La conversión del vaticanista

La conversión del vaticanista que entrevisto a Juan Pablo II

by CatólicoDigital on 28/11/08 at 9:10 am

Historia singular la del escritor Vittorio Messori. Autor de libros superventas, con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Único autor que publicó un libro-entrevista con el papa Juan Pablo II («Cruzando el umbral de la esperanza») y entrevistó al cardenal Joseph Ratzinger («Informe sobre la Fe»), que luego llegaría a ser Papa.

Solamente «Cruzando el umbral de la esperanza» vendió más de veinte millones de ejemplares y fue traducido a 53 idiomas.

Y sin embargo hasta los 23 años Messori no era para nada católico. La familia era agnóstica o más bien anticlerical. Se crió y educó en una cultura racionalista, indiferente al misterio religioso y hostil a la sola idea de que Dios pudiera existir. Como estudiante universitario, fue discípulo de maestros del laicismo como Norberto Bobbio y Galante Garrone. Luego pasaría a ser periodista en el diario turinés «La Stampa».

Era el verano de 1964 en Turín, cuando ya se entreveían los primeros fogonazos del inminente Mayo de 1968, con los estudiantes universitarios que se alimentaban de Sigmund Freud, Karl Marx, Wilhelm Reich, y el mundo católico se debatía en los problemas del postconcilio Vaticano II. En este contexto, Messori encontró al Cristo que le cambió la vida.

La historia del hijo de un carpintero de Nazaret que decía ser el hijo de Dios y que murió inocente en la cruz, entró tan hondamente en la vida de este estudiante  universitario, que el primer libro che publicó «Hipótesis sobre Jesús» se convirtió en un best-seller internacional.

Quien cuenta la conversión, las vivencias, las experiencias, los pensamientos de un católico que no atiende a bagatelas, apologético con razón, sólido y realista, es el vaticanista Andrea Tornielli, que ha entrevistado a Vittorio Messori, en el libro publicado ahora en italiano con el título «Por qué creo. Una vida para dar razón de la fe» («Perché credo. Una vita per rendere ragione della fede», editorial Piemme).

En este diálogo austero y esencial, Messori relata que nadie creía en el éxito de «Hipótesis sobre Jesús». Muchos trataron de convencerle de que hiciera otra cosa. Los anticlericales se le mostraron hostiles pero también había católicos escépticos.

Los religiosos de la editorial «Sei», sus primeros editores, estaban seguros de que el libro sería un fracaso editorial y por ello lo mantuvieron en una gaveta durante más de un año y, en la primera edición, imprimieron sólo tres mil ejemplares.

Hoy, aquel libro ha superado un millón de ejemplares vendidos, ha sido traducido a entre 30 ó 40 idiomas, y a pesar de que fue escrito a mediados de los años setenta del siglo XX, sigue vendiendo aún entre 20 y 30.000 ejemplares al año.

Messori explica sin embargo que el mérito no es suyo, es Cristo quien sigue interrogando a la humanidad.

Un Cristo que sigue provocando la discusión, como demuestra el reciente fallo de un juez en Valladolid, España, contra los crucifijos en las aulas del colegio público Macías Picavea.

«No me escandalizo ni me rasgo las vestiduras por lo que ha sucedido en España -comenta a ZENIT Vittorio Messori-, porque estoy convencido de que un poco de dificultad y de hostilidad hace bien al cristianismo, despierta y hace tomar conciencia de la propia identidad».

«La historia lo enseña: las persecuciones han sido oportunidades para que los cristianos se multiplicaran», explica.

En la introducción al libro, Tornielli precisa que Messori «escribió el libro que no encontraba».

Messori no buscaba «análisis sobre la sociedad, sobre la pobreza material y sobre sus causas, sobre el compromiso político y social de los católicos, sobre la aplicación de las ciencias humanas al cristianismo».

El escritor convertido buscaba respuestas a las preguntas: «¿Qué hay de verdad en esta historia, en este relato, del que, desde hace dos mil años, se sigue oyendo el eco en el mundo? ¿Jesucristo es de verdad el hijo de Dios? ¿Es de verdad él el Mesías esperado por Israel, anunciado por las profecías? Y, sobre todo, ¿de verdad resucitó?

Pero antes que nada Messori buscaba certezas sobre la historicidad de aquél hombre,  venido al mundo en una aldea perdida del Imperio Romano, que cambió la historia de la humanidad con la revolución del amor caritativo.

En el libro, Messori relata su conversión, que fue precedida por un hecho extraordinario, una llamada telefónica de un tío materno que murió joven por un ictus cerebral. El escritor es persona racional y está seguro de que no soñó ni sufrió alucinaciones.

Luego, en julio y agosto de 1964, mientras trabajaba en la centralita de la entonces compañía telefónica Stipel, encontró por casualidad un ejemplar de los Evangelios. Leyéndolo ávidamente sucedió un fenómeno que Messori describe como una «luz estallada de repente», un «encuentro misterioso», casi físico, con Jesús.

El conocido escritor se describe como un «emiliano terragno» [de la región italiana Emilia y con los pies en la tierra, ndt], sin vocación para la vida mística y ascética, y sin embargo narra que en aquellos dos meses vivió inmerso «en una experiencia mística», que no hubiera nunca imaginado, ni pensado conocer. Una situación de luz plena «con la claridad de haber visto la Verdad, con toda su fuerza y evidencia». Verdad que «me fue mostrada sin que lo esperase o lo mereciera».

En la introducción, Tornielli sostiene que Vittorio Messori «es una figura atípica en el panorama eclesial y cultural de hoy. No tiene pelos en la lengua, ni habla el «eclesialés», el típico lenguaje lleno de autorreferencias, a menudo esterotipado y tanto más repetitivo cuanto menos enganchado a la real experiencia humana. Y no se le puede fácilmente situar en este o aquel alineamiento. No es un tradicionalista, no es un moralista ni un teocon«.

Tornielli relata que Messori tienen un solo, gran remordimiento: «Constatar cada día que la ‘conversión de la mente’ -que fue y es total- demasiado a menudo no vaya  acompañada de la ‘conversión del corazón’. Y que, por tanto, debe unirse al lamento de ‘su’ Blas Pascal: ‘¡Cuánta distancia hay, en mí cristiano, entre el pensamiento y la vida!'».

«Adopción. Al encuentro de la vida»

un recorrido por la realidad cotidiana de la adopción

María Ángeles Fernández presenta su libro «Adopción. Al encuentro de la vida»

Susana Ariza. 26 de noviembre.

Maria Ángeles FernándezAdopción. Al encuentro de la vida. Es el título del libro de la periodista María Ángeles Fernández, que aborda este delicado asunto combinando la experiencia personal y su conocimiento teórico sobre el tema, aunque ella misma ha matizado en la presentación de la obra esta mañana, que no se trata de una guía de adopción, sino de un recorrido desde que una pareja se decide a adoptar hasta que el niño que ha sido adoptado comienza a preguntarse por su origen.

«He querido insistir mucho en la idea de que no se trata de niños adoptados, sino de niños que han sido adoptados. La adopción es una circunstancia en su vida, no un objetivo.» La misma idea se plantea en la película Bella, dónde una madre, al hablar de sus tres hijos (dos biológicos y uno adoptado) aclara que la única diferencia entre ellos es la forma en que llegaron ala familia. Su productor y protagonista, el mejicano Eduardo Verástegui, ha presentado el libro junto con Luis Fernando Vílchez,profesor de Psicología evolutiva y de la educación de la Universidad Complutense de Madrid, y autor de varios libros sobre dicha materia.

El libro atraviesa tres etapas: una primera en la que se habla de temas como los trámites que hay que pasar para adoptar un hijo, el famoso ‘certificado de idoneidad’ ola motivación que lleva a esas personas a la adopción, cuyo fundamento es, según la autora, el amor.

En relación con ello, sorprendentemente, María Ángeles Fernández no ha querido manifestarse sobre la grave cuestión de la adopción por homosexuales ya que, según ella, no existen suficientes estudios al respecto. En este asunto ha sido poco clara y ha asegurado que respeta «todas las opiniones y posturas».Sin embargo, sí ha señalado que, en su caso personal -ella va a ser madre soltera- sí está abierta «a la posible llegada de un padre, por lo tanto, su hija sí tendrá ese referente paterno, aunque no exista físicamente». «El papel del padre, afirmaba, yo no lo considero prescindible».

En la segunda parte se trata el encuentro con el niño y todo lo que ello implica. La autora ha intentado también ponerse en la piel del niño, que «se encuentra de pronto con que se sube en un avión con unos desconocidos que van a ser sus padres, y él tiene que aceptarlo así». Habla también de la llegada al nuevo hogar, el día a día y los problemas o dificultades que tanto los padres como el hijo se pueden encontrar.

Aquí, la autora plantea la posibilidad del fracaso en una adopción: «es algo que puede ocurrir y ocurre, y a los futuros padres se les debe hablar de ello». Aunque, también ha destacado que «muchas veces no se produce por un problema del niño sino por las falsas expectativas que los padres se habían creado».

Finalmente, la autora plantea la importancia de que ese niño conozca desde el primer momento «obviamente adaptado a su edad», cuál es su origen. «Nunca debemos mirar hacia atrás con rencor, con odio. No somos nadie para juzgar y no conocemos las circunstancias que han llevado a una madre hasta la situación de tener que dar a su hijo en adopción». Para ella, esa actitud supone más bien lo contrario: «un inmenso acto de amor y de generosidad, porque le han dado a su hijo la vida».

En este sentido, es importante destacar la adopción como «una alternativa real al aborto», como ha dicho la propia autora del libro y Eduardo Verástegui, que recordaba que en los Estados Unidos 1.500.000 niños son asesinados cada año en el vientre de sus madres, mientras 2 millones de padres esperan adoptar un hijo y tienen que ir a otros países para hacerlo.Por esta razón, Verástegui ha felicitado a la autora de este libro y «a cualquier persona que esté involucrada en trabajar al servicio de los demás». «Una de las cosas más nobles y más bonitas», añadía, «es poderle dar a un bebé, a un niño, una casa, y no sólo una casa, una familia».

Como profesional de la psicología, Vílchez ha elogiado también el libro de María Ángeles Fernández porque, «todo el mundo habla y opina de psicología y de educación, pero no todo el mundo sabe de psicología y de educación, y en este libro se ha demostrado que se sabe.»

Ser palabra viva

Ser palabra viva, de Chiara Lubich

Textos de la fundadora de los Focolares sobre la Palabra de Dios y su eficacia para transformar a las personas

Fabio Ciardi ha seleccionado algunos textos, casi aforismos, de la fundadora del Movimiento de los Focolares, centrados en la Palabra de Dios. Como casi todos los escritos de Chiara Lubich, tienen una fuerza que nace de su sabiduría transfigurada, por llamarla de alguna manera.

Porque no se trata, en ningún momento, de un estudio sobre la Palabra de Dios en el sentido científico que se da a éste, sino de un dejarse empapar por lo que Dios ha dicho en sus palabras y en su Palabra, para que sea Él mismo quien obre la transformación en nosotros.

En la experiencia de Chiara Lubich está la lectura asidua de los textos evangélicos y su comentario, individual y contrastado con otras personas. Durante muchos años, muchísimas personas se han alimentado de ese evangelio que ella administraba después de pasarlo por su corazón para que fuera mejor comprendido. En esta antología vemos que su pasión era el Verbo, la Palabra, Jesucristo.   Se abre el libro con un muy bello pensamiento de la autora: «La tensión de mi vida es vivir siempre la Palabra, ser la Palabra, la Palabra de Dios. La amo tanto, que desearía llegar al punto en que, si me preguntasen: «Pero tú, ¡quién eres?», quisiera responder: «Palabra de Dios«.   Por eso, continuamente se refleja en sus pensamientos esa eficacia de la palabra de Dios, que opera la transformación de los hombres. Así, después de leer muchos fragmentos del evangelio constata Chiara: «Viviendo una Palabra y luego otra y otra más, habíamos comprobado que al poner en práctica cualquier Palabra de Dios, los efectos al final eran idénticos; el hecho de que cada Palabra, a pesar de estar expresada en términos humanos y distintos es Palabra de Dios; pero como Dios es Amor, cada Palabra es caridad. … Y cuando una de estas Palabras caía en nuestra alma, nos parecía que se transformaba en fuego, en llamas, que se transformaba en amor«.   Meditando al hilo de las reflexiones de Chiara, el Evangelio adquiere para nosotros un nuevo colorido y se nos abre en su dimensión más profunda. Jesucristo es la Palabra, en quien el Padre lo ha dicho todo, pero la Biblia, en la que Dios nos habla con lenguaje humano, se refiere toda a Jesucristo. Cuando nos alimentamos de ella, lo hacemos de Jesucristo y de su amor que nos transforma. Porque la Palabra sigue siendo eficaz y actúa en los corazones y en la historia.   El lector agradecerá estos pensamientos, salidos de un corazón amante, porque le moverán a amar y dejarse amar por la Palabra.

SER PALABRA VIVA
Chiara Lubich
Ciudad Nueva
Madrid 2008
92 páginas

Libro sobre autenticidad de Santo Grial

España

Investigadora de EEUU presenta libro en España sobre autenticidad de Santo Grial

VALENCIA, 23 Ago. 08 / 04:52 pm (ACI).- La investigadora norteamericana Janice Bennet presentará su libro «San Lorenzo y el Santo Grial. Historia del Santo Cáliz de Valencia», en el que defiende la autenticidad del Santo Cáliz, venerado en la Catedral valenciana como el que Cristo usó en la Última Cena y que fue custodiado por el Santo mártir.

En el libro, que será presentado en el Congreso «Valencia la ciudad del Santo Grial» que se realizará el 7, 8 y 9 de noviembre de este año, la autora realiza una «minuciosa demostración de la historicidad de San Lorenzo y de los lugares y circunstancias de su vida que le vinculan al Santo Cáliz que Jesús utilizó en la Última Cena«, según informa el equipo organizador del congreso a la agencia AVAN.

El tema central del texto es «el envío de la reliquia de Roma a Huesca» y «expone la base histórica de la tradición que habla de que en el año 254 San Lorenzo recibió en Roma del Papa Sixto II el Santo Grial para que lo protegiera de las persecuciones» por lo que el Santo «trasladó la reliquia a su tierra natal, Huesca, donde permaneció durante siglos» hasta que «fue llevada a Valencia en el año 1424 por el rey Alfonso».

Janice Bennet es licenciada en Periodismo y doctora en Literatura Española por la Universidad de Colorado (Estados Unidos), y forma parte del Centro Español de Sindonología para el estudio de la Sábana Santa y otras reliquias de Jesucristo. Asimismo es autora del libro «Sagrada Sangre, sagrada imagen: el sudario de Oviedo».

El I Congreso Internacional «Valencia la ciudad del Santo Grial» se celebrará en noviembre en esta ciudad como parte de las celebraciones por el 1750º aniversario de la llegada del Santo Cáliz a España.

Al evento, donde Bennet participará como ponente, acudirán arqueólogos, historiadores, y distintos expertos, quienes «mostrarán las últimas investigaciones sobre la reliquia y aportarán propuestas de estudios para el futuro», afirman los organizadores.

Más información: www.ucv.es o www.catedraldevalencia.es

Testimonio de Vida

Alma y Cuerpo. Olga Bejano Domínguez

Soy una mujer joven, el 3 de Noviembre de 2007 cumpliré 44 años. Debido a una enfermedad que tuve a los 12 años producida al parecer por un componente de la anestesia, el Curare, en una simple operación de apendicitis y estoy paralizada de la cabeza a los pies, soy pentapléjica. Mi enfermedad es desconocida, no es congénita ni hereditaria, pero el proceso y sus consecuencias son similares a las de una E.L.A. ( esclerosis lateral Amiotrófica)

Sólo puedo ver durante unos segundos si me levantan el párpado derecho. No puedo hablar y tampoco escribir; me comunico con un sistema de abecedario inventado por mí y con unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me cuida habitualmente. Me alimento a través de un botón de gastrostomía y respiro de manera artificial, con ventilación asistida y soporte de oxígeno. Tengo dolores crónicos, neumonías, fiebre casi a diario y muchas infecciones continuas. Las más frecuentes son: respiratorias, gastrointestinales, de ojos ( porque al no poder parpadear se me ulceran las córneas y se producen infecciones)y de oídos (porque llevo drenajes para poder oír y para que las secreciones no se acumulen. Sin los drenajes no oiría absolutamente nada).

A los 23 años, la enfermedad se complicó y dio su cara más fea. Me pronosticaron seis meses de vida, los cuales se han convertido en 20 años de propina divina. Entonces decidí que no podía esperar a la muerte de brazos cruzados.»El alma es más fuerte que el cuerpo», mi madurez espiritual y crecimiento personal han sido motivados por el sufrimiento y por la superación personal día a día. Mi alma es fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una Fe y Confianza fuertes en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda.

Mi oración es algo constante, no falta en ninguno de mis días. Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo. Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una Cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro. Tampoco dejo que la añoranza de sueños que no puedo cumplir me quite la paz y me abandono en la Confianza, en la Divina Providencia de Papá Dios. Dios es quién más sabe de mi. Un día soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón y es verdad que está dando sus frutos.

También tengo días difíciles en los que me enfado con el mundo pero intento ver las cosas de manera positiva. Aunque todos tenemos días de todos los colores, todos son necesarios en la vida para crecer y madurar espiritualmente y como personas. Como a cualquier ser humano, no me gusta sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mi, en más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla pero ahora sé que si sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora.

Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del túnel. Esto dio a mi vida un giro de 180º y me puso rumbo hacia la búsqueda de Dios. Hasta entonces había sido una creyente un poco «light». Desde entonces, no tengo miedo a la muerte porque sé que cuando una persona fallece, en esta vida no existe nada similar para poder hacer una comparación a la luz y el bienestar que allí se sienten. Aunque también sé que todos somos diferentes y dependiendo de la vida que cada uno haya tenido, alcanzará una intensidad más o menos de la luz infinita, que es Dios. Mientras espero, mi vida consiste en luchar, sufrir, orar y escribir. Sin Dios nada vale la pena y hay que buscarlo como si quisiéramos encontrar las llaves en el fondo del mar. La Fe es muy importante para aprender a asumir cada uno su cruz. La Fe la forman dos letras. Para mi simbolizan la F de fuerza y la E de esperanza. La esperanza es el último sentimiento que cualquier ser humano debe conservar hasta el último instante de su vida.

El tiempo que la enfermera está conmigo no es suficiente para hacer todo lo que a lo largo de las 24 horas de cada día preciso. La vida es el don más preciado que Dios nos da y depende de cómo la viva cada uno puede ser el más desgraciado del planeta o el más feliz.


He escrito dos libros, el primero, «Voz de papel» narra mi experiencia de vivir con la enfermedad y la peregrinación por todos los hospitales por donde estuve ingresada. Cuento el dolor que provocó el diagnóstico y sus consecuencias clínicas. Me hice preguntas que a día de hoy nadie ha sabido responder: «¿por qué yo?, ¿por qué así?, ¿ y por qué no a mi?, ¿qué sucedió en aquel quirófano?, ¿fue una negligencia médica?, ¿falló mi organismo?, ¿estaba predestinada a ello?…»

A través de este libro, el lector puede sentir los temores, las luchas, el agotamiento, los momentos buenos, los malos y cómo sentí la presencia de Dios. Todo esto sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con buenas dosis de sinceridad, pero ante todo llena de esperanza. Por esta obra me concedieron, por votación popular, el título de Riojana del Año y seis meses más tarde, la Medalla de Oro de la Rioja, la más alta condecoración del Gobierno de La Rioja y, hasta el día de hoy, 7 de Marzo de 2007, soy la única mujer a la que se le ha otorgado tal distinción. Considero que en La Rioja, hay muchísimas mujeres merecedoras de tal distinción y, sinceramente, en la orla rodeada de tantos hombres, cuando la veo cada año, me siento muy sola y me gustaría ver la fotografía de más compañeras.


El segundo libro, «Alma de color salmón» me costó más tiempo escribirlo debido al avanzado deterioro físico producido por la enfermedad. Tardé dos años y medio en escribirlo y otros dos en publicarlo. En este libro hablo poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma.

Mi tercer libro está a punto de terminarse, contará con unos treinta capítulos en los que hablo de mi vida espiritual y humana. El libro ya está escrito, ahora la enfermera, a ratitos, me va leyendo todos los capítulos y, a medida que los vamos corrigiendo, voy añadiendo y quitando cosas. Si Dios quiere, yo calculo que para el mes de marzo estará terminado, aunque luego tendré que negociar con los editores y seguir todos los trámites. Ya se sabe que los papeleos y los asuntos judiciales necesitan bastante tiempo, pero estoy segura de que, cueste lo que cueste, el libro algún día, cuando Dios quiera, verá la luz. Ya tengo dos experiencias anteriores y, si con el primero tuve dificultades, con el segundo tampoco lo tuve fácil. Lo importante es que ya está escrito. El título en un principio iba a ser «Los eslabones de Dios» pero, como el título alguna persona indiscreta lo desveló y corrió la voz por internet a la velocidad de la pólvora, lo tuve que cambiar y ahora es muuuuuucho más bonito. Y la editorial es toda una incógnita porque no la sé ni yo.

Cualquier vida es única e irrepetible y tiene tanto valor como otra. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante. Mis días son muy cortos. A las diez en punto llega la enfermera. Comienza el aseo personal que dura tres horas. Aquí se incluyen ejercicios de rehabilitación, cura de heridas, toma de constantes, administración de medicación, aspiraciones constantes por boca y traqueostomía y esterilización de aparatos. Alrededor de la una ya estoy preparada y comienza mi vida social: leo y contesto el correo postal y electrónico, hago llamadas telefónicas, recibo visitas y escribo artículos, cuentos y libros. De estos últimos voy por el tercero, como ya he dicho antes. En cada libro que he escrito, cuando veía el final, me surgían todo tipo de dificultades pero, cuando estaba a puntito de tirar la toalla, alguien aparecía en mi vida por sorpresa y todo veía la luz.

A las dos de la tarde la enfermera me acuesta para descansar; a las dos y media la comida, todo tiene que estar bien triturado para que la sonda de gastrostomía no se obstruya. A esa hora la enfermera se va y me deja descansar. Luego regresa a las cuatro y media y me vuelve a levantar, a asear, me da la merienda junto con la medicación y de nuevo, nos ponemos a trabajar. Por la tarde sigo con mis actividades sociales hasta las siete y media, cuando la enfermera termina su jornada laboral y le cede el relevo a mi cansada madre que me da la cena y me cuida hasta la mañana siguiente. Los fines de semana y festivos no dispongo de enfermera con todo lo que ello conlleva: mi madre ya no me puede asear, ni cambiarme de postura. En la cama no puedo garabatear y sólo puedo decir palabras muy concretas a través de mi abecedario.

Siempre he respetado a las personas que sufren. Nadie mejor que yo conoce el sufrimiento pero no quiero que se me manipule ni a favor, ni en contra de la eutanasia porque cada persona es un mundo y cada vida tiene unas circunstancias. Respeto y entiendo a quien quiera solicitar la eutanasia, pero pido el mismo respeto hacia los que queremos luchar hasta el final, que somos muchos.

La Madre Teresa de Calcuta dijo una vez que en los países cuyo nivel económico parece ser elevado, existen expresiones de pobreza oculta, tales como la tremenda soledad de la gente que se siente abandonada y que sufre mucho por ello. Actualmente muchos enfermos con enfermedades dependientes quieren vivir pero están silenciados por la opinión pública y la presión mediática. Muchos enfermos sufren por no tener una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas. Siempre intento luchar por los derechos de los enfermos, por el derecho a servicios de salud más humanos e integrales y la dignificación del enfermo como un ser completo en sí mismo y con aportes que hacer a la sociedad. En vez de hablar de «muerte digna», se debieran ofrecer ayudas para facilitar la «vida digna».

Y por último y quizás lo más importante, es la «cariñoterapia». Todo enfermo necesita grandes dosis de cariño, quizás más de lo normal, por también tener menos de lo normal diariamente. Una sonrisa, un detalle, la compañía o simplemente que sientas que eres importante para las personas que tienes al lado, es fundamental para la vida de cada uno de nosotros, y más para los que nos enfrentamos al dolor cada día. Para mí, cada día que tengo de vida es una propina y un milagro. Entiendo que, procesos de enfermedad larga, crónica y cruel, hagan que algunos enfermos se desesperen pero, en mi caso, mi cuerpo cada día me va diciendo que lógicamente no voy a más joven, ni a más sana; siento que el final cada día está más próximo. Si veinte años se me han pasado en un suspiro, el final sólo Dios sabe lo que va a durar pero seguro que me llegará cuando menos lo espere.

Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía:
– ¡Otra vez estoy aquí!,
y le diré:
– Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes.

Los días cada vez son más difíciles de llevar físicamente. Las infecciones son continuas; no paso ni diez días sin necesitar un antibiótico. Los dolores son más intensos y aunque no me agarro a esta vida, me produce melancolía que esta etapa finalice.

Siento algo similar a cuando veía que iba a dejar de ser niña. Sabía que después de la infancia llegaba la adolescencia. La infancia no era el final, al igual que el fallecimiento tampoco lo es. Cada etapa de la vida tiene su encanto y hay que saber adaptarse a todo. Yo admiro mi capacidad de adaptación. Desde que era una miniatura tuve que adaptarme a los diferentes traslados debido al trabajo de mi padre: de ciudad, casa, colegio, amiguitos/as, diferentes idiomas y dialectos… Muchos psicólogos me han confesado que cualquier otra persona no aguantaría un aislamiento de veinte años entre las cuatro paredes de mi habitación con el añadido del intenso sufrimiento producido por la enfermedad.

La edad media de un ser humano que reside en Europa es de 80 años por eso se suele decir cuando se cumplen los cuarenta años «esta vida son dos días y yo ya he vivido uno», por eso siento que la vida se me escapa.

Muchas personas me suelen decir: ¡claro, como tú has tenido y sigues teniendo experiencias místicas, eso refuerza tu fe y tus ganas de vivir! , y yo les digo que a los diecisiete años, por ejemplo, no había vivido ninguna experiencia trascendental y ya muchas veces, sin motivo alguno, se me saltaban las lágrimas de lo afortunada que me sentía, por ejemplo, al ver un amanecer en una estación de esquí o al bajar por la noche esquiando con antorchas un grupo de jóvenes formábamos palabras como «paz».

Fuente: Alma color salmón

Tercer libro de una mujer pentapléjica

«Los garabatos de Dios», tercer libro de una mujer pentapléjica.

Zenit.org

Lleva más de dos décadas sin poder hablar. Respira a través de un respirador artificial, se alimenta con una sonda, ha sufrido casi 200 neumonías durante este tiempo, varias decenas de intervenciones quirúrgicas… La vida es cada vez menos fácil para Olga Bejano, de 44 años, pero ha decidido continuar «trabajando» y luchando para dar a conocer todo el potencial de sabiduría que lleva dentro.

Después de haber escrito «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón», sale ahora a la luz su última obra, «Los Garabatos de Dios», en la editorial LibrosLibres. Con motivo de su publicación, Olga ha concedido esta entrevista en la que explica los porqués de esta obra, repasa su situación actual y da razones de su esperanza en medio del dolor.

Olga Bejano
Olga Bejano

— Lo primero, lo que todos quieren saber, la pregunta que siempre surge en los foros… ¿Cómo estás?
OB: Fatal, físicamente una neumonía cada semana y psicológicamente muy cansada de tanto luchar con la burocracia. Llevamos dos meses sin enfermera y como soy una enferma de U.C.I., mi madre hace tres turnos ella sola. Estoy encamada todo el día y casi incomunicada.

–En segundo lugar, enhorabuena por tu tercer libro, y por todo el esfuerzo que ha supuesto. Dices en tu libro que el Cielo te pidió «en sueños, como quien no quiere la cosa», que escribieras otro libro. ¿Cómo fue?
OB: En este libro explico cómo el Señor me ha ido enviando a lo largo de estos veinte años porciones de conocimiento y sabiduría. Estos maravillosos regalos, eslabones de una misteriosa cadena, me han permitido abrir mi mente, madurar y crecer espiritualmente. Al principio no era consciente de lo que el Señor estaba haciendo conmigo y, ante la aparición de los regalos divinos, decía lo que casi todos los mortales: «¡Qué casualidad, qué coincidencia!». Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que todas esas casualidades y coincidencias no eran tales, y que todas, toditas, todas venían del Cielo. El Cielo hace las cosas más grandes de la manera más sencilla y todos sentimos cuándo un sueño es diferente.

–¿No quedaba suficientemente reflejada la importancia que la religión tiene en tu vida en los otros dos libros? ¿Por qué añadir más?
OB: ¡Ni muchísimo menos! De toda mi evolución espiritual y religiosa he dicho lo que me ha salido del corazón en cada momento, pero queda mucho en mi interior.

–Ahora ya, por fin, ¿tienes los deberes cumplidos?
OB: Eso sólo Dios lo sabe, aunque a mí trabajo no me falta, pero lo más importante ya lo he hecho y lo he comprendido.

–¿La relación con Dios que tienes ahora ha sido un regalo de tu enfermedad, o más bien de tu experiencia cercana a la muerte?
OB: Las dos cosas van unidas. Para mí la enfermedad no es ningún regalo. Los seres humanos somos materia y alma. La materia se puede deteriorar por muchas circunstancias y si uno acepta la situación de forma positiva, puede ser una oportunidad para madurar y crecer como persona humana y espiritualmente. Dios me da otro tipo de regalos poniendo en mi vida un equipo médico de cuidados paliativos fabuloso, un montón de amigos que siempre están cuando los necesito, mi familia, vosotros los lectores, etc.

–¿Deseas decir algo a tantas personas que alrededor del mundo te conocen, te quieren y rezan por ti cada día, aunque nunca te han visto personalmente?
OB: Desearía gritar que valoren su vida, que la sepan vivir sanamente, que vivan en paz y que sepan ser felices con lo que son y con lo que tienen. Que aprendan a ser felices y así podrán hacer felices a los demás. No se puede dar lo que no se tiene.

–¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista?
OB: Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi «sprint» final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia y a mis lectores siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible.

Fuente: Alma de salmón

Acertar en el noviazgo… y en el matrimonio

Ideas para acertar en el noviazgo… y en el matrimonio

miércoles, 20 de agosto de 2008
Miriam Díez i Bosch


ZENIT.org

Si se cultivan los pasos del noviazgo, el éxito del matrimonio, de algún modo, está garantizado por ese aprendizaje en el amor. Es la tesis que sostiene el sacerdote Rafael Hernández Urigüen en su nuevo libro: «Noviazgo: ¿Seguros? Ideas para acertar» (Ver Almudí, 16.V.2008).

El volumen, que está prologado por el psiquiatra Enrique de Rojas, acaba de ser publicado por EIUNSA (Ediciones Internacionales Universitarias).

El autor trabaja desde 1996 como capellán y profesor en ISSA (Instituto Superior de Secretariado y Administración de la Universidad de Navarra en San Sebastián), y forma parte del equipo de Capellanía del Colegio Mayor Ayete, también en la capital donostiarra.

Ha conversado con Zenit acerca del noviazgo.

Si el amor es un misterio, ¿cómo pueden haber «ideas» o «recetas» para un noviazgo?

El libro «Noviazgo: ¿seguros? Ideas para acertar» trata efectivamente del misterio del amor. El amor, que siempre tiene su fuente en Dios (Dios es Amor), sin dejar de ser un misterio inefable, se encarna personalmente.

Las mujeres y los hombres amamos, y en cada biografía humana se encuentra una historia de amor.

Por tanto, los diálogos de este libro giran alrededor de historias reales de universitarios y otros jóvenes que participaron a lo largo de diez años en un seminario interdisciplinar. A su vez relatan historias de amor (y de desamor) de otras personas.

En esas historias reales, con nombres ficticios por privacidad, se descubren planteamientos certeros que han llevado a un amor fiel, respetuoso y comprometido, junto a planteamientos erráticos que desembocan en fracasos estrepitosos. El libro no ofrece recetas, sino testimonios e ideas que iluminan para decidir bien sobre el amor.

Aquello de que «el amor es ciego»… ¿cómo lo interpreta?

Siguiendo la mejor tradición filosófica que considera al amor como una pasión. En las pasiones el mundo afectivo de la persona comienza llevando las riendas de la motivación. Si no intervienen pronto la razón y la voluntad, las pasiones y afectos pueden mover hacia decisiones equivocadas.

En este libro se analizan con ejemplos prácticos situaciones reales en las que la «maraña» de los sentimientos confunden a quienes experimentan de primeras el flechazo o el «fall in love» del que ya habló C.S. Lewis.

El doctor Rojas resume también en su prólogo esta idea: «Cuando el amor llega puede ser ciego, pero cuando se va es muy lúcido. De ahí la importancia de acertar en la elección y éste me parece un asunto central». Resulta novedosa en esta obra la importancia que se da al estudio de los diversos temperamentos humanos que ya desde el noviazgo han de tenerse en cuenta para acertar bien y no quejarse más tarde por la «incompatibilidad de caracteres». Finalmente se ofrecen pistas para crecer en lo que se ha denominado desde hace tiempo «inteligencia emocional».

¿Cuál es la premisa básica que presentaría a unos novios?

El libro «Noviazgo: ¿seguros?» sostiene la tesis de que un noviazgo bien vivido configura, más de lo que habitualmente se piensa, el futuro del matrimonio.

Viene a afirmarse: «lo que decidas que sea tu noviazgo será tu futuro matrimonio». Como premisa básica considero que convendría corregir algunas patologías.

El noviazgo se mira muchas veces como un periodo previo al matrimonio, pero de mera transición, sin entidad propia, incluso se trivializa, quedándose en sólo flirt (juego insustancial de amor).

Por el contrario, es una etapa importantísima de conocimiento mutuo entre la mujer y el hombre, en la que existen unas reglas no escritas de sinceridad, respeto, amor verdadero, paciencia, conocimiento profundo, que muchas veces se pasan por alto y marcan para siempre la futura relación matrimonial.

Si se descuidan aparecerán en el futuro patologías que llevan a crisis muy difíciles de superar cuando una mujer y un hombre ya están definitivamente comprometidos. Si se cultivan los pasos del noviazgo, el éxito del matrimonio, de algún modo, está garantizado por ese aprendizaje en el amor.

Por tanto, el libro afirma que «más vale un trauma en el noviazgo, que un matrimonio traumático». Me explico: si durante el noviazgo se comprueba que aquella relación no «va en serio» encaminada al compromiso matrimonial, conviene romper con ella cuanto antes, asumiendo el dolor momentáneo como terapia, incluso si se es cristiano llamémosle cruz, evitando así un futuro desastroso de separaciones o rupturas matrimoniales.

Finalmente considero que, cuando se hayan conocido lo suficiente como para saber que por su compatibilidad de caracteres, valores, y proyecto de matrimonio, ese amor proyectado en el futuro será un matrimonio de verdad.

¿Es verdad que hoy la gente ya «no aguanta», como se decía antaño?

Aquí cuenta mucho la decisión. En los últimos años, las mujeres echan en falta que el hombre se decida a proponerles la fecha de la boda, y esta patología del hombre se refleja en algunas de las historias de mi libro. Para los cristianos, la oración la frecuencia de sacramentos, y una formación prematrimonial profunda, constituyen ayudas que propician decisiones acertadas.

En el Himno a la Caridad (1 Corintios 12, 31) de san Pablo se afirma que el amor «todo lo aguanta». Sin duda el amor cristiano está vertebrado por el sacrificio y no vivimos tiempos de afición a la Cruz.

De todas formas, en el mismo texto de la Carta a los Corintios, San Pablo describe características del amor en las que primero los novios y después los esposos han de poner de su parte: paciencia, afabilidad, magnanimidad, humildad, educación, generosidad, mansedumbre, olvido de los agravios, sinceridad…

Si uno de los dos no está dispuesto a cultivar estas actitudes durante el noviazgo, cuanto antes disuelvan su falsa relación mejor.

Por eso mi libro explica con historias reales en la importancia de conocerse bien y cultivar un amor paciente, detallista y respetuoso que todavía no es definitivo, pero que tiene un horizonte de compromiso.

Hay «teorías» o cosmovisiones cristianas sobre el matrimonio, ¿las hay también sobre el noviazgo?

Esa misma pregunta me la formulaba hace ahora doce años un joven musulmán. Por entonces estudiaba detenidamente dos preciosos documentos de la Iglesia católica que aconsejo meditar y difundir. «Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia», (8 diciembre 1995) y «Preparación al sacramento del Matrimonio», (13 de mayo de 1996). Los dos están editados por el Consejo Pontificio para la Familia.

En mi libro dialogo con los jóvenes sobre muchas de sus ideas. Entre ellas se afirma que los padres han de proponerse educar a sus hijos para el amor desde la infancia. Se anima también a que los padres introduzcan en la vida y el amor a los niños, y las madres a las niñas.

Hay referencias valiosas para evitar el machismo cultural y conseguir que el hombre respete a la mujer desde su primera infancia valorando lo que Juan Pablo II denominó «genio femenino».

Con el libro también he tratado de explicar por qué la visión cristiana desaconseja del todo a los novios mantener relaciones prematrimoniales.

Hay razones humanas, psicológicas y desde la antropología que fundamentan esta doctrina sobre la castidad en el noviazgo. Un capítulo del libro aborda este tema con argumentos profundos y contundentes bajo el título: «Los novios con futuro duermen bajo distinto techo».

Las relaciones prematrimoniales encierran la falacia de que un chico y una chica se entregan sus cuerpos sin entregarse definitivamente las personas por el previo compromiso matrimonial. Entregar el cuerpo sin comprometerse es siempre una relación falsa que acostumbra en el futuro a no entregarse verdaderamente y del todo en el matrimonio.

Las estadísticas que aparecen en el libro demuestran también que hay más porcentaje de separaciones y rupturas matrimoniales entre las parejas impacientes, que entre las que llegan vírgenes a la boda.

Un buen resumen de todo esto se encuentra en el Catecismo de la Iglesia: «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad» (n. 2350).

En definitiva, me permitirá que evite utilizar la expresión «teorías cristianas» sobre el matrimonio o el noviazgo, pues la verdad cristiana sobre el amor, como nos recordó Benedicto XVI en su primera encíclica recupera sus valores más genuinos sin quitarle nada de su belleza: «Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni «envenenarlo», sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza» (Deus Caritas est, n. 5).

La gracia purifica las escorias del amor librándolo del egoísmo y permitiéndole recuperar su original belleza y fuerza. La visión cristiana, permítame la expresión, ofrece una ecología del amor en su más genuina autenticidad.

La casa de C.S. Lewis

Allí escribió «Las Crónicas de Narnia»

La casa de C.S. Lewis, patrimonio histórico de Gran Bretaña

El hogar del escritor C.S. Lewis en Oxford, donde se escribieron las Crónicas de Narnia ha sido reconocido patrimonio histórico por una destacada institución británica. El autor anglicano vivió en The Kilns, nombre que puso a la casa que fue su hogar, desde 1930 hasta el 1963, año de su muerte. Lewis escribió un total de 40 libros, de los cuales la serie de «Las Crónicas de Narnia» son los más conocidos. En los libros de esta serie se narra la historia de 4 niños en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. A la fecha de hoy la firma de C.S. Lewis ha logrado la venta de 100 millones de copias de libros en el mundo entero.

Casa de C.S.Lewis
Casa de C.S.Lewis

(EntreCristianos/ACPress.net) El hogar del escritor C.S. Lewis en Oxford, donde se escribieron las Crónicas de Narnia ha sido reconocido patrimonio histórico por una destacada institución británica.

C.S. Lewis vivió en The Kilns, nombre que puso a la casa que fue su hogar, desde 1930 hasta el 1963, año de su muerte. Fue precisamente The Kilns el lugar donde salieron del tintero clásicos cristianos como «Las Cartas del Demonio a su Sobrino» y la popular serie «Las Crónicas de Narnia».

Para reconocer la obra de tan destacado escritor cristiano así como el escenario, el pasado sábado 26 de Julio las autoridades del prestigioso premio «Oxfordshire Blue Plaques» en Oxford han colocado una placa azul en ese The Kilns. Con ello han reconocido la contribución de C.S. Lewis a la cultura y a la literatura.

C.S. Lewis escribió un total de 40 libros, de los cuales la serie de «Las Crónicas de Narnia» son los más conocidos. En los libros de esta serie se narra la historia de 4 niños en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. El primer libro de esta serie «El león, la bruja y el armario» fue adaptado por Walt Disney en el año 2005 para ser llevado a la pantalla grande. Mientras que en la actualidad el segundo libro, «El Príncipe Caspian» actualmente impacta los cines a nivel internacional.

Sin embargo lo más destacado de Lewis no son los cuentos infantiles. Lewis ha sido reconocido como unos de los más destacados apologistas del siglo pasado, y entre los libros que escribió se destacan «Mero Cristianismo» y «El problema del sufrimiento y los milagros». Estos libros fueron concebidos por Lewis con el fin de responder con su punto de vista las inquietudes que se debatían en el entorno cristiano de la época. Estos fueron los libros que otorgaron a Lewis reconocimiento en la cristiandad.

A la fecha de hoy la firma de C.S. Lewis ha logrado la venta de 100 millones de copias de libros en el mundo entero.

«Tenemos reglas muy estrictas a la hora de otorgar las placas azules y buscamos verdadera excelencia en los reconocimientos» manifestó Eda Forbes, secretaria de la institución que reconoce en Oxford las residencias de figuras destacadas.

En la actualidad The Kilns es un centro de estudios cristianos propiedad de la Fundación C.S. Lewis con sede en el estado norteamericano de California.

Stan Mattson, presidente y creador de la Fundación C.S. Lewis y Walter Hooper, que fue secretario de Lewis estuvieron presentes en el homenaje al histórico lugar de la literatura cristiana.

El éxito de «La sangre del pelícano»

El éxito de «La sangre del pelícano», según su autor

jueves, 22 de mayo de 2008
ZENIT.org / LibrosLibres.com
Fuente: Almudi.org


Zenit.org

«La sangre del pelícano» es una de las sorpresas editoriales del año: un thriller policiaco, profundamente cristiano, éxito de ventas.

Después de haber informado sobre el lanzamiento del libro, hace meses, Zenit entrMiguel Angel Arangurenevista a su autor, Miguel Aranguren, el primer sorprendido por la acogida de su octava novela editada por LibrosLibres.

Según la trama, el sacerdote Albertino Giotta escapó hace años de las garras del diablo. Pero el príncipe de la mentira ha vuelto dispuesto a urdir una terrible venganza. La batalla entre el Bien y el Mal no tendrá cuartel.

Albertino Giotta y el comisario Luigi Monticone, se enfrentan -con la fuerza de la fe y la astucia- a unos horribles e inexplicables crímenes en la peor crisis de la Iglesia.

Tal y como se encuentra el mercado editorial (exceso de publicación de novedades, focalización en muy pocos títulos gracias a costosísimas campañas de marketing y publicidad, poco espacio físico en las librerías y concentración de las ventas literarias en las grandes superficies), ¿cómo se explica el éxito de «La sangre del pelícano»?

Como autor no tengo una respuesta sencilla a los miles de ejemplares vendidos. Tal y como usted plantea, no es fácil hacerse un hueco en el mercado literario. Sin embargo, los lectores están a su vez cansados de que la pauta de la buena literatura esté marcada por personas ajenas al escritor, es decir, que sean los publicistas quienes decidan qué hay que leer. Por otro lado, «La sangre del pelícano» echa un pulso a tantas novelas de intriga espiritual que desde hace diez años vienen poniendo en jaque a la Iglesia y a la Verdad.

¿Se refiere a «El código da Vinci»?

Pienso que «El código» es sólo la punta del iceberg de un plan bien definido para dañar desde el ámbito literario a la Iglesia y a las verdades que ésta custodia. Si no fuera así, cuesta entender el empeño de novelistas y editoriales en utilizar un asunto ajeno (está claro que quienes escriben para hacer daño a la Iglesia no pueden considerarse buenos cristianos, es decir, que sus argumentos les son ajenos) con la insistencia de quien ha encontrado una bicoca. Muchos novelistas no salen de lugares comunes para plantear sus tramas: sacerdotes corruptos, monjes que esconden secretos que ponen en jaque las raíces de la propia Iglesia, papas malvados y, lo que es más grave, un pueblo engañado y que se deja engañar.

Uno se podría cuestionar por qué le preocupa a usted que haya novelistas que quieran hacer de todos esos temas la base del argumento de sus libros.

Se trata de una cuestión de principios. El escritor ha recibido un don para comunicarse con los demás y tiene la obligación ética de utilizarlo bien. Basta un análisis somero de la historia de la Iglesia para llegar a la conclusión de que, como institución, ha realizado un bien sin cuento a la humanidad, más allá de sus propios fieles: la ciencia, las obras de caridad, la expansión de una civilización sostenida en los derechos individuales y colectivos, la igualdad… Con esta apreciación no quiero decir que en esta historia no haya habido oscuridades: los últimos papas las han reconocido y pedido públicamente perdón (algo inconcebible en cualquier otra institución humana), convencidos de que la naturaleza caída del hombre es capaz de provocar mucho mal. Pero permítame que me detenga en estos últimos pontificados: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI -por no extenderme más en el análisis- han sido y son adalides de la paz, tal como la comunidad internacional ha reconocido tras la reciente visita del Papa a la sede central de las Naciones Unidas. Por todos estos motivos, es de justicia que cuando se novelan asuntos vinculados al cristianismo, los escritores sean consecuentes con la realidad. Por puro sentido común. Por puro sentido de la justicia.

Tal vez la clave se encuentre en saber si la fe puede ser motivo de novela.

¿Por qué no? La espiritualidad es intrínseca al hombre, así que su sed de Dios puede ser motivo de novela. Es más, se trata de la dimensión más profunda del ser humano y, por tanto, de la más apasionante ya que ilumina el resto de nuestro actuar. Eso sí, hablamos de fe, no de una caricatura más cercana a la superstición o a la superchería. En ese sentido, tengo presentes aquellas líneas en las que Juan Pablo II, en su carta a los artistas, pedía que volviésemos los ojos a la Verdad porque la Iglesia necesita de artistas (de novelistas, por qué no) del mismo modo que los novelistas necesitan de la luz que custodia y transmite la Iglesia.

Háblenos de estos primeros meses de vida de «La sangre del pelícano»…

Empezaré confesando que ninguna otra novela de las que he publicado me ha dado tantas alegrías. Piense que nos referimos a una novela de suspense policiaco, un mero entretenimiento y, sin embargo, los lectores se enfrentan a sus páginas con la pasión de quien contempla algo auténtico. Yo creo que no se debe sólo a la trama (unos misteriosos asesinatos que implican de manera directa a un sacerdote que, antes de su conversión había tenido una vida disipada), sino a la personificación de los dos contrapesos de la Historia.

¿A qué se refiere?

Al Bien y al Mal en toda su dimensión. Al tratar del Bien, «La sangre del pelícano» no presenta a personajes cándidos, blanditos, sino a auténticos ejemplos de fortaleza. Y no sólo me refiero a Juan Pablo II y a la beata Teresa de Calcuta, protagonistas secundarios de la novela, sino a los miembros de la Iglesia perseguida en China que, quizá, han concitado más emociones que ningún otro pasaje del libro. También el protagonista, el párroco Albertino Guiotta, da auténticas lecciones de esperanza en tiempos de tribulación y, por qué no decirlo, el comisario Luigi Monticone, que refleja de alguna manera al hombre de hoy, que alberga en el corazón, tal vez muy escondida, la presencia de Dios

¿Y el Mal? ¿De qué manera aparece en «La sangre del pelícano»?

El Mal aparece de muchas maneras. Desde la forma más atractiva y seductora (el pasado de Albertino Guiotta antes de encontrar a Dios) hasta su rostro más auténtico: el mismísimo Satanás. Porque en la novela el diablo juega un papel importante. He querido que el público se diera cuenta de la presencia del Príncipe de la mentira en nuestro mundo, así como de su ira cada vez que logra alguno de sus objetivos. Porque a Satanás el mal sólo le mueve a una mayor desesperanza, a un vacío más grande. Su destino es la soledad del infierno frente a la felicidad sin límites que Dios prometió a quienes le sigan. Y sabe que ha perdido la batalla, a pesar de que los signos externos puedan indicar lo contrario.

¿Cómo reaccionan sus lectores ante esta manera tan rotunda de plantear la trama de la novela?

La sensación que me llega por sus comentarios y correos electrónicos es que agradecen la claridad de ideas. Es cierto que «La sangre del pelícano» es sólo una novela, es decir, que no se trata, ni mucho menos, de un tratado teológico ni de un manual de ascética. Busco el entretenimiento, pero un entretenimiento que no esté enfrentado a la realidad. Lo que se narra en las cinco localizaciones del libro (Roma, París, Granada, Cantón y Nueva York) es posible, y eso provoca una identificación casi inmediata del público con los dos héroes de la novela: Albertino y Luigi, con los que sufren y disfrutan de sus aventuras.

¿Veremos pronto una segunda parte?

Aunque ahora estoy embarcado en otros proyectos literarios, no tengo duda de que Albertino Guiotta y el comisario no me quieren dejar tranquilo… No se tratará tanto de una segunda parte, porque el caso de «La sangre del pelícano» está cerrado, como de enfrentar a esta pareja tan singular a nuevos retos ante los que la fe y el ingenio humano puedan ganar la partida.

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LibrosLibres.com

Almudi.org - Título: «La sangre del pelícano»

ISBN: 1213456

Autor: Miguel Aranguren

Precio: 22.00 Euros

«El sacerdote Albertino Giotta escapó hace años de las garras del diablo. Pero el príncipe de la mentira ha vuelto dispuesto a urdir una terrible venganza. La batalla entre el bien y el mal no tendrá cuartel.

Albertino Giotta y el comisario Luigi Monticone, una de las más sugerentes parejas literarias de los últimos tiempos, se enfrentan -con la fuerza de la fe y la astucia- a unos horribles e inexplicables crímenes en la peor crisis de la Iglesia.»