Harry Potter, ¿es recomendable?

Todo mundo ha oído hablar del éxito de los libros de Harry Potter. Nunca antes se había vendido un libro para niños con tanta facilidad. ¿Es una inocente y entretenida historia de hadas? ¿O es un libro que no deberían leer los niños?

Recientemente, apareció un libro dedicado a explicar el fenómeno de Harry Potter: Harry Potter – Good or Evil? (Harry Potter, ¿bien o mal?), por Gabriele Kuby. La autora es socióloga y escritora. Propone  la tesis de que Harry Potter es un proyecto a largo plazo “que ha formado a una generación entera y como resultado a toda una realidad social”. Responde a la pregunta: ¿Es Harry Potter bueno o malo? Su respuesta no es ambigua: contesta que es malo. Analiza los tomos, paso a paso, en sus 160 páginas, y refuerza sus conclusiones con citas del texto de la novela.

Kuby examina la técnica de J.K. Rowling desde una perspectiva cristiana, explica como se modifica el estado normal de conciencia en el curso de la lectura, rompe inhibiciones para participar en la magia y modifica puntos naturales de orientación; especialmente, el criterio que distingue entre bien y mal es disuelto con confusión mental y desarme emocional. Describe lo que sucede cuando el mundo humano es denigrado y cuando el mundo de brujas y magia es glorificado. G. Kuby desacredita la guerra aparente entre el bien y el mal, en la que Harry Potter está involucrado. Ella rechaza los argumentos de muchos críticos que opinan que Harry Potter es pedagógicamente valioso porque está comprometido en la guerra entre el bien y el mal. Harry Potter no lucha contra el mal; de un libro a otro su afinidad con Voldemort crece, y Voldemort es resueltamente malo. En el quinto volumen Voldemort toma posesión de Harry Potter, lo que lleva a la total destrucción de su personalidad.

Los libros de Harry Potter asumen que el mal es parte de toda existencia humana. Pongamos un ejemplo: Durante un juego de Quiddich, el maestro Querrel quiere asesinar a Harry con una maldición. El profesor que odia a Harry, Snape, lo salva a través de una contra-maldición. Dumbledore le explica: “Tu padre le hizo algo a Snape que no puede perdonar. Él salvó su vida. Snape no puede soportar estar en deuda con tu padre… Con la deuda saldada puede continuar odiando a tu padre con una conciencia más clara”. Esto provoca una gran confusión: alguien que odia a Harry le salva la vida. Lo hace a través de una maldición, y lo hace con la intención de poder seguir odiándole.

Los libros de Harry Potter llevan a sus lectores a un mundo plagado de monstruos crueles, de espíritus manchados de sangre, de maestros malévolos y sádicos, de horribles hechizos y maldiciones, sin hacerles saber que hay vías para vivir fuera de ese mundo, mas aún, no hay la menor insinuación o pista de que  alguno esté buscando salir de allí. El temor de Harry y de sus grandes amigos es ser expulsados de Hogwarts, la escuela de magia y brujería, pues entonces tendrían que entrar al mundo de los humanos (muggels), lo que es presentado como un prospecto detestable.

El libro carece de una dimensión trascendental. Todo lo sobrenatural es demoníaco en él. Los símbolos divinos están pervertidos. La habilidad del lector para distinguir el bien del mal trata de ser mutilada a través de la manipulación emocional y de la confusión intelectual.

Gabriele Kuby se pregunta cómo los padres de familia, que dicen querer lo mejor para sus hijos, les facilitan esta lectura. Su respuesta es interesante: solamente una cultura enferma puede considerar la varita mágica como apetecible. Harry Potter no es un cuento moderno de hadas. En los cuentos de hadas, las brujas y magos son figuras claramente malvadas, de cuya influencia el héroe se libera a través de actos de virtud. En la historia de Harry Potter nadie quiere ser bueno.

Gabriele Kuby recomienda a los padres de familia analizar con maestros y amigos la obra de Harry Potter. La autora también dice que experimentó momentos oscuros durante la lectura de esta obra en el curso de su investigación. No se le hace un favor a la generación joven cuando se le seduce con la magia y se les llena la cabeza con imágenes de un mundo donde el mal gobierna, mundo del que no se buscan salidas sino que es más bien deseable. Hay que tomar en cuenta que el niño se educa también con lo que alimenta su espíritu (Current Concerns, cfr. www.currentconcerns.ch).

Tiempos de prueba

deporte-sallto-mortalUn profesor pone pruebas para saber si sus alumnos aprendieron. Dios nos pone pruebas –no para saber cuánto podemos o sabemos-, Él conoce todo, nos prueba para enseñarnos lo que nosotros no sabemos, para que conozcamos nuestra debilidad. Cuando reconocemos que somos débiles, crece nuestro deseo de tener una fe más sólida, de tener más esperanza y más caridad, para aceptar lo que nos mande, y nos da la gracia mientras no perdamos la confianza en Él.

En la vida, los conflictos existen, el problema está en cómo se afrontan. El tiempo de prueba es tiempo de oración. La pedagogía de Dios es misteriosa, estricta y santa. Siempre está dirigida a un crecimiento espiritual que lleva sobre todo beneficios eternos. El que obedece a Dios, a pesar de lo inexplicable e impredecible de su pedagogía divina, triunfa y alcanza la gloria eterna. Dios busca darnos beneficios eternos primero, antes de otorgarnos cualquier bien temporal. El Espíritu Santo es el que realmente va a deshacer los conflictos.
Sería una santidad engañosa si no pasáramos por la prueba o por la tribulación. Le dice Jesús a una santa: “Por ningún motivo prestéis atención a las difamaciones y calumnias porque es parte del plan de mi adversario para que no escuchéis mi voz. Lo mismo hicieron con Jeremías, Daniel y Elías”.

Aquel que padece pruebas o cualquier clase de tribulación y las sobrelleva sin mermar su amor a Dios, alcanza en poco tiempo un grado de santidad elevado, aunque a los ojos propios y ajenos pase desapercibido. Todo el que ama a Dios debe cargar con su Cruz, amarla y agradecerla. Dios da su cruz a almas que le van a responder, pero si alguna falla, su dolor es más grande que los pecados de mil pecadores, porque Dios espera todo de los que le aman, y ellos también deben esperarlo todo de Dios, dado que el verdadero amor es confianza en el amado. Hay que pedirle a Dios la gracia para superar la prueba, no que la retire, porque es riqueza espiritual para nosotros y se tornará en grados de gloria en el cielo, si la superamos.

Manuel García Morente, filósofo ateo, se convirtió al darse cuenta de esto. Él lo explica así: “Mi vida, los hechos de mi vida, se habían realizado sin mí, sin mi intervención (se refiere a las amenazas que había recibido, tuvo que emigrar a Francia y a América dejando a su familia…). Yo los había presenciado pero en ningún momento provocado. Me pregunto entonces: ¿Quién, pues, o qué era la causa de esa vida que, siendo mía no era mía? Lo curioso era que todos esos acontecimientos pertenecían a mi vida pero no habían sido provocados por mí; es decir, no eran míos. Entonces, por un lado, mi vida me pertenece, pero, por otro lado, no me pertenece, no es mía, puesto que su contenido viene producido y causado por algo ajeno a mi voluntad. Sólo encontraba una solución para entender mi vida: algo o alguien distinto de mí hace la vida y me la entrega”.
Lo importante es que nosotros seamos buena tierra para Dios. Que lo que él quiera hacer en nuestra vida con nosotros, pueda hacerlo.

En Dios están el consuelo, la paz, el amor, la ternura. Si algo me enoja el problema está en mí. Necesito conversión. Todos debemos decir: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. La conversión no lleva al desaliento sino a una actitud esperanzada.

Es historia repetida en la vida de los santos la de tener que sufrir indecibles padecimientos, y el Señor permite, a veces, que sean precisamente los buenos quienes sirvan de instrumento de tortura; es una prueba de amor no fácil de entender, ya que las vías del Señor son inescrutables, pero la divina Providencia puede sacar luz hasta de los errores humanos. A veces es enorme la proporción entre la causa y los efectos, que no cabe explicación, sin embargo, Dios así lo ha dispuesto para sus fines. Y a nosotros nos toca confiar en Él. Hay que recordar que a Cristo nadie lo defendió. Los doctores de la Ley querían desacreditarlo y acabar con él. Jesús siempre nos acompaña si le dejamos acompañarnos.