra de Novicias. 

Actualizado 11 abril 2012 

Jesús García/Alba

Un sábado cualquiera, un grupo indefinido de jóvenes se sienta ante uno definido de monjas de clausura. Ellos callan, escuchan y observan. Ellas cuentan cómo un día cambió su vida. No hablan tanto de su vocación, sino de haber conocido a Cristo en persona. Los chicos permanecen durante horas pegados a la silla. Al cabo de unas horas pasan a la capilla, en silencio. Ni catequesis ni charlas. Tan solo la Eucaristía expuesta en el altar. No saben cómo, pero se ha iniciado una nueva relación con Cristo. No con Cristo muerto, sino con Cristo resucitado.

“Todo se inició casi sin querer. Acondicionamos fuera del monasterio un albergue para recibir visitas y un fin de semana, un grupo de amigos decidió pasarlo aquí. Les ofrecimos un rato de compartir con ellos y la experiencia fue inolvidable. Marcó un antes y un después en sus vidas, y también en la nuestra”. Lo explica sor Leticia, Maestra de Novicias del monasterio de san Blas, de las Dominicas de Lerma, y lo hace con el entusiasmo de quien está viendo con sus propios ojos cómo muchos jóvenes reconocen a Cristo en la experiencia monástica. “Desde entonces, han sido pocos los fines de semana que no hayan venido a pasar con nosotras lo que hemos llamado Jornadas Monásticas”.

Así es como han llamado al simple hecho de pasar con ellas un fin de semana, viviendo en el albergue externo al monasterio, pero compartiendo con ellas la práctica totalidad del día. La dinámica de las Jornadas es muy sencilla, como explica sor Leticia. “Testimonios y oración. Ni catequesis ni charlas. Eso vendrá después, o no, en la medida de lo que suceda, pero para encontrarse con Cristo no son necesarias. Se trata de una evangelización vivencial, no teológica ni teórica, en la que cada una de nosotras damos testimonio de cómo hay Alguien que puede cambiar tu vida, si le dejas, igual que cambió la nuestra”. De este modo, si alguien se siente presionado ha de saber que “los jóvenes que vienen no tienen que hacer nada más que venir. El resto lo ponemos nosotras, porque la idea es compartir, anunciar el Kerigma de nuestra vida, que Cristo está vivo y se le podemos presentar.

“La primera reacción para muchos es que dicen: anda, sin estas tías son normales- explica sor Leticia-, porque les contamos cómo fue nuestro encuentro con el Señor, y ven que también somos pecadoras y que en nuestra vida hubo muchos dolores y sufrimientos”.

La monja burgalesa tiene claro que para poner en práctica la Nueva Evangelización “hay que partir de la misericordia, de la salvación que nos ha sido dada, no de la que nos tenemos que ganar, porque eso es imposible. Hay que anunciar a Cristo, que viene a sanar a los que están mal, no a los que están bien. El problema por el que muchos jóvenes se alejan de la Iglesia es porque se reconocen incapaces de cumplir con la moral, y se cansan. Pero cuando la gente se entera de que ya han sido salvados y de que lo único que tiene que hacer es aceptar esa salvación, se da el encuentro personal con Cristo, que es lo que cambia una vida de arriba abajo. Para la hermana que fuera en tiempos campeona de España de esgrima, “una cosa es vivir con el pecado y otra vivir del pecado. Todos tenemos pecados y todos somos pecadores. Por eso existe la confesión, porque nadie es puro y perfecto. Otra cosa es que hagas del pecado tu vida, pero hay que tener claro que para vivir ese encuentro con el Señor hay que ser un pecador, hay que venir aquí con tu dolor y tu miseria, porque es ahí, donde nadie te ama, donde te vas a sentir amado por Dios, donde le vas a necesitar. Te vas a reconocer necesitado de ese Alguien que no te rechaza a pesar de todo, sino que te acoge, y sin que tú no tengas que hacer nada, solo aceptarlo. Ese es el amor de Dios que tantos desconocen, porque se les ha presentado mal a Dios, pero Cristo está deseando encontrarse con ellos, como se encontró conmigo sin ser yo perfecta, ni de lejos”.

Las Jornadas Monástica están abiertas tanto a grupos de chicas como de chicos, o mixtos, y por el Monasterio ha pasado gente de todo tipo, “desde curiosos por ver cómo viven las monjas o personas que buscan el sentido de su vida, hasta gente profundamente rebotada, porque la Iglesia está llena de bautizados que le dieron una patada a la Iglesia en algún momento de su vida. Ellos no conocieron a Cristo, sino la moral. El amor te llevará a la moral, a la vocación, a la religiosidad, pero la moral no es el camino hacia el amor. La moral sin amor es insoportable. Hace falta conocer a Cristo para entender y asumir esa doctrina. La Nueva Evangelización pasa por un encuentro personal con Cristo, con todos tus pecados y toda tu historia. A veces es una historia insoportable, pero es que no la tienes que soportar, porque Cristo ya ha vencido a tu pecado. Cuando le conoces, todo fluye, todo va bien, todo cambia”.

Tras el tiempo de testimonios las monjas pasan a la oración, ante los ojos atónitos de aquellos por los que rezan. “Pedimos al padre por ellos, les imponemos las manos, como nos dijo Santiago: orad los unos por los otros. Luego les sentamos durante más de una hora delante del Señor, en silencio, ante la Eucaristía. Ahí no hay charla que valga ni catequesis. Son solos Dios y ellos, y es ahí donde se debe dar la primera conversación, que eso es la oración”. Siendo consciente de lo difícil que puede resultar para muchos el tema de la oración, sor Leticia explica que “orar no es pedir, sino hablar. No se trata de que pidas por tu padre a Dios, sino de que le hables de tu padre a Dios, o de tu hermana, o de tu amigo, o de ti. Cuando pides algo concreto, estás ya condicionado para ver la obra de Dios en tu vida, porque has creado una expectativa. Cuando hablas con Dios, cuando le expones una problemática, y le dejas hacer, Él te va a sorprender, porque Dios siempre escucha y siempre responde, nunca calla”.

Sor Leticia cuenta cómo han visto a jóvenes con historias complicadas, difíciles, llorar como niños al darse cuenta de que “son amados, porque Dios nos ama hasta morir. Lo que pasa es que cuantas veces nos ha parecido que Dios está en las nubes y nosotros por aquí dando vueltas. No, Cristo se hizo hombre como ellos, solo hace falta que se encuentren, eso es lo que cambia el chip, lo que rompe con una trayectoria vital”.

Las Jornadas Monásticas no buscan el suscitar vocaciones como pudiera parecer, sino el que se de ese encuentro personal con Cristo. “Detrás del encuentro viene lo demás, que será lo que sea, pero siempre será algo nuevo y mejor, una vida plena, con sus dificultades pero feliz”.

El éxito de las Jornadas es providencial, puesto que ha sido solo el “boca a boca” de los que han participado lo que las ha promovido. Además, cuentan con el valor de que “no cuestan nada, no pedimos ni por el albergue ni por la comida. Si alguien quiere dar un donativo nos lo da, y el que no, pues no. Todo se sustenta en la Providencia y nunca nos falta nada. Lo que sí pedimos es que participen con nostras de nuestro testimonio y de la oración. Nada más”.

Para hacer las jornadas de Vida Monástica, se puede llamar al Monasterio de San Blas (Dominicas), en Lerma: 947170231.