Se jugó la vida para salvar a la Virgen de la Paciencia

1936: a golpes con la imagen 

La familia que se jugó la vida para salvar a la Virgen de la Paciencia, patrona de Oropesa del Mar 

Los Marco Prats habían acogido en su casa a dos religiosos que fueron detenidos por los milicianos. 

Actualizado 21 julio 2012 

Avan / ReL 

Una familia valenciana salvó de la destrucción a la Virgen de la Paciencia, patrona de la localidad castellonense de Oropesa de Mar, tras ocultarla en su casa durante la persecución religiosa de 1936.

La advocación de la Paciencia nació en 1619, tras un ataque berberisco sufrido por la localidad de Oropesa, según publica en su último número el periódico Paraula. Según las crónicas de la época, durante el ataque pirata una imagen de la Virgen, probablemente del Rosario, que se veneraba en la conocida como Capilla de la Defensa, fue destrozada.

Se trataba de una talla en madera de ciprés, de 57 centímetros y datada a finales del siglo XVI, aproximadamente coincidiendo con la repoblación de Oropesa. Los restos de la imagen fueron llevados al convento de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Teresa de Valencia, “donde probablemente cambió el nombre de su advocación, dado el laborioso y paciente trabajo de las monjas para restaurarla”, según publica el semanario de la archidiócesis de Valencia.

1931-1939: la persecución antirreligiosa

La imagen fue venerada en el convento durante más de tres siglos, con la excepción del periodo de la Segunda República (cuando la quema de conventos) y la Guerra Civil, en la que la imagen hubo de ser conservada a escondidas en la casa particular de la familia Marco Prats, situada frente a la Puerta de los Hierros de la catedral de Valencia.

Durante cinco años, la imagen “recibió culto en la intimidad familiar con la discreción que la peligrosa situación requería”, tal y como relata Eduardo Marco , quien por aquel entonces contaba 9 años. 

Tras el estallido de la guerra, la familia Marco Prats acogió en su casa a dos hermanos religiosos, por lo que “la vivienda fue objeto de continuos registros policialeshasta que en agosto de 1936 unos milicianos se presentaron en el domicilio para llevarselos detenidos. En uno de los asaltos, un miliciano “golpeó la imagen contra la pared, la cabeza de la escultura rodó por el suelo” y se partió en varios trozos, que la familia conservó.

Terminada la contienda en 1939, la imagen se recompuso y fue devuelta a la comunidad carmelita del convento de San José, después de haber sido protegida durante casi diez años. Allí permaneció hasta 1964, cuando el párroco de Oropesa solicitó a las monjas el regreso de la imagen a la ciudad castellonense, a donde llegó el 3 de octubre de 1964, 345 años después del origen de su devoción.

En la actualidad se conservan dos copias en Oropesa, una para ser procesionada y otra para ser venerada en la parroquia. Una tercera copia se donó al convento de San José de Valencia, hoy ubicado en la localidad de Serra y una cuarta imagen se entregó al museo diocesano de la catedral de Segorbe.

«Bendito paladar»

Las protagonistas son Sor Beatriz y Sor Liliana

El programa de cocina «Bendito paladar», de 13tv, consigue nuevas vocaciones para el convento

Además de haberse convertido en un éxito de audiencia, el programa de cocina de las monjas atrae a nuevas postulantas.

Actualizado 10 marzo 2012

Europa Press

Las monjas Concepcionistas Franciscanas de Segovia, conocidas por sus programas de cocina en televisión, preparan un segundo libro con 200 nuevas recetas «universales y de fácil preparación«, aquellas que llevaron a la pequeña pantalla a través de ´Bendito Paladar´, de 13tv.

En la nueva colección han aportado todas las hermanas. Aunque viven en clausura consagradas a la oración, hace siete años pusieron en marcha un obrador y se aventuraron a abrir una pequeña ventana para la venta de repostería. La idea alcanzó tal repercusión que pronto tuvieron que diversificar su producción.

El ponche segoviano

En el convento de Escalona aprendieron nuevas variedades y las ´Isabelas´ de Valladolid les ensañaron a hacer roscones. Sor María Ruth ´sacó´ la receta de los polvorones y también la del ponche segoviano, la última incorporación.

Hace algo más de tres años, la productora Abyana se interesó por la actividad de estas monjas, que inspiró los programas ´Bocaditos de Cielo´ y ´Divinos Pucheros´ que emitió Canal Cocina.

Dos libros de recetas

La joven Sor Liliana y su mentora Sor Beatriz, encargadas de cocinar desde el convento de Licenciado Peralta, ganaron entonces una gran popularidad. A finales de 2010 publicaron su primer recetario, ´Delicias Celestiales´, con 200 dulces tradicionales, cremas, bizcochos, tartas, mousses, hojaldres y soufflés.

La experiencia no quedó ahí. Con la apertura de la cadena de TDT 13tv, difusora de los valores de la Iglesia, las franciscanas segovianas aprovecharon el tirón y decidieron mostrarse de nuevo ante las cámaras.

Grabaron 60 programas, todo para ayudar al nuevo canal, pero también para alimentar vocaciones, comunicar el mensaje del Señor y demostrar que clausura es también sinónimo de normalidad, que las monjas «no son bichos raros».

«Y lo conseguimos, logramos transmitir lo que queríamos mientras cocinábamos», reconoce Sor Liliana, que ha pasado once de sus 26 años en el convento y que no entiende por qué a la gente le da tanta vergüenza hablar de Dios. «Ahora dicen que hay que ser libre y que practicando la religión se cae en contrariedades», se escama.

Éxito televisivo en 13tv

El eco de ´Bendito Paladar´ fue rotundo, se convirtió en uno de los espacios más vistos de la cadena. Ahora, han convencido otra vez a las hermanas para que recopilen sus recetas en un nuevo libro, que según presumen llevará como título el nombre del programa.

El tomo, cuya introducción ya está lista, recoge recetas de todo tipo, carnes, pescados, ensaladas y postres, todas ellas «muy sencillas», a la mano de quienes no saben manejarse entre fogones.

«Sor Beatriz aporta los huevos rellenos, Sor Ángeles los filetes rusos, hay lomo a la naranja, plátanos delicia, flanes, pastas de canela*», explica Liliana, quien se apresura a aclarar que son composiciones ya inventadas, pero que guardan el toque propio del convento.

Nuevas vocaciones tras el efecto televisivo

Mientras habla de su pasión por la cocina, inculcada por Sor Beatriz, esta religiosa colombiana relata cómo tras su paso por televisión algunas postulantas han querido instalarse en la comunidad.

Liliana alude sobre todo a una joven de Sevilla, que acudió atraída por los programas, pero que finalmente regresó a su tierra. «Para quedarse aquí es necesaria una vocación muy fuerte», dice la hermana, quien no deja de recordar que es Dios el que elige quién se queda y que, a pesar de la alegría transmitida en la pantalla, las Concepcionistas Franciscanas también sufren y tienen problemas.

Además de postulantas interesadas, el salto a la fama ha llevado al convento nuevos clientes, muchos visitantes y felicitaciones. Los pedidos, que antes se limitaban principalmente a gente de la capital, llegan ahora también desde ciudades como Pamplona, Valencia, Barcelona, Sevilla o las vecinas Ávila y León.

Repercusión eclesial

Sor Liliana señala que los obispos han llamado para trasladar su enhorabuena por las dotes culinarias y que llegan grupos preguntando por las estrellas de la tele. A menudo, desde la ventanilla en la que reparten sus bollos, firman autógrafos en estampas, en ejemplares de ´Delicias Celestiales´ o en las cajas de las pastas, y se prestan a alguna foto.

«Todo sea por hacer feliz a la gente», comenta, a la vez que rememora su último viaje a casa, cuando a unos momentos de tomar un avión a Colombia fue reconocida por una multitud en el aeropuerto. «Me dio mucha vergüenza, tuve que firmar autógrafos», se sonroja.

Las Concepcionistas Franciscanas recuerdan el paso por Canal Cocina y 13tv como una «bonita experiencia», que les ayudó además a hacer unos pequeños arreglos en el edificio, pero insisten en que aquello «ya pasó».

Desde su primera incursión en televisión, han sido muchas las cadenas que han querido contratar a estas religiosas, pero ellas prefieren centrarse ahora en sus prioridades, que son sus oraciones.

Hoy es católica y ermitaña

La ética sexual le parecía un obstáculo al principio 

La atea que encontró a Dios mientras escribía un libro sobre vaginas: hoy es católica y ermitaña

«No hubo una alucinación visual o aural, ni nada que como poeta pueda usar como metáfora para explicar lo que pasó», afirma, meticulosa, esta especialista en desórdenes mentales. «Me sentí como un amnésico con un ataque de pánico que de repente ve a alguien que conoce entrar en la habitación».

Actualizado 13 enero 2012

Pablo Ginés/ReL

Sally Read nació en Suffolk, Inglaterra, en 1971. «Fui educada como atea, el credo de la no-creencia estaba en mi sangre, el cristianismo era un síntoma de debilidad mental y de intolerancia«, escribe en su testimonio, recién publicado por The Tablet. «Mi bisabuelo era un Orangeman [militante unionista anticatólico] en Irlanda del Norte, vengo de generaciones de protestantes de línea dura convertidos en ateos. Ahora, cuando rezo el Rosario, me pregunto qué mujer entre mis ancestros fue la última en hacerlo y si lo dejó con facilidad».

Sally se formó y trabajó como enfermera psiquiátrica, pero en los últimos años se ha podido dedicar con más asiduidad a su pasión: la poesía. En 2001 recibió el premio Eric Gregory de la Society of Authors y ha publicado ya tres antologías (pueden explorarse en su blog ( www.farnearness.blogspot.com ). En YouTube se puede ver un vídeo de un minuto y medio en el que recita uno de sus poemas.

Todo en su vida se transformó en primavera de 2010 por la causa más extraña: ¡buscaba monjas para preguntarles por su vagina!

«Me embarqué con un médico en la co-escritura de un libro sobre la vagina, una guía de autoayuda para la parte de su cuerpo más incomprendida, La Vagina, Guía de la Propietaria«, explica Sally. No le costó entrevistar a lesbianas y a prostitutas sobre ello, pero necesitaba entrevistar alguna monja. Puesto que vivía cerca de Roma, éstas abundaban pero antes quedó con un cura que le habían recomendado como amigable para que él le condujese a alguna religiosa dispuesta a hablar. «Querido padre, estoy escribiendo un libro sobre vaginas…», le escribió Sally.

El diálogo que abrió la «estática de fondo»
El cura agradable y la atea se encontraron, pero no solo hablaron de vaginas sino de religión. «Después de una vida de ateísmo apasionado y de aborrecimiento visceral de la Iglesia Católica, le pregunté si le importaba que le hiciera algunas preguntas. Saltaron las chispas.Nuestro debate llegó a afectar a mi trabajo, mi sueño, mi bienestar… no es que sus argumentos me convenciesen, ni que desease desesperadamente convencerle yo. Pero mi mente pareció inclinarse a escuchar una estática cruda y dolorosa de fondo, que yo no podía apagar». 

La autora que intuye un Autor
Lo que pasó después con Sally parece ilustrar el poema Mythopoeia de J. R. R. Tolkien: «El hombre es subcreador… aún construimos según la ley en que se nos construyó«. Es decir, igual que el hombre crea personajes y personalidades, Dios crea al hombre. No es que Sally mencione a Tolkien, pero su experiencia señala esa línea.

«Fue casi un salto intelectual: la posibilidad de Dios. Yo estaba escribiendo una colección de monólogos con las voces de pacientes psiquiátricos, y en medio del dolor y la desazón habitual de la creación escrita de repente entendí que mi acto de crear las voces de esas personas dañadas estaba ligado a una creación que lo englobaba[«overarching creation»]. Que podía haber un Autor último. Me llenó una alegría latente a la que apenas osaba inquirir».

De Dios, a Cristo
Se lo comentó al cura y éste le dijo: «reza por mí». Ella no sabía rezar, nunca lo había hecho, pero cada día se paraba en una iglesita carmelita junto al mar, se sentaba y escuchaba. «Estaba abierta a la presencia de Dios, pero aún no era cristiana, y estaba muy lejos de ser católica».

En esa iglesia había un icono de Cristo. Ella le miraba, sin oración. Un día ella le habló en voz alta y le pidió ayuda. «No hubo una alucinación visual o aural, ni nada que como poeta pueda usar como metáfora para explicar lo que pasó», afirma, meticulosa, esta especialista en desórdenes mentales, acostumbrada a escuchar a locos de varios tipos, meterse en su mente, escribir con sus voces. «Me sentí como un amnésico con un ataque de pánico que de repente ve a alguien que conoce entrar en la habitación«. 

Sally luego descubrió que la filósofa agnóstica judía Simone Weil tuvo una experiencia similar: «Cristo mismo ha descendido a mí y me ha tomado», escribió Weil. «Era algo distinto a todo lo que he experimentado y es imposible de replicar internamente. No tuve y no tengo dudas de que era la presencia de Cristo», escribe Sally, rotunda.

De Cristo, a la moral sexual cristiana
«En los círculos que frecuentaba en Londres, elegir ser católico era como admitir que eras racista, homófobo o sexualmente reprimido«, explica Sally con franqueza. «Como la mayor parte de las mujeres británicas en esos días, me hice sexualmente activa al mismo tiempo que aprendía a conducir y con el mismo pragmatismo: ´ya toca, tengo que salir por ahí si no me quiero quedar atrás´. Para mí, la mayor piedra de tropiezo que dificultaba mi entrada a la Iglesia era la doctrina sobre la homosexualidad, la masturbación y la contracepción. Pensé que nunca podría pertenecer a una iglesia tan didáctica en sus creencias, tan estrecha en su visión de la sexualidad».

Pero ahora su libro sobre vaginas ya no avanzaba casi, «mi apetito por el proyecto se estaba desvaneciendo», escribe Sally. Y recordaba cosas de su pasado. Como ese amigo que se había acostado con una amiga común a la que él detestaba. «¡Pero si no la aguantas!», le dijo Sally. «Oh, bueno, Sally, a veces los hombres somos como perros, simplemente tenemos que hacerlo«, farfulló él.

un antiguo novio que tuvo, «incapaz de tener relaciones sexuales por su adicción a la pornografía y la sodomía [«buggery»]. Admití lo que hacía tiempo que sabía: que el sexo como recreación era algo que me deprimía. Siempre supe que me había provocado sufrimiento, y empecé a entender, con alivio espléndido, que no había nada anormal en mí».

«También como poeta he analizado comportamientos sexuales. Hay personas, católicas y no católicas, que creen que la naturaleza explícita de mis escritos sobre sexo no encajan con mis nuevas creencias, pero esos poemas, que investigan la sexualidad y la violencia, no puede decirse que sean un elogio a los gozos del sexo casual. Lo físico y la sexualidad siempre me han obsesionado, y empecé a entender que esto era por la unidad ineludible del cuerpo y el alma».

Conversión racional…
Sally explica que para ella los sentidos son importantes: poder experimentar las cosas por el tacto, el olfato, el oído… Pero sus sentidos fueron los que le llevaron a Dios. «Podía racionalizar, pero toda mi racionalización no podía alterar la profunda racionalidad de mi encuentro con Dios. Se escribe acerca de conversiones intelectuales, espirituales y morales. Pero fue a través del corazón -me refiero a la parte más instintiva, sensible, la razón última– como Dios me ganó».

Ansia de Eucaristía por las calles de Londres
Ese verano, estando en Londres, Sally intentó encontrar una iglesia para pararse un momento. En la famosa parroquia de St Patrick en el Soho, una parroquia evangelizadora y renovada en zona de prostitutas, estaban cerrados por obras. Cualquier otro templo era protestante o estaba cerrado. Ella sintió hambre espiritual. «Sabía que no podía ser cuáquera, sentarme en un círculo, sin que me toquen. Sabía que no podía ser protestante, fingiendo que una galleta era el cuerpo de Cristo«.

«Caminé por las calles sintiéndome por primera vez extranjera en Londres. De repente, el milagro de encontrar una puerta abierta con una vela junto al tabernáculo no era poca cosa. En Italia yo ya iba a misa, durante la comunión rezaba, a veces llorando, a veces sólo fascinada [«awed»]. Lo más importante de todo esto, entendí, era estar con Cristo, era la liturgia misma. Caminé durante una hora, sin la esperanza siquiera de una misa, sólo queriendo sentarme junto al Santísimo Sacramento. ¡Aún no había oído hablar de la adoración!» Esa tarde, junto a la estación de Liverpool Street, «supe que yo ya era católica«.

La Iglesia, un poema intrincado
«Revelar que soy católica no ha sido fácil; entiendo a los que me buscan con ganas de pelea: ¿cómo explicar experiencias tan profundas, un amor tan profundo?», añade Sally. «Se ha dicho antes: ser católico es como estar enamorado. Como poeta de una cultura secularísima he podido entender que la Iglesia es como el poema definitivo, una composición intrincada de alegoría y realidad, que intenta dar imagen a la presencia de Dios en la tierra. Por cierto, el libro de la vagina quedó archivado en una estantería…»

Poetisa y ermitaña
Sally terminó su libro de poesías que dan voz a enfermos mentales, un libro que surgió a partir de su relación con un anciano mudo y esquizofrénico que enloqueció cuando perdió a su madre en la Segunda Guerra Mundial. Ella también colabora con La Compagnia delle Poete, una cooperativa de poetas teatrales italianos. Y vive como semi-ermitaña en la Ermita de los Tres Santos Jerarcas (San Basilio, San Gregorio Teólogo y San Juan), una comunidad de ascetismo con votos públicos de pobreza, castidad y obediencia, que combina lo activo y lo contemplativo 

(www.hermitageofthethreeholyhierarchs.blogspot.com).

Ella dice que ser poeta y ermitaño es muy compatible: pobreza, poca atención a quién te lee o te publica, poco control sobre tu obra, soledad, presencia de Dios…