«Yo y mi padre C.S. Lewis»

El hijo adoptivo de Lewis habla de su fe 

«Yo y mi padre C.S. Lewis»: Douglas Gresham, converso, vela para que Narnia no sea tergiversada 

Actualizado 16 octubre 2013

Silvia Guzzetti / Avvenire 

Douglas Gresham, hijo adoptivo de Lewis, a la sombra del León Aslan de Narnia
Douglas Gresham, hijo adoptivo de Lewis, a la sombra del León Aslan de Narnia

Esas «Crónicas de Narnia» (El león, la bruja y el armarioEl príncipe Caspian y La travesía del Viajero del Alba) de las que han gozado millones de espectadores en todo el mundo nacieron de dos conversiones al cristianismo, la del escritor C.S.Lewis y la de su hijo adoptivo, Douglas Gresham. 

Tal vez se acuerden de él en la película Tierras de penumbra, con Anthony Hopkins y Debra Winger, donde aparecía como un chiquillo que se ha quedado sólo tras la muerte de su madre, Joy Davidman. 

En Malta, donde vive, Gresham dirige la «C. S. Lewis Company», la sociedad que controla las reediciones de los libros del padre adoptivo, y vigila para que las películas que se inspiran en ellos sean fieles al contenido moral y literario original. 

A pocas semanas del cincuentenario de la muerte del escritor (el próximo 22 de noviembre), Gresham recuerda su primer encuentro.

«Mi madre, Joy Davidman, fue a Inglaterra para buscar un editor para su libro Humo en la Montaña – cuenta –. Se escribía con C. S. Lewis desde hacía años, convirtiéndose en amiga suya enseguida. “Jack”, éste era su sobrenombre, era muy afectuoso también conmigo. Un afecto que se convirtió en verdadero amor cuando se casó con mi madre y nos adoptó a mi hermano y a mí».

Casados «por papeles», y luego enamorados
Inicialmente, Lewis se casa con Joy para que ésta pueda conseguir el visado necesario para quedarse en Inglaterra; pero cuando a ella se le diagnostica un tumor incurable, el escritor entiende que está profundamente enamorado y los dos viven como marido y mujer: «Los cuatro años más felices de su vida», dice Gresham. [Bajo estas líneas, una foto de Lewis y Joy en esa época].

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Crecido en la Iglesia anglicana, C. S. Lewis se alejó de la fe en la adolescencia para volver a ella cuando enseñaba en la universidad de Oxford, gracias también a la influencia de J.R.R. Tolkien, con el cual fundó el grupo de los Inklings. 

Gran apologeta del cristianismo en obras famosas como Mero cristianismo y El regreso del peregrino, Lewis es uno de los escritores más importantes del siglo XX. 

En Una pena en observación contó, con palabras desgarradoras, la pérdida de su esposa, la crónica de un luto convertida en obra maestra y leída por millones de personas de todo el mundo.

«Han pasado cincuenta años desde la muerte de Jack – dice Gresham – y, por tanto, ya no siento las emociones tan fuertes que sentía cuando le perdí, si bien permanecen la añoranza y el dolor. Siento la pérdida, pero he conseguido aceptarla. Él está siempre cerca de mí, sobre todo cuando la vida es dura y tengo que enfrentarme a dificultades».

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-Usted es un cristiano convencido al que le gusta recalcar que no pertenece a ninguna Iglesia en particular. ¿Debe su fe a C. S. Lewis?
-Sin duda alguna. Me enseñó con su ejemplo qué significa amar a Cristo. Si hubiera intentado convertirme, me hubiera rebelado. En cambio, respondía a todas las preguntas que le planteaba y vivía su fe, desde el momento en que se despertaba por la mañana al momento de acostarse por la noche. Pensaba siempre en qué podía hacer para servir mejor a Jesús. Intento imitarlo y ser como él. No soy tan bueno, pero aprendo poco a poco. Mirándolo entendí que la vida cristiana era la mejor posible».

-Sin embargo, se han necesitado muchos años antes de que usted volviera al cristianismo.
-¡El problema es que he tenido una infancia tremenda! Cuando tenía diez años a mi madre se le diagnosticó un cáncer terminal que la mató al cabo de cuatro años. Un año y medio después mi padre, en América, se suicidó y dos años después de él, Jack murió. Era prisionero de estos dolores y estaba enfadado con Dios, pero no llegaba a ninguna parte

»Después, un día, en 1990, tras haber hablado con un archidiácono de la Iglesia anglicana en Tasmania, donde vivía entonces, el Espíritu Santo me alcanzó y toda mi actitud ante la vida cambió.

-¿Se remonta a este momento su decisión de ocuparse de la herencia literaria y moral de su padrastro?
-Sí. Le pregunté a Dios: “¿Qué quieres que haga?”. Y entendí que quería esto, por lo que me convertí en el director artístico y creativo de la «C. S. Lewis Company». Es mi deber asegurar que los libros de Jack se vuelvan a publicar de la manera más fiel posible, y que las películas no tergiversen el contenido».

-¿Cómo vivía C. S. Lewis su cristianismo?
-Ayudaba siempre a todos. Entregaba mucho dinero a los pobres pero sostenía también, con donaciones anónimas, a sus estudiantes más necesitados. Junto a esta caridad, de tipo material, había otra más profunda, de naturaleza moral. Jack pensaba siempre muy bien de todos, y si alguien se comportaba mal, intentaba entender qué llevaba a una persona a comportarse así. En resumen, buscaba siempre el lado positivo de cada situación. Si en la calle se le acercaba un mendigo, Jack le daba enseguida todo el dinero que tenía en la cartera.

-Usted se ha ocupado, como productor, de todas las películas de Narnia. ¿Hay alguna otra en preparación?
-Estamos trabajando en ella y haremos el anuncio cuando esté lista. Pienso que será La silla de plata, el cuarto libro, en orden de publicación, de la saga para jóvenes formada por los siete libros de las “Crónicas de Narnia”.

(Traducción de Helena Faccia Serrano)

Se convirtió investigando sobre fonética y leyendo a C.S. Lewis

Sandra Elam cuenta su testimonio en atheisttocatholic.com 

Proabortista atea durante 30 años, se convirtió investigando sobre fonética y leyendo a C.S. Lewis 

«Fui atea durante 30 años. Pensaba que los cristianos eran extremistas fanáticos. Mi alma estaba tan oscura que no podía entender por qué algunas personas se oponían al aborto y a la eutanasia. Nunca había oído hablar de la cultura de la muerte, aunque me estaba ahogando en ella».

Actualizado 10 junio 2013

Sara Martín / ReL

-Te prohíbo llevar a los niños a la iglesia nunca más -dijo el padre de Sandra a su madre.

-¡Pero tienen que aprender cosas sobre Dios!

– No hay Dios- le espetó él.

– Claro que hay un Dios

– No hay Dios -gritó él-. Y si llevas a los niños a la iglesia, les enseñaré a ser ateos -amenazó.

A partir de ese momento, no se hablaba de Dios en el hogar de Sandra Elam. No volvieron a misa durante años. Nunca rezaron. La Navidad tenía que ver con Papá Noel, no con Jesús. Sandra apenas conocía la historia del niño Jesús. 

La única vez que hojeó una Biblia para niños se encontraba en la sala de espera del consultorio médico. 

Cuando era niña a veces se encomendaba a lo Alto diciendo “Querido Dios, o Jesús, o quien quiera que seas”, pero pronto dejó esta práctica. En su adolescencia cantó en el coro parroquial, pero no sentía nada especial. “La Iglesia me parecía aburrida y sus rituales vacíos: sus palabras no significaban nada para mí”.

Atea durante 30 años
Éste es el recuerdo más certero que tiene Sandra Elam sobre el inicio de su educación sin Dios: “Fui atea durante 30 años. Pensaba que los cristianos eran extremistas fanáticos. Mi alma estaba tan oscura que no podía entender por qué algunas personas se oponían al aborto y a la eutanasia. Nunca había oído hablar de la cultura de la muerte, aunque me estaba ahogando en ella”.

Sandra se especializó en historia griega, romana y medieval en la universidad. Un día le preguntó a su profesor judío de Historia Romana: “¿Vivió Jesús o fue un mito?”. Él respondió: “Sí, Jesús realmente vivió, no hay duda de ello. ¿Por qué no lees el Evangelio de Mateo?“. 

Lo hizo, “pero la Palabra de Dios cayó sobre la puerta cerrada de mi alma”, reconoce. Después de graduarse, Sandra se convirtió en alguien antagónico al cristianismo, negándose a dejar que su marido católico colgara un crucifijo en su hogar. “Sentía desprecio por los que creían en Dios. Crecí siendo una mujer enfadada, amargada, siempre dispuesta a juzgar a los demás”, relata.

“Podría haber otras verdades ahí fuera” 
El “viaje” hacia el cristianismo le llevó a Sandra dos años. Todo comenzó en 1995 de una manera más bien casual. Estaba escuchando hablar a un autor sobre la incapacidad de los niños para leer y escribir de forma temprana y cómo la fonética podía ayudarles a avanzar más rápido. 

Sandra lo probó con sus hijos, enseñándoles fonética, y en el plazo de seis semanas estaban leyendo. “Poco a poco mi mente se abrió a la posibilidad de que podría haber otras verdades ahí fuera”. 

En el movimiento por la reforma educativa conoció a muchos cristianos que estaban interesados en la enseñanza de la fonética igual que ella. Bob Sweet, presidente de The National Right to Read Foundation fue el primero que con acciones y con palabras, sembró la semilla de la fe en Sandra. 

“El primer gran paso en mi vida cristiana fue cuando mi esposo Tom y yo inscribimos a nuestros hijos en un colegio protestante basado en la fonética, en septiembre de 1996. Era el único que nos podíamos permitir económicamente. Los dos estábamos preocupados por su educación y no queríamos que se convirtieran en fanáticos religiosos, así que estudié cuidadosamente el plan de estudios de la escuela y me sentí aliviada al descubrir los libros de texto eran rigurosos”, explica Sandra. 

Con sus hijos Rebecca y Kevin redescubrió la Biblia: “Me avergüenza decir que la mayoría de las historias eran nuevas para mí”

Mero Cristianismo, de C. S. Lewis
Además, su hermana le regaló Mero Cristianismo, de C.S. Lewis, que fue el libro que le convenció de que Dios existe. 

(Mero Cristianismo ha cumplido 40 años ya, y sigue siendo un libro clave en la conversión de mucha gente). 

Durante muchos meses, en 1997, Sandra se sintió atraída hacia la iglesia, pero se resistía

Su marido y los niños ya estaban asistiendo a la iglesia católica cada domingo, pero ella se quedaba en casa. “El domingo 6 de octubre de 1997, me detuve vacilando. Decidí entrar en la iglesia protestante evangélica que estaba junto al colegio de mis hijos. Por primera vez en mi vida, sentí algo espiritual y edificante allí. Me inspiraron la música y la homilía del pastor”, admite. 

Sacudirse de encima treinta años de ateísmo
Comenzó a leer la Biblia como un documento histórico. Como estudiante de historia antigua y medieval, admite que la historia presentada en los cuatro Evangelios era convincente

Pero lo que supuso una revelación para ella fueron las palabras del Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto“. 

“Tan pronto como leí estas palabras, las escribí y las memoricé. Entonces me di cuenta de que la Biblia no es sólo un documento histórico, sino la palabra de Dios. Después de leer el resto del Evangelio de Juan, estaba convencida de que Jesucristo era el Hijo de Dios”

Pero era difícil sacudirse de encima treinta años de ateísmo. Sandra estaba empezando a conocer a Dios a través del estudio de la Biblia, pero no le amaba y, desde luego, no le servía.Quería entregarse a Dios y a su voluntad, pero no sabía cómo: necesitaba fe.Una noche, después de horas de estudio de la Biblia, oró por primera vez en treinta años: “Señor, envíame fe. Quiero creer en ti”. Sandra abrió la puerta de su corazón y Dios le concedió la fe, tal y como ella había pedido. “La fe fue el regalo misericordioso de Dios para mí. Sin fe, ¿cómo iba a creer en lo que no vemos?”.

Pero, ¿quién interpreta la Palabra?
Sandra se encontró con la siguiente piedra en su camino de conversión: ¿Cómo interpretar las escrituras? ¿Cómo obviar el hecho de que cada uno puede hacer su propia interpretación personal? ¿Quién tiene la autoridad universal? 

Sólo una iglesia ha existido desde que Jesús pronunció sus palabras proféticas a Pedro: la Iglesia católica. Todas las otras denominaciones cristianas son astillas de la Iglesia Católica original, o son fragmentos de astillas. Ninguna de estas denominaciones reconoció el obispo de Roma como su cabeza. Una vez que me di cuenta de que Jesús hizo de Pedro (y de sus sucesores) la cabeza terrenal de Su Iglesia, le dije a mi marido que tenía que convertirme al catolicismo”. 

Y se sumergió en la apologética y la teología católica. Y comprendió el sentido de la Eucaristía, el sacrificio de Cristo y Su presencia real en ella. “A través del estudio estaba empezando a conocer a Dios y a través de la misa empecé a amarle”

Así que empezó una “purga” casera de todo lo que representaba su vida anterior: música, vídeos, programas de televisión y libros que glorificaban el robo, la mentira, el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, la masturbación, el humanismo secular y el ateísmo.

El vídeo de un aborto
Pero después de la “purga” exterior, comenzó la interior, la que incluye hábitos y actitudes arraigadas. Sus pensamientos sobre el aborto, que siempre había considerado lícito e incluso necesario, cambiaron radicalmente al ver en un vídeo a un bebé abortado y comprendió que la vida comenzaba en la concepción.

Pero la enseñanza moral que le costó más trabajo comprender fue, sin duda, la doctrina de la Iglesia sobre la anticoncepción. 

“Me preguntaba por qué la Iglesia católica era la única que se había mantenido firme contra el control de la natalidad. ¿Cuál podría ser el problema? Entonces mi marido Tom me prestó los vídeos Feminism and Femininity (Feminismo y Feminidad) de la escritora y profesora católica Alice von Hildebrand. Por primera vez, escuché un poderoso argumento en contra de la anticoncepción y descubrí que el Papa Pablo VI lo había profetizado en la Humanae Vitae: el control de natalidad podría conducir a la inmoralidad sexual generalizada, a la aceptación del aborto, y a la desintegración de la familia”

Miedo a los hijos
Pero al darse cuenta de lo que suponía esta apertura a la vida, Sandra se rebelaba. No quería más hijos, dos eran suficientes. ¿Cómo resolver el problema? 

“Tenía miedo y no entendía por qué estaba mal el control de la natalidad, pero quería someterme a la voluntad de Dios”, razona. Pero la fe precede a la comprensión, así que a los 37 años dejó de usar métodos anticonceptivos

En su peor escenario mental, se imaginaba a sí misma llegando a tener hasta seis hijos más, agradeciendo interiormente que su conversión hubiera sido ahora y no a los 20 años. Pasaron los meses, sin embargo, y no se quedaba embarazada. A medida que pasaba el tiempo comenzó a desear otro bebé, o incluso dos o tres

“Sentí la ironía de la situación, ya que Dios no me estaba dando lo que ahora quería”. Comenzó con análisis y pruebas para detectar las posibles causas de su infertilidad, y se encontró con el diagnóstico certero de ovarios poliquísticos. 

Sandra Elam con su hijo Ryan
Sandra Elam con su hijo Ryan

Una noche en oración imploró a Dios de nuevo un hijo y, como Ana, la madre de Samuel en la Biblia, le prometió consagrarlo si Él se lo concedía. Dos semanas después Sandra supo que estaba embarazada y que había concebido precisamente la noche en que hizo su oración de consagración

Su hija nació ocho meses después y fue bautizada como Teresa Benedicta en honor a Santa Teresa de Ávila y a Edith Stein. “Espero ser el nombre de estas dos santas mujeres inspiren a Teresa para mantenerse firme en la defensa de la fe católica a lo largo de su vida”. Dos años después Sandra dio a luz también a Ryan James.

Después de dos años de estudio de historia de la Iglesia y la Biblia, Sandra estaba convencida de que la Iglesia Católica Romana contiene toda la verdad del cristianismo y que Jesucristo dio autoridad a Pedro como el primer obispo de Roma. “Por tanto, en la vigilia de Pascua, 3 de abril de 1999, fui recibida con alegría en la Iglesia una, santa, católica y apostólica”.

Toda la historia de Sandra Elam se puede encontrar aquí, al igual que la del nacimiento de Teresa Benedicta y el milagro de Ryan James.

 

 

Acepta la existencia de Dios

El filósofo ateo más influyente del mundo acepta la existencia de Dios

Recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN muestran la existencia de una “inteligencia creadora”, afirma ahora Antony Flew (Publicado el 22 de mayo de 2009).

ForumLibertas.com

Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta la existencia de Antony Flew y otro de sus libros, God and PhilosophyDios. En su libro Hay un Dios: Como el ateo más notorio del mundo cambia de parecer, Flew explica el porqué de ese cambio: recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN revelan laexistencia de una “inteligencia creadora”, asegura.

Según informaba el 16 de abril de 2009 Aceprensa, durante más de cinco décadas, este filósofo inglés fue uno de los más vehementes ateos del mundo. Escribió libros y, con audiencias multitudinarias, debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis.

Sin embargo, en el que celebró en la Universidad de Nueva York en 2004, los asistentes quedaron sorprendidos cuando Flew anunció que para entonces ya aceptaba la existencia de Dios y que se sentía especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.

En su libro, cuyo título original es There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios.

Su investigación le llevó a examinar, entre otros, los trabajos críticos David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. Otro de los pensamientos sobre Dios que tomó como referencia fue el de Albert Einstein, ya que, lejos de lo que afirman ateos como Dawkins, Einstein fue claramente creyente.

“Inteligencia creadora”

¿Qué llevó a Flew a cambiar tan radicalmente su concepto de Dios? Él explica que la razón principal nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida; unas investigaciones que muestran la existencia de una “inteligencia creadora”.

Tal como expuso en el simposio celebrado en 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida, es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí”, asegura.

“Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”, añade Flew.

En cuanto a la teoría de Richard Dawkins de que el llamado ‘gen egoísta’ es el responsable de la vida humana, Flew la califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.

Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina”, dice.

“Tres dimensiones que apuntan a Dios”

“¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios”.

“La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos”, señala.

“Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas, todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”, concluye.

“Este es mi libro”

A raíz de la publicación del libro, llovieron las críticas por parte de sus colegas por el cambio realizado, entre ellas la de Mark Oppenheimer en un artículo titulado El cambio de un ateo.

Según informaba Noticias Cristianas, Oppenheimer caracteriza a Flew como un viejo hombre senil que es manipulado y explotado por los cristianos evangélicos para sus propios propósitos. Además, le acusa de haber firmado un libro que nunca escribió.

Sin embargo, Flew, de 86 años de edad, responde de forma concluyente: “Mi nombre está en el libro y representa exactamente mis opiniones. No permitiré que se publique un libro con mi nombre con el cual no estoy cien por ciento de acuerdo”.

“Necesité que alguien lo escribiera porque tengo 84 años –dijo entonces-. Ese fue el papel de Roy Varghese. La idea que alguien me manipuló porque soy viejo es exactamente incorrecta.Puedo ser viejo, pero es difícil que alguien me manipule. Este es mi libro y representa mi pensamiento”, sentenció.