Pareja que superó crisis invitada por el Papa a Roma

Matrimonio colombiano cuenta en el sínodo de la familia sus momentos más difíciles y su trabajo para ayudar a otras parejas (1 parte)

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ARY WALDIR RAMOS DÍAZ

Los esposos Humberto Díaz  e Isabel Botía, participantes auditores del sínodo ordinario de la Familia en el Vaticano (4-25 de octubre) cuentan a Aleteia que después de tres años de casados enfrentaron su peor crisis matrimonial hasta el punto de considerar la separación. Un episodio que no eclipsó el amor que los ha unido por 35 años de matrimonio y les ha dejado 4 hijos.

Recibimos ayuda. Nos tomamos de la mano para decirnos: tenemos que continuar, no vamos a desfallecer, incluimos a Jesús en nuestro corazón y en nuestra familia. De ahí, tomamos la decisión de ayudar a otras parejas”, dicen los esposos, también miembros de la comisión Nacional para la familia de la Conferencia Episcopal de Colombia y directores pastorales de la Fundación hombres y mujeres de futuro.

“Llegó ese momento difícil, donde quizás dábamos prioridad a la familia, al trabajo y no a la pareja. Y allí se presentaron las dificultades, pero gracias a Dios, como dice mi esposo, nos tomamos de la mano para salir adelante”, dice Isabel Botía con la mirada luminosa. Es la voz de una de las 18 parejas que han sido invitadas por el Papa Francisco a participar en el sínodo de los obispos.

¿Qué hacer ante una crisis de pareja?

“Primero está Dios sobre todas las cosas, pero acá en la tierra, un secreto fundamental es dar la prioridad a la pareja, el esposo a la esposa y viceversa”, explica el matrimonio Díaz-Botía, miembros del Consejo Pontificio para la Familia del Vaticano.

Asimismo, insisten en “reconocer” las “diferencias que enriquecen y dinamizan la relación”, pero también considerar “los aspectos que necesitan ser reconciliados y sanados para poder hacer una nueva creación (hombre y mujer de familias diferentes) y formar un nuevo hogar”, añadieron.

Así el secreto es abrir el corazón al otro para “revisar la propia historia personal” que puede crear “dificultades para la comunicación y la forma como se están tratando los esposos”, recordó Díaz.

 La violencia emocional rema contra la familia

De esta manera, esta pareja de carne y hueso trae al Vaticano el testimonio de amor cristiano para superar las dificultades del matrimonio y mantener la armonía familiar a pesar de las dificultades y las contradicciones humanas, entre ellas la violencia emocional que rema contra la unión familiar.

“Hay tendencias, inseguridades personales, rabias internas que de alguna manera son una situación que se cobra al otro.Lo que yo traigo en mi historia lo reflejo en mi relación con el otro y eso genera violencia, no solamente física sino emocional”, contó Díaz como resultado de un estudio que involucró a varias parejas en América Latina por encargo del Consejo Pontificio para la Familia del Vaticano.

Para saber más sobre el trabajo de este matrimonio y de otros laicos que aportan a la Iglesia con su experiencia a la vida familiar y de pareja visitar:http://hombresymujeresdefuturo.org

Cómo sobrevivir al Sínodo y…

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Juanjo Romero

Un sínodo no es nada más, y nada menos, que un órgano consultivo para aconsejar al Papa. No es un Concilio, ni siquiera es un órgano permanente del Colegio apostólico y carece de cualquier poder legislativo o ejecutivo más allá de lo que quiera el Papa en cada caso.

Cuenta la tradición que en el año 325 San Nicolás, obispo, (Santa Claus, Papa Noel o como se le quiera llamar) estaba en prisión. Se le apareció Nuestro Señor que le preguntó “¿Por qué estás aquí?”, a lo que Nicolás respondió “Porque te amo, mi Dios y mi Señor”. Jesús le entregó un ejemplar de los Evangelios y la Santísima Virgen invistió a Nicolás con su palio devolviéndole la dignidad episcopal.

Había acabado en las mazmorras por orden del Emperador. Su delito: levantarse en medio del Concilio de Nicea y arrearle un buen sopapo delante de todos a Arrio. Nicolás no soportaba más sus herejías. Y aunque la vida de San Nicolás está llena de milagros, prodigios y un amor extremo por los pobres, el pueblo siempre ha querido representarlo con aquella escena, la del amor por la Verdad en medio de un Concilio, aunque los métodos no fuesen los más apropiados.

La historia de los sínodos y concilios de la Iglesia también es así, y ahora que ha comenzado la “segunda parte del Sínodo de la Familia”, nadie debería extrañarse que se digan cosas fuertes, en voz más alta de lo normal, e incluso desagradables. “Parresía”, libertad para decirlo todo, pide el Papa Francisco.

En este caso, creo que la vehemencia está incluso justificada, se están tratando verdades profundas para los católicos. Porque detrás de lo que mediáticamente se ha llamado de un modo simplista el asunto de “la comunión de los recasados”, en realidad están en juego los sacramentos del Matrimonio, de la Confesión y de la Eucaristía, la llamada universal a la santidad o la acción de la Gracia. Lo incompresible es la actitud timorata y mediocre de gran parte del episcopado, que con frases políticamente correctas despachan estos temas como si no les incumbiese.

Un sínodo no es un concilio

Durante las tres semanas que durará la segunda fase del Sínodo de la Familia, del 4 al 25 de octubre, experimentaremos la frustrante experiencia informativa que hemos soportado desde hace dos años: tener que enterarnos de lo que pasa “por la prensa”. Desgraciadamente, los marcos interpretativos de los medios de comunicación suelen ser ajenos a los de la Iglesia.

De este modo, las sesiones sinodales parecen las de un Parlamento, las votaciones tienen un aire a legislativas, los padres sinodales son políticos, las controversias teológicas o pastorales se convierten en programas electorales y se generan unas infundadas expectativas respecto a la importancia del resultado.

Un sínodo no es nada más, y nada menos, que un órgano consultivo para aconsejar al Papa. No es un Concilio, ni siquiera es un órgano permanente del Colegio apostólico y carece de cualquier poder legislativo o ejecutivo más allá de lo que quiera el Papa en cada caso. Los documentos aprobados en un Sínodo no tienen valor magisterial, aunque el Papa suele publicar una Exhortación apostólica post-sinodal, en la que propone las conclusiones del Sínodo, matizándolas o modificándolas si le parece a toda la Iglesia y que tendrá el valor y la fuerza que el Papa quiera concederle.

¿El Papa puede no hacer caso o actuar al margen de lo que diga el Sínodo? Así es. Porque el Papa es el Papa, y el Sínodo aconseja, no más

¿Quiere decir esto que el Papa puede no hacer caso o actuar al margen de lo que diga el Sínodo? Así es. Antes, durante y después. Porque el Papa es el Papa, y el Sínodo aconseja, no más. Veamos algunos ejemplos.

Uno de los temas que se debería tratar en esta fase del Sínodo de las Familias será el de los procesos de nulidad, según los números 114 y 115 del Instrumentum Laboris (documento de trabajo que determina los asuntos a tratar), tal como se votó en la primera fase del Sínodo el año pasado (5 al 19 de octubre de 2014). Sin embargo, el Papa Francisco publicó el 8 de septiembre el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus con el que se regularán los procesos de nulidad sin esperar a que se celebre el Sínodo, ni a lo que opinen los obispos.

Un Motu Proprio es un documento que el Papa escribe por propia iniciativa, no como respuesta a una petición. Pero es más, el Papa ya había tomado la decisión mes y medio antes de que comenzase la primera parte, con la creación de una comisión especial a la que encargó el trabajo, en agosto de 2014.

Durante la primera fase del Sínodo para aprobar cada uno de los puntos del Documento final (Relatio Synodi) era necesario recabar dos tercios de los votos. Esos puntos constituyen los temas y el enfoque sobre los que se trabajará estas tres semanas, y no otros. Los puntos 52, 53 y 55, referentes al acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y sobre los hombres y mujeres con tendencia homosexual no obtuvieron esa mayoría. Pero el Papa decidió que se mantuviesen en la Relatio, con su número de votos. A efectos prácticos pasaron al documento de trabajo.

En cuanto a si puede actuar al margen del Sínodo después, aunque todavía está en curso, el Santo Padre ya ha mencionado el ejemplo de Pablo VI y la Humanae Vitae, a la que calificó de “genialidad profética” en marzo de 2014, no sólo por su contenido, también porque supo anticipar los tiempos, oponerse a la mayoría y afirmar con valentía el bien del hombre, incluso exponiéndose a la impopularidad y a las críticas.

Si no se tienen en cuenta estas coordenadas es muy difícil contextualizar correctamente las informaciones y análisis sobre el Sínodo. Con un matizable lenguaje popular podríamos decir que sólo vale lo que diga o calle el Papa cuando acabe, o antes o durante. Eso no quita como recordaba hace unos días Santiago Martín que:

“Por lo tanto, sea lo que sea lo que se apruebe en el Sínodo, no se juega nada trascendental. Sin embargo, sería grave y haría mucho daño, porque crearía una gran confusión en la gente, si en el Sínodo se aprobara algo contrario a la doctrina de la Iglesia”.

Añadiría que ese daño ya está hecho de algún modo y que sólo con el tiempo podremos valorarlo correctamente.

El Sínodo de los medios

El conjunto de obispos que siguen lo que se ha venido en llamar las «tesis kasperitas», en referencia a la primera propuesta del cardenal Kasper en febrero de 2014, aunque todavía no haya terminado el Sínodo, dan una idea del estado en el que se encuentran muchas diócesis, en especial de Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda.

Las declaraciones públicas han ido en un crescendo escandaloso. Y lo que en principio iba a ser un Sínodo dedicado a “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” en dos fases, una con un Sínodo Extraordinario en 2014 que serviría para preparar la segunda, el Sínodo Ordinario de 2015, se ha transformado en una carrera de despropósitos que han terminado por cambiar el foco de una pastoral de la familia a centrarse en la “comunión para divorciados vueltos a casar” y en posible aceptación de las parejas homosexuales.

Walter Kasper, en una visita a Reino Unido / Flickr Catholic Church England
Walter Kasper, en una visita a Reino Unido / Flickr Catholic Church England

De esto no tienen la culpa los medios de comunicación que se han limitado a recoger desde las propuestas más elaboradas del cardenal Kasper hasta las más bastas del obispo de Amberes, Mons. Bonny, que directamente propone que “debemos buscar en el seno de la Iglesia un reconocimiento formal de la relación que también está presente en numerosas parejas bisexuales y homosexuales”.

A pesar de que bienintencionadamente se insista en que hay un “Sínodo de los medios” y un “Sínodo real”, da la sensación de que esta vez ha sido un efecto buscado. Al menos eso puede deducirse la distribución en el Sínodo de 2014 del “documento de trabajo intermedio” traducido a varios idiomas en tiempo récord antes a la prensa que a los padres sinodales. Un documento, que como luego se demostró, no reflejaba no sólo el sentir del Sínodo, ni siquiera expresaba tampoco lo hablado durante las intervenciones, y que sin embargo terminó por fijar la agenda de las discusiones en los temas que los kasperitas querían.

El efecto sólo pudo ser mitigado por la incontinencia verbal del cardenal Kasper en un corrillo: “No se puede hablar de esto con los africanos y los países musulmanes. No es posible. Es un tema tabú”. Cuando se publicaron sus palabras negó haberlo declarado eso: “Estoy horrorizado, nunca he hablado así acerca de los africanos y no lo haría nunca”. Al día siguiente aparecieron las grabaciones de la entrevista,  confirmando sus despectivas palabras hacia los obispos africanos y acto seguido incorporan al combativo sudafricano cardenal Napier al equipo que redactaría la declaración final. Efectivamente no había en el ningún africano.

Metodología para el Sínodo de 2015

Con “Sínodo de los medios” o sin él, todos estos hechos arrojaron algunas sombras y suspicacias que se han querido corregir. En una especie de reconocimiento implícito se ha instituido una comisión para la elaboración de la relación final, nombrada por el Papa, para que se respete la transparencia del proceso y que representen los cinco continentes:

  • Cardenal Péter Erdő, arzobispo de Esztergom-Budapest (Hungría), Relator General;
  • Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto (Italia), Secretario General;
  • Cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India);
  • Cardenal Donald William Wuerl, arzobispo de Washington (Estados Unidos);
  • Cardenal John Atcherley Dew, arzobispo de Wellington (Nueva Zelanda);
  • Victor Manuel Fernández, arzobispo titular de Tiburnia y rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina (Argentina);
  • Mathieu Madega Lebouakehan, obispo de Mouila (Gabon);
  • Marcello Semeraro, obispo de Albano (Italia);
  • Padre Adolfo Nicolás Pachón, S.I., Preposito General de la Compañía de Jesús, en representación de la Unión de los Superiores Generales.

Además del Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario del Sínodo.

Cada semana se dedicará a un capítulo de Documento de Trabajo:

  • “La escucha de los desafíos sobre la familia”;
  • “El discernimiento de la vocación familiar” y
  • “La misión de la familia hoy”.

Y en cada semana se repetirá el esquema.

  • Primero, el Presidente Delegado (el Papa es el Presidente del Sínodo) dirige un saludo al Santo Padre.
  • Después el Secretario General (Card. Baldisseri) y el Relator General (Cardenal Péter Erdo) presentan los temas.
  • En tercer lugar un testimonio de matrimonio de auditores para dar paso a las intervenciones de los Padres sinodales (todos juntos, en la Asamblea General), en las que sólo dispondrán de tres minutos, pero pueden aportar la documentación de apoyo que consideren oportuna. Las aportaciones formarán parte también de las discusiones posteriores.
  • Al terminar, los 270 Padres sinodales se distribuyen en los trece Círculos Menores, por lenguas: un círculo alemán, cuatro ingleses, tres españoles, dos italianos, tres franceses. Hablan, discuten, acuerdan y al terminar entregan el trabajo desarrollado que se llaman “modos” que serán publicados, no así las grabaciones de las intervenciones de tres minutos en la Asamblea General.

Al final del Sínodo el sábado, 24 de octubre, se redacta el Informe final que se presentará en el Aula y por la tarde se someterá al sufragio de la Asamblea. Después se entregará al Papa que tomará la decisión oportuna.

A pesar de que se le preguntó expresamente, el Secretario no ha detallado cuántos votos serán necesario esta vez para que se dé por aprobada una proposición.

Indudablemente la nueva metodología fomenta que haya más tiempo para el intercambio de pareceres, aunque la reducción del tiempo de exposición ha suscitado ya algunas críticas. Previsiblemente dará lugar a discursos inanes o por el contrario a afirmaciones que por poco matizadas por lo escaso de tiempo puedan dar lugar a malos entendidos. Además se pierde algo de universalidad.

También se han corregido las ausencias de la anterior fase sinodal, extrañaba no ver a nadie relacionado con el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, que algo saben del tema. O pertenecientes a las nuevas realidades eclesiales.

El cardenal Baldisseri en la presentación de la nueva metodología comentó que  “estamos en el mar, donde hay también alguna turbulencia” respecto a la situación que se está viviendo.Yo me atrevería a pedir al menos trece San Nicolás bien distribuidos.

Los problemas de la familia hoy, según el Papa Francisco

La familia está herida en una sociedad egoísta y consumista que alimenta una masa de hombres y mujeres solos e infelices

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El Papa Francisco, este domingo 04 de octubre, en la Basílica de San Pedro centró bajo tres puntos la crisis social y familiar moderna en la homilía de apertura del Sínodo Ordinario: El drama de la soledad, la crisis en el amor entre el hombre y la mujer, y las consecuencias en la vida de la familia.

Entretanto, pidió una Iglesia de puertas abiertas que a través de la misericordia abraza el dolor humano. Jesús dijo: “No he venido a llamar justos, sino pecadores”, (Mc 2,17), recordó.

“Una Iglesia que educa al amor autentico, capaz de alejar de la soledad, sin olvidar su misión de buen samaritano de la humanidad herida”, invitó Francisco a los 270 padres sinodales que en las próximas tres semanas reflexionarán sobre la familia.

La soledad, crisis de hombres y mujeres modernos 

El Obispo de Roma sostuvo que la soledad es el drama que “aún aflige a muchos hombres y mujeres” de hoy: ancianos abandonados; “viudos y viudas”; personas abandonadas por sus cónyuges, “emigrantes y refugiados” que huyen, “jóvenes víctimas de la cultura del consumo”, dijo el Papa.

El Papa señaló la “paradoja de un mundo globalizado”, donde hay “menos calor de hogar y de familia; “muchos placeres, pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía”, indicó.

Un mundo poblado de personas cada vez más solas y vulnerables.  La misma experiencia de Adán que vivió  “tanto poder acompañado de tanta soledad y vulnerabilidad; y la familia es su imagen”.

Además denunció, la situación de los países avanzados, que a pesar de todo tienen el mayor “promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social”.

La crisis del amor entre el hombre y la mujer

La crisis de la sociedad, que necesita del amor entre el hombre y la mujer para sacar a la humanidad de su infelicidad. El hombre, como Adán sufre la soledad, pero se alegra cuando encuentra un “corazón que se asemeje a él, que le corresponda”(Gn 2,18).

Así explicó – “Dios no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos, como dice el salmo de hoy (cf. Sal 128)”.

El Papa reveló que el “sueño de Dios para su criatura predilecta” es “verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer”; “De modo que ya no son dos, sino una sola carne” (Mc 10,6-8; cf. Gn 1,27; 2,24).

El divorcio también entró en el debate de la Iglesia hace 2000 años. El Papa recordó que Jesús también enfrentó el dilema del divorcio, ante la pregunta retórica que le habían dirigido – probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible.

La unidad y la indisolubilidad – explicó –es el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originalmente”.

La crisis de la familia  

El Papa exhortó a “superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado autentico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios”.

Siguiendo a Jesús, entonces- señaló- será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único.

El hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan- e insistió que se le ve “ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total”.

En efecto, “la tristeza de este mundo” está hecha de placeres que son finitos, mientras que señaló el infinito del amor como la meta final y única. (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73).

Después de analizar el contexto social y matrimonial “bastante difícil” de la actualidad, el Papa ha señalado la misión de la Iglesia que “está llamada” a responder desde la “fidelidad, la verdad y la caridad, indicó.