Santos que usaron su fuerte carácter para servir a Dios

La ira entrenada en la virtud puede aportar grandes cosas al reino de la justicia y el amor

Aunque la ira puede convertirse fácilmente en una pasión que nos consume, no es inherentemente malvada. Como explica el catecismo, «las pasiones son elementos naturales del psique humano».

De hecho, santo Tomás de Aquino dijo: «La falta de la pasión de la ira también es un vicio». Y citó un documento normalmente atribuido a san Juan Cristósomo que dice: «Peca quien no se enfada cuando tiene causa».

Ciertamente hay mucho por lo que estar justamente enfadado en nuestro mundo, y los cristianos debemos responder al mal y a la injusticia con un enojo santo que nos impulsa a la oración y a la acción.

Debemos resistir la tentación de acostumbrarnos tanto al mal que dejemos de estar indignados; por el contrario, tampoco debemos dejar nunca que nos consuma la ira justa.

Mientras buscamos responder correctamente ante la ira, santos que no tuvieron miedo de gritar en defensa de la justicia pueden acompañarnos e interceder por nosotros.

Santa Eulalia de Mérida (292-304)

Era una dulce virgen consagrada de 12 años que fue ultrajada por la persecución de los cristianos.

Aunque sus padres intentaron evitar que se enfrentara a los oficiales involucrados en la persecución, Eulalia se escapó y fue a la ciudad, donde reprendió al juez y a sus soldados por su idolatría y por intentar desviar a los cristianos, gritando finalmente: «¡Hombres miserables! ¡Bajo mis pies pisotearé a vuestros dioses!«.

Procedió a escupir al juez en la cara y a patear sus ídolos y fue martirizada por su arrebato.

San Nicolás (270-343)

Nicolás no estaba inclinado a expresar un carácter fuerte, y no solo en el (quizás apócrifo) asalto al hereje ario en Nicaea.

Una vez, volviendo de un viaje se enteró de que tres hombres habían sido sentenciados a muerte.

Nicolás corrió a la ciudad, alcanzando a los condenados justo a tiempo para tomar la espada de las manos del verdugo y liberarlos antes de recorrer la ciudad para reprender al gobernador, quien había condenado a los hombres a cambio de un soborno.

«¡Sacrílego derramador de sangre!«, gritó. «¡No lo olvidaré ni te perdonaré!». Cuando el gobernador se arrepintió y perdonó a los hombres, el obispo Nicolás se alegró de que su justo enojo hubiera dado fruto y perdonó al gobernador.

Santa Columba Ki Hyo-im (1814-1839)

Era una virgen con votos coreana. Arrestada por su fe junto con su hermana santa Inés Kim Hyo-ju, fue desnudada, torturada y lanzada a una celda con los peores prisioneros masculinos.

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Cuando finalmente fueron llevadas frente a un juez y condenadas a muerte, Columba describió el acoso que habían soportado con una ira apenas oculta.

«Ya sea la hija de un noble o una plebeya», dijo, «la castidad de una mujer joven debe ser respetada. Si quieres matarme de acuerdo a las leyes del país, aceptaré de buena gana el castigo. Sin embargo, no creo que sea correcto tener que sufrir insultos que no forman parte de la ley y me opongo a ellos».

El juez mandó castigar a los responsables, pero Columba e Inés fueron martirizadas de la misma forma.

Francisco de Paula Víctor (1827-1905)

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Fue el primer sacerdote negro brasileño. Aunque respondió mansamente al racismo que soportó a lo largo de su vida como niño esclavo, seminarista e incluso sacerdote, su disposición a poner la otra mejilla se extendía solo al abuso de sí mismo, no al de otros.

Una vez, una multitud de hombres armados llegó a la ciudad con la intención de quemar la casa de un abolicionista que estaba dando cobijo a esclavos fugitivos.

Víctor se puso en la entrada de la ciudad sujetando un crucifijo para enseñarles la cara sangrienta de su Salvador, quien se había convertido en un esclavo por ellos.

«¡Entrad!» gritó. «¡Entrad! Pero por encima del cadáver de vuestro sacerdote». Se contuvieron y muchas vidas fueron salvadas esa noche.

Emilian Kovch (1884-1944)

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Nashastudiya CC via Wikipedia

Era un cura católico ucraniano, esposo y padre, quien repetidamente arriesgó su vida para predicar contra el prejuicio y el antisemitismo.

En una ocasión, las tropas nazis habían atrapado unos judíos en una sinagoga y estaban tirando bombas incendiarias dentro.

Sin importarle su seguridad, Kovch corrió a la sinagoga, bloqueó las puertas, y furiosamente ordenó a los soldados que se fueran. Para el asombro de todos, ¡le obedecieron!

Habiendo vencido a una multitud de nazis, Kovch entró a la sinagoga para salvar a la gente que se estaba quemando dentro.

Sus esfuerzos para proteger a los judíos de los nazis le llevaron a su arresto y muerte en un campo de concentración.

La Sierva de Dios Dorothy Day (1897-1980)

DOROTHY DAY

Tenía un fuerte temperamento. En vez de reprimirlo, eligió dirigir su ira en contra de la injusticia, la pobreza y la proliferación nuclear.

Un hombre que la conocía dijo: «Ha estado en mi casa cierto número de veces y siempre ha estado enfadada. Los santos no se enfadan…». Parece que no entendió el poder que la ira puede tener cuando se pone al servicio del Señor.

Mientras Day continuó luchando con su temperamento. Un día le dijo a una persona que le pidió que lo controlara: «aguanto más temperamento en un minuto de lo que tú aguantaras en tu vida entera».

Y así descubrió que Dios usaba su condición para mayor efecto en su trabajo como fundadora del movimiento trabajador católico.

Vivimos una batalla espiritual donde necesitamos unos de otros

Los grandes santos sociales fueron también los grandes santos eucarísticos. Mencionemos tres ejemplos tomados al azar: Primero, la amada figura de San Martín de Porres (fray Escoba), nacido en 1569 en Lima, Perú, hijo natural de una madre negra y de un español. Este santo vivió de la adoración a la Eucaristía. Pasaba noches enteras en oración, en tanto que, durante el día, cuidaba sin cansancio a los enfermos y a los rechazados por la sociedad con quienes él, como mulato, se identificaba en sus orígenes.

Luego está José de Veuster, conocido como el Padre Damián de Molokai (Hawaii). José nació el 3 de enero de 1840, cerca de Lovaina (Bélgica). En las lejanas islas de Hawaii apareció la lepra en 1860, y, en aquellos años, no se conocía su curación. El gobierno aisló a los enfermos y los embarcaba hacia la isla de Molokai. José aprende la lengua canaca y, ocho años después de su ordenación, se dirige a Hawaii donde sabe de la degradación de las condiciones de vida de la leprosería. En Molokai reciben a los recién llegados con una sentencia: En ese lugar no hay ley. La angustia y la desesperación acompañaban a la enfermedad.

Un periódico hawaiano, el Nohou, pie que vaya un sacerdote. Especifica que el que vaya no podrá salir de ahí. Damián se ofrece, y el 10 de mayo de 1873 llega acompañado de cincuenta enfermos. En esa isla viven 800 leprosos, sin médico. El Padre Damián comparte su comida con los leprosos, construye carreteras, tomas de agua, cementerios y sepulta a un promedio de dos personas cada quince días. Después de celebrar la Santa Misa atiende enfermos. El secreto de Damián es vivir como Jesús, imitarlo. ¿De dónde sacaba la fuerza? De la adoración diaria ante el Santísimo. En el verano de 1884 supo Damián que era leproso. Todavía vivió cuatro años más entre los leprosos. Murió el 15 de abril de 1889.

En el siglo XX tenemos a la Madre Teresa de Calcuta quien, junto con las hermanas de la Caridad, atendía a enfermos incurables, agonizantes y a los enfermos que nadie quería atender. Luego ingresaron a su Orden varones que también se dedican a cuidar a los más pobres de los pobres. Al comenzar el día dedican una hora a adorar al Señor en el Sagrario pues sino, no tendrían la capacidad de consolar a los enfermos.

“El hombre es un ser social por naturaleza”, decía Aristóteles, porque necesitamos de los otros para sobrevivir, y porque llevamos dentro el afán de ayudar a los demás, de confortar a los más débiles y de compartir nuestro pan con el hambriento. Pero el hombre actual es egoísta y con frecuencia se olvida de los demás.

“El Amor no es amado”, decía Francisco de Asís en el siglo XIII, y nos lo podría decir hoy a los hombres del siglo XXI, porque estamos en la era de la infidelidad, del desamor. Jesús no encuentra, entre los varones, modelos que se asemejen a Él. No se conoce a Dios como Padre porque no se le puede asemejar a nada de la tierra. Hemos pervertido nuestros amores santos. El amor es el que salva; pero muchas veces preferimos el pecado (cfr. El triunfo de la Inmaculada. Dictados de Jesús a Marga, p. 556).

¿Y qué es lo que Dios me pide? Ciertamente conversión, cambio, una mejora notable. Primero tenemos que dar la batalla dentro de nosotros. Hay que desbancar al demonio de nuestra alma. Tenemos que impedir que el Enemigo se vuelva poderoso. ¿Y cómo lo puedo lograr? Pasando ratos rezando delante del Sagrario, siendo almas consoladoras del Sagrario, de la Eucaristía. Necesitamos apagar la sed de Jesús llevándole a muchas personas a orar frente a Él. Aunque sólo sea un pequeño rato al día, hay que estar postrados delante del Sagrario, así cambiarían nuestros horizontes (cfr. Ibidem p. 557).

Jesús no quiere que caminemos este camino solos, quiere que nos acompañen San Juan y las tres Marías rumbo al Calvario. El camino cuesta, pero es gozoso porque Jesús ha resucitado.

Nuestra Madre, Santa María, quiere formar un Ejército comprometido con Jesús para que esté listo al comienzo de la Gran Batalla, que lo marcará la abolición de la Eucaristía (cfr. Ibidem, p. 563).

Ante esta batalla espiritual, Jesús nos podría decir: Haz correr mi Sangre sobre México, hasta empaparlo. Mezcla con ella la sangre de los mexicanos, para que su purificación sea infinita. Ofrece también la tuya al Padre, y haz todo esto con la alegría del amor.

Para tener un corazón puro, donde no quepa el odio ni las malas obras, hay que pedir a Dios un corazón semejante al de Santa María.

La vida de santa Catalina muestra por qué tomarnos más en serio a los niños

Los niños no son simplemente adultos en formación, son personas por derecho propio que dan un ejemplo que todos necesitamos

Los niños son fáciles de descartar. Son pequeños, a menudo usan bisutería excesiva y disfraces de princesa en público, pensando que se ven increíbles. Más tarde, de vuelta a casa, desaparecen como reyes en el patio para jugar y cavar, arañando el suelo con la punta de plástico de una tiara enjoyada. No tienen trabajos con un salario y por lo tanto tienen poco poder adquisitivo. Mi propia hija guarda los ahorros de toda su vida en un bolso de Cenicienta.

Los niños tienen tendencia a pronunciar mal las palabras. Sus calcetines rara vez combinan y su cabello a menudo está enredado.

Debido a esto, las personas mayores valoramos erróneamente a los niños solo por su potencial.

Soñamos con lo que podrían llegar a ser una vez que sean mayores, más maduros, más adultos. Claro, los amamos, pero eso no necesariamente equivale a tomarlos en serio.

Esto es un error.

Los niños hacen una contribución única

Los niños no son simplemente adultos en formación.

Descubro que mis hijos poseen una rara combinación de empatía emocional y la voluntad de seguir lo que han intuido.

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Chubykin Arkady | Shutterstock

Siempre recordaré, por ejemplo, cómo el día del funeral de mi abuelo, mi hijo de ocho años se sentó junto a mi afligida abuela todo el día y dejó que ella lo abrazara todo el tiempo.

Este niño, que siempre está tan sucio y despeinado, de repente se transformó en un perfecto caballero.

Otro incidente que nunca olvidaré es el momento en que nuestra hija perdió su primer diente. No pude poner el dinero del hada de los dientes debajo de su almohada esa noche.

Nuestra otra hija, que probablemente solo tenía 9 o 10 años en ese momento, sin ningún problema y sin decirnos nada, se dio cuenta de nuestro error y deslizó un billete de 10 dólares debajo de la almohada de su hermana. Era todo el dinero que tenía en el mundo.

Personas pequeñas con corazones enormes

Estas son historias que quiero recordar, no porque sean anécdotas divertidas sobre las cosas lindas que hacen los niños, sino porque son expresiones de una rica vida interior y una profundidad de sentimientos que apenas sospechaba que existían.

Solo escribir sobre ellos me hace llorar, tan hermosos son los corazones de estos pequeños.

Los niños tienen una comprensión diferente de lo que es serio que los adultos, y cada vez estoy más convencido de que los niños tienen la mejor parte del tema.

Lo que nosotros, los adultos, consideramos sin importancia es exactamente lo que los niños están mirando más de cerca. Vale la pena tomar su punto de vista.

Una santa que confió

A finales de esta semana es la fiesta de santa Catalina de Siena. Santa Catalina es famosa por su audacia al castigar al Papa.

Tuvo un descaro casi infantil al decirle a uno de los hombres más poderosos del mundo que necesitaba ponerse en forma. Pero ella era así. Siempre soñó en grande, incluso de niña.

Al crecer en una familia numerosa, de alguna manera logró usar su imaginación para escapar del caos de un hogar lleno de hermanos para pasar un tiempo tranquilo con Dios.

Ella siempre se tomó a Dios muy en serio. Cuando Él hablaba, ella escuchaba. Escuchó de la forma que solo un niño puede escuchar.

Una consagración en serio

Muchos niños pequeños juran precipitadamente no casarse nunca, pero cuando Catalina hizo ese mismo voto, lo dijo en serio.

Desde los siete años tuvo visiones religiosas y a menudo ayunaba como disciplina espiritual.

En secreto, hizo voto de virginidad y, como señal de sinceridad, se cortó el cabello como hacen las mujeres cuando entran en un convento.

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Pascal Deloche / Godong | Ref:022

Sus padres la castigaron por destrozar su cabello hasta que reveló su voto. Resulta que su acción infantil aparentemente traviesa fue bastante seria.

Sus padres le permitieron convertirse en terciaria dominicana, una religiosa con votos que continúa viviendo en casa, a la edad de 16 años.

Llevaba el distintivo vestido religioso dominicano y se quedó en una pequeña habitación en la casa familiar donde pasó tres años orando, saliendo al servicio de los enfermos y de los pobres.

La gente comenzó a visitar a Catalina para pedirle consejo y ser testigo de su ejemplo. Ella no era una persona joven para ser despedida.

¿Qué es lo que hace que los niños sean tan capaces de hazañas sobrehumanas de amor y devoción?

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Quizás la respuesta sea tan simple como la confianza. Los niños confían en sus padres implícitamente.

Mamá y papá son héroes para ellos. Dios Padre debe ser adorado y amado, y se confía en Él en todas las cosas.

Entonces, cuando alguien como santa Catalina escucha a Dios llamándola a una vida religiosa, naturalmente y plenamente confía en que esta es la vida para ella.

Los adultos no somos tan buenos confiando. Enfrentado a un llamado similar a una vocación, divagué, dudé y lo consideré durante años.

Una vez que acepté el llamado, se hizo evidente lo feliz que era seguir el plan de Dios para mí. Me arrepentí de no haber confiado en Él de inmediato.

Era escéptico y perezoso acerca de mi vocación, mientras me decía a mí mismo que era maduro contenerme y sopesar mis opciones.

Los adultos nos distraemos con nuestras preguntas, ego y frustración acerca de cómo el mundo es una mezcla de cosas buenas y malas.

No podemos superar los momentos de nuestro pasado en los que nos hemos sentido decepcionados, por lo que nos cansamos. Cuando Dios nos llama, dudamos. No lo tomamos en serio.

Quizás si adaptamos un punto de vista un poco más infantil, viviremos con más esperanza y confianza. Correremos más riesgos y diremos que sí a más oportunidades.

Al menos, podemos estar más atentos a esos detalles aparentemente insignificantes de nuestras vidas que en realidad son extremadamente importantes. Esto es lo que los niños ven con tanta claridad.

Algún día, creceré para ser como ellos.

Oración de san Patricio contra males físicos y espirituales

«Cristo, sé mi escudo hoy»

Muchos males físicos y espirituales existen a nuestro alrededor. Hoy igual que en el siglo V, cuando san Patricio lidió con los rudos saqueadores irlandeses y logró mostrarles la fuerza y la paz de Jesús.

En aquellos años difíciles, él rezaba esta poderosa oración. Y hoy puede serte útil a ti para levantarte y sentir a Cristo contigo, delante de ti, detrás de ti, dentro y sobre ti, en todo momento…

Me levanto

Me levanto hoy por medio de la poderosa fuerza, la invocación de la Santísima Trinidad, por medio de la fe en sus tres personas, por medio de la confesión de la unidad del Creador del universo.

Me levanto hoy, por medio de la fuerza del nacimiento de Cristo y su bautismo, por medio de la fuerza de su crucifixión y de su sepulcro, por medio de la fuerza de su resurrección y su asunción, por medio de la fuerza de su descenso para juzgar el mal.

Me levanto hoy por medio de la fuerza del amor de querubines, en obediencia de los ángeles, en servicio de arcángeles, en la esperanza que la resurrección encuentra recompensa, en las oraciones de los patriarcas, en las palabras de los profetas, en las prédicas de los apóstoles, en la inocencia de las santas vírgenes, en las obras de todos los hombres de bien.

Me levanto hoy por medio del poder del cielo: luz del sol, esplendor del fuego, rapidez del rayo, ligereza del viento, profundidad de los mares, estabilidad de la tierra, firmeza de la roca.

Me levanto hoy por medio de la fuerza de Dios que me conduce: poder de Dios que me sostiene, sabiduría de Dios que me guía, mirada de Dios que me vigila, oído de Dios que me escucha, Palabra de Dios que habla por mí, mano de Dios que me guarda, sendero de Dios tendido frente a mí, escudo de Dios que me protege, legiones de Dios para salvarme de trampas del demonio, de tentaciones de vicios, de cualquiera que me desee mal, lejanos y cercanos, solos o en multitud.

Invoco 

Yo invoco este día a todos estos poderes entre mí y el maligno, contra despiadados poderes que se opongan a mi cuerpo y alma, contra conjuros de falsos profetas, contra las leyes negras de los paganos, contra las falsas leyes de los herejes, contra las obras y astucia de la idolatría, contra los encantamientos de brujas, forjas y hechiceros, contra cualquier conocimiento corruptor del cuerpo y del alma.

Cristo, sé mi escudo hoy, contra venenos, contra quemaduras, contra sofocación, contra heridas, de tal forma que pueda yo recibir recompensa en abundancia.

Cristo conmigo, Cristo delante mí, Cristo detrás de mí, Cristo dentro de mí, Cristo debajo mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo cuando me acuesto, Cristo cuando me siento, Cristo cuando me levanto, Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura, Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí, Cristo en los ojos de todos los que me ven, Cristo en los oídos de todos los que me escuchan.

Me levanto hoy por medio de la poderosa fuerza, la invocación de la Santísima Trinidad, por medio de la fe en sus tres personas, por medio de la confesión de la unidad del creador del universo. Amén.

San Patricio ha pasado a la historia como el hombre que llevó que cristianismo a Irlanda. De hecho, hoy es el patrón del país. Su nombre se ha extendido por todo el mundo, pero hay muchas cosas de él que todavía no son suficientemente conocidas…

PUDO MÁS PORQUE AMÓ MÁS

SAN GREGORIO MAGNO, LIBRO DE LOS DIÁLOGOS (2, 33)

Escolástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio.

Cierto día, vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.

Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo:

«Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana».

A lo que respondió Benito:

«¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento».

Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.

Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.

Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo:

«Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?».

Respondió ella:

«Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, y me escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio».

Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.

No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y por esto, pudo más porque amó más.

A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.

Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.

LA IGLESIA DE CRISTO SE LEVANTA SOBRE LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO

Del Sermón 4 de san León Magno en el aniversario de su consagración episcopal

De entre todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y de todos los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente por Cristo. La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.

El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.

Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo!

Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único».

Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro: yo, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma, que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo».

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza -quiere decir- construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro».

El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.

Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno lo que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.

Multitudinario y emocionante funeral por Teresita: sacerdotes, familias y un gran número de niños

El funeral de Teresita Castillo fue presidido por el vicario de la Vicaría VIII de Madrid, Ángel Camino.

Este pasado sábado 27 de marzo celebramos llenos de un gozo y de una esperanza sobrenatural el funeral de Teresita Castillo de Diego, la niña que falleció hace tres semanas en el Hospital de la Paz de Madrid a causa de un tumor en la cabeza con sólo diez años de edad.

Teresita es sobrina y ahijada de Marta de Diego Alió, mujer de mi hermano y prima de los seis hijos de mi hermano y de mi cuñada, con los que tuvo una intensa y profunda relación. Doy gracias a Dios por haberme permitido conocerla, por haber podido compartir con ella tantos momentos en la familia de mi hermano, por haber sido testigo de su ingenuo y profundo amor a Jesús, de su simpatía y de su alegría desbordantes, por haberme permitido estar particularmente cerca de ellos, aun cuando por las restricciones impuestas por el covid-19 no pude entrar durante este último tiempo en la UCI para verla, rezar con ella y darle mi último adiós, y por haber podido acompañarla a ella y a su familia el día de su muerte y de su entierro, y durante la semana posterior a su fallecimiento, habiendo podido vivir con los padres de Teresita, con su abuela Teresa, con sus tíos Marta y Carlos y con mis sobrinos, en los ratos libres de mi parroquia, acompañarles recordar con ellos tantos momentos significativos de su vida, escribirlos y ponerlos por orden.

¡Un Vicario Episcopal, 10 sacerdotes concelebrando y 500 fieles!

Al funeral, que se celebró en la Parroquia del Corpus Christi de Las Rozas de Madrid, asistieron 10 sacerdotes, a pesar de ser víspera del Domingo de Ramos y de que muchos sacerdotes tienes celebraciones por la tarde en sus comunidades. Fue presidida por el Vicario Episcopal de la VIII Vicaría de Madrid, el P. Ángel Camino, que conoció a Teresita en el hospital el día de la Virgen de Lourdes, constituyéndola allí mismo misionera. A la celebración asistieron unos 500 participantesentre ellos muchos niños, repartidos en el enorme templo y en su atrio exterior, desde donde muchos tuvieron que seguir la celebración. Otros muchos se unieron también a ella por internet.

Funeral de Teresita Castillo

A pesar del enorme dolor que ha supuesto en primer lugar para los padres y para la familia directa de Teresita, y en segundo lugar para los amigos más cercanos de ella, la celebración estuvo envuelta en una asombrosa alegría de cielo.

El canto durante la celebración fue interpretado por los niños de la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, quienes con sus preciosas voces crearon una profunda atmósfera de recogimiento, de oración y de alabanza, ayudándonos a vivir un intenso momento sobrenatural.

Tres enseñanzas del padre Santiago Cantera sobre Teresita

En su introducción a la celebración el P. Santiago Cantera, prior de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos señaló varias enseñanzas que nos ha dejado Teresita. Estas fueron sus palabras:

“La Iglesia se reúne para rezar por las almas de los difuntos, para encomendarlas a la Misericordia Divina y pedir que gocen en el cielo. Y con esa esperanza nos reunimos nosotros en este día de hoy.

Y recordamos a los niños, ya que hay tantos aquí presentes […] por qué ha sucedido esto con Teresita, una niña de diez años, por qué se la lleva al cielo nos puede costar entenderlo.

Pues Dios a través de Teresita nos puede hablar de varias enseñanzas que podemos aprender:

La primera que busquemos a Dios por encima de todo. Nos enseña lo que es el centro y el fin de nuestra vida: amar a Jesús, llevar a los niños a Jesús, llevar las almas a Jesús, como ella dijo.

Lo segundo es saber valorar las cosas, que mucho más que una play, que mucho más que un móvil, que mucho más que ganar dinero para tener cosas, lo que importa de verdad es amar a Jesús y ganar el cielo.

Y lo tercero, esto nos lo enseña a los mayores, pero también a los niños, saber valorar el tiempoCon sólo diez años se puede ganar el cielo. Y nosotros muchas veces estamos pensando: ‘Bueno, para mañana, para pasado, lo vamos dejando, voy dejando el confesarme, voy dejando el ponerme a bien con Dios, voy dejando el ocuparme de las cosas de la religión, de la piedad’. Y Dios nos ha enseñado qué importante es aprovechar bien el tiempo para ser buenos cristianos, amar a Jesús y llegar al cielo.

Hoy nos unimos, por tanto todos en oración para pedir que Teresita goce de la contemplación de Jesús, confiamos en que ya lo está haciendo y que así también ella nos alcance de Dios todas las gracias que necesitamos”.

El Vicario Episcopal, el P. Ángel Camino, se maravilló de la asamblea de fieles que se había congregado para rezar por y con Teresita.

Teresita Castillo, el día de su comunión

Nos anunció que por la noche le escribiría al Papa para comunicarle el espectáculo que estaba contemplando, como anteriormente le comunicó su encuentro con Teresita en el hospital.

Un funeral de gloria dirigido especialmente a los niños

Entre los fieles congregados había un numeroso número de niños, muchos de ellos compañeros de clase y del colegio Veracruz, de Galapagar, de Teresita, amigos de ella y de la familia, y otros muchos que la habían conocido durante los días de su último ingreso en el hospital, habían rezado por ella, o la habían conocido después de su partida al cielo a través de las noticias que se extendieron como la pólvora sobre ella.

Siguiendo la petición que le había hecho la familia de Teresita, durante la celebración el Vicario se dirigió muy especialmente a los niños, y particularmente durante su predicación.

El Papa Francisco se hizo presente

Al comienzo de su predicación nos informó de que la historia de su encuentro con ella se la había escrito al Papa y que éste contestó muy rápido.

Entonces, el P. Ángel leyó a la asamblea la carta del 17 de marzo que le envió a él el Papa, a través de la Secretaría de Estado.

En ella, el Santo Padre hacía llegar a sus padres, Eduardo y Teresasu cercanía, asegurándoles su oración y animándoles a “afrontar la vida con esperanza cristiana, sostenida por la fe en Dios y el amor de la Madre Iglesia”. Les pedía su oración y por su servicio al santo Pueblo de Dios, y al tiempo que los confiaba al amparo maternal de la Virgen María, les impartía a ellos, a la familia, y a sus seres queridos, su bendición apostólica.

El mensaje del cardenal de Madrid 

Después puso el mensaje de voz que el Cardenal de Madrid, Don Carlos Osoro, envió a la familia y a todos los presentes. Entre sus palabras el Cardenal dijo:

“Para mí es una alegría enorme haber podido bendecir a Teresita un día que estaba con sus padres, y después recordarla, como tú me lo has hecho ver, en el momento en que ella le dice a su mamá que lo único que quiere es ser misionera. Yo doy gracias a Dios por este momento y porque a través de una niña nos llegan esos mensajes especiales para la vida de los adultos. Ponerse en manos de Dios es lo más fácil y al mismo tiempo lo que a veces nos cuesta más. Y ver como una niña que tendría un futuro tremendo por andar, se pone en manos de Dios y además le dice a Dios que quiere ser misionera de Él, anunciadora de la presencia de Dios entre los hombres, es una maravilla.

Yo doy gracias a Dios por haberla bendecido un día, por haber escuchado de sus labios su actitud de querer anunciar a Jesucristo, y doy gracias a Dios, y a vosotros sus padres, por haberla educado de esta manera.

Que el Señor os bendiga.

Le pedimos al Señor que ella también interceda por nosotros en este momento que nos toca vivir, para ser anunciadores valientes del Evangelio de Jesucristo”.

Terminó también el Cardenal enviando su bendición  a todos los presentes, y especialmente a los padres de Teresita.

El padre Ángel Camino bendice a Teresita Castillo en el hospital

En su homilía, el P. Ángel volvió a relatar conmovido su encuentro con Teresita en el hospital el día de la Jornada Mundial del enfermo, festividad de la Virgen de Lourdes.

Insistió que él nos iba a contar la historia de un día con Teresita, “una historia que ha dado la vuelta al mundo”. Nos contó cómo el jueves anterior al funeral, sólo en media hora, le llamaron desde Indonesia, Filipinas, Costa de Marfil y Uruguay y como uno de los portales donde él contó su historia con Teresita había  tenido 28.700 visitas.

Indicó que quienes tenían que contar la historia de diez años de Teresita eran sus padres.

Con voz entrecortada recordó el momento en que vio a su madre junto a su hija, una escena, como dijo el mismo Vicario,  que “me impactó muchísimo, con una sonrisa y una serenidad impresionante”. Y continuó diciendo: “¿Vosotros habéis visto alguna imagen de la Virgen María al pie de la cruz medio desesperada? […] Yo no he visto ninguna. Así estaba esta mujer al lado de su hija”.  Y nos relató cómo cuando le iba a administrar el sacramento de la Unción de enfermos a Teresita, su cabecita lógicamente estaba vendada, pero “el rostro de la cara brillaba como el sol, brillaba muchísimo”. En ese momento Teresita llena de alegría le dijo: “Ya sé a qué vienes, a traerme a Jesús, también el Espíritu Santo con la Unción”. Teresita “lo sabía todo”, continuó el P. Ángel.

“¡Yo quiero ser misionera!”

Continuó contándonos cómo entabló un diálogo sencillo con ella, y como su mamá en el momento en que se interrumpió el diálogo, invitó a Teresita a que le dijera lo que ella quería ser. Haciendo silencio y cogiendo fuerzas para saber lo que le iba a decir, Teresita le dijo: “¡Yo quiero ser misionera!”.

Y cómo en ese momento la constituyó misionera. Le explicó que tenía una reunión y que en cuanto terminara se iría al despacho y le haría el nombramiento como misionera, que llamó por teléfono a su secretaria, dando las indicaciones de lo que había que poner: “Yo, Ángel Camino Lamelas, Vicario Episcopal de la Archidiócesis de Madrid, constituyo a Teresa Castillo de Diego misionera”, y a continuación las palabras que ella le había dicho: que pedía para que muchos niños y niñas conocieran a Jesús.

Cuando llegó a su despacho buscó la mejor cruz de misionera. Siguió relatándonos cómo por la tarde volvió al Hospital de la paz a llevarle la cruz y el pergamino con su nombramiento de misionera. Teresita le dice a su madre: “Mamá, léemelo”. Su madre se lo lee. “Se viene abajo -relata el Vicario-, pero se sostiene, aguanta todo el escrito y le entregamos la cruz”. Teresita le dice: “Mamá, pónmela en la barra, para que yo vea la cruz siempre. Y mañana, que esta cruz vaya al quirófano”. Y a continuación le dice Teresita: “Padre Ángel, ¿entonces yo soy misionera de verdad?” Él le contestó: “Tú eres misionera de verdad”. Y con estas palabras el P. Ángel se despidió de ella, porque ya no pudo volverla a ver.

Historia de unos padres al pie de la cruz de su hija

Señaló que esta era la historia de un día que él había contado en todas las televisiones, radios y revistas que le habían entrevistado, pero que a quien había que entrevistar era a los padres, porque la historia de ellos es la historia de años con Teresita, al pie de la cruz de su hija. “Ahí no se puede perder nada”, nos dijo el P. Ángel, dándonos a entender que la historia de Teresita era un tesoro para la Iglesia que no podíamos dejar perder.

Recordó especialmente a los niños, pero también a todos cómo “detrás de Teresita hay un papá y una mamá, sino es imposible”.

Una historia que está dando la vuelta al mundo

Nos contó cómo había escrito la historia de Teresita a los 216 sacerdotes que tiene su Vicaria VIII, cómo esa carta estaba en las redes sociales y cómo a partir de ahí está dando la vuelta al mundo.

“Ha sido un  milagrito. ¿Quién lo ha hecho? Teresita”. También nos contó que inmediatamente se lo contó a su Cardenal Arzobispo y que escribió al Papa. Y continuó: “Estamos diciendo que la Iglesia sea misionera, que la Iglesia sea misionera, y nadie nos hace caso, nadie nos escucha. Lo dice Teresita, y es el anuncio mundial: ‘Yo quiero ser misionera’. Ha sido el testimonio, ha sido su vida”.

Teresita está en el Paraíso

Después de contar su historia con Teresita, el Vicario continuó su homilía indicando a los niños y a todos los presentes que  Teresita estaba en el Paraíso, e hizo una descripción de él, siguiendo la enseñanza de Jesús sobre el Paraíso: lugar que Jesús está preparando para nosotros, lugar en el que Teresita está ya; lugar de inmensa alegría, en donde Teresita está contemplando la belleza infinita de Dios. Recordó a los presentes que “en el Paraíso Teresita va a ver todas las cosas buenas que ha hecho”, según las palabras de Jesús: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber…”.

Teresita Castillo, con su diploma de misionera

“Ella quiso ser misionera, […] y le dirá: gracias a ese dinero que enviaste se construyó esa casa y aquella otra, y aquel hospital, esas oraciones que tú hiciste están ahí…”. Recordó que en el Paraíso cambiarán las relaciones entre nosotros. Ya no habrá posibilidad de pecar, sólo habrá amor, por lo que estaremos siempre al lado de nuestros amigos, de los que están ya en el cielo: “Teresita estará contentísima de ver a tantos niños”. “Ella me lo dijo a mí –dijo el P. Ángel-: rezo para que muchos niños conozcan a Jesús”. 

Contó la visión que tuvo un día Santa María Magdalena de Pazzi al levantar los ojos al cielo: danzas, bailes, cantos, músicas, visiones magníficas, y todo ello con sus hermanas que estaban a su alrededor en una sala grande, y ella en medio bailando. La danza duró dos horas. Ella parecía un ángel porque imitaba al instante lo que veía hacer al ángel en el Paraíso. Así está Teresita en el Paraíso, bailando un baile distinto con los ángeles. Y para finalizar su idea dijo: “Nosotros estamos contentísimos porque si alguien ha amado ha sido Teresita”.

Agradeció a los padres de Teresita el testimonio que estaban dando, y les invitó seguir haciéndolo diciendo: “Una vida de estas no se improvisa”.

Finalizó compartiendo con todos las palabras de Teresita el día de su primera comunión: “Sentí que Dios me quería, y me amaba, y que me invitaba al cielo. Esto es lo que sentí al recibir mi primera comunión”.

“Habéis sido instrumentos fieles de Dios”

Tras la comunión, D. Fernando Rey, párroco de la parroquia de Nuestra Señora de los Arroyos, en El Escorial, y por tanto de la familia Castillo de Diego, les dirigió las siguientes palabras:

“Queridos Eduardo y Teresa, lo mismo que os he dicho en privado os lo digo aquí ante Dios y de toda esta asamblea. En medio del inmenso dolor que supone perder de vista a una hija con diez años, estad muy contentos, estad muy satisfechos. Habéis sido instrumentos fieles de Dios para cumplir su designio sobre esta niña, designio que solamente hemos conocido después que ha cruzado la puerta.

La trajisteis de muy lejos. Dios quería a esta niña en el cielo y vosotros la trajisteis de muy lejos. La disteis a luz a la fe por el bautismo, la criasteis para Dios, porque vosotros fuisteis quienes le presentasteis a Jesús. Y la habéis dado a luz para el cielo entre grandes dolores.

Pero lo que habéis presenciado no ha sido una muerte, que lo que para el mundo son desgracias, interviene Dios y son gracias. Lo que habéis presenciado no ha sido una muerte, ha sido un alumbramiento, un alumbramiento muy doloroso, pero un alumbramiento que os ha hecho verdaderos padres de Teresita, con esa paternidad que se prolongará eternamente en el cielo.

Por eso estad satisfechos y dadle gracias a Dios, que ha querido servirse de vosotros para esta obra tan grande. Que Dios os bendiga”.

Tened a Teresita como protectora

El Vicario, nos invitó a niños y mayores a tener a Teresita como protectora, para que nos ayude a ser mejores personas y así un día fuéramos al paraíso del que nos había hablado en la homilía.

Y nos invitó a todos pedir que de entre todos los niños que estaban presentes, salieran sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros y misioneras, lanzando una pregunta: “¿Quién va a ocupar el lugar de Teresita, que ha dicho que quería ser misionera?”

Palabras del padre de Teresita:

Eduardo, el padre de Teresita, dio gracias a Dios, también a la Iglesia y a tantos amigos por su cercanía, su apoyo humano y su oración: “Quiero dar gracias a Dios porque ‘el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres’. Gracias a la madre Iglesia que se ha comportado con nosotros como una verdadera Madre. Hemos sentido el cariño de nuestro párroco, de nuestro Cardenal, de nuestro Vicario Episcopal, de tantos sacerdotes que han rezado por nosotros, y de todos vosotros que no sólo habéis rezado”

Citó unas palabras Mons. D. Francisco Pérez González, Presidente de la Comisión de la Conferencia Episcopal Española para las Misiones:

“Qué gran don hemos tenido con Teresita y qué orgullo tenemos de que Teresita sea una misionera de gala”.

Compartió con nosotros lo que le han conmovido estos días las lágrimas de los niños, de los amigos de Teresita, de su prima Clara, de alguna amiga del colegio, compañera de sus inquietudes misioneras, unas flores y algún dibujo dejado en su tumba. Una carmelita descalza, la Madre María Elena de la Santa Cruz c.d., que conoció el testimonio de Teresita y que les escribió diciéndoles:

“Dios nos ha hablado a través de Teresita. En ella se ha repetido el milagro de la ternura de un padre que sostiene a su pequeña en la cruz para poder salvar a multitud de hijos perdidos. Este gran testigo del amor de Jesús nos ha abierto la puerta de la esperanza para reencontrarnos con el Corazón de Jesús. Nos encomendamos a Teresita para que ella nos alcance muchas gracias del cielo”.

Terminó haciendo una confidencia de Teresita. Cuando antes de ser ingresada en el hospital, después de salir de una convalecencia, de un hematoma que le hinchó el cerebro, del que después se recuperó bien, le decía: “Papá yo quiero ser misionera y llevar la alegría de Jesús al mundo entero”. Lo decía con una gran convicción y fuerza. Quería llevar el amor de Jesús a todos, especialmente a los niños, para que todos fueran al cielo y fueran “felices para siempre, siempre”.

Quien tenga algún recuerdo de Teresita, quiera recibir noticias de ella, enviar lo que le ha supuesto su entrega misionera o favores recibidos de ella, escriba a: teresitacastillomisionera@gmail.com.