Pide matrimonio en pleno partido a… ¡la arbitra!

Lo nunca visto en una cancha de baloncesto. Se presenta a los jugadores que salen a la cancha y uno de ellos, ni corto ni perezoso se acerca y pide el micrófono. Se coloca en medio de la pista se presenta y realiza algo increible. ¡Le pide matrimonio a la colegiada del partido!

Nadie se podía creer lo que estaba pasando en una pequeña localidad española, en La Solana. Uno de los jugadores de su equipo de baloncesto, Pablo Serrano se convertía en el gran protagonista del partido. Ella y su novia Maica Crespo, uno de los tres árbitros del partido.

Pablo lo había mantenido en secreto. Ni sus compañeros sabían lo que iba a ocurrir. Todo el mundo esperando y un final feliz. Beso, abrazo y el “Sí, quiero”.

Llegó a la cancha como novio y comenzó el partido como prometido. Eso sí, si pensaba que eso le iba a servir para salir favorecido se equivocaba. Su novia, Maica y colegiada del partido fue implacable y le pitó tres faltas personales.

Las mentiras en el matrimonio, pasaporte al fracaso

El mentirse es una forma de infidelidad muy extendida que se puede llegar a convertir en una enfermedad fatal

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Muchos matrimonios no lo saben o admiten, pero el mentirse, aunque no sea por motivos graves, es una forma de infidelidad muy extendida que puede llegar a convertirse en una enfermedad fatal.

Mi esposa y yo pasamos un tiempo en que dejamos de tomar en serio nuestro trato personal comprometiendo gravemente nuestro matrimonio. Empezamos siendo cómplices de lo que considerábamos excusas prácticas. Desde el socorrido uso de la expresión: <> a quien llamaba por teléfono o tocaba a la puerta; hasta todos aquellos problemas o compromisos que queríamos evadir o darle un cierto sesgo, recurriendo siempre al: diremos que… de común acuerdo y conscientes ambos de que mentíamos.

Éramos jóvenes y realmente teníamos acentuados rasgos de inmadurez e inseguridad que debíamos resolver en sus causas, para evitar el mentir. Primero reconociendo la negatividad de la mentira y luego poniendo los medios, esforzándonos en adquirir las virtudes necesarias a partir de la humildad, para lograr ser veraces. Pero en vez de ello, decidimos darles carta de naturalidad a lo que no era verdad.

Aunque no lo admitíamos, poco a poco nos fuimos perdiendo la confianza, pues mintiendo a terceros terminamos mintiéndonos entre nosotros mismos, y no solo con palabras; aprendimos también a mentir con el tono, los gestos, y muchas expresiones corporales, en hábil manipulación de uno con el otro.

Así, nos instalamos en una forma de relación donde el lenguaje se convirtió en un inhumano parloteo que no manifestaba nuestra intimidad personal, la fuente de nuestro amor. Un amor que comenzó a menguar, pues el amor siendo personal, necesita a su vez de la humildad personal para rectificar los errores y reconstruirse en ese humilde regresar al otro. Al negarnos a ello, terminamos también mintiéndonos con nuestras acciones, desprestigiándonos, humillándonos mutuamente. Cuando por periodos cada vez más largos nos dejábamos de hablar, nos hacíamos un gran daño, pues el silencio es la mayor falsedad.

Mi esposa y yo recibimos ayuda profesional, hemos aprendido gradualmente y con esfuerzo a vencer la inercia de este mal moral. Hemos vuelto a la tarea de comunicarnos sobre la verdad de las promesas hechas en el consentimiento de nuestro matrimonio y evitar nuestra mayor mentira: ser un mal esposo o esposa.
En nuestra boda, escuchamos al sacerdote decir: prometes ser fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarle y respetarle todos los días de tu vida… Y la mentira no cabe en absoluto en esta promesa de amor pleno y total. Muchos matrimonios no lo saben o admiten, pero el mentirse aunque no sea por motivos graves, es una forma de infidelidad muy extendida que se puede llegar a convertir en una enfermedad fatal.

Las causas más comunes de la mentira en los matrimonios tienen solución, si con humildad se trabaja en ello, evitando que se propaguen en materias cada vez más graves.

Algunos ejemplos:

• Por trabajar mal y justificar un incumplimiento: pedirle al cónyuge que hable al trabajo y lo reporte enfermo, cuando realmente se desveló viendo televisión.
• Para evitar compromisos: no desear participar en una comisión en la sociedad de padres de familia de la escuela del hijo, o asistir a la boda de un pariente o amigo como padrinos.
• Por fallar a un compromiso: el olvido del aniversario de bodas, o asistir a cenar a la casa los suegros.
• Por aceptar un compromiso del que se duda cumplir, o se sabe con certeza que no se cumplirá: desde una deuda morosa, visitar a un enfermo o ayudar en una colecta para damnificados.
• Por desconfianza y temor a la reacción del otro: un accidente de coche o una infracción de tránsito.
• Para evitar incomprensiones: decir que no se está preocupado, que es solo un dolor de cabeza.
• Para evitar “un mal rato”: encubrir la mala conducta de un hijo, o el costo de una reparación doméstica.
• Por haber tomado una mala decisión y no reconocer un error o un fracaso: una mala inversión, un cambio de trabajo.
• Por tratar de no quedar mal y salir del paso: ante la pregunta del hijo que hace la tarea, o el olvido del encargo de una compra al regreso del trabajo.
• Por encontrarse rebasado en las aptitudes naturales y no aceptar una limitación personal: un trabajo difícil o excesivo, que se aceptó en el afán de ganar más dinero.
• Para manipular o imponerse egoístamente: decir que se siente muy enfermo para distraer sobre un mal comportamiento personal.
• Para ahorrarse el dar mayores explicaciones sobre donde ha estado y con quien: hablar por teléfono diciendo que lo hace desde la oficina con mucho trabajo, cuando se está en otro lugar con los amigos.
• Para no dar cuenta sobre el gasto de dinero: argumentar una descompostura mecánica o un gasto en un tema o área que no domina el otro cónyuge.
• Para impresionar, quedar bien tratando de construirse un falso prestigio: exagerar sobre logros del pasado que no pueden comprobar.
• Por temor a los celos: cuando aparece un cabello sospechoso en el saco del traje.
• Por resentimientos o animadversión contra alguien buscando compartir o imponer el sentimiento en el cónyuge: el clásico problema con el vecino.
• Por ironía burlona, el reírse de alguien buscando que el cónyuge participe: por envidia hacia alguien que tiene éxito profesional.

El lenguaje convencional no se debe usar de cualquier manera, sino que se debe emplear con virtud, es decir con veracidad. No hay mentiras útiles, inocentes, piadosas o blancas, todas son mentiras que son la carcoma del lenguaje y del espíritu. Mentiras que se convierten en la escuela de la ambigüedad, la doblez, el disimulo, el fraude, etc., y que desembocan finalmente en la pérdida de la confianza destruyendo las relaciones entre las personas.

La preciosidad del matrimonio y la familia

familia-coloresUno de los grandes retos de la familia actual es tratar de comer juntos y tener momentos de conversación. Al menos se ha de procurar hacer una comida al día juntos, ya que vivimos bombardeados por trabajos y entretenimientos que puede quitar estos preciosos momentos del arte de convivir en familia y con los hijos. Hay que planear los temas de conversación (temas actuales, trabajo, estudio, amistades, historia, lecturas, deportes, exámenes, etc.) y saber preguntar a cada uno cómo le fue durante el día e interesarse por los detalles más pequeños.

Pocos lugares son tan buenos para educar a los hijos como la mesa de comidas, allí aprenden a conversar. Allí los padres también enseñan a sus hijos las buenas maneras y a preocuparse los unos por los otros, a compartir, a conocerse y amarse. Si la madre les prepara la comida con detalle, los hijos se empiezan a sentir que valen. Es importante que los hijos se sepan apreciados y tenidos en cuenta.

G.K. Chesterton escribía: “Yo he conocido muchos matrimonios felices pero ni uno solo compatible. Toda la mira del matrimonio es combatir durante el instante en que la incompatibilidad se hace indiscutible, y sobrevivirlo”. Y es verdad, el cuento de que hay incompatibilidad de caracteres se inventó cuando no se tienen argumentos sólidos para romper y se carece de valentía para decir que en algo debemos cambiar o ceder.

Cada uno de nosotros somos distintos, más o menos egoístas. Es preciso poner empeño para salir de ese angosto mundo del egoísmo y descubrir la grandeza y la paz de centrar la propia vida en los demás.

Dios ha encargado a la mujer que cuide de su esposo, y a él que la proteja y provea. Son muy importantes las legislaciones sobre el matrimonio. La ley positiva ha de basarse en la ley natural. La ley natural es la base sólida de todo derecho y de todo deber. Hay que saber distinguir entre la legalidad –que sólo ve la ley escrita-, y la legitimidad. Lo legítimo es lo que es justo y lo que está en armonía con el Derecho Natural.

Con el recién aprobado “divorcio express” (divorcio rápido) se ataca fuertemente a la familia porque ese divorcio lo único que busca es separar a los cónyuges, sin considerar que muchas veces hay una crisis pasajera de parte de él o de ella, y que, reflexionando en el bien que trae la solidez de un matrimonio para los cónyuges y para los hijos, superan la prueba y salen de ella con más madurez. Ese divorcio express tampoco considera la patria potestad ni la manutención de los hijos, se centra en separar a los cónyuges y ya.

Reducir matrimonio a una cuestión “erótica sexual” es remitirlo a una cuestión corporal sexual. Eso no es el matrimonio.

Decía el cardenal Joseph Ratzinger: la sexualidad se ha trivializado, se ha banalizado porque se ha reducido al placer, pero la sexualidad es un misterio muy grande, incluso es un misterio sagrado porque es un proyecto de Dios de crear al hombre para el amor, es un modo de participar de la realidad de Dios. Tiene su plenitud en el amor divino, pero cuando la sexualidad se separa del amor, se hace trivial y se convierte en un objeto de comercio. Al separarse del amor se separa de la vida y lleva a la “cultura de la muerte”.

La cuestión de la relación entre el hombre y la mujer hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano. No puede separarse de la pregunta: ¿quién soy? Y esta pregunta, a su vez, no puede separarse del interrogante: ¿existe Dios?, y, ¿quién es Dios? La respuesta de la Biblia a estas dos preguntas es unitaria: el hombre es creado a imagen de Dios, y Dios mismo es amor. Por este motivo, la vocación al amor es lo que hace del hombre auténtica imagen de Dios: se hace semejante a Dios en la medida en que se convierte en alguien que ama.

Las diferentes formas actuales de disolución del matrimonio, como las uniones libres y el «matrimonio a prueba», hasta el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo, son expresiones de una libertad anárquica. Una ‘libertad’ así se basa en una banalización del cuerpo, que inevitablemente incluye la banalización del hombre. Su presupuesto es que el hombre puede hacer de sí lo que quiere: su cuerpo se convierte de este modo en algo secundario, manipulable, que se puede utilizar como se quiere. El libertinaje termina haciendo despreciable el cuerpo.

Somos corresponsables del futuro de la humanidad; porque el futuro de la humanidad nace y crece en la familia”. G.K. Chesterton escribía: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina, ni un comercio, ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia. Los que hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”. Este autor inglés, Chesterton, escribió hace 75 años: “La próxima gran herejía será simplemente un ataque a la moral, especialmente a la moral sexual. Y la locura del mañana vendrá, no de Moscú, sino de Manhattan”.

La familia existe y debe existir. No hay teoría o progreso que pueda destruir esta verdad sin acarrear la ruina.

El entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio –actual Papa Francisco- dijo respecto a la iniciativa de introducir el matrimonio entre personas del mismo sexo, en Argentina, en 2010: No seamos ingenuos, no se trata de una simple lucha política, hay una intención para destruir el plan de Dios: No es un mero proyecto político (es un mero instrumento), es un movimiento del padre de la mentira que desea confundir y engañar a los hijos de Dios.

Al final me quedé solo

Yo era un egoísta con mi esposa, y al final me quedé solo

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El unirme en matrimonio, no fue un acto verdaderamente consciente de que por él establecía ante Dios y ante los hombres, un compromiso de donación plena en el más importante proyecto de mi vida. Actuaba solo conforme a una visión muy pobre, pues lo consideraba algo convencional y necesario, aunque ciertamente, sentía por mi esposa un amor a mi manera.

Todo lo que hacía, se subordinaba a un fuerte individualismo anidado en mi corazón, en el que buscaba afanosamente el éxito que la sociedad suele celebrar: estatus social, prestigio, poder económico, etc.

Trabajaba mucho excluyendo toda responsabilidad personal con los que me rodeaban. Solo entraban en mi consideración, las relaciones meramente funcionales que se pueden establecer con los demás con sentido de conveniencia. Siempre con una actitud de desconfianza, pues en ese “solo te sirvo si tú me sirves”, pensaba que todos los demás eran como yo, y que buscaban  solo servirse de los demás.

Me estorbaban valores que consideraba absurdos y en desuso, tales como: ser generoso, preocuparme  por el presente y futuro de los demás;  acoger al prójimo desamparado, etc., solo por poner unos ejemplos. Era  una coexistencia que rechazaba, considerando  que atentaba contra mi autonomía personal, la cual, para mí, era de un valor  superior a todas esas peculiaridades o características humanas.

En cambio, en mi autonomía  creía sentirme con derechos como el reconocimiento a mis logros, a la realización y afirmación personal, a ser  respetado y sobre todo a actuar según mis deseos,

Primero era yo, luego, yo y después yo. Y el “mi de mi yo” crecía despreciando, menguando y extinguiendo el “tú, de los demás”.

Mi conflictiva personalidad se expandía en el “mí” de: mi cuerpo,  mi salud, mi tiempo, mis proyectos, mis frustraciones, mi aburrimiento, mis posesiones, y un largo etcétera,  en el  que tampoco me importó verdaderamente el mí, de mi familia, la cual sufrió las carencias afectivas por mi acendrado egoísmo.

Vivía con ellos pero no para ellos, les daba cosas pero no me daba a mí, reclamaba, juzgaba… guardaba distancia. Poco a poco, empecé a darme cuenta de que a mi familia no le decía nada mi gran éxito profesional. Yo solo era el extraño, el proveedor, el dueño. Roles en los que  mi persona se ocultaba y se confundía.

En el más absurdo de mis errores, creía tener el derecho de ser amado por mi familia como parte del poder alcanzado. Pero no era así… el amor es libertad  es don, y  no se compra ni se obliga. El darme cuenta fue el amargo remedio que necesitaba. Con agudo dolor en el corazón, de pronto, me sentí solo.

Un amargo remedio por el que pude encontrar a Dios que se ha convertido en mi más profunda compañía. Ahora por la  fe  tengo la certeza de que Él cuida de mi familia y que vela por ella con amor, aunque yo haya fallado. Ahora espero todo de Él, esforzándome por corregir mis errores y confiando  que por su misericordia, sacará un bien de todos mis errores. Dios es amor y le pediré que me enseñe a amar a mi familia y recuperarla.

Nunca es tarde.

Por. Orfa Astorga de Lira.
Orientadora Familiar.
Máster en matrimonio y familia.

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¿Qué dice la Escritura sobre ser padre?

Celebramos a todos los padres que han recibido con aplomo, valentía y compromiso este encargo divino.

 

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Ser padre es una vocación que no se limita a ciertos roles o tareas y su presencia en el matrimonio y la familia es de vital importancia. La Escritura nos dice que Dios lo creó para ser cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia (Efesios 5:23). Pero este concepto bíblico, expresado en términos de las condiciones sociales y religiosas en los primeros años de la Iglesia, tiende a ser malentendido en nuestra cultura actual, incluso al punto de decir que el hombre manda y a justificar acciones de dominio u opresión hacia la esposa y los hijos/as.
 
Recordemos que por nuestro bautismo ya no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos somos uno solo en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28). Entonces pues, tanto el hombre como la mujer desde su condición, tienen un lugar primordial en la iglesia doméstica, de la cual Cristo es la cabeza y ellos sus discípulos.

Las demandas de la sociedad de hoy exigen que tanto hombres como mujeres compartan en pareja las tareas y roles antes considerados exclusivamente masculinos o femeninos. Pero esta realidad actual no resta de modo alguno la integridad de la identidad de cada quien, más bien enriquece la experiencia de vida familiar, a la cual cada uno aporta valiosos dones desde su masculinidad y feminidad.

Ejemplo perfecto de esta complementariedad son Maria y Jose, quienes dan testimonio de vida y protección a nuestro mismísimo Salvador, en el ambiente sano y amoroso de la Sagrada Familia.
 
El hombre que verdaderamente vive según el plan de Dios es aquel liderado por Cristo y, que a imitación suya, se deja guiar por el Espíritu Santo. La palabra “padre” se deriva del término en latín “pater” que significa defensor, protector, sustentador, maestro y padre espiritual. Por lo tanto, un buen padre y esposo es aquel que vive su vocación como defensor, protector, sustentador, maestro, formador -en la fe y las buenas costumbres- y colaborador en su iglesia doméstica, con amor, justicia y misericordia.
 
Celebramos en este mes a todos los padres que han recibido con aplomo, valentía y compromiso este encargo divino. Padres y esposos que se han ganado el respeto y la admiración de los suyos, no con gritos, golpes, ni imposiciones arbitrarias, sino con integridad, rectitud, ecuanimidad y dominio propio. Damos gracias a Dios por aquellos que con su amor y ejemplo fomentan un hogar feliz, como lo hizo el buen San José.
 
Artículo originalmente publicado por Por tu matrimonio

Planificación familiar natural

Planificación familiar natural: no es «para católicos»

Una forma de vivir la sexualidad apta para todas las culturas y conciencias

Por la doctora Ana Otte

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A. El fundamento de los métodos naturales

Todos los métodos naturales tienen como objetivo detectar el momento de la ovulación, que es cuando se libera un óvulo y es posible un embarazo si se han producido relaciones sexuales.  Estos métodos se basan en la observación de indicadores biológicos, que ocurren con naturalidad durante el ciclo menstrual de la mujer y con ellos la mujer puede saber cuando es fértil y cuando no es fértil. Si se desea un embarazo se aprovecha los días fértiles para tener relaciones sexuales, y si no se desea, la pareja se priva de relaciones sexuales en estos días (abstinencia periódica).
 
Los indicadores biológicos que hemos mencionado son: un moco específico que se produce en las criptas del cuello del útero y la temperatura corporal basal.

El moco tiene un desarrollo típico durante el ciclo, en la mayoría de los días tiene una consistencia compacta que no deja pasar a los espermatozoides y estos, al tener que permanecer en la vagina, se mueren a las pocas horas por la acidez de la vagina. Son los días al principio del ciclo hasta que empiece a cambiar el moco y se vuelve más penetrable. En esta situación la mujer es “infértil”, es decir, no puede concebir.

Solo unos días antes y alrededor de la ovulación, el moco adquiere una consistencia casi líquida, cae hacia abajo y es cuando la mujer lo puede observar en la vulva. En este moco los espermatozoides pueden nadar hacia arriba, es decir, atravesar el cuello del útero y llegar hasta la trompa donde es posible la fecundación si ha ocurrido la ovulación y se ha liberado un óvulo.

En este moco líquido los espermatozoides pueden sobrevivir varios días. La mujer se encuentra en situación de fertilidad, son los únicos días en los que es posible un embarazo. Después de la ovulación, el moco vuelve a su consistencia impenetrable para los espermatozoides, y la mujer vuelve a ser infértil.
 
La temperatura, otro indicador,  que se mide por la mañana, antes de levantarse, con un termómetro convencional en la boca, en el recto o en la vagina, también tiene unos cambios característicos durante el ciclo. Se observa un nivel de temperaturas bajas en la primera parte del ciclo, y una subida característica después de la ovulación, que se mantiene alta hasta la siguiente aparición del periodo menstrual.
 
Las observaciones respecto al  moco cervical y las medidas de la temperatura se anotan en una gráfica diseñada para  esto y se van interpretando a medida que avanza el ciclo.
 
También existen dispositivos técnicos que monitorizan e interpretan los principales indicadores de fertilidad, como puede ser el moco cervical, la temperatura o las  hormonas de la sexualidad. Tienen la ventaja de que la mujer no tiene que anotar sus signos, pero varían ampliamente en fiabilidad; más bien sirven para detectar la fase fértil cuando se busca un embarazo que para lo contrario; además exigen que la mujer tenga ciclos regulares, y no sirven durante la lactancia, la premenopausia con sus habituales irregularidades, o cuando la mujer se encuentra en tratamiento hormonal.

Sin embargo, los métodos naturales de autoobservación se pueden aplicar en todas las circunstancias: ciclos irregulares, premenopausia e incluso durante la lactancia, etc., pero tienen el inconveniente de que requieren un aprendizaje personalizado y hay que seguir una gráfica.
 
B.  Tópicos sobre inconvenientes de los métodos naturales. Sus ventajas.

Estos métodos implican una forma especial de vivir la sexualidad, por un lado están libre de fármacos, de efectos secundarios, no tienen coste y son fiables; por otro lado exigen autodominio, fuerza de voluntad para vivir la abstinencia periódica, respeto y renuncia.

En la opinión pública en ocasiones se cuestiona su fiabilidad, se dice que ya si se someten al sacrificio de varios días de abstinencia sexual, por lo menos que sean fiables; pero pensar esto tiene su origen en el desconocimiento. Nadie de los que practican estos métodos opinan esto. La eficacia de los métodos naturales depende totalmente de la disciplina de la pareja, ya que a diferencia de métodos artificiales, la posibilidad de concebir permanece intacta.

Con una motivación alta, un buen aprendizaje y una correcta aplicación de las reglas la eficacia es casi total, dado que el 100% de efectividad no se da tampoco en ningún método anticonceptivo.
 
Los detractores de los métodos argumentan que los métodos naturales no son tan naturales porque  precisamente cuando la mujer tiene el máximo deseo sexual alrededor de la ovulación es cuando se tiene que privar de él, y que en los restantes días del ciclo muchas veces carece de interés.

Alrededor de la ovulación que coincide con la máxima concentración  de los estrógenos, hormona sexual de la mujer por excelencia, se suele vivir el momento de máximo deseo sexual, aunque estudios al respecto corroboran que la mujer tiene apetencia durante todo el ciclo y que éste depende mas bien del trato afectivo que de la situación hormonal.

¿Cómo una pareja que se ama y desea la unión íntima con frecuencia, puede superar la abstinencia durante los días fértiles? Como ya se ha dicho antes,  los métodos naturales no son solo una técnica aplicando unas reglas, sino se trata de una forma de vivir la sexualidad en un consenso mutuo para evitar un embarazo en unas circunstancias determinadas.

Es obvio que trae problemas en la convivencia si uno de los dos no está de acuerdo con esta forma de regulación de nacimientos. La responsabilidad es de los dos, y también la abstinencia es asunto de los dos. El acto sexual vivido así tampoco se convierte en un acto de rutina, y cuando se realiza sin artilugios que distorsionan la fertilidad se vive de una forma más sana y profunda. La abstinencia periódica no debería ser un impedimento para el amor, al contrario, anima a la pareja a buscar otras formas de expresar el cariño que tienen un efecto positivo sobre la convivencia.
 
Además se acusa a los métodos naturales de tener que programar las relaciones y de este modo privarlas de espontaneidad. Respecto a esto se puede decir que el ser humano es libre para actuar según su voluntad y que a diferencia de los animales, no obedece a impulsos sino que los puede controlar.
 
También se insiste en la incomodidad de los registros en una gráfica, pero esto sólo afecta en los comienzos. Los usuarios con experiencia actúan con la misma habilidad que  un  conductor cuando maneja volante, frenos y embrague, casi inconscientemente.
 
Otro tópico que se achaca a los métodos naturales es que sólo son practicables entre parejas con poca actividad sexual. Sin embargo, la frecuencia de las relaciones es indiferente, tanto en usuarios de métodos artificiales como naturales. Lo que difiere es el reparto de relaciones durante el ciclo, hay abstinencia durante unos días, pero libertad plena durante el resto del ciclo. Cuando finalmente termina el tiempo de espera porque se acaba la fase fértil, el encuentro íntimo se vive más intensamente como un efecto luna de miel, como un incentivo que aumenta la atracción mutua. 
 
C. Valoración global

Los métodos artificiales destruyen temporal o definitivamente la posibilidad de concebir y pueden tener efectos secundarios a nivel físico, psíquico y afectivo, a veces graves. Con ellos el acto sexual no se vive con naturalidad y la genitalidad está distorsionada. Por eso en ningún caso la anticoncepción artificial resulta más beneficiosa para el control de los nacimientos que la libre elección de la regulación natural de la fertilidad.
 
En los métodos naturales no hay intervención técnica, mecánica, medicamentosa ni quirúrgica, solo se basa en la observación de signos naturales. No tienen efectos secundarios. La fecundidad permanece intacta siempre, la procreación es posible siempre cuando se desea. Son métodos de responsabilidad compartida. Fomentan el diálogo entre la pareja,  enriquecen la vivencia sexual, tienen un factor pedagógico en la educación del autodominio y se adaptan a toda clase de conciencias cuando por motivos éticos se rechaza la anticoncepción artificial.

En la sociedad actual hay una demanda cada vez mayor de volver en todos los ámbitos de la vida a lo natural y sano. Por eso parece ilógico que se considere la fertilidad como un mal que hay que evitar, cuando es un signo de perfecta salud.
Ver “Paternidad responsable”

True Romance

More than 50 years together started with a year apart

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Back in 1962, a logistical issue or two got in the way of Mike Maus dropping on one knee to propose to Coralinn Tuttle.

First, he was stationed in Germany and she was attending college in New Jersey. Maybe he could have popped the question from the only phone on his floor of the bachelor officers’ quarters. But, he recalls, overseas calls cost a nickel a second.

So he wrote her a letter and enclosed an engagement ring.

“He’s very good with letters,” Coralinn says.

“I can write,” says Mike matter-of-factly. “I thought it was a very good letter. I was very much in love. All you had to do was express that and away you went.”

She said yes, obviously, but she wouldn’t put the ring on her finger until she talked to him.

“He could have been out in the field,” she says. “I didn’t really know. It wasn’t instantaneous speaking as we have now. It was leaving a trail of messages.”

There’s something romantic about that, isn’t there? There was no tweeting their engagement to the world. No Facebook posts with a million likes. No texting emoticons to each other. It was just two young people an ocean apart, linked by that letter and dozens of others exchanged during the year.

They’d met a couple of years earlier on a blind date. Mike was a senior at the United States Military Academy at West Point, where Coralinn’s father was dean of the military psychology and leadership department. She was a high school senior.

They were, Mike says, “very much taken with each other.”

After West Point graduation, he stayed in the U.S. for a year to go through airborne, ranger and artillery training school. She began attending Rider College, where he’d drive as often as he could to see her. Then he was transferred to Germany.

As fate would have it, her father received an assignment in Oberammergau, Germany, where the family moved in June 1963. Nepotism rules kept her from working with her dad, so she found a job as a legal secretary with the U.S. Air Force — “happily,” Mike says, “near where I was stationed.”

They married on April 4, 1964, and stayed in Germany for a year, where the first of their three children, Mike’s namesake, was born. Their two daughters, Cynthia and Christine, are Little Rock babies, born in Mike’s home state.

“You can take the boy out of Arkansas,” Coralinn says, “but not for very long.”

Mike left the Army and began working for Southwestern Bell and later AT&T, and was transferred just about as much as Coralinn’s career Army dad had been. The couple lived in Pine Bluff and Little Rock, Ark.; a time or two in Dallas; twice in New Jersey. When Mike retired at age 58, they settled in England.

Then Mike’s dad passed away. His mother and sister were in the Dallas area, so Mike and Coralinn moved back to Texas to be close to them. They settled in McKinney 15 years ago, living in their ninth house since they married. But they don’t exactly stay put. They go to Nuevo Vallarta, Mexico, and to Hawaii for a couple weeks every year. They’ve been all over the world. Next up? Africa for a photographic safari, shooting pictures to add to the 19,000 they’ve shot in the past 15 years.

They also do a lot of volunteer work, primarily at their church. Coralinn attributes their camaraderie and happiness to their stong Catholic faith.

“You have to have faith in God,” she says. “As long as we do good things and make measured decisions, things will be fine. I had breast cancer in 2000. My husband and family and friends and great doctors and the grace of God got us through that.”

Says Mike: “She’s a first-born and I’m a first-born, so there’s a push-pull about who’s in charge.”

“We’ve learned to relinquish times we’re not in charge,” Coralinn says.

Marriage, she says, “takes a lot of love and sincerity.”

“A good sense of humor,” Mike says. “Some tolerance.”

“And faith,” Coralinn says again. “You have to have a lot of faith in the person you’re considering marrying. You have to know he or she has your best interest at heart and loves you more than life itself. You have that hope this is the person you’ll marry for a lifetime. You have enough faith they’ll support you through all things.”

Nominate a couple for True Romance: contact lgarcia@dallasnews.com.