María Goretti conquista el corazón de los fieles en Estados Unidos

Esta joven es hoy un ejemplo de virtud para una sociedad que ha perdido la noción de virtud

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Santa María Goretti (1890-1902) está de gira por Estados Unidos. Las reliquias de la pequeña María han concitado en la nación americana un fervor inusitado, inundando de fieles los templos en los que se veneran sus restos e inspirando a los fieles en una vida de santidad y pureza.

Es la primera ocasión que las reliquias de la santa visitan Estados Unidos y apenas la segunda ocasión que sus reliquias abandonan suelo italiano para ser veneradas por fieles de otras latitudes diferentes a su pueblo natal.

La pequeña de tan solo 11 años de edad, que fuera asesinada por un joven de 20 años de edad, Alessandro Serenelli, tras haberse defendido de ser violada, es hoy un ejemplo de virtud para una sociedad que ha perdido la noción de virtud.

El perdón que dio a su atacante y asesino (quien después de tener una visión de María en la cárcel, arrepentido, se convirtió en un franciscano laico) es, hoy por hoy un modelo de misericordia que enmarca el Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.

El encargado de las reliquias en Estados Unidos, el padre Carlos Martins, dijo a The Sunday Visitor que la visita “ha ido maravillosamente bien” y que se han tenido visitas masivas, con largas colas de gente que rebasan las iglesias donde se exponen y muchas veces llegan hasta las calles aledañas.

Los huesos de Santa María Goretti son reliquias de primer orden que están contenidos en una figura de cera de la talla original de la pequeñita a la hora de morir. La figura tanto como las reliquias, han sido colocadas en una caja de cristal con un relicario para su veneración.

La figura como los huesos no pueden ser tocadas por los fieles, pero sí lo puede ser el relicario, pero los rosarios y los objetos que lo se convierten, por sí mismos, en reliquias en tercer grado.

El viaje de Marietta visita 53 ciudades en 55 días. El padre Martins ha dicho: “Es extenuante, pero es un trabajo maravilloso”. La visita termina en la primera semana de noviembre con la veneración en la ciudad de Tulsa, Oklahoma. Y regresa a su Italia natal el 13 de noviembre.

El pudor perdido

mujeres-red_and_blue_dress_modern_lady_oilSi desnudarse fuera lo normal, la vergüenza sería antinatural, pero la vergüenza es un instinto de preservación de la intimidad, no un prejuicio adquirido.

La sociedad entera, antes tenía la percepción de que existía un límite. Ahora, la moda impone la falta de pudor. La novedad de nuestro actual contexto cultural es que nadie de avergüenza de llevar parte del cuerpo descubierto. La trasgresión ya no se considera la ruptura de un orden profundo, indispensable a nivel personal y social para conservar la propia fisonomía humana y evitar precipitarse en la animalidad. Al contrario, ahora se le ve como signo de intrepidez y rebeldía. Por otra parte, quien vive el pudor, es objeto de crítica e ironías.

Hay una secreta relación entre pudor y sexualidad ya que el pudor protege la intimidad del cuerpo. Hay que preguntarse si el pudor puede en verdad ser aniquilado.

“Una manifestación exagerada e indiscreta puede ocultar lo esencial. Lo advertimos cuando en determinadas circunstancias, un exceso de visibilidad acaba por hacer opaca a una persona o una situación” (Giuseppe Savagnone).

¿No sucede lo mismo con los sentimientos íntimos? Si se guardan en secreto o se confían a unos pocos, mantienen su significado. En cambio, revelados indiscretamente a cualquiera, se convierten en un objeto anónimo de curiosidad y de cotilleo.

Hay modos de exhibir la realidad humana que, en vez de revelar su sentido, acaban por banalizarla, y en consecuencia, por ocultar su verdad profunda. Sin misterio no hay revelación.

Justamente de esto nos defiende el pudor, porque es el temor a que, reducido a espectáculo, lo que hay de más íntimo y sagrado en nosotros se vuelva dramáticamente opaco, sea a los ojos de los demás o a los propios. En el pudor emerge la exigencia del ser humano de custodiar el misterio personal, contra las fuerzas que por todos lados tienden a vaciarlo.

El ser humano puede quedar desprotegido, a base de desproteger el pudor, en tres campos: el lenguaje, el vestido y la casa. A través de la palabra podemos dar a conocer nuestra intimidad al mejor amigo; a través del vestido cubrimos nuestra intimidad corporal de los ojos extraños. Cuando invitamos a una persona a nuestra casa, la invitamos de algún modo a nuestra intimidad.

Sólo esta capacidad de custodiarse hace posible el don de sí mismo. La pérdida del pudor lleva a ver a la persona como objeto.

Se ha hecho normal exhibir en la televisión vicisitudes personales, tragedias familiares o particularidades íntimas. No hay perversión, retorcimiento o vicio que no sea expuesto al público.

Cuando la moda desviste en vez de vestir, no es el cuerpo solamente un conjunto de células y tejidos orgánicos. En cada una de sus células y fibras, el cuerpo está empapado por el principio que lo hace humano.

La desnudez no es natural; en realidad, sólo los animales prescinden de vestidura, mientras que posiblemente no exista pueblo conocido, incluso en climas tropicales, que deje de cubrirse de algún modo. El cuerpo del varón y de la mujer es un misterio que pide ser custodiado y respetado. No hay mayor denigración de la mujer que reducirla a cuerpo.

El “impudor” se exhibe en la televisión, también en la morbosa presentación de escenas de violencia y sexo. Es el gran escaparate de la corporeidad desnudada y envilecida. Lo más terrible no es el intento que se ha llevado a cabo con varios programas, sino la reacción del público que se ha acostumbrado a ello. La imagen humana ha perdido toda referencia a su modelo; es decir, ya no parece imagen de Dios.

Esta imagen divina es la que, en definitiva, el pudor tiene como fin custodiar. Lejos de ser el último tabú de una mentalidad superada, el pudor es el signo indeleble de la altura, la amplitud y la profundidad que todo ser humano lleva consigo.

El pudor, ¿para qué sirve?

Actualizado 13 mayo 2014

Por su interés traigo al Blog un buen, y oportuno, artículo de  Eli Bengoetxea publicado en Sontushijos.org.  Creo que es muy necesario que hablemos del tema para evitar que las calles, y no digamos las playas y piscinas, se conviertan en “escaparates de carnicería”. Ya sé que no está de moda hablar del tema, pero me duele que infinidad de jovencitas estén adoptando ciertas modas que desdicen de su categoría como mujeres. Esta condición va mucho más allá de optar por un atractivo fácil que menoscaba su delicadeza. 

Existe en nuestro interior una zona inviolable, un espacio de intimidad que de forma natural tendemos a defender, y nos molesta si alguien la invade sin nuestro consentimiento. Así el pudor establece un límite entre lo que puede ser mostrado y lo que deseamos que permanezca protegido. El pudor también ordena las miradas y los gestos en conformidad con la relación de las personas. Es evidente que no mostramos el mismo grado de intimidad física con un desconocido que con un familiar cercano y muy querido. Tampoco comunicamos nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos a cualquiera, los reservamos para aquellas personas con las que tenemos más confianza.

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El pudor es un sentimiento universal, se da en todas las culturas aunque a veces se manifiesta de manera distinta en cada una de ellas.

Por respetar el espacio de intimidad uno toca la puerta antes de entrar, no abrimos los cajones de un despacho ajeno sin antes pedir permiso, no abrimos cartas o mails de otras personas, no entramos al baño cuando hay una persona dentro, no nos desvestimos delante de nuestro tío que ha venido de visita, ni delante de un profesor. Hay conversaciones telefónicas que nos sentimos incómodas si nos están escuchando, posturas que según dónde estemos o con quién no las adoptamos, no nos gusta que mientras hablan con nosotros no nos miren a los ojos, y nos incomodaría si en lugar de mirarnos a los ojos nos estuvieran mirando el escote o el trasero.

Por eso, la forma de vestir debe ayudar a que la mirada se centre en nosotras, no en una parte de nuestro cuerpo porque lo mostramos o resaltamos excesivo. La provocación siempre busca la mirada del otro, aunque sea para mostrar rechazo.

¿Qué busca una chica con un escote excesivo, una transparencia total, o con la ropa excesivamente ajustada en las zonas más sensuales del cuerpo? Muchas veces sin ser muy consciente de ello, mendiga una mirada. Una mirada que se dirige a su cuerpo, teniendo al menos la falsa ilusión de que a través de su cuerpo, le pueda alcanzar a ella.

Ofrecer a las miradas ajenas las partes íntimas del cuerpo implica dejarse poseer y vender a bajo precio lo que una o uno tiene de más peculiar, propio y personal. Protegerse pudorosamente de miradas extrañas no indica ñoñería, aceptación de tabúes… significa que evitas que lo más genuino e íntimo de la persona sea rebajado de rango y convertido en algo erótico.

El pudor nos protege y nos hace libres de miradas y situaciones incómodas. No consiste tanto en ocultar una parte de nuestra superficie corpórea cuanto en salvaguardarnos del uso irrespetuoso, manipulador, posesivo, de nuestra persona.

Toca pues a cada una y cada uno decidir, también por cómo vestimos, dónde queremos que los demás fijen su mirada… A eso dedican mucho tiempo y dinero, las empresas de moda. El pudor es un buen aliado que nos ayuda a acertar… si queremos.

 

Iba a ser Julieta en el papel de su vida,

Para Maria Luce, de 18 años, el «pudor» es importante

Iba a ser Julieta en el papel de su vida, pero debía mostrarse semidesnuda ante Romeo: renunció

Actualizado 28 octubre 2013

C.L. / ReL

María Luce Gamboni.
María Luce Gamboni.

El pasado 2 de octubre se estrenó en la Arena de Verona el musical Romeo & Julieta: ama y cambia el mundo, que llegó al Gran Teatro de Roma el día 17. Es una producción de la RAI, la cadena pública italiana de televisión, y está considerado el musical del año, destinado además a su emisión en directo y en prime time.

Con música de Giuliano Peparini y bajo la dirección de Gérard Presgurvic, la obra lleva seis millones de discos vendidos en el mundo y ha sido vista ya por dos millones de espectadores en una gira por veinte países. Se trata de una superproducción de David Zard que suma 45 artistas (30 de ellos bailarines), 35 técnicos, 22 personas de producción, un equipo internacional de intérpretes y más de 250 trajes.

Una Julieta de primer nivel
Un auténtico caramelo, pues, para cualquier mujer destinada a ser la protagonista del espectáculo, inspirado en la célebre tragedia de William Shakespeare. Y la elegida había sido Maria Luce Gamboni, una bellísima joven de 18 años que tiene además una voz prodigiosa.

Estudia el último año en el Liceo Clasico Mamiani de Pesaro (Italia), y séptimo curso de piano en el Conservatorio Rossini. En 2004 participó en el Zecchino de Oro, un certamen internacional de canciones para niños, y en 2008, con 13 años, participó en el programa de la RAI Ti lascio una canzione [Te dejo una canción].

Cuando le comunicaron que había pasado la prueba para ser Julieta, supo que era la oportunidad de su vida. Firmó el contrato y se trasladó a Roma, aun sabiendo que perdería un año de conservatorio. Pero…

La escena de la discordia

Ya cuando estaba metida en harina preparando el espectáculo, un día el director le dijo que en el segundo acto, en la escena de la noche de bodas, debía mostrarse semidesnuda, con un camisón transparente, antes de entregarse a Romeo. Su contrato no decía nada de eso, y Maria Luce, con personalidad, lo hizo notar. El director dejó pasar la queja, quizá esperando que el paso del tiempo mermaría su voluntad, y durante dos meses la joven continuó los ensayos de diez horas al día.

Pero una semana antes del estreno, la cuestión se planteó como una exigencia: o Maria Luce hacía la escena tal como estaba prevista, o no haría el espectáculo. Y Maria Luce dijo que no. Anuló la reserva que había hecho en un hotel de Verona, y se volvió a casa, con su familia.

Por pudor
Y escribió una carta a sus sorprendidos compañeros de clase, para responder en una única a sus continuas demandas de explicaciones: «Me sentí como un objeto en manos de quien quería utilizarme a mí y a mi feminidad para su propio éxito. He fracasado en el sentido de que no obtuve aquello que quería, pero he triunfado ante mí misma porque he preferido mi pudor antes que el dinero o que mis mismos sueños«, recoge L´Avvenire. Y anima a todos «a no ceder nunca en los compromisos con la vida, a saber renunciar si se comprende que una cosa no es buena para uno mismo, aunque eso signifique perder la oportunidad«.

La responsable de promoción del musical, Giulia Riccardi, explicó a los medios que lamentaban la pérdida de la joven: «Tiene una bellísima voz y una personalidad que deslumbra, pero hemos comprendido su decisión. Ha abandonado una producción que habría podido llevarla a una exposición importante y quizá ha demostrado más valor así del que hacía falta para subirse al escenario en transparencia».

«Muy creyente»
El pudor de Maria Luce no es sólo el rechazo natural a exponer su intimidad. También es una cuestión de su fe y sus convicciones. Así lo explicó a Leggo: «Soy muy creyente y por tanto tengo muchísimo respeto por el cuerpo de la mujer, y no me gusta como es utilizado en la sociedad actual. Muchas mujeres se dejan manipular porque es el único camino hacia el éxito, pero eso me parece insoportable y me opongo a ello».

Deja claro que no pretende «juzgar a nadie» ni «dar lecciones», pero sí ofrecer un testimonio de coherencia: «Tengo valores que me imponen límites y quiero que esos límites sean respetados».

No se arrepiente de lo que ha hecho: «Profesionalmente era una oportunidad única que probablemente no me sucederá más, pero no podía actuar de otra forma». Y al llegar a Pesaro se encontró con unos padres «orgullosos» de ella, y con la conciencia tranquila: «Por la noche, ya en casa, lloré de felicidad porque hice lo que creí que debía hacer«.

 

Cómo ser virgen a los 30

La venezolana Vivian Sleiman

Una candidata a Miss Venezuela escribe cómo ser virgen a los 30, y se convierte en best-seller

Actualizado 7 enero 2012

Juan Antonio Ruiz LC/ReL

Vivian Sleiman es una joven venezolana de origen libanés, que ha convertido en bestseller el relato de su vida. Una historia que tiene como título un reto que, a primera vista, parecía llamado al fracaso: Virgen a los treinta. Y, sin embargo, sus libros son preferidos por las adolescentes de su país mucho más que al mismísimo Harry Potter. ¿Cuál es el secreto de su éxito?

Ante todo, conviene subrayar que Vivian no es fea. Alta y espigada (mide 1,79 metros), de piel blanca y cabello negro, se presentó al concurso de Miss Venezuela en el 2001, teniendo como talla los famosos 90-60-90. Era favorita… pero no ganó. ¿La razón? Se retiró cuando uno de los sujetos del jurado quiso llevársela a la cama como condición para alzarse con la corona.

En un artículo aparecido en el diario español ABC -en donde también aparece la dramática historia de su familia- Vivian reveló que tardó sólo cuatro meses en escribir su libro: «Escribirlo fue para mí una catarsis». Y es que su sencillo relato lo presenta desde el palco de quien quiere «preservar la virginidad hasta encontrar el amor verdadero».

Y no es que Vivian no sienta nada. Para los suspicaces, aclara: «Si no me he entregado a ningún hombre, no es porque sea frígida, ni tampoco porque no sea capaz de sentir; no, soy una mujer apasionada, con la hormonas siempre a flor de piel, que siente con mucha intensidad (a veces creo que el doble) las cosas normales del día a día». 

Sólo que tomó la decisión de permanecer virgen, no por obligación, sino por convicción, hasta que llegue el momento: «Nunca me planteé llegar así a los treinta, pero son vicisitudes que suceden en la vida. Yo me he preguntado mucho si, en pleno siglo XXI, el mundo está equivocado o yo estoy equivocada. Como mujer me he sentido frustrada en muchas ocasiones. Hoy día me siento fortalecida, me siento bien, no me siento ni mejor ni peor que otras, simplemente soy yo, Vivian Sleiman».

Su testimonio es un oasis en medio de una Venezuela líder en embarazos prematuros, un país donde es frecuente que las niñas de doce y catorce años hayan perdido la virginidad, o donde las muchachas venden en internet su primera vez por miles de dólares. 

De hecho, Vivian está dispuesta a dar charlas en los colegios y escuelas para sensibilizar y educar a las adolescentes sobre su experiencia virginal.

El matrimonio en tiempos de impureza

Actualizado 28 agosto 2010

Guillermo Urbizu

El matrimonio está sufriendo una campaña tremenda de trivialización y chanza. Todo vale. Se boicotea el buen gusto, el sentido común y el derecho. Y el matrimonio queda reducido al sexo y a los caprichos de turno. No existe pudor alguno en exhibir la pornografía, la infidelidad o la masturbación -entre otras cosas- como el colmo de la relación de pareja. Lo más íntimo se degrada a conciencia, y la raíz contractual y sagrada del matrimonio queda reducida a la caricatura de un vulgar kamasutra.

Estamos en la dictadura del placer, del hedonismo más brutal y despiadado. La fornicación como destino y cotilleo, como paraíso y mito. Y se nos presenta de mil modos la impureza como natural condición del hombre. Porque es lo moderno, y la desinhibición nos hará libres. ¡Cuánta pamplina y negocio! ¡Cuánta infernal amargura! ¡Cuánto interés en desterrar a Dios de las almas! Señores míos, vivimos entre los escombros de una sociedad enemiga del compromiso conyugal, de la lealtad, de la generosidad del amor en la procreación de nuevas vidas.

El acoso al matrimonio -no a las coyundas eventuales- viene de largo. Las políticas gubernamentales en familia y educación son cada vez más permisivas con lo raro (por decirlo suavemente) e insustancial. Si hay votos por detrás y de paso se puede meter un par de dedos -o el puño entero- en algún ojo de la Iglesia, pues adelante. Está muy bien visto. ¡Qué carcajadas a costa de los católicos y de nuestras creencias! Es para partirse de la risa.

Pero nos estamos jugando la felicidad. Todos. Creyentes y no creyentes. Y el futuro de nuestra sociedad. Y la paz de las familias y de nuestra patria y de otros países. Ya se está viendo. Por el camino del escándalo y de llamar matrimonio a lo que no lo es, lo único que se consigue es ir difuminando el verdadero amor entre un hombre y una mujer en un calculada ambigüedad donde primará el egoísmo, llegando muy pronto a la ruptura, y quizá a la violencia.

El amor conyugal nace de un pensar en el otro, de un enamoramiento que logra que nuestra felicidad pase por la felicidad de la otra persona. El amor conyugal es la intimidad más depurada, buscando siempre el bien y la virtud del cónyuge. Sin embargo, el olvido de Dios ha conseguido que el amor sea el más perfecto reflejo de nuestra sociedad escéptica y lasciva. El amor matrimonial cuando deja de ser la promesa de una vida en plenitud de confianza y pureza, pierde su identidad más propia, pierde su alegría y su belleza.

Los matrimonios cristianos, ante la avalancha de improperios mediáticos, mentiras supuestamente “éticas”, manipulación lingüística y dislates legislativos, debemos reaccionar con santidad. Pero conscientes de que la santidad es posible y que por eso mismo no se amilana y deprime. Debemos creer en el amor. Entonces -aunque no lo digan- no serán pocos los que nos miren con envidia. Porque verán la felicidad en nuestros ojos y la coherencia en nuestros actos.

Raquel Welch arremete contra la «liberación» sexual

LA EX «SEX SYMBOL» DEFIENDE EL COMPROMISO Y LA FIDELIDAD

Actualizado 27 mayo 2010

Rosa Cuervas-Mons/Alba

De la actriz Raquel Welch (Chicago, 1940) nadie espera un discurso moralista o anticuado. Quizá por eso un artículo suyo publicado recientemente en la web de la CNN con el título «It’s sex o’clock in America» ha causado tanta sorpresa.

Y es que la que fue símbolo sexual de los 60 y 70 no se arruga al defender valores e instituciones tan poco hollywoodienses como el compromiso, la lealtad y el matrimonio.

«Desde que Margaret Sander abrió en 1916 la primera clínica de planificación familiar nada ha vuelto a ser lo mismo. La enorme proliferación de los métodos anticonceptivos ha tenido un efecto brutal en hombres y mujeres y ha conducido a un gran cambio en los valores morales», dice la actriz y modelo, famosa por sus apariciones en portadas de revistas norteamericanas.

Sus hijos, una bendición

«Como yo he vivido la sexualidad femenina durante este periodo revolucionario, sé cómo ha afectado a América, para bien o para mal», añade.

Y, a su juicio, la píldora anticonceptiva y la «supuesta liberación sexual» están cerca de destrozar la sociedad americana. Dice la actriz que, si bien antes empezar a tomar la píldora era una decisión drástica y muy meditada, hoy es el pan nuestro de cada día en las mujeres americanas.

«Un significativo efecto de la píldora en la actitud sexual femenina fue: “Ahora podemos tener sexo cuando queramos sin consecuencias. ¡Bien, divirtámonos!”. Y parece que ya nadie es capaz de rechazar el sexo o de comprometerse con una persona», lamenta Welch.

Lejos de considerarse un modelo a seguir, la actriz norteamericana se avergüenza de haberse casado cuatro veces, pero reconoce que, si «hubiera tenido una actitud diferente hacia el sexo, la concepción y la responsabilidad», su vida habría sido muy diferente; en concreto, sin los dos hijos que son, para ella, «una constante bendición».

«Me quedé embarazada por primera vez a los 19 años y, aunque estaba casada con el padre del bebé, no me sentía preparada para ser madre. Tendría que apartar mis ambiciones laborales, pero la decisión no era sólo mía. Aunque siempre había querido tener hijos con Jim [Welch], no estaba muy segura de cómo iba a reaccionar él, porque éramos dos recién casados de 19 años luchando por sus metas». Pero Jim Welch fue determinante: quería tener a su hijo. «Siempre lo amaré por cómo reaccionó en ese momento de nuestras vidas», recuerda la actriz.

«¡Vamos, chicas!»

Aunque su matrimonio sólo duró seis años, Jim y Raquel tuvieron dos hijos que les unen de por vida. «Ser consciente de eso asusta, porque, pase lo que pase, estarás unida a esa persona de alguna manera, eso es innegable», reconoce la actriz, que considera el matrimonio como «el pilar de la civilización, una institución esencial que estabiliza la sociedad, se convierte en un santuario para el crecimiento de los niños y aparta de la anarquía a los adultos».

Por eso lamenta que la «liberación sexual» haya eliminado la prudencia y el discernimiento a la hora de elegir pareja sexual. «Antes eso equivalía a elegir pareja para la vida, ya que podía ser el padre de tus hijos. Ahora -sin compromisos- la confianza y la lealtad en las parejas de edad fértil se han perdido y eso, irremediablemente, conduce a la infidelidad».

16 preguntas y respuestas sobre la masturbación


Las preguntas y respuestas se refieren a esta cuestión en general. Para casos particulares, sugiero la lectura del documento Persona Humana; del apartado “Masturbación” dentro del capítulo “ Psicopatología de la sexualidad” de Medicina Pastoral, Eunsa (páginas 307-310), del texto completo de Teología Moral y del apartado correspondiente del libro del religioso José Noriega, El destino del Eros .


  • Se han utilizado las diversas fuentes:
    • Documento Persona humana.
    • Apartado “masturbación” del capítulo “Jesús y los problemas de la vida sexual”, del libro de Mons. André Leonard, obispo de Namur (Bélgica) publicado por MC, Madrid 1994: La Moral sexual explicada a los jóvenes.
    • Algunos párrafos –adaptados- del apartado “Autoerotismo” del libro Educación de la sexualidad de José Antonio López Ortega, Eunsa.
    • Adaptación de algunos textos de Consideraciones pastorales, de M. A. Monge, en Medicina Pastoral, Eunsa, 2002.
    • Adaptación del apartado “masturbación” de Teología Moral de Aurelio Fernández, Burgos 1996.
    • Adaptación de Compendio de la Moral Católica de Jean Marie Aubert, Edicep, 1987.

Estas preguntas y respuestas se dirigen fundamentalmente a los jóvenes cristianos que se esfuerzan por vivir la virtud de la Pureza y deben explicar a sus amigos, en un contexto pagano, este aspecto de la virtud de la castidad.

  • En los libros y documentos que se han citan se encuentran muchos más matices y consideraciones, que los confesores tienen habitualmente en cuenta.

Documento Persona humana:

9. C. Malicia intrínseca de la masturbación

Con frecuencia se pone hoy en duda, o se niega expresamente, la doctrina tradicional según la cual la masturbación constituye un grave desorden moral.

Se dice que la psicología y la sociología demuestran que se trata de un fenómeno normal de la evolución de la sexualidad, sobre todo en los jóvenes, y que no se da falta real y grave sino en la medida en que el sujeto ceda deliberadamente a una autosatisfacción cerrada en sí misma (ipsación); entonces sí que el acto es radicalmente contrario a la unión amorosa entre personas de sexo diferente, siendo tal unión, a juicio de algunos, el objetivo principal del uso de la facultad sexual.

Tal opinión contradice la doctrina y la práctica pastoral de la Iglesia Católica.

Sea lo que fuere de ciertos argumentos de orden biológico o filosófico de que se sirvieron a veces los teólogos, tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado.

La razón principal es que el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice esencialmente a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine. Le falta, en efecto, la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero.

A esta relación regular se le debe reservar toda actuación deliberada de la sexualidad.

Aunque no se puede asegurar que la Sagrada Escritura reprueba este pecado bajo una denominación particular del mismo, la tradición de la Iglesia ha entendido, con justo motivo, que está condenado en el Nuevo Testamento cuando en él se habla de «impureza», de «lascivia» o de otros vicios contrarios a la castidad y a la continencia.

Las encuestas sociológicas pueden indicar la frecuencia de este desorden según los lugares, la población o las circunstancias que tomen en consideración. Pero entonces se constatan hechos. Y los hechos no constituyen un criterio que permita juzgar del valor moral de los actos humanos.

La frecuencia del fenómeno en cuestión ha de ponerse indudablemente en relación con la debilidad innata del hombre a consecuencia del pecado original; pero también con el olvido del pudor, custodio de la castidad.

La psicología moderna ofrece diversos datos válidos y útiles en el tema de la masturbación para formular un juicio equitativo sobre la responsabilidad moral y para orientar la acción pastoral.

Ayuda a ver cómo la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse más allá de ella, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta, atenuando el carácter deliberado del acto, y hacer que no haya siempre falta subjetivamente grave.

Sin embargo, no se puede presumir como regla general la ausencia de responsabilidad grave. Eso sería desconocer la capacidad moral de las personas.

En el ministerio pastoral deberá tomarse en cuenta, en orden a formar un juicio adecuado en los casos concretos, el comportamiento de las personas en su totalidad; no sólo en cuanto a la práctica de la caridad y de la justicia, sino también en cuanto al cuidado en observar el precepto particular de la castidad.

Se deberá considerar en concreto si se emplean los medios necesarios, naturales y sobrenaturales, que la ascética cristiana recomienda en su experiencia constante para dominar las pasiones y para hacer progresar la virtud.

  • ¿Qué se entiende por masturbación?

  • Darse a sí mismo el placer sexual, en solitario, por excitación voluntaria de las partes genitales.


En el autoerotismo, la sexualidad aparece como la posibilidad de un placer, de una descarga tension-distensión que restablece un equilibrio en la persona: se estructura así la percepción subjetiva del impulso sexual como una necesidad coactiva y cíclica.Tal percepción, y el uso que de ella se hace en la masturbación, carece de un elemento directa y realmente personal, que, al máximo, puede ser simplemente figurado en la propia fantasía: esto es, la finalización del impulso sexual no encauza a una salida de si mismo para dirigirse a otra persona, sino a simular la causa neurofisiológica que produce la descarga de tensión con una estimulación genital.
Pero una acción así no puede hacer referencia a una motivación de sentido último, a la realidad de una excelencia de plenitud: está vacía de realidad verdaderamente humana, de una reciprocidad en la que el hombre puede encontarr verdadera compañía.Por ello, se trata de una acción que, independientemente de la últerior intencionalidad subjetiva que tenga el sujeto y de su responsabildad, no ordena a la persona a una plenitud de vida, sino que la cierra en su soledad.Actuando así, se desvirtúa el sentido humano de la sexualidad, considerando el cuerpo como objeto de placer y no como sujeto de amor, que en su mismo dinamismo corporal está refiriendo a la búsqueda de una comunión».

José Noriega, El destino del eros, 85

  • ¿Cómo la juzga la Iglesia?

  • Enseña que es siempre objetivamente una grave ofensa a Dios.
  • La Congregación para la Doctrina de la Fe, en su Declaración Persona Humana, nº 9 explica la razón principal por la que la considera una ofensa grave: porque
    • “el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice esencialmente su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”.
    • Y señala que le falta “la relación sexual requerida por el orden moral, aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero”.
    • Y no sólo es el Magisterio de la Iglesia. Se ha pronunciado así el sentido moral de los fieles y de personas de tantas culturas a lo largo de los siglos. Por eso la Iglesia enseña:“Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”. Declaración Persona Humana, nº 9.

  • ¿Por qué la Iglesia la reprueba?
  • Porque la Iglesia quiere preservar el verdadero amor:

    • Porque es un acto fuertemente egoísta, que no está al servicio del amor, ni de la vida. Implica un erotismo narcisista.
    • Porque contradice el sentido cristiano de la sexualidad, vivida como alianza de amor.
    • Porque choca frontalmente contra la interrelación hombre-mujer, que es lo que define el sexo.
    • Porque utiliza la facultad sexual de un modo que va en contra de su finalidad natural.
    • Porque sobrevalora el goce sexual independientemente del amor.
    • Porque en este caso el ejercicio de la vida sexual no es fruto del encuentro amoroso entre el hombre y la mujer, sino que cada uno se cierra en sí mismo, sin relación al otro.
    • Y porque en ella el sujeto se repliega sobre sí mismo, en un disfrute egoísta de sí.

  • En conclusión, la Iglesia considera que el único lugar donde debe practicarse la sexualidad es en el matrimonio: sólo en él la sexualidad es legítima y realiza su finalidad.

  • Pero esta valoración no sirve para los no cristianos…
  • Sirve para todos los hombres, ya que esta valoración no depende de la fe religiosa, sino de una verdad natural.

  • Pues muchos no le dan ninguna importancia.
  • Sí; pero no es bueno banalizar el problema, como si masturbarse fuese algo tan inocente como rascarse la naríz.

    • Hay dos actitudes:Una que no le da importancia a la masturbación, porque considera la relación hombre-mujer, casi de modo exclusivo, como una fuente pasional y egoísta de placer. Se acaba justificando cualquier modo de ejercicio sexual.Una actitud que integra la sexualidad en la concepción global de la persona, en el amor.
  • Entonces, ¿el cristianismo está en contra del placer?
  • No; y dejando claro que esta reprobación no es algo específico dell cristianismo, conviene recordar que el cristianismo acepta y ensalza el sentido satisfactorio del ejercicio sexual, cuando se realiza respetando su verdadero fin: el encuentro en el amor entre un hombre y una mujer, que se entregan mutuamente.
  • Es decir: la masturbación es un acto de egoísmo.
  • Todo esto debe valorarlo el confesor. Hay situaciones en las que intervienen otros factores:
    • falta de una educación adecuada desde la infancia.
    • influencia negativa por parte de otras personas, etc.
    • Habitualmente suele ser síntoma de otros problemas más profundos.
  • ¿Cómo cuales?
  • Cada persona es distinta, pero hay algunas causas que se dan con cierta frecuencia:

      • En ocasiones, procede de conflictos internos diversos.
      • Otras veces son fruto de una visión egótica de la sexualidad, que no ha superado el nivel genital.
      • O puede ser consecuencia de una inmadurez afectiva, de fracasos personales, de situaciones propias no aceptadas, de una huída de la realidad, etc.
      • Esos problemas pueden haber provocado una tensión sexual que el sujeto busca superar recurriendo a ese comportamiento, que le conduce muy pronto al vacío y al disgusto.

  • Hay algunos jóvenes que la consideran conveniente y positiva

  • No hay que olvidar que el demonio es “mentiroso y padre de la mentira” y que seduce a muchos jóvenes –también cristianos- sugiriéndoles que la masturbación no es un pecado: ¡incluso que es algo bueno!
    • Evidentemente, no es el pecado más grave que se pueda cometer: es mucho más grave cometer un asesinato; pero eso no debe hacer olvidar su gravedad; porque, cuando se convierte en un hábito (es decir, en una costumbre muy arraigada, muy frecuente), acaba por esclavizar a la persona, a la que acostumbra a una sexualidad egoísta, asfixiando en ella la vida espiritual.
    • Recuerda Leonard que «las culpas sexuales no son sin duda las más graves, puesto que el pecado por excelencia es el pecado de orgullo y el rechazo del amor.Pero el pecado de impureza es, sin embargo, quizá el más neurálgico, aquel cuyas consecuencias son más perturbadoras, porque alcanza al hombre o a la mujer en su propio cuerpo, es decir en ese nudo de nuestra condición propiamente humana, a la vez espiritual y carnal, que es nuestro cuerpo.»
    • Además, cuando se convierte la masturbación se convierte en hábito acaba disminuyendo la libertad y enturbiando los sentimientos, generando una gran falta de dominio de sí; y si no se supera a tiempo, tiende a prolongarse cuando una persona ha contraido matrimonio.

  • ¿ Qué postura debe adoptar un joven cristiano?
  • Un joven que quiera vivir rectamente -y en concreto, un joven cristiano- debe tener el coraje de enfrentarse a las falsedades.
  • La experiencia muestra, como escribe Leonard, que «el desorden sexual estropea el corazón humano, ahoga la vida espiritual, embota el gusto de las cosas de Dios y paraliza a la persona en su capacida de relación con el Señor y con los otros, replegándose sobre sí misma.La impureza es un lodazal del cuerpo y del corazón. Es una perversión del cuerpo y del corazón, de ña que sólo te podrá librar un amor mñas grande».
  • No faltan quienes dicen: si uno no se masturba, acabará liberando de todas formas el exceso de esperma por medio de una polución nocturna. ¿Qué más da, entonces, hacer lo que la naturaleza va a hacer de todos modos?
  • A los que argumentan con estos y parecidos argumentos hay que mostrarles que no siempre es bueno usar la libertad para hacer lo que la biología realiza de forma casi mecánica y espontánea.Una polución nocturna inconsciente no lleva a ningún repliegue egoísta sobre uno mismo; y no tiene alcance moral; mientras que la masturbación voluntaria, con las imágenes obscenas que la suelen acompañar, es un gesto egoísta que oscurece el alma y turba el corazón.En consecuencia, la inmoralidad de la masturbación no nace de la pérdida de semen humano, dado que la naturaleza es muy pródiga en este aspecto. La inmoralidad proviene del vano uso del sexo que obstaculiza la integración de la sexualidad en la unidad de la persona.

  • Algunos preguntan dónde se condena en el Nuevo Testamento.
  • La Iglesia enseña sobre este pecado que “la tradición de la Iglesia ha entendido, con justo motivo, que está condenado en el Nuevo Testamento, cuando en él se habla de “impureza”, de “lascivia” o de otros vicios contrarios a la castidad y a la continencia”. (Persona humana, 8)

  • Otros dicen que es un fenómeno normal.
  • No conviene confundir frecuencia con normalidad. «Es un desorden serio -recuerda Leonard- que contradice gravemente el sentido humano y cristiano de la sexualidad y del amor».
  • Si por normal se entiende lo que se da mucho desde el punto de vista estadístico, estamos de acuerdo. Pero la injusticia y la pobreza se dan mucho en nuestro mundo, y nadie las considera como un bien.
  • Conviene recordar que el cuerpo está hecho para el Señor, que es nuestra norma. Somos libres en Cristo, pero el que se entrega a la impureza deja de ser libre y acaba esclavizado por sus instintos.
  • ¿Qué influye en ella?
  • Muchos factores. Influye, sobre todo, la debilidad producida por el pecado original y el olvido del pudor por parte de la sociedad actual, como fruto de una cultura fuertemente erotizada.

  • ¿Causa enfermedades físicas o psíquicas?

  • En sí, no causa especiales enfermades físicas ni psíquicas (otra cuestión es todo lo que pueda depender del temperamento y la propensión anímica y psicológica de cada sujeto), pero –tratándose de un fenómeno de inmadurez— no puede decirse que sea sólo un simple desahogo psicológico.

  • ¿Cómo la supera un cristiano, especialmente cuando se ha convertido en hábito?

  • Poniendo los medios sobrenaturales y humanos que recomienda la Iglesia:

    • Pidiéndole a Dios, con fe y perseverancia, la virtud de la pureza con humildad.
    • Recurriendo a la oración frecuente, a la Eucaristía y a la intercesión de la Virgen. Leonard: «Esperarlo todo de la Eucaristía: ¡Cuerpo de Cristo, sálvame! Que este sea también tu grito en las horas de la tenación o del pecado».
    • Acudiendo a la Virgen Inmaculada.
    • Acudiendo todas las veces que sean necesarias al Sacramento de la Reconciliación. Es fundamental el recurso frecuente a este sacramento, confiando en la misericordia del Señor, sin desanimarse: Leonard: confesarte regularmente es «dar a tu Dios la oportunidad de amarte tal como eres, de perdonarte tus faltas, y de curar las heridas de tu corazón y de tu cuerpo».
    • Cultivando la sinceridad, que lleva no sólo a decir la verdad, sino toda la verdad de nuestra vida, yendo a las raíces, reconociéndote pecador ante tu Señor, sin dejarte descorazonar por tu fargilidad, pues el amor de Dios es mñás grabde que nuestro pecado. Cristo es el Cordero de Dios que lava los pecados del mundo.
    • Abriéndose a los demás, con generosidad, saliendo de uno mismo.
    • Ejercitando el dominio de sí mismo en cosas lícitas; para fortalecerse en el dominio de si mismo en las ilícitas.
    • Esforzándose por dominar la curiosidad y la dispersión mental.
    • Evitando con fortaleza y perseverancia las ocasiones de pecar: determinada publicidad, determinados periódicos, libros, revistas, etc; determinados programas de televisión; determinadas páginas web y uso del ordenador; determinados juegos en la play-station o en el móvil, canciones, etc.; determinadas situaciones, en determinados sitios y a determinadas horas, etc.
    • Esforzándose en vivir la sobriedad, especialmente en la comida y en la bebida, en sus diversos aspectos.
    • Haciendo obras de misericordia.
    • Aprovechando el tiempo, con un trabajo esforzado y diligente.
    • Cultivando el orden, sin caer en el desorden de trabajos y actividades agotadoras y frenéticas que producen grandes cansancios.
    • Poniendo esfuerzo por adquirir una afectividad generosa y madura.
    • Rechazando las tentaciones de susceptibilidad, enfado, tristeza y pesimismo; de queja interior; de vuelta obsesiva sobre los propios problemas.
    • Ocupándose en actividades ilusionantes, y cultivando ideales humanos nobles, culturales, espirituales, artísticos, etc.
    • Haciendo deporte y esfuerzo físico.

¿Cómo liberarse?
Además de los medios espirituales, de la ayuda de los Sacramentos, etc, Leonard recomienda:La masturbación consiste en un repliegue sobre sí mismo. Contribuirás a liberarte desarrollando en tu vida los comportamientos que te descentran de ti mismo y te abren a Dios, al mundo, a los demás, a tus tareas.Todo lo que estimula el sentido del trabajo, del compromiso y de la relación, te ayudará mucho.

Además, una vida equilibrada en la que no se duerme ni demasiado ni muy poco, en la que se deja un justo puesto al descanso y al deporte, te dispensará de recurrir a la excitación sexual a título de desahogo o de sonmífero.

En cuanto a las debilidades pasajeras, a las complicidades oscuras con las excitaciones espontáneas que puedes experimentar, sobre todo en periodos de fatiga o de angustia, deberás confiarlas a la misericordia del Señor.

  • Todo esto se integra en la unidad de la persona. Por esa razón, conviene poner todos los medios y al mismo tiempo: tanto los naturales como los sobrenaturales.


Noriega ofrece a los padres y educadores estas reflexiones:
«Conviene estar atentos a las situaciones que llevan al autoerotismo: la tristeza, el fracaso, la soledad, la dificultad de relacionarse con los demás y afrontar los retos de la vida.La tristeza suele ser ocasión de impureza, ya que la persona busca salir de ella y encientra un sucedáneo fácil y complaciente en una experiencia vacía en la que se enroca para evitar enfrentarse con la realidad. No en vano el autoerotismo suele configurarse como una experiencia compensatoria.El proceso de la tentación suele desencadenarse a partir de un corto circuito representativo y simbólico, que dificulta a la razón práctica el gobernar su propio dinamismo corporal, obsesionándose con la satisfacción sexual, hasta el punto de desencadenarse un proceso compulsivo.

En ocasiones puede ayudar el desenmascarar ese corto circuito representativo y hacer ver la inconsistencia de la necesidad con la que se presenta.

Cuando se ha hecho hábito en la persona, es preciso enseñar a luchar de dorma muy indirecta: por un lado, fomentando aquellas actividades en las que la persona pueda encontrar una satisfacción noble y humana, amistades sinceras que le permitán salir de sí misma y descubrir en ello el gozo de amar a los demás y serles útiles.

Por otro, ofrecer elementos narrativos indirectos, como pueden ser determinadas lecturas, películas, obras de arte que le ayuden a recomponer la imagen simbólica de la sexualidad a través de la mediación de la afectividad.

José Noriega, El destino del eros, 86

  • ¿Y en los casos en los que una persona tenga fuerte inmadurez, es tan grave?
  • Son los confesores los que deben dar una valoración moral a cada caso.
  • La Iglesia enseña en el documento “Persona humana” que la psicología “ofrece diversos datos válidos y útiles en el tema de la masturbación para formular un juicio equitativo sobre la responsabilidad moral y para orientar la acción pastoral. Ayuda a ver cómo la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse más allá de ella, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta atenuando el carácter deliberado del acto y hacer que no siempre haya falta subjetivamente grave.
  • Sin embargo –concluye el Magisterio– no se puede presumir como regla general, la ausencia de responsabilidad grave. Eso sería desconocer la capacidad moral de las personas”.
  • En ese mismo sentido dice el Catecismo: “Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral” (2352).
  • Por esta razón conviene acudir al confesor, que dará los consejos oportunos en cada caso, aconsejando al penitente los medios para vencer, tras considerar el comportamemiento de cada persona en su totalidad, y ver si vive los medios naturales y sobrenaturales recomendados por la experiencia ascética cristiana para superar las tentaciones.

J.M.C.