DOS RAZONES PARA VER «UNPLANNED»

Ante el estreno digital en español de Unplanned (el biopic sobre Abby Johnson que se ha convertido en la más importante película provida de la historia) Marcel García recuerda que no solo vale la pena verla para concienciarse de lo que es el aborto -lo sepamos ya o no-, sino que el apoyo a este tipo de producciones es fundamental para librar la batalla cultural, la realmente decisiva. Pincha aquí para ver la película ahora.

EDUCAR EN LA ACEPTACIÓN DEL FRACASO

En educación es muy importante educar a los niños en la aceptación del fracaso, porque en la vida no todo es éxito. Todos nos podemos equivocar, lo importante es reconocer que nos hemos equivocado. Una estudiante se puede equivocar al tener relaciones sexuales con el novio, sin estar preparada para afrontar  una responsabilidad, pero en este mundo todo tiene solución. Puede prepararse para la segunda virginidad, y, si queda embarazada, tiene la opción de dar ese bebé en adopción. De otro modo queda herida y vulnerable para toda la vida, si no pone los medios para curarse. No todo está perdido. Sin embargo, una mujer puede cometer un segundo error: acudir al aborto. Lo que sería funesto es que este error se diera a nivel nacional. ¿Por qué? Porque la gente confunde lo legal con lo ético, y, lo peor que puede pasar es no distinguir entre el bien y el mal. Hay una malicia moral en todo aborto provocado, es gravemente contrario a la ley natural. Hay un derecho inalienable de todo ser humano inocente a la vida. Si quieren que seamos menos, que se fomente la fidelidad matrimonial y la abstinencia en los adolescentes.

«Ella fue una respuesta a mis oraciones»

Testimonio sobre Barrett, la juez de Trump para el Supremo

Amy Coney Barrett, este sábado en la Casa Blanca, aceptando la nominación tras ser presentada por Donald Trump, quien destacó su condición de heredera intelectual del juez Antonin Scalia.

Confirmando los pronósticos y lo que el propio presidente había dado a entender, Donald Trump anunció este sábado que propone a la juez Amy Coney Barrett, de 48 años, como magistrada del Tribunal Supremo en sustitución de Ruth Bader Ginsburg, fallecida el 18 de septiembre. 

El nombramiento deberá ser confirmado por el Senado, donde el jefe de la mayoría republicana, Mitch McConnell, se ha asegurado la mayoría suficiente para hacerlo. Si finalmente la designación se aprueba, la más alta corte estadounidense, llamada a interpretar la Constitución, constará de una sólida mayoría de 6 a 3 de jueces nombrados por presidentes republicanos, tres por Trump, todos ellos firmemente provida.

La elección de Barrett es una promesa cumplida por el actual inquilino de la Casa Blanca, quien tanto en 2016 como ha recordado a los electores que con la presidencia también está en juego la capacidad de definir durante decenios la orientación del Tribunal Supremo, dado que los cargos son vitalicios.

Amy Conney Barrett es católica y madre de siete hijos, dos de ellos adoptados. Está vinculada a un grupo carismático, donde su padre ejerce como diácono permanente. Mantiene una sólida posición provida y como jurista forma parte de la corriente originalista, como el juez Antonin Scalia (1936-2016), con quien trabajó. Defiende que la Constitución debe ser interpretada según la voluntad de quienes la hicieron, y que cambiarla, si es preciso, corresponde al poder legislativo, y no a los jueces. La interpretación contraria, que convierte a los jueces de facto en legisladores e intérpretes de la voluntad popular sin haber sido elegidos, es la que ha permitido en las últimas décadas amparar constitucionalmente el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo frente a las leyes estatales contrarias. [Pincha aquí para leer en ReL un completo perfil de la juez Barrett.]

La juez Barrett fue atacada por su fe por los senadores demócratas en 2017, durante las audiencias para su confirmación como juez federal. «El dogma vive fuertemente en usted. Y esto es algo preocupante», llegó a decirle la senadora Dianne Feinstein.

A las insinuaciones anticatólicas de Feinstein en 2017, la juez Barrett responde con contundencia que siempre ha sentenciado aplicando la ley: «Si se diera el caso de que tuviese una objeción de conciencia a la ley, recusaría, nunca impondría mis convicciones personales sobre la ley».

Y es probable que esos ataques se intensifiquen ahora, en plena campaña para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Eso sí, ni los medios más opuestos a su nombramiento pueden encontrar nada en su reconocido currículum académico y jurisprudencial que permita cuestionar su idoneidad.

También salen a la luz testimonios relevantes sobre su personalidad. Como el de Laura Wolk, la primera mujer ciega que trabajó como asistente en el Tribunal Supremo, coincidiendo precisamente con Barrett en el despacho de Scalia. 

Wolk ha relatado su experiencia en First Things, unas palabras que reproducimos porque definen el comportamiento personal de la virtual nueva juez del Tribunal Supremo.

Laura Wolk se licenció como abogada en la Universidad de Notre Dame.

Lo que aprendí de Amy Coney Barrett

A lo largo de la pasada semana se han publicado numerosos artículos sobre diversos aspectos del carácter de Amy Coney Barrett: la idoneidad de su designación como juez, su inteligencia como profesora y su desacomplejado compromiso con la fe católica. Pero mucho antes de considerar cualquiera de esas cualidades, yo pensaba en la juez Barrett simplemente como una respuesta a mis oraciones.

Llegué a la Universidad de Notre Dame en 2013. Como cualquier nuevo estudiante de Derecho, en mi cabeza se arremolinaban esperanzas, pensamientos, sueños y temores. Pero, a diferencia de muchos otros estudiantes, como persona completamente ciega yo necesitaba además asegurarme de que podía acceder sin ayuda de nadie a los instrumentos y las tecnologías necesarios para conseguir mis objetivos.

Lamentablemente, las cosas tuvieron un comienzo accidentado. La tecnología adaptada adquirida por la universidad, que tendría que haberme permitido competir en igualdad de condiciones con mis compañeros con visión, no llegó a tiempo. Acto seguido, en cumplimiento de la Ley de Murphy, mi ordenador portátil se estropeó, dejándome de la noche a la mañana sin forma de acceder a mis textos, tomar notas o seguir el ritmo de las clases. Necesitaba ayuda, y la necesitaba rápidamente.

Para esa ayuda me dirigí a la entonces profesora Barrett. Aunque solo la conocía desde hacía dos semanas, confiaba en que esa mujer preparada y capaz no se desentendería de mis preocupaciones y me aconsejaría sobre cómo dirigirme a la universidad para conseguir lo antes posible la tecnología adaptada que necesitaba.

Pero ella no solamente me ayudó a colocar mejor la carga sobre mis hombros: me la descargó y la asumió ella misma. Nunca olvidaré el momento en el que me miró al otro lado de la mesa de su despacho y, con tanta serenidad como naturalidad, me dijo: “Laura, éste ya no es un problema tuyo. Es mío”.

Para muchos, esto puede parecer un gesto insignificante. Después de todo, ¿qué trabajo podía suponer para un profesor de Derecho enviar unos correos electrónicos y hacer algunas llamadas? Pero, como persona discapacitada que soy, como alguien acostumbrado a la tarea, a menudo solitaria y casi siempre ingrata, de valerme por mí misma, me cogió por sorpresa. Sus palabras, más allá de lo que yo le había pedido, fueron un bálsamo para mi alma. La rara oferta bastó para impresionarme, pero la sinceridad y la convicción con la que hablaba apuntaban que no me abandonaría. Demostró, como yo sabía que iba a suceder, que es una mujer de palabra.

Cuando ya estaba en mi tercer año de tutoría, durante mi último semestre en la facultad, me encontré de nuevo ante la puerta de la oficina de la profesora Barrett. Habíamos quedado para hablar de mis incipientes planes de presentarme como asistente de un juez del Tribunal Supremo. Pero yo tenía otra noticia preocupante que compartirle. Por un reciente problema de salud, mi último semestre en la facultad lo iba a pasar, por el contrario, sufriendo múltiples cirugías oculares y recuperándome de ellas. Esto amenazaba con poner en peligro la titulación que necesitaba para perseguir mis sueños.

Pero esto suscitaba interrogantes más profundos –y mucho más importantes– sobre mi propio lugar en el mundo, el sentido del sufrimiento y cómo afrontar lo desconocido. La profesora Barrett quiso escucharlo todo. Me dejó tiempo para llorar todo lo que quise y recorrer todos los “¿Y si..?”, y me dejó quedarme hasta que de nuevo me sentí dispuesta a afrontar todos los desafíos que tenía por delante.

Conseguí sacar adelante el semestre y, por la gracia de Dios, me convertí en la primera mujer ciega asistente en el Tribunal Supremo. La cordialidad y la compasión que la juez Barrett me mostró en tantas ocasiones fluyen del mismo manantial de fe que ahora tanto le reprochan. La facilidad con la que entrega su tiempo y sus energías al servicio de los demás proviene de años amando al Señor con todo su corazón, con toda su mente, con toda su fuerza, y amando al prójimo como a sí misma. Y para una mujer joven y discapacitada como yo, luchando por encontrar mi asidero y mi lugar en este mundo, esa fe fue la que marcó la diferencia.

Traducción de Carmelo López-Arias.

PENCE: LA DIFERENCIA TRUMP-BIDEN

En el debate de candidatos a la vicepresidencia que tuvo lugar el miércoles entre Mike Pence y Kamala Harris quedó clara una de las diferencias entre votar a Donald Trump o votar a Joe Biden: «No podría sentirme más orgulloso de servir como vicepresidente de un presidente que afirma sin complejos la santidad de la vida humana. Soy provida. No me disculpo por ello. Y éste es otro de esos casos donde existe un contraste dramático. Joe Biden y Kamala Harris apoyan la financiación pública del aborto hasta el momento del nacimiento, el aborto tardío. Quieren aumentar las subvenciones a Planned Parenthood. En cuanto a nosotros, nunca presumiría la posición de la juez Amy Conet Barrett en el Tribunal Supremo, pero seguiremos afirmando con firmeza el derecho a la vida».

«UNPLANNED», EL PREESTRENO: IMPACTÓ

Desde este viernes ya puede verse en cines de casi toda España Unplanned, la película que cuenta la historia de Abby Johnson, ex directiva de un abortorio convertida a la causa provida tras ver un aborto real. Un día antes la película hizo un primer pase público en Toledo, con presencia, entre otros, del arzobispo primado, Francisco Cerro. No dejes de ver estos recursos: 1) tráiler; 2) crítica cinematográfica de Religión en Libertad; 3) en qué cines verla; 4) cómo pedirla para que llegue a los cines de tu ciudad.

Verástegui revoluciona México con «Unplanned»

Senadoras y diputadas harán de embajadoras del filme

Verástegui presentó la película «Unplanned» en México, que será comercializada en el país con el título «Inesperado»

Tras su éxito rotundo en Estados Unidos y también en países donde se ha ido estrenando, como el caso de Canadá, pese al boicot que ha sufrido la cinta, Unplanned llegará en breve a México, y lo hará por todo lo alto.

La película provida relata la historia real de Abby Johnson, que pasó de ser directora de una exitoso centro abortista de Planned Parenthood a convertirse en una de las principales líderes provida de EEUU.

El papel fundamental de Verástegui para su promoción

Para su llegada a México, la película cuenta con la implicación total del conocido actor y productor Eduardo Verástegui, que presentó a los medios el filme que será estrenado en México en las próximas semanas.

“No vas a ser la misma persona después de ver esta película”, dijo el actor mexicano, ante lo que los medios del país, como Televisa, ya hablan de la polémica que acarreará el filme que se comercializará con el título en español de Inesperado.

En declaraciones a Aciprensa, Verástegui explicó que el filme tiene un fuerte “mensaje provida, promujer y profamilia” y dijo estar seguro de que “va a tocar el corazón de los jóvenes mexicanos, especialmente de las mujeres jóvenes mexicanas”.

Un golpe de efecto en México

El actor pensó que para que Inesperado tuviera un éxito total en México era necesario promocionarla de manera diferente. “Era importante hacer algo disruptivo, único y diferente aquí en México”, dijo Verástegui. Y sin duda, su idea para llevarlo a cabo no dejará indiferente.

“Invitamos a legisladoras de todos los partidos a que se sumaran a esta iniciativa y nos ayudaran como embajadoras a llevar este mensaje a todos los rincones de México”, explicó. Y de momento cinco senadoras, diez diputadas y una exdiputada harán las veces de embajadoras de esta película provida.

Se trata de las senadoras Lilly Téllez García, Alejandra Reynoso Sánchez, Sasil de León Villard, Martha Márquez Alvarado y Claudia Valderas Espinoza. Y de las diputadas Sara Rocha Medina, Geraldina Herrera Vega, Madeleine Bonnafoux Alcaraz, Elba Lorena Torres Díaz, Adriana Teissier Zavala, Norma Guel Saldivar, Margarita Flores Sánchez, Ana Paola López Birlain, Soraya Pérez Munguía y Carolina García Aguilar. Además, se sumó la ex diputada Paola Félix Galico, que ahora trabaja en el gobierno de Ciudad de México.

Verástegui ha informado que junto a estas políticas recorrerá México en actos promocionales de Unplanned para así llegar “hasta los últimos rincones” del país. “Sabía que no lo podía hacer solo, necesitaba mujeres comprometidas, valientes, comprometidas con México, con la vida, con defender los derechos de la mujer y de la familia”, afirmó el actor.

Sin embargo, el productor mexicano espera que más políticos, empresarios, artistas y deportistas se sumen a la promoción de la película provida.

VIBRANTE DISCURSO PRO FAMILIA

Giorgia Meloni, presidenta de Fratelli d’Italia, ex ministra con Silvio Berlusconi y actualmente diputada, intervino el 30 de marzo en el Congreso Mundial de las Familias que tuvo lugar en Verona, y encuentro que fue objeto de una campaña masiva de odio por parte de la izquierda. Su discurso, vibrante y contundente, no solo defendió la vida y la familia, sino que destrozó argumentalmente a quienes las atacan.

Amenazan a Georgia por su ley PROVIDA

Netflix y lobbies cineastas pro-aborto 

Una norma aprobada en el estado norteamericano de Georgia prohibiría el aborto una vez se haya detectado el latido del corazón del bebé (a las 7 semanas de la concepción: los seres humanos tenemos un corazón que late ya 7 meses antes de nacer ). El gobernador Brian Kemp la aprobó declarando que Georgia «valora la vida» y «se pone en pie por todos aquellos que no pueden hablar por sí mismos».

La norma tiene muchas excepciones que la podrían convertir en un coladero (permitiría el aborto en casos de violación, incesto, «emergencias médicas» y embarazos «médicamente futiles»). Pero aún así para las empresas abortistas sería un duro golpe.

Al coincidir con otras medidas de «latido de corazón» en otras partes de Estados Unidos,todos los grupos de presión abortista se han movilizado y en el caso de Georgia amenazan con retirar sus negocios de este estado si realmente la ley entra en vigor en 2020.

El Gobernador de Georgia, Brian Kemp, ha aprobado una propuesta para impedir los
abortos una vez late el corazón del bebé… algo que se detecta 7 meses antes de nacer

Georgia, con sus bajísimos impuestos, es considerado desde hace seis años -año tras año se valora- el mejor estado del país para hacer negocios.

Gracias a su sistema fiscal, este territorio ha atraído a las producciones de grandes películas como Pantera Negra, Avengers: Infinity War y la más reciente Avengers: Endgame, y de series de televisión de la talla de Stranger Things o The Walking Dead.

Empresas del entretenimiento, militantes abortistas radicales

Entre las empresas que han amenazado con irse, la más grande es Netflix. También cineastas pro-aborto como J.J.Abrams (Perdidos), Ron Howard (Willow) y estudios pequeños han amenazado con salir del Estado o con donar mucho dinero a lobbies abortistas.

El jefe de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, dijo el pasado martes en las noticias del canal conservador Fox News que si se aplicaba la ley del latido de corazón «repensaríamos toda nuestra inversión en Georgia» y, mientras tanto, anunció que apoyarían a los lobbies abortistas en los tribunales.

Y el director ejecutivo de Walt Disney Company, Bob Iger, dijo a la agencia Reuters que quizá sus estudios de cine y televisión abandonen Georgia como centro de producción, en caso de que el controvertido proyecto se convierta en ley. «Creo que muchas personas que trabajan para nosotros no querrán trabajar allí, y tendremos que prestar atención a sus deseos al respecto. En este momento lo estamos analizando con mucho cuidado», le dijo a la agencia Reuters.

Las ricas corporaciones Netflix y Disney han salido al debate social sobre el aborto y han tomado partido por las empresas abortistas, contra la vida y los bebés

Ahora las corporaciones boicotean a la ciudadanía

Un análisis curioso de esta amenaza lo hace en un tuit el editor senior de la influyente revista cristiana First Things, Matthew Schmitz: «Hemos pasado de los ciudadanos que boicotean a las corporaciones a las corporaciones boicoteando a la ciudadanía».

Sin embargo, las asociaciones provida como Focus on the Family y Family Research Council señalan que «si somos francos, al final las empresas están en Georgia por el dinero», como señala el presidente de ésta última, Tony Perkins.

No es tan barato irse de Georgia: una cosa es amenazar y otra es realizarlo.

De hecho, el portavoz de la Motion Picture Association of America, asociación que reúne a seis pesos pesados de Hollywood (Paramount, Sony, Universal, Disney, Warner Bros y Netflix) se ha limitado a hacer comentarios vagos como «continuaremos pendientes de la situación» y expresando su anhelo de que la ley del corazón que late quede atascada en tribunales o en parlamentos.

Además, muchos clientes con valores provida se dan de baja de Netflix y explican en la sección de «causa de la baja» su disgusto por la abierta militancia abortista de la plataforma de pago, que depende de las suscripciones. Algunos anuncian que se pasan a otras plataformas, como la cristiana Pureflix.

Lila Rose, la popular activista de LifeAction (casi 600.000 seguidores en redes sociales), comentó en redes: «Medio país es provida; la inmensa mayoría quiere limitaciones al aborto. La postura pro-aborto de Netflix es retrógrada y no pertenece a una sociedad civilizada y de amor. ¡Despierta, Netflix! Muchos de tus empleados, clientes y América son cada vez más provida!»

Otros pueden encontrar los contenidos de Netflix sin pagar en sitios de legalidad dudosa pero… ¿es moral pagar a quien dedicará tu dinero a acabar con tus valores y con vidas humanas?

A Netflix puede que le salga mal la jugada

«Creo que los georgianos y los activistas provida cancelando su cuenta en Netflix pueden dañar más a la compañía de lo que Netflix puede boicotear a Georgia», declaró el activista profamilia Shane Vander Hart, de Iowa. «No me molesta si una compañía es neutral en un tema, pero me molesta si trabaja contra mí», declara en LifeSite.

Muchos líderes de asociaciones provida de todo Estados Unidos, como los de Personhood Alliance, Radiance Foundation y American Principles Project anuncian ya en sus cuentas de Twitter que cancelan su suscripción de Netflix, y animan a otros a hacer lo mismo.

Y el gobernador Kemp no se arredra ante las amenazas de los abortistas y los famosos del espectáculo: «Nos eligen para hacer el bien, y defender la vida preciosa siempre es lo correcto; somos el partido de la libertad y la oportunidad. Valoramos y protegemos la vida inocente, aunque haga chillar a las celebridades», proclamó.

¿Cómo es el latido de un bebé en sus primeras semanas, el que protege la ley de Georgia? Lo vemos en una pareja cualquiera

Trump garantiza a todo el personal sanitario la objeción de conciencia ante el Aborto o la Eutanasia

Donald Trump ha dado un paso más en favor de la causa provida al proteger con un reglamento federal la objeción de conciencia de todo el personal sanitario en cualquier proceso relacionado con el aborto, las esterilizaciones, la eutanasia o el suicidio asistido. Teóricamente ese derecho ya estaba garantizado, pero en la práctica el acoso contra el personal provida era continuo y al Departamento de Salud llegaron por ejemplo, solamente el año pasado, 1300 quejas en ese sentido.

Por ese motivo, el secretario de Sanidad, Alex Azar (ya vinculado al departamento durante la presidencia de George Bush hijo), promulgó esta semana un detallado Estatuto de protección de los derechos de conciencia en la atención sanitaria que sistematiza las regulaciones existentes para «garantizar una firme aplicación de las leyes federales de objeción de conciencia y anti-discriminación aplicables al Departamento, a sus programas y a los beneficiarios de sus subvenciones, para delegar la responsabilidad de su aplicación y supervisión a la Oficina de Derechos Civiles» y para asegurar la «autoridad de la Oficina de Derechos Civiles para supervisar, investigar conductas y supervisar y coordinar su cumplimiento, afrontar sus violaciones y resolver las quejas».

Según explicó Roger Severino, director de la Oficina de Derechos Civiles en el Departamento de Sanidad, «la norma garantiza que los profesionales y las entidades que prestan servicios de salud no serán acosadas por el sistema sanitario por su rechazo a participar en actuaciones que violan su conciencia, entre ellas quitar la vida a personas».

Se invierte así la situación existente durante la presidencia de Barack Obama, que persiguió abiertamente a cualquier persona o institución que se negase a aplicar las políticas abortistas que caracterizaron su Administración. «Las leyes que prohíben al gobierno practicar la discriminación contra la libertad religiosa y de conciencia se cumplirán a partir de ahora como cualquier otra ley concerniente a los derechos civiles», afirmó Severino.

El mismo Trump quiso dar el máximo respaldo a esta normativa presentándola él mismo el jueves en la Casa Blanca, con motivo del Día Nacional de Oración.

«Precisamente hoy», dijo Trump, «hemos establecido nuevas protecciones para los derechos de conciencia de médicos, farmacéuticos, enfermeros, profesores, estudiantes e instituciones religiosas de caridad. Llevaban mucho tiempo esperando esto, hasta hoy. Juntos estamos construyendo una cultura que celebra la dignidad y valor de toda vida humana. Todos los niños, nacidos y no nacidos, son un regalo sagrado de Dios» (minutos 17:59-18:36).

Agradecimiento del movimiento provida

El aplauso del movimiento provida a esta nueva reglamentación ha sido general, según recoge Life News

«En este Día Nacional de Oración», afirmó Tony Perkins, presidente del Family Research Council, muchos prestadores de servicios de salud han tenido una respuesta a sus oraciones. Los profesionales sanitarios ya no se verán forzados a elegir entre sus convicciones morales y su deseo de ayudar a los pacientes».

Ashley McGuire, de The Catholic Association, celebró también que «ningún trabajador de la salud pueda ya ser obligado a escoger entre su profesión y su fe. Este principio ya estaba consagrado en numerosas leyes y reglamentaciones pero ha sido violado desde hace demasiado tiempo. Este nuevo reglamento restaura el compromiso de nuestra nación con los derechos de conciencia en los servicios de atención sanitaria».

La presidenta de National Right to LifeCarol Tobias, recordó que el gobierno de Obama «miraba hacia otro lado» cuando esos derechos eran violados: «Agradecemos al presidente Trump y a su gobierno por aplicar estas leyes y proteger a los trabajadores de los servicios de salud que se oponen a participar en la muerte de un ser humano inocente«.

«Mientras algunos estados intentan ampliar el aborto hasta el momento del nacimiento, sin protección alguna de los derechos de conciencia, esta normativa subraya la seriedad de la Adminstración Trump situándose al lado de los trabajadores e instituciones provida. Agradecemos al presidente Trump y al secretario Azar por su compromiso en la lucha contra la discriminación», aplaudió Marjorie Dannenfelser, presidenta de la Susan B. Anthony List.

Jeanne Mancini, presidenta de la Marcha por la Vida, recalcó que «nadie debe ser obligado a participar en procesos que acaban con la vida, como el aborto o actividades similares que van contra sus creencias religiosas o sus convicciones morales».

George Weigel, otro entusiasta de «Unplanned»

la película destroza el orwelliano lenguaje abortista


En primer término, Ashley Bratcher, quien interpreta a Abby Johnson en «Unplanned»

Unplanned [Inesperado] está marcando un antes y un después en la historia del movimiento provida. Costó 6 millones de dólares y ya lleva recaudados casi 18 millones en taquilla. A pesar del boicot del establishment de Hollywood, se ha estrenado en 1516 cines, ocupó la cuarta plaza en número de espectadores en su primer fin de semana, y 35 días después aún se mantiene en el puesto 22º.

Fuente: Box Office Mojo.

Pero eso no es lo más importante para la productora, Pureflix, ni para sus directores, Chuck Konzelman y Cary Solomon, ni para la inspiradora del proyecto, la activista provida Abby Johnson, cuya vida refleja el film. Lo más importante son sus efectos: si ya el pre-estreno convirtió al padre de Cary, ateo proabortista, a la causa provida, después del estreno un centenar de trabajadores de abortorios han abandonado su empleo

No es de extrañar por ello que la película haya sido recomendada por entusiasmo por obispos tan comprometidos en la lucha provida como Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia, y Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles.

A la lista de personalidades católicas relevantes que prestan un apoyo sin fisuras a Unplanned, destacando el impacto transformador de su mensaje, se suma ahora George Weigel, principal biógrafo de San Juan Pablo II (Testigo de esperanza y Juan Pablo II: el final y el principio), quien, en un reciente artículo en The Catholic World Report, valora sobre todo la ruptura visual que supone con el lenguaje eufemístico que utiliza la propaganda abortista.

Decir la verdad y el Gran Negocio del Aborto

Durante más de medio siglo, el autodenominado movimiento “pro-choice” [pro-decisión de la madre] ha prosperado gracias a su extraordinaria habilidad para enmascarar, mediante variados engaños retóricos, de qué va realmente este asunto: de quitar deliberadamente la vida a un ser humano inocente mediante el aborto.

El personal sanitario de Planned Parenthood le pregunta a las jóvenes asustadas, y con frecuencia ignorantes: “¿Te gustaría que te restaurásemos la regla?” Los políticos financiados por el Gran Negocio del Aborto intentan alejar a los rescatadores de los abortorios, para mantener viva la pretensión de que lo que sucede en esos antros solo afecta a un “tejido” no deseado. El gobernador de Nueva York celebra la aprobación de una ley que legaliza los abortos hasta el momento del nacimiento porque es solo un asunto concerniente a la “salud reproductiva de las mujeres”. El gobernador de Virginia defiende que se deje morir a los niños que sobrevivan a un aborto, considerándose a sí mismo muy humano porque insiste en que las víctimas serán tratadas con delicadeza. El mes pasado, un senador del estado de Georgia rechazaba la protección legal sobre niños no nacidos de quienes se escucha “lo que algunos denominan latido del corazón”.

¡Señor George Orwell, llame a su oficina!

Cuarenta años de argumentación provida han hecho mella en la armadura de los eufemismos que rodean esta matanza de los inocentes, la cual, aunque terriblemente grande, se encuentra ahora en su nivel más bajo en décadas. Los veteranos provida más conscientes reconocerán, sin embargo, que lo que marcó la diferencia para nuestra causa fue la invención de la ecografía: la maravilla tecnológica que demuestra que una imagen es más poderosa que mil mentiras sobre bolsas de tejido. Y ahora llega una película de éxito, Unplanned, que eleva a otro nivel la guerra contra el eufemismo en el debate del aborto.

Abby Johnson (Ashley Bratcher, en la película) dirigía un abortorio, pero a nivel administrativo. Nunca había asistido personalmente a un aborto. Hasta que un día tuvo que ayudar en uno y contempló en la ecografía, en tiempo real, lo que sucedía.

Unplanned cuenta la historia de Abby Johnson, ex directora de una clínica de Planned Parenthood y en una ocasión empleada del año de Planned Parenthood, quien se convirtió en activista provida cuando su reafirmante jefa, experta en eufemismos, le pidió que asistiese a un “procedimiento”. Contemplando lo que indiscutiblemente era una criatura humana intentando desesperadamente evitar los instrumentos de su inminente asesinato intrauterino, Abby Johnson contempló la verdad de lo que hace el aborto cuando aquello que describió como un “niño perfectamente formado” era aspirado fuera del vientre de su madre. Entonces tuvo la honestidad y el coraje de admitir aquello que había conocido, dejar su bien remunerado trabajo en Planned Parenthood e intentar transmitir a los demás la verdad que había sido secuestrada por la imaginación.

Ese esfuerzo por ser testigo de la verdad tiene su continuación en Unplanned, que me recuerda el comentario del Papa San Pablo VI de que el hombre moderno aprende más de los testigos que de los maestros; y que si los acomplejados modernos escuchan a los maestros, es porque antes son testigos. Abby Johnson, como maestra y testigo, está magníficamente interpretada en la película por Ashley Bratcher, quien también merece reconocimiento por poner en riesgo su carrera, dado el ataque dirigido contra Unplanned por la crítica “pro-choice [pro-decisión, pro-aborto]” de Hollywood en los grandes medios, y por los intentos de censura en las redes sociales de cualquier comentario positivo sobre Unplanned.

Hasta ahora, la campaña contra Unplanned no ha funcionado. La película ha logrado un inesperado éxito en taquilla, a pesar del intento de suprimir los anuncios o la cobertura de sus primeras semanas en la gran pantalla. Y esperemos que la campaña contra Unplannedse convierta finalmente en un bumerán, a medida que resulte cada vez más claro que lo que más temen el Gran Negocio del Aborto, sus aliados ideológicos y sus servidores políticos es la verdad: la verdad que despoja de su fachada retórica la campaña a favor de leyes “liberalizadoras” del aborto que se ha llevado a cabo desde finales de los años 60.

En sus memorias informales At Ease [Descansen]Dwight D. Eisenhower lamentaba que en la Segunda Guerra Mundial se hubiesen perdido millones de “vidas que podían haberse vivido creativamente”, y señalaba que la memoria de esa matanza “hiere la mente del mundo moderno”. No puede dudarse de que las decenas de millones de vidas perdidas en Estados Unidos por la legalización del aborto desde Roe vs Wade (vidas que podían haberse vivido creativamente) hiere la conciencia nacional, sean cuales sean los eufemismos con los que se tapen las cicatrices. También están las heridas de las mujeres que decidieron abortar: su curación, y un servicio eficaz a las mujeres con embarazos problemáticos, deben siempre complementar la argumentación y el testimonio en el activismo provida.

Y luego están los hombres irresponsables. El sistema de clasificación de Hollywood clasificó Unplanned con una R, se supone que por su devastadora primera escena, donde Abby Johnson descubre la verdad sobre el aborto. Esa escena, y en realidad toda la película, deberían ser vistas atentamente por los hombres, que se han aprovechado durante demasiado tiempo del Gran Negocio del Aborto y de sus perversos juegos de palabras.

Traducción de Carmelo López-Arias.