En Lourdes tuvo un extraño encuentro con una mujer y un niño: se curó y años después acabó siendo sacerdote

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Christy es ahora un conocido sacerdote en la Inidia, y sigue formándose en Estados Unidos.

Que las madres hacen grandes sacrificios por sus hijos es algo sabido y compartido. También lo es que a menudo pueden ser la puerta de entrada a la santidad de sus hijos, y esto se ve en que en muchas ocasiones detrás de cada gran santo suele haber una madre orante y creyente.

El sacerdote indio Christy David Pathiala está de acuerdo con ello y fue gracias a la fe de sus padres, y al amor que le enseñaron a la Virgen María lo que luego provocó que acabara siendo sacerdote. Pero mientras tanto, hubo un acontecimiento clave en su vida donde sus dos madres, la que le dio a luz y la propia Virgen, tuvieron un papel primordial.

Vio la muerte muy de cerca

Cuando era niño sufrió una extraña enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida. “Estuve en la UCI durante 12 horas y los médicos no tenían esperanzas. No respondía al tratamiento y dijeron a mis padres que se prepararan para mi muerte. Pero ellos no se dieron por vencidos. Las oraciones de mis padres me hicieron mejorar”, relata este sacerdote en Catholic Lane.

Pudo recuperarse de lo que parecía una muerte segura, pero le quedaron unas secuelas bastante graves, pues le daban una serie de fiebres altísimas que obligaban a sus padres a hacerle baños de hielo. La temperatura de su cuerpo era difícil de regular incluso cuando no estaba enfermo.

Así por ejemplo, no podía comer ni beber nada frío, ni siquiera se podía exponer a un viento frío porque entonces volvían estas fiebres.

La peregrinación a Lourdes

En 1989, cuando Christy tenía 4 años, sus padres decidieron peregrinar al santuario de Lourdes. Su madre había rezado fervientemente por una cura para su hijo, y tenía mucha fe en que de aquella peregrinación volvería sano.

Christy y sus padres nunca olvidarán lo que vivieron aquel día. Ya en Lourdes, de camino al santuario pasaron por una de las heladerías, y el pequeño miró con tristeza los helados expuestos. “Debido a que los helados son fríos no podía comerlos”, cuenta el ahora sacerdote, que recuerda que “cuando mi hermano comía helado, mi padre, por pena, siempre me compraba sólo el cono de galleta”.

“Vi la heladería y supliqué a mi madre que me dejara comer helado”, afirma Christy. “Ella tenía tanta fe que dijo: ‘Primero vamos a los baños (piscinas del santuario), y aunque él muera, tendrá ese helado”.

Una mujer que llevaba a un niño en silla de ruedas

Pese a su corta edad en aquel momento se acuerda de como hacía cola para entrar en una de las piscinas en las que muchos enfermos se sumergen en el agua del manantial de la gruta en la que se apareció la Virgen esperando la curación.

Mientras esperaba su turno, una mujer que empujaba una silla de ruedas que transportaba a un niño se acercó a Christy y a su padre. De manera sorprendente, ella colocó cinco francos en la mano de Christy y dijo: “Vete a tomar ese helado”. Cuando se alejaba, le dijo a su padre: “Reza por mi hijo”.

Cuando su madre volvió, le contaron lo que había sucedido con esta mujer, la buscaron por todos lados pero no la encontraron. Finalmente, este futuro sacerdote fue sumergido en las aguas de Lourdes y luego toda la familia fue a la heladería.

Christy estaba curado

Por fin pudo probar aquellos helados que tanto anhelaba. Uno, después otro, y otro más. Las fiebres habían desaparecido. Estaba completamente sano.

Christy está convencido que aquella mujer era la Virgen María, y que el niño en la silla de ruedas era Jesús. “Después de aquel día, tuve la sensación de que ella me estaba diciendo, ‘te estoy llamando para algo’”.

“Este niño será como yo”

Nunca había pensado en ser sacerdote. Pero él ve ahora algunos signos claros manifestados durante su infancia. En una visita a Roma con su familia, durante una audiencia papal llamó la atención de Juan Pablo II, que se inclinó y le abrazó. En ese mismo viaje, mientras caminaba con su padre un sacerdote se les acercó y señalándose su alzacuellos dijo: “Algún día este niño será como yo”.

“Lo había olvidado, pero mi padre me lo recordó durante mi ordenación. Mirando hacia atrás, trato de relacionar como Dios me ha guiado a lo largo de mi vida. Intento vivir en el presente y dejar que Dios decida cómo van a ser las cosas”, afirma contento.

Padre Tom: “Nunca he tenido miedo de morir”

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El Papa Francisco bendice el testimonio de Tom Uzhunnalil, secuestrado durante más de 18 meses en Yemen

El Papa Francisco recibió, en El Vaticano, al misionero salesiano de origen indio Tom Uzhunnalil que fue secuestrado en Yemen durante casi 80 semanas y fue liberado el pasado martes. El breve encuentro sirvió para que el Papa bendijera la entereza y el testimonio de fe que había mantenido durante su cautiverio.

Tom Uzhunnalil llegó a Roma el mismo día que fue liberado procedente de Omán. Alojado en la comunidad salesiana del Vaticano para favorecer su recuperación y preservar su seguridad, una de las primeras cosas que quiso hacer fue rezar en la capilla y celebrar la Santa Misa. Este último deseo, sin embargo, no pudo cumplirse en ese momento por la urgencia de ser sometido a un exhaustivo reconocimiento médico, aunque sí pidió ser confesado.

El padre Tom aseguró que durante todo el periodo de su secuestro continuó celebrando espiritualmente la Santa Misa todos los días, recordando de memoria las plegarias de la Misa y confirmó que cuando los asaltantes lo secuestraron él se encontraba en la capilla de las Misioneras de la Caridad de la comunidad de Adén.

El misionero salesiano agradeció en todo momento a los Salesianos, a Dios, a la Virgen y a todas las personas que habían rezado por su liberación. Entre los salesianos que lo recibieron destacaban el padre Francesco Cereda, Vicario del Rector Mayor, que representa al Superior que se encontraba de Visita de Animación en Malta, algunos hermanos salesianos de la Comunidad del Vaticano, salesianos de la Casa Generalicia y, especialmente, el padre Thomas Anchukandam, exprofesor del padre Tom y quien autorizó su viaje como misionero a Yemen cuando era Inspector de Bangalore.

Después del secuestro asegura que “nunca fui maltratado”, aunque por la situación que vivía, bajó rápidamente de peso y los secuestradores le entregaron los medicamentos para la diabetes. Siempre tuvo la misma ropa y fue trasladado de lugar dos o tres veces, pero siempre con los ojos vendados.

“Nunca he tenido miedo de morir”, destacó el misionero, quien también recordó lo que ocurrió el 3 de marzo de 2016, la noche antes de la matanza: “la superiora de la casa de las Misioneras de la Caridad de Adén, al comentar sobre la difícil situación en la que se encontraban como religiosas en el territorio de guerra, había manifestado que sería bueno ser martirizadas todas juntas por Cristo. Sin embargo, la más joven de las religiosas -que luego sobrevivió al ataque- respondió: “Quiero vivir por Cristo”.

Los salesianos que tuvieron la oportunidad de reunirse con el padre Tom Uzhunnalil reconocieron que habían recibido un testimonio de fe inolvidable.

En la tarde de ayer, a su regreso de la visita a Malta, el Rector Mayor de los Salesianos, don Ángel Fernández Artime publicó un mensaje de alegría por la liberación del padre Tom en el que agradecía la cercanía y oración de todos los ambientes salesianos del mundo para contribuir a su puesta en libertad y en el que confirmaba que nunca se le había pedido un rescate a los Salesianos ni le constaba que se hubiera realizado pago alguno en la operación llevada a cabo por un operador humanitario en coordinación con el Sultanato de Omán.

El X Sucesor de Don Bosco confirmó que el misionero salesiano regresará a la India cuando se recupere.