La vida es como el eco

Por Carmen Pérez Rodríguez

La vida es como el ecoEs una anécdota conocida, no se si más en lugares montañosos. Un abuelo cuenta a sus nietos: Mi padre y yo íbamos de camino por las montañas. Me caí y lancé un fuerte gemido. Para mi sorpresa se repitió en las montañas. Con la curiosidad propia de mi edad grité:¿Quién está ahí? Y recibí una respuesta: ¿Quién está ahí? Enfadado volví a gritar: Cobarde. Y volví a recibir respuesta: Cobarde. Miré a mi padre, a quien siempre tuve la suerte de poderle preguntar todo: ¿Qué sucede? Sonrío y me dijo: Hijo, presta atención. Se volvió hacia donde más pudiera oírsele en las montañas y gritó: Te admiro. La voz respondió: Te admiro. De nuevo gritó: Eres un campeón. Y la voz nos devolvió: Eres un campeón. Y de nuevo gritó mi padre: Estás lleno de éxitos. Y la voz respondió: Estás llenos de éxitos. Me quedé asombrado y quise comprender lo que mi padre había hecho. Y el aprovechó la ocasión que se le presentaba para explicarme lo que me ha servido para toda la vida: «No lo habías oído nunca ¿verdad? La gente lo llama Eco. Pero en realidad es la vida, te devuelve todo lo que dices o haces…Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor, si deseas felicidad, da felicidad a quienes te rodean, si quieres sonrisas, sonríe. Esta relación se da en todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso aquello que tú le has dado. Porque tu vida no es una casualidad, es un reflejo de ti. Si no te gusta lo que estás recibiendo, revisa lo que estás dando. La anécdota acaba con la siguiente pregunta del abuelo a sus nietos ¿A que ya lo sabíais? ¿A que os lo había contado vuestro padre? Aquí acaba la anécdota. El final todavía más feliz del cuento nos lo inventamos : y todos los nietos a gritos le dijeron «Sí, abuelo, y también le está sirviendo como a ti, y nosotros también vamos a ir aprendiendo, que el eco es la vida que nos devuelve lo que ponemos y lo que damos».

Vida no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura nuestro destino, distinto y único en cada persona. En todo momento me estoy reflejando en lo que hago. Decimos muchas frases vagas y vacías, frases en las que escudamos nuestra superficialidad, falta de esfuerzo, de exigencia, de amor, falta de verdad en última instancia. ¡Es la vida¡ ¡La vida es así¡ ¡que le vamos hacer¡ Pero es la misma idea de Unamuno: «¿La vida? ¿Qué es la vida?. ¿Qué es una vida que no es mía, ni tuya, ni de otro cualquiera?. ¡La vida! ¡Un ídolo pagano, al que quiere que sacrifiquemos cada uno nuestra vida! Hay que tomar la vida en serio sin dejarnos emborrachar por ella; somos sus dueños y no sus esclavos. Como para el abuelo, el padre y los nietos, de la anécdota: nuestra vida es nuestro reflejo», nuestro eco. No sólo es eso que dicen algunos psiquiatras que a partir de una edad vamos teniendo la cara, los rasgos, que nosotros mismos nos hemos ido configurando. Todo lo que somos, es lo que hemos ido convirtiendo en nuestro. Como en la novela de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, en la que se describe plasmado en el retrato del personaje su corrupción, arrogancia, soberbia, presunción, altivez, moral perversa y torcida.

Nuestra fuerza y nuestras convicciones no tienen edad. La piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años, pero lo importante no cambia. Siempre detrás de cada logro hay otro desafío. Esta es nuestra vida real. Y vivirla de tal manera que no produzcamos lástima sino respeto. Y tampoco sentir lástima ante el dolor, las limitaciones, los enormes problemas sino respeto. En el fondo no queremos que se nos tenga lástima sino respeto. El sentido lo damos cada uno de nosotros, siempre es algo único, inigualable. En realidad se trata de ver el sentido de lo que hacemos. Porque cuando parece que la vida no tiene sentido, no hay nada que esperar, la sorpresa es que no haya más depresiones y hasta suicidios. Todo depende de cada persona, de su decisión de lucha. A menudo lo imposible es aquello que ni intentamos hacer. Se recoge lo que se siembra. ¿Cuánto amor ponemos en nuestra vida? Porque es como el eco…

Basados en Doctrina Social de la Iglesia

Productora española lanza videos que buscan ofrecer soluciones a problemas actuales

MADRID, 30 Sep. 07 / 07:34 pm (ACI).- La productora española Goya Producciones lanzó su nueva serie de DVD’s de documentales que muestran que «se tratan todos los aspectos relacionados con la vida de las personas e instituciones en el ámbito público, ofreciendo respuestas a los retos planteados por la compleja sociedad actual» desde la Doctrina Social de la Iglesia.

La saga de videos titulada «Cristianos en la Sociedad, Claves de la Doctrina Social de la Iglesia», está formada por tres videos que contienen nueve capítulos de 30 minutos cada uno donde se tratan problemas de la sociedad actual y se ofrecen soluciones teniendo en cuenta que «el valor clave del cristianismo que es el amor puede engendrar una sociedad verdaderamente libre y solidaria».

«Es la primera vez que se lleva a la pantalla una visión tan extensa y viva de la Doctrina Social de la Iglesia», asegura el productor, Andrés Garridó.

Los programas, que luego serán emitidos en televisión, llevan a la conclusión que «la más auténtica y completa educación a la ciudadanía es la que ha venido aportando la Iglesia desde siempre», indica Garridó y agrega que «inspirándose en ella el hombre puede ser feliz en el seno de su familia, eficaz en el trabajo, solidario con los necesitados, tolerante con los demás y respetuoso de las leyes justas».

Los DVD’s se pueden adquirir en algunas librerías españolas o también a entrando a: http://www.goyaproducciones.es/ 

Inclaudicable defensa

Que se pueda matar a niño por nacer repugna la recta razón, asegura Obispo argentino

BUENOS AIRES, 30 Sep. 07 / 10:12 pm (ACI).- El Obispo de Concordia (Argentina), Mons. Luis Armando Collazuol, aseguró que decir que un niño en el vientre materno «es un ser humano no es una creencia religiosa, es una certeza del sentido común» y afirmar «que se le puede dar muerte repugna a la recta razón».

En un reciente mensaje titulado «Cuando al niño no se le permite nacer«, el Prelado habla del aborto que días atrás se practicó en Mar del Plata a una joven discapacitada de Paraná. Señala que comprende «el dolor, turbación y perplejidad de la familia ante la grave situación» pero «no podré comprender jamás que la solución haya pasado por la eliminación del niño«.

Tras afirmar que es «un tema de suma gravedad y trascendencia para nuestra vida como Nación», Mons. Collazuol indica que «como persona humana, me duele inmensamente la muerte de este niño» pero «como ciudadano me preocupa también que la misma pueda ser considerada como un ‘caso’ testigo y la jurisprudencia llegue a dar ‘luz verdea muchas otras muertes de niños inocentes«.

Es un tema muy importante que «lleva una vez más a afirmar la necesidad, por parte de toda la sociedad, de una inclaudicable defensa de la vida desde el primer instante de su concepción hasta su fin natural», asevera el Obispo de Concordia.

En otra parte del documento, el Prelado asegura que le preocupan las «declaraciones públicas de quienes parecieran ignorar derechos humanos básicos» olvidando «el cuidado y el aprecio de la vida naciente» y añade que «es la más grave de las discriminaciones decidir cuál niño debe nacer y cuál debe morir antes de ver la luz».

«¡Que las sombras de la cultura de la muerte no sigan amenazando a la familia humana!», finaliza Mons. Collazuol.

Proeutanasia con JPII

Cardenal Lozano explica la polémica sobre la muerte del Papa

«Campaña proeutanasia con JPII»

PD/Europa Press Sábado, 29 de septiembre 2007 

Juan Pablo IIEl cardenal mexicano y presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, monseñor Javier Lozano Barragán, atribuyó hoy las afirmaciones según las cuales el Papa Juan Pablo II habría pedido y recibido la eutanasia a una campaña con la que se pretenden ‘legitimar’ estas tesis.

La polémica se desató hace algunos días, después de que la doctora italiana Lina Pavanelli –que es médico anestesista y profesora en la Universidad de Ferrara– afirmara que Juan Pablo II, recibió de algún modo la eutanasia al aplicársele la sonda nasogástrica nutricional demasiado tarde, es decir, el 30 de marzo de 2005, tres días antes de morir.

En declaraciones a Europa Press, Lozano Barragán aseguró taxativamente que el Papa Juan Pablo II ‘no renunció jamás’ a la alimentación y a la nutrición ni tampoco ‘a ninguna curación’ antes de morir, y que afirmarlo constituye una ‘gran falsedad’.

En este sentido, señaló que el equipo médico que atendió al Pontífice polaco en la última etapa de su vida actuó ‘de acuerdo a su ciencia y competencia’, velando por su hidratación y nutrición hasta el último momento y con anterioridad al 30 de marzo.

Según el cardenal, los defensores de otros casos –como el de la americana Terry Schiavo a quien se retiró la sonda de alimentación que la mantenía en vida o el italiano Piergiorgio Welby, a quien se desconectó el respirador– están intentando ‘acomodar’ la figura de Juan Pablo II a sus tesis.

Lozano Barragán insistió en que estas afirmaciones no son más que ‘mentiras’ con las que los interesados tratan de crear ‘una especie de engaño’ y ‘demostrar una tesis falsa’.

Por su parte, en declaraciones a los periódicos ‘Corriere della Sera’ y ‘La Repubblica’, los médicos que atendieron al Pontífice también desmintieron a Pavanelli, señalando que la alimentación e hidratación por sonda nasogástrica empezó antes del 30 de marzo, si bien este fue el día en que se le colocó de modo permanente.

La dignidad de la familia

viernes, 28 de septiembre de 2007


La FamiliaAl finalizar la obra de la creación del universo, en el sexto día, «formó Yavé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado» (1). Si en todas sus obras se había complacido, en la formación del género humano Dios se alegró sobremanera: vio que era «muy bueno» lo que había hecho, testimonia la Escritura (2), como si el autor inspirado quisiera reafirmar la peculiar acción divina en la creación del hombre, hecho a imagen y semejanza del Creador por su alma espiritual e inmortal. No contento con esto, el Señor le confirió gratuitamente una participación de su misma vida íntima: le hizo hijo suyo y lo llenó con los llamados dones preternaturales.

    Para que los hombres alcancen el Reino de los Cielos, la Providencia divina ha querido contar con su libre colaboración. Y para que esta colaboración en la transmisión de la vida no quedara al vaivén de posibles caprichos, el Señor quiso protegerla mediante la institución natural del matrimonio (3), elevado luego por Cristo a la dignidad de sacramento.

    La familia -la gran familia humana, y cada una de las familias que habrían de componerla- es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen ordenadamente en su decreto Creador. La voluntad de Dios de contar con la familia en su plan salvador se confirmará, con el correr de los tiempos, a través de las distintas alianzas que Yavé fue estableciendo con los antiguos patriarcas: Noé, Abraham, Isaac, Jacob. Hasta que la promesa del Redentor recaiga en la casa de David.

    Llegada la plenitud de los tiempos, un ángel del Señor anunció a los hombres el cumplimiento del plan divino: nace Jesús, en Nazaret, de María, por obra del Espíritu Santo. Y Dios provee para su Hijo una familia, con un padre adoptivo, José, y con María, la Madre virginal. Quiso el Señor que, también en esto, quedara reflejado el modo en que Él desea ver nacer y crecer a sus hijos los hombres: dentro de una institución establemente constituida.

    «Los diversos hechos y circunstancias que rodean el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazaret. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?» (4). A esta pregunta que nos sugiere San Josemaría podemos responder con palabras del Compendio del Catecismo, señalando que la familia cristiana, a imagen de la familia de Jesús, es también iglesia doméstica porque manifiesta la naturaleza comunional y familiar de la Iglesia como familia de Dios (5).

    Por su misión natural y sobrenatural, por su origen, por su naturaleza y por su fin, es grande la dignidad de la familia. Toda familia tiene una entidad sagrada, y merece la veneración y solicitud de sus miembros, de la sociedad civil y de la Iglesia. Por eso, resultaría una trágica corrupción de su esencia reducirla a las relaciones conyugales, o al vínculo de sangre entre padres e hijos, o a una especie de unidad social o de armonización de intereses particulares. San Josemaría insistía en que «debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad» (6).                                                        

    El hogar ha de ser la escuela primera y principal donde los hijos aprendan y vivan las virtudes humanas y cristianas. El buen ejemplo de los padres, de los hermanos y de los demás componentes del ámbito familiar, se reflejan de manera inmediata en la configuración de las relaciones sociales que cada uno de los miembros de esa familia establece. No es casual, por tanto, el interés de la Iglesia por el adecuado desarrollo de esa escuela de virtudes que ha de ser el hogar. Pero no es éste el único interés: mediante la colaboración generosa de los padres cristianos con el designio divino, Dios mismo «aumenta y enriquece su propia familia» (7), se multiplica en número y virtud el Cuerpo Místico de Cristo sobre la tierra, y se ofrece desde los hogares cristianos una oblación especialmente grata al Señor (8).

    La realidad familiar funda unos derechos y unos deberes. Antes que nada las obligaciones: todos sus miembros han de tener conciencia clara de la dignidad de esa comunidad que forman, y de la misión que está llamada a realizar. Cada uno ha de cumplir sus deberes con un vivo sentido de responsabilidad, a costa de los sacrificios que sean precisos. En cuanto a los derechos, la familia reclama el respeto y la atención del Estado por un doble título: es la familia la que le ha dado origen, y porque la sociedad será lo que sean las familias (9).

    Para cumplir todos estos deberes, es indispensable que los miembros de la familia sobrenaturalicen su afecto, como sobrenaturalizada está la familia. De este amor -suave y exigente a la vez- brotan esas delicadezas que hacen de la vida de familia un anticipo del Cielo. «El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con un pueblo, y, viceversa, el modo de amor de Dios se convierte en la medida del amor humano» (10).

    En los momentos actuales de la vida de la sociedad, se hace especialmente urgente volver a inculcar el sentido cristiano en el seno de tantos hogares. La tarea no es sencilla pero sí apasionante. Para contribuir a esta inmensa labor, que se identifica con la de volver a dar tono cristiano a la sociedad, cada uno ha de empezar por «barrer» la propia casa.

    Adquiere entonces particular importancia en la consecución de este proyecto la educación de los hijos, aspecto fundamentalísimo de la vida familiar. Para responder a este gran reto -educar en una sociedad en buena medida descristianizada- conviene recordar dos verdades fundamentales: «La primera es que el hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor. La segunda es que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo» (11). En la educación están coimplicados tanto los hijos como los padres, primeros educadores, de modo que sólo se puede dar en la «recíproca comunión de las personas»; el educador, de algún modo «engendra» en sentido espiritual, y según «esta perspectiva, la educación puede ser considerada un verdadero apostolado. Es una comunicación vital, que no sólo establece una relación profunda entre educador y educando, sino que hace participar a ambos en la verdad y en el amor, meta final a la que está llamado todo hombre por parte de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo» (12).

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1. Gn 2, 7.
2. Cfr. Gn 1, 31.
3. Cfr. Gn 1, 27.
4. SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa, n. 22.
5. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 350.
6. SAN JOSEMARÍA, Conversaciones, n. 91.
7. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes, n. 50.
8. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 188.
9. Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 457-462.
10. BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est, n. 11.
11. JUAN PABLO II, Carta a las familias (2-II-1994), n. 16.
12. Ibid.

¡»Vivan» los síndrome de Down!

Feto humanoAbortaron al gemelo equivocado, al que no era Down; después, también a éste. ¿Cuántas amniocentesis dan diagnósticos que nadie comprueba? A veces, Dios permite ciertos sucesos, para que podamos comprobar de forma evidente e incuestionable, la deriva tan errónea por la que se conduce nuestra cultura, pues con frecuencia ocurre que solamente reaccionamos ante el mal, cuando hemos llegado a ver su rostro en toda su crudeza.

Me estoy refiriendo a un caso que se hizo público en Milán (Italia) a finales de verano: Una mujer embarazada de tres meses, esperaba gemelos. Al hacerse la prueba de la amniocentesis, se le comunica que uno de los gemelos tiene el síndrome de Down, por lo que solicita un aborto selectivo. Llegado el momento de la intervención, los fetos se intercambian su posición y la doctora elimina por equivocación al «sano», dejando vivo al que quería matar. Comprobado el error, tras los pertinentes análisis, días más tarde, la madre decide acabar también con el gemelo Down que continuaba vivo en su seno.

El caso es especialmente dramático, pero la cuestión de fondo no varía con respecto a los demás casos de aborto: El problema moral está en el endiosamiento de nuestro deseo.

Perseguimos una realidad a medida de nuestros planes, y cuando las expectativas no se cumplen, somos capaces de autoerigirnos en dueños de la vida del prójimo, sin detenernos ante nada. Esta es la inquisición contemporánea: ¡nuestra santa voluntad! Si un niño es deseado, hoy en día podemos llegar a mimarlo hasta hacer de él nuestro tirano; y si no fuera deseado, procederemos a eliminarlo sin miramientos. Soy consciente de la dureza de estas palabras, pero estaría falseando la realidad si cayese en la tentación de dulcificarlas. Me limito ahora a añadir una serie de reflexiones complementarias.

– La dignidad de los síndrome de Down: ¿Somos conscientes de que los síndrome de Down han desaparecido prácticamente de nuestra sociedad? Bien es verdad que todavía conocemos algunos de edad más avanzada, pero… ¿dónde están los menores de 10 años, por ejemplo? Estamos ante uno de esos tabúes de los que a nadie le gusta hablar, porque presentimos muchas complicidades encubiertas. ¿Quién sería capaz de mirar a los ojos de estos niños y negarles su dignidad? ¿Quién se siente con derecho a definir y a establecer el concepto de «normalidad», más allá del cual el derecho a la vida quedará sin protección?

– La prueba de la amniocentesis: A raíz de este triste episodio de Milán, el presidente de la Sociedad Española de Ginecología, Manuel Bajo Arenas, explicaba que «…si una embarazada se somete a la amniocentesis, normalmente aborta si el resultado es positivo. Si no, ¿para qué se iban a hacer la prueba?». Lo cual plantea la responsabilidad moral de quienes, en su intencionalidad, se hacen cómplices de este grave pecado. La forma tan trivial en la que se oferta y realiza la amniocentesis en el sistema sanitario, está contribuyendo a desdibujar en muchas conciencias el principio de la inviolabilidad del don de la vida. Es un contrasentido que un diagnóstico médico se convierta en una sentencia de muerte.

– Autopsia obligatoria: Parece que a nadie le llama la atención el hecho de que el diagnóstico de una amniocentesis sea suficiente para autorizar un aborto y que, sin embargo, posteriormente no se exija una autopsia para comprobar si verdaderamente el diagnóstico había sido acertado. ¡Cuántas sorpresas nos llevaríamos si pudiésemos comprobar la veracidad de tantos alarmismos a los que se recurre para cubrirse las espaldas! ¿Quién no conoce a alguien, que según diagnóstico médico, tendría que estar muerto hace tiempo?

– Lo más grave, la impenitencia: En el momento en que aquellos padres, cuyo nombre desconocemos -y preferimos que así sea- supieron que el gemelo «sano» había sido eliminado por error, dispusieron de una ocasión de oro para reparar el error cometido. Pudieron haber interpretado lo ocurrido como una llamada a rectificar sus valores de vida… Tras lo sucedido, podrían haber comprendido que el «error» no había estado en la elección del feto, sino en el aborto mismo. Pero, sin embargo, ¡volvieron a tropezar en la misma piedra…! Quizás esto sea lo más grave de este caso -y no me estoy ahora refiriendo a esos padres-: el hecho de que nuestra sociedad mantenga la permisividad ante el aborto, a pesar de que seamos testigos de tantos dramas.

-¡Cuida de tu hermano débil!: Cuando en nuestras familias cristianas nacía un hijo con algún tipo de minusvalía o enfermedad crónica, nuestros padres nos inculcaban y educaban para que fuésemos sus custodios hasta el fin de sus días: «¡Cuida siempre de tu hermano débil!» -se nos decía-. Ahora resulta que ha sido el gemelo sano quien ha dado una lección a sus padres sobre cómo cuidar a su hermano enfermo. ¡Paradojas de la vida! Como también es una paradoja que haya miles de familias deseosas de adoptar y abiertas a acoger en adopción a quienes otros han desechado. ¡Que «vivan» los síndrome de Down!

El lujo en nuestra vida

Por Carmen Pérez Rodríguez

MosaicoAprovechar la vida es vivir con lujo de detalles. Vivir con lujo de detalles desde nuestra capacidad de pensar, razonar, sentir, ver, escuchar, acariciar, saborear, admirar. Pero ¿somos conscientes de todo lo que tenemos a nuestro alcance para vivir? ¿Dónde están nuestros talentos? Al que tiene se le dará una medida bien colmada, y se recibe en esta vida el ciento por uno. Vivir la vida con lujo de detalles es vivirla permitiendo sencillamente que todas las experiencias me sirvan para crecer, aprender. Conseguir que alguien se sienta bien, confíe, se alegre de que estemos a su lado. Ser capaz de pensar en lo que hace alegrar al que necesita un poco de cariño y atención. Nada de lo que hacemos a favor de alguien es inútil. Lo que sembramos eso recogemos. La vida rica es vivir con lujo de detalles en cada momento. Unas veces serán cosas muy sencillas como descubrir lo que en ese momento necesita una persona. O ver como cada obstáculo mejora la vida. O saber poner al mal tiempo buena cara. Saber disfrutar de la cantidad de cosas que están a nuestro alcance con solo abrir los ojos. Desde S. Agustín también se entiende muy bien: si tienes miedo a la muerte, ama la vida en lo que concretamente estás viviendo. Una amiga, que es profesora, se llama Angela, nos invitaba el otro día a hacer de la vida una obra de arte. Es una idea que es maravillosa si la convertimos en realidad. La riqueza de la vida está en los pequeños detalles que nunca se olvidan. Es como una pintura, en la que cada una de las pinceladas hace el cuadro. Me ha gustado mucho eso de pensar si quiero hacer de mi vida una obra de arte. Y son los detalles diarios los que hacen esa obra de arte.

Aprovechar la vida es vivir con todos nuestros sentidos y sensibilidad queriendo de verdad que el Señor bendiga nuestras manos para que sepan confortar y consolar, pero nunca aprisionar. Mirar de tal manera que los demás se sientan felices por nuestro modo de mirarles. Saber escuchar los gritos silenciosos de lo que ocurre a nuestro alrededor. Emplear nuestra boca para dar testimonios bueno, no decir nada que hiera o destruya, pronunciar palabras que alivien, nunca para traicionar. Conseguir despertar sonrisas, pensemos en la cantidad de detalles que pueden constituir «el lujo de nuestro vida», eso es muy personal.

Aprovechar la vida es desde luego vivirla con todo el lujo de detalles que supone vivir, hacer como decía Ángela, una obra de arte en este momento. Hacer de los sentimientos que tengo, de los deseos, de los problemas, de las tensiones, de las dificultades, del aburrimiento una obra de arte. Aprovechar la vida, vivirla con lujo de detalles y hacer una obra de arte es: adorar y confiar.

De pronto me he acordado de una especie de oración de Teilhard de Chardin que se llama así «Adora y confía». No inquietarse por las dificultades de la vida, sus altibajos, y decepciones, por el porvenir más o menos sombrío. Querer lo que Dios quiere. Y en medio de las inquietudes y dificultades ofrecer el sacrificio de nuestra vida sencilla, que pese a todo, acepta confiada los designios de la Providencia. Poco importa que nos consideremos unos frustrados, si Dios nos considera plenamente realizados a su gusto. Nosotros, confiados ciegamente en Dios aunque jamás le veamos, a perdernos en El. Estamos en sus manos, más fuertemente cogidos cuanto más decaídos y tristes nos sintamos. Que nada sea capaz de quitarnos la paz; ni la fatiga psíquica, ni los fallos morales. Que brote siempre en nuestro rostro una sonrisa reflejo de la que el Señor nos dirige. La vida hay que vivirla, en cada momento, con ese lujo de detalles, que experimentamos en nuestros sentimientos y deseos, en nuestras posibilidades y realizaciones. Y con todo ello hacer nuestra obra de arte personal. Coloquemos en nuestro interior como fuente de energía y criterio de verdad todo lo que nos llene de la paz de Dios. Y desde luego, lo que nos deprima e inquiete es falso. Esto se nos asegura en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Nosotros cuando estemos apesadumbrados y tristes: adorar y confiar. Es nuestra gran riqueza y lo que nos permite vivir con un verdadero lujo nuestra vida.

Para acabar. Dice una antigua leyenda que, cuando Dios estaba creando el mundo, se le acercaron cuatro ángeles, y uno de ellos le preguntó: Qué estás haciendo? El segundo le preguntó ¿Por qué lo haces? El tercero: ¿Puedo ayudarte? El cuarto ¿Cuánto vale todo esto? El primero era un científico, el segundo un filósofo. El tercero un altruista. El cuarto un agente inmobiliario. Un quinto ángel se dedicaba a observar y a aplaudir con entusiasmo. Era un místico. Nosotros desde el quinto ángel un poco de cada uno de los otros cuatro y veremos la vida con lujo de detalles.