Otro vínculo más entre Padre Pío y Fátima

La gran devoción de la familia de los pastorcitos por el santo de los estigmas

Juan Marto, hermano de los dos santos de Fátima, era un gran devoto del Padre Pío

Fátima y el Padre Pío están relacionados por el gran amor y devoción que el santo de los estigmas tenía hacia esta advocación de la Virgen. De hecho, la imagen peregrina original estuvo presente en San Giovanni Rotondo, produciéndose una curación milagrosa del fraile capuchino.

Durante estas semanas, aquella misma imagen de la Virgen de Fátima ha estado en el monasterio del Padre Pío. Y también en este momento se ha vuelto a conocer otra relación entre el santo y Fátima.

El hermano de San Francisco y Santa Jacinta, devoto del Padre Pío

En un reportaje para Padre Pío TV, Jacinta Pereiro Marto, la sobrina de los santos Francisco y Jacinta, ha asegurado que su padre era un gran devoto del Padre Pío, y que en su cartera siempre llevaba una estampa del santo de Pieltrecina.

Su padre no era otro que Juan Marto, el quinto de los siete hijos que tuvieron Manuel y Olimpia, y que estaba justamente por encima de Francisco y Jacinta. De hecho, estuvo en una de las apariciones con sus hermanos pequeños y  su prima Lucía, aunque  él no pudo ver nada.

La familia Marto, ya tras la muerte de Francisco y Jacinta. Juan aparece en la segunda fila junto a su hermana

Presente en una de las apariciones

Juan tenía 11 años cuando se produjeron las apariciones y falleció en el 2000 a los 94 años, 15 días antes de la beatificación de sus hermanos. No se sentía digno para ir a aquella ceremonia ni para saludar a Juan Pablo II, que presidió aquel importante acto.

En muchas ocasiones, Juan había contado que él estuvo presente en la cuarta aparición que se produjo en los Valiños y no en Fátima puesto que los pequeños habían sido apresados con el objetivo de revelar el secreto. “Yo estaba con ellos en los Valiños. Pero yo no vi nada”.

Este joven fue el último superviviente de los hermanos Marto y vivió en la casa donde nacieron Jacinta y Francisco. Poco antes de morir recordaba que sus hermanos “eran chiquillos normales, chiquillos absolutamente normales”. Quizás por esa normalidad, “nosotros no les creíamos” hasta que se produjo el conocido como milagro del sol el 13 de octubre de 1917, cuando el sol danzó ante decenas de miles de personas.

Juan lloró mucho tras la muerte de sus hermanos

Jacinta, hija de Juan, recuerda que su padre no acudió al milagro del sol como si hicieran sus abuelos y otros familiares y “se quedó en casa porque tenía miedo a morir”.  Un rumor que corría en este tiempo entre adultos y niños era que “si el milagro del sol no sucedía, toda la familia moriría”.

El milagro del sol fue visto por miles de personas

Con apenas 11 años a Juan le costaba entender todo lo que estaba sucediendo alrededor pero que después de la muerte de sus hermanos Francisco y Jacinta “mi padre decía que lloró mucho, mucho”, recuerda su hija, “porque vio que todo lo que decían estaba sucediendo”.

“Mi abuelo siempre creyó”

Hablando de sus abuelos, los padres de los santos, asegura que al principio ellos tampoco entendían nada. En aquel entonces “pensaban que sus hijos eran un poco diferentes a los demás, pero no sabían exactamente de qué forma” pero, no obstante, “mi abuelo siempre creyó”.

“Jacinta fue la primera en decir que Nuestra Señora se había aparecido y cuando le preguntaban a mi abuela por el tema siempre respondía: ‘Mis hijos no son unos mentirosos, yo los he educado, por lo tanto, si dicen que la vieron, yo creo que sí la vieron”.

Jacinta es hija de Juan Marto y sobrina de San Francisco y San Jacinta Marto

A pesar de que su abuelo nunca vio a la Virgen, su nieta Jacinta recuerda que “estuvo en algunas apariciones y aunque decía que no veía nada, si se percataba de que algo sucedía. El decía que escuchaba un sonido, como de una abeja dentro de un cántaro, de un recipiente. Pero el milagro del sol él si lo vio. Así que, si ya creía antes, siguió creyendo”.

Todo como un don de Dios

Juan siguió como pastor toda su vida en su pueblo y hasta trabajó como peón de albañil para construir el santuario donde él antes jugaba con sus hermanos ahora santos. Nunca dejó atrás la humildad ni su fe sabiendo que todo era un don de Dios.

Y así es como lo define su hija Jacinta, sobrina de estos dos videntes: “Toda la familia, mis abuelos y mis padres, todos nosotros, siempre lo hemos aceptado como un don de Dios. Dios escogió a mis tíos porque así lo quiso. Tanto, que mi abuelo decía que la Virgen quería venir a Fátima y había escogido a sus hijos, pero que  nosotros no merecíamos nada. Por lo tanto, nosotros siempre lo hemos vivido con mucha sencillez porque Dios ha escogido y escoge a quien quiere”.

Cuando el Padre Pío fue visitado por un alma del purgatorio

Estaba rezando a solas cuando un hombre apareció de la nada

El Padre Pío es famoso por sus múltiples experiencias místicas durante la oración, a menudo atravesando el velo celestial desde la tierra. En una de estas experiencias, tuvo un encuentro inesperado con un alma del purgatorio.

Cierto día, mientras rezaba a solas, Padre Pío abrió los ojos y vio a un hombre anciano ante él. Le sorprendió la presencia de otra persona en la habitación puesto que, según su propio testimonio: “No me podía imaginar cómo podría haber entrado en el convento en ese momento de la noche, ya que todas las puertas están bloqueadas”.

Con la intención de desvelar el misterio, Pío preguntó al hombre: “¿Quién eres? ¿Qué quieres?”.

El hombre respondió: “Padre Pío, soy Pietro Di Mauro, hijo de Nicolás, apodado Precoco. Yo morí en este convento el 18 de septiembre de 1908, en la celda número 4, cuando todavía era un asilo de pobres. Una noche, mientras estaba en la cama, me quedé dormido con un cigarro encendido, el cual incendió el colchón y he muerto, asfixiado y quemado. Todavía estoy en el purgatorio. Necesito una Santa Misa con el fin de ser liberado. Dios permitió que yo venga a pedirle su ayuda”.

Pío consoló a la pobre alma diciéndole: “Tenga la seguridad de que mañana celebraré la Santa Misa por su liberación”.

El hombre se marchó y al día siguiente Pío realizó algunas investigaciones, con las que descubrió la veracidad de la historia de un hombre con el mismo nombre que falleció aquel día de 1908. Todo quedó confirmado, así que el Padre Pío celebró una misa por el reposo del alma del anciano.

Esta no fue la única aparición de un alma del purgatorio que pedía las oraciones del Padre Pío. Pío aseguraba: “Más almas de los muertos del purgatorio que de los vivos subían [a este monasterio]”. Muchas veces, las almas solicitaban que se dijera una misa por ellas, destacando la importancia espiritual de la misa y cómo puede reducir el tiempo que una persona pasa en el purgatorio antes de abrazar las glorias del paraíso

Cinco grandes santos que lucharon cara a cara contra Satanás

Padre Pío, Santa Teresa, el cura de Ars…

Las increíbles historias de cinco grandes santos que lucharon cara a cara contra Satanás

Píldoras de fe 11 agosto 2015

Los santos, apoyados en Dios, vencieron al demonio

El mundo espiritual es real y hay una batalla, aunque Satanás y sus demonios rara vez se revelan a la gente común, si atacaron a los Santos. El mundo espiritual es real y hay una batalla.

Aunque Satanás y sus demonios rara vez se revelan a la gente común, cuando se trata de aquellos que son fuertes en el Señor como los santos, los demonios a veces aparecen y hacen ataques abiertos. Por supuesto, Jesús ya ha vencido a Satanás y todas las fuerzas del mal de este mundo. Aunque Satanás continúa buscando almas para llevar al infierno, toda persona que permanece en Jesús no puede ser separada de Dios.

Así que no dejes que estas historias te asusten. Más bien, deja que estas historias sean recordatorios de que Satanás y sus tentaciones de pecado son reales, incluso si no lo ves, como estos santos lo hicieron.

  1. San Antonio el Grande: «El león rugía, con el deseo de atacar»

Fue un monje del desierto que vivió entre los siglos III y IV. Sabemos de San Antonio a partir de una biografía escrita por San Atanasio llamada “Vida de San Antonio”. Ésta dice que cuando la gente visitaba a San Antonio en su casa en el desierto, «oían tumultos, muchas voces, y sonidos que parecían del choque de las armas. Por la noche en la montaña aparecían bestias salvajes y el santo combatía contra ellas mediante la oración”.

En una ocasión, San Antonio decidió pasar una noche solo en una gran tumba. Un enorme grupo de demonios descendió sobre él y le atacó el cuerpo. “El diablo lo arañó y el dolor causado fue tan terrible, que le impidió levantarse del suelo y lo dejó sin habla. Afirmó que la tortura había sido tan excesiva, que no hay golpes infligidos por el hombre, que podrían alguna vez causar semejante tormento”.

Al día siguiente, un amigo que le llevaba suministros lo encontró y lo trajo a la aldea más cercana. Pero esa noche, él recuperó la conciencia y le pidió al amigo que lo llevara de nuevo a la tumba. Después de que su amigo lo encerró de nuevo en la tumba, San Antonio gritó: «Aquí estoy yo, Antonio; yo no huyo de tus latigazos, ya que incluso si tú me infliges más dolor, nada me separará del amor de Cristo”.

Los demonios regresaron, y así es como San Atanasio describe lo que sucedió después:

En la noche hicieron un estruendo tal, que la totalidad de ese lugar parecía ser sacudido por un terremoto y como si se rompieran las cuatro paredes de la vivienda, parecía que los demonios entraban a través de ellas, hechos semejantes a bestias y reptiles.

Y el lugar estuvo de repente lleno de formas de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, víboras, escorpiones y lobos, y cada uno de ellos se movía de acuerdo a su naturaleza. El león estaba rugiendo, con el deseo de atacar, el toro parecía embestir con sus cuernos, la serpiente se arrastraba buscando un punto de ataque y el lobo gruñía rodeándolo por completo; los ruidos de las apariciones, fueron horribles.

A pesar de que estaba en un terrible dolor, él respondió con valentía a los demonios:

Si ustedes tuviesen algún poder, habría bastado que solo uno de ustedes viniera, pero como Dios los hizo débiles, ustedes quieren aterrorizarme con su gran número y una prueba de su debilidad es que tomen la forma de bestias brutas.

Si son capaces y han recibido, un poder contra mí, ¿por qué retrasan el ataque?; pero si no pueden, ¿por qué molestarme en vano? Por la fe en nuestro Señor que es un sello y un muro de seguridad para nosotros.

De repente, el techo se abrió y una luz brillante llenó la tumba. Los demonios desaparecieron y su dolor cesó. Al darse cuenta de que Dios lo había salvado, él oró:

¿Dónde estabas? ¿Por qué no te apareciste desde el principio para cesar mis dolores?

Y Dios le respondió:

Antonio, yo estaba aquí, pero esperé a ver tu lucha; ya que has perdurado en la fe y no has sido vencido, siempre estaré dispuesto a socorrerte y haré famoso tu nombre en todas partes.

San Atanasio escribe que habiendo oído esto, “Antonio se levantó, rezó, y recibió tal fuerza que él percibía que tenía más poder en su cuerpo que antes. Y era entonces de unos treinta y cinco años”.

2) San Padre Pío: «Estos demonios no dejan de golpearme»

San Padre Pío nacido a finales del siglo XIX, vivió y murió en Italia. Cuando murió en 1968 ya era conocido y venerado en todo el mundo. Un sacerdote santo, hacedor de milagros, y estigmatizado, San Padre Pío también fue atacado regularmente por demonios.

Según el P. Gabriele Amorth, un exorcista líder del Vaticano, «los verdaderos enemigos del Padre Pío eran los demonios que lo asediaban”.

La grande y constante lucha del Padre Pío, durante su vida era en contra de estos enemigos de Dios y de las almas humanas, los demonios que trataban de capturar su alma. Incluso en su juventud, San Padre Pío disfrutaba de increíbles visiones celestiales, pero también sufría ataques demoníacos. Padre Amorth explica:

El diablo se le aparecía como un gato negro feo, o en la forma de un animal verdaderamente repugnante, la intención obvia era llenarlo de terror. Otras veces los demonios vinieron como jóvenes mujeres, desnudas y provocativas, realizando bailes obscenos, para poner a prueba la castidad del joven sacerdote. Pero el Padre Pío sintió su mayor peligro cuando el diablo trató de engañarlo, tomando la forma de uno de sus superiores (su superior provincial o su director espiritual) o en una forma sagrada (el Señor, la Virgen o San Francisco).

Esta última táctica del diablo, en la que aparece como alguien bueno y santo, era un problema particular. Así es como San Padre Pío hacía para discernir una visión:

Se daba cuenta primero de una cierta timidez cuando la Virgen o el Señor se le aparecían, seguido de una sensación de paz cuando la visión terminaba. Por otro lado, cuando era un demonio tomando una forma sagrada provocaba en él una inmediata sensación de alegría y atracción, sustituido después por el remordimiento y la tristeza.

Satanás incluso a veces atacaba a San Padre Pío físicamente. Él describe esto en una carta que escribió a su sacerdote confesor:

Estos demonios no se detienen, incluso me golpean y me hacen caer de la cama, arrancan mi camisa. Pero ahora no me asustan más. Jesús me ama, a menudo me levanta y me pone de nuevo en la cama. De hecho, si estamos cerca del Señor, no debemos tener ningún miedo de los demonios.

  1. Santa Gema Galgani: «Sus brutales garras»

Santa Gema Galgani era una mística italiana del siglo XIX, que tenía experiencias espirituales increíbles. En una carta a un sacerdote, ella escribió:

Durante los últimos dos días, Jesús me ha estado diciendo después de la Santa Comunión: “Hija mía, muy pronto el diablo desatará una guerra contra ti.” Estas palabras se oyen en mi corazón continuamente. Por favor rece por mi…

Rápidamente se dio cuenta de que la oración era la mejor defensa. En respuesta para ella, Satanás le dio dolores de cabeza violentos con el fin de dificultar el sueño. Su fatiga hizo que orar fuera más difícil, pero ella perseveró:

Cuántos esfuerzos no hace este miserable para que sea imposible que yo ore. Ayer por la tarde trató de matarme y habría tenido éxito si Jesús no viene rápidamente en mi ayuda. Estaba aterrorizada y mantuve la imagen de Jesús en mi mente…

En un momento, mientras ella estaba escribiendo una carta, el diablo «le arrebató la pluma de su mano y rompió el papel y luego la arrastró, agarrándola por el pelo con sus brutales garras, con tal violencia que la tumbó de la mesa.» Ella describe otro ataque en uno de sus escritos:

El demonio se presentó ante mí como un gigante de gran altura y seguía diciéndome «Para ti ya no hay más esperanza de la salvación. Tú estás en mis manos». Le respondí que Dios es misericordioso y por lo tanto no temo nada. Entonces, me dio un duro golpe en la cabeza en un ataque de cólera y dijo «¡maldita seas tú!» Y luego desapareció.

Luego me fui a mi habitación a descansar y lo encontré; comenzó de nuevo a golpearme con una cuerda anudada y quería que yo lo escuchara, le dije que no y él me golpeó aún más fuerte, golpeando mi cabeza violentamente contra el suelo. En un momento determinado, vino a mi mente invocar al Padre de Jesús «Padre Eterno, por medio de la preciosísima sangre de Jesús, líbrame”.

Entonces no sé muy bien lo que pasó. Esa bestia despreciable me arrastró de la cama y me tiró, golpeando mi cabeza contra el suelo con tanta fuerza que me duele todavía. Me quedé sin sentido y permanecí acostada allí hasta que volví en mí, mucho tiempo después. Gracias a Jesús.

Pero ella mantuvo su fe en Jesús, incluso utilizaba el humor contra el diablo. Ella escribió esto a un sacerdote:

Si usted lo hubiera visto, cuando huyó haciendo caras, habría echado a reír, ¡Él es tan feo! …. Pero Jesús me dijo que no tuviera miedo de él.

  1. San Juan María Vianney: «Es porque puedo convertir almas al Dios bueno»

San Juan Vianney vivió en Francia en el siglo XIX. Es respetado por su santa obra como sacerdote, es el santo patrón de los sacerdotes. Y también combatió contra el maligno en varias ocasiones.

Una vez, su hermana pasó la noche en su casa adjunta a su iglesia parroquial. Ella se despertó porque escuchaba por sonidos extraños como golpecitos en su pared y mesa, fue a donde San Juan María Vianney, que estaba oyendo confesiones hasta tarde en la noche y él le explicó:

Oh, hija mía, no deberías haber tenido miedo: Es el “Garfio” (su apodo para Satanás). Él no te puede hacer daño. En cuanto a mí, me atormenta en formas diversas. A veces me agarra por los pies y me arrastra por la habitación. Es porque puedo convertir almas para el buen Dios.

En otro ejemplo, San Juan Vianney estaba oyendo confesiones en la iglesia parroquial cuando alguien le informó de que su dormitorio estaba en llamas. ¿Su respuesta?

El “Garfio” está muy enojado. No ha podido atrapar el ave, por lo que ha quemado la jaula, es una buena señal. Tendremos muchos pecadores este día.

  1. Santa Teresa de Ávila: «Sus cuernos estaban alrededor del cuello del sacerdote mientras celebraba la misa»

Santa Teresa de Ávila era una mística española del siglo XVI y es honrada hoy como Doctora de la Iglesia, por su increíble visión de la vida espiritual. Y en sus oraciones y meditaciones, tuvo regularmente contacto con el diablo.

Ella describe: «Tiene una forma abominable, su boca era horrible. Su cuerpo parecía provenir de una gran llama” En una ocasión “vio con los ojos del alma dos demonios de aspecto horrible que parecían tener sus cuernos alrededor del cuello de un sacerdote mientras celebraba la misa.”

Sin embargo, incluso para ella, estas manifestaciones visuales eran raras. Ella escribe: «Yo casi nunca lo he visto en forma corporal. A menudo lo he visto sin ninguna forma, como en el tipo de visión que he descrito, en el que no se observa la forma, pero sé que está allí”

¿Sus armas contra estas fuerzas del mal? La oración, la humildad y curiosamente agua bendita, que ella decía por experiencia fue un arma particularmente eficaz.

La profecía de Sor Lucía

La profecía de Sor Lucía: “El enfrentamiento final entre Dios y Satanás es sobre familia y vida”

La vidente de Fátima lo escribió al cardenal Carlo Caffarra. “La Virgen ya le ha aplastado la cabeza”

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Dios contra Satanás: la última batalla, “el enfrentamiento final”, será sobre la familia y sobre la vida. La profecía es de sor Lucía dos Santos, la vidente de Fátima de la que el pasado 13 de febrero empezó el proceso de beatificación.
 
La carta a Lucía
 
Lo cuenta el cardenal Carlo Caffarra en una entrevista concedida aLa Voce di Padre Pio (marzo 2015). El purpurado tuvo el encargo de Juan Pablo II de idear y fundar el Instituto Pontificio para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, del que es hoy profesor emérito.
 
“Al inicio de este trabajo – explica Caffarra – escribí a sor Lucía de Fátima, a través del obispo, porque directamente no se podía hacer. Inexplicablemente, aunque no esperaba una respuesta, porque le pedía sólo oraciones, me llegó a los pocos días una larguísima carta autógrafa – ahora en los archivos del Instituto”.
 
En esa carta de Sor Lucía está escrito que el enfrentamiento final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre la familia y sobre el matrimonio. “No tenga miedo, añadía, porque quien trabaje por la santidad del matrimonio y de la familia será siempre combatido y odiado de todas formas, porque este es el punto decisivo”.
 
La columna que sostiene la Creación
 
La monja de Fátima sostenía que la Virgen ya ha “aplastado” la cabeza a Satanás. “Se advertía – prosigue el purpurado – también hablando con Juan Pablo II, que este era el nudo, porque se tocaba la columna que sostiene la Creación, la verdad sobre la relación entre el hombre y la mujer y entre las generaciones. Si se toca la columna central cae todo el edificio, y esto ahora lo vemos, porque estamos en este momento y lo sabemos”.

¿y vio también al Padre Pío?

Posible aparición del santo junto a su tumba

Tiene 11 años, padece cáncer, quería ver a Francisco, lo consiguió… ¿y vio también al Padre Pío?

Actualizado 24 febrero 2015

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C.L. / ReL

El día más feliz en la corta vida de Grace West fue el17 de diciembre de 2014, cuando se hizo realidad su deseo de conocer al Papa Francisco.

Y el día más triste, cuando el mes de noviembre anterior, con tan sólo once años, le fue diagnosticado un neuroblastoma de grado 4, un cáncer del tejido nervioso que a su edad y con su evolución ofrece perspectivas muy preocupantes. La pequeña empezó enseguida a recibir quimioterapia.

Entre una fecha y otra medió la intervención de laMake-a-Wish Foundation [Fundación Pide-un-Deseo], que intenta hacer felices a los niños con enfermedades que ponen en riesgo su vidaconcediéndoles alguno de sus sueños. Viajar a Disneylandia, conocer personajes infantiles famosos o tener alguna mascota figuran entre las peticiones más comunes, pero Grace tenía otros planes.

Rezando rosarios por Grace
Vive en una familia católica y devota, que forma con sus padres, Don y Sharon, y su hermano Joe, los cuatro muy implicados en la vida de su parroquia. En cuanto supo de la grave patología se entregaron a la oración, en particular al rezo del rosario. Y con total entrega a la voluntad de Dios. Muchas personas le han preguntado a Sharon si no está enfadada con Él. «Nuestra respuesta es que la fe nos permitirá pasar por esto, será lo que nos ayude, es lo que ya nos está ayudando», responde la madre.

Y no sólo a ellos. Las iniciativas de oración por ella de otros fieles de la parroquia de San Roberto Belarmino en Freehold (Nueva Jersey, Estados Unidos) han repercutido en bien de todos: «El hecho de que la familia acuda a la fe, y de que Grace hable de su fe como una fuente de su fortaleza, ha tenido un impacto en otras familias. Este tipo de respuesta de fe es una fuente de inspiración para muchos», afirma su párroco, Sam Siranni, a National Catholic Register.

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Con su mano en la mano del Papa
A Grace, de Francisco le gusta sobre todo la humildad: «Es una persona del pueblo y con los pies en el suelo. Es cariñoso y acogedor, una gran persona a quien admirar. ¡Realmente me gusta el Papa Francisco!», dice la niña.

Make-a-Wish, siguiendo el protocolo habitual (no es el primer caso), consiguió dos plazas de primera fila para estar cerca de él en la audiencia general del miércoles del 17 de diciembre, una para ella y otra para su hermano Joe. Era el cumpleaños de Francisco, con miles de tanguistas en la Plaza de San Pedro, en un ambiente lucido y festivo, y los niños estaban excitados: «Fue increíble estar tan cerca. Le había visto en televisión, ¡y ahora iba a verle en persona! Se acercó donde las sillas de ruedas y los enfermos, y luego a nuestra fila. ¡Estaba nerviosísima!«, recuerda Grace.

«Me tocó en la frente y me bendijo, y le dio la mano a mi hermano. Le di una tarjeta de felicitación con una nota personal y un dibujo. Fue mágico, fue tan hermoso… La gente a nuestro alrededor era tan amable… Y mientras él hablaba con un señor, sostuvo mi mano todo el tiempo. Fue maravilloso».

Un milagro para la canonización
Los West son muy devotos de la Beata Miriam Teresa Demjanovich (1901-1927), religiosa hermana de la caridad nacida en Nueva Jersey y beatificada en octubre del año pasado. Han ofrecido a su intercesión la vida de Grace, con el deseo de que sea ése el milagro que precisa para la canonización.

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La hermana Miriam Teresa Demjanovich, beatificada semanas antes de que a Grace le diagnosticaran el cáncer. Ella y su familia, devotos de su paisana, confían en que por su intercesión se obre un milagro.

Pero puede que, si se produce ese milagro, no sea el primero en la vida de esta niña.

¿Un fraile cualquiera?
Cuando concluyeron su visita a Roma, la familia West se desplazó hasta San Giovanni Rotondo para visitar la tumba de San Pío de Pietrelcina. Y allí sucedió algo que Grace contó a Thomas L. McDonald, del National Catholic Register, pero –como él señala en Patheos para realzar la verosimilitud del relato– sin darle importancia y sólo cuando el periodista le preguntó por el Padre Pío. Esto dijo Grace:

«Acudimos a ver su tumba, y fue muy bonito. Cuando lo miras, parece que estás viendo una postal o un salvapantallas. Fuimos a la tienda de recuerdos, donde compré algunas cuentas de rosario. Mi padre y yo volvismo a la tumba para tocar el cristal con ellas y rezar un poco.Una señora nos paró y nos dio una estampita con una oración en italiano. Nos dijo que teníamos que decir la oración en la tumba, en italiano.

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Desde el último banco de la estancia vacía, un fraile igual que el Padre Pío se acercó, pasó entre ellos y puso su mano sobre la tumba.

«La primera vez que estuvimos en la tumba había colas con un montón de gente. Cuando volvimos para rezar la oración en italiano, no había nadie. Estaba completamente vacío,salvo un hombre en el último banco, cerca de la puerta. Subimos y tocamos el cristal con las manos. Vi a mi padre abrir su diccionario y sacar la oración que nos dio la señora. Estábamos intentando decirla en italiano, cuando de pronto el hombre que estaba detrás vino hasta nosotros, era exactamente igual que el Padre Pío. Tenía el hábito, la barba, las sandalias. Le miré, intentando que no se notase. El Padre Pío era un hombre alto, y éste era de la misma estatura. Paso entre mi padre y yo y puso su mano sobre la tumba, en el cristal que había entre nosotros. Todavía seguía allí cuando nos fuimos. Fue una locura. No estoy exagerando. Era exactamente igual que él».

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Con el Padre Pío nada sorprende
«Quiero dejar claro que ellos no dicen que hayan visto una aparición del Padre Pío», subraya McDonald, «sólo cuentan la historia». Pero él sí añade que lo que con otros santos es excepcional, con el santo de los estigmas no es nada infrecuente, y son numerosas las personas creíbles que, en circunstancias muy especiales, han afirmado haberle visto, o al menos a alguien igual a él de quien luego nadie sabe dar razón. (El libro de José María Zavala Padre Pío. Milagros desconocidos del santo de los estigmas recoge diversas experiencias en este sentido.)

¿Fue el caso de Grace? Si un santo es capaz de sorprender así, es el Padre Pío. Capaz también de hacer desaparecer un cáncer, como le piden a él, a la Beata Miriam Teresa Demjianovich y la Virgen María los que rezan por ella en Nueva Jersey y allí donde se conoce su historia.

Otro milagro del padre Pío

Otro milagro del padre Pío: atendió al cardenal Midszenty en la cárcel

Nuevo testimonio sobre el don de la bilocación que el santo había recibido

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La santidad del sacerdote capuchino Francesco Forgione -nacido en Pietrelcina, Italia el año 1885- era una devota certeza para muchos fieles, antes de los “dones” que la historia y testigos consignan: estigmas, bilocaciones (estar en dos lugares al mismo tiempo), capacidad de leer las conciencias al confesar, mediar en oración para que Dios sanare a personas… Antes incluso  que el santo Papa Juan Pablo II lo canonizara oficialmente el 16 de junio del año 2002 como san Pio de Pietrelcina y cuya fiesta la Iglesia celebra el 23 de septiembre.

Francesco fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910 en la Catedral de Beneveto, y el 28 de julio de 1916 se estableció en San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte, el 23 de septiembre de 1968. Es allí donde se inicia el apostolado de Francesco (padre Pio) que toca el corazón de los pobres y enfermos… los del cuerpo y el alma, sus predilectos. Salvar almas era su norte y quizás por ello también el demonio le dedicó permanentes acosos que Dios permitió acorde al misterio salvífico que deseaba expresar a través de Padre Pío.

Cientos de libros, películas y sitios en internet dan cuenta de su vida y la acción de la gracia de Dios que por su mediación muchos alcanzan incluso en nuestros días. Por ello sus muchos se devotos se alegrarán con las revelaciones que contiene el libro Padre Pio. La sua chiesa, i suoi luoghi, tra devozione storia e opere d’arte… según señala en un reciente artículo el conocido vaticanista Andrea Tornielli.

El testigo que entrevistó al propio Padre Pío

En la obra dice Andrea T., está el relato de Angelo Battisti, director de la Casa Alivio del Sufrimiento y dactilógrafo de la Secretaría de Estado del Vaticano. Battisti fue uno de los testigos en el proceso de beatificación del santo religioso.

El Cardenal József Mindszenty, arzobispo de Esztergom, Primado y Regende de Hungría, fue encarcelado por las autoridades comunistas en diciembre de 1948 y condenado a prisión perpetua el año siguiente.

Fue falsamente acusado de conspirar contra el gobierno socialista. Pasó ocho años en la cárcel y en prisión domiciliar hasta ser liberado durante la revuelta popular de 1956, cuando se refugió en la delegación comercial de los Estados Unidos, en Budapest, hasta 1873, año en que Paulo VI impuso su salida y su renuncia a la arquidiócesis.

En aquellos años de prisión se habría dado la bilocación, que llevó al Padre Pio hasta la celda del Cardenal.

Batista describe como sigue en el referido libro la escena milagrosa:

“El capuchino estigmatizado, mientras se encontraba en San Giovanni Rotondo, fue a llevarle al Cardenal el pan y el vino destinados a transformarse en el cuerpo y sangre de Cristo. (…).»

“Es simbólico el número de registro del detenido impreso en su pijama de presidiario: 1956, año de la liberación del Cardenal.»

“Como es sabido – cuenta Battisti – el cardenal Mindszenty fue preso, colocado en la cárcel y vigilado permanentemente. Con el pasar del tiempo, crecía fuertemente su deseo de poder celebrar la Santa Misa.»

“Una mañana, se presentó delante de él el Padre Pio, con todo lo que él precisaba. El Cardenal celebra su misa y el Padre Pio le sirve (como acólito). Después conversaron y, al final, el Padre Pio desaparece con todo lo que había llevado.»

“Un padre venido de Budapest me habló confidencialmente sobre el hecho, preguntando si yo podría obtener una confirmación del Padre Pio. Le dije que si yo hubiese preguntado una cosa de esas, el Padre Pio me habría expulsado a los rezongos.»

Pero una noche de marzo de 1965, al final de una conversación, Battisti preguntó al capuchino estigmatizado:

– Padre, ¿el Cardenal Mindszenty lo reconoció a usted?

– Después de una primera reacción de irritación, el santo respondió:

– “Nosotros nos encontramos y conversamos, ¿y a ti te parece que no me habría reconocido?”

Confirmando así la bilocación a la cárcel, que habría sucedido algunos años antes.

“Entonces – agrega Battisti – el Padre Pio se volvió triste y agregó: «El diablo es feo, pero lo habían dejado más feo que el diablo»”, refiriéndose a los malos tratos que sufría.

Lo que demuestra que el Padre Pio lo había socorrido desde el inicio de la prisión, porque no se puede concebir, humanamente hablando, cómo el Cardenal fue capaz de resistir a todo el sufrimiento a que fue sometido y que él describe en sus memorias.

El Padre Pio entonces concluyó: “Acuérdese de rezar por ese gran confesor de la Fe, que tanto sufrió por la Iglesia”.

 

«El Padre Pío cambió nuestras vidas»

«Un juego de amor»: su dura historia hasta el matrimonio

José Mª Zavala y su esposa cuentan en un libro su conversión: «El Padre Pío cambió nuestras vidas» 

Actualizado 23 septiembre 2014

Carmelo López-Arias / ReL

El Padre Pío jugó un papel fundamental en la conversión y en la vida matrimonial de José María y Paloma.
El Padre Pío jugó un papel fundamental en la conversión y en la vida matrimonial de José María y Paloma.

Tras una extensa y diversa trayectoria como escritor, con obras de investigación histórica en torno a la Guerra Civil o a los Borbones, o de gran calado espiritual bajo forma de apasionantes relatos periodísticos, como Padre Pío o Así se vence al demonioJosé María Zavala ofrece a sus lectores en su último libro un giro importante.

Junto a su esposa, Paloma Fernández, ha escrito un testimonio personal sobre la vida de ambos antes de conocerse, sus dolorosas experiencias previas en la vida de pareja, la conversión religiosa que ambos experimentaron de la mano del santo de los estigmas, y el duro camino que desde entonces hubieron de recorrer hasta sellar con el sacramento del matrimonio una convivencia que -comprendieron- no era agradable a Dios.

Un juego de amor. El Padre Pío en nuestro camino al matrimonio sale a la venta este martes 23 de septiembre, no por casualidad la fecha en la que se conmemora la festividad de San Pío de Pietrelcina, pues fue el día de 1968 en el que murió uno de los más grandes santos en la historia de la Iglesia.

– ¿Cuándo y por qué deciden hacer públicos momentos y circunstancias tan íntimos de su vida? 
-José María: El único afán de ayudar a los demás a través de nuestro testimonio de dolor, amor y felicidad en el Señor que todo lo puede y todo lo llena de sentido. A nadie le gusta hacer un “striptease espiritual” de su propia vida. Pero hace cuatro años ya que mi director espiritual nos animó a contar nuestra experiencia, convencido de que serviría de acicate a tantos matrimonios con problemas, separados, divorciados… necesitados de Dios en esta sociedad que ha renegado de Jesucristo. Y he aquí, ahora, el resultado de la Providencia.

-Paloma: Hace unos meses, mientras José María impartía varias charlas sobre el Padre Pío por España, vio con claridad que había llegado el momento de aportar nuestros testimonios. Yo me resistí al principio. Me daba una vergüenza terrible contar episodios íntimos de mi vida que sólo él y yo conocíamos. Pero finalmente me convencí de que debía dar el paso. Ahora es el Señor quien actuará como estime oportuno en los corazones de los lectores para que retornen a Él si están alejados, como nosotros lo estuvimos durante tantos años, o se acerquen aún más a la fuente de la verdadera felicidad.

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-¿Por qué esa experiencia puede resultar útil a otras personas?
-José María: Precisamente por la existencia de uno de los principales males que aquejan a nuestra sociedad: la crisis del matrimonio y de la familia. Nuestro testimonio puede hacer mucho bien a las almas.

Nos dirigimos a todos los públicos: separados que han perdido el sentido de su matrimonio, divorciados convencidos en conciencia de que su matrimonio jamás existió y que por lo tanto es nulo, o casados como Dios manda que no valoran lo suficiente el inmenso tesoro de su matrimonio sacramental.

-Paloma: Tratamos de ayudar también a matrimonios con hijos en trámites de separación; matrimonios incluso de Misa y Comunión diarias que están a punto de romperse por la acción perniciosa del diablo. Recuerdo que don Gabriele Amorth, exorcista oficial del Vaticano, le dijo a José María cuanto le entrevistó en Roma para su libro Así se vence al demonio que el propio Satanás se había regocijado durante un exorcismo por disolver hoy tantísimos matrimonios.

-Hay quien habla del divorcio como una auténtica “epidemia”. ¿A qué se debe?
-José María: Paloma acaba de señalar al verdadero culpable: el demonio, el príncipe de este mundo, como aparece retratado en los Santos Evangelios. En una sociedad, como decía, que ha renegado de Cristo es natural que el perverso diablo cause estragos en tantas almas. O se está con Dios, o se está con el diablo. No hay término medio. A los tibios, Jesús los vomitará de su boca. El demonio es un consumado experto en provocar la división entre los esposos, que a menudo empieza por discusiones absurdas por motivos que provocarían hilaridad pero que a la larga minan la convivencia y armonía entre los cónyuges afectando también a los hijos.

-Paloma: En el fondo, es una gran falta de amor, de entrega incondicional de la mujer al hombre, y viceversa. El matrimonio verdaderamente feliz empieza por la renuncia a uno mismo para hacer feliz al otro. ¿Qué hizo Jesús? Dar Amor sin esperar recibir nada a cambio. ¿Qué hizo la Virgen María, sino estar pendiente de San José y de su Hijo, olvidándose de Ella misma? De hecho, sólo es posible ser feliz haciendo felices a los que tienes más cerca, empezando por tu propio marido.

-¿Qué papel jugó el sacramento de la confesión en el giro de 180 grados que dio su vida de pareja?
-José María: Fue un antes y un después en mi vida, como si volviese a nacer. Y en verdad renací a la gracia de Dios. Sobre todo, cuando un sacerdote, hijo espiritual del Padre Pío, me dijo, mientras leía mi alma, todos y cada uno de los pecados que cometí desde que hice la Primera Comunión, con seis años.

La Penitencia te permite ser como el hijo pródigo del Evangelio: lo importante es pedir perdón al Señor por nuestros muchos y graves pecados sabiendo que Él nos abraza con su infinita misericordia. Hemos sido creados del barro, como dice el Génesis, y sólo si nos dejamos moldear por el Gran Alfarero llegaremos a ser realmente felices.

Yo lo he experimentado en propia carne: durante muchos años fui un verdadero ególatra, rodeado de todos los placeres materiales de la vida. Lo tenía todo; o, ingenuo de mí, pensaba que lo tenía. Pero me faltaba lo más importante: Dios. Sólo cuando me hinqué de rodillas en el confesonario, tras una conversión tumbativa en cuestión de segundos, durante la cual lloré a mares por haber ofendido a Dios tantos años, empecé a ser feliz de verdad.

Ahora le doy gracias al Señor cada día por la mujer y los hijos que me ha dado, por todo lo que me ha regalado, empezando por mi propia existencia y la posibilidad de alcanzar la Vida Eterna por su infinita misericordia. Y por supuesto: le doy gracias también por los sufrimientos que me han servido para llegar hasta aquí y seguir purificando mi alma y las de mis prójimos.

-Paloma: Suscribo todo lo que ha dicho José María. La primera vez que salí del confesonario, tras muchos años sin pisarlo, sentí como si volase. Dejé allí todos mis pecados, como si esa tremenda carga hubiese dejado de existir. ¿Cabe un milagro más grande que ése? ¡Volver a nacer! Eso mismo es lo que yo también experimenté.

-¿Realmente puede ayudar un sacerdote, al fin y al cabo célibe, a solventar un problema matrimonial?
-Paloma: Hay sacerdotes que conocen los problemas de los matrimonios como el pasillo de su casa, porque llevan años confesándolos o dirigiéndolos espiritualmente. Son portadores además de un arma eficacísima para la estabilidad matrimonial: la confesión. Estando en gracia de Dios, garantizamos la salvación de nuestro matrimonio. El matrimonio es un sacramento y, como tal, lleva aparejado la gracia santificante para vivirlo con éxito, es decir, con verdadero amor.

Jesús mismo lo advierte en el Evangelio: sin Él no podemos hacer nada. Si estamos lejos de Jesús, somos más vulnerables a los ataques del maligno, que busca nuestra destrucción. Pero si confesamos con regularidad, rezamos el Santo Rosario en familia (“La familia que reza unida, permanece unida”), y revivimos la Pasión de Jesús en la Santa Misa tenemos la ayuda divina garantizada.

-¿Cómo ven la petición del cardenal Kasper de que el inminente sínodo permita comulgar a los divorciados vueltos a casar por lo civil?
-José María: ¿Comulgar los divorciados vueltos a casar? Eso sería un sacrilegio como la copa de un pino. Significaría atentar contra la doctrina de Jesucristo. El mero hecho de plantearlo ya me parece grave: ¿Es pecado cometer un sacrilegio? Porque, al parecer, se va a debatir sobre eso mismo; es decir, sobre si, como usted dice, se puede abrir la mano en esta cuestión.
San Pablo, el apóstol de los gentiles, no tiene pelos en la lengua: “El que come y bebe sin discernir el Cuerpo [de Cristo], come y bebe su propia condenación” (1 Corintios 11, 27-29).

El propio Catecismo de la Iglesia Católica tampoco deja el menor resquicio a la duda en su punto número 1.650, donde asevera: “Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación”.

Pueden, eso sí, hacer una “comunión espiritual”. Y si en verdad piensan en conciencia que su matrimonio no ha existido a los ojos de Dios, la Iglesia pone a su disposición los tribunales eclesiásticos para que emprendan un proceso de nulidad, tal y como hicimos nosotros.

-¿Cómo vivieron ustedes esa limitación de no poder comulgar?
-Paloma: Durante todo el tiempo que vivimos en pecado mortal jamás se nos ocurrió recibir al Señor en semejante estado. Y cuando decidimos vivir como hermanos, luchando por nuestras respectivas nulidades matrimoniales, procuramos siempre estar en gracia de Dios recurriendo antes a la confesión para poder comulgar.

Digo esto, porque por desgracia hay sacerdotes que recomiendan hoy a los feligreses comulgar siempre, sin necesidad de confesarse, apelando a una falsa misericordia, que no es la Misericordia de Dios, con mayúsculas.

José María y yo conocemos varios casos y rezamos por esas personas. Y nos preguntamos, doloridos: ¿Para que instituyó entonces Jesús el sacramento de la Penitencia?

Una cosa es ser caritativo con los demás, y otra muy distinta ofender al Señor donde más le duele: en la Eucaristía.

Jesús ya nos advierte en el Evangelio: “Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella”. Y añade: “No todo el que dice: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos”.

-“El Padre Pío en nuestro camino al matrimonio”, reza el subtítulo del libro. ¿Cómo intervino?

-José María: Le conocimos providencialmente en un momento muy delicado de nuestras vidas. Irrumpió en ellas para ayudarnos cuando nos sentíamos más desamparados. Y desde entonces no hemos dejado de sentir su presencia para que no abandonemos el camino que conduce a la verdadera felicidad. Paloma le vio un día y yo, aunque nunca le haya tenido delante, palpo cada día su presencia e incluso sus tirones de orejas cuando no me porto bien con Jesús.

Paloma: El Padre Pío es, valga la redundancia, un padre bueno y tierno que no hizo otra cosa aquí que sufrir para salvar almas como las nuestras. Ya advirtió en vida que daría mucha más guerra muerto que vivo, y es la pura verdad. ¡Cuántas conversiones, como las nuestras, están teniendo lugar hoy por la intercesión de este gran santo canonizado por Juan Pablo II!

Mienten quienes aseguran que la nulidad es cosa de ricos y famosos», afirma José María Zavala; en el libro cuentan su testimonio matrimonial

-¿Es riguroso un proceso de nulidad? Se los acusa de caros y lentos…
-José María: Mienten como bellacos quienes aseguran que la nulidad es cosa de ricos y famosos. Ni Paloma ni yo lo somos, y la conseguimos gracias a la verdadera Misericordia de Dios. Y como nosotros, otras muchas parejas a las que conocemos.

Tampoco es cara, porque si uno acredita que no tiene suficientes ingresos le adjudican un abogado gratuito y sólo debe pagar las tasas del tribunal, que es una cantidad irrisoria. A nadie, repito, con problemas económicos se le impedirá emprender un proceso de nulidad. Paloma y yo podemos dar fe de ello.

Otra cosa es la lentitud. Depende del caso: yo tardé nueve largos años por razones que el lector entenderá si lee nuestro libro, pero Paloma lo consiguió en mucho menos tiempo. Depende, insisto, del caso y las circunstancias. Lo normal suelen ser uno o dos años.

-Paloma: Lo que de verdad importa es la convicción interna de cada uno en la nulidad de su matrimonio. A Dios sólo le importa la verdad. Si ésta se disfraza de una falsa misericordia, de nada vale. El proceso de nulidad matrimonial no es una pantomima. Si alguien miente sobre su vida para obtenerla, deberá rendir luego cuentas a Dios. Hay que decir siempre la verdad, aunque duela, como me dolió a mí. Pero ahora doy gracias a Dios por la inmensa felicidad que me regala cada día estando casado con José María. ¡Gloria a Dios!

-¿Qué aconsejarían a quienes estén en este momento al borde de una ruptura matrimonial?

-José María: Que lean nuestro libro. Dios quiera que les ayude a valorar de verdad el inmenso tesoro que están a punto de arrojar por la borda. Nosotros, que sufrimos lo indecible para obtenerlo, sabemos muy bien que no tiene precio.

-Paloma: ¡Ánimo a todos los que sufren una crisis matrimonial! Sólo con Amor pueden salvarla. El Padre Pío resumía su vida de sufrimiento y felicidad con una sola frase: “Todo es un juego de amor”. Si hay amor de verdad, el Amor de Dios, no hay obstáculo insalvable. Fuera egoísmos y discusiones absurdas. Una buena confesión y… ¡adelante!

 

A Juan Pablo II le envidiaban los ángeles

Actualizado 30 septiembre 2013

Decía el Padre Pío que los ángeles sólo nos envidian por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios.

Al Cielo, de hecho, se llega por Amor, que lleva implícito siempre el Sufrimiento, con mayúsculas. Recuerdo, a este propósito, el best-seller reciente en España titulado La inutilidad del sufrimiento, que es precisamente lo que reclama esta sociedad hedonista y apóstata.

Del Sufrimiento por Amor pueden darnos soberanas lecciones todos y cada uno de nuestros santos, que son legión. Por no hablar del Sufrimiento más sublime de la historia: el de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz.

Enterado de la canonización de Juan Pablo II el próximo día 27 de abril, fiesta de la Divina Misericordia, creo oportuno recordar ahora el gran sentido del sufrimiento del todavía beato.

Además de los ayunos, que efectuaba con rigor extremo, Karol Wojtyla pasaba a menudo las noches desnudo y tumbado en el suelo, como escribe el postulador de su Causa de Beatificación, el también polaco Slawomir Oder.

El ama de llaves que tenía en Cracovia descubrió un día que el entonces arzobispo deshacía la cama para disimular. También se flagelaba con un cinturón de pantalón especial que empleaba como látigo y que le acompañaba siempre en Castel Gandolfo.

Todos los viernes, Juan Pablo II renovaba simbólicamente la pasión de Cristo con la práctica del Via Crucis; incluso en la víspera de su muerte, el 1 de abril de 2005, pese a la fiebre alta y la extrema dificultad para respirar que le impedían casi articular palabra, pidió un folio y un bolígrafo para escribir que, dado que era viernes, deseaba hacer el Via Crucis. Y lo hizo…