La verdadera historia del niño que se cayó en una piscina en la beatificación

Antes de la beatificación de Monseñor Álvaro del Portillo sucedió algo asombroso

opus-dei-73afa20f5f08426bd63860d4405fb86a
La familia Villa Corta reza ante los restos mortales del beato Álvaro, en Roma.

En los días previos a la beatificación de Mons. Álvaro del Portillo, corría como la pólvora entre los peregrinos la historia de Francisco Villa Corta, un niño peruano de poco más de un año que acababa de llegar a Madrid y se debatía entre la vida y la muerte, después de caer accidentalmente en una piscina.

Amelia Morillo-Velarde y Roxana Salazar, Chana, se conocieron casualmente en México, donde ambas se encontraban desplazadas por el trabajo de sus maridos, y empezaron a coincidir en el parque con los niños pequeños. Se hicieron muy amigas y, con el tiempo, cada una regresó a su lugar de origen, Madrid y Lima.

Cuando en 2014 se hizo pública la fecha de la beatificación de don Álvaro del Portillo, el 27 de septiembre, la familia Salazar decidió cruzar el charco para acudir en peregrinación a los actos que tendrían lugar tanto en Madrid como en Roma. Una locura, si se tiene en cuenta que los Salazar viajarían con sus ocho hijos, todos ellos menores de edad. Sin embargo, el cariño hacia el futuro beato pudo más y comenzaron los preparativos.

Chana avisó a su amiga del inminente viaje. «Yo tengo tres hijos —cuenta Amelia— por eso cuando Chana me dijo que venía a Madrid con los ocho pensé: “¡Dónde se va a meter con tanto niño!”. Así que decidimos invitarlos a nuestra casa. No sabíamos cómo nos íbamos a organizar para acostar a tanta gente pero algo en mi interior me decía que tenía que hacerlo y, efectivamente, estuvimos muy felices».

opus-dei-374a6cb133a882212d703af52cb77171

Eduardo Villa Corta, Lalo, y Roxana Salazar, Chana, padres de Francisco.

Llegaron el 25 de septiembre a las 6 de la mañana, después de un largo viaje en avión, y, tras los saludos, se acostaron y durmieron hasta mediodía. A media tarde, las dos madres se encontraban en la habitación de Amelia eligiendo la ropa que Chana se pondría para la misa que iba a tener lugar en Roma tras la beatificación, porque su familia se encargaría de llevar las ofrendas. Después bajaron a la primera planta y Chana se inquietó al no ver al pequeño Francisco. Su marido y ella empezaron a buscarlo preocupados.

Amelia miró directamente en dirección a la piscina, porque pensó que podía haberse caído. Desde el lugar donde se encontraba, vislumbró una sombra bajo un flotador grande y negro en forma de rueda. Así lo cuenta: «Empecé a decirme a mí misma: “No, por favor, no por favor”, mientras corría al lugar. El niño se encontraba en la esquina de la piscina, junto al ciprés, flotando con la cabeza hacia abajo y quieto. Lo tomé por la pierna derecha y lo saqué chorreando. El niño no presentaba signos externos de vida. Estaba inconsciente, lívido, y no respondía a ningún estímulo».

«Su padre comenzó a gritar al verlo. Me quitó al niño y lo agitó con fuerza. Era como un muñeco inerte. En seguida acudieron los hermanos y la madre y todos lloraban. El padre y yo pensamos que el niño estaba muerto, pero su madre mantuvo la esperanza y se arrodilló junto al cuerpo del niño, lo volteó y el niño echó agua. Al mismo tiempo,Chana pidió a todos sus hijos que rezaran a don Álvaro. Recuerdo que Mari Paz, de siete años, se acercó llorando a su madre y le dijo: “Yo lo vi, quería su juguetito, yo lo vi…”. El niño se había acercado a la piscina atraído por un patito que flotaba en el agua».

La llegada de Rafael

Mientras rezaban un Padrenuestro en voz alta, apareció un señor desconocido que empezó a auxiliar al bebé. Se encontraba realizando unas labores de mantenimiento dos casas más allá y, al oír los gritos, tiró los instrumentos, salió corriendo y llamó a la puerta, donde le abrió una de las hijas de Amelia.

«Me quedé muy sorprendida —continúa Amelia— porque no lo escuché, ni lo vi llegar. Fue como una aparición y pensé que era un ángel… un enviado de Dios. Luego supe que se llama Rafael, vive en Barajas, pero es del Perú y afortunadamente había ejercido en su país como bombero voluntario. También me dijo que pertenece a la Hermandad del Señor de los Milagros, muy venerado en Lima. Rafael, insufló aire al niño pero no le presionó el pecho porque podía ser peligroso, al ser pequeño. Pidió una manta y se la llevé. El niño empezó a tener mejor cara. También nos dio apoyo psicológico en esos momentos tan difíciles y, gracias a él, me tranquilicé».

opus-dei-4336f0c20ea4cf37e912cb3e2bfd8fd1

Rafael Vaca acudió en ayuda de la familia Villa Corta.

A los quince minutos llegó la policía, que encontró al niño muy mal, en parada cardiorrespiratoria. Pensaron que no se recuperaría, como dejaron constancia en su notificación al regresar a comisaría y ratificaron días después a Amelia. Cinco minutos después, lo hacía el servicio de asistencia médica SAMUR, que tardó un cuarto de hora en reanimar al niño, hasta que comenzó a llorar. Tras una hora de estabilización, le pusieron un respirador artificial y lo trasladaron a la UCI [Unidad de Cuidados Intensivos] Pediátrica del Hospital La Paz de Madrid.

«Durante todo este tiempo mi amiga estuvo de rodillas rezando la oración de la estampa de Álvaro del Portillo, recuerda Amelia. En el momento en que me tranquilicé y dejé de llorar, me arrodillé junto a ella y puso un rosario en mis manos. Después acompañé a los padres al hospital con el niño. Los demás hermanos se quedaron al cuidado de mi marido, al que yo había llamado para que viniera urgente a casa desde el trabajo».

En la UCI

Chana siguió rezando la estampa frente a la puerta de la UCI y allí permaneció durante horas mientras el padre atendía a los médicos y enfermeras, y gestionaba las visitas que comenzaban a llegar. La doctora salió para preguntar cómo habían encontrado al bebé, si moviéndose o flotando con la cabeza hacia abajo. Le dijeron que lo segundo y miró hacia el suelo con expresión preocupada.

opus-dei-7fff9761d0a41ac8711677f9ce250735

Pidiendo la intercesión de Álvaro del Portillo (fotografía Ismael MS).

«Vimos pasar al bebé en una camilla. Iban a hacerle una tomografía y presentaba muy buen color. Estaba rosadito a causa de la fiebre —cuenta Amelia—. A medianoche me fui con el primo de Chana a mi casa y mis amigos se quedaron rezando toda la noche a la puerta de la UCI. Prometí hacer el camino de Santiago si el niño se recuperaba».

Al día siguiente, por la mañana, Chana y Eduardo regresaron a casa de Amelia para ver a los niños. «Chana me contó que había oído al niño decir “mamá” y que evolucionaba favorablemente. Y añadió: “El poder de la oración”». Francisco estaba fuera de peligro pero aún no se podía determinar si habría secuelas.

Beatificación de Álvaro del Portillo

Amelia le propuso a Chana acudir a la beatificación de Álvaro del Portillo para dar gracias y así lo hizo. «Estábamos muy esperanzados y tranquilos —cuenta Amelia— y, al comulgar, agradecí con toda mi alma al Señor el milagro. Mucha gente la saludaba y le decía que estaban rezando por Francisco».

opus-dei-1bd88c1fb7ddf1ecc8a964b1433b4504

Un momento de la ceremonia de beatificación de Álvaro del Portillo.

El día 27, el bebé permanecía en la UCI con muy buen pronóstico. Por la tarde apareció, en casa de Amelia, Rafael, el señor que había auxiliado al bebé, que salía de la casa donde trabajaba, y pudieron saludarlo. Ahí se enteraron de su procedencia y de todos los detalles que hicieron providencial su aparición en aquel momento.

A última hora, recibieron una llamada del hospital para comunicar que el niño había salido de peligro y que podían ir a verlo. Estaba muy inquieto, incluso no aguantaba los tubos y lo iban a trasladar a planta. Sus padres corrieron para estar con él. Los mismos médicos estaban sorprendidos de que hubiera sobrevivido.

El alta de Francisco

«El lunes 29 de septiembre era el día de san Rafael —continúa Amelia—. Se me ocurrió felicitar a Rafael por WhatsApp, así que Chana y yo buscamos una imagen en Google para enviársela. Pensé: “¡Hoy, san Rafael, le dan el alta a Francisco!”, y se lo dije a mi amiga. Al entrar en internet descubrimos que el arcángel es el patrón de los peregrinos y que su nombre significa en hebreo “Dios sana” o “medicina de Dios”. Ese día mismo día, Francisco recibió el alta en pleno estado de salud y sin secuelas de ningún tipo».

A las cinco y cuarto trajeron a Francisco de vuelta a casa y todos salieron a recibirlo. Después fueron a ver a Rafael y le llevaron al niño. Allí conocieron a su familia y se produjo un encuentro entrañable entre Chana, Rafael y Francisco.

opus-dei-3e1466caa3ce949b492e4074b9d1c44b

La familia Villa Corta en la Plaza de San Pedro, en Roma.

A Roma
La familia Villa Corta viajó a Roma el día 29 de septiembre, como habían previsto. El pequeño Francisco sufrió un episodio de fiebre y acudió a una clínica en la que le hicieron pruebas. Pidieron intensamente al beato que remitiera la fiebre y se recuperó en seguida. Fueron unos días muy emocionantes. Allí pudieron estar junto a los restos del beato Álvaro, conocieron al niño chileno del milagro que abrió la puerta a la beatificación y muchas personas se acercaron a saludarlos con cariño.

El día 10 de octubre regresaban a Madrid, para marcharse definitivamente a Lima el día 11. Al volver del aeropuerto, se encontraron de nuevo con Rafael y toda la familia de Amelia. De alguna manera, todos ellos forman parte de un acontecimiento muy especial que los mantendrá unidos el resto de sus vidas.

Artículo originalmente publicado por Opus Dei

 

Beatificación de Álvaro del Portillo

La beatificación de Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, será en Madrid el 27 de septiembre 

Actualizado 23 enero 2014

ReL

La Oficina de Prensa del Opus Dei ha informado de que el próximo 27 de septiembre tendrá lugar en Madrid 15756_alvaro_del_portillo__sentado__junto_a_javier_echeverria__que_seria_su_sucesorla ceremonia de beatificación de Álvaro del Portillo, el primer sucesor de San Josemaría Escrivá al frente de la prelatura del Opus Dei.

El pasado 5 de julio se hizo público el milagro realizado por la intercesión de Álvaro del Portillo que la Congregación por la Causa de los Santos daba por bueno para culminar el proceso de beatificación.

El milagro es la curación del bebé chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien con pocos días de vida sufrió numerosas y graves complicaciones de su salud hasta el punto de que con un mes de vida, sufrió un paro cardíaco entre 30 y 45 minutos. Sus padres pidieron la intercesión celestial de Álvaro del Portillo y el niño sobrevivió. Actualmente Jose Ignacio no presenta graves secuelas de las pasadas dolencias. (ReL explicaba aquí el milagro y testimonio de la familia).

El Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, declaró sobre la noticia que «en este momento de profunda alegría deseo agradecer al Papa Francisco la beatificación de este Obispo que tanto amó y sirvió a la Iglesia. Desde ahora encomendamos al futuro beato las intenciones del Santo Padre: la renovación apostólica y el servicio a Dios de todos los cristianos, la promoción y ayuda de los más necesitados, el próximo Sínodo sobre la familia, la santidad de los sacerdotes”.

Como es habitual en las ceremonias de beatificación, se celebrará en una ciudad ligada a la vida del beato bajo la presidencia del Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato. La ciudad en este caso es Madrid, donde Portillo nació, creció y conoció a San Josemaría.

El domingo 28 de septiembre Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, celebrará una Misa de acción de gracias.

Ante la previsión de que un gran número de participantes lleguen de fuera de Europa, el Comité organizador está preparando también diversos actos en Roma para los asistentes que deseen luego peregrinar hasta allí desde España. 

Además, se está estudiando que durante los días sucesivos a la beatificación, el cuerpo de don Álvaro, que actualmente reposa en la cripta de la Iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, en Roma, sea trasladado provisionalmente a la basílica de San Eugenio, para facilitar la afluencia de las numerosas personas que querrán rezar ante el nuevo beato.

Álvaro del Portillo, conocido en los ámbitos del Opus Dei como “don Álvaro”, vivió la mayor parte de su vida en Roma, pero siempre guardó su especial relación con Madrid, donde nació el 11 de marzo de 1914, y donde transcurrió la infancia y juventud junto a sus padres y a sus 7 hermanos. En la capital de España, en el año 1935, conoció a san Josemaría Escrivá de Balaguer y pocos meses después decidió a formar parte del Opus Dei.

El 25 de junio de 1944, tras finalizar los estudios civiles y eclesiásticos se ordenó sacerdote en Madrid de manos del obispo de la diócesis, Eijo y Garay. Y allí ejerció el ministerio sacerdotal hasta que, en 1946, se trasladó a Roma. Fue Prelado del Opus Dei desde 1975 hasta 1994.