San Luis Gonzaga

San Luis Gonzaga, Religioso (1568-1591)

21 de Junio

SAN LUIS GONZAGA, religioso (1568-1591)El Patrón de la Juventud Católica, San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo de 1568 en Lombardía. Su entrega a Dios en su infancia fue completa y absoluta y ya en su adolescencia, decidió ingresar a la Compañía de Jesús, pese a la rotunda negativa de su padre, que soñaba para él una exitosa carrera militar. Durante los años siguintes, el santo dio pruebas de ser un novicio modelo.

Estando en Milán y por revelación divina, San Luis comprendió que no le quedaba mucho tiempo de vida. Aquel anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo. Por consideración a su precaria salud, fue trasladado de Milán a Roma para completar sus estudios teológicos, siendo los atributos de Dios los sus temas de meditación favoritos. En 1591 atacó con violencia a Roma una epidemia de fiebre; los jesuitas abrieron un hospital y el santo desplegó una actividad extraordinaria; instruía, consolaba y exhortaba a los enfermos, y trabajaba con entusiasmo y empeño en las tareas más repugnantes del hospital.

San Luis falleció en la octava del corpus Christi, entre el 20 y 21 de junio de 1591, a los 23 años de edad. Fue canonizado en 1726.

Vida del patrono de los leprosos

Un DVD en español recupera la vida del patrono de los leprosos
El beato belga Damián de Veuster

MADRID, viernes, 15 junio 2007 (ZENIT.org).- Un DVD titulado «Molokai» recupera la vida del «leproso de Cristo», el beato belga Damián de Molokai,

El documental, editado por Ediciones San Pablo, relata el encuentro del misionero Damián de Veuster el año 1873 con los leprosos de Molokai, en el archipiélago de Hawai, conocida como la «isla maldita».

La película revive el encuentro del misionero joven y entusiasmado, Damián de Veuster, con los leprosos y cómo a través de su labor aquel «pudridero humano» –como se narra en la cinta– dejó paso a un «testimonio de amor encarnado en los hermanos».

Ningún hombre sano había visto jamás el poblado de los leprosos hasta que llegó la figura blanca –por su hábito– del padre Damián.

El beato Damián (1840-1889) fue reconocido como el belga más grande de todos los tiempos por la televisión Flemish. Pertenecía a la Congregación de los Sagrados Católicos.

En 1994 el Papa Juan Pablo II lo proclamó beato, y patrono los enfermos de lepra y de las personas que trabajan con ellos.

El DVD dura 105 minutos y es una producción española y europea del 1959 con guión de Jaime G. Herranza y dirección de Luis Lucia.

Madre Angélica

Madre Angélica, la clarisa que dirige una corporación multimillonaria

Su historia, ahora en español, contada por Raymond Arroyo

MADRID, martes, 12 junio 2007 (ZENIT.org).- Una mujer pobre y enfermiza llegó a crear la mayor empresa de televisión católica. ¿Cómo se lo hizo? Raymond Arroyo, director de informativos de esta empresa, la Eternal World Television Network (ETWN) lo revela en una biografía de la Madre Angélica (el nombre religioso de Rita Rizzo).

Arroyo pudo escribir este libro gracias a entrevistas exclusivas con la Madre Angélica antes de su invalidez, que comenzó en la Nochebuena de 2001, cuando la monja sufrió un derrame cerebral.

El libro, originalmente escrito en inglés, lleva por título «Madre Angélica. La increíble historia de una monja que fundó una televisión mundial», Ediciones Palabra (509 páginas).

El volumen desvela cómo es, vive y piensa esta monja de clausura capaz de interpelar al mundo y que, según la revista «Time», es «la mujer católica más influyente de los Estados Unidos». El libro la presenta como una «Teresa de Ávila moderna».

«De todos aquellos que el Señor pudo elegir para levantar este emporio internacional de la comunicación, la madre Angélica era la candidata menos apropiada. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos», escribe el arzobispo de Denver y miembro del consejo de dirección de EWTN, Charles J. Chaput, OFM, en el prólogo.

Joseph Ratzinger, en 1999, dijo que «la madre Angélica ha logrado en los Estados Unidos lo que otros han intentado sin éxito: hacer llegar sus programas a un número de espectadores que se cuentan por millones, representando para la Iglesia un foco de fe y de fuerza renovadora».

Biografía de Hitler

La resistencia alemana contra Hitler (1933-1945)

08-06-2007
José Luis Turiel

La resistencia alemana contra Hitler(CAMINEO.INFO) –    En una de las biografías de Hitler más exhaustivas y recientes, su autor, Ian Kershaw, afirma lo siguiente: “Se calcula que habían caído víctimas del programa de eutanasia de Hitler sólo en la acción-T4 por esas fechas entre 70.000 y 90.000 pacientes. Dado que la matanza no se limitó a la acción-T4 ni terminó cuando se puso fin a la misma en 1941, el número de víctimas del programa del nazismo para liquidar a los enfermos mentales puede que se acercase al doble de ese número”. ¿Qué era la Aktion-T4? Consistía en un programa organizado para asesinar en masa a los alemanes no judíos que padeciesen una enfermedad mental grave, incluidos los alienados a causa de la guerra. Hitler entendía que el plan T4 era “razonable”, puesto que se podía hacer un uso más eficaz de hospitales, médicos y personal sanitario en una situación de guerra a cambio de aniquilar a personas improductivas que sólo generaban gastos al Estado. Por así decirlo, se mataban dos pájaros de un tiro. Uno de los entusiastas de este proyecto, el doctor Joseph Mayer, había publicado ya en 1927 un ensayo que propugnaba la esterilización obligatoria de los enfermos mentales. A Mayer, que defendía el “derecho” del Estado a suprimir la vida de los enfermos mentales, se le había pedido que evaluase la reacción de la Iglesia Católica si se proseguía con el plan T4. Mayer reconocía que el plan T4 era contrario a la doctrina de la Iglesia Católica. Sin embargo, Mayer comunicó a Hitler que él no esperaba una oposición inequívoca de las Iglesias. En consecuencia, el plan T4 podía seguir adelante (se inició en 1939 y los procedimientos eran la inyección letal o el gas carbónico). Mayer se equivocó.     

A la sazón estaba vigente el Concordato entre Alemania y la Santa Sede, Concordato que era sistemáticamente vulnerado por Hitler. En virtud del mismo, la Iglesia Católica no podía inmiscuirse en la política del régimen. Sin embargo, la Iglesia Católica alemana se opuso a la práctica legalizada de la eutanasia a través de los memoranda y las cartas pastorales, aportando no sólo argumentos teológicos y doctrinales, sino también jurídicos y racionales en un clima impregnado de irracionalismo, odio a la Iglesia Católica, totalitarismo, desprecio del ser humano y terror policial. Con una oratoria clara y consumada, Monseñor von Galen denunció las consecuencias criminales del pensamiento utilitario y materialista, haciendo también una referencia clara al trágico destino del pueblo judío.         

El 24 de agosto de 1941 se filtró una información de la cancillería: el propio Hitler había dado la orden de detener el plan T4 a causa del impacto que habían producido las pastorales del Monseñor. Pero lo cierto es que la valiente acción de von Galen no suprimió la eutanasia practicada de otras maneras, como la inanición o las dosis de medicamentos masivos. “¿Cuántos desdichados murieron de esta forma”, se pregunta Barbara Koehn, autora del libro La resistencia alemana contra Hitler (1933-1945). “Es difícil evaluarlo escribe Koehn. El procedimiento era más lento y menos espectacular que el traslado a cámaras de gas, pero resultaba igualmente eficaz y, sobre todo, se practicaba en las salas de hospital, lejos de las miradas del público”.    

La alemana de origen, Barbara Koehn, es profesora emérita de Literatura y Filosofía alemana en la Universidad de Rennes II, Presidenta de la Société internationale Alfred Döblin y miembro de la Forschungsgemeinschaft 20.Juli 1944, asociación cuyo cometido es promover la investigación sobre la resistencia alemana en estrecha colaboración con las víctimas del nacionalsocialismo. Parte Koehn en su trabajo histórico de la idea de que existen elementos comunes en casi todas las formas de resistencia alemana contra Hitler durante el lapso transcurrido entre 1933 y 1945. Estos elementos comunes son el carácter moral y cristiano y el trasfondo ético y religioso, bien hablemos de resistencia socialista, militar o de representantes de la derecha conservadora. De la mano de Koehn conoceremos capítulos de la Alemania nazi desconocidos a menudo por los cristianos españoles. En tiempos en los que la Iglesia Católica no parece gozar de la presunción de inocencia, el trabajo de Koehn supone un soplo de aire fresco y una investigación seria y rigurosa.     

Así, por ejemplo, se pregunta Koehn con la sana ironía de la intelectual perpleja a causa de tanta ignorancia y prejuicio laicista: “Se ha evaluado en un millón el número de judíos salvados gracias a los esfuerzos de la Iglesia Católica. ¿Se quedó Pío XII en silencio ante su destino trágico, como algunos afirman actualmente? Su homilía de la Navidad de 1942 prueba lo contrario. En ella evocó a las miles de personas destinadas a la muerte o a un exterminio progresivo por el solo hecho de su nacionalidad o de su raza. ¡El silencio sobre el destino de los judíos que se reprochó a Pío XII y que actualmente se le reprocha de nuevo era en realidad bastante ruidoso!”.

Entre líneas contenía este discurso una condena del genocidio judío. Sin embargo, es cierto que tal condena no fue expresa ni solemne, no se formuló, por ejemplo, en un documento de más entidad. Ahora bien, como observa Koehn “(…) si el Papa Pío XII hubiera protestado abiertamente, no sólo habría puesto en peligro a la Iglesia Católica en Alemania y en los países ocupados por los alemanes, sino que también habría agravado la situación de los judíos, como lo prueban los acontecimientos de julio de 1942 en Holanda. Los obispos de la Iglesia Católica neerlandesa condenaron las persecuciones. Esta acción valerosa tuvo como consecuencia una intensificación de las redadas y las detenciones, ya que éstas se extendieron también a los judíos conversos al catolicismo (…)”.

En una de estas redadas fue deportada la intelectual y filósofa carmelita Edith Stein, judía conversa. En su destierro en Holanda había escrito la magna obra Kreuzeswissenschaft – Studie über Joannes a Cruce. Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Patrona de Europa, murió gaseada en Auschwitz en agosto de 1942 junto con su hermana Rosa Stein.     Conoceremos también cómo se formó el movimiento de la Rosa Blanca, quiénes lo integraban, qué objetivos perseguía y cómo acabaron sus días la mayoría de sus miembros: los jovencísimos hermanos Scholl, Sophie y Hans, cristianos protestantes, fueron guillotinados tras una pantomima de juicio representada por el infame Tribunal del Pueblo nazi. Entenderemos también los vericuetos de uno de los muchos golpes de Estado fallidos contra el Führer, el organizado por el oficial católico de la Wehrmacht  Claus Schenk von Stauffenberg el 20 de julio de 1944. La bestial represión de este golpe de Estado descendió a simas que degradan al ser humano. Entre otras prácticas crueles e inicuas, se aplicaron leyes teutonas antiguas que incriminaban a familiares de los golpistas exclusivamente por la existencia de vínculos de sangre. Y conoceremos otros episodios de la resistencia alemana en la Alemania nazi entre 1933 y 1945.     

No os perdáis este magnífico libro bien nutrido de notas a pie de página. Cuidadas bibliografía e índice onomástico y un jugoso capítulo final. Muy apropiada la foto de portada: el Tribunal del Pueblo nazi “juzga” a una de las personas implicadas en el frustrado golpe de Stauffenberg.  

Vicente María Desantes Fernández
Fuente: Fundacion Vida

Título: La resistencia alemana contra Hitler (1933-1945)
Autora: Barbara Koehn
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 375
Precio con iva: 20, 90 €

La vida después de la muerte

Sacerdote experimenta – La vida después de la muerte

Experiencia del padre José Maniyangat

Padre José ManiyangatNací el 16 de julio de 1949 en el estado de Kerala, India.  Mis padres eran José y Teresa Maniyangat.  Soy el mayor de los siete hermanos: José, Maria, Teresa, Lissama, Zachariah, Valsa y Tom.A los catorce años, entré en el seminario menor de Santa Maria, en la ciudad de Thiruvalla, para empezar a estudiar para sacerdote.  Cuatro años más tarde, fui al seminario mayor pontifical de San José en Alwaye, Kerala, para proseguir mi formación sacerdotal.  Después de terminar los siete años de filosofía y teología, fui ordenado sacerdote el 1 de enero de 1975 para servir como misionero en la diócesis de Thiruvalla.El día de la Divina Misericordia, domingo 14 de abril de 1985, me dirigía al norte de Kerala, a una Iglesia de la misión, para celebrar Misa, y tuve un accidente fatal.  Yo iba en motocicleta, y fui envestido, de frente por un jeep de un hombre intoxicado (borracho??), que volvía de un festival hindú.   Me llevaron a un hospital que quedaba a 35 millas.   En el camino, mi alma salio de mi cuerpo, y experimente la muerte.  Inmediatamente me encontré con mi ángel de la guarda.  Veía mi cuerpo, y la gente que me llevaba al hospital.  Los oía llorar, y rezar por mí.  En ese momento el ángel me dijo: ”voy a llevarte al cielo, el Señor quiere verte, y hablar contigo».  También me dijo que en el camino, me mostraría el infierno y el purgatorio.Primero, el ángel me llevó al infierno.  Espantosa visión.   Vi a satánas, los demonios, un fuego infernal -de cerca de 2.000 grados Fahrenheit-, gusanos que se arrastraban, gente que gritaba y peleaba, otros eran torturados por demonios.  El ángel me dijo que todos estos sufrimientos se debían a pecados mortales cometidos, sin arrepentimiento.  Entonces, comprendí que había siete grados de sufrimiento, según el número y la clase de pecados mortales cometidos en la vida terrenal.  Las almas se veían feísimas, crueles y horribles.  Fue una experiencia espantosa.  Vi a gente que conocía, pero no puedo revelar la identidad.   Los pecados por los que fueron condenados, principalmente fueron por el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el odio, el rencor y el sacrilegio.  El ángel me dijo que si se hubieran arrepentido habrían evitado el infierno, y hubieran ido al purgatorio.  También entendí que algunas personas que se arrepienten de estos pecados, pueden ser purificados en la tierra a través del sufrimiento.  De esta manera pueden evitar el purgatorio, e ir derecho al cielo.Me sorprendió ver en el infierno hasta a sacerdotes y obispos; algunos a quienes nunca esperaba ver.   Muchos de ellos estaban allí por haber guiado con enseñanzas erróneas, y  mal ejemplo a otros.

Después de la visita al infierno, mi ángel de la guarda me escolto al Purgatorio.  Acá también, había siete grados de sufrimiento, y el fuego que no se extingue.  Pero es mucho menos intenso que en el infierno, y no hay peleas ni luchas.  El principal sufrimiento de estas almas es su separación de Dios.   Algunos de los que están en el Purgatorio cometieron pecados mortales; pero antes de morir, se reconciliaron con Dios.  Aun cuando estas almas sufren, gozan de paz, y saben que un día podrán ver cara a cara a Dios.

Tuve una oportunidad de comunicarme con las almas del purgatorio.  Me pidieron que rezara por ellas,  y que también digiera a la gente que rezara, para que ellas pudieran pronto ir al cielo.   Cuando rezamos por estas almas, recibimos su agradecimiento por medio de sus oraciones,  y una vez que las almas entran al cielo sus oraciones llegan a ser todavía más meritorias.

Es difícil para mí, poder describir la belleza de mi ángel de la guarda.  Resplandece, y reluce.  Él es mi constante compañero, y me ayuda en todos mis ministerios, especialmente el ministerio de sanación.  Experimento su presencia en todas partes a donde voy, y agradezco su protección en mi vida diaria.

Después, mi ángel me escoltó al cielo, pasando a través de un gran túnel, deslumbrantemente blanco.  Nunca en mi vida experimenté tanta paz y alegría.   Inmediatamente el cielo se abrió, y percibí la música más deliciosa, que nunca antes hubiera oído.  Los ángeles cantaban y alababan a Dios.  Vi a todos los santos, especialmente a la Santa Madre, a san José, y a muchos piadosos santos obispos y sacerdotes que brillaban como estrellas.  Y cuando aparecí ante el Señor, Jesús me dijo: «quiero que vuelvas al mundo.  En tu segunda vida serás un instrumento de paz y sanación para mi gente.  Caminarás en tierra extranjera, y hablarás una lengua extranjera.  Con Mi gracia, todo es posible para ti».   Después de estas palabras, la Santa Madre me dijo: ”haz lo que Él te diga.  Te ayudaré en tu ministerio”.

No hay palabras para poder expresar la belleza del cielo.  Encontramos tanta paz y felicidad, que excede millones de veces nuestra imaginación.   Nuestro Señor es mucho más indescriptible de lo que cualquier imagen puede transmitir.   Su cara es radiante y luminosa,  más esplendida que el amanecer de mil soles.  Las imágenes que vemos en el mundo son solo una sombra de su magnificencia.  La Santa Madre estaba al lado de Jesús; es tan linda y radiante.  Ninguna de las imágenes que vemos en este mundo pueden llegar a compararse con su real belleza.  El cielo es nuestro verdadero hogar, todos hemos sido creados para alcanzar el cielo, y gozar de Dios para siempre.  Entonces, volví con mi ángel al mundo.

Mientras mi cuerpo estaba en el hospital, el medico terminó todos los exámenes necesarios, y dictamino muerto.  La causa de la muerte fue hemorragia.  Notificaron a mi familia, y como estaban muy lejos, el personal del hospital decidió llevar mi cuerpo muerto a la morgue.  Como el hospital no tenía aire acondicionado, sabían que el cuerpo se iba a descomponer rápidamente.  Mientras llevaban mi cuerpo muerto al depósito de cadáveres, mi alma volvió al cuerpo.   Sentí un dolor atroz, tenía muchas heridas y huesos rotos.  Empecé a gritar, la gente se asustó, y gritando salio corriendo.  Una de las personas se acercó al medico, y le dijo: ”el cuerpo muerto está gritando».   El medico vino a examinar mi cuerpo, y comprobo que estaba vivo.  Así que dijo: ”el padre está vivo, es un milagro, llévenlo de nuevo al hospital».

Ahora, de vuelta en el hospital, me hicieron una transfusión de sangre, y me llevaron a cirugía para reparar los huesos quebrados.  Trabajaron en mi mandíbula, costillas, pelvis, muñecas, y pierna derecha.  Después de dos meses, me dejaron salir del hospital, pero el medico traumatólogo dijo que nunca más podría caminar.   Entonces le conteste: ”el Señor que me devolvió la vida, y me envió de nuevo al mundo, me curará».   Una vez en mi casa, todos rezamos por un milagro.  Sin embargo, después de un mes, cuando me sacaron el yeso, todavía no podía moverme.   Pero un día, mientras rezaba, sentí un dolor espantoso en la pelvis.    Después de un ratito, desapareció todo dolor, y oí una voz:  «Estas curado.  Levántate y camina”.    Sentí paz, y el poder sanador en mi cuerpo.  Inmediatamente me levanté y caminé.  Alabé, y le di gracias a Dios por el milagro.

Le avisé la noticia de mi cura al doctor, y quedo asombrado.   Me dijo: «Tu Dios es el Dios verdadero.  Debo seguir a tu Dios”.    El medico era hindú, y me pidió que le enseñara sobre nuestra Religión.   Después de estudiar la fe, lo bauticé y se hizo Católico.

El 10 de noviembre de 1986, siguiendo el mensaje de mi ángel de la guarda, llegue a los Estados Unidos como sacerdote misionero.  Primero, desde 1987 a 1989, trabajé en la diócesis de Boise, Idaho, y después, desde 1989 a 1992, como director del Ministerio de los Presos, en la diócesis de Orlando, Florida.

En 1992,  fui a la diócesis de san  Agustín, en donde, por dos años, me   asignaron a la parroquia del san Mateo en Jacksonville.    Más tarde, desde 1994 a 1999, me nombraron vicario parroquial de la Iglesia de la Asunción.    En 1997 quede incardinado, como miembro permanente de la diócesis.    Desde junio de 1999, he sido pastor de Santa Maria Madre de la Misericordia, Iglesia católica en Macclenny, Florida.  También soy capellán católico de la prisión del estado de Florida, en Starke, Union Correctional Institution, en Raiford, y del hospital Northeast Florida State, del estado de Florida en Macclenny.  También soy  director espiritual diocesano de la legión de Maria.

El primer sábado de cada mes, en mi parroquia, Santa Maria Madre de la Misericordia, dirijo un ministerio Eucarístico y sanador.    La gente viene de toda la diócesis, de muchas partes de Florida, hasta de fuera del estado.   Me han invitado a dirigir el ministerio sanador en otras ciudades importantes de los Estados Unidos: New York, Philadelphia, Washington, San José, Dallas, Chicago, Birmingham, Denver, Boise, Idaho Falls,  Miami, Ft. Lauderdale, Poolsville; y en muchos otros países: Irlanda, España, República Checa, La India, Francia, Portugal, Yugoslavia, Italia, Canadá, México, Islas Cayman, Islas Hawaianas.

Por medio de este ministerio Eucarístico-sanador, he visto a mucha gente curarse física, espiritual, mental y emocionalmente.  Gente con diferentes enfermedades tipo: cáncer, sida, artritis, problemas del corazón de la vista, enfisema, asma, dolores de espalda, sordera, y muchos otros han quedado totalmente curados.  Además, varias veces durante el año conduzco un especial servicio curativo para sanar el árbol de familia, en el que el efecto de los pecados ancestrales bloquea a la persona, y ella recibe una total sanación.   La Escritura dice, (Éxodo, capítulo 34, versículo 7),  que castiga la iniquidad del pecado, de los padres en los hijos, y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.  Así que, en muchos casos necesitamos sanación generacional.  Los médicos, y los remedios no ayudan a curar ciertas enfermedades causadas por nuestro árbol de familia.

Noticia extraida del Periódico San Miguel 


 

Santa Clara de Asís

ORACION

Por ese espíritu de penitencia que os indujo a considerar particular delicia el ayuno más severo, la pobreza más rigurosa y la mortificación más penosa y por lo tanto la privación de todos los bienes para consagraros eternamente al amor de Jesús, y por la especial devoción a Jesús Sacramentado por medio del cual salvaste Vuestro Monasterio y la ciudad de Asís de los bárbaros que la amenazaban, concédenos la gracia de preferir la pobreza a la riqueza, la mortificación al placer y especial devoción a la Santa Eucaristía, para que nos conforte en todo el camino de ésta vida y nos lleve con seguridad a la santa eternidad. Amén.

SANTA CLARA DE ASIS Santa Clara defiende la ciudad con la Eucaristía ORACION Por ese espíritu de penitencia que os indujo a considerar particular delicia el ayuno más severo, la pobreza más rigurosa y la mortificación más penosa y por lo tanto la privación de todos los bienes para consagraros eternamente al amor de Jesús, y por la especial devoción a Jesús Sacramentado por medio del cual salvaste Vuestro Monasterio y la ciudad de Asís de los bárbaros que la amenazaban, concédenos la gracia de preferir la pobreza a la riqueza, la mortificación al placer y especial devoción a la Santa Eucaristía, para que nos conforte en todo el camino de ésta vida y nos lleve con seguridad a la santa eternidad. Amén. SANTA CLARA DE ASÍS Fiesta 11 de Agosto Por SCTJM Clara significa: «vida transparente» «El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre» -Santa Clara. Nació en Asís, Italia, en 1193. Su padre Favarone Offeduccio era un caballero de los más ricos y poderosos de esa época. Su madre Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, era una mujer muy cristiana, de ardiente piedad y de gran celo por el Señor. Desde sus primeros años Clara se vio dotada de innumerables virtudes y aunque su ambiente familiar pedía otra cosa de ella, siempre desde pequeña fue asidua a la oración y mortificación. Siempre mostró gran desagrado por las cosas del mundo y gran amor y deseo por crecer cada día en su vida espiritual. Su conversión hacia la vida de plena santidad se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís. Cuando ella tenía 18 años San Francisco predicó en Asís los sermones de cuaresma y allí insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales. Su llamada y su encuentro con San Francisco. Cofundadora de la orden. Cuando su corazón comprendió la amargura, el odio, la enemistad y la codicia que movía a los hombres a la guerra comprendió que esta forma de vida eran como la espada afilada que un día traspasó el corazón de Jesús. No quiso tener nada que ver con eso, no quiso otro señor mas que el que dio la vida por todos, aquel que se entrega pobremente en la Eucaristía para alimentarnos diariamente. El que en la oscuridad es la Luz y que todo lo cambia y todo lo puede, aquel que es puro Amor. Renace en ella un ardiente amor y un deseo de entregarse a Dios de una manera total y radical. Ya en ese entonces se oía de los Hermanos Menores, como se les llamaba a los seguidores de San Francisco. Clara sentía gran compasión y gran amor por ellos, aunque tenía prohibido verles y hablarles. Ella cuidaba de ellos y les proveía enviando a una de las criadas. Le llamaba mucho la atención como los frailes gastaban su tiempo y sus energías cuidando a los leprosos. Todo lo que ellos eran y hacían le llamaba mucho la atención y se sentía unida de corazón a ellos y a su visión. En 1210 cuando Francisco predicaba en la Catedral, al oír las palabras que él decía «este es el tiempo favorable… es el momento… ha llegado el tiempo de dirigirme hacia El que me habla al corazón desde hace tiempo… es el tiempo de optar, de escoger… sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior. Durante todo el día y la noche, meditó en aquellas palabras que habían calado lo más profundo de su corazón. Tomó esa misma noche la decisión de comunicárselo a Francisco y de no dejar que ningún obstáculo la detuviera en responder al llamado del Señor, depositando en El toda su fuerza y entereza. Clara sabía que el hecho de tomar esta determinación de seguir a Cristo y sobre todo de entregar su vida a la visión revelada a Francisco, iba a ser causa de gran oposición familiar, pues el solo hecho de la presencia de los Hermanos Menores en Asís estaba ya cuestionando la tradicional forma de vida y las costumbres que mantenían intocables los estratos sociales y sus privilegios. A los pobres les daba una esperanza de encontrar su dignidad, mientras que los ricos comprendían que el Evangelio bien vivido exponía por contraste sus egoísmos a la luz del día. Para Clara el reto era muy grande. Siendo la primera mujer en seguirle, su vinculación con Francisco podía ser mal entendida. Santa Clara se fuga de su casa el 18 de Marzo de 1212, un Domingo de Ramos, empezando así la gran aventura de su vocación. Se sobrepuso a los obstáculos y al miedo para darle una respuesta concreta al llamado que el Señor había puesto en su corazón. Llega a la humilde Capilla de la Porciúncula donde la esperaban Francisco y los demás Hermanos Menores y se consagra al Señor por manos de Francisco. Días más tardes fue trasladada temporalmente, por seguridad, a las monjas Benedictinas, ya que su padre, al darse cuenta de su fuga, sale furioso en su búsqueda con la determinación de llevársela de vuelta al palacio. Pero la firme convicción de Clara, a pesar de sus cortos años de edad, obligan finalmente al Caballero Offeduccio a dejarla. Días más tardes, San Francisco, preocupado por su seguridad dispone trasladarla a otro monasterio de Benedictinas situado en San Angelo. Allí la sigue su hermana Inés, quien fue una de las mayores colaboradoras en la expansión de la Orden y la hija (si se puede decir así) predilecta de Santa Clara. Le sigue también su prima Pacífica. DamianoSan Francisco les reconstruye la capilla de San Damián, lugar donde el Señor había hablado a su corazón diciéndole, «Reconstruye mi Iglesia». Esas palabras del Señor habían llegado a lo más profundo de su ser y lo llevó al más grande anonadamiento y abandono en el Señor. Gracias a esa respuesta de amor, de su gran «Si» al Señor, había dado vida a una gran obra, que hoy vemos y conocemos como la Comunidad Franciscana, de la cual Santa Clara se inspiraría y formaría parte crucial, siendo cofundadora con San Francisco en la Orden de las Clarisas. Cuando se trasladan las primeras Clarisas a San Damián, San Francisco pone al frente de la comunidad, como guía de Las Damas Pobres a Santa Clara. Al principio le costó aceptarlo pues por su gran humildad deseaba ser la última y ser la servidora, esclava de las esclavas del Señor. Pero acepta y con verdadero temor asume la carga que se le impone, entiende que es el medio de renunciar a su libertad y ser verdaderamente esclava. Así se convierte en la madre amorosa de sus hijas espirituales, siendo fiel custodia y prodigiosa sanadora de las enfermas. Desde que fue nombrada Madre de la Orden, ella quiso ser ejemplo vivo de la visión que trasmitía, pidiendo siempre a sus hijas que todo lo que el Señor había revelado para la Orden se viviera en plenitud. Siempre atenta a la necesidades de cada una de sus hijas y revelando su ternura y su atención de Madre, son recuerdos que aún después de tanto tiempo prevalecen y son el tesoro mas rico de las que hoy son sus hijas, Las Clarisas Pobres. Sta. Clara acostumbraba tomar los trabajos mas difíciles, y servir hasta en lo mínimo a cada una. Pendiente de los detalles más pequeños y siendo testimonio de ese corazón de madre y de esa verdadera respuesta al llamado y responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos. Por el testimonio de las misma hermanas que convivieron con ella se sabe que muchas veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba a abrigar a sus hijas y a las que eran mas delicadas les cedía su manta. A pesar de ello, Clara lloraba por sentir que no mortificaba suficiente su cuerpo. Cuando hacía falta pan para sus hijas, ayunaba sonriente y si el sayal de alguna de las hermanas lucía más viejo ella lo cambiaba dándole el de ella. Su vida entera fue una completa dádiva de amor al servicio y a la mortificación. Su gran amor al Señor es un ejemplo que debe calar nuestros corazones, su gran firmeza y decisión por cumplir verdaderamente la voluntad de Dios para ella. Tenía gran entusiasmo al ejercer toda clase de sacrificios y penitencias. Su gozo al sufrir por Cristo era algo muy evidente y es, precisamente esto, lo que la llevó a ser Santa Clara. Este fue el mayor ejemplo que dio a sus hijas. Hay un detalle importante en el llamado de San Francisco y Santa Clara. Cuando el Señor ve que el mundo está tomando rumbos equivocados o completamente opuestos al Evangelio, levanta mujeres y hombres para que contrarresten y aplaquen los grandes males con grandes bienes. Es decir que podemos ver claramente en la Orden Franciscana, en su carisma, que cuando el mundo estaba siendo arrastrado por la opulencia, por la riqueza, las injusticias sociales etc., suscita en dos jóvenes de las mejores familias el amor valiente para abrazar el espíritu de pobreza, como para demostrar de una manera radical el verdadero camino a seguir que al mismo tiempo deja al descubierto la obra de Satanás, aplastándole la cabeza. Ellos se convirtieron en signo de contradicción para el mundo y a la vez, fuente donde el Señor derrama su gracia para que otros reciban de ella. El Señor en su gran sabiduría y siendo el buen Pastor que siempre cuida de su pueblo y de su salvación, nunca nos abandona y manda profetas que con sus palabras y sus vidas nos recuerdan la verdad y nos muestran el camino de regreso a El. Los santos nos revelan nuestros caminos torcidos y nos enseñan como rectificarlos. Empiezan las renuncias. De rodillas ante San Francisco, hizo Clara la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. El santo, como primer paso, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera, y le colocó en la cabeza un sencillo manto, y la envió a donde unas religiosas que vivían por allí cerca, a que se fuera preparando para ser una santa religiosa. Para Santa Clara la humildad es pobreza de espíritu y esta pobreza se convierte en obediencia, en servicio y en deseos de darse sin límites a los demás. La humildad brilló grandemente en Santa Clara y una de las mas grandes pruebas de su humildad fue su forma de vida en el convento, siempre sirviendo con sus enseñanzas, sus cuidados, su protección y su corrección. La responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos no la utilizó para imponer o para simplemente mandar en el nombre del Señor. Lo que ella mandaba a sus hijas lo cumplía primero ella misma con toda perfección. Se exigía mas de lo que pedía a sus hermanas. Hacía los trabajos mas costosos y daba amor y protección a cada una de sus hijas. Buscaba como lavarle los pies a las que llegaban cansadas de mendigar el sustento diario. Lavaba a las enfermas y no había trabajo que ella despreciara pues todo lo hacía con sumo amor y con suprema humildad. «En una ocasión, después de haberle lavado los pies a una de las hermanas, quiso besarlos. La hermana, resistiendo aquel acto de su fundadora, retiró el pie y accidentalmente golpeó el rostro a Clara. Pese al moretón y la sangre que había salido de su nariz, volvió a tomar con ternura el pie de la hermana y lo besó.» Con su gran pobreza manifestaba su anhelo de no poseer nada mas que al Señor. Y esto lo exigía a todas sus hijas. Para ella la Santa Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin fue otorgado por el Papa Inocencio III. Para Santa Clara la pobreza era el camino en donde uno podía alcanzar mas perfectamente esa unión con Cristo. Este amor por la pobreza nacía de la visión de Cristo pobre, de Cristo Redentor y Rey del mundo, nacido en el pesebre. Aquel que es el Rey y, sin embargo, no tuvo nada ni exigió nada terrenal para si y cuya única posesión era vivir la voluntad del Padre. La pobreza alcanzada en el pesebre y llevada a su cúlmen en la Cruz. Cristo pobre cuyo único deseo fue obedecer y amar. Por eso la vida de Sta. Clara fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la apartaba del Amor y todo lo que le limitara su corazón de tener como único y gran amor al Señor y el deseo por la salvación de las almas. La pobreza la conducía a un verdadero abandono en la Providencia de Dios. Ella, al igual que San Francisco, veía en la pobreza ese deseo de imitación total a Jesucristo. No como una gran exigencia opresiva sino como la manera y forma de vida que el Señor les pedía y la manera de mejor proyectar al mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio. Siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Santa Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió: «Santo padre: le suplico que me absuelva y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo». A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: «Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros». Santa ClaraMortificación de su cuerpo. Si hay algo que sobresale en la vida de Santa Clara es su gran mortificación. Utilizaba debajo de su túnica, como prenda íntima, un áspero trozo de cuero de cerdo o de caballo. Su lecho era una cama compuesta de sarmientos cubiertos con paja, la que se vio obligada a cambiar por obediencia a Francisco, debido a su enfermedad. Los ayunos. Siempre vivió una vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias hermanas. No se explicaban como podía sostener su cuerpo. Durante el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás días los pasaba a pan y agua. Era exigente con ella misma y todo lo hacía llena de amor, regocijo y de una entrega total al amor que la consumía interiormente y su gran anhelo de vivir, servir y desear solamente a su amado Jesús. Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a San Francisco quien intervino con el Obispo ordenándole a comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media. Oración Para Santa Clara la oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida Religiosa y su profesión. Ella acostumbraba pasar varias horas de la noche en oración para abrir su corazón al Señor y recoger en su silencio las palabras de amor del Señor. Muchas veces, en su tiempo de oración, se le podía encontrar cubierta de lágrimas al sentir el gran gozo de la adoración y de la presencia del Señor en la Eucaristía, o quizás movida por un gran dolor por los pecados, olvidos y por las ingratitudes propias y de los hombres. Se postraba rostro en tierra ante el Señor y, al meditar la pasión las lágrimas brotaban de lo mas íntimo de su corazón. Muchas veces el silencio y soledad de su oración se vieron invadidos de grandes perturbaciones del demonio. Pero sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía del oratorio, su semblante irradiaba felicidad y sus palabras eran tan ardientes que movían y despertaban en ellas ese ardiente celo y encendido amor por el Señor. Hizo fuertes sacrificios los cuarenta y dos años de su vida consagrada. Cuando le preguntaban si no se excedía, ella contestaba: Estos excesos son necesarios para la redención, «Sin el derramamiento de la Sangre de Jesús en la Cruz no habría Salvación». Ella añadía: «Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual la tierra sería destrozada por el maligno». Santa Clara aportó de una manera generosa a este equilibrio. Milagros de Santa Clara Santa ClaraLa Eucaristía ante los sarracenos En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos experimentaron en ese momento tan terrible oleada de terror que huyeron despavoridos. En otra ocasión los enemigos atacaban a la ciudad de Asís y querían destruirla. Santa Clara y sus monjas oraron con fe ante el Santísimo Sacramento y los atacantes se retiraron sin saber por qué. El milagro de la multiplicación de los panes. Cuando solo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas, Santa Clara lo bendijo y, rezando todas un Padre Nuestro, partió el pan y envió la mitad a los hermanos menores y la otra mitad se la repartió a las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando a basto para que todas comieran. Santa Clara dijo: «Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?» En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió: «quiero que seas tu la que bendigas estos panes». Santa Clara le dice que sería como un irespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes. Larga agonía. Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó «Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita». Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos. San Francisco ya había muerto pero tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: «Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan». El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida. En la Basílica de Sta. Clara encontramos su cuerpo incorrupto y muchas de sus reliquias. En el convento de San Damiano, se recorren los pasillos que ella recorrió. Se entra al cuarto donde ella pasó muchos años de su vida acostada, se observa la ventana por donde veía a sus hijas. También se conservan el oratorio, la capilla, y la ventana por donde expulsó a los sarracenos con el poder de la Eucaristía. Hoy las religiosas Clarisas son aproximadamente 18.000 en 1.248 conventos en el mundo.