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Luca era homosexual y portador del VIH: gracias a Medjugorje dejó la vida gay y allí mismo conoció a su esposa

18 noviembre 2017 Deja un comentario

Luca di Tolve cuenta en su libro el testimonio de conversión y cómo dejó la vida homosexual

Luca di Tolve ahora está casado con su mujer Terry y es padre de una hija. Pero no hace tantos años este italiano era homosexual, había sido Mister Gay y había llevado una vida sin ningún tipo de límites que le llevó a contraer el VIH.

Tras ser muy conocido en el ambiente gay italiano, Luca tocó fondo tras una vida llena de sufrimientos y de esclavitud pese a ser reconocido y tener mucho dinero. Fue así como empezó su conversión en el que la Virgen María tuvo un papel esencial, lo que a su vez provocó un cambio de vida total, que le ha llevado a la plenitud.

Luca di Tolve provocó un gran revuelo en Italia tras publicar un libro en el que contaba cómo fue su vida homosexual, cómo la abandonó y el proceso de conversión que se produjo en su vida. Ahora este libro ha llegado a España, donde a buen seguro sacudirá el panorama actual, completamente sometido a la ideología de género. Se titula Yo fui gay  (Libros Libres) y en él explica con detalle el importante papel que la Virgen María, a través de Medjugorje, ha tenido en su vida.

Las causas de sus sufrimientos se remontan a la infancia

Sus sufrimientos se remontan a su infancia, cuando fue abandonado por su padre lo que hizo que su madre tuviera una relación con él de posesividad. Así fue como empezó a cuestionar su identidad sexual y se introdujo en la vida gay. Pero fue la muerte de sus amigos por el SIDA y su propio contagio lo que le hizo tocar fondo y pedir ayuda al Dios al que odiaba.

Puede adquirir aquí el libro Yo fui gay, de Luca di Tolve

“En el recorrido de recuperación de mi identidad le debo mucho a la figura de Dios Padre y a la maternidad de María: en ellos encontré el modelo de progenitor que me había faltado y que el mundo no me ayudó a encontrar”, cuenta Luca di Tolve en el libro que acaba de ser publicado en España.

De este modo, añade que “para una persona como yo, que había buscado la llave de la felicidad en la satisfacción emotiva, fueron necesarias la ternura y la fidelidad de una Madre que supiera influir sobre los sentimientos rectos y conquistarme a nivel afectivo. Y sucedió, que en el desierto, en el frío del alma, María llamó varias veces a mi corazón hasta que, en Medjugorje, se lo abrí definitivamente”.

“La Virgen me dirigió a la confesión”

Recuerda que él se veía como una víctima del sistema, y “como homosexual, entré en polémica con Dios, la Iglesia, la sociedad y el estado, reivindicando un derecho a la misericordia, sin arrepentimiento o petición de perdón”. Sin embargo, vio que necesitaba la voluntad de cambiar de actitud y “fue la Virgen la que me dirigió a la confesión”.

En todo momento, María acompañó a Luca en este proceso, no se separó ni un instante de él.  Cuenta en su libro que “la acción de María se manifestó de manera ordinaria y, al mismo tiempo, extraordinaria… Cuando la angustia me asaltaba, solía recurrir a la radio, sólo para distraerme un poco; pues bien, en ese periodo de constante aflicción, sucedía que cada vez que hacía clic, empezando a jugar con la rueda de las frecuencias radiofónicas, acababa encontrando siempre las transmisiones de Radio María, y siempre en un momento en que parecía que estuvieran hablándome precisamente a mí o hablando sobre mí”.

Precisamente Radio María fue un instrumento clave en su conversión, donde conoció mejor a la Virgen y los mensajes de Medjugorje. Ahí comenzó a ver una luz a la oscuridad de su vida. Luca explica que había probado de todo, se había comprometido a distintas causas pero al final “te encuentras solo, desplazado, y con el aniquilamiento, llega la desesperación”.

Luca di Tolve, y su mujer Terry

Esta situación le ocurrió precisamente “al ver morir de SIDA a mis amigos y descubrir que yo también era seropositivo. Cuando me vi forzado a detenerme me puse a pensar y tuve la intuición, la humildad, el valor –no sé- de pedir y aceptar ayuda. El Señor, a través de mis amigos, de médicos y sacerdotes, de sus santos y de la Virgen, me socorrió”.

Fue entonces cuando tembloroso decidió entrar a una iglesia a confesarse. En el libro cuenta la extraordinaria confesión que vivió en la que cita la influencia del Padre Pío. Una frase le marcó profundamente de aquel sacerdote: “¡Debes comportarte como un cristiano!”. Con la absolución encontró una paz hasta entonces desconocida para él. Después sólo pudo quedarse contemplando el Sagrario.

La “Madre hermosísima” que le esperaba”

Su vida tomaba ya otra dirección pero todo lo que le rodeaba en su vida diaria seguía siendo igual. Se despertaba con ansiedad, no conseguía ir a trabajar, sufría ataques de pánico… “Estaba hundiéndome en el abismo”, afirma. Y de repente empezó a buscar respuestas con técnicas de relajación enseñadas por Buda.

Entonces, un pensamiento penetró con fuerza en su alma: “Luca, si tienes a la Virgen, una madre hermosísima que te espera; tienes a Jesús que se ha sacrificado por ti… ¿y rezas delante de una hoja de papel y fruta”.

Y entonces cuenta que la Virgen le regaló el arma para derrotar la angustia y los engaños del demonio. En su casa, medio escondido y lleno de polvo apareció un Rosario. Rezó, rezó y rezó y “lentamente –agrega- me fue invadiendo, en un crescendo sublime, un calor indescrifable, una paz que me llenó totalmente”.

Ahora sí que su vida era otra alejándose de verdad  del “fragor del mundo gay”, alejándose de las tentaciones, volviendo siempre a casa antes de que anocheciese y encontrando un ritmo de vida completamente diferente pues dejó de ser “acompañante” de personas ricas y poderosas, gracias a lo cual ganaba mucho dinero. “Amigos y conocidos del mundo homosexual empezaron a considerarme un loco”.

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Medjugorje fue clave en la conversión y cambio de vida de Luca

Medjugorje, clave en su cambio de vida

Medjugorje tuvo parte esencial en esto. Durante todo ese tiempo, gracias a Radio María conoció los mensajes y lo que ocurría en aquel pequeño pueblo bosnio. “Me conmovía pensar que , desde hace tanto tiempo, María deja a diario el Paraíso para venir a salvar a gente como yo”, cuenta.

Y gracias a este corazón inflamado decidió peregrinar al santuario mariano. Esta experiencia cambió su vida para siempre y en el libro la cuenta con detalle. Iba a dar gracias a la Virgen pero encontró mucho más.

“Fue como si, una vez llegado a Medjugorje, la Gospa (la Virgen María) hubiera establecido mi agenda, haciéndome conocer a las personas y vivir las situaciones que había predispuestas, queriendo mi bien”, afirma Luca.

La Virgen le tenía preparado un gran regalo

Este italiano cuenta que tras la vuelta de aquella peregrinación vivió “el periodo más sereno y luminoso que yo recuerde. Más que caminar parecía levitar e iba a trabajar con una sonrisa en los labios”. Ya no sentía necesidad de satisfacer sus deseos sexuales y además empezó a hablar de Dios y de la Virgen a todo el mundo, incluidos sus amigos homosexuales.

Su vida de fe tuvo además otras consecuencias. “A medida que se curaron las heridas, emergieron pasiones típicamente masculinas y, con ellas, deseos y sentimientos que había sofocado cuando, en cambio, me había identificado con un yo femenino. Comenzaba finalmente a reconocer mi masculinidad y a aceptar con ella los desafíos de la vida”.

Pero la Virgen todavía guardaba otro regalo muy especial para Luca, el descubrimiento del matrimonio y de la paternidad. Conoció precisamente en Medjugorje a la que hoy es su mujer, y con la que ha sido padre de una niña.

El testamento espiritual de un hombre que intentó violar y mató a una niña

Alessandro Serenelli, asesino de Maria Goretti, fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida, pero algo le hizo cambiar

Alessandro Serenelli (1882-1970) era un joven trabajador robusto que vivía cerca de la familia Goretti cuando ésta se trasladó al Agro Pontino.

Arrastrado por la pasión intentó varias veces seducir a la joven María Goretti, que todavía no tenía 12 años, y violarla.

Ante su resistencia un día la apuñaló 14 veces con un objeto afilado.

Al principio, en la cárcel, no mostró ningún arrepentimiento .Tampoco cuando le visitó el obispo para hablarle del perdón de Dios.

Pero unos días después pidió hablar con el obispo: había soñado con Marietta, su víctima, que llevaba 14 lirios (tantos como puñaladas) y le sonreía resplandeciente. Ahí empezó su transformación.

Recogemos aquí el testamento espiritual del Alessandro Serenelli anciano, ya con casi 80 años, poco antes de su muerte, transformado por la fe de “Marietta” (hoy santa María Goretti) y por la vivencia de la espiritualidad franciscana.

El asesino, debido a la edad (entonces la mayoría de edad era a los 21 años) no fue condenado a la cadena perpetua, sino a 30 años de reclusión.

Su camino espiritual fue lento y duro. Fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida.

Lo salvaron la certeza del perdón de “Marietta” y sus últimas palabras: “¡Lo quiero conmigo en el paraíso!”.

La Navidad de 1934 visitó a Assunta, la madre de Marietta. Ella le dijo que ya le había perdonado. Fueron juntos a la Misa de Navidad para admiración de todos los que les reconocieron.

Se mantuvieron siempre en contacto. Juntos vieron a santa María Goretti canonizada en 1950. Alessandro estuvo junto a la anciana Assunta cuando ella murió.

Alessandro murió en la enfermería de los padres capuchinos de Marerata el 6 de mayo de 1970, donde había sido portero durante décadas.

El texto que publicamos, su testamento espiritual, se encontró a su muerte en un sobre cerrado, con fecha del 5 de mayo. Está tomado de: Madre di Dio. Mensile mariano(noviembre 2002). La traducción es de Pablo Cervera Barranco.

Huid del mal y seguid siempre el bien
(Testamento espiritual de Alessandro Serenelli)

Soy un viejo de casi 80 años, pronto voy a terminar mis días. 

Echando una mirada al pasado, reconozco que en mi primera juventud recorrí un sendero falso, la vía del mal que me condujo a la ruina.

Veía todo a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que siguen la mayoría de los jóvenes sin siquiera pensarlo. Y yo hice lo mismo. No me preocupaba.

Personas creyentes y practicantes tenía cerca de mí, pero no les prestaba atención, cegado por una fuerza brutal que me empujaba hacia un sendero malo. 

A los 20 años cometí el delito pasional del que hoy me horrorizo con sólo recordarlo.

María Goretti, ahora santa, fue el ángel bueno que la Providencia había puesto ante mis pasos para guiarme y salvarme. Todavía tengo grabadas en mi corazón sus palabras de compasión y de perdón. Rezó por mí e intercedió por su asesino

Siguieron treinta años de prisión. Si no hubiera sido menor de edad, hubiera estado condenado a cadena perpetua. Acepté la merecida condena. Expié mi culpa

La pequeña María fue verdaderamente mi luz, mi protectora; con su ayuda, me porté bien en mis 27 años de cárcel e intenté vivir honradamente cuando la sociedad me aceptó de nuevo entre sus miembros.

Los Hermanos de San Francisco, los Capuchinos de las Marcas, me acogieron con caridad seráfica en su monasterio no como un siervo, sino como un hermano y con ellos convivo desde hace 24 años. 

Ahora espero sereno el momento de ser admitido en la visión de Dios, de abrazar a mis seres queridos de nuevo, y de estar junto a mi ángel protectora y su querida madre, Assunta.

Los que lean esta carta, ojalá que quieran seguir la feliz enseñanza de huir del mal y seguir el bien siempre.

Pienso que la religión con sus preceptos no es una cosa que se pueda menospreciar, sino que es el verdadero consuelo, el único camino seguro en toda circunstancia, hasta las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!

Alessandro Serenelli

Artículo publicado por Religión en Libertad

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«”Señor del Mundo”, la novela-pesadilla de R.H. Benson, se está verificando ante nuestros ojos»

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Joseph Pearce explica que Robert Hugh Benson fue mejor profeta que Huxley u Orwell: la ideología descrita en el Señor del Mundo ya ejerce su dominio.

ReL 11 junio 2017

No es frecuente que un Papa recomiende una novela, pero todavía lo es menos que lo haga con insistencia: es el caso de Francisco con Señor del mundo, de Robert Hugh Benson (1871-1914), una ficción apocalíptica con cuya lectura también Benedicto XVI quedó impactado.

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Pincha aquí para adquirir ahora Señor del mundo, la novela que recomiendan Benedicto XVI y Francisco.

Joseph Pearcebiógrafo de todos los grandes escritores católicos de habla inglesa desde la conversión de John Henry Newman, ha escrito recientemente un artículo sobre Benson en The Imaginative Conservative donde da todas las claves de la obra del autor de Señor del mundo (los ladillos son de ReL)

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Joseph Pearce, profesor de Literatura Inglesa, es también director del Centro de Fe y Cultura en el Aquinas College de Nashville (Tennessee).

Robert Hugh Benson: recordando a un gigante olvidado

Robert Hugh Benson fue una de las más brillantes luminarias del firmamento literario católico en los primeros años del siglo XX, creciendo su estrella en el fulgor de varias novelas bestseller, y declinando, o apagándose más bien, con su prematura muerte.

Nacido en 1871, Benson era el hijo menor de E.W. Benson, un distinguido clérigo anglicano que contaba entre sus amigos con el primer ministro William Ewart Gladstone. En 1882, cuando Benson tenía 11 años, su padre se convirtió en arzobispo de Canterbury. En 1896, habiendo recibido él mismo las órdenes anglicanas, fue Benson quien leyó las letanías en el funeral de su padre en la catedral de Canterbury.

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Edward White Benson (1829-1896), arzobispo de Canterbury desde 1882 hasta su muerte y padre de tres grandes escritores.

El hijo, sin embargo, no estaba destinado a seguir las huellas de su padre. En 1903, tras un periodo de escrupuloso examen interior, cuyos detalles aclaró de forma magistral en su apología autobiográfica Confesiones de un converso, Benson fue recibido en la Iglesia católica.

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Ninguna conversión desde la de John Henry Newman, casi 60 años antes, provocó tal controversia, sacudiendo con ondas sísmicas el establishment anglicano. Posteriormente, durante los siguientes once años hasta su muerte en 1914, fue un defensor incansable de la Iglesia católica y un prolífico novelista y hombre de letras.

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Robert Hugh Benson, ya sacerdote de la Iglesia católica, en su ocupación favorita: la lectura.

No hay duda de que Benson pertenecía a una familia notable. Además del ascenso de su padre a la prominencia y la preeminencia en la Iglesia de Inglaterra, sus dos hermanos estaban entre los illustrissimi de los escritores eduardianos [del reinado de Eduardo VII, 1901-1910].

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Arthur Christopher Benson (1862-1925), el mayor de los hermanos Benson, fue un reputado biógrafo.

A.C. Benson, su hermano mayor, fue master [rector] del Magdalene College en Cambridge y se estableció como un fino biógrafo, autor de un diario y crítico literario, escribiendo celebradas biografías de Dante Gabriel RossettiEdward FitzgeraldWalter PaterAlfred Tennyson John Ruskin.

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Edward Frederic Benson (1867-1940) escribió obras que todavía hoy se reeditan y llevan a la pequeña pantalla.

Su otro hermano, E.F. Benson, escribió prolíficamente y pasó a la posteridad sobre todo por sus novelas satíricas Mapp y Lucia, adaptadas con éxito para la televisión.

Mapp and Lucia, la serie de novelas de E.F. Benson, ha sido llevada dos veces a la televisión por la BBC, en 1985 y 2014. He aquí el tráiler de esta última versión.

Sin embargo, R.H. Benson no desmerecería de sus hermanos mayores. Antes de morir a la trágicamente corta edad de 43 años, escribiría quince novelas de gran éxito y, tras ser ordenado sacerdote católico en 1904, serviría como coadjutor en Cambridge, demostrando ser no menos popular como predicador vehemente de lo que ya era como escritor de ficción.

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Los hermanos Benson en 1882 y un cuarto de siglo después, en 1907.

La imperfecta y la purificadora
La primera de las novelas de Benson, y la única que escribió siendo aún anglicano, fue La invisible luz, publicada en 1903 cuando se encontraba en medio de agónicas convulsiones de conversión espiritual. El libro está lleno de un emotivo misticismo: una confesión de fe en medio de la confusión de la duda. Una vez conquistada la claridad de la visión católica, Benson consideró su primera novela teológicamente defectuosa.

En 1912 comentó que su popularidad posterior parecía estar determinada por la denominación religiosa de quienes le leían. Era “bastante significativo” que fuese popular entre los anglicanos, mientras que los católicos le apreciaban “en mucha menor medida”: “La mayor parte de los católicos, yo mismo entre ellos, piensan que Richard Raynal, Solitary está mucho mejor escrita y es mucho más religiosa” [1].

Richard Raynal, Solitary evoca con cautivadora belleza la profundidad espiritual de la vida inglesa antes de la ruptura de la Reforma. Es una pequeña obra maestra en la que Benson entrelaza sin fisuras el arte narrativo moderno con el caballeroso encanto de la Edad Media. A modo de equivalente moderno de Las florecillas de San Francisco, esta ingeniosa mezcla de lo moderno y lo medieval crea un héroe que combina coraje y santidad en igual medida. Encontrándose como en casa a principios del siglo XV en la Inglaterra de Richard Raynal y en la presencia del original personaje del Maestro Richard, el lector disfruta el tiempo pasado en compañía de este santo ermitaño para su divina misión. Es literatura cristiana en lo que tiene de más hermoso y al mismo tiempo edificante y eficaz. Su poder es purgativo. Purga. Purifica. Renueva. En última instancia, muestra que las raíces de la novela están en Roma.

Señor del mundo 
Quizá la prueba más evidente del genio de Benson se encuentra en la facilidad con la que combinaba géneros literarios. Además de sus novelas históricas, también se sentía a gusto con novelas de planteamiento contemporáneo, como The Necromancers [Los nigromantes], una novela donde advierte sobre los peligros del espiritualismo, o con fantasías futuristas como Señor del Mundo. Esta última es auténticamente notable y merece situarse al lado de Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwellcomo un clásico de la ficción distópica. De hecho, aunque las obras maestras modernas de Huxley y Orwell merecen un mérito igual a ella como obras literarias, son claramente inferiores como obras proféticas. Las dictaduras políticas  que hicieron de la novela-pesadilla de Orwell un poderoso presagio ya son historia. Hoy, su fábula de mal agüero sirve solo como un oportuno recordatorio de lo que fue y puede volver a ser, si no se hace caso a los avisos de la historia. Por el contrario, la novela-pesadilla de Benson se está verificando ante nuestros ojos.

En el mundo descrito en Señor del Mundo, un insidioso secularismo y un humanismo sin Dios han triunfado sobre la religión y la moralidad tradicional. Es un mundo donde el relativismo filosófico ha triunfado sobre la objetividad; un mundo donde, en nombre de la tolerancia, no se tolera la doctrina religiosa. Es un mundo donde la eutanasia se practica ampliamente y la religión apenas se practica. El señor de este mundo de pesadilla es un político de apariencia benéfica decidido a alcanzar el poder en nombre de la “paz” ydecidido a destruir la religión en nombre de la “verdad”. En semejante mundo, solo una Iglesia pequeña y desafiante se mentiene de pie contra el demoniaco “Señor del Mundo”.

Knox, Benson y Chesterton
Si la producción literaria de Benson abarca temas variados de ficción (históricos, contemporáneos y futuristas), también hizo incursiones en otras áreas con consumada facilidad. Sus Poemas, publicados póstumamente, despliegan una espiritualidad profunda y sedienta, formalmente expresada en una fe de raíces firmes, aunque en ocasiones desecadas. Esa misma espiritualidad profunda y seca era evidente en Spiritual Letters to one of his Converts, publicada también póstumamente, que ofrece una perspectiva atormentada sobre una inteligencia profunda. Una serie de sermones predicados en Roma en la Semana Santa de 1913 y luego publicadas como The Paradoxes of Catholicism ilustra por qué Benson era tan popular como predicador, atrayendo grandes audiencias a cualquier lugar donde hablase. Particularmente notable es la magistral Confesiones de un converso, al nivel de la Apologia pro Vita Sua de John Henry Newman y A Spiritual Aeneid [Una Eneida espiritual] de Ronald Knox como un clásico intemporal en la literatura de conversión.


Evelyn Waugh (1903-1966) puso prólogo a la obra del converso Ronald Knox sobre su propio itinerario espiritual.

En Una Eneida espiritual, Knox confesaba francamente que la influencia de Benson fue crucial en su propia conversión: “Siempre le miré como el guía que me había conducido a la verdad católica. En aquel entonces yo no sabía que él solía rezar por mi conversión” [2]. La otra gran influencia en la conversión de Knox fue G.K. Chesterton, así que no es una sorpresa que Benson fuese un gran admirador de Chesterton. El jesuita C.C. Martindale, biógrafo de Benson, él mismo un converso, escribió que los Papers of a Pariah [Los papeles de un paria] de Benson era “notable” por sus “características chestertonianas”: “El Sr. G.K. Chesterton nunca se cansa de decirnos que no vemos aquello que miramos, que el único planeta por descubrir es nuestra Tierra… y Benson leyó mucho de Mr. Chesterton y le gustaba de una forma especial” [3].

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Una prueba ulterior de la influencia de Chesteriton sobre Benson es la admiración de Benson por el Herejes de Chesterton. “¿Ha leído usted -preguntaba a un corresponsal suyo en 1905- un libro de G.K. Chesterton titulado Herejes? Si no, mire a ver qué impresión le causa. A mí me parece que su espíritu subyacente es espléndido. No es católico, pero tiene ese espíritu… Hacía tiempo que no me conmovía tanto… Es un auténtico místico, de una especie rara” [4]. Chesterton no era católico en 1905, pero Herejes fue la primera prueba clara, como afirma Benson, de que “tenía ese espíritu”.

La gran novela de la persecución anticatólica… y una historia de amor 
En Come Rack! Come Rope! [¡Venga el potro! ¡Venga la soga!], publicada por primera vez en 1912, todo el periodo de la Reforma Inglesa toma vida espeluznante. El lector, si se deja llevar, se verá transportado a finales del siglo XVI, enganchándole el terror y la tensión de la época con tanta fuerza como enganchan los personajes principales, que dan testimonio de su fe con valentía en un entorno hostil y mortal. Según el jesuita Philip Caraman, la novela “se convirtió rápidamente en un clásico católico” y sigue siendo “quizá la mejor conocida” de las novelas de Benson [5].


La mansión Fitzherbert en Tissington Hall, en Derbyshire.

La inspiración para la novela le vino de la historia de la familia Fitzherbert en Forgotten Shrines [Santuarios olvidados, una breve historia de algunas mansiones familiares católicas durante la persecución], de Dom Bede Camm, publicado en 1911, y de la propia visita que hizo Benson ese mismo año a la casa Fitzherbert en Derbyshire, donde predicó en la peregrinación anual en honor del Beato Nicholas Garlick y el Beato Robert Ludlam, sacerdotes católicos mártires ejecutados en 1588. De la sangre de estos mártires vino la semilla de la historia de Benson. El título de la novela está tomado de la famosa promesa de San Edmundo Campion de que permanecería firme “ya venga el potro, ya venga la soga”. Campion fue ejecutado en 1581.

En cuanto a su exactitud histórica, las opiniones parecen divididas. El padre Caraman escribió que Benson “había sido lo más fiel posible a sus fuentes” [6] y Hugh Ross Williamson destacó que los “personajes inventados” de Benson fueron creados “en el ámbito de la verdad conocida, dejándonos pensar, correctamente, que podrían haber vivido y actuado como Benson les hace vivir y actuar”.

Williamson continúa: “Toda la época se hace viva, y si algún lector objetase que este cuadro de la Inglaterra católica bajo el Terror Isabelino sabe un poco a melodrama, está la propia respuesta incuestionable del autor: ‘Si el libro es demasiado sensacionalista, no es más sensacionalista que la vida misma de la gente de Derbyshire entre 1579 y 1588” [7].

Por el contrario, Hilaire Belloc se permitió discrepar. Aunque era, en su mayor parte, una gran admirador de la obra de Benson, y escribió en una ocasión que creía que Benson “sería el hombre que escribiría algún día un libro para darnos cierta idea de lo que pasó en Inglaterra entre 1520 y 1560” [8], Belloc se quejaba de que la descripción de la vida diaria en Come Rack! Come Rope! era inexacta, parecida a la del siglo XVIII, no a la del siglo XVI.

Dejando de lado estas diferencias, la novela es, en cualquier caso, mucho más que mera ficción histórica. Es una gran novela, una gran historia de amor. Es una historia que muestra el misterio de Roma y la verdadera grandeza del amor noble y sacrificado entre un hombre y una mujer. El amor entre Robin y Marjorie, los dos principales protagonistas, es un amor mucho mayor que el de Romeo y Julieta. Su amor recíproco no tiene nada de la posesividad de los “amantes desdichados” de Shakespeare y tiene toda la pureza y la pasión de la Cordelia de El Rey Lear. Solo como historia de amor, Come Rack! Come Rope! ya merece un lugara en el canon literario.

En cuanto al clímax de la novela, hay que estar de acuerdo con Hugh Ross Williamson en que “es imposible no conmoverse con el último capítulo” [9]. Por su fuerza y conmoción, el clímax de la novela es comparable en estatura literaria con los trascendentales momentos finales de Lord Marchmain en la obra maestra de Waugh Retorno a Brideshead. Y si el final de Benson carece de la sutileza del desenlace de Waugh, le gana sin embargo en tensión dramática.

AVISO SPOILERSi no has leído Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, ni visto la serie de televisión, pero piensas hacer una de las dos cosas, ¡no veas esta escena!

¿Por qué, se pregunta uno, esta mini-obra maestra de Benson, que soporta la comparación con las obras de Waugh, sigue siendo tan desconocida? Uno sospecha que tiene mucho que ver con los tiempos tristes y apesadumbrados, pecadores y cínicos que vivimos. En tiempos más saludables, por los que debemos rezar y en los que podemos esperar, será considerada como el pequeño clásico que es. Entretanto, en los días oscuros en los que nos encontramos, deberíamos dar gracias de que editores dinámicos como Cluny Media lleven esta obra significativa e importante a una nueva generación de lectores. También podemos esperar que su autor, tanto tiempo olvidado, volverá a figurar entre las estrellas del firmamento literario, con su estrella de nuevo ascendente.

Traducción de Carmelo López-Arias.

NOTAS
[1] Robert Hugh Benson, Confessions of a Convert, Sevenoaks, Kent: Fisher Press, 1991 edn., p. 52.
[2] Ronald Knox, A Spiritual Aeneid, London: Burns Oates, 1958 edn., p. 161.
[3] C. C. Martindale, The Life of Monsignor Robert Hugh Benson, Vol. Two, London: Longmans, Green & Co., 1916, p. 90.
[4] Ibid.
[5] Philip Caraman, S.J., prólogo a R. H. Benson, Come Rack! Come Rope!, Long Prairie, MN: Neumann Press, 1995 end., p. v.
[6] Ibid., p. vi.
[7] Hugh Ross Williamson, introducción a R. H. Benson, Come Rack! Come Rope!, London: Burns & Oates, 1959 edn., p. 6.
[8] Martindale, op. cit., p. 45.
[9] Williamson, op. cit., p. 5.

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«La Virgen me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

Claudia Koll, ex actriz erótica

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La Virgen María tuvo un papel importante en su proceso de conversión

Claudia Koll fue una de las estrellas del cine erótico en Italia, muy rentable a inicios de los 90 del pasado siglo. Tenía la fama que le daban sus papeles, como en Cosí fan Tutte, del director Tinto Brassy, y conseguía mucho dinero por ellos. Sin embargo, existía en ella un vacío enorme que no lograba llenar ni con ese éxito ni con los hombres.

Fue en el 2000, año del gran jubileo, cuando esta actriz se convirtió y su vuelta a la Iglesia fue muy sonada debido a los papeles que había protagonizado en el pasado. En este cambio, la Virgen María ha sido fundamental, también antes de su conversión, pues aunque ella no lo supiera ya había una semilla en ella.

Devota de la Virgen de Medjugorje y Fátima

Koll es una devota de la Virgen de Medjugorje, donde ha peregrinado en varias ocasiones, pero Fátima y Lourdes también han sido parte importante para ella. “María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer, a expresar mejor mis cualidades femeninas: la dulzura y el espíritu materno”, aseguraba.

En la entrevista en Medjugorje que recoge AleteiaClaudia Koll contó cómo la Virgen estuvo cerca de ella durante todo su proceso de conversión y cómo lo pudo sentir así. Y habla concretamente de una experiencia que vivió en este pequeño pueblo bosnio.

Su experiencia con la Virgen

“Es uno de esos momentos en los que todo se detiene. Vi que estaba lloviendo pero no sentía caer la lluvia sobre el paraguas. Es realmente una experiencia maravillosa sentir a la Virgen en el corazón. No se me ocurrió en absoluto buscar signos ni mirar al cielo. Creo que el encuentro tiene lugar dentro de uno”, contaba esta actriz de 52 años.

 

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Claudia Koll aprovecha ahora para dar testimonio de Dios en todo momento

Claudia Koll explicaba también que la Virgen siempre estuvo con ella aunque no pudiera verla. “Siempre ha estado presente en mi vida, desde que nací. Cuando tenía ocho o diez años, no me acuerdo, vi una película sobre la Virgen de Fátima. Entonces comprendí que la Virgen no era una estatua, era una mujer”.

María, presente en su infancia

La actriz cuenta que en ese momento de su infancia quedó “realmente impresionada al ver que la Virgen había dado una tarea tan importante a los videntes”, niños como ella. “A través de la película sentí que la Virgen me habló de la belleza, la paz, la serenidad”, contaba. Al llegar a su casa hizo una oración en la que pidió a María que llevara ya con ella como hizo con Francisco y Jacinta.

“El Señor no respondió a esa oración pero creo que Él me quiere para dar testimonio de Él. Toda esta experiencia que he tenido me ha ayudado a entender la grandeza de la misericordia divina”.

Hija del Jubileo del 2000

Este proceso que se inicio en el 2000, ella se considera hija del Jubileo, un día en se encontraba desesperada y no sabía qué hacer. Y acabó entrando en una iglesia de Roma.

“Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: ¿Qué quieres de Él?. Yo le dije: ‘Nada, soy una pecadora’. Cuando me hizo la señal de la cruz en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar… Era la respuesta del Señor”, contaba esta mujer, tal y como recogía ReL en un reportaje.

“El Señor me invitaba a vivir sin miedo”

“Comprendí que el amor que había buscado siempre por caminos equivocados era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos los corazones desean: la presencia de Dios. Comencé a degustar la vida y a entender que el Señor me empujaba a vivir sin miedo, porque Él estaba a mi lado”, aseguraba

Ella se dio cuenta de que “el mundo del espectáculo me ha utilizado” y usa “nuestra debilidad y nos golpea allí donde somos más frágiles. Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas”.

“Quería probar emociones fuertes, pero nadie realmente me había enseñado a vivir. Lo más extraordinario para mí ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de mi condición de gran pecadora. Pero después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme.Nada me bastaba, no estaba contenta de verdad con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”, concluía.

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Un cáncer, una muerte y un milagro maravilloso

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“Sé que tú me ayudarás a morir”, me predijo

 

Conocí a Lali en el trabajo. Tenía 33 años y era secretaria de dirección. Empezamos a conocernos, nos hicimos amigas, íbamos a comer juntas o compartíamos café en los descansos. Poco a poco, fuimos abriendo nuestros corazones. Ella empezó a explicar sus creencias espirituales: la cábala, las energías, el reiki, los viajes astrales, la astrología,… Yo le expliqué las mías: un Jesús que ama, que redime, que acepta, una Madre que acoge, una Iglesia abierta a todos y a la misericordia… Hablábamos con respeto, escuchándonos una a otra, sin pretensiones de convencimiento, sin juzgarnos, con interés.

Me habló de su vida difícil. De su padre borracho y maltratador. De su madre sufriente y depresiva que se suicidó. De su hermano menor que ahora era drogadicto y estaba ingresado en prisión. De su hermana que al cumplir los 18 años se fue a vivir con su novio y rompió lazos con la familia porque deseaba separarse de esa corriente de autodestrucción.

De cómo ella a los 18 años empezó a trabajar y se llevó sus hermanos menores a vivir con ella porque estaban desatendidos por el padre, los volvió a escolarizar, les enseñó modelos de higiene, les dio amor y cariño.

De cómo su padre volvió al cabo de los años, enfermo de cirrosis y ella lo cuidó hasta que murió a pesar de que había sido la causa de la desgracia familiar. De cómo ahora había encontrado una estabilidad profesional y personal, de su compañero de vida, de sus amigos.

Y de repente llegó el cáncer de estómago. Solo uno de cada tres sobrevive los 5 años, le dijeron. Lali era luchadora, la que más, y se compadeció de los otros dos porque ella era la que iba a sobrevivir, dijo. La operaron, pasó por una quimioterapia muy dura y volvió al trabajo.

Y al cabo de unos meses el cáncer volvió y ya no tenía cura. Tenía 35 años. Volvieron las sesiones de quimioterapia, sin ningún resultado y llegó un momento en el que ya no se podía hacer nada más e ingresó en una Unidad de Cuidados Paliativos.

Lali decidió que no quería que sus últimas semanas de vida fueran un paseo de personas que fueran a despedirse de ella, ni que todo el mundo viera cómo se iba consumiendo hasta morir. Eligió a unos 5 ó 6 amigos para que la cuidaran. A mí me sorprendió estar entre el grupo de elegidos, porque éramos compañeras de trabajo más que amigas y personas de su círculo más íntimo no pudieron despedirse de ella.

“Sé que tú me ayudarás a morir”, me predijo.

A mí me tocaban las noches. Unas noches eternas en las que hablábamos sin cesar de la vida, de la muerte, de qué hay más allá, de cómo hay que morir, del amor de Dios, de la reencarnación, de la resurrección.

Yo le hablaba de ese Dios que la amaba con infinita ternura, que no juzgaba, que no imponía miedo, que la esperaba con los brazos abiertos. Del Padre que quiere estrechar de nuevo a su hija, del Amigo que quiere compartir con ella su vida eterna, del Espíritu que la acompañaría en su camino al cielo. Ella escuchaba.

Pero durante el día, sus amigos volvían con mensajes de energías, fuerzas y astros.

No le impuse nunca nada, simplemente hablábamos y nos escuchábamos. Hasta que un día ella misma me pidió que me asegurara que no moriría sin confesarse. Sin embargo, me pidió esperar un poco porque tenía mucho dolor y prefería confesarse cuando tuviera el dolor controlado.

Pero la manera de controlar el dolor era con morfina y Lali fue entrando en una especie de doble vida y nebulosa donde cada vez era más difícil conversar con ella. Yo intuía que por muchas ganas que yo tuviera de que se confesara, era necesario que ella lo pidiera y lo deseara de verdad, que era necesario tener paciencia.

Cuando ya no podía casi ni hablar, lo propuse a los amigos y familiares, que se negaron en redondo porque no creían que fuera bueno y la asustaría.

Lali llegó a un punto en que prácticamente solo le funcionaban el corazón y los pulmones. Los médicos no podían comprender ya no cómo no estaba en coma, sino cómo no estaba muerta.

La última noche que pasé con ella intuí que era la última. Lali ya no hablaba, solo respiraba. Pasé la noche rezando.

Le dije a Dios que no podía hacer ya nada más, que era yo sola contra un grupo más numeroso de personas que vetaban la presencia de un sacerdote, que no podía luchar más, que había fallado, que no había sabido hacerlo mejor, qué sólo Él podía obrar el milagro.

Recé un rosario tras otro, pedí continuamente la protección del manto azul de María para que la protegiera de cualquier influencia externa que le impidiera llegar al cielo… y no paré de hacerle la señal de la cruz en la frente.

Por la mañana me fui, desanimada, triste, sabiendo que ya no podía hacer nada más, que se iba a morir sin haberse confesado, pero con la confianza de que la misericordia de Dios era grande y que Él iba a contemplar la capacidad de ofrecer amor que había demostrado en su vida.

Al cabo de unas horas me llamaron sus amigos. ¡Lali había pasado la mañana cogiéndoles la mano y guiándoles para que le hicieran la señal de la cruz en la frente! Aunque eran contrarios a la presencia de un sacerdote, habían interpretado que con ese gesto Lali pedía una confesión. ¡Alucinante!

Rápidamente fui con un sacerdote amigo al hospital. Al llegar, el sacerdote hizo salir a todo el mundo. Yo también hice el amago de salir, pero él me invitó a estar, a pesar de que era una confesión. “Te mereces vivirlo”, me dijo. Al entrar le dije: “Lali, ponte guapa que vengo con una persona especial, vengo con el sacerdote del que hablamos para que te puedas confesar”.

No sé de dónde sacó las fuerzas para sentarse, abrió los ojos como platos, consiguió sacar una sonrisa de oreja a oreja de su cara. Fue impresionante. ¡Estaba tan débil!

El sacerdote le preguntó “Lali, ¿sabes que Dios te ama?”. “¡Me ama tanto!”, contestó.  “¿Amas tú a Dios?”. “Lo amo con locura”, contestó con un hilo de voz. “Te arrepientes de tus errores?”. Lali ya sin voz asintió. “Dios te ha perdonado de todo, ahora puedes descansar”. Lali cerró los ojos, cayó sobre la almohada y entró en coma. Al cabo de un par de horas murió.

Del satanismo, lesbianismo y adicción a las agujas

Esta joven de 25 años cuenta su radical proceso de conversión

Angélica pasó a consagrarse a la Virgen María

ReL 4 mayo 2017

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Angélica está ahora consagrada al corazón de María. Antes se perforaba el cuerpo y se tatuaba

Angélica María Páez Gómez tiene 25 años pero a sus espaldas lleva una historia de sufrimiento que sólo Dios ha conseguido curar. Depresiones, drogas, una sexualidad desordenada que le llevó al lesbianismo, decenas de piercings e incluso la influencia demoníaca. Esto es lo que ha vivido esta joven colombiana que ahora relata su testimonio y en el que la Virgen María y los sacramentos, especialmente la Eucaristía han hecho de ella una mujer nueva.

En una entrevista para Portaluz, esta joven afirma haber sufrido la persecución y los ataques del diablo desde niña. “A los siete años, mientras dormía, sentía que me presionaba el pecho; era una sensación de angustia y desespero. A raíz de estos ataques, comencé a dormir con mi mamá”, recuerda.

Sin embargo, en su entorno encontró más manifestaciones que ella atribuye al demonio. “Mi hermano tenía un amigo llamado John Arian, él era ocultista y satanista. Dormía en un ataúd, él sufrió una grave enfermedad. Una noche, en un sueño que tuve, lo vi envuelto en llamas suplicando y gritando: ayúdame, ayúdame. Desperté y ese mismo día a las diez de la mañana llamaron a casa informándonos que había muerto”.

Desde niña experimentó la influencia del demonio
Desde niña perdió la inocencia y se dejó llevar por el pecado. Angélica relata que a los nueve años empezó a masturbarse y a sentir atracción física por una vecina. Ya más adelante empezó a juntarse con los amigos de su hermano mayor y a introducirse en círculos de black metal, seducida por la mezcla que había de música satánica, alcohol, drogas…Y ahí conoció a una chica satanista que le enseñó una iglesia satánica sólo para mujeres.

“Escuchaba voces en mi oído que me decían: ‘tienes que hacer un trato conmigo, te lo daré todo, te lo daré todo”, afirma Angélica. Pero ella intentaba no escuchar demasiado estos mensajes y quiso marcar distancia con estos grupos satanistas. Aunque la solución por la que optó fuera igual de mala para su ser.

Una espiral autodestructiva
A esta joven le encantaba hacerse perforaciones en su cuerpo para colocarse decenas de piercings y empezó incluso a sentir gusto por el dolor que le provocaba dañarse el cuerpo o agujerear el de otras personas. Pero así tampoco era feliz y su insatisfacción crecía y crecía.

“Tuve una decaída anímica total, entonces empecé a sufrir de la nada ataques de pánico, depresión…Yo no soportaba ir a la universidad ni en autobús ni siquiera en taxi porque sentía que el mundo me iba a comer; empezaba a llorar, estaba en clase y tenía que salir porque me daban náuseas, estaba tres días encerrada en mi dormitorio llorando, golpeándome de manera horrible contra las paredes. Una depresión que yo misma me preguntaba, ‘pero, ¿por qué estoy así?’”.

La conversión previa de su madre
Angélica iba de mal en peor en una espiral de autodestrucción muy preocupante. Su madre veía su sufrimiento y rezaba por la conversión de su hija. Y fue la oración de su madre la que la sacó de este enorme agujero.

Precisamente fue la propia conversión de la madre de Angélica la que alimentó la suya propia puesto que antes ella también practicaba el ocultismo acudiendo a brujos y echando las cartas. “Ella empezó a ir a misa, rezar el Rosario, oraba y asistía a los congresos de Teleamiga y casa Belén. Un día me llevó y gracias a una confesión que hice con el padre Julio César mi vida empezó a cambiar”, cuenta esta joven, emocionada.

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Las oraciones de liberación
Así fue como volvió a la Iglesia Católica, que en todo momento la acompañó en su situación. Dos sacerdotes realizaron en ella oraciones de liberación y ella afirma que “después de que el padre Gerardo Piñeros me impusiera las manos sentí el abrazo de Jesús diciéndome: ‘volviste, eres mía, siempre estuve aquí para ti, ya ha sido suficiente y ahora vas a estar conmigo y vamos a trabajar juntos’”.

El sacerdote recomendó a esta joven rezar el Rosario diario y acudir a los sacramentos. Fue así como esta práctica pasó de una recomendación a una necesidad para ella. Necesitaba el Espíritu Santo para resistir los envites del demonio.

Angélica se consagró al Inmaculado Corazón de María con la preparación que recomienda San Luis María Grignion de Montfort, se esmera por asistir a eucaristía todos los días, Adora al Santísimo, canta en su parroquia, compone canciones para Dios y siempre que puede da testimonio de lo vivido…

El consejo a otros jóvenes
“Cuando uno cae en la garras del enemigo ni se da cuenta que está con el enemigo… Mi cuerpo le pertenecía al diablo y hoy que pertenezco a Dios mi consejo a los jóvenes es que escuchen a los abuelitos, a sus padres, y estén atentos pues Dios se vale de todo para llegar al corazón. Dios se vale de su novio, novia, mamá, papá, se vale absolutamente de todo para decirte: Estoy aquí, te amo, no importa cuántas veces me crucifiques en tu corazón, no importa si tu pecado es color escarlata. Te amo y estoy para ti”.

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Un curso católico cambió su vida

EXPULSADA DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ Y CANSADA DE LOS MORMONES

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El primer día, el ponente empezó el curso así: «Hermanos y hermanas, si hay en este lugar alguien que no sea católico y no desea serlo, este es el momento de irse… ¡porque le garantizo que si termina el curso se hace católico!»

29/04/17 4:00 PM

(REL/InfoCatólica) Laura Soto Salazar, administrativa de 41 años en San José de Costa Rica, ha vivido un itinerario espiritual peculiar. Nació en una familia de Testigos de Jehová. Cuando la expulsaron, se sintió acogida por los mormones. Más adelante, harta de que no respondiesen a sus dudas intelectuales, intentó vivir con Dios «a su manera», sin religiones. Pero un anuncio en Facebook le llamó la atención:

«¿Es la Iglesia Católica la Gran Ramera del Apocalipsis?» Era un curso católico. Se apuntó… y quedó más que sorprendida. Por primera vez podía vivir la fe, con la Biblia, en un entorno de comunidad no sectario y de doctrina razonable. Esta es su historia, que ha hecho llegar a ReligionEnLibertad.

Una familia de los Testigos de Jehová

«Nací en un hogar de Testigos de Jehová», escribe Laura. «Mis abuelos paternos y maternos lo eran y, como ellos dicen, yo nací “en la verdad”. Era la mayor de tres hermanas y mis padres tenían altas expectativas para mí. Como es costumbre en un hogar de Testigos de Jehová, desde muy niña me hacían aprender textos bíblicos que después debía usar para hablar a amigos y vecinos de “’la verdad”. Recuerdo lo orgullosa que se sentía mi abuela de escucharme decir de memoria los nombres de los 66 libros que tiene la Biblia», recuerda Laura… que en esa época no sabía que en las Biblias protestantes, y las de los Testigos de Jehová, faltan los 7 libros deuterocanónicos (Tobit, Judit, Sabiduría, Eclesiástico o Sirácida, Baruc y los dos libros de Macabeos).

«A la edad de 12 años yo era capaz de contestar las preguntas de mis compañeros de escuela: ¿por qué los Testigos no celebran los cumpleaños?, ¿por qué no celebran la Navidad?»

El bautismo de los Testigos

Siendo ella la mayor, sin embargo, sus hermanas menores ya habían dado el paso de recibir el bautismo de los Testigos, que para ellos tiene un valor de arrepentimiento y dedicación a Dios, que se hace cuando ya se conoce algo de la Biblia.

Ninguna iglesia cristiana (católica, protestante ni ortodoxa) acepta la validez de este bautismo, porque los Testigos no creen en la Trinidad.

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Bautizarse implicaba un estudio intenso. «A mí se me hacía bastante pesado las dos horas en reuniones un día entre semana, más una hora de un estudio del libro en una de las casas vecinas, más otras dos horas en la reunión del fin de semana, que podría ser sábado o domingo… además de las horas en la predicación, que como publicadora no bautizada debía reportar».

«Sin embargo, después de tener a mi primera hija, después de mi primer divorcio, decidí estudiar y bautizarme. Así, pensé, mis padres, mis hermanas, la familia entera estaría por fin orgullosa de mí y no se fijarían tanto en que fracasé con la elección de un esposo».

«Después de bautizada mis responsabilidades se aumentaron. Se esperaba que yo misma condujera algún estudio bíblico». Para entonces ya podía impartir la clásica doctrina de los Testigos contra el uso de imágenes religiosas, contra las «religiones falsas», en defensa de la palabra «Jehová» como nombre de Dios, hablando de los cálculos sobre el fin de los tiempos, etc…

Expulsada de los Testigos

«Cinco años después, conocí al padre de mi segunda hija. Quedé embarazada sin estar casada. A los 5 meses de embarazo me convocaron los ancianos de la congregación. Me senté en un salón con 5 hombres frente a mí. Me juzgaron. Me preguntaron cosas no para buscar mi arrepentimiento, sino más bien para alimentar las mentes de ellos con detalles íntimos del momento de la concepción», asegura Laura. «Al negarme a contestar con detalles y al rechazar la oferta de abandonar por completo al padre de mi segunda hija, el resultado fue expulsarme. Yo no había demostrado estar arrepentida».

Una de las acusaciones habituales que se hacen a los Testigos es su rotundidad a la hora de cortar los lazos humanos y familiares con los parientes expulsados o castigados.

«Perdí todo. Perdí a mi familia, todos ellos me dejaron de hablar. Como vivía con mis padres, me hablaban sólo lo imprescindible. Mis amigos, que me habían visto crecer, cruzaban al otro lado de la calle para no saludarme».

Diez años de soledad… y la oferta de los mormones

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Durante diez años, fuera de los Testigos, Laura intentó buscar una comunidad en la que poder relacionarse con Dios. Fueron diez años de soledad y tristeza.

«Intenté buscar a Dios en una iglesia evangélica a la que me invitaron, pero no me fue muy bien con los espectáculos que veía, de “milagros” a diestra y siniestra, con un Dios que proclamaba prosperidad en mi vida si yo daba el diezmo. Aún peor me iba con las personas que se dedicaban a “hablar en lenguas”, aunque no pudieran comunicar su mensaje a nadie más, como si pasó en Pentecostés».

Pasados esos diez años volvió a los Testigos, «lo único que de verdad conocía». Le daban ayuda, pero era una ayuda condicionada. «De inmediato llegó su presión para que yo predicara y convirtiera a muchos vecinos. Y por mi vida en esos 10 años me seguían juzgando».

Unos clásicos misioneros mormones

«De casualidad empecé a hablar con unos mormones. Ellos, con la misma Biblia, me señalaban que los Testigos de Jehová estaban equivocados, mientras que ellos sí tenían la verdad. El amor que reflejaban entre ellos, la unidad de sus familias… eso era algo que siempre había deseado. Sin pensarlo mucho puse mi renuncia a los Testigos de Jehová y me bauticé con los mormones. Ellos no son tan estrictos para bautizar personas: con que se tenga un conocimiento básico y el deseo de hacerlo es suficiente», señala.

Las iglesias cristianas (católicos, ortodoxos o protestantes) tampoco reconocen validez alguna al bautismo mormón.

Los mormones siempre piden al neófito que lea el Libro de Mormón, que para ellos complementa a la Biblia y tiene prioridad sobre ella, y que pregunte a Dios, en oración, si es verdad lo que se cuenta en él. Cualquier sensación en oración se interpretará como una «confirmación» de Dios.

«Recuerdo cuando me presentaron el Libro de Mormón y me dijeron: “debes leerlo y preguntarle a Dios en oración si este libro es verdadero, Él te contestará”. Así lo hice. La felicidad y la paz que sentía eran mi “confirmación” de que era un libro inspirado por Dios. No pensé entonces que mi corazón estaba tan sediento de amor, que lo que ellos me mostraban era lo que yo anhelaba».

Ni Testigos ni mormones

«Mi familia de nuevo me dejó de hablar. Yo había hecho lo imperdonable: había renunciado a ser Testigo de Jehová, ¡me había convertido en una apóstata! Fui realmente repudiada por todos. Y aún es así, hasta el día de hoy».

 A Laura le gustaba leer el Libro de Mormón, lo leía rápido y lo estudiaba. «En seis meses yo sabía ya lo mismo o más que personas que habían estado en ello más de cinco años. Y, sin embargo, empecé a encontrar muchas incongruencias en los escritos e historias del Libro de Mormón. El libro llegó a parecerme un cuento de ficción».

Además, a medida que en Laura se despertaban preguntas y extrañezas, a medida que estudiaba más y más, se daba cuenta de que los mormones no eran capaces de responder sus dudas ni objeciones. «Nunca me fueron contestadas, por lo tanto, dejé de reunirme con ellos».

Tomó una opción individualista. «Ya mi fe había decaído, no quería ninguna religión.  Me parecía que todas las religiones interpretaban la Biblia como mejor les convenía para apoyar su doctrina. Dios y yo tendríamos en adelante sólo una relación personal. Yo le hablaría a Él y Él a mí. Nadie más se metería, nadie me juzgaría. Todos estaban en el error. Esa ‘verdad’ de la que tanto me hablaban desde que nací, en realidad, no existía».

Un anuncio en Facebook: «¿La Iglesia Católica es la Gran Ramera?»

Un día a Laura le llamó la atención un anuncio que alguien colocó en sus contactos de Facebook. El anuncio decía: «¿Somos los católicos idólatras? ¿Adoramos a María? ¿Es la Iglesia Católica la Gran Ramera del Apocalipsis? Sepa la verdad en nuestro curso».

Laura lo tenía claro. Las respuestas eran sí son idólatras, sí adoran a María, sí es la Gran Ramera. «Esas eran las preguntas que yo usaba en mi predicación cuando era Testigo de Jehová. Sabía de memoria esos temas».

Pero, claro, ahora ya no se fiaba mucho de lo que le habían enseñado.

«Me pareció lógico preguntar a un católico para ver qué es lo que cree un católico. Así que llamé al teléfono de contacto».

– ¿Aló?

-Hola, buenas… Yo estoy interesada en asistir al curso. Pero debo decirle que no soy católica y, bueno, tampoco pretendo serlo. ¿Puedo acudir?

– Sí, claro. Debes traer un cuaderno, un lápiz y una Biblia.

El primer día, el ponente empezó el curso así: «Hermanos y hermanas, si hay en este lugar alguien que no sea católico y no desea serlo, este es el momento de irse… ¡porque le garantizo que si termina el curso se hace católico

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Para Laura, que había estudiado la Biblia tantos años, le parecía un desafío, casi insultante.

«Yo, ahí sentada, con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que escuchaba. Me dije: “¿Y este quién se cree? ¡Si yo sé más que cualquiera de los que está aquí sentado! Me voy a quedar y le voy a demostrar con su propia Biblia lo equivocado que está», decidió.

Los pasos de un curso de apologética

El curso era un curso de apologética católica, y estaba diseñado para responder a los interrogantes más frecuentes en personas de otros ambientes cristianos.

Primer tema: Antigua y Nueva Alianza.  «Me pareció interesante», dice Laura.

Segundo Tema: Sola Biblia, Sola Escritura… la doctrina que Lutero implantó, pero que no aparece en la Biblia. «Este tema me golpeó bajo: me hizo dudar de lo que yo creía», recuerda Laura.

Tercer Tema: El canon bíblico. ¿Quién decide cuáles son los libros de la Biblia? ¿Con qué autoridad? ¿Por qué la Biblia católica tiene 7 libros más que las protestantes? «Aquí ya tuve que ir a comprar una biblia católica», dice Laura.

Cuarto Tema: sobre las doctrinas protestantes de «Sola Fe» y «Una vez salvo, siempre salvo». Laura llegaba a casa, revisaba todo lo que se había comentado en clase, y sentía que todo lo que le mostraban en el curso tenía sentido.

Quinto Tema: La Iglesia del Pentecostés. «Era una Iglesia que no se parecía nada a las sectas en las que yo había estado».

Sexto Tema: La Iglesia de Jesucristo, ¿cuántas Iglesias fundo Jesús? Aquí Laura aceptó, sin duda, que la Iglesia que Cristo fundó fue la católica… y que ella llevaba equivocada toda la vida en este tema.

Séptimo Tema: San Pedro,  primer Papa. «En este tema lloré como nunca lo había hecho. Yo, sí, yo, había sido una de las que había perseguido a la verdadera Iglesia de Jesucristo. Sentí un arrepentimiento tan profundo… Era un amor por la Iglesia Católica que no pude aguantar más. Solicite que se me diera la catequesis necesaria para bautizarme y recibir mis sacramentos».

Bautizo y sacramentos católicos de iniciación de Laura en 2015

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En 2015 fue bautizada como católica. Pertenece a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Hatillo, aunque ella sirve a la Iglesia en el Ministerio de Apologética Católico Soy nacido en la Parroquia del Perpetuo Socorro.

«En resumen, lo que digo a los católicos es “instrúyanse en la fe, un católico instruido no será confundido”. La verdad sí existe y la ha tenido siempre la Iglesia Católica».

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