Blasfemar, ¿por qué ofende? ¿por qué es ilegal?

Con nuestros actos, no podemos dañar, por ejemplo, el honor o la imagen de una persona

Escribo este artículo a propósito de uno anteriormente escrito por Lara Alcázar, fundadora de FEMEN en España, en un medio electrónico en el que justifica el acto de blasfemia como una actividad amparada dentro del ámbito de la libertad de expresión, no sin antes apelar de forma sesgada a un pasaje del Evangelio de san Lucas (“no juzguéis y no seréis juzgados”).
Partiendo de la propia definición que realiza la máxima normativa española, la libertad de expresión supone el derecho a “expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito, o cualquier otro medio de reproducción” además del derecho “a comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.Al interpretar el sentido y alcance de esta norma, el Tribunal Constitucional en la Sentencia 104/1986, de 17 de julio, estableció que el art. 20 de la Constitución ·significa el reconocimiento y la garantía de una institución política fundamental, que es la opinión pública libre, indisolublemente ligada con el pluralismo político, que es un valor fundamental y un requisito del funcionamiento del Estado democrático·.Como se ve, quedan sentadas unas bases que implican no solo un derecho reconocido a cualquier ciudadano, sino además unos límites.

Así, encontramos que con nuestros actos, no podemos dañar, por ejemplo, el honor o la imagen de una persona física o jurídica, por considerarse también una vulneración de un derecho fundamental, ni realizar publicidad engañosa por parte de las empresas, que impliquen un acto de confusión y engaño para el consumidor, incitar al odio o a la violencia, despreciar la verdad mediante la injuria,… son actos que se hacen necesarios delimitar, pues de lo contrario el principio básico de la democracia quedaría en entredicho.

En este sentido, debemos apreciar si un acto de blasfemia -como el perpetrado por el grupo FEMEN hace poco más de un año cuando dos mujeres se encadenaron al crucifijo del altar mayor de la catedral de Madrid para reivindicar el derecho al aborto- implica un acto malentendido de libertad de expresión.

La blasfemia (del griego blaptein, «injuriar», y pheme, «reputación») se define como una palabra, actitud u omisión injuriosa contra Dios, la Virgen y los santos, extendiéndose dicha definición a cualquier persona. Es decir, la blasfemia implica un acto contrario al derecho a la libertad religiosa.

No obstante, ninguna normativa, nacional o europea, reconoce la obligatoriedad de respetar unas creencias religiosas, si bien habrá que distinguir entre aquellas expresiones que atacan directamente y con afán ofensivo a la religión bajo una premisa reivindicativa (en cuyo caso se atenta contra la libertad religiosa) de aquellas otras que se dirigen a un determinado grupo o sector religioso.

Esta distinción es pura y lógica. En esencia, lo que se viene a decir es que la expresión “respeto tu opinión” no es correcta y veraz a los ojos de la moral y el derecho positivo. No es posible afirmar que respeto la opinión de alguien cuando va en contra de mis principios, si bien mi libertad de expresión confronta y encuentra su límite en el respeto a la otra persona. Es decir, “no respeto tu opinión, pero sí a ti como persona”.

El acto de blasfemia llevado a cabo en la catedral de la Almudena de Madrid por el grupo FEMEN cae de lleno en el primer concepto de blasfemia antes definido, pues supone un ataque claro y directo a la libertad religiosa.

Ello no implica realizar un ataque a su libertad de expresión, pues tiene múltiples formas de defender su opinión sin atentar contra unas creencias (distintas de opiniones).

En este sentido, destaca la sentencia del Tribunal Supremo 259/2011, de 12 abril, donde el voto particular de la misma señala que numerosos convenios internacionales y organismos dependientes del Consejo de Europa y de Naciones Unidas, propician en sus recomendaciones la punición de conductas como la que es objeto de los tipos aplicados en la sentencia impugnada, que han englobado bajo la rúbrica de «discurso del odio«.Así con todo, menciona la Recomendación 1805 (2007) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, sobre blasfemia, insultos religiosos y discursos del odio contra personas por razón de su religión, que ha recomendado la conveniencia de sanciones penales a sus autores (si bien no tiene carácter vinculante dicha Recomendación).Considera que “en la medida en que sea necesario en una sociedad democrática con arreglo a lo establecido en el artículo 10, párrafo 2, del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, en la legislación nacional solo deben penalizarse las expresiones sobre cuestiones religiosas que alteren grave e intencionadamente el orden público y en las que se haga un llamamiento público a la violencia”, algo que parece concordar con el lema “Altar para abortar” que prodigaron en su reivindicación, conteniendo un discurso de odio y transmisión del mismo en su mensaje.

Volviendo a lo que dije al principio, lo que dice el versículo completo que menciona Lara Alcázar es el siguiente: “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, rebosante. Porque con la medida con que midáis se os medirá” (Lucas 6, 38).

Cristo nos habla de misericordia. Al respecto, el Papa Francisco explicó que “si en nuestro corazón no hay misericordia, no estamos en comunión con Dios. ¡Aquí está todo el Evangelio, está el cristianismo! ¡Pero miren que no es sentimiento […]! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo […]. Sólo el amor llena los vacíos, los abismos negativos que el mal abre en el corazón y en la historia. […]. Y ésta es la alegría de Dios”.

Siguiendo este tenor, a mí es lo que siempre me han inculcado como base del cristianismo. Esa misericordia es la esencia de nuestra creencia, que se extiende hasta los más variopintos sectores de la sociedad. Ese ha de ser nuestro día a día como cristianos.

La misericordia supone un verdadero acto de amor, que conlleva una verdad, como el hecho de la equiparación en cuanto a derechos y obligaciones civiles entre hombres y mujeres (el verdadero sentido del feminismo de antaño y que yo comparto).

No podemos hablar de que la Iglesia católica denigra a la mujer si resulta que cuando abrimos la Biblia me encuentro con que Cristo salva a María Magdalena de la lapidación, o que las primeras en descubrir la Resurrección de Cristo fueran las tres Marías.

Tampoco entiendo cómo se habla de denigración de la mujer en la Iglesia cuando Cristo dijo a san Juan: “Hijo, ahí tienes a tu madre”.

No sé por qué se defiende que la Iglesia católica, como institución, excluya a la mujer de su tarea, si san Juan Pablo II tuvo un especial reconocimiento a las mujeres en 1988, con su Carta ApostólicaMulieris Dignitatem, con ocasión del año mariano (esto es, de la Virgen María), como más tarde en 1995 con su carta a las mujeres en la que decía que “el punto de partida de este diálogo ideal no es otro que dar gracias.

“La Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el «misterio de la mujer» y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las «maravillas de Dios», que en la historia de la humanidad se han realizado en ella y por ella”.

Por tanto, sí, yo soy feminista, y lo digo abiertamente. Considero a la mujer como el don más grande que un hombre puede tener a su lado. Pero esa “lucha” mal entendida no debe extralimitarse de una serie de preceptos jurídicos y morales, como es coartar la libertad de expresión que antes mencionaba, ni tampoco vulnerar unos principios o derechos, como es el caso de la blasfemia, que atenta gravemente contra los valores democráticos si va en contra de unas creencias religiosas.No podemos dejar a merced de las opiniones de cada uno unas normas impositivas que se han de cumplir. No es viable de ninguna de las formas posibles considerar el asalto a un templo religioso como una reivindicación legítima de una serie de expresiones.Como tampoco puede ser el atentar por motivos religiosos contra la vida de una persona.Por último, se hace necesario hablar de la actitud que debe tomar la Iglesia dentro de una sociedad. Como tal, el verdadero propósito es el de recomendar a los católicos una serie de actitudes, pues el verdadero objetivo de todo cristiano se encuentra en alabar y ofrecer a Dios en el día a día, ofreciendo el trabajo, el estudio, el amor o incluso las desdichas.

Pero, como bien digo, la Iglesia recomienda, no impone. Y dicha recomendación se fundamenta en la libertad, otorgada al ser humano desde el momento de su Creación (y tratada ampliamente por santo Tomás de Aquino); y en lo enseñado por Cristo.

Esta actitud proactiva no implica disminuir un derecho de aquel que está disconforme, pues quien finalmente vota y toma la decisión no es la Iglesia católica, sino cada católico dentro de su condición de persona inmersa en una sociedad.

Solo entender el verdadero sentido de la libertad de expresión como un derecho e institución fundamental que tiene una serie de límites que no deben sobrepasarse conllevará una verdadera defensa de los valores democráticos. Y si en algún momento alguien se extralimita, sugiero acudir con mayor motivo a lo que dijo Cristo: perdonad y seréis perdonados.

«Risen» la gran película sobre la Resurrección de Cristo

Un soldado romano busca Su cuerpo…

¿Será «Risen» la gran película sobre la Resurrección de Cristo, como la de Gibson sobre su Pasión?

C.L. / ReL

24 junio 2015

El 22 de enero de 2016 se estrena Risen [Resucitado], que viene precedida por un potente tráiler (ver abajo vídeo) que plantea rápidamente el núcleo de la trama.

Clavius es un oficial del ejército romano que supervisa la crucifixión de Jesús y ordena a uno de los soldados que le aseste la lanzada una vez muerto. Luego Poncio Pilato le encarga vigilar el cuerpo y, cuando se corre la voz de que el cuerpo ha desaparecido, encontrarlo para evitar que haya un levantamiento. Comienza entonces su indagación para saber quién y cómo se ha llevado (es lo que él cree que ha sucedido) el cadáver. Clavius, un hombre escéptico y acostumbrado en mil batallas a los horrores de la guerra, tendrá un acompañante en la investigación: Lucius.

Fidelidad a las Escrituras
«Asiste al acontecimiento más importante de la historia del hombre a través de los ojos de un no creyente. Descubre el mayor misterio de todos los tiempos. Cree en los milagros. Cree en la oración», afirman los mensajes promocionales del film en Facebook.

Si nos guiamos por ellos, y por algunas escenas que se van dando a conocer (como la que nos presenta la Sábana Santa o la misma que cierra el tráiler), parece tratarse de una película que reconoce el hecho histórico de la Resurrección de Cristo y fiel en su espíritu (no, obviamente, en la trama central ni en sus protagonistas, pura ficción) al relato evangélico.

Los productores afirman que, salvo esas licencias, el guión sigue «el tratamiento de la historia en las Escrituras«, y que van a dirigirse a creadores de opinión católicos y protestantes para que lo respalden y llegar a un público amplio. Tal vez tan amplio como el que vio La Pasión de Mel Gibson, de la que quiere ser continuación.

Buen reparto y respaldo de la gran industria de Hollywood
Risen ha sido dirigida por Kevin Reynolds (Robin Hood el Príncipe de los Ladrones, Waterworld, El conde de Montecristo). Clavius es Joseph Fiennes (Shakespeare in Love, El Barón Rojo, Hércules), a Lucius le da vida Tom Felton (el Draco Malfoy de Harry Potter) yPeter Firth (Amistad, Pearl Harbor) hace de Poncio Pilato.

El papel de Jesús es para Cliff Curtis (Rapa Nui, Training Day), aunque sus apariciones son siempre fugaces. «Pero las pocas veces que le ves, te das cuenta de que has estado esperando ese momento toda la película«, explica Mickey Liddell, el productor del film. Liddell tiene su propia productora independiente y se ha aliado con Sony y Tristar para esta aventura, culminación de un proyecto que ideó hace diez años. El guión original es de Kevin Reynolds y Paul Aiello sobre una historia original de este último.

Clavius tendrá que hacer, pues, un «trabajo de detective», en palabras de Joseph Fiennes, quien añade: «La historia es extraordinaria y conocida por todos. Pero nos conduce a ese viaje a través de los ojos de un no creyente».

¿Dejará de serlo este aguerrido servidor del César cuando concluyan sus pesquisas?¿Ofrecerá Risen a esta pregunta una respuesta cristiana? Todo apunta a que sí, pero habrá que esperar aún siete meses para saberlo con certeza.

Tráiler de Risen

Lo que muchos no sabemos sobre el AYUNO

Pregunta: ¿Padre, ya desde hace tiempo ha nacido en mi una gran necesidad de hacer ayuno, lo siento en mi corazón pero no sé cómo hacerlo?

Me parece magnifico y toda una inspiración de Dios este santo deseo de santidad que ha ido naciendo en tu corazón.

Antes de hablarte del ayuno, quisiera hablarte primero de lo que es la Ascesis o Penitencia, ya que el ayuno es solo parte de este trabajo espiritual que todo cristiano debe hacer si quiere llegar a la santidad propuesta por Jesucristo.

Empezaré diciéndote que cuando hablamos de Ascesis o Penitencia nos referimos al esfuerzo humano que responde a la gracia de Dios, y es el medio por el cual el hombre se dispone y purifica su vida para que en ella se desarrolle en plenitud la vida divina. Este esfuerzo en nosotros los cristianos adquiere una nota particular y quizás única, ya que, a diferencia de algunas otras «espiritualidades», la Ascesis en el fiel cristiano, es animada y dirigida por el mismo Espíritu Santo, que no busca destruir sino construir.

El padre Rainiero Cantalamessa, al referirse a la santidad y su relación con la Penitencia, dice que ésta «es el arte de quitar todo lo que estorba en el hombre a fin de hacer visible esa santidad ya contenida en el hombre desde el bautismo».

Por ello, la Ascesis es la herramienta de la que nos valemos para fortalecer los muros por los cuales transitan nuestros deseos y aspiraciones, los cuales fuera de control son capaces de destruir nuestra vida, o al menos impedir que ésta alcance la plenitud. Es, digamos, el elemento regulador, y, en muchos casos, el propulsor de una vida equilibrada y santa. Por eso dice al respecto el Catecismo de la Iglesia: «Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia» (Cat. No. 1435)

Por una ancestral tradición, los viernes son considerados como un día de Penitencia. Esto es debido, principalmente a que en un viernes Jesús padeció por nosotros para darnos la vida eterna. Por esta razón, entre otras, se ha identificado la Penitencia con el sufrimiento. Cuando pensamos en la Penitencia, de inmediato viene a nuestra mente los monjes dándose de latigazos, o poniéndose espinas en el pecho, o de alguna manera destruyendo su cuerpo. Sin embargo la Penitencia, como nos lo explica el papa Juan Pablo II en Reconciliación y Penitencia, es: todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida. Es decir la Penitencia es una ayuda para que podamos realmente vivir el Evangelio.
Un santo de la edad media que había entendido bien lo que era la Penitencia decía: la primera y más importante Penitencia es: Orar.

Desafortunadamente, el hombre de hoy tiene un concepto equivocado de lo que es la Ascesis o Penitencia y en muy baja estima el valor de la cruz. La vida cómoda y materialista que vivimos nos hace despreciar con facilidad estos dos valores que son fundamentales (cf. Mt 10,38), por no decir, indispensables, en la vida, no solo para alcanzar la santidad y con ello la plenitud, sino incluso para poder vivir una vida razonablemente alegre y estable. Y es que la Penitencia actúa como una fuerza reguladora sobre nuestras pasiones y deseos los cuales dejados en libertad pueden llegar a destruir nuestra vida. Para contenerlos, en algunos casos debemos agregar a nuestra vida algo, «Ascesis Positiva» , y en otros eliminar o matizar, «Ascesis Negativa». En ambas direcciones la Penitencia supone una renuncia, por lo que esto no se podrá hacer sin la ayuda de la cruz y del Espíritu Santo. La Penitencia cristiana, correctamente entendida, no es estoicismo, ni platonismo, por lo que no se trata de destruir nuestro cuerpo, sino de una «herramienta espiritual que ayuda a que los criterios y la vida evangélica, pasen de la mente al corazón y del corazón a la vida diaria».

Para que la Penitencia sea verdaderamente una ayuda para el crecimiento espiritual, es necesario quitarle toda esa carga negativa que por años ha tenido, para redescubrirla como un momento privilegiado de encuentro con la misericordia de Dios que conoce nuestras miserias y que a pesar de ellas, nos ama y nos ha llamado a la santidad más elevada. Esto nos llevará sin lugar a dudas a experimentar el poder que sana el interior del hombre y que le impulsa a reemprender el camino de la felicidad, la alegría, el gozo y la paz, ya que como bien decía Clímaco: «es mediante la Penitencia como nos libramos de la tiranía de las pasiones». Así la Ascesis es la cruz benéfica que nos ayuda a renunciar a nosotros mismos, a los excesos y exageraciones, y que prepara el camino para que Dios desarrolle en nosotros la vida divina, la «Vida según el Espíritu».
Sin embargo debemos ser conscientes que la falta de prudencia, puede también desordenar la misma Penitencia, con lo cual se causan graves daños, sobre todo al alma, ya que la práctica de la mortificación debe ser siempre un acto de templanza.
Santo Tomas, citando a San Jerónimo dice: «No hay diferencia entre matarse en largo o en corto tiempo. Se comete una rapiña, en ves de hacerse una ofrenda, cuando se extenúa inmoderadamente [sin templanza] el cuerpo por la demasiada escasez de alimento o el poco de sueño».

Ahora si, teniendo en cuenta lo que te he dicho sobre la Penitencia, veamos un poco el Ayuno. El Ayuno, desde la vida espiritual, nos ayuda en dos áreas de nuestra vida. Por un lado, es la forma como la voluntad se entrena con la renuncia a cosas buenas, para en su momento poder rechazar las malas. Por otro lado, ejerce una acción misteriosa, que permite al alma abrirse de una manera particular a la gracia y a la presencia de Dios.

Cuando nos privamos de cualquier cosa que está en relación con nuestros apetitos, especialmente con el placer (comer, beber, ver, oír, sentir), estamos acostumbrando a nuestra voluntad a recibir ordenes directamente de nosotros y no de nuestras pasiones. Nos lleva a ser dueños de nosotros mismos. De esta manera, una persona habituada a ayunar será una persona habituada a la renuncia, y tendrá sometidas sus pasiones a la voluntad, de manera que el cuerpo come, duerme, y hace lo que la voluntad le indica. Si la voluntad está orientada a Dios, buscará evitar todo lo que lo separa de Dios y orientará todas sus acciones a EL.

Por otro lado, como te decía, el Ayuno, especialmente el de la comida, nos abre de una manera misteriosa a la presencia de Dios. Parecería como si el hambre corporal se fuera convirtiendo en hambre de Dios.

Ahora bien, para que esto se realice, el Ayuno debe estar unido a la oración. Sin oración el Ayuno se convierte en dieta o en estoicismo, que poco o nada ayuda a la vida espiritual.

De manera práctica, te indico algunos elementos que pueden serte de utilidad para iniciarte y crecer en este ejercicio espiritual:

1.

Lo primero es que el Ayuno debe ser progresivo. Es decir hay que comenzar por lo poco y poco a poco progresar en él. Empieza entonces con pequeñas renuncias, como negarte un café, un vaso de agua, un dulce, un postre, un programa de televisión, etc. Esto irá poco a poco aumentando tu capacidad de renuncia.

Inicia el Ayuno con un buen rato de oración. Te recomiendo prepararlo desde un día antes… por la noche haz un buen rato de oración y ofrece a Dios el día de Ayuno. Pide a Dios la gracia que estás necesitando o el sentido que quisieras ver fortalecido con tu Ayuno. Durante todo el día de Ayuno, dedica el mayor tiempo que puedas a la oración. Es conveniente que se escoja un salmo el día anterior y alguna frase del salmo para repetirlo durante todo el día de Ayuno, como: “Señor tú eres mi fuerza y mi victoria”, o alguna frase del mismo salmo. Regresa durante el día al salmo y ten el mayor tiempo de oración que puedas… substituye el alimento corporal con alimento espiritual.

3.

Es muy conveniente que inicies tu Ayuno con la Eucaristía. Busca una Iglesia en donde puedas comulgar en la mañana. Si no se puede, haz al menos una comunión espiritual.

4.

Una vez que sientas que has progresado con las renuncias, inicia con lo que se llama el Ayuno Eclesiástico, que es lo mínimo que nos invita a vivir la Iglesia en los días prefijados de Ayuno (Miércoles de ceniza y Viernes Santo). Este consiste en desayunar un pan y un café, no tomar nada entre comidas, comer ligero (procurando que te quedes con un poco de hambre) y finalmente por la noche lo mismo un pan y un café.

5.

El siguiente paso es hacer medio Ayuno, que consiste en solo un café en la mañana, nada entre comidas y una comida ligera. Solo agua todo el día. Por la tarde puede tomar una cucharada de miel, sobre todo si tienes un trabajo que requiera mucho desgaste de energía.

6.

Finalmente podrás aspirar al Ayuno de pan y agua, que consiste en comer solo pan y agua. Lo mismo, puedes tomar una cucharada de miel a media mañana y a media tarde para recuperar energía.

Recuerda, que es una obra del Espíritu, por lo que no esperes resultados como si a cada acción hubiera una reacción. A veces un pequeño esfuerzo de nuestra parte corresponde a una gracia inmensa de Dios y viceversa, un gran esfuerzo humano y pocos resultados espirituales. Dios sabe cómo, y en qué momento darnos las gracias. De lo que si puedes estar seguro es que al iniciarte en el ayuno te abrirás a la santidad y tu vida cambiará RADICALMENTE. El Ayuno es el camino a la perfección cristiana. Ánimo.

Diez cosas que deberías decir a tus monaguillos

Según el sacerdote bloguero Dwight Longenecker

Diez cosas que deberías decir a tus monaguillos (con copia también para sus padres)

Todo el mundo mira a los monaguillos - con su presencia y actos rituales bien hechos acercan al pueblo a Dios y a la liturgia
Todo el mundo mira a los monaguillos – con su presencia y actos rituales bien hechos acercan al pueblo a Dios y a la liturgia

Actualizado 24 marzo 2015

Dwight Longenecker

Dwight Longenecker es sacerdote católico y capellán de un colegio en Estados Unidos. Se crió en una familia y un colegio evangélicos fundamentalistas. En Inglaterra se hizo pastor anglicano. Casado y con hijos, entró en la Iglesia Católica y de vuelta a Estados Unidos es sacerdote católico por una dispensa especial. Su blog en inglés es StandingOnMyHead, muy leído y popular. Traducimos para ReL su artículo «Diez cosas que deberías decir a tus monaguillos».

Los monaguillos son REALMENTE importantes [mayúsculas del autor, ndt],  pero demasiado a menudo no saben porqué lo son. Esta es la razón por la que a veces llegan tarde o ni siquiera se presentan. A veces no parecen estar orgullosos de su función porque tal vez nadie les ha dicho la razón de su importancia.

Por lo tanto, si ayudas con los monaguillos, si tienes hijos que son monaguillos o si piensas que los monaguillos de tu parroquia deberían tener un aspecto impecable,aprende estas diez cosas para decírselas a tus monaguillos.

Esta es la idea: imprime esta entrada de blog y dásela a la persona que forma a los monaguillos o haz copias para los niños y sus padres

Te sorprenderá lo que cambia la celebración cuando los monaguillos son de primera.

Estas son las diez cosas que hay que decirles:

1. No eres necesario 
¡Hala! Este no parece el mejor modo de empezar, pero es verdad. El sacerdote puede hacer todo lo que tú haces en la misa. Esto significa que tú estás haciendo en la liturgia algo que es MÁS que útil. Lee los restantes nueve puntos para saber el qué.

2. Eres un testigo silencioso
En cuanto llegues a la iglesia, – veinte minutos antes de que empiece la Misa -, ponte tu sotana y empieza a preparar las cosas para la Misa. Con ello estarás diciendo a todo el que está en la iglesia: «Mirad, es importante llegar temprano. Es importante preparar la misa con respeto. Es importante hacerlo con tiempo y cuidadosamente». Recuerda, la gente está mirando todo lo que haces. Les encanta ver cómo lo haces, por lo que hazlo con reverencia y con cuidado.

3. Las acciones hablan más alto que las palabras 
Tienes que estar bien vestido para la misa. No hace falta que te pongas ropa elegante porque la sotana la cubrirá, pero lo que la gente vea debe estar bien. Ponte calzado negro. ¿Deportivas? ¿Deportivas fosforescentes? ¿Botas marrones? ¿Chancletas? ¡Anda ya! ¡Eres mejor que esto! Nada sobre tu apariencia tiene que llamar la atención. Nada de pendientes largos, por favor… ¡esto va también por vosotros, chicos! ¿Y qué decir de las lacas de uña de colores rabiosos y los peinados extravagantes? ¿Y de los tatuajes salvajes o los piercings? ¡Ajá! Esto atrae la atención sobre uno mismo. Todo lo que hagáis tiene que llevar la atención al altar, no a los monaguillos. Niñas, recogeros el pelo. Niños, peinaros. Y por favor, limpiaros la cara para eliminar esos restos de desayuno…

4. El lenguaje corporal habla en voz alta 
Cuando te dispongas para la misa muévete más lentamente. En la procesión, muévete con majestuosidad. Vivimos de manera muy rápida y para oír a Dios tenemos que estar en silencio y para ir al mismo paso que Dios tenemos que movernos más lentamente. Dios pasea tranquilamente, se toma las cosas con calma. Está aquí para siempre, por lo que mantén una buena postura y muévete bien y con lentitud. No corras nunca. Lo creas o no, esto ayuda a la gente a entrar en la celebracióncon la mentalidad adecuada, de manera respetuosa.

dwight_monaguillos

5. La procesión es más que el hecho de entrar caminando en la iglesia
La procesión, en sí, es una antigua ceremonia religiosa. Al entrar en la iglesia estás guiando a todos a la presencia de Dios. Esto se remonta al Antiguo Testamento, cuando solían subir en procesión por la colina hasta Jerusalén y el Templo de Dios.La procesión eres tú guiando al pueblo de Dios a través de la tierra salvaje hasta la Tierra Prometida. La procesión es el triunfo real del rey entrando en la ciudad. Por lo tanto, la procesión tiene que hacerse majestuosamente, con solemnidad y dignidad. No corras con torpeza hasta tu sitio. 

¡Siente el orgullo de ser un monaguillo en el altar del rey! Cuando lleves la cruz en la cabeza de la procesión, llévala con solemnidad porque le estás diciendo a los fieles: «Mirad, todos estamos llamados a coger nuestra cruz y seguir a Cristo. Este es nuestro estandarte para la batalla. ¡Este es nuestro signo de llamada!». Por lo tanto, lleva la cruz silenciosa y solemnemente como un soldado en un desfile.

6. Ser el que sujeta un cirio o un libro es más de lo que piensas
¿Eres el que llevas el cirio? Estás diciendo: «Todos llevamos en nuestros corazones la luz de Cristo que hemos recibido en el Bautismo. Somos las luces en la oscuridad, las estrellas brillantes del universo». Los cirios acompañan a la cruz y al Evangelio porque el Evangelio y la cruz traen la luz al mundo. ¿Sujetas o llevas el libro? Representas a los evangelistas y a los apóstoles que llevaron la palabra de Dios al mundo. También nos recuerdas que estamos llamados a llevar la Buena Nueva del amor de Dios a todo el mundo.

7. Sois los ángeles ante el Trono 
En el momento del Santo, Santo, Santo debéis ir a los escalones que conducen al altar yarrodillaros para la oración de la consagración. En este momento representáis a los ángeles de Dios que se inclinan ante el trono de Dios en adoración. 

Dije esto una vez a mis monaguillos cuando los estaba formando y una de las madres dijo: «¡Usted bromea!». Ella bromeaba, pero esto dice claramente que vosotros, chicos y chicas normales y comunes, representáis a los ángeles ante el trono de Dios. Arrodillaos en la consagración. Tocad la campanilla con cuidado y belleza. El modo como vosotros adoréis en este momento elevará los corazones y las mentes de toda la gente. Si sois respetuosos, si estáis en silencio, todo ello con sinceridad, ayudaréis a todos a entrar más profundamente en la belleza de lo sagrado.

dwight_longenecker_altar_servers


El padre Dwight Longenecker con algunos de sus monaguillos

8. Servid el altar con actos rituales 

Haced una reverencia ante el altar. Haced una pequeña reverencia al sacerdote y al diácono después de que hayan cogido los elementos y se hayan lavado las manos.Estos pequeños actos rituales ayudan a la gente a entrar en una actitud ritual.Lo ritual trasciende nuestras propias personalidades y nos hace más grandes que nuestras pequeñas vidas ordinarias.  

Cuando servís en el altar de una manera ritual estáis ayudando a elevar los corazones y las mentes de todos. Realizad las acciones con solemnidad y dignidad. Este lenguaje visual ayuda a elevar la mente de las personas a Dios. Ni siquiera se dan cuenta. ¿Es genial, verdad?

9. Siente orgullo por lo que haces 
Sé fiel a tus tareas porque Dios te es fiel a ti. Presta atención a los detalles porque Dios está en los detalles. Convierte tus acciones en oraciones porque todo lleva a Dios si nosotros lo permitimos. Lo que estás haciendo es un servicio a Dios y abrirá tu corazón y te acercará a Él incluso cuando no te des cuenta de ello. Si te sientes orgulloso por servir bien en el altar, te sorprenderás al ver cómo esto empieza a afectar a toda tu vida. Pronto te sentirás orgulloso de tu aspecto, de tu trabajo en el colegio, tu deporte y tus amigos.

10. Eres muy necesario 
¿Dije que no eras necesario? Lo que quería decir es que eres MÁS que necesario: eres vital porque estás realizando no sólo un papel funcional, sino un papel simbólico, y el simbolismo es el lenguaje de la adoración. 

Tus acciones en la misa son mucho más simbólicas de lo que tú piensas y el modo como sirvas en la misa acercará a la gente a Dios.

Eres más que necesario porque la belleza es más que necesaria y lo que estás haciendo es bello

Hay demasiada poca belleza en nuestro mundo brutal, y al dedicar tu tiempo a hacer algo bello por Dios está haciendo del mundo un lugar mejor. ¡No te avergüences de esto y no subestimes tu importancia!

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

Dallas, Texas, EE. UU.

 

El «samurai de Cristo»

Finaliza la fase diocesana de su beatificación

El «samurai de Cristo»: Ukon Takayama, un señor guerrero admirado por los españoles

Modelo de fidelidad en un mundo de políticas cambiantes, militar que evitaba el derramamiento de sangre, Takayama podría ser el primer japonés en los altares sin pasar por el martirio.

Actualizado 26 agosto 2013

Pablo J. Ginés/ReL

Justo Takayama Ukon fue un guerrero valiente, un gran evangelizador y un político honrado
Justo Takayama Ukon fue un guerrero valiente, un gran evangelizador y un político honrado

Dirigió ejércitos, pero intentó limitar la pérdida de vidas; se trató con los más poderosos, pero se mantuvo siempre independiente a las presiones y fiel a su conciencia. Fue un señor feudal, que prefirió abandonar su feudo a abandonar a su Señor. Recibió un funeral español con honores militares. Y la Iglesia en Japón lo quiere beatificar. 

Un samurai para Cristo

Los obispos japoneses han enviado a Roma el informe de 400 páginas que presenta la figura del samurai y daimio (señor feudal) Takayama Ukon, bautizado a los 12 años, fiel servidor de los shogun Obunaga e Hideyoshi, que unificaron el Japón, y exiliado a los 62 años con otros 300 cristianos en Filipinas, durante la persecución de Tokugawa. 

La Iglesia japonesa querría verlo beatificado en 2015, cuando se cumplen 400 años de su muerte en Filipinas. 

Sería un caso muy especial: hay muchos santos japoneses (42 santos y 393 beatos, incluyendo misioneros europeos), pero son todos mártires que murieron en grupos en distintas persecuciones. Takayama Ukon es distinto porque es un laico, un político, un militar, que llegaría a los altares por la vía de sus virtudes heroicas, no del martirio. 

Murió en 1615 en Manila, de una enfermedad, 10 meses después de llevar a 300 compañeros cristianos perseguidos a la seguridad de Filipinas, que era territorio español. 

«Consideración especial» en el Vaticano

Según el arzobispo de Osaka, Leo Jun Ikenaga, en 2012 escribió a Benedicto XVI presentando esta causa de canonización y asegura que en el Vaticano le prometieron una “consideración especial”. 

Para el postulador de la causa, el padre Kawamura, este daimio puede ser un modelo para los políticos actuales, porque vivió en un entorno hostil, de políticas siempre cambiantes, pero “nunca se dejó extraviar por los que le rodeaban y vivió una vida según su conciencia, de forma persistente, una vida adecuada para un santo, que sigue dando ejemplo a muchos hoy”. 

takayama_cuadro

Un padre con inquietudes profundas

Takayama tenía 12 años cuando trajo al castillo de Sawa a un sacerdote católico, por petición de su padre, el señor Tomoteru, un hombre con inquietudes religiosas, que quería debatir las virtudes del budismo con un sabio cristiano. Era 1564, y habían pasado ya 15 años desde que un barco portugués atracara por primera vez en Japón.

Tomoteru analizó en profundidad y con detenimiento la propuesta cristiana y le gustó, por lo que se bautizó él y su casa: su hijo, el joven Takayama (su nombre real era Hikogoro Shigetomo) recibió como nombre de bautismo el de “Justo”.

Eran tiempos muy turbulentos. Los Takayama fueron fieles a los que resultaron ser los triunfadores de esa época: Oda Nobunaga primero; y cuando éste fue asesinado, Toyotomi Hideyoshi, el gran unificador de Japón. 

Funerales honrosos para vasallos

Al ganar nuevas tierras y vasallos, asombraban a éstos por conceder elaborados funerales con ataúdes, banderas y procesiones a personas que no eran nobles. 

En 1576, con el sacerdote italiano Gnecchi Soldo, Ukon Takayama hizo construir la primera iglesia de Kyoto, que durante 11 años sería un centro misionero de Japón. De ella hoy sólo queda la campana. 

Se entregó como rehén y salvó vidas

En 1578, con 26 años, siendo señor del castillo Takasuki, el joven samurai cristiano dio ejemplo de su temple al encontrarse en una complicada encrucijada. Su hermana era rehén del señor Murashige, que había disgustado al poderoso Nobunaga. Murashige era invitado de Ukon Takayama, pero un ejército de Nobunaga acudió al castillo pidiendo que le entregasen a Murashige. Hiciese lo que hiciese, mucha gente podía morir. 

El joven samurai se afeitó la cabeza, se vistió de monje budista –rituales para expresar humildad y rechazo a la violencia- y se entregó como rehén a Nobunaga. Así evitó el derramamiento de sangre. A éste le impresionó la salida del joven y le premió con su confianza y con títulos. 

Tres años después, Nobunaga era asesinado, y los Takayama apoyaron a su general y heredero, Hideyoshi, con gran valor en combate. Éste premió a Ukon con el feudo de Akashi, donde en poco tiempo 2.000 personas se convirtieron al cristianismo, la fe de su nuevo daimio.

El tirano y la concubina cristiana

Pero en 1587 acabó la tolerancia para el cristianismo en Japón. Hideyoshi no sólo quería un Japón unido, sino absolutamente dominado bajo su poder. Al parecer, una noble chica cristiana se negó a ser una más de sus concubinas, debido a su fe, y eso le enfadó mucho. 

Por esas mismas fechas, un comerciante portugués cuyo barco había sido apresado por los japoneses habló con palabras altaneras a Hideyoshi, asegurando que la flota de guerra portuguesa algún día llegaría a Japón, lo que acabó de enfurecerlo.

El nuevo señor de las islas no quería resistencia alguna, ordenó la expulsión de los misioneros y de todos los extranjeros y presionó a los señores japoneses para que renunciasen a la fe cristiana. Algunos nobles, como Ukon Takayama, podían maniobrar, más o menos, para demorar o esquivar las presiones y proteger a sus vasallos cristianos. 

Prohibición total, paciencia y fe

Pero menos de 30 años después, en 1614, el nuevo shogun Ieyasu Tokugawa lanzó la prohibición total del cristianismo. A los cristianos se les pedía pisotear o escupir a un crucifijo como signo de su abandono de la fe. 

Ukon, con más de 60 años, respondió al shogun: “No voy a luchar con armas o espadas, sólo tendré paciencia y fe de acuerdo con las enseñanzas de mi Señor y Salvador, Jesucristo”. 

Ese año 3 barcos dejaron Japón con cristianos japoneses. Dos iban a la portuguesa Macao. Otro, en el que viajaban Ukon Takayama, su esposa, hija y nietos, y unos 100 laicos japoneses, fue a Manila. 

Dios dice que quien toma la espada se arruina con ella. Formad familias en Filipinas y regresad a Japón como enviados para la paz”, dijo el daimio en el puerto de Nagasaki a su pueblo que se exiliaba con él. 

Su esperanza es que aquellos cristianos volverían a Japón, más numerosos, como un puente entre culturas. Ya no pensaba en ejércitos, sino en algo más poderoso, que vive de generación en generación: pensaba en familias

No podía saber que Japón se iba a cerrar a toda influencia extranjera durante más de 250 años, un fenómeno cultural y político realmente singular en la historia. 

takayama_ukon_estatua

Un samurai entre españoles

En Manila le recibió una multitud de curiosos y los españoles le trataron con todo respeto. Incluso se habló de preparar una expedición militar española a Japón bajo su mando o consejo, pero él se negó.

Murió el 3 de febrero, 40 días después de su llegada a Filipinas, por una enfermedad. Los españoles le honraron con una gran funeral lleno de honores militares.Aquellos exiliados japoneses se fundieron con la población católica filipina rápidamente.

Un legado vivo

En una plaza de Manila se levanta una escultura que recuerda a Ukon Takayama, el “samurai de Dios”, con la cruz en sus manos. 

En Japón los católicos celebran peregrinaciones a los lugares en los que vivió, luchó y rezó.
 Como sucedió con Cristo y suele suceder con los santos cristianos, su mayores victorias las cosechará después de muerto.

 

 

Se curó con las reliquias de Juan Pablo II

Floribeth Mora tenía un aneurisma cerebral 

La mujer de Costa Rica que se curó con las reliquias de Juan Pablo II detalla su testimonio 

Actualizado 22 junio 2013

C. M. del Hoyo / J. Beltrán / La Razón 

«Salí de ese parque sanada». 

Con esta naturalidad Floribeth Mora relata cómo se curó por intercesión de Juan Pablo II. 

13928_juan_pablo_ii__al_inicio_de_su_pontificado

Esta mujer costarricense que vive en la localidad de Tres Ríos de Cartago es la protagonista del milagro que podría llevar a los altares al Papa polaco, después de que el pasado martes la comisión teológica de la Congregación para la Causa de los Santos diera fe de lo ocurrido, como ya lo hicieran en el mes de abril los médicos que reconocieron que, de forma inexplicable, Flory –como la llaman sus familiares y amigos–superó un aneurisma cuando ya estaba desahuciada por los médicos.

Flory escribió su testimonio
Todo comenzó el 8 de abril de 2011 al despertar. «Me dio un dolor de cabeza tan fuerte que pensé que me reventaría la cabeza. Le pedí a mi esposo que me llevara al hospital porque me sentía bastante mal. Cuando llegué me encontraba muy mal por los vómitos y el dolor de cabeza», relata esta mujer en un testimonio escrito por ella misma hace un año, recogido ahora por LA RAZÓN y confirmado a este diario por uno de los partícipes del milagro. 

En aquella primera visita al médico, le diagnosticaron estrés y presión alta. Al comprobar a lo largo de los días posteriores que su estado de salud no mejoraba, decidió acudir a un hospital en San José, la capital del país.

«Tras varios exámenes me dijeron que tenía un pequeño derrame de sangre en mi cerebro, luego me hicieron un TAC y descubrieron que se trataba de un aneurisma cerebral en el lado derecho». 

Los médicos desistieron
De inmediato la trasladaron a otro centro, mientras los facultativos se mostraban sorprendidos por su aguante. Tras varios intentos por cerrar el goteo de sangre que sufría en su cerebro, el equipo médico que la atendía tuvo que desistir al encontrarse la dilatación en un lugar de difícil acceso.

A partir de este momento, la situación empeoró sobremanera. Tras pasar unos días en observación, las limitaciones del sistema sanitario costarricense impidieron llevar a cabo una operación. 

«Se cerraban así mis posibilidad de sobrevivir a tan fatal diagnóstico», recuerda estamadre de cuatro hijos, abuela de cuatro nietos y esposa de un ex oficial de la Policía nacional. 

Tal era la gravedad de su situación que regresó a casa con un aviso claro a su familia: sólo le quedaba un mes de vida. Sin embargo, a pesar de la desesperación que en un primer momento les generó pensar en el desenlace de la historia, «nos llenamos de mucha fe, perono puedo negar el miedo tan grande que sentía al ver lo que me estaba sucediendo».

Juan Pablo II, beato
No se cumplía ni un mes de aquella mañana en la que su vida se truncó, cuando tuvo lugar otro giro inesperado. El 1 de mayo de 2011, en la plaza de San Pedro, más de un millón de personas participan en la beatificación de Juan Pablo II. 

Benedicto XVI proclamaba beato al Papa polaco destacando en primera persona cómo vivió la santidad de su predecesor en la sede de Pedro: «Durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostenían mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio». Cuando amanecía en Costa Rica, Juan Pablo II ya había sido beatificado.

Jesús Sacramentado, en procesión
Como todos los domingos, la familia de Floribeth acudió a misa a la parroquia. Con pocas fuerzas, pero de nuevo animada por su esposo, acudieron al centro del barrio porque se estaba celebrando una procesión. 

«En ese momento estaba pasando una carroza con la imagen de Jesús Sacramentado ysentí un frío en el cuerpo. Me bajé del coche y fui hasta allí»

Entonces, el sacerdote que acompañaba a la procesión declamaba una oración: «¡Oh, Señor! Hay una sanación». 

La mujer se detuvo y se puso a rezar: «Le pedimos a nuestro Papa Juan Pablo que nos ayudara a pedirle a Dios que me ayudara». 

Y en ese preciso instante, algo empezó a cambiar. «Salí de ese parque con la fe de que yo fui la sanada», apunta esta madre de familia que desde entonces centra las miradas de sus vecinos y amigos. A partir de ahora, de todo el orbe católico.

Reliquias del Papa en un santuario
Unos días después de aquel hecho, Floribeth, consciente de que al Santuario de la Virgen de Ujarrás –cercano a su domicilio– había recibido unas reliquias del Papa polaco, decidió acudir a rezar. «De nuevo, un milagro», apostilla. 

Se trataba de un relicario que contiene muestras de sangre de Juan Pablo II, extraídas un día antes de morir

Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, cuando llegó ya había terminado la exposición. Aun así, el padre Dónald Solano hizo una excepción. 

«Me la enseñó y la toqué. Seis meses después me hicieron otro examen en el cerebro y me indicaron que el aneurisma había desaparecido para la honra y la gloria de mi Dios», subraya esta mujer, que haría posible que Juan Pablo II sea proclamado santo, quizá, el próximo 20 de octubre, cuando se cumplen 35 años del inicio de su Pontificado.

El neurocirujano, sin explicación
Según publicó el jueves 20 de junio el diario «La Nación» de Costa Rica, el neurocirujano Alejandro Vargas Román, que atendió a Floribeth Mora durante su enfermedad, confirmó estos días que no encontró explicación científica a la desaparición repentina del aneurisma que padecía cuando analizaron exámenes posteriores a aquel 1 de mayo de 2011.

Además, Vargas reveló que funcionarios de la Santa Sede le consultaron sobre los detalles del caso durante la fase diocesana del proceso de canonización, la primera antes de que los informes sean remitidos a Roma y examinados por las diferentes comisiones de la Congregación para la Causa de los Santos.

«Médicamente, en teoría, nunca les va a desaparecer un aneurisma a las personas porque es una dilatación. Científicamente yo no le tengo ninguna explicación del por qué desapareció», comenta el doctor, que vivió en primera persona lo ocurrido en el hospital Calderón Guardia.

 

 

 

Un empresario con 3.000 trabajadores, futuro santo

El argentino Enrique Shaw 

Un empresario con 3.000 trabajadores, padre de nueve hijos y encarcelado por Perón, futuro santo 

Además fundó una organización empresarial, estaba comprometido en Acción Católica y era miembro de un partido político.

Actualizado 30 agosto 2012 

Álex Rosal/ReL 

Podría ser el primer empresario contemporáneo en subir a los altares. Se llamaba Enrique Shaw, era argentino y murió con 41 años en 1962.

Aquejado de un severo cáncer, en los últimos meses de su vida eran los propios trabajadores de su empresa, la famosa Cristalerías Rigolleau, los que acudían voluntariamente al hospital para donar su sangre, y contribuir así con sus transfusiones a alargar la vida de su jefe.

Un santo con americana y corbata

«Enrique era un santo», decían muchos de él cuando murió en 1962, y esa llama de santidad no se apagó con los años. En 1997, el cardenal argentino Jorge Mejía soltó ante un grupo de empresarios la espoleta necesaria para emprender la causa de beatificación. «Creo que la vida de Enrique merece la apertura de una causa«. Y con la aprobación del arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio, se inició la causa diocesana de beatificación con la recogida de testimonios, que acaba de concluir estos días. A partir de ahora será la Santa Sede la que dictamine la santidad del empresario Shaw.

¿Un empresario santo?

Enrique Shaw era un místico enfangado en los quehaceres de la vida diaria. Tenía que cuidar de su mujer y sus nueve hijos, dirigir una empresa de 3.000 empleados, atender la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) por él fundada, sacar tiempo para la Acción Católica y el Movimiento Familiar Cristiano de Buenos Aires, dar conferencias y seminarios de formación por todo el país, así comoparticipar en política a través del Partido Demócrata Cristiano. 

Su frenética actividad estaba impregnada por una honda espiritualidad que la expresaba de forma natural: “La gracia divina no me quita libertad; al contrario, la perfecciona y nunca me siento más libre que cuando estoy bajo el influjo de la suave energía que nace de la luz proporcionada por Dios”.

“Cuanto más me creo amado por Dios -escribirá Shaw-, más me siento capaz de amar al prójimo, y de devolver a Dios amor por amor, dándole la única correspondencia que Él me pide: amor a nuestros hermanos”.

¿Un místico al frente de una empresa?

Su modo de dirigir a los 3.000 trabajadores que tenía en Cristalerías Rigolleau estaba basada en su experiencia del Evangelio. Su manual de empresa era el propio Evangelio. A Shaw le gustaba repetir que “debemos aplicar la doctrina y el mensaje de Cristo a los problemas concretos de la función empresarial. El empresario ha de encarnar a Cristo en la empresa y la forma de hacerlo es aplicar sus enseñanzas. El problema más agudo es la carencia de gente cristiana capaz de actuar en los niveles más altos de las empresas”.

Por eso, ante colegas empresarios que sólo se preocupaban por la rentabilidad económica de su negocio, sin atender a las condiciones de vida de sus empleados, les recordaba que “un empresario con sentido social moderará su espíritu de lucro, reconocerá el valor y la dignidad del trabajo ajeno, tratará al obrero con consideración, y se esforzará para quelleve su trabajo a la elevación económica y moral correspondiente a su dignidad”. Sin duda, toda una revolución para la Argentina de los años cincuenta.

La empresa, una comunidad

Para Shaw la función de director en la empresa no era ningún privilegio sino un don con el que posibilitar la creación de una comunidad que hiciera elevar la humanidad del trabajador: “Que en la empresa haya una comunidad humana; que los trabajadores participen en la producción y, por lo tanto, den al obrero el sentido de pertenencia a una empresa; que le ayude a adquirir el sentido de sus deberes hacia la colectividad, el gusto por su trabajo y de la vida, porque ser patrón no es un privilegio, sino una función”.

O en otra ocasión recordaba a algún amigo empresario que se quejaba de los abusos que cometían algunos trabajadores: “Es indispensable mejorar la convivencia social dentro de la empresa. Hay que humanizar la fábrica. Para juzgar a un obrero hay que amarlo”. Y añadía: «Como empresario, hay que sembrar esperanza, ver la realidad, renunciar al beneficio del momento, ser un puente entre quienes conocen el problema y los sumergidos que piensan en su situación inmediata».

Cristianizar a los empresarios 

Shaw quería implantar un nuevo modelo empresarial, basado en la Doctrina Social de la Iglesia, pero para eso debía «cristianizar la clase patronal argentina«. 

Interpelado por unas palabras del Papa Pío XII, en las que reclamaba un tipo de empresario que mirara más allá de la cuenta de resultado, decide fundar la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

El general Perón lo encarcela

Todo hombre respetado por sus conciudanos es un peligro para el poder, por eso no es de extrañar que el general Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, acabará encarcelando a un personaje como Enrique Shaw en mayo de 1955. ¿La acusación?Conspirar para derrocar al Presidente de la República. Él y otros 18 dirigentes laicos de la Acción Católica son detenidos y encarcelados durante diez días tras ser señalados como responsables de un «complot político». 

Son obligados a dormir en el suelo, soportar interrogatorios de hasta 10 horas, sufrir presiones psicológicas para «reconocer» un «falso complot» y, con todo ello, la amenaza de la tortura sobrevuela por sus mentes por la insistencia de su carceleros en obtener una declaración jurada de su «delito»… además son incomunicados de sus mujeres y sus abogados. Al final, la presión internacional puso cordura en el Gobierno de la nación, yShaw y sus compañeros de la Acción Católica fueron liberados sin mediar disculpa alguna. 

Participación política

Pero este atropello de su libertad individual empuja a Shaw a comprometerse en la vida pública de su país colaborando con el Partido Demócrata Cristiano, de reciente creación. 

Su colaboración política no fue muy intensa. Sus escritos dejan claro lo que esperaba de la acción política: «El remedio a los problemas sociales en el orden espiritual es una vuelta sincera a las enseñanzas del Evangelio (…) En el reconocimiento de las prerrogativas reales de Cristo y la vuelta de los individuos y de la sociedad a la ley de su verdad y de su amor está el único camino de salvación«.

Agradecimiento a sus trabajadores

La enfermedad se agrava y los médicos no se atreven a operar… sólo le mantiene vivo las continuas transfusiones de sangre que le donan sus trabajadores. Shaw, en una emotiva despedida con los empleados de Cristalerías Rigolleau, les agradece en público «la vida» que le están regalando entre todos. 

«Cuando alguien me hace un regalo- por ejemplo, una lapicera- yo le escribo en seguida para agradecer el obsequio. Pero en este caso he tardado en agradecer el regalo que me han hecho, porque no se trata de expresar mi agradecimiento por el obsequio de un objeto, sino de algo tan vital, tan lleno de sentido como símbolo de la propia vida como essu propia sangre para ser transferida a mis venas. Sólo ahora que estoy reunido con todos ustedes les puede decir con emoción: Gracias, mis queridos compañeros».

Es posible que algún día podamos decir de este Siervo de Dios: san Enrique Shaw, intercede por nosotros… 

Más información: www.enriqueshaw.com.ar

 

María Cristina de Saboya

Un proceso frustrado por la unidad de Italia

María Cristina de Saboya, la reina Borbón que pudo (aún puede) ser santa 

Murió a los 23 años en olor de santidad, pero eso no se reconoció hasta 1937. Luego todo se paró. 

Actualizado 23 agosto 2012 

C.L. / ReL 

Un reciente artículo en el diario L´Avvenire, del que es propietaria la conferencia episcopal italiana, hablaba de una reina «oscurecida por la razón de Estado». Esa razón de Estado es, obviamente, la unidad de Italia, porque cuando murió en olor de santidad María Cristina de Saboya (1812-1836) faltaba poco para que se pusiese en marcha un proceso que ni políticamente (por su carácter revolucionario) ni religiosamente (por su impronta masonizante) admitía que una Borbón devota y piadosa fuese elevada a los altares y convertida en icono popular.

Y, sin embargo, el pueblo consideraba una santa a la esposa de Fernando II de las Dos Sicilias y en cuanto tal reina de un territorio que se anexionó en 1861 el nuevo reino unitario.

Merece el homenaje más que otros

Franco Cardini, sin embargo, autor del artículo, considera que la celebración del 150º aniversario de la unidad de Italia no debe hacer olvidar historias que hace 150 años se olvidaron.

Porque hay otros centenarios que celebrar. El 14 de noviembre, los dos siglos del nacimiento de María Cristina de Saboya. Si no lo festejan los pueblos sobre los que reinó (piamonteses, sardos, napolitanos) en cuanto tales, que lo hagan al menos en cuanto católicos: «Merece ser recordada más que tantos utopistas, políticos sin escrúpulos y aventureros que han construido Italia», dice Cardini. Apenas un libro publicado en 2000 (La reginella santa [La reinecita santa] de Luciano Regolo), la recuerda.

Ya desde 1817, cuando tenía 5 años, Francisco I, rey de Nápoles, había pensado en ella como posible esposa de su hijo Fernando. Y a éste, dos años mayor, le gustó la idea en cuanto empezó a pensar en ello como príncipe. Así que al subir al trono en 1830 empezó un tira y afloja diplomático (la madre de María Cristina, María Teresa de Austria-Este, se oponía por la epilepsia de Fernando) hasta que todos concordaron.

Todos, salvo María Cristina. A todos había insistido en que a las pompas del mundo prefería el retiro del claustro y la paz del corazón. Pero entendiendo que era su deber como hija y heredera, el 21 de noviembre de 1832 contrajo matrimonio en Génova.

Según Harold Acton (1904-1994), erudito británico estudioso de los Borbones de Nápoles, «cuando llegó la hora de vestirse, rompió en lágrimas y sus damas de honor no sabían cómo consolarla. María Cristina les explicó que no podía apartar de sí el terror almatrimonio, hacia el cual no sentía la más mínima inclinación«. Sin embargo, durante toda la ceremonia mantuvo el tipo y el gesto correctos.

Fernando y ella fueron felices en su matrimonio, aunque la leyenda negra unitarista difamó esa verdad. María Cristina orientó a su esposo y rey hacia las obras de caridad. Muy devota,se había consagrado a la Virgen desde muy pequeña, y leía a diario la Biblia en la corte, donde procuraba que todos asistiesen a misa el domingo. No tenía respetos humanos, y cuando iba en su carroza y se cruzaba con un sacerdote que llevaba el viático en procesión a un enfermo, mandaba parar y se arrodillaba a su paso. Facilitó muchos matrimonios de personas pobres que no tenían dinero haciéndoles donativos, y su preocupación por los más necesitados la hacía muy querida por casi todos.

Los adversarios

Ese ´casi´ se reducía a los liberales más extremos, los futuros radicales de la unidad italiana, quienes la acusaban de supersticiosa, de estar en manos de los jesuitas y de ser un instrumento de la reacción clerical y monárquica.

Durante los tres primeros años de matrimonio, María Cristina y Fernando no tuvieron hijos, hasta que al final ella quedó embarazada en 1835. Tal vez algo presagiaba, porque poco antes del parto le dijo a su hermana: «Esta vieja se va a Nápoles a dar a luz y morir«. Y así fue. El heredero nació el 16 de enero de 1836, y el día 31 María Cristina falleció por las complicaciones del parto. Dos días antes había tomado al niño y, entregándoselo a su marido, le había dicho: «Responderás de él ante Dios y ante el pueblo. Y cuando crezca dile que muero por él». Fue enterrada en la napolitana basílica de Santa Clara.

La fama de santidad con la que murió dio origen a la temprana incoación de un proceso de canonización. Al parecer, entre los documentos del mismo hay referencia a algún milagro obtenido por su intercesión. En cualquier caso, tras la unidad de Italia las presiones anticlericales hacían poco aconsejable elevar a los altares a una reina, y menos aún Borbón.No fue hasta 1937 que Pío XI decretó la heroicidad de sus virtudes y la declaró Venerable.
 
«Luego, todo se cerró«, lamenta Cardini. Tal vez hasta que, el 14 de noviembre, con la evocación de su nacimiento, todo se ponga en marcha de nuevo.

Judía y diputada, a los altares

Hildegard Burjan: judía y diputada, a los altares

RICARDO ESTARRIOL 2.FEB.2012

Se convirtió al catolicismo no por el camino del raciocinio intelectual, sino movida por el ejemplo de unas Hermanas de la Caridad en Berlín

Viena. No es muy frecuente que los espacios de la catedral de San Esteban de Viena sean insuficientes para dar cabida a los fieles. Esto pasó el último 29 de enero, con ocasión de la beatificación de Hildegard Burjan, una mujer ejemplar, pero muy poco conocida fuera de Austria. El último “lleno” de la Stephansdom se había registrado en julio del año pasado con ocasión del funeral de Otto de Habsburgo, el hijo del último Emperador de Austria-Hungría.

La atracción ejercida por la personalidad de esta mujer se debe seguramente a que fue un modelo de vida cristiana en las complicadas circunstancias de un mundo tan multifacético como era el de la Europa Central de fines del siglo XIX y principios del siglo pasado.

Conversa por un ejemplo admirable

En su persona los austríacos han reconocido seguramente su propia historia. Hildegard procedía de una acomodada familia judía en Görlitz, una ciudad prusiana muy cerca de la actual frontera con Polonia y no lejos de Chequia, poseía una sólida formación intelectual (doctora en filosofía y ciencias sociales, algo muy infrecuente en aquellos tiempo), se casó en 1907 con Alexander Burjan, un joven industrial de Budapest también judío y se convirtió al catolicismo no por el camino del raciocinio intelectual, sino movida por el ejemplo de unas Hermanas de la Caridad en Berlín.

Fue la primera mujer diputada en la Asamblea Constitucional y en el parlamento en 1919 y llevó a cambo numerosas iniciativas de carácter social

Aquel proceso tuvo lugar durante su estancia en el hospital católico de santa Eduvigis de Berlín, atendido por las hermanas de San Carlos de Borromeo. Estuvo hospitalizada durante siete meses y después de varias operaciones los médicos la habían dado por desahuciada. Finalmente curó de forma inesperada. Aquella agonía fue para Hildegard el camino hacía un nuevo nacimiento, el nacimiento de la fe. Anteriormente no había practicado ninguna religión. En 1909, a los 26 años de edad y cuando llevaba dos años casada, dio luz a una hija, que fue bautizada al mismo tiempo que su marido se convertía al catolicismo. El nacimiento de su hija fue ya un acto de fe, porque debido al precario estado de salud de la madre los médicos la habían indicado la necesidad de abortar, pero Hildegard se negó.

Primera diputada en el Parlamento

El mismo año el matrimonio se trasladó a Viena, donde fijó su residencia. Fue una época movida: cinco años de paz de una monarquía y un imperio cada vez más vacilantes, cuatro duros años de una cruelísima guerra que terminó con la derrota y veinticinco años en lo que quedó de Austria hasta que, en 1933, Hildegard murió prematuramente a los cincuenta años a causa de una crónica afección renal. La beata Hildegard no llegó por lo tanto a sufrir la persecución nazi como otra judía conversa Edith Stein. El marido viudo de Hildegard pudo salvarse del holocausto huyendo al Brasil.

Era una mujer de una gran personalidad, independiente y de lenguaje sobrio, muy fiel a la Iglesia

Durante todas estas fases Hildegard no tan sólo fue la ejemplar esposa de un industrial muy conocido en Viena, sino que se caracterizó por sus actividades a favor de una dignificación de la mujer en la sociedad de entonces y la ayuda social, fundó una congregación femenina llamadaCaritas Socialis (distinta de la conocida organización católicaCáritas) e inició una enorme actividad política, fue la primera diputada femenina en la Asamblea Constitucional y en el parlamento de la República en 1919 y llevó a cambo numerosas iniciativas no convencionales de carácter social. Tenía muy buenas relaciones con monseñor Ignaz Seipel, que fue dos veces presidente del consejo de ministros austríaco (entre 1922 y 1929) y con el Cardenal Friedrich Gustav Piffl, arzobispo de Viena.

Intensa vida espiritual

Hildegard mostró una gran unidad de vida, armonizando su enorme talento intelectual, con una intensa vida de sociedad (cenas, recepciones en su domicilio), con una inteligente actividad social y sobre todo con una profunda vida sobrenatural de la que ella hablaba poco. Tenía un característico sentido de filiación divina, que se manifestaba por ejemplo cuando esperaba una iluminación del Señor (“espero que el Señor me envíe una cartita”) o cuando hacía oración (en ocasiones le llamó con el diminutivo de los niños: “Papi”). Al mismo tiempo tenía plena conciencia de que la fe tenía que manifestarse en obras y por ello escogió como lema de su congregación la frase de San Pablo: Caritas Christi urget nos (el amor de Cristo nos apremia).

Era una mujer de una gran personalidad, independiente y de lenguaje sobrio, muy fiel a la Iglesia. Hay que tener en cuenta que las mujeres de la congregación, de la que ella (casada) era la “madre general”, emitían los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. La fundación se hizo de acuerdo con el Cardenal de Viena: a este respecto solía decir: “por más que yo soy partidaria de la libertad en el desarrollo de las actividades, nunca insistiré suficientemente en que nosotras tenemos que consideramos como tropas auxiliares de la Iglesia y bajo la dirección de la Iglesia”. Sus actividades sociales y apostólicas eran incontables: desde la lucha contra la explotación laboral de niños y mujeres, la organización de cooperativas de trabajo doméstico, atención de fugitivos, reparto de comidas a domicilio, hasta la creación de dormitorios para mujeres sin hogar, proyectos de leyes, etc. etc.

Audaces proyectos de reforma social

Cuando después de la guerra la clase dirigente del país estaba desmoralizada, Hildegard inició su actividad política dentro del partido Cristiano-Social, primero a nivel municipal y después estatal. El mismo día en que fue elegida diputada presentó ya audaces proyectos de reforma a la legislación social que, debido a su carácter progresivo, solían ser apoyadas también por el partido socialdemócrata, que en aquellos tiempos era profundamente anticlerical.

Pero debido a las tensiones dentro de la coalición de los dos partidos, decidió no presentarse a las elecciones de 1920, alegando su mal estado de salud, la necesidad de dedicarse a su familia y los problemas de conciencia que le imponía la disciplina de partido. No dijo entonces otra razón que ahora mencionan sus biógrafos: el malestar que le producía el creciente antisemitismo que se observaba en su partido, pues una y otra ver tenía que escuchar molestas alusiones a su persona y a su origen judío.

El proceso de beatificación fue abierto en 1963 por el Cardenal Franz König. Durante una de sus visitas pastorales en Austria, el Papa Juan Pablo II visitó el ejemplar Hospiz deCaritas Socialis para enfermos terminales. El proceso del milagro terminó en 2001 y la beatificación fue llevada a cabo en la catedral de San Esteban por el Cardenal Angelo Amato, como representante personal del Papa.