En recuerdo de Carmen Escrivá de Balaguer

Hace 50 años falleció en Roma Carmen Escrivá de Balaguer. Con su generosa dedicación ayudó a san Josemaría en la creación de un verdadero ambiente de familia en los centros del Opus Dei.

21 de junio de 2007

Carmen Escrivá de BalaguerDesde los comienzos del Opus Dei, tía Carmen -como se llama en la Obra a la hermana de San Josemaría- colaboró en las tareas domésticas de las primeras residencias de la Prelatura.

Vídeo sobre Carmen Escrivá en josemariaescriva.info

Textos de Mons. Álvaro del Portillo sobre
Tía Carmen en la entrevista al sucesor de San Josemaría publicada por Rialp:

Tía Carmen y el aire de familia de los centros del Opus Dei

El trabajo en las primeras residencias

Recuerdos de una vida generosa

Una inteligencia inquieta por la verdad

Agustín de Hipona, una inteligencia inquieta por la verdad y un corazón apasionado por el amor

   
Escrito por José Barros Guede   

             El día 22 de abril de este año 2007, el papa Benedicto XVI pronunció un discurso en la Universidad de Padua, en cuya ciudad reposan los restos del obispo de Hipona, diciendo: “san Agustín fue una persona buscadora de la Verdad, enamorada del Amor e inspirador de mi encíclica, Deus caritas est”.Image

         Ciertamente, sus famosos dichos “entiende para creer y cree para entender”, “la fe que busca el entendimiento”, “Señor, nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, “oh Dios, tarde te amé, hermosura tan antigua como nueva”, manifiestan y rebelan una persona inquieta y preocupada por  la búsqueda de la verdad. Sus palabras más frecuentes y repetidas en sus escritos y conversaciones son “amor y caridad”. Escribe en su libro de las Confesiones “amabam amare” (amaba amar), realidad y sentimiento de salvación y libertad que, más tarde, expresará en su inmortal frase  “ama y haz lo que quieras”. 

          Agustín nace en el año 354, en Tagaste, hoy un pequeño pueblo llamado Souk Ahras, en Argelia, limitando con Túnez. Hijo de padre pagano converso al cristianismo poco antes de morir cuando Agustín contaba 17 años, y de madre cristiana, Mónica, mujer cristiana paciente y mansa. Estudia retórica en Mudara y Cartago. Aquí, en esta ciudad, cae en sus manos el libro de Cicerón sobre Hortensio que le enseña si quiere ser feliz, tienes que buscar la verdad y vivir conforme a la virtud.

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San Luis Gonzaga

San Luis Gonzaga, Religioso (1568-1591)

21 de Junio

SAN LUIS GONZAGA, religioso (1568-1591)El Patrón de la Juventud Católica, San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo de 1568 en Lombardía. Su entrega a Dios en su infancia fue completa y absoluta y ya en su adolescencia, decidió ingresar a la Compañía de Jesús, pese a la rotunda negativa de su padre, que soñaba para él una exitosa carrera militar. Durante los años siguintes, el santo dio pruebas de ser un novicio modelo.

Estando en Milán y por revelación divina, San Luis comprendió que no le quedaba mucho tiempo de vida. Aquel anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo. Por consideración a su precaria salud, fue trasladado de Milán a Roma para completar sus estudios teológicos, siendo los atributos de Dios los sus temas de meditación favoritos. En 1591 atacó con violencia a Roma una epidemia de fiebre; los jesuitas abrieron un hospital y el santo desplegó una actividad extraordinaria; instruía, consolaba y exhortaba a los enfermos, y trabajaba con entusiasmo y empeño en las tareas más repugnantes del hospital.

San Luis falleció en la octava del corpus Christi, entre el 20 y 21 de junio de 1591, a los 23 años de edad. Fue canonizado en 1726.

Posible milagro del Beato Junípero Serra

Padre de California
Posible milagro del Beato Junípero Serra permitiría su canonización

.- La Arquidiócesis de Denver (Estados Unidos) investiga un posible milagro atribuido a la intercesión del Beato Junípero Serra, el misionero franciscano del siglo XVIII conocido como el «Padre de California», mediante el cual una bebé fue curada mientras estaba en el vientre de su madre.

La Arquidiócesis ya ha terminado la recolección de evidencias del milagro que la familia de Kayla Rebecca Kellog, ahora de 14 años, afirma se produjo con su hija cuando pidieron que el Beato intercediera por ella en el vientre de su madre.

«Es muy emocionante», afirmó al Rocky Mountain News Mons. Edward Buelt, especialista en derecho canónico que lidera el equipo que investiga el posible milagro. Durante siete meses su equipo recolectó documentos que ya han sido enviados a la Santa Sede para su estudio.

Asimismo informó que existieron «complicaciones extraordinarias» en el embarazo y los médicos llegaron a informar a los padres que la bebé nacería seriamente discapacitada. «Los padres fueron informados para que consideraran el aborto«, afirma el sacerdote y «ellos respondieron que dado que eran católicos y pro-vida iban a dejar que se hiciera la voluntad de Dios. Aunque la bebé nació prematuramente, estaba en perfecto estado de salud».

En opinión del sacerdote y periodista, Gerard Beigel, el proceso para investigar el supuesto milagro del Beato Junípero Serra no va a ser rápido, pero «será honesto, exacto y confiable».

Un año dedicado a San Pablo

Del 2008 al 2009
El Papa Benedicto XVI proclamará un año dedicado a San Pablo

.- La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice anunció hoy que el próximo 28 de junio, vigilia de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Benedicto XVI proclamará un Año especialmente dedicado a San Pablo, con ocasión de los dos mil años del nacimiento del “Apóstol de las Gentes”.

El anuncio oficial será hecho el próximo durante las Vísperas que el Santo Padre presidirá en la Basílica de San Pablo Extramuros.

Beatificación mártires salesianos

Mártires salesianos de la persecución religiosa española serán beatificados en octubre
Salesianos en España ha elegido como lema para la beatificación: «Semilla de nueva vida»

.- El próximo domingo 28 de octubre serán beatificados 498 mártires españoles de la persecución religiosa en España, entre los cuales hay 63 miembros de la Familia Salesiana española que provienen de dos causas de martirio distintas de las Diócesis de Madrid y Sevilla, unificadas en 1985 como «Enrique Saiz Aparicio y 62 compañeros».

Entre los nuevos beatos salesianos hay sacerdotes, jóvenes seminaristas y laicos. Destacan, entre otros, Teresa Cejuda, martirizada en Pozoblanco (Córdova); Federico Cobo, el más joven, martirizado en Puerta de Hierro (Madrid) a los 17 años; el P. Félix Paco Escarpín, muerto en Málaga a los 69 años, el más anciano; y Enrique Saiz Aparicio, director de aspirantes y que se ofreció a cambio de los muchachos a los que dirigía: «Si queréis sangre, aquí me tenéis, pero no hagáis daño a los muchachos», dijo a sus captores. Poco antes de su muerte dijo: «¿Qué mejor que morir por la gloria de Dios?»

El Provincial salesiano de Madrid, Luis Manuel Moral afirmó que para ellos la beatificación es «un motivo de alegría», pues «fueron fieles a su vocación hasta el último momento de su vida«. «Más allá de las circunstancias políticas y sociales que rodearon su muerte, como todos los mártires a lo largo de la historia de la Iglesia, los mártires salesianos testimonian el valor del amor y del perdón y el valor del único absoluto en la vida que es Dios«, añadió.

«Todos ellos tenían algo en común, habían elegido centrar su vida en Dios y, cuanto mayores fueron las dificultades y estaba en peligro su propia vida, decidieron no salvar la propia vida, sino ofrecerla por el Reino«, indicó el Provincial.

Como preparativos para la celebración, entre otras actividades, se pondrá a la venta el libro «Los mártires salesianos de Madrid, Sevilla, Bilbao y León», escrito por el historiador salesiano Pablo Marín.

La orden de Malta

¿Qué es la Orden de Malta?
La Soberana Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta: una realidad existente hoy
 

¿Qué es la Orden de Malta?
¿Qué es la Orden de Malta?

INTRODUCCIÓN

El libro de los record Guinness 1992 coloca a la Orden de Malta, con poco más de hectárea y media de extesión, como el país más pequeño del mundo. Clío, la prestigiosa revista de cultura, con un artículo del historiador Carlos Blanco en su número mensual de abril de 2003, la señala, «…a pesar de su reducido tamaño, de carecer de territorio propio, de estar enclavada dentro de la ciudad de Roma y de que sus súbditos se encuentren esparcidos por todo el mundo» como «un Estado independiente (…) fiel a los principios de la Orden religiosa de la que surgió hace nueve siglos».

¿Dónde arraiga su existencia? ¿Qué relación hay entre los Caballeros de Malta y la Orden de Malta? ¿Siempre se han llamado así? ¿Orden militar, religiosa y nobiliaria? ¿Es verdaderamente un país? ¿Estado independiente y Orden religiosa? ¿Quién la gobierna? ¿Cómo se rige? ¿Quiénes son sus ciudadanos? ¿A qué se dedican sus miembros? ¿Cuál es la utilidad de la Orden?

EL NACIMIENTO DE LA ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN DE JERUSALÉN

JERUSALÉN 1050

Hablar de la Orden de Malta es referirse a la más importante de las órdenes militares por su extensión física y duración. En su longeva vida ha cambiado el nombre en diversas ocasiones. El inicial fue Hospitalarios de San Juan de Jerusalén; posteriormente Caballeros de Rodas y, el actual, Caballeros de Malta. Su fundación se remonta al año 1050, en el periodo de las cruzadas, cuando su fundador, el hoy beato Gerardo, constituye un hospicio y poco más tarde, el 15 de febrero de 1113, consigue del Papa Pascual II la bula de aprobación religiosa para el establecimiento de una iglesia, un convento y un hospital en los que se pudiera asistir a los peregrinos de cualquier fe o raza que acudieran a Tierra Santa.

Aun antes de las cruzadas los mesones se hacían necesarios para albergar a los peregrinos. Los «hospitia» o «xenodichia» eran eso. Pertenecían a naciones diversas: en la época de Carlomagno existió el hospicio franco; el hospicio húngaro estuvo en funciones durante la época del Rey San Esteban. No obstante, el más famoso fue el hospicio italiano instaurado por los mercaderes italianos de Amalfi, creado justo a la mitad del siglo XI. La relación establecida entre el origen de los Hospitalarios y esa fundación italiana parece poco convincente. Los Hospitalarios tenían desde entonces a San Juan Bautista como patrono, mientras que el hospicio estaba dedicado a San Juan de Alejandría. Los Hospitalarios, además, adoptaron la regla de San Agustín y su monasterio fue autónomo desde el inicio mientras que el de los Amalfi seguía la regla benedictina y dependía de un monasterio. Con las cruzadas el hospital italiano vino a menos mientras que el de Gerardo se benefició de la presencia de los cruzados y la gratitud hacia su hospitalidad. Esto posibilitó que Gerardo adquiriera los primeros territorios e ingresos económicos incluso fuera del reino de Jerusalén.

La acumulación de recursos por parte del primer superior de la Orden facilitó que su sucesor, Frey Raymond de Provenza (1120-1160), erigiera edificios más amplios y que el hospicio se convirtiera realmente en un hospital. Propiamente, los Hospitalarios nacen con Frey Raymond de Provenza, autor de la regla que establece únicamente su conducta como religiosos y enfermeros. En ésta se instituye que el hospital mantendrá fijos cinco médicos y tres cirujanos. Los hermanos desarrollarían la función de enfermeros. Hacia el año 1150 se calculó que hasta 2000 enfermos y peregrinos recibían cuidados.

Con las consecuentes donaciones, Raymond innovó por segunda vez: para acompañar y defender a los peregrinos, sufragó el costó de una escolta armada que se convertiría en ejército formado por caballeros reclutados entre los cruzados de Europa. Se originaban, consecuentemente, los grados militares más antiguos de la orden: el de mariscal (que comandaba a los caballeros) y el de copler (que dirigían a la caballería ligera).

El quinto sucesor de Raymond, Frey Gosbert (1177), se distinguió como hombre de armas. En lo sucesivo, varios Maestres perecieron en el campo de batalla. Así, la Orden de San Juan se convirtió en militar sin perder el acento hospitalario. Pero aparecerá una mención explícita del servicio militar que prestará la Orden hasta los estatutos del noveno Gran Maestre, Frey Alfonso de Portugal, hacia el 1200. A partir de este momento quedan definidas tres clases de miembros: los hermanos militares, los hermanos enfermeros y los hermanos capellanes. De este modo, mientras los Templarios y los Teutónicos eran puramente militares, la Orden de San Juan pasaba a ser orden mixta.

LOS CABALLEROS HOSPITALARIOS Y LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

De suyo, la Orden coetánea de los Templarios tenía la regla monástica cisterciense y vestían un hábito distinto, el hábito blanco con una cruz roja, mientras que los Hospitalarios usaban manto negro con una cruz blanca que, al ir a la guerra, cubrían sobre su armadura con un sobretodo rojo con una cruz blanca. Ambas órdenes tenían el mismo rango ante la Iglesia y el Estado; eran reconocidas como órdenes regulares y el Papa les concedía independencia de cualquier autoridad espiritual y temporal (salvo la de la Sede Apostólica), exención de diezmos, derecho a erigir y tener capillas y cementerios propios y la asignación de la defensa militar de Tierra Santa. En el campo de batalla compartieron puestos y se turnaban en vanguardia y retaguardia.

HOSPITALARIOS Y EL REINO LATINO DE JERUSALÉN

La historia de los Hospitalarios entronca en íntima relación con la del Reino Latino de Jerusalén. Con él compartieron prosperidad y adversidad. En el apogeo llegaron a poseer hasta siete fortalezas (como Margat y Krais en Trípoli). En Europa se les acreditaron alrededor de 19,000 casas o fincas lo que supuso una organización y administración financiera que asegurase el cobro regular de los ingresos que emanaban de estas posesiones. Hacia 1270, el décimo séptimo Gran Maestre, Frey Hugo de Ravel, unificó las tierras uniéndolas a una sola casa y colocándolas bajo control de un caballero de la orden llamado, primero, preceptor y posteriormente comandante. Éste se encargaba de recolectar dos tipos de rentas destinadas para las casas de Tierra Santa y para el sostenimiento de la comunidad. Gracias a estos recursos, la Orden sobrevivió algún tiempo tras la conquista del Reino de Jerusalén por parte de las tropas de Saladino en 1187. Conservó posesiones en el Principado de Trípoli pero, tras la caída del fuerte monástico de San Juan de Acre en 1291, las perdió.

Con la pérdida del último baluarte sus miembros buscaron refugio, bajo el Gran Maestre, Frey Jean Foulques de Villiers (o Villaret según otras versiones), en el Reino de Chipre. El Rey Amaury les asignó las costas de Limasol como residencia. Así, los Hospitalarios vieron necesaria una modificación en sus artes de guerra para la defensa de los peregrinos y los lugares santos: equiparon flotas para pelear en el mar y, todavía bajo la guía de Foulques de Villiers, conquistaron la isla de Rodas produciéndose una completa transformación de la Orden.

Leer historia completa —-> La Orden de Malta

Santa Clara de Asís

ORACION

Por ese espíritu de penitencia que os indujo a considerar particular delicia el ayuno más severo, la pobreza más rigurosa y la mortificación más penosa y por lo tanto la privación de todos los bienes para consagraros eternamente al amor de Jesús, y por la especial devoción a Jesús Sacramentado por medio del cual salvaste Vuestro Monasterio y la ciudad de Asís de los bárbaros que la amenazaban, concédenos la gracia de preferir la pobreza a la riqueza, la mortificación al placer y especial devoción a la Santa Eucaristía, para que nos conforte en todo el camino de ésta vida y nos lleve con seguridad a la santa eternidad. Amén.

SANTA CLARA DE ASIS Santa Clara defiende la ciudad con la Eucaristía ORACION Por ese espíritu de penitencia que os indujo a considerar particular delicia el ayuno más severo, la pobreza más rigurosa y la mortificación más penosa y por lo tanto la privación de todos los bienes para consagraros eternamente al amor de Jesús, y por la especial devoción a Jesús Sacramentado por medio del cual salvaste Vuestro Monasterio y la ciudad de Asís de los bárbaros que la amenazaban, concédenos la gracia de preferir la pobreza a la riqueza, la mortificación al placer y especial devoción a la Santa Eucaristía, para que nos conforte en todo el camino de ésta vida y nos lleve con seguridad a la santa eternidad. Amén. SANTA CLARA DE ASÍS Fiesta 11 de Agosto Por SCTJM Clara significa: «vida transparente» «El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre» -Santa Clara. Nació en Asís, Italia, en 1193. Su padre Favarone Offeduccio era un caballero de los más ricos y poderosos de esa época. Su madre Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, era una mujer muy cristiana, de ardiente piedad y de gran celo por el Señor. Desde sus primeros años Clara se vio dotada de innumerables virtudes y aunque su ambiente familiar pedía otra cosa de ella, siempre desde pequeña fue asidua a la oración y mortificación. Siempre mostró gran desagrado por las cosas del mundo y gran amor y deseo por crecer cada día en su vida espiritual. Su conversión hacia la vida de plena santidad se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís. Cuando ella tenía 18 años San Francisco predicó en Asís los sermones de cuaresma y allí insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales. Su llamada y su encuentro con San Francisco. Cofundadora de la orden. Cuando su corazón comprendió la amargura, el odio, la enemistad y la codicia que movía a los hombres a la guerra comprendió que esta forma de vida eran como la espada afilada que un día traspasó el corazón de Jesús. No quiso tener nada que ver con eso, no quiso otro señor mas que el que dio la vida por todos, aquel que se entrega pobremente en la Eucaristía para alimentarnos diariamente. El que en la oscuridad es la Luz y que todo lo cambia y todo lo puede, aquel que es puro Amor. Renace en ella un ardiente amor y un deseo de entregarse a Dios de una manera total y radical. Ya en ese entonces se oía de los Hermanos Menores, como se les llamaba a los seguidores de San Francisco. Clara sentía gran compasión y gran amor por ellos, aunque tenía prohibido verles y hablarles. Ella cuidaba de ellos y les proveía enviando a una de las criadas. Le llamaba mucho la atención como los frailes gastaban su tiempo y sus energías cuidando a los leprosos. Todo lo que ellos eran y hacían le llamaba mucho la atención y se sentía unida de corazón a ellos y a su visión. En 1210 cuando Francisco predicaba en la Catedral, al oír las palabras que él decía «este es el tiempo favorable… es el momento… ha llegado el tiempo de dirigirme hacia El que me habla al corazón desde hace tiempo… es el tiempo de optar, de escoger… sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior. Durante todo el día y la noche, meditó en aquellas palabras que habían calado lo más profundo de su corazón. Tomó esa misma noche la decisión de comunicárselo a Francisco y de no dejar que ningún obstáculo la detuviera en responder al llamado del Señor, depositando en El toda su fuerza y entereza. Clara sabía que el hecho de tomar esta determinación de seguir a Cristo y sobre todo de entregar su vida a la visión revelada a Francisco, iba a ser causa de gran oposición familiar, pues el solo hecho de la presencia de los Hermanos Menores en Asís estaba ya cuestionando la tradicional forma de vida y las costumbres que mantenían intocables los estratos sociales y sus privilegios. A los pobres les daba una esperanza de encontrar su dignidad, mientras que los ricos comprendían que el Evangelio bien vivido exponía por contraste sus egoísmos a la luz del día. Para Clara el reto era muy grande. Siendo la primera mujer en seguirle, su vinculación con Francisco podía ser mal entendida. Santa Clara se fuga de su casa el 18 de Marzo de 1212, un Domingo de Ramos, empezando así la gran aventura de su vocación. Se sobrepuso a los obstáculos y al miedo para darle una respuesta concreta al llamado que el Señor había puesto en su corazón. Llega a la humilde Capilla de la Porciúncula donde la esperaban Francisco y los demás Hermanos Menores y se consagra al Señor por manos de Francisco. Días más tardes fue trasladada temporalmente, por seguridad, a las monjas Benedictinas, ya que su padre, al darse cuenta de su fuga, sale furioso en su búsqueda con la determinación de llevársela de vuelta al palacio. Pero la firme convicción de Clara, a pesar de sus cortos años de edad, obligan finalmente al Caballero Offeduccio a dejarla. Días más tardes, San Francisco, preocupado por su seguridad dispone trasladarla a otro monasterio de Benedictinas situado en San Angelo. Allí la sigue su hermana Inés, quien fue una de las mayores colaboradoras en la expansión de la Orden y la hija (si se puede decir así) predilecta de Santa Clara. Le sigue también su prima Pacífica. DamianoSan Francisco les reconstruye la capilla de San Damián, lugar donde el Señor había hablado a su corazón diciéndole, «Reconstruye mi Iglesia». Esas palabras del Señor habían llegado a lo más profundo de su ser y lo llevó al más grande anonadamiento y abandono en el Señor. Gracias a esa respuesta de amor, de su gran «Si» al Señor, había dado vida a una gran obra, que hoy vemos y conocemos como la Comunidad Franciscana, de la cual Santa Clara se inspiraría y formaría parte crucial, siendo cofundadora con San Francisco en la Orden de las Clarisas. Cuando se trasladan las primeras Clarisas a San Damián, San Francisco pone al frente de la comunidad, como guía de Las Damas Pobres a Santa Clara. Al principio le costó aceptarlo pues por su gran humildad deseaba ser la última y ser la servidora, esclava de las esclavas del Señor. Pero acepta y con verdadero temor asume la carga que se le impone, entiende que es el medio de renunciar a su libertad y ser verdaderamente esclava. Así se convierte en la madre amorosa de sus hijas espirituales, siendo fiel custodia y prodigiosa sanadora de las enfermas. Desde que fue nombrada Madre de la Orden, ella quiso ser ejemplo vivo de la visión que trasmitía, pidiendo siempre a sus hijas que todo lo que el Señor había revelado para la Orden se viviera en plenitud. Siempre atenta a la necesidades de cada una de sus hijas y revelando su ternura y su atención de Madre, son recuerdos que aún después de tanto tiempo prevalecen y son el tesoro mas rico de las que hoy son sus hijas, Las Clarisas Pobres. Sta. Clara acostumbraba tomar los trabajos mas difíciles, y servir hasta en lo mínimo a cada una. Pendiente de los detalles más pequeños y siendo testimonio de ese corazón de madre y de esa verdadera respuesta al llamado y responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos. Por el testimonio de las misma hermanas que convivieron con ella se sabe que muchas veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba a abrigar a sus hijas y a las que eran mas delicadas les cedía su manta. A pesar de ello, Clara lloraba por sentir que no mortificaba suficiente su cuerpo. Cuando hacía falta pan para sus hijas, ayunaba sonriente y si el sayal de alguna de las hermanas lucía más viejo ella lo cambiaba dándole el de ella. Su vida entera fue una completa dádiva de amor al servicio y a la mortificación. Su gran amor al Señor es un ejemplo que debe calar nuestros corazones, su gran firmeza y decisión por cumplir verdaderamente la voluntad de Dios para ella. Tenía gran entusiasmo al ejercer toda clase de sacrificios y penitencias. Su gozo al sufrir por Cristo era algo muy evidente y es, precisamente esto, lo que la llevó a ser Santa Clara. Este fue el mayor ejemplo que dio a sus hijas. Hay un detalle importante en el llamado de San Francisco y Santa Clara. Cuando el Señor ve que el mundo está tomando rumbos equivocados o completamente opuestos al Evangelio, levanta mujeres y hombres para que contrarresten y aplaquen los grandes males con grandes bienes. Es decir que podemos ver claramente en la Orden Franciscana, en su carisma, que cuando el mundo estaba siendo arrastrado por la opulencia, por la riqueza, las injusticias sociales etc., suscita en dos jóvenes de las mejores familias el amor valiente para abrazar el espíritu de pobreza, como para demostrar de una manera radical el verdadero camino a seguir que al mismo tiempo deja al descubierto la obra de Satanás, aplastándole la cabeza. Ellos se convirtieron en signo de contradicción para el mundo y a la vez, fuente donde el Señor derrama su gracia para que otros reciban de ella. El Señor en su gran sabiduría y siendo el buen Pastor que siempre cuida de su pueblo y de su salvación, nunca nos abandona y manda profetas que con sus palabras y sus vidas nos recuerdan la verdad y nos muestran el camino de regreso a El. Los santos nos revelan nuestros caminos torcidos y nos enseñan como rectificarlos. Empiezan las renuncias. De rodillas ante San Francisco, hizo Clara la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. El santo, como primer paso, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera, y le colocó en la cabeza un sencillo manto, y la envió a donde unas religiosas que vivían por allí cerca, a que se fuera preparando para ser una santa religiosa. Para Santa Clara la humildad es pobreza de espíritu y esta pobreza se convierte en obediencia, en servicio y en deseos de darse sin límites a los demás. La humildad brilló grandemente en Santa Clara y una de las mas grandes pruebas de su humildad fue su forma de vida en el convento, siempre sirviendo con sus enseñanzas, sus cuidados, su protección y su corrección. La responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos no la utilizó para imponer o para simplemente mandar en el nombre del Señor. Lo que ella mandaba a sus hijas lo cumplía primero ella misma con toda perfección. Se exigía mas de lo que pedía a sus hermanas. Hacía los trabajos mas costosos y daba amor y protección a cada una de sus hijas. Buscaba como lavarle los pies a las que llegaban cansadas de mendigar el sustento diario. Lavaba a las enfermas y no había trabajo que ella despreciara pues todo lo hacía con sumo amor y con suprema humildad. «En una ocasión, después de haberle lavado los pies a una de las hermanas, quiso besarlos. La hermana, resistiendo aquel acto de su fundadora, retiró el pie y accidentalmente golpeó el rostro a Clara. Pese al moretón y la sangre que había salido de su nariz, volvió a tomar con ternura el pie de la hermana y lo besó.» Con su gran pobreza manifestaba su anhelo de no poseer nada mas que al Señor. Y esto lo exigía a todas sus hijas. Para ella la Santa Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin fue otorgado por el Papa Inocencio III. Para Santa Clara la pobreza era el camino en donde uno podía alcanzar mas perfectamente esa unión con Cristo. Este amor por la pobreza nacía de la visión de Cristo pobre, de Cristo Redentor y Rey del mundo, nacido en el pesebre. Aquel que es el Rey y, sin embargo, no tuvo nada ni exigió nada terrenal para si y cuya única posesión era vivir la voluntad del Padre. La pobreza alcanzada en el pesebre y llevada a su cúlmen en la Cruz. Cristo pobre cuyo único deseo fue obedecer y amar. Por eso la vida de Sta. Clara fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la apartaba del Amor y todo lo que le limitara su corazón de tener como único y gran amor al Señor y el deseo por la salvación de las almas. La pobreza la conducía a un verdadero abandono en la Providencia de Dios. Ella, al igual que San Francisco, veía en la pobreza ese deseo de imitación total a Jesucristo. No como una gran exigencia opresiva sino como la manera y forma de vida que el Señor les pedía y la manera de mejor proyectar al mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio. Siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Santa Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió: «Santo padre: le suplico que me absuelva y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo». A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: «Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros». Santa ClaraMortificación de su cuerpo. Si hay algo que sobresale en la vida de Santa Clara es su gran mortificación. Utilizaba debajo de su túnica, como prenda íntima, un áspero trozo de cuero de cerdo o de caballo. Su lecho era una cama compuesta de sarmientos cubiertos con paja, la que se vio obligada a cambiar por obediencia a Francisco, debido a su enfermedad. Los ayunos. Siempre vivió una vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias hermanas. No se explicaban como podía sostener su cuerpo. Durante el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás días los pasaba a pan y agua. Era exigente con ella misma y todo lo hacía llena de amor, regocijo y de una entrega total al amor que la consumía interiormente y su gran anhelo de vivir, servir y desear solamente a su amado Jesús. Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a San Francisco quien intervino con el Obispo ordenándole a comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media. Oración Para Santa Clara la oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida Religiosa y su profesión. Ella acostumbraba pasar varias horas de la noche en oración para abrir su corazón al Señor y recoger en su silencio las palabras de amor del Señor. Muchas veces, en su tiempo de oración, se le podía encontrar cubierta de lágrimas al sentir el gran gozo de la adoración y de la presencia del Señor en la Eucaristía, o quizás movida por un gran dolor por los pecados, olvidos y por las ingratitudes propias y de los hombres. Se postraba rostro en tierra ante el Señor y, al meditar la pasión las lágrimas brotaban de lo mas íntimo de su corazón. Muchas veces el silencio y soledad de su oración se vieron invadidos de grandes perturbaciones del demonio. Pero sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía del oratorio, su semblante irradiaba felicidad y sus palabras eran tan ardientes que movían y despertaban en ellas ese ardiente celo y encendido amor por el Señor. Hizo fuertes sacrificios los cuarenta y dos años de su vida consagrada. Cuando le preguntaban si no se excedía, ella contestaba: Estos excesos son necesarios para la redención, «Sin el derramamiento de la Sangre de Jesús en la Cruz no habría Salvación». Ella añadía: «Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual la tierra sería destrozada por el maligno». Santa Clara aportó de una manera generosa a este equilibrio. Milagros de Santa Clara Santa ClaraLa Eucaristía ante los sarracenos En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos experimentaron en ese momento tan terrible oleada de terror que huyeron despavoridos. En otra ocasión los enemigos atacaban a la ciudad de Asís y querían destruirla. Santa Clara y sus monjas oraron con fe ante el Santísimo Sacramento y los atacantes se retiraron sin saber por qué. El milagro de la multiplicación de los panes. Cuando solo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas, Santa Clara lo bendijo y, rezando todas un Padre Nuestro, partió el pan y envió la mitad a los hermanos menores y la otra mitad se la repartió a las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando a basto para que todas comieran. Santa Clara dijo: «Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?» En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió: «quiero que seas tu la que bendigas estos panes». Santa Clara le dice que sería como un irespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes. Larga agonía. Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó «Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita». Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos. San Francisco ya había muerto pero tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: «Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan». El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida. En la Basílica de Sta. Clara encontramos su cuerpo incorrupto y muchas de sus reliquias. En el convento de San Damiano, se recorren los pasillos que ella recorrió. Se entra al cuarto donde ella pasó muchos años de su vida acostada, se observa la ventana por donde veía a sus hijas. También se conservan el oratorio, la capilla, y la ventana por donde expulsó a los sarracenos con el poder de la Eucaristía. Hoy las religiosas Clarisas son aproximadamente 18.000 en 1.248 conventos en el mundo.