¿Qué quiere decir castidad?

La castidad es un gran sí al verdadero significado del sexo, a lo bueno que es haber sido creados varón y mujer a imagen de Dios. La castidad no reprime, libera. Nos libera de usar a los otros para obtener una gratificación egoísta, y nos hace capaces de amar a los otros como Dios nos ama.

Dos adultos solteros que están de acuerdo son capaces de tener relaciones sexuales. La cuestión es: ¿es bueno para ellos? El amor no es arbitrario. El amor no se acaba en los sentimientos, ni es equiparado a la atracción y al deseo sexual. El amor no es algo que “sucede”; el amor es una decisión. Las emociones y atracciones son “la materia prima” del amor. Pero es un error considerar la materia prima como su “forma perfecta”.

Por definición el amor siempre elige libremente sacrificarse por el bien del amado. El amor sexual verdadero decide libremente hacer una donación total, fiel y fructífera de sí mismo al ser amado. La relación sexual habla el idioma del amor de Dios. Éste es el lenguaje del enlace matrimonial. Es lo que el corazón desea: un amor verdadero y durable. Las relaciones sexuales son expresión del vínculo matrimonial.

“Vivir juntos” en vez de ser una preparación para el matrimonio, es más bien una preparación para el divorcio. Los que viven juntos tienen un 50% más de probabilidades de divorciarse, comparado con los que no lo hacen (Estudios de Larry Bumpass y James Sweet, Cohabitation, Marriage and Unios Stability: Preliminary Findings, Madison, Wis, 1995, Working Paper # 65).

Mantener una relación sexual que es fácil de disolver, sin un compromiso de fidelidad de por vida y opuesto a la vida no puede preparar a la pareja a aceptar una relación sexual que exige indisolubilidad, fidelidad de por vida y estar abiertos a la vida. Al elegir consistentemente tal conducta, la pareja demuestra que están de hecho mal preparados para el compromiso matrimonial, porque han sido “entrenados” psicológicamente para lo contrario.

Estar dispuestos a involucrarse en rfelaciones prematrimoniales demuestra una aceptación implícita del sexo fuera de los límites del matrimonio. Por eso hay una tasa mucho más alta de adulterio entre parejas que se embarcaron en sexo prematrimonial, comparada con las que no lo hicieron. El adulterio es una de las principales causas de divorcio (cfr.Christopher West, Buena Nueva sobre sexo y matrimonio, p. 72-73).

Las relaciones prematrimoniales establecen un modelo de auto indulgencia que facilita los auténticos vicios (lujuria, orgullo, egoísmo, deshonestidad, desconfianza, pereza, y más) que sirven para minar la relación sana de marido y mujer.

La intimidad sexual nubla el juicio de la pareja sobre sus relaciones, impidiéndoles obtener el juicio objetivo esencial para poder discernir una vocación matrimonial auténtica, para discernir también si esa es la persona adecuada o no.

La castidad implica vivir la abstinencia en el noviazgo y respetar la naturaleza fértil del acto conyugal en el matrimonio. Se pueden evitar los hijos con métodos naturales que no dañan a la mujer, cuando hay seria necesidad de ello.

Lo opuesto al amor no es el odio, sino utilizar a la otra persona como una cosa. En cada “conquista” del varón hay una mujer del otro lado, que ha sido usada y descartada. Y ¿a quién le importa? Le importó a Juan Pablo II, quien, con su Teología del cuerpo, ha ayudado a muchos jóvenes a encontrar el camino correcto para ser más plenos en su noviazgo y en su matrimonio. La doctrina de la Iglesia sobre el sexo y matrimonio es buena nueva porque es la verdad sobre el amor verdadero, y también es noticia porque nos desafía.

QUERIDO SANTO PADRE… ¡ÉL VIENE!

PARA Su Santidad, el Papa Francisco:

Querido Santo Padre,

A lo largo del pontificado de vuestro predecesor, san Juan Pablo II, nos invocó continuamente a nosotros, los jóvenes de la Iglesia, a convertirnos en «vigilantes matutinos en los albores del nuevo milenio». [1]

… vigilantes que proclaman al mundo un nuevo amanecer de esperanza, fraternidad y paz. —PAPA JUAN PABLO II, Discurso al Movimiento Juvenil Guanelli, 20 de abril de 2002, www.vatican.va

De Ucrania a Madrid, de Perú a Canadá, nos llamó para que nos convirtiéramos en «protagonistas de los nuevos tiempos» [2] que estaban directamente por delante de la Iglesia y del mundo:

Queridos jóvenes, ¡os corresponde a vosotros ser los vigilantes de la mañana que anuncian la venida del sol que es Cristo resucitado! —PAPA JUAN PABLO II, Mensaje del Santo Padre a los jóvenes del mundo, XVII Jornada Mundial de la Juventud, n. 3; (cf. Is 21,11-12)

Su predecesor inmediato continuó levantando este toque de clarín:

Empoderados por el Espíritu, y basándose en la rica visión de la fe, una nueva generación de cristianos está siendo llamada a ayudar a construir un mundo en el que el don de la vida de Dios sea bienvenido, respetado y apreciado. Una nueva era en la que la esperanza nos libera de la superficialidad, la apatía y el ensimismamiento que amortiguan nuestras almas y envenenan nuestras relaciones. Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva era… —PAPA BENEDICTO XVI, Homilía, Jornada Mundial de la Juventud, Sídney, Australia, 20 de julio de 2008

Los términos en los que se nos pidió que «vigiláramos y oráramos» también quedaron claros:

Los jóvenes han demostrado ser para Roma y para la Iglesia un don especial del Espíritu de Dios… No dudé en pedirles que hicieran una elección radical de fe y vida y les presentara una tarea estupenda: convertirse en «vigilantes de la mañana» en los albores del nuevo milenio. —PAPA JUAN PABLO II, Novo Millennio Inuente, n.9

Ser «para Roma y para la Iglesia», entonces, ha significado precisamente dar nuestra «obediencia de fe» a la Tradición Católica. [3] Al estar atentos, no se nos ha pedido que interpretemos los «signos de los tiempos» a través de nuestra propia lente, sino a través y con el Magisterio de la Iglesia. Hemos escuchado entonces la voz de la Sagrada Tradición llevada sobre las alas del Espíritu a través del tiempo, comenzando con los Apóstoles, los Padres de la Iglesia, los Concilios, los escritos magisteriales y la Sagrada Escritura; hemos escuchado atentamente a los médicos, santos y místicos de la Iglesia. Para…

… incluso si apocalipsis ya está completo, no se ha hecho completamente explícito; queda para la fe cristiana comprender gradualmente su pleno significado a lo largo de los siglos. —Catecismo de la Iglesia Católica, n. 66

Y, por último, hemos prestado cuidadosa atención y devoción a la que nos guía en la Nueva Evangelización, «María, la estrella brillante que anuncia el Sol». [4] Así, querido Santo Padre, de pie desde nuestro punto de vista «en el Espíritu», queremos anunciar a la Iglesia lo que hemos visto, y vemos. Con alegría y anticipación, clamamos de nuestros corazones: «¡Él viene! ¡Él viene! ¡Jesucristo, el Resucitado, viene en gloria y poder!»

JPIIPondering 1

El Día del Señor está sobre nosotros. Hemos sido llamados a anunciar esta buena noticia, la esperanza que se encuentra más allá del umbral del segundo milenio, para…

… sed fieles centinelas del Evangelio, que esperan y se preparan para la llegada del nuevo Día que es Cristo el Señor. —PAPA JUAN PABLO II, Encuentro con la Juventud, 5 de mayo de 2002; www.vatican.va

… volviendo nuestros ojos hacia el futuro, esperamos con confianza el amanecer de un nuevo Día… «Vigilantes, ¿qué pasa con la noche?» (Is. 21:11), y escuchamos la respuesta: «Hark, tus vigilantes levantan su voz, juntos cantan de alegría: de ojo a ojo ven el regreso del Señor a Sión»…. «A medida que se acerca el tercer milenio de la Redención, Dios está preparando una gran primavera para el cristianismo, y ya podemos ver sus primeras señales». Que María, la Estrella de la Mañana, nos ayude a decir con siempre nuevo ardor nuestro «sí» al plan de salvación del Padre para que todas las naciones y lenguas puedan ver su gloria. —PAPA JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, n.9, 24 de octubre de 1999; www.vatican.va

EL DÍA DEL SEÑOR: LOS PADRES DE LA IGLESIA

No se puede hablar del «día del Señor» sin atravesar el lugar de la Revelación de vuelta al «depósito de la fe», de vuelta a su desarrollo en la Iglesia primitiva. Porque la Tradición viva de la Iglesia pasó de Cristo a los Apóstoles, luego a través de los Padres de la Iglesia a través de los siglos.

La Tradición que viene de los apóstoles progresa en la Iglesia, con la ayuda del Espíritu Santo. Hay un crecimiento en la comprensión de las realidades y las palabras que se están transmitiendo … Los dichos de los Santos Padres son testimonio de la presencia vivificante de esta Tradición…. —Constitución dogmática sobre la Revelación Divina, Dei Verbum, Vaticano II, 18 de noviembre de 1965

Desafortunadamente, Su Santidad, desde los primeros tiempos, como sin duda sabe, la herejía ha eclipsado la escatología del Padre de tal manera que a menudo ha faltado una teología adecuada. La herejía del milenarismo en sus diversas formas «modificadas» continúa surgiendo hoy en día tanto como prevalecen las distorsiones y una comprensión incorrecta del Día del Señor. Pero los nuevos esfuerzos teológicos, así como las revelaciones aprobadas eclesiásticamente, han arrojado una comprensión más profunda y adecuada de lo que los Padres de la Iglesia enseñaron, tal como lo recibieron de los Apóstoles, reparando así la brecha en la escatología que ha existido. Del «día del Señor», enseñaron:

… este día nuestro, que está delimitado por la salida y la puesta del sol, es una representación de ese gran día al que el circuito de mil años fija sus límites. —Lactancio, Padres de la Iglesia: Los Institutos Divinos, Libro VII, Capítulo 14, Enciclopedia Católica; www.newadvent.org

Y de nuevo,

He aquí, el Día del Señor será de mil años. —Carta de Bernabé, Los Padres de la Iglesia, cap. 15

Se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo o Satanás, y lo ató durante mil años … de modo que ya no podría desviar a las naciones hasta que se completen los mil años. Después de esto, se lanzará por un corto tiempo … También vi las almas de aquellos que… cobraron vida y reinaron con Cristo durante mil años. (Apocalipsis 20:1-4)

Los primeros Padres de la Iglesia entendían que el Día del Señor era un período prolongado de tiempo simbolizado por el número «mil». Sacaron su teología del Día del Señor en parte de los «seis días» de la creación. Mientras Dios descansaba en el séptimo día, creían que la Iglesia también tendría un «descanso sabático» como san Pablo enseñó:

… todavía queda un descanso sabático para el pueblo de Dios. Y quien entra en el descanso de Dios, descansa de sus propias obras como Dios lo hizo de las suyas. (Heb 4:9-10)

Con el Señor un día es como mil años y mil años como un día. (2 Pe 3:8)

La idea de que Cristo regresaría en la carne en medio de lujosos banquetes y placeres carnales y gobernaría la tierra durante literalmente «mil años» fue rechazada por la Iglesia primitiva, al igual que sus formas modificadas (chiliasmo, montanismo, mesianismo secular, etc.). Lo que el Padre realmente enseñó fue la expectativa de una renovación espiritual de la Iglesia. Sería precedido por un juicio de los vivos que purificaría al mundo y, en última instancia, prepararía a la Novia de Cristo para encontrarse con Él cuando Regrese en gloria al final de los tiempos a la resurrección de los muertos y al Juicio Final.

Confesamos que se nos promete un reino sobre la tierra, aunque antes del cielo, sólo en otro estado de existencia; en la medida en que será después de la resurrección durante mil años en la ciudad divinamente construida de Jerusalén… Decimos que esta ciudad ha sido provista por Dios para recibir a los santos en su resurrección, y refrescarlos con la abundancia de todas las bendiciones realmente espirituales, como una recompensa para aquellos que hemos despreciado o perdido … —Tertuliano (155–240 d.C.), Padre de la Iglesia de Nicea; Adversus Marcion, Ante-Nicene Fathers, Henrickson Publishers, 1995, Vol. 3, pp. 342-343)

El doctor de la Iglesia San Agustín propuso, junto con otras tres explicaciones, que tal período de «bendición espiritual» en la Iglesia es realmente posible…

… como si fuera algo apropiado que los santos disfrutaran así de una especie de descanso sabático durante ese período, un ocio santo después de las labores de seis mil años desde que el hombre fue creado… (y) debe seguir la finalización de seis mil años, a partir de seis días, una especie de séptimo día de reposo en los mil años siguientes… Y esta opinión no sería objetable, si se creyera que las alegrías de los santos, en ese sábado, serán espirituales, y consecuentes de la presencia de Dios —San Agustín de Hipona (354-430 d.C.; Church Doctor), De Civitate Dei, Bk. XX, Cap. 7, Catholic University of America Press

EL DÍA DEL SEÑOR: EL MAGISTERIO

Esta enseñanza de los Padres de la Iglesia fue reafirmada por el Magisterio en una comisión teológica en 1952 que concluyó que no es contrario a la fe católica mantener…

… una esperanza en algún poderoso triunfo de Cristo aquí en la tierra antes de la consumación final de todas las cosas. Tal ocurrencia no está excluida, no es imposible, no es seguro que no habrá un período prolongado de cristianismo triunfante antes del final.

Alejándose del milenarismo, concluyeron acertadamente:

Si antes de ese final final ha de haber un período, más o menos prolongado, de santidad triunfante, tal resultado no será producido por la aparición de la persona de Cristo en Majestad, sino por la operación de los poderes de santificación que ahora están en acción, el Espíritu Santo y los Sacramentos de la Iglesia. —La enseñanza de la Iglesia Católica; como se cita en El triunfo del reino de Dios en el milenio y el fin de los tiempos, reverendo Joseph Iannuzzi, p.75-76

El Padre Martino Penasa habló con Mons. S. Garofalo (Consultor de la Congregación para la Causa de los Santos) sobre el fundamento bíblico de una era histórica y universal de paz, en oposición al milenarismo. Monseñor sugirió que el asunto se planteara directamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El P. Martino planteó así la pregunta: «¿È inminente una nuova era di vita cristiana?». («¿Es inminente una nueva era de la vida cristiana?»). El Prefecto en ese momento, el Cardenal Joseph Ratzinger respondió: «La questione è ancora aperta alla libera discussione, giacchè la Santa Sede non si è ancora pronunciata in modo definitivo«:

La cuestión sigue abierta a una discusión libre, ya que la Santa Sede no ha hecho ningún pronunciamiento definitivo al respecto. Il Segno del Soprannauturale, Udine, Italia, n. 30, p. 10, Ott. 1990; El P. Martino Penasa presentó esta cuestión de un «reinado milenario» al Cardenal Ratzinger

Los teólogos contemporáneos que no se han limitado solo a la teología escolástica, sino que han abrazado todo el cuerpo de revelación y desarrollo doctrinal en la Iglesia a partir de los escritos patrísticos, han continuado arrojando luz sobre el escatón. Como escribió San Vicente de Lerins:

StVincentofLerins.jpg

… si surgiera alguna nueva cuestión sobre la que no se hubiera dado tal decisión, entonces deberían recurrir a las opiniones de los santos Padres, de aquellos al menos, que, cada uno en su propio tiempo y lugar, permaneciendo en la unidad de la comunión y de la fe, fueron aceptados como maestros aprobados; y cualquiera que sea lo que se pueda encontrar que han sostenido, con una sola mente y con un solo consentimiento, esto debe explicarse como la verdadera doctrina católica de la Iglesia, sin ninguna duda o escrúpulo. —Pleitario del año 434 d.C., «Por la antigüedad y universalidad de la fe católica contra las novedades profanas de todas las herejías», cap. 29, n. 77

Por lo tanto, como vigilantes, hemos prestado especial atención a aquellos que han seguido las instrucciones de San Vicente:

La afirmación esencial es de una etapa intermedia en la que los santos resucitados todavía están en la tierra y aún no han entrado en su etapa final, porque este es uno de los aspectos del misterio de los últimos días que aún no se ha revelado. —Cardenal Jean Daniélou, S.J., teólogo, A History of Early Christian Doctrine Before the Council of Nicea, 1964, p. 377

Cada vez que los Padres de la Iglesia hablan de un descanso sabático o de una era de paz, no predicen un regreso de Jesús en la carne, ni el fin de la historia humana, sino que acentúan el poder transformador del Espíritu Santo en los sacramentos que perfeccionan a la Iglesia, para que Cristo pueda presentarla a sí mismo como una novia inmaculada a su regreso final. —Rev. J. L. Iannuzzi, Ph.B., STB, M.Div., STL, STD, Ph.D., teólogo, El Esplendor de la Creación, p. 79

EL DÍA DEL SEÑOR: LOS SANTOS PONTÍFICES

Lo más significativo, Santidad, son las voces petrinas que han resonado a lo largo del siglo pasado, comenzando con León XIII y culminando en Pío XII y San Juan XXIII, quienes oraron y profetizaron una «nueva primavera» y un «nuevo Pentecostés» en la Iglesia. Sus palabras y acciones esencialmente prepararon el terreno para que sus sucesores condujeran a la Iglesia al nuevo milenio. Su predecesor dijo, de hecho, que la convocatoria del Concilio Vaticano II…

… prepara, por así decirlo, y consolida el camino hacia esa unidad de la humanidad, que se requiere como fundamento necesario, para que la ciudad terrenal sea llevada a la semejanza de esa ciudad celestial donde reina la verdad, la caridad es la ley, y cuya extensión es la eternidad. —PAPA SAN JUAN XXIII, Discurso en la apertura del Concilio Vaticano II, 11 de octubre de 1962; www.papalencyclicals.com

Juan XXIII afirmaba que un «nuevo Pentecostés» facilitaría, de hecho, la necesaria purificación de la Iglesia para hacerla «inmaculada» para el encuentro de las «dos ciudades»:

Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella… para que se presente a sí mismo la iglesia en esplendor, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, para que ella sea santa y sin mancha… (Efesios 5:25, 27)

Por lo tanto, hay un significado profético de por qué Su Santidad Juan XXIII eligió a su tocayo:

La tarea del humilde Papa Juan es «preparar para el Señor un pueblo perfecto», que es exactamente como la tarea del Bautista, que es su patrón y de quien toma su nombre. Y no es posible imaginar una perfección más elevada y preciosa que la del triunfo de la paz cristiana, que es la paz en el corazón, la paz en el orden social, en la vida, en el bienestar, en el respeto mutuo y en la fraternidad de las naciones. —PAPA SAN JUAN XXIII, Verdadera Paz Cristiana, 23 de diciembre de 1959; www.catholicculture.org

Profetizó que «la Divina Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas». [5] y la «unificación de toda la humanidad en Cristo». [6] Esta «era de paz», sin embargo, no sería la venida definitiva de Cristo al final de los tiempos, [7] pero su preparación:

Que la justicia y la paz se abracen al final del segundo milenio que nos prepara para la venida de Cristo en gloria. —PAPA JUAN PABLO II, Homilía, Aeropuerto de Edmonton, 17 de septiembre de 1984; www.vatican.va

Los papas del siglo 20 esencialmente se hicieron eco de la oración de Cristo:

«Y oirán mi voz, y habrá un solo redil y un solo pastor». Que Dios… pronto llevar a cabo su profecía para transformar esta visión consoladora del futuro en una realidad presente… Es tarea de Dios llevar a cabo esta hora feliz y darla a conocer a todos… Cuando llegue, resultará ser una hora solemne, una grande con consecuencias no sólo para la restauración del Reino de Cristo, sino para la pacificación de… el mundo. Oramos fervientemente, y pedimos a otros que oren por esta tan deseada pacificación de la sociedad. —PAPA PÍO XI, Ubi Arcani dei Consilioi «Sobre la paz de Cristo en su Reino», 23 de diciembre de 1922

La unidad del mundo será. La dignidad de la persona humana será reconocida no sólo formalmente sino efectivamente. La inviolabilidad de la vida, desde el vientre materno hasta la vejez… Se superarán las desigualdades sociales indebidas. Las relaciones entre los pueblos serán pacíficas, razonables y fraternas. Ni egoísmo, ni arrogancia, ni pobreza… [impedirá] el establecimiento de un verdadero orden humano, un bien común, una nueva civilización. —PAPA PABLO VI, Mensaje de Urbi et Orbi, 4 de abril de 1971

Los pontífices no se refieren a la inminente y definitiva venida del Reino de Dios, lo que sería una desviación de la «Tradición viva» de la Iglesia claramente expresada por los Padres de la Iglesia Primitiva. Más bien, se están dirigiendo a una era por venir en el reino temporal en el que permanece el «libre albedrío» y la elección humana, pero el Espíritu Santo triunfa en y a través de la Iglesia. Escuchamos mientras su predecesor inmediato aclaraba que la «venida final de Jesús», para la cual el mensaje de Santa Faustina de la Divina Misericordia nos está preparando en última instancia, no es inminente:

Si uno tomara esta declaración en un sentido cronológico, como un mandato para prepararse, por así decirlo, inmediatamente para la Segunda Venida, sería falso. —PAPA BENEDICTO XVI, Luz del Mundo, Una conversación con Peter Seewald, p. 180-181

Bastante

divina-misericordiajpii

Ha llegado la hora en que el mensaje de la Divina Misericordia es capaz de llenar los corazones de esperanza y convertirse en la chispa de una nueva civilización: la civilización del amor. —PAPA JUAN PABLO II, Homilía, Cracovia, Polonia, 18 de agosto de 2002; www.vatican.va

De hecho, los sucesores de Pedro han reforzado la teología defendida por los Padres de que el amanecer del Día del Señor produce el cumplimiento de las Escrituras que aún no han llegado a su finalización «en la plenitud de los tiempos», especialmente la difusión del Evangelio hasta los confines de la tierra.

La Iglesia del Milenio debe tener una mayor conciencia de ser el Reino de Dios en su etapa inicial. —PAPA JUAN PABLO II, L’Osservatore Romano, Edición inglesa, 25 de abril de 1988

La Iglesia Católica, que es el reino de Cristo en la tierra, está destinada a ser difundida entre todos los hombres y todas las naciones… —PAPA PÍO XI, Quas Primas, Encíclica, n. 12, 11 de diciembre de 1925; cf. Mateo 24:14

Es precisamente cuando «la tierra se llenará del conocimiento del Señor» [8], señaló el Papa San Piux X, que habrá en la historia el «descanso sabático» del que hablaron los Padres de la Iglesia: el «séptimo día» o «día del Señor».

¡Oh! cuando en cada ciudad y pueblo se observe fielmente la ley del Señor, cuando se muestre respeto por las cosas sagradas, cuando se frecuenten los sacramentos y se cumplan las ordenanzas de la vida cristiana, ciertamente no habrá más necesidad de que trabajemos más para ver todas las cosas restauradas en Cristo … ¿Y entonces? Entonces, por fin, quedará claro para todos que la Iglesia, tal como fue instituida por Cristo, debe disfrutar de plena y completa libertad e independencia de todo dominio extranjero. «Romperá las cabezas de sus enemigos», para que todos sepan «que Dios es el rey de toda la tierra», «para que los gentiles se sepan hombres». Todo esto, Venerables Hermanos, Creemos y esperamos con fe inquebrantable. —PAPA PÍO X, E Supremi, Encíclica «Sobre la restauración de todas las cosas», n.14, 6-7

So, la bendición predicha sin duda se refiere al tiempo de Su Reino… Aquellos que vieron a Juan, el discípulo del Señor, [nos dicen] que escucharon de él cómo el Señor enseñó y habló acerca de estos tiempos… —San Ireneo de Lyon, Padre de la Iglesia (140-202 d.C.); Adversus Haereses, Ireneo de Lyon, V.33.3.4, Los Padres de la Iglesia, EDITORIAL CIMA

Juan Pablo II nos recordó que esta tarea en la que «el evangelio del reino debe ser predicado en todo el mundo» [9] aún no ha alcanzado su cumplimiento:

La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está todavía muy lejos de completarse. A medida que el segundo milenio después de la venida de Cristo llega a su fin, una visión general de la raza humana muestra que esta misión aún está comenzando y que debemos comprometernos de todo corazón con su servicio. —PAPA JUAN PABLO II, Misión Redentor, n. 1

Por lo tanto, la «nueva era», la «era de la paz» o el «tercer milenio» del cristianismo, dice Juan Pablo II, no es una oportunidad «para entregarse a un nuevo milenarismo»…

jpiicross

… con la tentación de predecir cambios sustanciales en ella en la vida de la sociedad en su conjunto y de cada individual. La vida humana continuará, las personas continuarán aprendiendo sobre éxitos y fracasos, momentos de gloria y etapas de decadencia, y Cristo nuestro Señor siempre será, hasta el fin de los tiempos, la única fuente de salvación. —PAPA JUAN PABLO II, Conferencia Nacional de Obispos, 29 de enero de 1996; www.vatican.va

La Iglesia del tercer milenio, dijo, seguirá siendo una Iglesia «de la Eucaristía y la Penitencia». [10] de los sacramentos, que llevan la marca del orden temporal, y que seguirán siendo la «fuente y cumbre» de la vida cristiana hasta el final de la historia humana. [11]

Porque el Señor nos dijo que la Iglesia sufriría constantemente, de diferentes maneras, hasta el fin del mundo. —PAPA BENEDICTO XVI, Entrevista con periodistas en vuelo a Portugal, 11 de mayo de 2010

Y, sin embargo, la altura de santidad a la que la Iglesia llegará en los tiempos venideros será en sí misma un testimonio para todas las naciones:

… este evangelio del reino será predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:14)

Este fin, enseña el Evangelista, y como lo confirman los Padres de la Iglesia Primitiva, viene después de la «era de paz» al final del «séptimo día».

Cuando se completen los mil años, Satanás será liberado de su prisión. Él saldrá a engañar a las naciones en los cuatro rincones de la tierra, Gog y Magog, para reunirlos para la batalla … (Apocalipsis 20:7-8)

Un hombre entre nosotros llamado Juan, uno de los apóstoles de Cristo, recibió y predijo que los seguidores de Cristo morarían en Jerusalén durante mil años, y que después tendría lugar la resurrección y el juicio universales y, en resumen, eternos. —San Justino Mártir, Diálogo con Trifo, cap. 81, Los Padres de la Iglesia, herencia cristiana

El Juicio Final marca así el comienzo del «octavo» y eterno día de la Iglesia.

… cuando Su Hijo venga y destruya el tiempo del sin ley y juzgue a los impíos, y cambie el sol, la luna y las estrellas, entonces Él ciertamente descansará en el séptimo día… después de dar descanso a todas las cosas, haré el comienzo del octavo día, es decir, el comienzo de otro mundo. —Carta de Bernabé (70-79 d.C.), escrita por un Padre Apostólico del siglo II

EARTHrise

Y así, querido Santo Padre, está claro que la Iglesia, desde los primeros tiempos hasta los tiempos actuales, ha enseñado de una nueva era de paz venidera después de estos tiempos de dolor, «el tiempo del sin ley», que creemos que están cerca. De hecho, como vigilantes, nos sentimos obligados a anunciar, no sólo el amanecer, sino la advertencia de que la medianoche es lo primero y que, en palabras de Pío X, «puede haber ya en el mundo al «Hijo de Perdición» del que habla el Apóstol». [12] Como enseña el Magisterio, antes de la «primera resurrección», [13] como la llamó el evangelista, la Iglesia debe pasar por su propia Pasión…

… cuando ella seguirá a su Señor en su muerte y resurrección. CCC, n. 677

El «sin ley» no es la última palabra de nuestros tiempos. Una vez más, volviendo a la Sagrada Tradición:

Santo Tomás y San Juan Crisóstomo explican las palabras quem Dominus Jesus destruet illustratione adventus sui («a quien el Señor Jesús destruirá con el resplandor de su venida») en el sentido de que Cristo golpeará al Anticristo deslumbrándolo con un brillo que será como un presagio y señal de Su Segunda Venida … El punto de vista más autorizado, y el que parece estar más en armonía con la Sagrada Escritura, es que, después de la caída del Anticristo, la Iglesia Católica entrará una vez más en un período de prosperidad y triunfo. El fin del mundo presente y los misterios de la vida futura, P. Charles Arminjon (1824-1885), págs. 56-57; Prensa instituto Sophia

Finalmente será posible que nuestras muchas heridas sean sanadas y toda justicia brote de nuevo con la esperanza de una autoridad restaurada; que los esplendores de la paz se renueven, y las espadas y los brazos caigan de la mano y cuando todos los hombres reconozcan el imperio de Cristo y obedezcan voluntariamente Su palabra, y cada lengua confesará que el Señor Jesús está en la Gloria del Padre. —PAPA LEÓN XIII, Consagración al Sagrado Corazón, mayo de 1899

El bien será martirizado; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, y ella se convertirá, y se concederá al mundo un período de paz—Nuestra Señora de Fátima, El Mensaje de Fátima, www.vatican.va

EL DÍA DEL SEÑOR: MARÍA Y LOS MÍSTICOS

En esta «guardia nocturna», querido Santo Padre (que es de hecho una «tarea estupenda»), somos consolados y sostenidos por la luz de la Estrella de la Mañana, María Stella, la Santísima Virgen María que anuncia el amanecer y la venida del Día del Señor por la predilección de Dios.

Mario Luigi Cardenal Ciappi, teólogo papal de Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, escribió:

Sí, se prometió un milagro en Fátima, el milagro más grande en la historia del mundo, solo superado por la Resurrección. Y ese milagro será una era de paz que nunca antes se había concedido al mundo. —9 de octubre de 1994, Catecismo Familiar del Apostolado, p. 35

Como María es un espejo de la Iglesia y viceversa, vemos en ella, entonces, el mismo papel que Juan XXIII se inspiró a asumir, a saber, «preparar el camino del Señor»:

… el mensaje de Nuestra Señora de Fátima es maternal, también es fuerte y decisivo. Suena como Juan el Bautista hablando a orillas del Jordán. —PAPA JUAN PABLO II, Homilía, L’Osservatore Romano, Edición inglesa, 17 de mayo de 1982

Y el mensaje de Juan el Bautista fue:

Este es el tiempo de cumplimiento, y el reino de Dios está cerca; arrepiéntete y cree en el Evangelio. (Marcos 1:15)

El papel de la Madre de Dios en nuestros tiempos no es sólo anunciar el amanecer; ella misma está vestida con el amanecer, «el nuevo Día que es Cristo el Señor». [14]

Y un gran presagio apareció en el cielo, una mujer vestida con el sol … (Apocalipsis 12:1)

Ella nos invita a nosotros, sus hijos, a través de la consagración a ella, a ser a su vez revestidos con Jesús «la luz del mundo» para convertirnos en la «sal de la tierra». Así, dijo Juan Pablo II:

¡Seréis el amanecer de un nuevo día, si sois los portadores de la Vida, que es Cristo! —PAPA JUAN PABLO II, Discurso a los jóvenes de la Nunciatura Apostólica, Lima Perú, 15 de mayo de 1988; www.vatican.va

El Concilio Vaticano II invocó y acogió proféticamente al Espíritu Santo, para quien esta era mariana nos ha estado preparando, como si la Iglesia estuviera ahora reunida en el «cenáculo». A través del «fiat» de María y el poder del Espíritu Santo, Jesús entró en el mundo. Ahora, la «mujer vestida de sol» está preparando a la Iglesia para el regreso de Cristo formando en sus hijos la misma capacidad de dar su «fiat» para que, en esta última era, el Espíritu Santo pueda eclipsar a la Iglesia como en un «nuevo Pentecostés». Como vigilantes, podemos decir con alegría que las apariciones marianas y la invocación del Espíritu Santo están preparando a la Iglesia para el Día del Señor. La Parusía, por lo tanto, es precedida por una poderosa efusión de renovación.

Imploramos humildemente al Espíritu Santo, el Paráclito, que Él pueda «conceder gentilmente a la Iglesia los dones de unidad y paz», y que pueda renovar la faz de la tierra mediante un nuevo derramamiento de Su caridad para la salvación de todos. —PAPA BENEDICTO XV, Pacem Dei Munus Pulcherrimum, 23 de mayo de 1920

La venida del Espíritu Santo a través de María, la «Mediadora» [15] de gracia, facilita el fuego purificador que prepara a la Novia de Cristo para recibir a Jesús al final de los tiempos. Es decir, la Segunda Venida de Jesús comienza interiormente en la Iglesia (como Su primera venida comenzó en el vientre de María) hasta que Él viene en gloria en Su carne resucitada al final de la historia humana.

annunciation_albani

Ciertamente, la Anunciación es el momento culminante de la fe de María en su espera de Cristo, pero también es el punto de partida desde el que todo su «camino». hacia Dios» comienza. —PAPA JUAN PABLO II, Redemptoris Mater, n. 14; www.vatican.va

Así también, la «era de la paz» es un momento culminante en la fe de la Iglesia en su espera de Cristo, pero también es el punto de partida hacia la eterna Fiesta de bodas.

Que [María] continúe fortaleciendo nuestras oraciones con sus sufragios, para que, en medio de todo el estrés y los problemas de las naciones, esos prodigios divinos puedan ser felizmente revividos por el Espíritu Santo, que fueron predichos en las palabras de David: «Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra» (Sal. ciii., 30). —PAPA LEÓN XIII, Divinum Illud Munus, n. 14

Por lo tanto, no podemos dejar de escuchar a los hijos de María, a quienes Dios ha levantado en estos tiempos, a esos místicos que, en armonía con la Sagrada Tradición, preparan proféticamente a la Iglesia para esos «prodigios divinos»… voces como la Venerable Conchita Cabrera de Armida:

Ha llegado el momento de exaltar al Espíritu Santo en el mundo Deseo que esta última época sea consagrada de una manera muy especial a este Espíritu Santo… Es su turno, es su época, es el triunfo del amor en Mi Iglesia, en todo el universo—de las revelaciones a Conchita; Conchita: Diario espiritual de una madre, p. 195-196; P. Marie-Michel Philipon

Juan Pablo II definió este «triunfo del amor» en la Iglesia como un…

Santidad «nueva y divina» con la que el Espíritu Santo quiere enriquecer a los cristianos en los albores del tercer milenio, para hacer de Cristo el corazón del mundo. —PAPA JUAN PABLO II, L’Osservatore Romano, Edición inglesa, 9 de julio de 1997

El Catecismo de la Iglesia Católica arroja más luz sobre la naturaleza de esa «santidad»:

… en el «tiempo del fin» el Espíritu del Señor renovará los corazones de los hombres, grabando una nueva ley en ellos. Él reunirá y reconciliará a los pueblos dispersos y divididos; transformará la primera creación, y Dios morará allí con los hombres en paz. —Catecismo de la Iglesia Católica, n. 715

La «nueva ley» escrita en nuestros corazones en el Bautismo vendrá, dijo Juan Pablo II, de una manera «nueva y divina». Jesús y María revelaron a la Sierva de Dios Luisa Piccarreta que esta nueva santidad que venía en la Iglesia consistía en «vivir en la Divina Voluntad»:

l-b-ojo2

Ah, hija mía, la criatura siempre corre más hacia el mal. ¡Cuántas maquinaciones de ruina están preparando! Llegarán a agotarse en el mal. Pero mientras ellos se ocupan de seguir su camino, Yo me ocuparé de la finalización y el cumplimiento de Mi Fiat Voluntas Tua («Hágase tu voluntad») para que Mi Voluntad reine en la tierra, pero de una manera totalmente nueva. Ah sí, quiero ¡Confunde al hombre en el amor! Por lo tanto, esté atento. Quiero que estén Conmigo para preparar esta Era de Amor Celestial y Divino… —Jesús a la Sierva de Dios, Luisa Piccarreta, Manuscritos, 8 de febrero de 1921; extracto de El esplendor de la creación, reverendo Joseph Iannuzzi, p.80

Es la Santidad que aún no conozco, y que daré a conocer, la que colocará en su lugar el último adorno, el más hermoso y brillante entre todas las otras santidades, y será la corona y la finalización de todas las otras santidades. —Ibíd. 118

El «descanso sabático», por lo tanto, está intrínsecamente ligado a la «Voluntad Divina». A través del poder del Espíritu Santo, que Dios desea derramar sobre la Iglesia remanente, ella podrá vivir el fiat de María, en quien se hizo la voluntad del Padre «en la tierra como en el cielo«. Jesús vincula nuestro «descanso» con el «yugo» de la voluntad de Dios:

Venid a mí, todos los que trabajan y están cargados, y yo os daré descanso. Toma mi yugo sobre ti, y aprende de mí… (Mateo 11:28)

Del «descanso sabático», San Pablo señala que «los que antes recibían las buenas nuevas no entraban [en el resto] a causa de la desobediencia…»[16] Es nuestro «sí» a Dios, nuestra obediencia a la Divina Voluntad y vivir en un «nuevo modo» de santidad, que es la marca de la era venidera y que será el auténtico testimonio cristiano ante las naciones de la vida del Redentor.

Por Su obediencia Él trajo la redención. —Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 3

Así es como debemos entender las palabras de San Juan: «reinaron con Cristo durante mil años»[17] — no con Él en Su carne glorificada, sino con Él en Su obediencia.

El acto redentor de Cristo no restauró por sí mismo todas las cosas, simplemente hizo posible la obra de redención, comenzó nuestra redención. Así como todos los hombres comparten la desobediencia de Adán, así todos los hombres deben compartir la obediencia de Cristo a la voluntad del Padre. La redención será completa sólo cuando todos los hombres compartan su obediencia. —P. Walter Ciszek, He Leadeth Me, págs. 116-117

Y así, el «descanso sabático»…

… es como un camino por el que viajamos desde el primero hasta el último. En la primera, Cristo fue nuestra redención; en el último, aparecerá como nuestra vida; en este medio que viene, él es nuestro descanso y consuelo. …. En su primera venida, Nuestro Señor vino en nuestra carne y en nuestra debilidad; en esta venida media viene en espíritu y poder; en la venida final se le verá en gloria y majestad… —San Bernardo, Liturgia de las Horas, Vol I, p. 169

Este «descanso sabático», señala su predecesor inmediato, es el tono adecuado para comprender la renovación de la Iglesia anticipada por los Santos Padres:

Mientras que antes sólo se hablaba de una doble venida de Cristo, una vez en Belén y otra al final de los tiempos, San Bernardo de Claraval hablaba de un adventus medius, una venida intermedia, gracias a la cual renueva periódicamente su intervención en la historia. Creo que la distinción de Bernard da la nota justa. No podemos precisar cuándo terminará el mundo. Cristo mismo dice que nadie conoce la hora, ni siquiera el Hijo. Pero siempre debemos permanecer en la inminencia de su venida, por así decirlo, y debemos estar seguros, especialmente en medio de las tribulaciones, de que él está cerca. —PAPA BENEDICTO XVI, Luz del Mundo, p.182-183, Una conversación con Peter Seewald

PopeEra

Por lo tanto, querido Santo Padre, lejos incluso de una forma mitigada o modificada de milenarismo, el Día del Señor comienza con y es concomitante con la venida del Reino de Dios, el reino global de Jesús en los corazones de los fieles:

… todos los días en la oración del Padre Nuestro le pedimos al Señor: «Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:10). reconocemos que el «cielo» es donde se hace la voluntad de Dios, y que la «tierra» se convierte en «cielo», es decir, el lugar de la presencia del amor, de la bondad, de la verdad y de la belleza divina, sólo si en la tierra se hace la voluntad de Dios. —PAPA BENEDICTO XVI, Audiencia General, 1 de febrero de 2012, Ciudad del Vaticano

Jóvenes del nuevo milenio… ¡De esta manera descubrirás que sólo siguiendo la voluntad de Dios podemos ser la luz del mundo y la sal de la tierra! Esta realidad sublime y exigente sólo puede ser captada y vivida en un espíritu de oración constante. Este es el secreto, si hemos de entrar y morar en la voluntad de Dios. —PAPA JUAN PABLO II, A la Juventud de Roma, 21 de marzo de 2002; www.vatican.va

En un sentido corporativo, la teología mística de San Juan de la Cruz se vivirá en esta nueva era. El cuerpo de Cristo, pasando por las diversas etapas de iluminación y purgación a lo largo de los siglos, está a punto de entrar en un estado unitivo superior (el Don de Vivir en la Divina Voluntad) que prepara el camino para el regreso final de Jesús en Su carne glorificada.

Significativamente, en 2012, el teólogo reverendo Joseph L. Iannuzzi presentó la primera tesis doctoral sobre los escritos de Luisa a la Universidad Pontificia de Roma, y explicó teológicamente su coherencia con los Concilios de la Iglesia, así como con la teología patrística, escolástica y de recursos. Su disertación recibió los sellos de aprobación de la Universidad Vaticana, así como la aprobación eclesiástica. Parecería que esto también es un «signo de los tiempos», como Jesús le reveló a Luisa:

El tiempo en que se darán a conocer estos escritos es relativo y dependiente de la disposición de las almas que desean recibir un bien tan grande, así como del esfuerzo de aquellos que deben aplicarse en ser sus portadores de trompetas ofreciendo el sacrificio de anunciar en la nueva era de paz … —Jesús a Luisa, El don de vivir en la Divina Voluntad en los Escritos de Luisa Piccarreta, n. 1.11.6, Rev. Joseph Iannuzzi

¡ÉL VIENE!

FWSunrise

En conclusión, querido Santo Padre, queremos ser heraldos a toda la Iglesia del amanecer venidero, que es el «resplandor» de la venida de Jesús en poder y gloria. Es una venida que dispersará la oscuridad de estos siglos nuestros y marcará el comienzo de una nueva era… justo la forma en que las primeras rachas del amanecer terminan con los terrores de la noche antes de que el propio Sol ascienda el horizonte. Deseo gritar de nuevo: ¡Jesús viene! ¡Él viene! San Pablo escribió:

… entonces se revelará aquel malvado a quien el Señor Jesús matará con el espíritu (pneuma) de su boca; y destruirá con el resplandor de su venida… (2 Tesalonicenses 2:8; Douay Reims)

El jinete sobre el caballo blanco es precedido por el «Espíritu» a quien Jesús envía por «su boca» y que termina el reinado del Anticristo. Es el Triunfo del Inmaculado Corazón, el aplastamiento de la cabeza del dragón y el comienzo del reino del Reino de Dios en los corazones de Sus santos. Como Nuestro Señor reveló a Santa Margarita María:

Esta devoción [al Sagrado Corazón] fue el último esfuerzo de Su amor que Él concedería a los hombres en estas últimas edades, con el fin de retirarlos del imperio de Satanás, que Él deseaba destruir, y así introducirlos en la dulce libertad de la regla de Su amor, que Él deseaba restaurar en los corazones de todos aquellos que debían abrazar esta devoción. —Santa Margarita María, www.sacredheartdevotion.com

Así, con las apariciones de la Virgen María, el mensaje de la Divina Misericordia, el Concilio Vaticano II, la invocación de los jóvenes a la atalaya y los dramáticos e inquietantes «signos de los tiempos» que se desarrollan diariamente en nuestro mundo, de los cuales la «apostasía» es la más significativa, [18] repetimos de nuevo querido Santo Padre: Él viene.

Según el Señor, el tiempo presente es el tiempo del Espíritu y del testimonio, pero también un tiempo todavía marcado por la «angustia» y la prueba del mal que no perdona a la Iglesia y marca el comienzo de las luchas de los últimos días. Es un tiempo de espera y observación. —CCC, 672

Ya, «el resplandor de su venida» o «amanecer» se está elevando en los corazones de un remanente consagrado y preparado por Nuestra Señora. Por lo tanto, con ella, estamos observando y esperando la «prueba final» de esta era que marcará el comienzo del Día del Señor.

Ahora estamos frente a la mayor confrontación histórica por la que ha pasado la humanidad. No creo que amplios círculos de la sociedad estadounidense o amplios círculos de la comunidad cristiana se den cuenta de esto plenamente. Ahora estamos ante el enfrentamiento final entre la Iglesia y la anti-Iglesia, del Evangelio y del anti-Evangelio. Esta confrontación se encuentra dentro de los planes de la providencia divina. Es una prueba que toda la Iglesia… debe asumir. —Cardenal Karol Wojtyla (JUAN PABLO II), a t el Congreso Eucarístico, Filadelfia, PA; 13 de agosto de 1976

Gracias, querido Santo Padre, por vuestro auténtico testimonio, vuestro amor radiante a Jesús y vuestro «sí» para conducir la Barca de Pedro al tercer milenio. Su fidelidad a Jesús en estos tiempos de «apostasía» es y será también una «señal». Estos son días traicioneros, pero tiempos gloriosos. Como vigilantes, hemos tratado de responder también con nuestro «sí» al Santo Padre, nuestro sí a Roma y a la Iglesia. Continuamos observando y orando con ustedes en humilde servicio y obediencia a Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Tu Siervo en Cristo y María,

Mark Mallett
25 de abril de 2013
Fiesta de San Marcos Evangelista

¿REALMENTE VIENE JESÚS?

Un amigo conectado a la Iglesia clandestina en China me contó de este incidente no hace mucho:

Dos aldeanos de montaña descendieron a una ciudad china en busca de una líder femenina específica de la Iglesia subterránea allí. Este anciano esposo y esposa no eran cristianos. Pero en una visión, se les dio el nombre de una mujer que debían buscar y entregar un mensaje.

Cuando encontraron a esta mujer, la pareja dijo: «Un hombre barbudo se nos apareció en el cielo y dijo que íbamos a venir a decirles que ‘Jesús está regresando’.

Hay historias como esta que surgen de todo el mundo, a menudo provenientes de niños y los destinatarios más inesperados. Pero también viene de los papas.

En la Jornada Mundial de la Juventud en 2002, cuando Juan Pablo II nos llamó a los jóvenes a convertirnos en «vigilantes», dijo específicamente:

Queridos jóvenes, ¡os corresponde a vosotros ser los vigilantes de la mañana que anuncian la venida del sol que es Cristo resucitado! —PAPA JUAN PABLO II, Mensaje del Santo Padre a los jóvenes del mundo, XVII Jornada Mundial de la Juventud, n. 3; (cf. Is 21,11-12)

No consideró esto una adulación superficial, pero lo llamó una «tarea estupenda» que requeriría «una elección radical de fe y vida». [1]

Como todos sabemos, ciertas señales precederán al regreso de Jesús. Nuestro Señor mismo habló de guerras y rumores de guerras y una serie de desastres naturales o provocados por el hombre, desde hambrunas hasta plagas y terremotos. San Pablo dijo que vendrá una apostasía o rebelión en la que muchos tomarán el bien por el mal y el mal por el bien, en una palabra, anarquía, seguida de un anticristo.

Y por eso es extremadamente significativo que numerosos papas antes y después de Juan Pablo II, desde Pío IX de principios del siglo XVIII hasta nuestro actual pontífice, hayan descrito los tiempos que estamos viviendo en términos apocalípticos claros e inequívocos (ver ¿Por qué no gritan los papas?). Lo más notable son las referencias explícitas a la «apostasía», una palabra que solo aparece en 2 tesalonicenses, y que precede y acompaña a un anticristo.

eclipsesun

¿Quién puede dejar de ver que la sociedad está en el momento actual, más que en cualquier época pasada, sufriendo de una enfermedad terrible y profundamente arraigada que, desarrollándose cada día y comiendo su ser más íntimo, la está arrastrando a la destrucción? Ustedes entienden, Venerables Hermanos, lo que es esta enfermedad: la apostasía de Dios… puede haber ya en el mundo el «Hijo de Perdición» de quien habla el Apóstol. —PAPA SAN PÍO X, E Supremi, Encíclica sobre la restauración de todas las cosas en Cristo, n. 3, 5; 4 de octubre de 1903

En nuestros días este pecado se ha vuelto tan frecuente que parecen haber llegado esos tiempos oscuros que fueron predichos por San Pablo, en los que los hombres, cegados por el justo juicio de Dios, deben tomar la falsedad por la verdad, y deben creer en «el príncipe de este mundo», que es un mentiroso y el padre de él, como un maestro de la verdad: «Dios les enviará la operación del error, para creer mentir. (2 Tes. ii., 10). —PAPA PÍO XII, Divinum Illud Munus, n. 10

La apostasía, la pérdida de la fe, se está extendiendo por todo el mundo y en los niveles más altos dentro de la Iglesia. —Discurso sobre el sexagésimo aniversario de las apariciones de Fátima, 13 de octubre de 1977

En una alusión a la «bestia» en Apocalipsis, que gana el control de todas las transacciones monetarias y mata a aquellos que no participan en su sistema, el Papa Benedicto dijo:

Pensamos en los grandes poderes de la actualidad, en los intereses financieros anónimos que convierten a los hombres en esclavos, que ya no son cosas humanas, sino que son un poder anónimo al que sirven los hombres, por el cual los hombres son atormentados e incluso masacrados. Son un poder destructivo, un poder que amenaza al mundo. —BENEDICTO XVI, Reflexión tras la lectura del oficio para la Tercera Hora, Ciudad del Vaticano, 11 de octubre de
2010

Y en una interpretación moderna directa de «la marca de la bestia», Benedicto comentó:

numerado

El Apocalipsis habla del antagonista de Dios, la bestia. Este animal no tiene un nombre, sino un número … Las máquinas que se han construido imponen la misma ley. Según esta lógica, el hombre debe ser interpretado por una computadora y esto sólo es posible si se traduce en números. La bestia es un número y se transforma en números. Dios, sin embargo, tiene un nombre y llama por su nombre. Es una persona y busca a la persona. —Cardenal Ratzinger, (PAPA BENEDICTO XVI) Palermo, 15 de marzo de 2000

Como he citado a menudo, Juan Pablo II resumió todo lo anterior en 1976:

Ahora estamos frente a la mayor confrontación histórica que la humanidad haya experimentado jamás. Ahora estamos frente a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo. —Congreso Eucarístico, para la celebración del bicentenario de la firma de la Declaración de Independencia, Filadelfia, PA, 1976; algunas citas de este pasaje incluyen las palabras «Cristo y el anticristo» como se mencionó anteriormente. El diácono Keith Fournier, un asistente, lo informa como arriba; cf. Católica en línea

Ahora, a la mayoría de los católicos se les ha enseñado a creer que la batalla entre el anticristo y Jesús esencialmente marca el comienzo del fin del mundo. Y, sin embargo, otras declaraciones, no solo de los papas, sino también de la revelación privada «aprobada», sugieren algo en sentido contrario. Empecemos por los papas…

EL AMANECER DE LA ESPERANZA

Volvamos de nuevo a las palabras de Juan Pablo II al principio, donde llamó a los jóvenes a ser «vigilantes» para anunciar la «venida del sol que es Cristo resucitado». Hablando en otra reunión de jóvenes ese año, reiteró que íbamos a ser…

… vigilantes que proclaman al mundo un nuevo amanecer de esperanza, fraternidad y paz. —PAPA JUAN PABLO II, Discurso al Movimiento Juvenil Guanelli, 20 de abril de 2002, www.vatican.va

El cielo es el cumplimiento de la esperanza, no su amanecer, y entonces, ¿a qué se refiere Juan Pablo II? Previamente, anunciaba que el «enfrentamiento final» estaba cerca, y «la llegada de… Cristo resucitado». ¿Qué pasó con la parte del «fin del mundo» que siempre nos han dicho inmediatamente después del regreso de Jesús?

amanecer2

Volvamos de nuevo a Pío XII, otro Papa que ha profetizado el inminente regreso de Jesús. Escribió:

Pero incluso esta noche en el mundo muestra signos claros de un amanecer que llegará, de un nuevo día recibiendo el beso de un sol nuevo y más resplandeciente… Es necesaria una nueva resurrección de Jesús: una verdadera resurrección, que no admita más señoríos de la muerte… En los individuos, Cristo debe destruir la noche del pecado mortal con el amanecer de la gracia recuperado. En las familias, la noche de indiferencia y frescura debe dar paso al sol del amor. En las fábricas, en las ciudades, en las naciones, en las tierras de la incomprensión y el odio, la noche debe brillar como el día… y cesarán los conflictos y habrá paz. Ven Señor Jesús… Envía tu ángel, oh Señor y haz que nuestra noche crezca tan brillante como el día… ¡Cuántas almas anhelan la aceleración del día en que solo Tú vivirás y reinarás en sus corazones! Ven, Señor Jesús. Hay numerosas señales de que Tu regreso no está muy lejos. —POPE PIUX XII, discurso de Urbi et Orbi, 2 de marzo de 1957; vatican.va

Espera un momento. Él prevé que esta destrucción «de la noche del pecado mortal» dará paso a un nuevo día en fábricas, ciudades y naciones. Creo que podemos estar bastante seguros de que no hay fábricas en el Cielo. Así que de nuevo, aquí hay otro Papa que aplica esta venida de Jesús a un nuevo amanecer en la tierra, no al fin del mundo. ¿Podría la clave de sus palabras ser que Jesús vendrá a «reinar en sus corazones«?

Pío X, quien pensó que el anticristo ya podría estar en la tierra, escribió:

¡Oh! cuando en cada ciudad y pueblo se observe fielmente la ley del Señor, cuando se muestre respeto por las cosas sagradas, cuando se frecuenten los sacramentos y se cumplan las ordenanzas de la vida cristiana, ciertamente no habrá más necesidad de que trabajemos más para ver todas las cosas restauradas en Cristo … ¿Y entonces? Entonces, por fin, quedará claro para todos que la Iglesia, tal como fue instituida por Cristo, debe disfrutar de plena y completa libertad e independencia de todo dominio extranjero. Todo esto, Venerables Hermanos, Creemos y esperamos con fe inquebrantable. —PAPA PÍO X, E Supremi, Encíclica «Sobre la restauración de todas las cosas», n.14, 6-7

Bueno, esto también puede parecer al principio una extraña descripción del regreso de Jesús, que algunos escatólogos católicos insisten en que trae el fin del mundo y el Juicio Final. Pero la descripción anterior tampoco se refiere a esto. Porque el Catecismo enseña que los Sacramentos «pertenecen a esta era presente», no al Cielo. [2] Tampoco están sus «dominios extranjeros» en el Cielo. Así que, de nuevo, si Pío X creía que el anticristo estaba en la tierra, ¿cómo podría también profetizar en la misma encíclica una «restauración» del orden temporal?

Incluso nuestros dos pontífices más recientes están hablando, no del fin del mundo, sino de una «nueva era». El Papa Francisco, que ha advertido que la mundanidad de nuestro tiempo es la «apostasía», [3] ha comparado notablemente dos veces a nuestra generación con una novela sobre el anticristo, Señor del Mundo. Pero Francisco también dijo, en una alusión a la era de «paz y justicia» de la que habló el profeta Isaías…[4]

niñosolero2

… [la] peregrinación de todo el Pueblo de Dios; y por su luz, incluso los demás pueblos pueden caminar hacia el Reino de la justicia, hacia el Reino de la paz. ¡Qué gran día será, cuando las armas serán desmanteladas para ser transformadas en instrumentos de trabajo! ¡Y esto es posible! Apostamos a la esperanza, a la esperanza de la paz, y será posible. —PAPA FRANCISCO, Domingo Ángelus, 1 de diciembre de 2013; Agencia Católica de Noticias, 2 de diciembre de 2013

Una vez más, el Papa no se refiere al Cielo, sino a un tiempo temporal de paz. Como afirmó en otra parte:

La humanidad necesita justicia, paz, amor, y sólo la tendrá regresando con todo su corazón a Dios, que es la fuente. —PAPA FRANCISCO, en el Ángelus dominical, Roma, 22 de febrero de 2015; Zenit.org

Del mismo modo, el Papa Benedicto tampoco predice el final. En cambio, en la Jornada Mundial de la Juventud, dijo:

Empoderados por el Espíritu, y basándose en la rica visión de la fe, una nueva generación de cristianos está siendo llamada a ayudar a construir un mundo en el que el don de la vida de Dios sea bienvenido, respetado y apreciado. Una nueva era en la que la esperanza nos libera de la superficialidad, la apatía y el ensimismamiento que amortiguan nuestras almas y envenenan nuestras relaciones. Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva era… —PAPA BENEDICTO XVI, Homilía, Jornada Mundial de la Juventud, Sídney, Australia, 20 de julio de 2008

¿Ayudar a «construir un mundo»? ¿Está el Cielo todavía en construcción? Claro que no. Más bien, el Papa previó la reconstrucción de una humanidad rota:

La verdadera crisis apenas ha comenzado. Tendremos que contar con terribles trastornos. Pero estoy igualmente seguro de lo que quedará al final: no la Iglesia del culto político… sino la Iglesia de la fe. Es posible que ya no sea el poder social dominante en la medida en que lo era hasta hace poco; pero ella disfrutará de un florecimiento fresco y será vista como el hogar del hombre, donde encontrará vida y esperanza más allá de la muerte. —Cardenal Joseph Ratzinger (PAPA BENEDICTO XVI), Fe y Futuro, Ignatius Press, 2009

puente de la paz

Entonces, ¿cómo pueden los mismos papas que advierten de los signos del acercamiento del anticristo hablar al mismo tiempo de una renovación o «nueva primavera» en la Iglesia? El Papa Benedicto da una explicación basada en la enseñanza de San Bernardo de que hay «tres» venidas de Cristo. Bernardo habló de una «venida intermedia» de Jesús que es…

… como un camino por el que viajamos desde el primero hasta el último. En la primera, Cristo fue nuestra redención; en el último, aparecerá como nuestra vida; en este medio que viene, él es nuestro descanso y consuelo… En su primera venida, Nuestro Señor vino en nuestra carne y en nuestra debilidad; en esta venida media viene en espíritu y poder; en la venida final se le verá en gloria y majestad… —San Bernardo, Liturgia de las Horas, Vol I, p. 169

De hecho, los primeros Padres de la Iglesia y San Pablo hablaron de un «descanso sabático» para la Iglesia también. [5]

Mientras que antes sólo se hablaba de una doble venida de Cristo, una vez en Belén y otra al final de los tiempos, San Bernardo de Claraval hablaba de un adventus medius, una venida intermedia, gracias a la cual renueva periódicamente su intervención en la historia. Creo que la distinción de Bernard da la nota justa. —PAPA BENEDICTO XVI, Luz del Mundo, p.182-183, Una conversación con Peter Seewald

Esta «venida intermedia» se ilumina aún más en la palabra de Dios a la Iglesia, hablada a través de Sus profetas…

¡Jesús viene!

Quiero decirlo tan claro, fuerte y audazmente como sea posible: ¡Jesús viene! ¿Pensaste que el Papa Juan Pablo II estaba siendo poético cuando dijo:

Queridos jóvenes, ¡os corresponde a vosotros ser los vigilantes de la mañana que anuncian la venida del sol que es Cristo resucitado! —SAN JUAN PABLO II, Mensaje del Santo Padre a los jóvenes del mundo, XVII Jornada Mundial de la Juventud, n. 3; (cf. Is 21,11-12)

¡Sigue leyendo Jesús viene! por Mark Mallett en The Now Word.

Canonizaciones

La canonización es un proceso por el cual la Iglesia declara que una persona es santa.

Juan Pablo II ha elevado a la gloria de los altares a más de la mitad de los beatos y santos proclamados en toda la historia de la Iglesia. Beatificó a 1314 personas, en comparación con los 1201 durante todos los papados anteriores. Y canonizó a 269 personas.

Lo que movió al Papa Juan Pablo II a canonizar santos es el deseo de proponer a los cristianos de estos tiempos muchos y muy variados modelos de santidad. A una sociedad que prescinde de Dios en la práctica, le quiere mostrar que, a pesar de esa falta de correspondencia, Dios no deja de actuar en el mundo en beneficio de los hombres (cfr. Editorial, revista Romana julio-diciembre 2001 136).

El acto de canonización de un fiel cristiano tiene una importancia significativa para toda la Iglesia. El Santo Padre, en el ejercicio de su ministerio universal y de su magisterio infalible, prescrita la vida de un cristiano como fiel discípulo de Jesucristo, ejemplo valioso de santidad cristiana, digno de imitación y capaz de interceder por nosotros desde el Cielo.

Estos hombres y mujeres son propuestos para ser imitados, venerados e invocados. Todos ellos llevan a la perfección la vida cristiana, perfección a la cual todos estamos llamados (Mt 5, 48).

Originalmente eran aclamados a Vox populi (aclamación popular). Para evitar abusos, los obispos tomaron responsabilidad por la declaración de los santos en su diócesis.

En suma, los santos son maestros e intercesores. Nos ayudan a descubrir de forma renovada los tesoros que hay en el Evangelio, ya que hay muchos modos de encarnarlo.

La Iglesia tiene conciencia de estar en comunión con las generaciones que nos han precedido. Todos somos protagonistas de la historia. El destino de cada persona no termina con la muerte, sino que se prolonga en el más allá. La muerte interrumpe un modo de existir, pero seguimos existiendo después de ella. Quienes mueren continúan interesados en nuestra historia y vinculados a ella.

El profesor italiano, Carlo Cafarra, dijo en una conferencia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz: La pobreza estaba muy clara en el Evangelio, pero tuvo que venir San Francisco de Asís a enseñarla para que la entendiéramos; la santidad en medio del mundo estaba muy clara en el Evangelio, pero estaba olvidada. Tuvo que venir Monseñor Josemaría Escrivá a enseñarla y predicarla para que se entendiera (1988).

Para comprender lo que el Señor dice a la Iglesia a través de los santos es preciso tener clara una premisa: la santidad es plenitud de la caridad; todos los santos, cada uno a su modo, han alcanzado las cimas del amor.

Aborto y sentido común

Una mamá le dijo a su hija quinceañera:

-“¿Estás embarazada?, ¿por qué no abortas? … No te dañes la vida”.

Le contestó la quinceañera:

-“¿Usted se dañó la vida al tenerme? Si dice eso, no me ama”.

¿El aborto termina con el problema? Al contrario, es cuando empieza un problema mayor porque perjudica a la mujer: a) en el aspecto psicológico, ya que sufren de remordimientos y de culpa, sufren cambios repentinos del humor, depresión, llanto sin razón, estados de miedo y pesadillas. Al 52% de las mujeres encuestadas les molesta ver mujeres embarazadas. En el 70% surge con frecuencia la idea de imaginarse con su hijo si éste viviera. El 45% daría marcha atrás si pudiera. En el 51% de los casos la relación de pareja termina; b) daños físicos: probable esterilidad, alteraciones en el ritmo cardiaco y en la presión arterial, migraña, trastornos en el aparato digestivo, hemorragia, calambres en el vientre y posteriormente, probables abortos espontáneos.

El derecho al aborto implicaría que se da pena de muerte sin juicio a un ser indefenso. Los médicos saben el embrión es el paciente más pequeño del mundo.

A Teresa de Calcuta le preguntó un enfermo de sida:

─“Madre ¿por qué Dios no manda a quienes nos puedan curar”.

Ella contestó:

─“Dios ya los mandó pero no los dejaron nacer”.

Algunas personas dicen: “Corresponde a la mujer decidir si va a ser madre”, y parece justo; pero una vez concebido el hijo, la mujer ya no es libre de ser o no ser madre. De hecho es ya una madre. El feto está en la madre pero no es la madre. El vientre de la madre debe ser el hogar del bebé. Si la madre no quiere a su bebé tiene una alternativa honrosa: darlo en adopción. Hay muchos matrimonios que desean un hijo y le van a tratar bien y con amor.

“En el más remoto confín de la China vive un Mandarín inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para hacerle morir bastara con apretar un botón sin que nadie lo supiese… ¿Quién de nosotros no apretaría ese botón?”  J. J. Rousseau

Provocar un aborto es matar apretando un botón, a ciegas; ejecutar a un intruso con una firma. Las víctimas son niños virtuales exterminados sin saña, igual que se elimina un archivo de la computadora. Los niños invisibles, en realidad, no existen. Son seres sin rostro, sin gestos, sin parecido con nadie. Los niños invisibles, algunas veces tienen los ojos negros como el azabache, azules como el mar, o verdes como la esperanza. Pero hay que evitar que lo sepan sus madres. ¡Ah, si lo supieran!: aún sería posible la salvación. Sólo Dios los mira. Cuando los niños invisibles abren los ojos ven los ojos de Dios empañados de lágrimas.

Con frecuencia, el aborto no es solicitado por personas libres, sino por personas en crisis, emocionalmente trastornadas. Lo que necesitan es apoyo, comprensión y ayuda para pensar las cosas con serenidad. Si estas mujeres realizan el aborto, empeoran, pues el síndrome postaborto las pone en una situación deplorable.

Las mujeres que están a favor del aborto no están a favor de la mujer. En un estudio reciente financiado por el gobierno de Finlandia, confirmó que las mujeres que se someten a un aborto, corren cuatro veces más riesgo de morir que las que continúan su embarazo y dan a luz. La mujer que se siente amada no aborta.

El aborto y la eutanasia no son derechos humanos sino salirse por la puerta falsa, es buscar una solución “fácil” a un problema complejo humano, que daña a la mujer.

Cuando el gobierno se convierte en “dios” se echa a perder todo. Los políticos dicen estupideces porque no estudian. Un político ignorante es peor que un criminal porque aprueban leyes que permiten el crimen. La familia es la causa del bienestar social. En ella se nace, se vive y se muere como persona. La familia es el lugar privilegiado donde se da la persona humana; es esencia de la propia existencia.

Al despedirse de México, Juan Pablo II dijo con gran fuerza: “¡Que ningún mexicano se atreva a vulnerar el don precioso y sagrado de la vida humana en el vientre materno (…). Dios te bendiga, México, por los ejemplos de humanidad y de fe de tu gente, por los esfuerzos en defender a la familia y a la vida”.

¿Y si me embarazo?

Matriz caída o ya transparente, mujer de 39 años, esposo sin trabajo, dos cesáreas, tres hijos, estrés, depresión, irregularidad en los ciclos menstruales, deudas con el banco que ya no esperará y amenaza con quitarles la casa… y un largo etc. Estas sí son tragedias y no las de las telenovelas.

Estamos metidos, sin duda alguna, en uno de los temas más álgidos y de mayor interés en la vida de millones de personas, quienes, vinculadas por medio del matrimonio, se cuestionan sobre el uso de los medios de control natal artificiales cuando, por otra parte se oye decir que la Iglesia no los admite como recursos lícitos desde el punto de vista moral.

Pablo VI, calificando de intrínsecamente ilícito el acto contraceptivo, ha enseñado que esa norma no admite excepciones: ninguna circunstancia personal o social ha podido, puede o podrá hacer que tal acto sea bueno en sí mismo, porque el fin no justifica los medios. Pero tal postura no significa un abandono de la Iglesia a los esposos que enfrentan tan grave dilema, pues en otro momento de la encíclica deja bien claro: “La Iglesia, al mismo tiempo que enseña las exigencias imprescindibles de la ley divina, anuncia la salvación, y abre con los sacramentos, los caminos de la gracia, la cual hace del hombre una nueva criatura capaz de corresponder en el amor y en la verdadera libertad al designio de su Creador y Salvador”. Puesto que Dios no pide imposibles.

Convendrá pensar en este tema que, si Dios no existe, el hombre es dueño de su naturaleza, pero si sí…  entonces no. Es por esto que la Iglesia no tiene el poder de cambiar las normas morales, de igual forma que ninguna autoridad civil puede cambiar el curso del sol, ni hacer que las raíces crezcan hacia arriba y el tronco, las ramas, y las flores hacia abajo.

Juan Pablo II, confirmando las enseñanzas de la encíclica sobre el control natal, decía: “Por otra parte, los esposos pueden verse seriamente obstaculizados en su empeño por vivir correctamente el amor conyugal a causa de la mentalidad hedonista ambiental, de los “mass media”, de las ideologías y praxis contrarias al Evangelio. Y esto puede suceder también, con consecuencias graves y disgregadoras, cuando la doctrina enseña en la encíclica “Humanae vitae”  se pone en discusión -como a veces ha sucedido- por parte de algunos teólogos y pastores de almas. Efectivamente, esta actitud puede suscitar dudas sobre una enseñanza que para la Iglesia es cierta, oscureciendo, de este modo, la percepción de una verdad que no puede ser discutida. Tal actitud no es signo de “comprensión pastoral”, sino de incomprensión del verdadero bien de las personas. La verdad no puede tener como medida la opinión de la mayoría”.

Si leemos los cuatro Evangelios con sentido analítico, descubriremos que en la doctrina enseñada por Jesús no aparecen promesas de una vida fácil, cómoda, sino todo lo contrario; pues se caracteriza, de principio a fin, por sus fuertes exigencias, y por el enfrentamiento a los criterios mundanos que buscan la felicidad absoluta  al precio más bajo.

En otro punto, Pablo VI insiste: “afronten, pues, los esposos, los necesarios esfuerzos apoyados por la fe y la esperanza (…) invoquen con oración perseverante la ayuda divina… y si aun así, el pecado los sorprendiese, no se desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de Dios que se concede en el sacramento de la confesión”.

Alejandro Cortés González-Báez

Aborto y sentido común

Una mamá le dijo a su hija quinceañera:

-“¿Estás embarazada?, ¿por qué no abortas? … No te dañes la vida”.

Le contestó la quinceañera:

-“¿Usted se dañó la vida al tenerme? Si dice eso, no me ama”.

¿El aborto termina con el problema? Al contrario, es cuando empieza un problema mayor porque perjudica a la mujer: a) en el aspecto psicológico, ya que sufren de remordimientos y de culpa, sufren cambios repentinos del humor, depresión, llanto sin razón, estados de miedo y pesadillas. Al 52% de las mujeres encuestadas les molesta ver mujeres embarazadas. En el 70% surge con frecuencia la idea de imaginarse con su hijo si éste viviera. El 45% daría marcha atrás si pudiera. En el 51% de los casos la relación de pareja termina; b) daños físicos: probable esterilidad, alteraciones en el ritmo cardiaco y en la presión arterial, migraña, trastornos en el aparato digestivo, hemorragia, calambres en el vientre y posteriormente, probables abortos espontáneos.

El derecho al aborto implicaría que se da pena de muerte sin juicio a un ser indefenso. Los médicos saben el embrión es el paciente más pequeño del mundo.

A Teresa de Calcuta le preguntó un enfermo de sida:

─“Madre ¿por qué Dios no manda a quienes nos puedan curar”.

Ella contestó:

─“Dios ya los mandó pero no los dejaron nacer”.

Algunas personas dicen: “Corresponde a la mujer decidir si va a ser madre”, y parece justo; pero una vez concebido el hijo, la mujer ya no es libre de ser o no ser madre. De hecho es ya una madre. El feto está en la madre pero no es la madre. El vientre de la madre debe ser el hogar del bebé. Si la madre no quiere a su bebé tiene una alternativa honrosa: darlo en adopción. Hay muchos matrimonios que desean un hijo y le van a tratar bien y con amor.

“En el más remoto confín de la China vive un Mandarín inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para hacerle morir bastara con apretar un botón sin que nadie lo supiese… ¿quién de nosotros no apretaría ese botón?”  J. J. Rousseau

Provocar un aborto es matar apretando un botón, a ciegas; ejecutar a un intruso con una firma. Las víctimas son niños virtuales exterminados sin saña, igual que se elimina un archivo de la computadora. Los niños invisibles, en realidad, no existen. Son seres sin rostro, sin gestos, sin parecido con nadie. Los niños invisibles, algunas veces tienen los ojos negros como el azabache, azules como el mar, o verdes como la esperanza. Pero hay que evitar que lo sepan sus madres. ¡Ah, si lo supieran!: aún sería posible la salvación. Sólo Dios los mira. Cuando los niños invisibles abren los ojos ven los ojos de Dios empañados de lágrimas.

Con frecuencia, el aborto no es solicitado por personas libres, sino por personas en crisis, emocionalmente trastornadas. Lo que necesitan es apoyo, comprensión y ayuda para pensar las cosas con serenidad. Si estas mujeres realizan el aborto, empeoran, pues el síndrome postaborto las pone en una situación deplorable.

Las mujeres que están a favor del aborto no están a favor de la mujer. En un estudio reciente financiado por el gobierno de Finlandia, confirmó que las mujeres que se someten a un aborto, corren cuatro veces más riesgo de morir que las que continúan su embarazo y dan a luz. La mujer que se siente amada no aborta.

El aborto y la eutanasia no son derechos humanos sino salirse por la puerta falsa, es buscar una solución “fácil” a un problema complejo humano, que daña a la mujer.

Cuando el gobierno se convierte en “dios” se echa a perder todo. Los políticos dicen estupideces porque no estudian. Un político ignorante es peor que un criminal porque aprueban leyes que permiten el crimen. La familia es la causa del bienestar social. En ella se nace, se vive y se muere como persona. La familia es el lugar privilegiado donde se da la persona humana; es esencia de la propia existencia.

Al despedirse de México, Juan Pablo II dijo con gran fuerza: “¡Que ningún mexicano se atreva a vulnerar el don precioso y sagrado de la vida humana en el vientre materno (…). Dios te bendiga, México, por los ejemplos de humanidad y de fe de tu gente, por los esfuerzos en defender a la familia y a la vida”.

La Teología del Cuerpo selló su conversión y le llevó a descubrir

su vocación… ¡al sacerdocio!

Dean Spiller es un joven seminarista sudafricano de 32 años que estudia en Roma, concretamente en el Colegio Eclesiástico Sedes Sapientiae y en la Universidad de la Santa Cruz, gracias a una beca de CARF (Centro Académico Romano Fundación). 

Antes de sentir esta llamada a la vida religiosa, estudió Informática y Psicología. Y fue precisamente a través de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II donde experimentó una segunda conversión que le acabaría mostrando curiosamente el camino no hacía formar una familia sino a vivir una vida célibe como sacerdote. Este es su testimonio contado en primera persona:

Una conversión a través de la Teología del Cuerpo

«He tenido la experiencia de seguir muchos caminos diferentes en varias etapas de mi vida. Algunos eran mis propias decisiones pero otras veces, me dejaba llevar por las propuestas que otros me ofrecían. Si bien algunas de estas formas me brindaron felicidad momentánea, siempre me preguntaba: ¿Es este mi camino?, ¿es esto realmente lo más importante en la vida? Después de un tiempo de búsqueda, finalmente me di cuenta de que los caminos que me habían llevado a un cierto compromiso verdadero y duradero siempre habían resultado ser aquellos en los que Nuestro Señor me guio.

Una vez que me di cuenta de que realmente no podría lograr la verdadera felicidad sin Jesús, comencé a encomendar mis decisiones en la oración para que el guiará mis caminos. Al principio no fue fácil, arrastraba malos hábitos en mi vida. Poco a poco, con la ayuda de su gracia, algunos buenos amigos, dirección espiritual y los sacramentos, me volví más abierto al Señor.

Una familia católica

Mi hermana menor, Shannon, y yo fuimos educados en la fe católica. Nuestra posición económica era buena gracias al trabajo arduo de mis padres para brindarnos lo que necesitábamos. Su amor, compromiso y sacrificio además de mostrar interés sobre nuestras vidas, fueron características de mis padres que influyeron en mi historia vocacional.

La familia de mi padre (John) siempre ha sido católica, mientras que mi madre (Sharon), no lo era. Finalmente, mi madre se convirtió al catolicismo hace unos ocho años, para alegría y entusiasmo de todos nosotros. Mi madre, católica o no, siempre ha sido la persona más desinteresada que he conocido. Siempre hemos sido una familia muy unida.

Estilo de vida en mi juventud

Cuando era adolescente, frecuenté una escuela secundaria secular. Durante ese tiempo mi hermana y yo asistimos a clases de catecismo y nos confirmaron. Para ser honesto en esta etapa, mi nivel de interés en las clases normalmente se basaba en si la chica de nuestra clase que me gustaba estaría allí esa semana o no.

Asistí al grupo de jóvenes en nuestra parroquia en ocasiones, pero fue más un evento social para mí. Creo que en mi confirmación tuve un sincero deseo de seguir a Nuestro Señor, pero mi estilo de vida y amigos no facilitaban un ambiente para vivir una vida verdaderamente cristiana, por lo que durante muchos años tuve dos vidas: una de lunes a sábado y la otra el domingo.

Después de la secundaria estudié y completé una licenciatura en Informática y (curiosamente) psicología. Al finalizar la universidad, pasé dos años trabajando como consultor para una empresa asociada con Microsoft, una época en la que aprendí mucho sobre mí mismo y crecí mucho como persona en mis interacciones con los clientes, así como en la amistad con mis compañeros, que no siempre compartieron mis creencias.

También me di cuenta de que cuando a las personas les preocupa que sus computadoras no funcionen (o cualquier cosa que no entiendan), generalmente no son fáciles de manejar. Eso me enseñó mucho sobre paciencia y comprensión.

La Teología del Cuerpo de Juan Pablo II

Durante este tiempo, me había estado involucrando con un grupo en una parroquia cercana que estaba explorando y enseñando los escritos del Papa San Juan Pablo II sobre la persona humana, el amor y la sexualidad (a menudo denominada «Teología del Cuerpo»).

Nos reunimos todas las semanas durante casi 5 años, y pronto comenzamos a ejecutar programas para parroquias, grupos juveniles y escuelas secundarias (en lugar de programas de educación sexual que eran de tipo secular).

Después de haber encontrado un lugar donde podría ser yo mismo y compartir mis anhelos con otros jóvenes católicos, experimenté un profundo viaje de conversión a través de esta enseñanza y a través de la increíble comunidad recién formada.

No fue solo un momento espiritual como los que había experimentado antes en los retiros a los que había asistido (después de los cuales a menudo volvía rápidamente a mi antiguo estilo de vida). Con el compañerismo, el apoyo continuo y la gracia que recibí en los sacramentos, pude corregir muchos de los comportamientos que dañaban mis relaciones y, en última instancia, me impidieron tener una fe más profunda.

En esta etapa, me ofrecieron un trabajo en la escuela secundaria como administrador web, diseñador gráfico, maestro de religión, maestro de retiros y músico. El trabajo para mí parecía un paso hacia lo que era más capaz de hacer y acepté después de un corto tiempo de discernimiento. También seguí tocando música en mi parroquia en la Santa Misa todos los domingos.

Programas en parroquias y escuelas

Después de dos años, «The Foundation for the Person and the family» me ofreció un trabajo, una organización que nuestro grupo de Teología del Cuerpo había establecido para poner a disposición recursos a precios más asequibles en nuestro país. El trabajo con las escuelas y las parroquias había crecido hasta tal punto que se decidió que se necesitaba un empleado a tiempo completo para llevar la base adelante y después de considerarlo por un tiempo, acepté el trabajo.

Durante esos dos años logramos hacer muchas cosas: presentamos programas y charlas a miles de sudafricanos en escuelas, parroquias y retiros sobre los temas de Dios, el amor, la vida, el sexo y la sexualidad.

También organizamos una gira de conferencias de Christopher West (un experto en Teología del Cuerpo de los Estados Unidos) a nuestro país; instituyó y dirigió el primer retiro de curación para el aborto de Rachel’s Vineyard en el país y reunió a los católicos a través de nuestras muchas actividades de recaudación de fondos para la construcción de la comunidad y eventos sociales.

Este trabajo para mí fue realmente gratificante, así como increíblemente revelador para el entorno y las luchas que enfrentan los jóvenes de hoy. También pude experimentar de primera mano la gran sabiduría y el poder liberador de las enseñanzas de la Iglesia, especialmente cuando se trata de nuestros cuerpos y relaciones con los demás.

Mi vocación

Durante este tiempo, mi director espiritual sugirió que debería comenzar a orar sobre mi vocación. Este fue un momento difícil para mí. Me di cuenta de que durante muchos años había tenido tanto miedo de tener una vocación al sacerdocio o la vida religiosa que nunca me permití explorar esto.

Ahora, sin embargo, había llegado a un punto en el que podía ver el increíble poder y el valor del sacerdocio. Al vivir la castidad en la vida de soltero llegué a estar abierto a la idea de que podría ser un «bien» para mí, no solo para otras personas.

Mirando hacia atrás, ahora puedo ver que, sin saberlo, había creído en una de las mentiras que el mundo me había estado diciendo. Se dice que en muchas de las mentiras del demonio, a menudo se esconden medias verdades, y que así es como él nos hace estar de acuerdo con él o ceder a las tentaciones.

Es cierto que toda persona necesita intimidad. No podemos vivir sin intimidad; la persona humana es creada para el amor. La mentira que creí durante muchos años es que la intimidad solo se podía encontrar en las relaciones románticas (en la intimidad física y, en última instancia, en el sexo).

Pensé que para realmente cumplir esta exigencia, debía de tener una novia y casarme algún día. Sin embargo, mi vida como soltero me condujo a ver que, con la gracia de Dios, las verdaderas amistades pueden ser tan satisfactorias como cualquier otra relación, y sobre todo vivir la verdadera amistad con Jesús, la intimidad con él.

Una monja a la que escuché dar una charla dijo que la intimidad significa algo que suena como: «dentro de mí, ver», o sea ser conocida y amada en nuestros niveles más profundos, y conocer y amar profundamente a los demás. Podemos vivir sin sexo, pero no podemos vivir sin intimidad.

Quizás esto sea algo bastante obvio para mucha gente, pero para mí fue un punto de inflexión. Esta realización cambió mi vida. Comencé a ver la historia de mi viaje espiritual bajo una luz diferente. Todas las cosas que había intentado y fracasado, todas las noches que había pasado organizando reuniones juveniles o practicando música, todo tenía sentido para mí a la luz de este llamado y forma de vida.

«Arriesgar a Dios»

Después de un tiempo de oración y discernimiento y muchas conversaciones con algunos buenos sacerdotes, decidí aprovechar la oportunidad, para «arriesgar a Dios» como dicen, y hablar con mi obispo acerca de ser aceptado en la Arquidiócesis como seminarista.

Aunque fue una realidad difícil de aceptar para mis padres, me dieron su bendición. Si bien sabía que sería difícil para ellos, nunca dudé de que me apoyarían, tal es su amor y desinterés. Nuestro Obispo es un hombre bueno y orante, y el hecho de que me haya enviado a Roma para estudiar fue un momento increíble para mí, así como otra confirmación de que estaba haciendo esto con la bendición de Dios.

Antes de que me viniera a Roma, celebramos el nacimiento de la primera hija de mi hermana. Bromeamos diciendo que Nuestro Señor incluso envió a mi familia un reemplazo mientras estoy fuera (pero aún así me dio tiempo para conocerla y convertirme en su padrino).

Guardar la vista es guardar el corazón

Una mujer decía: Quiero ser siempre leal a mi marido y que él también lo sea conmigo. Y recordó un viejo consejo: Quien guarda la vista, guarda el corazón. Efectivamente, por los ojos entran las cosas deseables, sean convenientes o inconvenientes. Educar la mirada es una lucha importante, que influye en la calidad de nuestro mundo interior.

No podemos ver todo, mirar todo, no podemos oír todo. Lo que miramos influye en nuestro mundo interior. Aprender a mirar es también aprender a no mirar. Todo lo que penetra a nuestros sentidos, penetra en nuestra conciencia. La mirada limpia es importante porque, si no hay castidad y pureza no se da el amor.

La mirada no es solamente un acto físico; es una acción humana, que expresa las disposiciones del corazón. Hay miradas de amor y de indiferencia: miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, y miradas cegadas por el egoísmo.

En los siglos III, IV y V de nuestra era tenía un gran prestigio ser Padre del desierto. Una sentencia de los Padres del desierto era: «La guarda del corazón, el examen de sí mismo y el discernimiento, son las tres virtudes que guían al alma».

El corazón se guarda para el novio o la novia y para el futuro cónyuge, o bien para Dios. Guardar el corazón es, sobre todo, cultivar un amor tierno a Jesucristo.

La lucha tiene un frente dentro de nosotros mismos, el frente de las pasiones. Se trata de guardar el corazón de lo malo, pero no se trata de guardarlo por guardarlo. Podemos experimentar la rebelión del cuerpo, pero para eso están la inteligencia y la voluntad. Al tratar a Dios no prescindimos de los afectos del corazón; más aún, procuramos centrarlos en Él. Hay que procurar una oración cálida, huir de la frialdad de corazón y del sentimentalismo.

Salvador Canals dice: Guardar el corazón quiere decir conservarlo para Dios, vivir de modo que nuestro corazón sea su reino… Guardar el corazón quiere decir también amar con pureza y con pasión a quienes debamos amar, y excluir al mismo tiempo los celos, las envidias y las inquietudes, que son causas ciertas de desorden en el amar. Si imaginamos al corazón como un campo de batalla, podemos decir que esa ciencia enseña a vivir continuamente como los centinelas en las avanzadas.

Verdad es que el camino no es fácil, pero cuando el corazón ha alcanzado la purificación completa, Dios nuestro Señor, con su presencia y con su amor, ocupa el alma y todas sus potencias: memoria, inteligencia, voluntad. Y de este modo la pureza del corazón conduce al hombre a la unión con Dios.

En la escuela del corazón podemos aprender, en un instante, más cosas de cuantas nos puedan enseñar en un siglo los maestros de la tierra. Sin la guarda del corazón, por más que queramos empeñarnos, no llegaremos nunca a la santidad (Salvador Canals, Ascética meditada, Ediciones Rialp, 1962).

La gente suele decir que el amor es ciego. El ciego no es el amor sino el odio, que muchas veces no permite ver las grandes virtudes de los demás.

¿De qué les hablaría San Juan Pablo II a los franceses? Ellos presumen de ser fuertes en el amor. Pues de eso les habló en su viaje a Francia: Toda la historia de la humanidad es la historia de la necesidad de amar y de ser amados… El corazón es la apertura de todo el ser a la existencia de los demás, la capacidad de adivinarlos, de comprenderlos. Una sensibilidad así, auténtica y profunda, hace vulnerable. Por eso, algunos se sienten tentados a deshacerse de ella, encerrándose en sí mismos… Jóvenes de Francia: ¡Alzad más frecuentemente los ojos hacia Jesucristo! El es el Hombre que más ha amado, del modo más consciente, más voluntario, más gratuito… ¡Contemplad al Hombre-Dios, al hombre del corazón traspasado! ¡No tengáis miedo! “Jesús no vino a condenar el amor, sino a liberar el amor de sus equívocos y de sus falsificaciones. Fue él quien transformó el corazón de Zaqueo, de la Samaritana y quien realiza, hoy todavía, por todo el mundo, parecidas conversiones. Me imagino que esta noche, Cristo murmura a cada uno y a cada una de entre vosotros: “¡Dame, hijo mío, tu corazón!”. Yo lo purificaré, yo lo fortaleceré, yo lo orientaré hacia cuantos lo necesitan: tu propia familia, tu comunidad, tu ambiente social… El amor exige ser compartido”. Sin Dios el hombre pierde la clave de sí mismo, pierde la clave de su historia. Porque, desde la creación, lleva en sí la semejanza de Dios” (nn. 5 y 6).