Un sacerdote exorcista hacia los altares

Juan Manuel Martín del Campo podría convertirse en el primer exorcista beato de América Latina

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En la nueva tanda de futuros beatos aprobada a fines de septiembre por la Congregación para la Causa de los Santos, muy pocos notaron que se incluye uno que se distinguió en vida por ser un activo y reconocido exorcista. Se llama Juan Manuel Martín del Campo, de nacionalidad mexicana, que nació en Lagos de Moreno, en el Estado de Jalisco, el mismo año de la revolución rusa, 1917.

Pero la mayor parte de su vida transcurrió en el Estado de Veracruz, durante los años de la persecución religiosa, como seminarista, como párroco, como profesor, como confesor y capellán y como director espiritual, en una época en que las leyes mexicanas prohibían que la Iglesia desarrollara actividades públicas. Y nada menos que como exorcista, “un antiguo rito de sanación del demonio” que Martín del Campo practicó desde 1987 hasta 1995, un año antes de su muerte en 1996 debido a un cáncer de próstata.

Eran años difíciles para la Iglesia mexicana, a la que Juan Pablo II visitó entonces en dos oportunidades, 1979 durante la presidencia de López Portillo –cuando celebró una misa en Veracruz a orillas del mar- y en 1992, cuando gobernaba Salinas de Gortari.

Un biógrafo de Juan Manuel Martín del Campo afirma que el candidato a beato, “Conocido por su entrega y devoción al ministerio, su paciencia para confesar a los fieles y ser un sacerdote docto y lleno de piedad, encontró especial reconocimiento por realizar diversos exorcismos en la región, siendo uno de los más conocidos el ya mencionado, en el Centro de Especialidades Médicas del Estado de Veracruz (CEM)”.

El caso citado, uno de los muchos que el sacerdote trató durante los 7 años que recibió el mandato como exorcista del obispo de su diócesis, lo narra Rafael González Hernández, postulador de la causa, en su libro “Yo soy el Padre Martín”, usando como fuente principal un cuaderno de apuntes donde el sacerdote anotaba los pedidos que recibía.

El año que realizó ese exorcismo, noviembre de 1994, en el Centro de Especialidades Médicas ocurrió algo insólito. La madre de una enfermera que trabajaba en el hospital se acercó al sacerdote para informarle que había una paciente originaria de una localidad llamada Papaloapam, que presentaba “manifestaciones raras” que ni siquiera los médicos podían resolver, y que tenían la apariencia de “manifestaciones diabólicas”.

Los apuntes dicen que algunos días después un médico del mismo centro le pidió ayuda, de lo que se deduce que no fue inmediato y que el padre Martín del Campo se tomó tiempo para evaluar de qué se trataba. El médico admitió delante del sacerdote, y éste lo registra, que las terapias no hacían efecto y que la mujer, lejos de mejorar, empeoraba cada vez más, “provocando miedo en médicos y enfermeras”. El sacerdote decidió ir a ver. Con el permiso de los especialistas examinó a la mujer, llegó a la conclusión de que se trataba de un caso grave y decidió realizar un exorcismo.

El libro del biógrafo y postulador Rafael González Hernández reproduce estas palabras presumiblemente tomadas de los apuntes del exorcista: “Me dijeron que cuando ya iba en los pasillos del nosocomio, sin que la enferma lo supiera, ésta empezó a decir con voz distorsionada “ya viene el Martín, ya viene el Martín, jajajaja”, seguido por carcajadas inconexas. Entré inmediatamente y la pude ver con detenimiento, pude ver su rostro herido por la presencia del espíritu del mal”. El libro registra también que: “La mujer fue liberada y algunos miembros del personal médico se convirtieron a la fe católica, y se colocó una cruz en la entrada del CEM”.

El vocero de la Iglesia católica de Xalapa, Juan Manuel Suazo Reyes, confirmó en una entrevista que los cinco cardenales y los ocho obispos del Consejo de Obispos y Cardenales “determinaron de manera unánime otorgarle el nombramiento de venerable, título que se sumó al de Siervo de Dios”. La causa del sacerdote exorcista fue introducida en el Vaticano el 12 de marzo de 2011 y aprobada por la Comisión de teólogos el 25 de noviembre de 2014, también por votación unánime.

Si el camino de Juan Manuel Martín del Campo hacia los altares prosigue, y nada hace pensar que eso no ocurra, podría ser el primer sacerdote exorcista de América Latina en ser beatificado.

¿Cómo defenderse del demonio?

3 intercesores necesarios: el Espíritu Santo, el nombre de Jesús y María Santísima

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Al constatar la presencia de males maléficos, siempre es una buena actitud reforzar los propios gestos y oraciones, invocando para nosotros u otra persona afectada una intercesión. Se podrían definir tres intercesores necesarios: el Espíritu Santo, el nombre de Jesús y María Santísima.

A propósito de la Virgen María, conviene tener presente un aspecto que no es secundario. Si todo fue creado en vista de Cristo, pues en los planes de Dios estaba la encarnación del Verbo (quizá como Triunfador y no como Salvador que debiera sufrir, sino también como Triunfador y centro de la creación), el segundo ser pensado por Dios después del primero, que es la encarnación del Verbo, no podía ser otro sino aquel en el que el Verbo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se encarnaría.

A partir del momento en que, tras el pecado de Adán, la encarnación de Cristo asumió esta fisionomía particular, por lo cual Jesús vino como Salvador y Redentor, también María, su madre, fue asociada a este desempeño, quedando exenta del pecado original en vista de los méritos de Cristo.

Dado que también María es una criatura humana, que forma parte de la estirpe de Adán, estaría sujeta al pecado original sino hubiera estado exenta preventivamente, en vistas a la redención de Cristo.

Además de eso, María no es solamente madre del Redentor, sino también colaboradora de su obra redentora. No es por casualidad que la Inmaculada es representada por pintores y escultores en el acto de aplastar la cabeza de la serpiente, imagen del demonio.Con mayor razón, se trata de una intercesora poderosa.

Siguiendo el orden celestial, son ciertamente intercesores valiososlos arcángeles y ángeles, que siempre intervienen con sus legiones en la lucha contra el maligno; en razón de eso, basta pensar en el libro del Apocalipsis, donde se relata una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles contra Satanás y sus ángeles rebeldes, que fueron derrotados por el arcángel y precipitados al infierno.

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él” (Ap 12,7-9).

Esta es la razón por la que se acostumbra a invocar a Miguel arcángel, en calidad de jefe de las filas angelicales. A su lado, invoco siempre también a los ángeles de la guarda de todos los presentes, entre los cuales, no falta nunca san Gabriel arcángel, que es mi santo patrono.

Se habla con frecuencia de san Benito como patrono de los exorcistas, cuando, en realidad, no está probado históricamente que el Papa Honorio III lo hubiera nombrado como tal. Sin embargo, a partir del momento en que no hay un patrono oficial, nosotros lo invocamos, pues con certeza, era muy fuerte en la lucha contra el demonio.

San Benito era monje, tal vez sacerdote, y por cierto, no era exorcista; la razón de esta identificación está en el hecho que él fue un gran santo y demostró una gran fuerza contra el demonio, dado que frecuentemente lo expulsaba. Su medalla tiene particularmente una notable eficacia, conteniendo muchas frases contra el maligno.

Respecto a los santos, todo exorcista invoca a aquellos de los cuales es personalmente más devoto o es más devota la persona que es exorcizada.

Para entender mejor, un ejemplo práctico: mi querido colega, decano de los exorcistas italianos, que ejerce el ministerio desde hace 46 años, el padre Cipriano de Meo, vice-postulador de la causa de beatificación de un hermano capuchino el padre Mateus, es muy devoto de él, y cuando lo invoca, obtiene gran eficacia, mientras que cuando yo lo invoco no sucede lo mismo, porque yo no tengo la misma devoción que el padre Cipriano.

Por lo tanto, se puede decir que no existen santos que tengan una fuerza especial contra el demonio, ciertamente, como tales, todos los santos la poseen, pero nosotros invocamos a aquellos de quienes somos más devotos.

Al final, hay muchos casos de santos atormentados por el demonio. Entre los más emblemáticos, especialmente por tratarse de un acontecimiento bastante reciente, está el de la hermana carmelita también conocida como la Pequeña Árabe: en efecto, la hermana María de Jesús Crucificado, varias veces durante su vida, sufrió una verdadera y propia posesión diabólica y tuvo la necesidad de ser exorcizada para obtener la liberación.

Por otro lado, conocemos varios casos de santos – tales como san Juan Bosco, el santo Cura d’Ars, el Padre Pío, santa Gema Galgani, santa Ángela de Foligno, Don Calabria, y podrían ser citados muchos otros en una lista sin fin, que tuvieron vejaciones diabólicas, de las cuales fueron liberados solos, gracias a la oración y a los sacramentos.

La cuestión clave a destacar es que la Biblia nunca nos dice que debemos tener miedo del diablo, porque nos asegura que podemos y debemos resistirlo, firmes en la fe.

Antes que eso, la Biblia nos dice que debemos temer el pecado, siendo que todos los santos lo combatieron. Al combatir el pecado, se combate el demonio, como decía Pablo VI al ser interrogado, en su famoso discurso del 15 de noviembre de 1972, sobre el demonio, a propósito de cómo se debía hacer para impugnar al maligno: “Todo lo que nos defiende del pecado, nos defiende de Satanás”.

Debemos tener miedo solamente de no estar en la gracia de Dios, lo que significa confesarse, participar de la misa, recibir la comunión y, además de eso, hacer adoración eucarística y rezar, especialmente con los salmos y el rosario; todos estos son, entre otros, los mejores remedios contra la actividad extraordinaria del demonio: si permanecemos en la gracia de Dios, estamos blindados.

Especialmente porque el demonio tiene mucho más interés en poseer almas, o sea, hacerlas caer en pecado, provoca trastornos, los cuales, como vimos y vemos en los santos, en última instancia, obtienen solamente el resultado de santificar.

En efecto, los santos ofrecen sus sufrimientos a Dios a tal punto que un gran santo, como san Juan Crisóstomo, afirma que el demonio, a su pesar, es un santificador de las almas, porque es un derrotado y porque busca sufrimientos en estas personas santas, que saben ofrecerlos al Señor y, por lo tanto, saben hacer de ellos un medio de santificación.

Cuatro demonios que no se van

El endemoniado por el que rezó el Papa cuenta toda su historia: 10 exorcistas y 14 años de sufrir

Actualizado 28 mayo 2013

ReL

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La corresponsal del periódico El Mundo en el Vaticano, Irene Hernández Velasco, ha hablado con Ángel, el hombre que recibió la oración del Papa Francisco que la prensa de todo el mundo identificó como un exorcismo. Publica su testimonio en el suplemento Crónica, con informaciones también de J. M. Vidal. Esta es la historia del endemoniado más famoso del mediático siglo XXI.

14 años de sufrimiento

Ángel V., hombre de mirada lánguida y afligida y maneras suaves es mexicano, procede del estado de Michoacán, tiene 43 años, dos hijos… y cuatro demoniosmetidos en su interior

Cuatro demonios que -dice- le atormentan desde hace 14 años y de los que no han conseguido librarle ninguno de los más de una decena de exorcistas que le han examinado en los últimos años. Todos ellos se muestran convencidos de que el de Ángel es un caso incontestable de posesión diabólica. 

«No me cabe ninguna duda», asegura a Crónica el padre Amorth, exorcista de la diócesis de Roma desde hace 26 años y autor de más de 150.000 exorcismos. Ángel se ha convertido en los últimos días en el endemoniado más famoso del mundo. Todo, después de que diera la vuelta al planeta el vídeo rodado el pasado domingo, por las cámaras del centro televisivo vaticano, en el que se ve como el Papa Francisco le impone las manos sobre la cabeza con energía. 

Lo que sabía el Papa
«Santidad, esta persona necesita su bendición. Le han visto 10 exorcistas, le han hecho más de 30 exorcismos y los demonios que lleva dentro no quieren salir«. El padre Juan Rivas, el sacerdote mexicano que ha acompañado a Ángel en su encuentro con Francisco, asegura a Crónica que fue con esas palabras exactas con las que presentó al Papa a Ángel. 

«El Papa saludó a Ángel, éste le besó el anillo pontificio y en ese momento cayó en trance. Entonces le puso las manos en la cabeza y en ese momento se escuchó un alarido terrible, como el rugido de un león. Todos los que estaban allí lo escuchamos perfectamente».

«El Papa, por supuesto, lo oyó, los encargados de su seguridad así como una niña que había a nuestro lado. Pero a pesar de ese rugido espantoso, el Papa no se dejó impresionar y siguió adelante con su oración, como si ya antes hubiera afrontado situaciones similares».

Ángel asiente con lentitud. Dice que se encuentra mejor, que el rezo del Papa le ha hecho mucho bien. La prueba es que se presenta a la cita con Crónica andando por su propio pie, mientras que al encuentro con el Pontífice acudió en silla de ruedas. «Pero aún tengo los demonios dentro, no se han ido», explica este hombre que asegura que sabe perfectamente el momento preciso en el que el maligno entró en su cuerpo.

P.-¿Cuándo y cómo se apoderó de usted el diablo?
R.-Fue en 1999, un día que regresaba en un autobús desde México DF a mi localidad natal, en Michoacán. Sentí que una energía entraba en el autobús. No la vi con los ojos, pero la percibí. Noté que se aproximaba a mí y que se colocaba enfrente mío. Y, de pronto,noté como una estaca que se me clavaba en el pecho y luego, poco a poco, la sensación de que se me iban abriendo las costillas. 

Ángel estaba convencido de que aquello era un ataque al corazón y de que iba a morir. Pero no murió. A partir de ese momento su salud se fue deteriorando. 

«Todo lo que comía lo vomitaba. Sentía pinchazos en todo mi cuerpo, como si lo tuviera repleto de agujas. Hasta las sábanas me hacían daño. Empecé a no poder caminar. Cada día respiraba con mayor dificultad. No podía dormir, y cuando lo conseguía tenía unas pesadillas espantosas relacionadas con el mal». 

empezó a tener trances en los que blasfemaba y hablaba en lenguas desconocidas. Los médicos no eran capaces de explicar lo que le ocurría a ese hombre de 30 años que hasta entonces había sido un dechado de salud. Le hicieron radiografías, análisis, pruebas… «Pero no daban con la causa de mis problemas».

Estaba tan mal que un día le fue a visitar un primo suyo, sacerdote, para confesarle y darle la extrema unción. «En total me han dado ya cuatro veces los santos óleos»,cuenta. Pero no sólo no murió, sino que ese sacramento le alivió un poco de sus penalidades, notó una mejoría. 

Alivio en la oración
Ángel empezó a rezar con devoción al Señor de la Misericordia, cuya estampita le había llevado su primo. Siempre ha sido católico, siempre ha ido a misa los domingos, pero dice que no rezaba bastante. 

Empezó a sentirse un poco mejor y, en agradecimiento, llevó una imagen del Señor de la Misericordia a la Iglesia de San Agustín en Morelia, la capital del estado de Michoacán. Notó cierto alivio, pero seguía teniendo recaídas y seguía sin entender que le ocurría. Hasta que un día asistió en Morelia a la conferencia de un sacerdote ucraniano.

La reliquia del Padre Pío
«La persona que le acompañaba y le hacía de traductor era un médico que había convivido con el Padre Pío, el santo de los estigmas. Le conté lo que me ocurría, lo mal que me sentía.Él me puso en el pecho una reliquia del padre Pío y en ese momento vi una luz especial que me rodeaba, sentí una gran paz. Pero al mismo tiempo, noté algo que empezaba a arañarme dentro de mí. Ese algo me tiró al suelo y comenzó a manifestarse. Yo no podía hacer nada, esa presencia era más fuerte que yo, me dominaba». 

Era 2004. Después de cinco años sin entender lo que le ocurría, sin saber lo que le pasaba, Ángel recibió un nuevo diagnóstico: estaba poseído por el diablo. Ese mismo día le practicaron también su primer exorcismo.

P.-¿Cómo reaccionó ante la idea de estar endemoniado?
R.-Me dio muchísimo miedo. Y también me sentí muy sucio al pensar que dentro de mí había un ser maléfico. Mi familia reaccionó al principio con incredulidad y, de hecho, entre mis hermanos hay algunos que aún siguen siendo escépticos, que creen que lo que tengo es fruto de un desequilibrio psicológico. Sé que hay mucha gente en todos los países del mundo que está pasando por eso mismo. Gente que se siente incomprendida por su familia, por sus amigos y, en ocasiones, hasta por la propia Iglesia, porque no en todas las diócesis hay exorcistas. También porque hay sacerdotes que no creen en la posesión diabólica, que consideran que se trata de problemas psiquiátricos. Hay muchos poseídos que terminan en manicomios y se mueren sin saber lo que les pasa. Es para tratar de ayudarles por lo que he decidido conceder esta entrevista, la primera que doy en mi vida. 

De exorcista en exorcista
A partir de ese momento, Ángel empezó a buscar desesperadamente exorcistas, a tratar de encontrar a alguien capaz de extirparle los demonios.

Primero buscó ayuda con uno en México DF, que le practicó cuatro o cinco exorcismos. 

«En uno de ellos ese sacerdote le preguntó al demonio que cómo había entrado dentro de mí y éste le dijo que había sido por un maleficio que me hizo una persona«. 

Ese exorcista fue trasladado a otra parroquia y Ángel pasó a otro, que tampoco logró librarle de sus demonios. Alguien le recomendó entonces que viera al padre José Antonio Fortea, el más famoso exorcista español. El primer encuentro tuvo lugar hace ya tres años, en México, donde Fortea conoció a Ángel y a su familia y le asesoró. Y el segundo hace pocos días en Roma, donde el sacerdote oscense, se encontraba terminando su tesis doctoral sobre demonología.

Un negocio arruinado
La posesión que al parecer sufre Ángel ha convertido en una pesadilla la vida de ese hombre licenciado en Mercadotecnia por la Universidad de Guadalajara y que tenía su propia empresa de publicidad. 

«Hace un año la tuve que cerrar, mis condiciones de salud no me permiten trabajar. Para poder mantener a mi familia he tenido que vender mi casa y otro apartamento que teníamos. Ahora vivimos en una casa que nos ha prestado mi suegra. Por suerte, no estoy en dificultades económicas, con la venta de las dos casas nos llega para vivir. Pero quiero hacer una vida normal. Sobre todo por mi esposa y mis hijos, de 6 y 11 años.Por suerte mis dos niños nunca me han visto en trance. Pero saben que estoy enfermo», dice entre lágrimas. 

Los últimos ocho meses, asegura, han sido de terror. No podía salir de casa de lo mal que me encontraba. Estaba tan grave que una vez más le dieron la extremaunción.

Y una noche tuvo un sueño.

Soñando con el Papa Francisco
«Vi al Papa Francisco vestido de rojo, rezando, con un incensario en la mano y rodeado de obispos y cardenales. No le di importancia, pero cuando me levanté encendí la televisión y vi una misa del Papa, vestido de rojo y con un incensario en la mano, rodeado de obispos y cardenales. Y me pasó por la cabeza una idea: ¿Tendré que ir a Roma? Además, en esa época estaba leyendo el libro del padre Amorth El último exorcista, en el que se dice que tanto Benedicto XVI como Juan Pablo II habían realizado exorcismos y oraciones liberatorias a poseídos». 

Ángel cuenta que dudo mucho sobre si debía viajar o no a Roma.

«Estaba muy mal, tenía miedo de morir lejos de mis hijos, de mi familia», dice. 

Desembarcando en Roma
Le pidió a Juan Rivas, un sacerdote mexicano que conoció hace dos años, que le acompañara. Y, el pasado día 7, los dos se plantaron en la Ciudad Eterna. 

«Después de tratar en tres ocasiones de saludar al Papa sin éxito, el domingo pasado la Divina Providencia nos ayudó y conseguimos por fin encontrarle y que dijera una oración», cuenta Juan Rivas.

El padre Amorth vio a Ángel al día siguiente de su encuentro con el Papa, el martes pasado. «No hay duda de que está poseído«, asegura a Crónica este especialista que, a sus 88 años, ha realizado unos 160.000 exorcismos y que considera que Ángel padece un tipo de posesión muy especial: la posesión con mensaje. No sólo estaría endemoniado sino, sostiene él, el diablo que lo habita se vería obligado por Dios a transmitir un mensaje. 

Un mensaje para el clero mexicano
«Es un buen chico, ha sido elegido por el Señor para mandar un mensaje al clero mexicano y decirle a los obispos que tienen que hacer un acto en reparación por la horrenda ley del aborto aprobada en Ciudad de México en 2007 y que supone un ultraje a la Virgen. Hasta que no lo hagan Ángel no será liberado». 

Ángel ha recurrido en los últimos años a distintos exorcistas. Pero sin lograr resultados. 

«Hay momentos en que parece que los demonios van a salir. Los noto en la boca, medio fuera, siento que se me hincha el cuello. Pero no se van».

«Juan Pablo II me liberó de Satanás»

La historia de Francesco, poseído por el demonio 

Habla un joven italiano, Francesco Vaiasuso, galerista de arte en Sicilia, que cuenta cómo estuvo 27 años poseído por una legión de demonios. 

Actualizado 9 septiembre 2012

Giacomo Galeazzi/Vatican Insider

Poseído por el demonio. Desde que tenía 4 años y hasta que cumplió 31, Francesco fue poseído por el diablo. Mejor dicho, por 27 legiones, es decir filas de su ejército, el ejército del mal. Después pudo liberarse. ¿Gracias a quién? A muchos exorcistas, obviamente. Pero además de ellos también recibió la ayuda fundamental de los santos, entre ellos Juan Pablo II, que se le apareció durante las crisis más violentas para consolarle y, al mismo tiempo, indicarle la salida. 

Poseído por 27 legiones de demonio

Se puede creer o no, pero si la historia de Francesco Vaiasuso (galerista de arte de 40 años en Álcamo, Sicilia), que aparece en el libro (“Mi posesión. Cómo me libré de 27 legiones de demonios”) que escribió con Paolo Rodari, vaticanista del periódico italiano “Il Foglio”, es verdadera, si de verdad Satanás ordenó, como sostiene el autor, que sus seguidores poseyeran su cuerpo durante todos estos años y si esta presencia maléfica fue derrotada por los santos, muchos de los que tienen dudas acerca de la existencia del mundo preternatural, un mundo malvado más allá de la vida material, y del mundo sobrenatural, podrían tener bastante material para reflexionar. 

El primer exorcismo

Las primeras manifestaciones de la presencia demoniaca fueron las enfermedades. Años de sufrimientos incurables, por lo menos según los médicos. 

Después un retiro espiritual en los montes Dolomitas de Sicilia. Fue un religioso jesuita el que intuyó que los malestares que sufría Francesco, tal vez, podían ser, más que naturales, espirituales. Así que le invitó a recitar una oración con él, que fluía sin dificultades, hasta que el religioso le pidió que renunciara al “espíritu de mediumnidad”. «Renuncio al espíritu de mediumnidad», le dice. Fracnesco trataba de repetir: «Renuncio al… al…». Pero no salía ningún sonido de su boca. Con un esfuerzo inhumano, finalmente, logró decir: «Espí… espí… espí…». No pudo pronunciar la palabra “espíritu”. 

Con el exorcista de Palermo

Lentamente, después de varios minutos, logró pronunciar otra palabra que parecía algo como «medianía». En realidad era un conjunto de sílabas sin sentido. También comenzaba a babear un poco. El religioso le ofreció un pañuelo para que se secara. Era solo un síntoma, nada más, de que algo oscuro habitaba en su interior. 

Francesco estaba de acuerdo, por lo que pidió a algunos religiosos de confianza que le dieran un consejo. Y así fue como llegó a hablar con el padre Matteo La Grua, un importante exorcista de Palermo. 

Perdía el control ante el exorcista

La primera vez que se encontraron fue dramática. Francesco, ante el exorcista, perdió completamente el control. Babeaba, gritaba, sentía que algo o alguien estaba dentro de sí y que lo controlaba. Pero no había perdido su lucidez, comprendía lo que estaba sucediendo y que no era él el que reaccionaba de esa forma tan violenta. 

Consciente durante el exorcismo

Y esta, como habría entendido tiempo después, es la particularidad de su caso: un caso único de lucidez; un poseído, sí, pero siempre consciente, incluso durante los exorcismos más difíciles. Sí, los exorcismos, porque Francesco sufrió cientos de ellos, durante años. Los mejores exorcistas sicilianos trataron de ayudarlo pero no obtuvieron resultados convincentes. 

Santos que acudían a consolarlo

Pero Francesco también recibió otro tipo de ayuda. Y, que quede claro, Francesco no pretende convencer a nadie. Sin embargo, él mismo sostiene que durante los exorcismos, antes de la liberación definitiva, llegaban los santos a apoyarlo y consolarlo. Durante las posesiones más violentas, en un cierto momento, su rostro cambiaba de expresión radicalmente y se serenaba. 

El Padre Pío también lo consolaba

Sucedía cuando los santos, entre los que estaba San Pío de Pietrelcina, bajaban del cielo para consolarlo: «Francesco, también yo sufrí mucho, como tú», le habría dicho una vez el padre Pío. 

«Pero tu sufrimiento está ayudando a muchas personas. Resiste, dentro de poco estarás libre». 

Juan Pablo II le lleva al cielo

Y después Juan Pablo II. Sus apariciones son de lo más irreal y, al mismo tiempo, prodigioso que se pueda imaginar. Un día, Juan Pablo II lo habría llevado al cielo. Aquí, en la tierra, su cuerpo se habría quedado completamente disociado ante un sacerdote que rezaba por él. Arriba, en el cielo, su alma dialogaba con Juan Pablo II, que, vestido como el día de su elección como sucesor de Pedro, le dijo: «Tú debes ir ahí», señalando un punto preciso. Francisco se giró para ver hacia dónde señalaba y vio la Plaza San Pedro, llena de peregrinos hasta la Vía de la Consolación. 

Un misterio…

¿Este libro trata de llegar también a la Iglesia, a la Iglesia que le cuesta creer en la existencia de Satanás? Es difícil decirlo. Al final, permanece la sorpresa, la expectación por comprender por qué y cómo, desde que tenía 4 años, Satanás entró al cuerpo de Francesco

Un enigma que se va revelando página tras página, la aventura de Francesco que descubrió, pocos días antes de la liberación, que todo se había originado en su interior.

Una joven se escapa de una secta satánica

EN LA REGIÓN ALEMANA DE MÜNSTER

Una joven se escapa de una secta satánica y revela lo vivido: sacrificios humanos, prostitución…

Su padre la introdujo en la secta muy joven para que sus dirigentes hicieran con ella lo que quisieran.

Actualizado 8 septiembre 2010

RIES/Deutsche Welle World

Es materia de aburridas películas de Hollywood: sectas donde adoradores de Satanás beben sangre de animales y hacen sacrificios humanos durante ceremonias especiales. Sin embargo, para Laura, que nació en uno de estos mundos en la región de Münster, en Alemania occidental, es algo más real. Ella se las arregló para escapar de la secta, pero fue un proceso largo y doloroso.

Introducida por su padre
«Mi padre era muy respetado en la secta y empezó a entrenarme a edad muy temprana para hacer lo que quería el círculo», explicó. «Eso me permitía que yo lo pudiera aguantar todo, cualquier cosa que se hiciera conmigo, no llorar o gritar ni responder al dolor, y que yo no diría nada a nadie fuera del grupo. Se suponía que debíamos hacer lo que el Poder Superior quisiera».

Prostitución en el nombre de Satanás
Este Poder Superior era Satanás, y Laura se vió obligada a aceptar el dolor, la tortura y la violación en su nombre. Pero también significaba que tenía que llevar una vida paralela al exterior, presentándose como una colegiala normal; pero en secreto, era sirvienta en las misas negras y los rituales satánicos. «Debía ser obediente a los hombres», dijo. «Cuando tuve que prostituirme me dijeron que el Poder Superior quería que el círculo (el grupo satánico) tuviera dinero». El dinero fue directamente a las arcas del grupo, y fue el grupo quien eligió a los clientes.

Una brutalidad
La especialista en religiones de Marburgo, Adelheid Herrmann-Pfandt, dijo que los padres de Laura la expusieron a un culto satánico, lo que es especialmente preocupante ya que celebra una forma especialmente brutal del satanismo y se mantiene fuera de la vigilancia de la sociedad. «Aquellos que llevan a cabo estas prácticas tan extremas no son reconocibles en la sociedad», dijo Herrmann-Pfandt.

«No van por ahí con crucifijos al revés en sus manos. Desean permanecer por debajo del barrido de la detección del radar durante toda su vida, sin que se les detecte.»

Bebés que desaparecen
Brigitte Hahn, la comisionada de la diócesis católica de Münster coincide. Comentó que unas 30 víctimas de estos cultos satánicos han buscado la ayuda de su oficina. Algunas de las mujeres describieron misas negras que también incluían abortos rituales e incluso el asesinato. «Hay ceremonias especiales de fecundidad para las mujeres y otros rituales para la entrega de los bebés y el sacrificio de ellos», dice Hahn. «Los embarazos se mantienen en secreto, los bebés nacen, y desaparecen.»

En 2008, Hahn envió alrededor de una encuesta a 2.000 médicos y terapeutas en el estado de Renania del Norte-Westfalia, del que Münster forma parte. Cerca de 120 respondieron diciendo que había pacientes femeninas que habían sufrido la violencia de los grupos satánicos.

Niños sacrificados
Alfons Strodt, capitular de la diócesis católica de Osnabrück, ha ayudado a antiguos miembros de cultos satánicos durante años. Ha recopilado también los dibujos que han hecho de los rituales: imágenes de niños tumbados en un altar o atados a una cruz. «Al principio, tuve que procesar todo esto solo», dijo, y agregó que «le llevó mucho tiempo hasta que otros en la Iglesia comenzaron a creerle. La gente me decía que dejara de inventar esas historias».

«Estoy agradecido de que nuestro obispo y el vicario general me crean, y se den cuenta que es un tema que ya no puede quedar en la oscuridad», dijo. «Ahora las víctimas pueden obtener la ayuda que necesitan.»

Constante estado de miedo
Sin embargo, debido a que muchas de las víctimas están traumatizadas y han enfermado mentalmente, es difícil determinar si sus relatos reflejan fielmente la realidad. «Ofrecer apoyo a las víctimas es también un reto», dijo Strodt.

«Nos amenazaron con que nuestras iglesias volarían por los aires con bombas, o que las prenderían fuego», dijo. «Yo estaba bajo vigilancia. Esto tiene su precio; es la sensación de que están siempre cerca, y eso da miedo.»

Mantener un registro
«La gente no puede permanecer en silencio sobre el fenómeno del satanismo», dijo la experta Herrmann-Pfandt, que investiga lo que ocurre en estos grupos. «Esto trata sobre experiencias trascendentales, y la sangre a menudo desempeña un papel importante», dijo.

«Algunas personas dicen que se intensifica la experiencia, y les pone en un estado de excitación. Y las sectas juegan a eso.»

Laura dijo que el punto de inflexión llegó cuando se suponía que debía tener un hijo para el círculo de sus padres satánicos. Entonces huyó de la secta, y ahora vive en un refugio de alta seguridad para mujeres traumatizadas.

Aunque ella no ha presentado cargos contra sus padres ha dejado registrado todo lo ocurrido ante un abogado. «En el caso de que muera, aunque pareciera que es un accidente o un suicidio, todos los datos serán enviados a la oficina del fiscal de distrito», dijo. «Es mi forma de seguro de vida, para que no crean que puedan hacerme algo o puedan asesinarme».