¡Confiesa que no es pecado!

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Después de oír tantas veces que no hay que mezclar religión y política, que no hay que confundir el pecado con el delito, que no hay que discriminar a nadie en la vida pública por sus convicciones religiosas o ateas, nos puede parecer que se trata de algo obvio y pacíficamente aceptado en una sociedad democrática. Y no es así. Al menos en ciertos temas.

Basta ver el caso de Tim Farron (en la foto), hasta hace días líder del partido Liberal Demócrata británico. Su partido ha mejorado sus resultados en las recientes elecciones, con una ganancia de 4 escaños hasta alcanzar 12. Es cierto que, con la vuelta al tradicional bipartidismo de la política británica, los liberales demócratas no han recuperado el papel de socio de la coalición de gobierno que tuvieron en la época de Cameron. Pero Farron no ha dimitido por razones políticas, sino por mantener sus creencias religiosas.

Farron es un hombre de convicciones firmes, tanto en lo religioso como en lo político. Es cristiano evangélico, lo que en su caso es algo más profundo que una etiqueta. También es un entusiasta defensor de las ideas liberales de su partido, al que pertenece desde los 16 años, con una trayectoria que le llevó a ser su líder.

Fiel a sus convicciones, Farron no ha intentado en ningún momento utilizar la política para imponer a otros sus convicciones religiosas. Por el contrario, han sido sus críticos los que desde el primer momento intentaron escarbar en sus convicciones religiosas para descalificarle como político. En cualquier entrevista, lo importante no era lo que pensaba el líder de los Lib-Dem sobre los impuestos, el Brexit o la inmigración, sino qué pensaba sobre algunos temas que pudieran estar en conflicto con sus creencias religiosas.

En estos tiempos, el tema estrella era inevitablemente la homosexualidad. Pero no ya el matrimonio gay o la lucha contra la discriminación. Lo que querían saber es si Farron pensaba que la conducta homosexual era un pecado. Farron eludía la respuesta alegando, razonablemente, que estaba allí como representante de un partido político, no de una Iglesia; que lo que él pensara en su conciencia solo le concernía a él; y, estrechado a preguntas, llegaba a reconocer que “todos somos pecadores”. Pero nada de esto satisfacía a los empeñados en mezclar religión y política.

La actitud de los entrevistadores era realmente insólita. Si se trata de hablar de la corrupción, las preguntas al político versarán sobre qué medidas va a tomar para evitarla, no si cree que la avaricia es un pecado o si los corruptos irán al infierno. Pero la homosexualidad ha adquirido un carácter de dogma, hasta el punto de que en este tema un político puede ser juzgado no ya por sus actos públicos, sino por sus creencias privadas. Como ha dicho Brendan O’Neill, editor de Spiked, “Farron está siendo demonizado por sus pensamientos privados, por los contenidos de su espíritu; no incluso por algo que hizo en privado, sino por algo que piensa en privado”. La Inquisición no llegaba a tanto.

Ni tan siquiera pueden reprochar a Farron que obstaculizara ninguna pretensión del lobby LGTB. Los Lib-Dem son firmes defensores del matrimonio gay, y Farron también votó a favor. Como también se opuso a la prohibición de que los gais donaran sangre, y apoyó el indulto póstumo para los miles de homosexuales que fueran condenados en Gran Bretaña. Si algo puede decirse de su actuación en este tema, es que dio más importancia a la línea de su partido que a lo que él pensara en conciencia.

Pero finalmente Farron ha llegado a la conclusión de que debía optar entre lo que le dice su fe y su conciencia y la política que se espera de su partido. Al explicar su dimisión, Farron advierte que una y otra vez la prensa ha puesto bajo sospecha su liderazgo político por cuestiones relacionadas con su fe, lo cual ha desviado la atención sobre el mensaje político de su partido. “La consecuencia de poner el foco en mi fe es que me he encontrado dividido entre vivir como un cristiano consecuente y servir como líder político. Quizá alguien mejor y más sabio que yo habría sido capaz de manejar esto con más éxito, para seguir siendo fiel a Cristo y líder de un partido político en el ambiente actual”. Pero como él no lo ve posible, prefiere dimitir de su puesto. Lo menos que puede decirse es que en un campo tan propicio al oportunismo como la política, Farron ha elegido lo más difícil.

También lo hizo así otro ilustre político inglés del siglo XVI, Thomas More, lord canciller de Inglaterra, que perdió la cabeza por no reconocer que era válido el nuevo matrimonio del rey Enrique VIII ni su pretensión de convertirse en cabeza de la Iglesia anglicana. Hoy no te llevan a la Torre de Londres por no someterte a los dictados del gobernante. Pero los neocromwellianos interrogadores de los media liberales de hoy se encargan de acosar al disidente para destrozar su reputación.

Como de costumbre, los sectarios se curan en salud acusando a Farron de ser un “cristiano fundamentalista homófobo” y de manifestar “intolerancia y prejuicio”. Pero en cambio ellos se creen habilitados para decidir si una conducta puede ser o no pecado según la fe cristiana y para condenar al que no piense como ellos. Se ve que el “quién soy yo para juzgar” está bien para el Papa, pero los defensores de la diversidad y de la inclusión sí pueden permitírselo.

¿Por qué el lobby gay empieza a desvelar el «lado oscuro» de la vida homosexual?

ReL 26 abril 2017

Recientemente en ReL hemos dado noticia de dos importantes reportajes, a medias testimoniales y a medias documentales, publicados por sendos gays activos en The Huffington Post, un medio en absoluto contrario a las causas del lobby LGTB.

El primero explicaba que la mayor parte de las personas que practican la homosexualidad tuvieron su primera experiencia como víctimas en una relación de abuso de menores (esto es, con una pareja mayor de edad).

El segundo caracterizaba como epidémica la soledad de las personas gays activas, y acumulaba testimonios y datos que apuntaban a la misma vida gay, y no solo al acoso o la discriminación, como causa de la profunda infelicidad de muchas de estas personas y de su constatada mayor probabilidad de suicidio, depresión, ansiedad, abuso de drogas, prácticas sexuales de riesgo y trastornos del estado de ánimo.

Austin Ruse, presidente de C-Fam (Centro por la Familia y los Derechos Humanos), analiza estos y otros datos que apuntan en la misma dirección en un artículo publicado en Crisis Magazine bajo el título «Homo-Homofobia«:

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Austin Ruse es un firme defensor de la familia y de los derechos civiles frente a las imposiciones y presiones del lobby gay.

HOMO-HOMOFOBIA
Cuando el Tribunal Supremo impuso el falso matrimonio en todo el país, los LGBT se quedaron preguntándose qué hacer después, cómo hacer para que se siguiera hablando del tema.

Algunos de ellos, y en particular el presentador de radio y activista Michelangelo Signorelli, acertadamente predijeron que la respuesta de los cristianos conservadores sería proteger la libertad religiosa y que pedirían ser los únicos a quienes no se les obligara a realizar servicios religiosos moralmente reprobables.

Transgénero: de dos noticias a mil
Otros centros de poder homosexual respondieron impulsando la cuestión transgénero, a pesar de que nunca antes habían estado realmente interesados en ella. Una mirada somera al New York Times demuestra que prácticamente no se publicaban historias sobre los transgénero hasta 2015, el periodo previo a Obergefell [sentencia que legalizó el llamado matrimonio homosexual]. Las historias pasaron de una o dos a más de mil prácticamente de la noche a la mañana.

Ambas respuestas tenían que ver, sobre todo, con la captación de fondos y con mantener vivo ante el público el tema que les interesaba tras su victoria en el Tribunal Supremo. Al fin y al cabo, las parejas gays podían fácilmente encontrar otros panaderos y fotógrafos para decorar y conmemorar sus «nupcias».

Enseñar en la escuela
Lo más increíble es que ahora su mayor deseo es hablar abiertamente de su estilo de vida. La abominable, pero dominante, publicación gay Advocate publicó una historia -de un médico nada menos- en la que se enseñaba a los jóvenes cómo preparar sus cuerpos para la sodomía. Es una lectura horripilante.

Escribe: «A menudo les digo a mis pacientes que grandes pasivos [expresión que viene del inglés bottom y que hace referencia en la pareja gay a la parte receptora en el sexo anal] lo han estado haciendo durante bastante tiempo; muchos de ellos lo experimentaron por primera vez durante su juventud. Por desgracia, nadie nos enseñó el modo correcto de ‘ser pasivo» durante nuestras clases de educación sexual en el instituto. Sin embargo, nunca es demasiado tarde para aprender y disfrutar de nuevas y positivas experiencias sexuales. He aquí mi guía de 101 pasos para ‘ser pasivo’…”

La revista también publica un artículo donde dice que los gays deben hacerse regularmente un frotis de sus traseros. Ahora bien, nadie fuera de los círculos homosexuales lee estos artículos. Pero hay dos asombrosos y reveladores artículos a disposición de un público más amplio publicados en el importante y conocido The Huffington Post.

Hay que recordar que si no pensaran que ya han ganado todo, no estarían deseando revelar el desagradable lado oscuro de su estilo de vida.

De víctimas de un abuso…
Chad Felix Greene empieza su Qué pasa cuando los hombres tienen sexo con chicos adolescentes con esta provocadora frase: «Tuve sexo con un hombre por primera vez cuando era un adolescente de 14 años». Explica que un hombre mayor se acercó a él en una biblioteca pública y, básicamente, le agredió. Le gustó y siguió haciéndolo. Escribe que el hombre mayor «le guió a través de diversas actividades sexuales».

Greene continúa describiendo la vida sexual desenfrenada y peligrosa de su adolescencia: «A los 15 me quedaba solo en las zonas de parking, a la una de la madrugada, esperando que hombres desconocidos me llamaran para tener sexo en sus coches». A los 16 tenía «cientos de parejas sexuales». Cuando acabó el instituto conoció a más chicos gays de su edad y se «sorprendió al saber que casi todos habían pasado por las mismas experiencias«.

Greene tiene ahora 34 años y dice que no puede imaginarse haciendo a un adolescente lo que le hicieron a él. Sin embargo, lo que él describe es habitual, algo que los gays hasta ahora odiaban admitir.

…a víctimas de la soledad
La otra historia publicada en The Huffington Post se titula: «Together Along: The Epidemic of Gay Loneliness» [Caminando juntos, la epidemia de la soledad gay] y su autor es Michael Hobbes. Es extenso y sólo puede describirse como un grito del corazón sobre la fealdad del mundo gay. Hobbes describe la trayectoria que separa a sus amigos gays de sus amigos que no lo son: los que son sexualmente normales tienden a tener relaciones, al matrimonio, a la felicidad; la vida de los gays está alimentada por el sexo anónimo y furtivo, el consumo excesivo de alcohol, la pornografía y una aplastante soledad. Hobbes cita media docena de estudios que demuestran que hay algo que está terriblemente equivocado en el mundo gay.

En él «hay de dos a diez veces más posibilidades de suicidio que en el mundo heterosexual… y el doble de posibilidades de sufrir depresión profunda«. Tres cuartas partes de «los hombres gays que han llegado recientemente a Nueva York sufren de ansiedad o depresión, consumen drogas o alcohol, tienen relaciones sexuales arriesgadas o una combinación de las tres».

Hobbes dice que «los hombres gays tienen menos amigos íntimos que los heterosexuales o las lesbianas» y que el sentimiento de vacío en sus vidas «no es únicamente un fenómeno americano. En los Países Bajos, donde el matrimonio gay es legal desde 2001, los hombres gays sufren más que los hombres heterosexuales de trastornos del estado de ánimo y tienen diez veces más posibilidades de cometer suicidio«. En Suecia, donde existen las uniones civiles desde 1995 y el matrimonio desde 2009, los hombres casados con hombres tienen un índice de suicidio tres veces mayor que los hombres casados con mujeres.

Hobbes menciona deliberadamente Nueva York, Suecia y los Países Bajos con el fin de plantear la cuestión. Todos ellos son paraísos gays en los que la «homofobia» no puede ser una razón. El propio Hobbes fue «educado en una ciudad moderna y cosmopolita por padres PFLAG [Parent, Families and Friends of Lesbians and Gays: Padres, familias y amigos de lesbianas y gays]. Nunca he conocido a nadie que muriera de sida, no me he sentido nunca discriminado y salí del armario para entrar en un mundo en el que el matrimonio, una cerca y un golden retriever no sólo eran factibles, sino esperados». Sigue: «También he entrado y salido de terapia más veces de las que he descargado y eliminado Grindr” [aplicación de contactos gays].

¿Estrés de minoría?
Hobbes afirma que parte del problema es la homofobia interiorizada, lo que se podría llamar «homo-homofobia», pero que ellos llaman «estrés de la minoría». La teoría del estrés de la minoría afirma que un miembro de una comunidad «marginada» puede experimentar absoluta hostilidad o, por lo menos, necesitar un esfuerzo extra en todos los aspectos de su vida, una presión que la mayoría de nosotros no siente. Tal vez. Tal vez no.

En su magistral reseña sobre la bibliografía que trata el tema de la orientación sexual e identidad de género, los Drs. Lawrence Mayer y Paul McHugh escriben: «El modelo de estrés social puede explicar algunos de los problemas de salud mental de las minorías sexuales, a pesar de que las pruebas que apoyan este modelo son limitadas, inconsistentes e incompletas. Algunos de los conceptos fundamentales de este modelo, como la estigmatización, no son fácilmente mensurables. Hay pruebas que vinculan algunas formas de maltrato, estigmatización y discriminación a algunos de los problemas de salud mental experimentados por los que no son heterosexuales; pero aún no es evidente que estos factores expliquen todas las disparidades existentes entre la población heterosexual y la no heterosexual».

El adoctrinamiento LGBT será obligatorio en todos los colegios madrileños, públicos o privados

ReL 14 julio 2016

«Que la identidad de género y los distintos modelos de familia sean respetados en ámbitos educativos»; «se garantizará que a todos los alumnos madrileños se explique la realidad de las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género«.

La Asamblea de Madrid, presidida por el PP de Cristina Cifuentes y con el voto favorable del PSOE, Podemos y Ciudadanos, ha aprobado este jueves una ley de ideología LGBT y de género que multa con hasta 45.000 euros a quien ofrezca ayuda a alguien que quiera abandonar sus sentimientos homosexuales («cualquier intervención médica, psiquiátrica, psicológica o religiosa que persiga modificar la identidad de género u orientación sexual de una persona»).

Además implanta en las escuelas el adoctrinamiento obligatorio en ideología LGBT para todos los alumnos: «Que la identidad de género y los distintos modelos de familia sean respetados en ámbitos educativos»; «se garantizará que a todos los alumnos madrileños se explique la realidad de las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género».

¿Y quién dirá en los colegios (públicos o católicos) cuál es «la realidad» de esas orientaciones? Aunque en una primera fase parece que no está muy definido, es probable que enseguida las asociaciones LGBT se erigirán como intérpretes únicos y privilegiados para decir qué es «la realidad».

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Cristina Cifuentes (PP) y un líder del activismo LGBT en el metro del barrio de Chueca, cuyos habitantes tienen idearios muy variados pero a los que se imponen los emblemas de una sola ideología muy particular, la LGBT

El PP lo empezó y el resto lo ampliaron
Aunque la iniciativa de la ley partió del Partido Popular, los otros partidos la han ampliado con medidas aún más radicales y han quedado contentos con el resultado, que incorpora 138 enmiendas.

La diputada de Podemos y veterana activista política del lobby LGBT, Beatriz Gimeno, no ha disimulado de qué va la ley y ha proclamado directamente: «Las terapias para curar la homosexualidad serán prohibidas, nunca más habrá adolescentes empastillados y padres engañados, y nunca más se podrá decir que la homosexualidad se puede curar».  La ley, piensa ella, establece lo que en Madrid se puede y no se puede decir.

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Beatriz Gimeno, la líder del lobby gay en Podemos, ha dejado claro que la ley no permite debatir sobre la orientación sexual: «Nunca más se podrá decir que la homosexualidad se puede curar, las terapias para curar la homosexualidad serán prohibidas», ha declarado

Las multas no son solo para las «terapias» sino incluso para «cualquier intervención religiosa» que busque modificar la llamada «identidad de género» u «orientación sexual».

Bajo estas líneas, fragmentos de un borrador casi final, un poco anterior a la versión definitiva aprobada por la Asamblea de Madrid; como se observa, cualquier intento de modificar la «orientación sexual» (incluso una mera oración, ya que impide «intervenciones religiosas») será considerado «infracción muy grave»

Privilegios que no tienen otros colectivos
Lo que se presentaba como una ley contra discriminaciones injustas se ha convertido en un recopilatorio de ventajas y privilegios laborales, educativos y presenciales que no tiene ningún otro colectivo desfavorecido: ni los ancianos, ni las madres solas, ni los gitanos, ni los inmigrantes, ni los parados de larga duración, etc…

Así, como ya sucedía leyes similares en otras autonomías (la catalana, por ejemplo) se practica la inversión de la carga de la prueba: un acusado de discriminación por esta causa debe demostrar su inocencia, cuando la ley establece más bien que es el acusador el que debe demostrar el delito.

Una especie de soviet que vigile
Un Consejo LGTBI creado por insistencia de las asociaciones del lobby monitorizará las políticas públicas referidas a esta materia.

La llamada ‘Ley de protección integral contra la discriminación por diversidad sexual y de género de la Comunidad de Madrid’, supone «una Comunidad de Madrid más libre y segura, más diversa y más rica», según declaró el portavoz del PP en la asamblea, Enrique Ossorio.

Con un escaño del PSOE autonómico, el transexual Carla Antonelli ha intentado quitar «mérito» de la ley al PP y ha señalado que la creación del Consejo LGBT de la Comunidad no estaba en la propuesta original. Ha reivindicado la figura del difunto activista gay socialista Pedro Zerolo y ha felicitado al PP por adoptar «la igualdad real después de votar 40 años en contra de los derechos LGTBI».

Tomás Marcos, parlamentario de Ciudadanos, ha recordado que precisamente el 14 de julio se conmemora la Revolución Francesa cuyo lema, ‘Igualdad, Libertad, Fraternidad’, ha querido recordar puesto que es que «grita» esta ley. No ha querido recordar que en apenas un par de años tras la solemne proclamación serían guillotinadas o ejecutadas en el Terror entre 10.000 y 40.000 personas acusadas de ser «contrarrevolucionarias» en juicios farsa.

El Foro de la Familia protesta
El Foro de la Familia (www.forofamilia.org), que infructuosamente pidió que hubiese libertad de voto en los partidos respecto a esta ley de calado ideológico, ha señalado que para impedir discriminaciones injustas, no sólo contra las personas homosexuales sino contra otros muchos colectivos, ya estaban las leyes existentes contra la incitación al odio y el artículo 14 de la Constitución.

El presidente del Foro de la Familia, Mariano Calabuig ha señalado que la ley viola la libertad de los padres para educar a sus hijos y que, de hecho, nadie ha consultado a asociaciones de padres para realizar esta ley ni otras similares en otras regiones españolas.

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Mariano Calabuig, presidente del Foro de la Familia

Otros sectores recuerdan que tampoco se ha consultado ni a médicos ni a psiquiatras ni a la comunidad educativa ni a entidades religiosas. Sólo los lobbies LGBT han tenido participación.

Algunos párrafos sobre cómo impartir las doctrinas de la ideología LGBT en las escuelas

«En el artículo 29.2 se recoge la elaboración de una Estrategia integral de educación y diversidad sexual e identidad o expresión de género que se aplicará a todos los niveles y etapas formativas y que será de obligado cumplimiento para todos los centros educativos», denuncia Calabuig.

El artículo 34 obligará a todos los docentes a recibir formación (es decir, a ser adoctrinados) por parte de las organizaciones LGTBI e incorporará “la realidad LGTBI y los diferentes modelos de familia a los cursos y másters de formación del futuro personal docente”.

“Bajo la apariencia de hacer frente a la discriminación del colectivo LGBTI, lo que realmente se pretende con esta ley es la imposición obligatoria de la ideología de género y de la presencia de las asociaciones LGBTI en todos los ámbitos de la vida pública y privada; y además, con el apoyo y financiación de las administraciones públicas”, dice Mariano Calabuig.

Calabuig dice que “desde el Foro de la Familia tenemos el compromiso y el deber de defender la libertad de pensamiento en materia de sexualidad y el derecho de los padres para educar a sus hijos según sus propias convicciones (artículo 27.3 CE).

Lea también el artículo de opinión del director de Religión En Libertad sobre este tema: Se prohíbe querer ser heterosexual

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