No podía ni santiguarle: entonces él despertó y lo hizo

Siempre estuvo en manos de la Virgen 

Ese día la agotada madre de Max, paralítico, no podía ni santiguarle: entonces él despertó y lo hizo 

Tras un accidente de coche llevaba inconsciente nueve años. Hoy lo cuenta todo: habla, escribe y hasta le dedica su libro al Papa. 

Actualizado 7 diciembre 2012 

ACI/EWTN

En la Navidad del año 2000, la italiana Lucrecia Tresoldi recibió un milagro: su hijo Maximiliano despertó del estado de inconsciencia en el que vivió por casi diez años tras sufrir un accidente automovilístico. Tenía sólo 20 años cuando quedó paralizado como “un tronco muerto sin posibilidad alguna de recuperación”, tal como los médicos le diagnosticaron el 15 de agosto de 1991.

Ella no tenía fuerzas… él sí
El 28 de diciembre de 2000 Lucrecia Tresoldi acostó a Max como cada noche desde que salió del hospital. En esta ocasión no tomó su mano para hacerle el signo de la cruz, se sentía deprimida y sin fuerzas: “Mira, esta noche ya no puedo más, no quiero ni rezar ni nada”, le dijo.

No obstante, como explica Lucrecia “el signo de la cruz fue realmente su salvación”: y en ese instante Max sacó las fuerzas para consolar a su madre, alzó la mano y se hizo él mismo el signo de la cruz. Después, la abrazó.

Para Lucrecia fue el mejor regalo de Navidad. Desde ese momento, Max comenzó a exteriorizar sus sentimientos y emociones. En declaraciones a ACI Prensa, Max afirma que él “siempre ha estado contento a pesar de su parálisis”.

Lucrecia señala que las primeras palabras que dijo Max fueron: “Yo soy feliz, estoy contento de estar con vosotros”. Acto seguido, dijo que había sido consciente de todo cuando no tenía fuerzas para expresarse, e incluso sabía la equivalencia de la lira italiana al euro.

Señalado por la Virgen
La madre de Max está segura de que Dios tenía un proyecto para su hijo: recordar al mundo que las personas con discapacidad tienen derecho a una vida digna, son fuente de vida y deben ser amadas y respetadas.

e-adesso-vado-al-maxMaximiliano nació un 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, y el accidente fue un 15 de agosto, día de la Asunción. Para Lucrecia, el primer milagro que obró Dios en ella fue el deaceptar enseguida lo que estaba pasandoy poner a su hijo en las manos del Señor: “El día del accidente le dije a la Virgen: el 15 de agosto mi hijo estaba en tus manos, lo hiciste nacer el 8 de septiembre a pesar de tener que nacer un mes después, y no sé qué proyectos hiciste tú para tu hijo, pero yo lo dejo en vuestras manos. Sólo dadme las fuerzas de ir hacia adelante y aceptar todo esto’”.

Lucrecia explica que siempre fue una mujer muy frágil, pero la fe es lo primero que la sostuvo, junto a la unidad de su familia. «Cuando ocurrió todo, les dije: somos una familia y tenemos que trabajar todos unidos. Y también se unieron sus amigos y los voluntarios. Y así hemos formado un gran grupo, donde hoy son ellos los que nos dan las gracias porque han aprendido mucho”.

«Algunos que ya se han casado y tienen familia me dicen: lo que hemos aprendido en tu casa es realmente vida que hoy nos permite caminar adelante con nuestros hijos y no tener miedo de nada. Ésta es la fuerza que tenemos que dar a todas las familias que viven este drama tan horrible, decirles: no tengáis miedo”, anima Lucrecia.

Cuando se acepta, llega lo hermoso
Ahora la madre de Max lo explica todo en su libro: E adesso vado al Max. La obra fue coescrita con ayuda de los periodistas italianos Lucia Bellaspiga Pino Ciociola y ganó el premio literario Mujer es Vida 2012. Max recibió otro galardón por su testimonio: una escultura en cerámica del artista Gianni Celano Giannici que representa esa misma mano que después de 10 años de estado vegetativo se movió para hacer el signo de la cruz.

max-con-el-papa“Este libro explica precisamente que la vida de una persona, sea cual sea su estado, es siempre una vida y debe afrontarse. Es verdad que es difícil de afrontarlo, porque tener un hijo totalmente perfecto, y después encontrarte con un hijo que es totalmente distinto del que salió de casa, no es fácil. Perodesde el momento en que te das cuenta de que la vida debe seguir y se acepta, llega lo hermoso, la fuerza, la esperanza… es ahí donde llega todo”, concluye Lucrecia. Ahora Max también es capaz de escribir y lo demostró incluso ante elPapa Benedicto XVI. El 2 de junio de este año tuvo un encuentro con él en Milán y le entregó el libro firmado y con una dedicatoria.

Fue violada por su padre a los 16 años, y apostó por el bebé

La colombiana Verónica Cardona

Fue violada por su padre a los 16 años, quedó embarazada y con mucho temor… apostó por el bebé

Hoy está feliz por esa decisión y anima a otras mujeres con embarazos imprevistos: «¡No tengan miedo de decirle sí a la vida!».

Actualizado 9 noviembre 2012

Aci

Verónica Cardona quedó embarazada a los 16 años de edad tras ser violada por su propio padre. Esta joven colombiana optó por defender la vida del bebé y, cinco años después de vivir este drama, exhorta a las mujeres que pasan por casos similares a que “¡no tengan miedo de decirle sí a la vida, no tengan miedo de decirle sí al amor!”.

Hace unos días visitó Ecuador para apoyar una manifestación contra la legalización del aborto por violación. Ahí narró lo que le tocó vivir y cómo Dios le dio fuerzas para continuar.

En una entrevista concedida a ACI Prensa, Verónica confesó que el primer impacto tras saber que quedó embarazada ldespués de sufrir una violación fue devastador.

Fue un impacto muy grande el darme cuenta de que estaba embarazada. En ese preciso momento sentí que mi vida se había frustrado, más aun porque sabía que el bebé que venia en camino era el ‘producto’ de una violación por parte de mi propio papá”.

Verónica recuerda que el miedo se había apoderado de ella pero no quería someterse a un aborto. 

“Caí en depresión unos días, no quería matar a un ser inocente, pero tenía miedo, quizás el mismo miedo que sienten muchas mujeres al enterarse de que están embarazadas”.

Verónica recuerda que temía no ser “capaz de salir adelante, miedo a los prejuicios, miedo a que me vieran con lastima, miedo a afrontar la realidad, miedo a quedarme sola”.

“Naturalmente casi toda mi familia, doctores, jueces, todos querían que abortara y más aún aquí en Colombia se acababa de hacer ‘legal’ el aborto en tres casos: por violación, por malformación y por riesgo de la vida de la madre”, indicó.

La joven madre señaló que ella cumplía todos los requisitos para que se le permitiera abortar de acuerdo a la legislación colombiana: sufrió una violación, existía la posibilidad de malformaciones en su bebé, y era un embarazo de alto riesgo.

Sin embargo, un factor importante en su decisión fue encontrar un día a su madre llorando y pidiéndole perdón, porque ella misma había considerado la posibilidad de abortarla cuando estaba en su vientre.

Ese hecho fortaleció su convicción de que “no tenía el derecho de arrancarle la vida a nadie, y menos a una personita indefensa, una personita que no me había hecho nada a mí”.

Una vez tomada la decisión de tener a su bebé, la familia de Verónica dejó de dirigirle la palabra durante varios días y sólo su madre la respaldó.

“Así comenzó a crecer en mi el más grande milagro de amor. Fue una experiencia aunque dura, hermosa”, aseguró.

Verónica señaló que “cuando veía las ecografías, podía darme cuenta del gran milagro de la vida, sentir sus pequeños pero inofensivos golpecitos en mi estómago y luego ver su ternura al nacer”.

Durante el tiempo de su embarazo, la madre de Verónica participaba en una comunidad católica, que la ayudó a fortalecer su decisión de “traer vida al mundo, ya fuera que al nacer diera a mi hija en adopción, o decidiera quedarme con mi hija y salir adelante”.

Verónica señaló que al principio quiso olvidarse de Dios. “Me enojé con Él porque no podía entender cómo un Dios tan bueno y con tanto amor hacia mí podía permitir que me pasara esto, que no había hecho nada malo en la vida”, dijo.

Sin embargo, a pesar de su dolor, “me refugiaba en Él y le pedía fuerzas para continuar adelante, y hoy estoy segura de que Él siempre estuvo conmigo en mis noches y días de llanto. ¡Era Él quien me animaba y me levantaba!”, señaló.

Al nacer su hija, a quién llamó María Fernanda, Verónica afrontó “vacíos”, que intentó llenar con fiestas, amigos y trabajo, pero no fue hasta que participó en un retiro espiritual de la comunidad Lazos de Amor Mariano que pudo “volver a vivir”.

Durante ese retiro espiritual pudo perdonar a todos los que le hicieron daño, incluyendo a su padre. “Entendí muchas cosas, me sentí digna nuevamente, ¡volví a nacer!”, recordó.

Al salir del retiro, Verónica era mucho más consciente de que “la vida es un don”.

“Me indignaban, como me indignan ahora, los argumentos de los abortistas, que se escudan en casos como el mío para matar a un inocente y llenar sus bolsillos con dinero manchado de sangre inocente, diciendo que cada vez que veas a ese niño vas a recordar el momento tan doloroso en que fuiste abusada”, señaló.

Verónica asegura que siente “la necesidad enorme de gritar la verdad al mundo, que es que un hijo nunca te recordara las circunstancias (de una violación), porque es una persona absolutamente diferente. Por el contrario, te ayudará a sanar las heridas, le dará alegría y sentido a tu existir”.

“Lo digo desde mi propia experiencia y no como los abortistas que hablan sin siquiera conocer o haber pasado por una experiencia de estas, porque la mayoría de quienes apoyan el aborto no han abortado”.

Verónica aseguró que “las mujeres que, engañadas, abortan después son defensoras de la vida”.

“A los abortistas no les importa la mujer como quieren aparentar. Si les importara verdaderamente, no ofrecerían un aborto sino por el contrario ayuda para salir adelante con su hijo”, señaló.

Si a quienes promueven el aborto les importara el sufrimiento de las mujeres “aceptarían realidades como el síndrome post- aborto, aceptarían que la vida comienza en la fecundación del óvulo como lo dicen los científicos”.

Verónica criticó que los abortistas “reclaman ‘derechos’ de la mujer y ellos son los primeros en pasar por encima de ellos”.

“Las mujeres tenemos derecho a una maternidad, y ellos pasan por encima de este hermoso don convirtiendo el vientre de las mujeres en la tumba de su propio hijo”, criticó.

“El aborto no desembaraza a nadie, matar no es una opción, es la peor decisión”, indicó, añadiendo que mientras que la vida engendra vida, el aborto produce “muerte, dolor, llanto, desesperación, angustia y una culpa que muy difícilmente se borrara de tu mente, de tu alma, de tu ser”.

Verónica exigió que los abortistas no jueguen “con el dolor de la mujer y de muchos hombres que también son victimas de un aborto”.

Remarcando que la defensa de la vida frente al aborto no es un tema religioso, Verónica Cardona invitó a “católicos, cristianos, evangélicos, ateos y a todos los que están a favor de la vida” a que “no nos cansemos de ser la voz de aquellos, que aunque tienen voz y derechos, han querido callarlos desde el vientre”.

Citando al fundador de Lazos de Amor Mariano, Rodrigo Jaramillo, Verónica subrayó que “quien aborta a un niño de su vientre, aborta a Jesús de su corazón”, pues “Jesús es la misma vida”.

Verónica también reveló que “por gracia de Dios pude perdonar a mi papá, mirarlo a los ojos y darle las gracias por haberme dado la vida”, y si bien su hija, que actualmente tiene cinco años “aún no sabe bien todo lo que paso”, está decidida a irle contando poco a poco todo, pues “ella tiene derecho a saber la verdad”.

Para leer la entrevista completa : http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=516

               

 

Reliquia de Santa Teresa

Reliquia de Santa Teresa llega a Ávila para celebraciones

MADRID, 22 Ago. 12 / 05:38 pm (ACI/Europa Press).- La reliquia del pie de Santa Teresa, que se encuentra en Roma, ha llegado ayer a Ávila para celebrar el 450 aniversario de la fundación de su primer convento, San José.

Con una eucaristía, con la que comienza un triduo, se celebró la presencia de la reliquia, que permanecerá en el convento, que el próximo viernes conmemora su fundación con acto presidido por el cardenal Antonio Cañizares.

Para celebrarlo, la imagen de Santa Teresa, que se encuentra en el convento que lleva su nombre, fue trasladada el domingo al convento de San José, donde residen 19 monjas de clausura según las normas de la reforma del Carmelo que la santa abulense promovió.