La medicina de Dios

Nos llamamos Víctor y Daniela, tenemos 27 y 26 años y llevamos casados dos años y medio. Yo soy veterinario y Daniela es parte del año profesora y otra parte ama de casa.
Vivimos la fe dentro de la Iglesia en el camino Neocatecumenal. Tenemos un hijo, Jacob, de un año y una hija que nacerá en mayo que se llamará Victoria. Además tenemos dos hijos que no llegaron a nacer y ya están en el cielo disfrutando de la vida eterna.

¿Qué significa el perdón para vosotros?
Para nosotros el perdón y la misericordia son la base de la fe cristiana, que se basan en el amor infinito que Dios nos tiene, y en la infinidad de oportunidades que nos da cada día para empezar de nuevo. Sin el perdón no hay cristiano. «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian». (Mt 5, 44) Es lo único que diferencia el cristianismo de las demás creencias, ya que sólo en Cristo se encuentra el perdón total hacia nosotros cuando nos convertimos en sus enemigos, por el pecado, destruyendo el proyecto de amor que tiene con cada uno de nosotros.

¿Preferís pedir perdón o perdonar?
Víctor: personalmente yo debo confesar que soy muy orgulloso y ciertamente me es más fácil perdonar que pedir perdón aunque también he experimentado que la paz que da pedir perdón, aún cuando la otra persona no lo acepta, significa experimentar ese amor del que hablábamos anteriormente, es decir perdonar sin pedir nada a cambio.
Daniela: por mi parte, también muchas veces el orgullo me ha hecho difícil pedir perdón, como si las palabras no salieran de mi boca. Prefiero perdonar, aunque es cierto que el hacerse pequeños, humillarse y pedir que te perdonen, siempre es fuente de una gran paz.

¿Qué lugar ocupa el sacramento de la Reconciliación en vuestra vida espiritual?

Daniela: desde pequeña me han educado en la fe cristiana y el sacramento de la reconciliación en mi familia ha tenido siempre un lugar privilegiado. Es cierto que no siempre me resulta fácil confesarme, a veces por vergüenza o a veces por soberbia, pero al final el Señor sabe como prepararme ocasiones propicias para reconciliarme con Él, respetando mis tiempos, mis miedos.
Víctor : para mí el sacramento de la confesión es totalmente indispensable para poder celebrar los demás sacramentos, ya que cuando uno tiene el alma llena de suciedad difícilmente puede ver a Dios y sin embargo es más fácil escuchar la voz del demonio que te dice constantemente «Dios no te quiere, Dios es un monstruo, tu vida no vale para nada…». Cuando uno se confiesa, si lo hace de corazón, Dios tiene el poder de hacer una persona nueva, no arreglar los desperfectos, sino hacerla nueva. La confesión lleva a la humildad, ya que te hace entrar en lo más profundo de ti mismo, reconocerte débil y aceptar que no está en nuestra fuerza el ser cristiano, hacer el bien no viene de nosotros, es una gracia del Espíritu Santo.

En el Padrenuestro hay una condición que, frecuentemente, se nos olvida: ¨Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden¨. Y es que pedir perdón implica ser generoso al perdonar. ¿Qué opináis sobre ello?.

Daniela: siempre, cuando reflexiono sobre esta parte del Padrenuestro, pienso en otras palabras de Jesús, que me recuerda que con la medida con la que yo juzgo al otro, seré juzgada por Dios. A veces el mismo pecado nos parece más grave cuando lo hace otro y no nosotros mismos, porque es más fácil justificarnos: esa parte del Padrenuestro me invita a justificar siempre al otro, a Victor, a mis amigos, a mis padres.
Víctor : nosotros estamos casados y seguimos casados gracias a esta parte del Padrenuestro ya que, precisamente al haber recibido el perdón de Dios tantas veces podemos por ello perdonarnos mutuamente muchas veces. Sería hipócrita recibir algo gratis , en este caso el perdón de Dios, y no darlo gratis sin intereses. Para poder ponernos de cara a Dios antes el Señor nos pide que nos reconciliemos con nuestro hermano, que nos pongamos a bien incluso con ellos que nos hacen injusticias.

Juan Manuel Cotelo define el perdón como el mayor regalo, y así titula una película suya. ¿Verdaderamente es el mayor regalo para vosotros?.

Nosotros hemos experimentado el amor de Dios. El perdón siempre va ligado al amor, Dios en esencia es Amor, es Perdón, y por tanto para nosotros el haber recibido la fe en la iglesia, el tener un encuentro con Jesucristo en nuestra vida concreta, es y será siempre el regalo más grande, y trasmitirle esto a nuestros hijos, a pesar de nuestras faltas y a pesar de que no somos unos padres perfectos, es la mayor herencia que podemos dejarles.

¿Hay algo imperdonable para Dios?

Para Dios nada es imperdonable, siempre cuando exista arrepentimiento sincero; por eso es una obra de caridad en muchas ocasiones ayudar a un hermano a ver sus faltas, siempre obviamente sin juzgarlo, y reconociendo que no somos mejores que nadie, llamando a la conversión para que de esta forma experimentemos todos el perdón y el amor de Dios.
Para nosotros en nuestras fuerzas muchas cosas son imperdonables, pero unidos a Dios, estando en comunión con el Espíritu Santo, sabemos que se puede perdonar cosas muy graves, ya que hemos visto como cristianos perdonan a sus enemigos de forma sincera, y esto es obra de Dios. De forma que se cumple lo que dice San Pablo: «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mi» (Gal 2, 20).

Ponemos las noticias y comprobamos que el ser humano sigue siendo violento y vengativo. ¿Qué necesita el mundo para comprender la realidad del perdón?

Esencialmente lo que el mundo necesita para comprender la realidad del perdón es sentirse perdonado, necesita cristianos auténticos que representen el cuerpo de Cristo aquí en la tierra, que se dejen insultar, que carguen sobre ellos el pecado de los demás, es decir que no devuelvan mal por mal sino que devuelvan bien por mal, que actuemos como sumideros de todas las injusticias. Las pequeñas guerras del día a día terminan allí donde hay un cristiano que no continúa el ciclo de odio, que siempre va a más.

¿Y si el problema reside en que no nos perdonamos a nosotros mismos?

Efectivamente, hace mucha falta en este mundo anunciar la buena noticia, que Dios viendo nuestra necesidad y nuestra condición de pecadores se ha hecho hombre en Jesucristo y se ha entregado hasta la muerte por nosotros, abriéndonos el cielo. Esta noticia, el Kerigma, es lo que necesita cada ser humano para llegar a reconciliarse con su historia y aceptarse pecador y a la vez amado de Dios.

Por último, os proponemos un ejercicio de creatividad. ¿Qué eslogan pondríais en una campaña publicitaria sobre el perdón?

«El mayor regalo y el más valioso es sin embargo el único totalmente gratuito: el perdón y el amor de Dios.»

En la foto vemos un matrimonio feliz, sonriendo y con un bebé en brazos. Están en la calle delante de unos árboles.

Victor y Daniela

Ocho hijos, misionero neocatecumenal y semanas en la UCI por Covid: «Nos hemos agarrado a la fe»

Hernán Alonso, con su mujer y sus ocho hijos / Miguel Villlar – La Voz de Galicia

Hernán Alonso y Marta Fuente son un matrimonio con ocho hijos que durante los últimos años ha anunciado el Evangelio por distintos países como familia misionera del Camino Neocatecumenal. Pero en su ciudad de origen, Orense, el coronavirus irrumpió con fuerza en esta enorme familia, atacando gravemente al padre de familia.

Ha estado a punto de morir. A sus 48 años, Hernán ha pasado más de 45 días hospitalizado, la mayoría de ellos sedado e intubado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Orense. Acaba de ser dado de alta y por fin se ha podido reencontrar con su mujer y sus ocho hijos, por lo que su testimonio ha sido recogido por La Voz de Galicia.

Amalia, Camino, Rebeca, Águeda, Clara, Mateo, Catalina y Renata estaban ansiosos de reencontrarse con su padre. Especialmente Renata, la pequeña de la casa con 4 años, que tiene autismo y fue la única que no se contagió de coronavirus cuando toda la familia cayó enferma en febrero.

“Se alegró tantísimo de verme y me abrazó tan fuerte… ha sido muy bonito regresar junto a ellos”, afirma Hernán sobre su hija pequeña. Lo primero que hizo al regresar a su casa del hospital fue bañarla: “Llevaba días sin querer meterse en el agua, así que le pregunté si quería que la duchase yo y al instante dijo que sí con la cabeza”.

“Nos hemos sentido muy acompañados y aunque ha habido momentos de pasarlo mal, en general nos hemos agarrado a la fe. Creemos que nada pasa por casualidad y nuestra fuerza estaba en el Señor”, señala Marta.

Hernán Alonso, poco antes de ser dado de alta

Por su parte Hernán admite que “después de ellos, lo que más me ha faltado es nuestra comunidad. Tengo muchísimas ganas de encontrarme con los hermanos y agradecerles personalmente todo lo que han rezado y hecho por mí y por nosotros”.

De hecho, este orensano y misionero reconoce que en los momentos más UCI no era capaz ni de pronunciar un Padre Nuestro. “Me mandaban grabaciones con las oraciones y yo me las ponía. Me reconfortaban”, confiesa.

Las oraciones no sólo provenían de su familia y su comunidad neocatecumenal de Orense sino que numerosas personas desde otros lugares como Coruña, Madrid, Castellón y hasta Brasil se unieron en cadena en oración por su recuperación.

Marta también explica que están “muy contentos de tenerlo de nuevo aquí, ahora mismo se nos agolpan un montón de emociones en el pecho”

A ella le ha tocado estar al frente de la casa, cuidando de los 8 niños, y los primeros quince días en una nueva cuarentena porque todos, menos Renata, eran positivos: “Si me lo llegan a decir antes, que vamos a estar confinados otra vez y en esta ocasión con mi marido en la UCI, habría contestado que no puede ser, que es imposible. Sin embargo mira, aquí estamos”

“Desde familiares a miembros de la comunidad, pero también vecinos que conocían nuestra situación, nos timbraban para preocuparse. Incluso los niños, hasta los más pequeños, se portaron de maravilla”, añade la madre de esta gran familia.