¿Preparados para morir?

Los cuidados paliativos son un derecho humano fundamental, la eutanasia no

Unas 700.000 personas en España (el 1,5% de la población) sufren una o más enfermedades crónicas avanzadas o condiciones que pueden hacerles empeorar (coincidencia de dos o más enfermedades en personas mayores, fragilidad, dependencia), cuya expectativa de vida es de entre 2 y 3 años y que causan el 75% de las muertes (300.000 al año). Estos enfermos deben cargar con toda una sintomatología, unas consecuencias emocionales y vitales y, al mismo tiempo, provocan un fuerte impacto en sus cuidadores y en los sistemas de atención sanitaria y social, tal y como explica el periodista Joan Andreu Parra, en la revista Catalunya Cristiana.

Desgraciadamente, la atención paliativa -el cuidado especializado para aliviar el sufrimiento del enfermo y acompañarle- no está generalizada, y cubre, según las comunidades autónomas, entre el 30% y el 70% de las necesidades óptimas. Algunos expertos como Xavier Gómez-Batiste, director del Centro colaborador de Cuidados Paliativos de la Organización Mundial de la Salud, se refiere a los cuidados paliativos como un derecho humano fundamental y muestra su extrañeza de que estemos hablando “del derecho a despenalizar la eutanasia (que afectaría a una pequeña porción de personas si se aplicara bien la atención paliativa) sin garantizar el derecho fundamental a una buena atención paliativa que afecta a decenas de miles de personas” (ABC Salud, 16/02/2019).

El propio Gómez-Batiste destaca que hay colectivos que hacen poco ruido y con grandes necesidades en este sentido, como las personas mayores con enfermedades avanzadas qué viven solas o que son atendidas en residencias geriátricas con medios escasos. Más psicólogos y trabajadores sociales en los equipos, incrementar y redistribuir los recursos actuales y que todos los profesionales sanitarios cuenten con formación sobre cómo abordar el proceso de final de vida, serían algunos de los requisitos necesarios para atender el dolor y el sufrimiento ante una enfermedad avanzada.

Profesionales sanitarios ante el sufrimiento y la muerte

“La limitación más importante que tenemos los profesionales de la salud, sobre todo los médicos de hospital –las enfermeras o los médicos de primaria acompañan mejor la muerte-, es que en la facultad no nos preparan para abordar el sufrimiento y atender la muerte de las personas, por tanto, vivimos la muerte como un fracaso y como una frustración y esto provoca que muchas veces nos alejemos de estas situaciones”, sostiene Marta Vidal, doctora especialista en medicina interna y paliativos en el Hospital San Juan de Dios, de Martorell, Barcelona.

De todos los años que lleva dedicándose a los cuidados paliativos, Vidal valora el enriquecimiento que le ha supuesto “acercarse a la persona en proceso de final de vida que nos muestra este yo auténtico”. Y enumera una serie de aprendizajes, el primero de los cuales es “que nacemos y que moriremos, por tanto, deberíamos prepararnos más para este proceso de la muerte que llegará”. Esta doctora también se ha dado cuenta de que “las personas somos mucho más que órganos que enferman. En primer lugar, todos los órganos están interconectados y, además, la persona tiene unas emociones y unos sentimientos, unas relaciones sociales y un proyecto de vida que a veces la enfermedad deja interrumpidos”. Vidal admite que “en los hospitales la muerte pasa de ser un hecho trascendente a ser un acto técnico” y lo cuestiona: “Recibimos mucha presión por parte de los familiares y de los propios compañeros. ¿El paciente debe morir totalmente inconsciente? Depende. Primero evaluemos qué necesita y cómo quiere morir. Se le debe preguntar, y la conversación, que es difícil, pasa por aceptar que se está muriendo.”

Como contrapartida, cree que “la medicina se puede humanizar mucho más” y esto pasaría por “simplificar el hecho de morir, que tendemos a complicar tanto los profesionales como la sociedad” y por el trabajo en equipo de los “muchos agentes que trabajan en el cuidado de una persona enferma”.

Necesidades espirituales al final de la vida

“En una sociedad tan secularizada podemos vivir muy tranquilamente sin hacernos la pregunta por el sentido, pero en el momento en el que entramos en contacto con la muerte de un hijo, con la muerte de una persona joven, de una persona mayor no esperada, con la enfermedad grave, con el deterioro cognitivo, la espiritualidad está a flor de piel”, asegura Montserrat Esquerda, doctora pediatra y psicóloga y directora general del Instituto Borja de Bioética.

De hecho, el filósofo y teólogo Francesc Torralba esbozó un cuadro de necesidades espirituales: necesidad de sentido, de reconciliación, de reconocimiento de la identidad, de orden, de verdad, de libertad, de arraigo, de rezar, simbólico-ritual, de soledad-silencio, de cumplir el deber, de gratitud (revista Labor Hospitalaria, n. 271). Así pues, un buen morir estaría relacionado con el sentido de la vida y las creencias de la persona (sea religiosa o no), la afectividad (amar y sentirse amado), la resolución del legado que se deja (varios aspectos prácticos que conviene haber previsto en el testamento vital o en la tutoría legal) y la garantía de una buena atención.

“Este proceso desde que la persona sabe que la enfermedad es incurable y que le producirá la muerte en un tiempo relativamente breve, ella debe decidir cómo quiere vivir este tiempo para que sea lo menos traumático posible”, observa Vidal. “El sufrimiento no se puede medicalizar ni tratar, cada persona debe gestionarlo. Lo que sí podemos hacer es acompañarlo como profesionales, familiares, amigos o cuidadores de las personas enfermas”, concluye Vidal.

Herramientas para acompañar el sufrimiento

Enrie Benito, médico de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), utiliza el término empatía compasiva como la actitud necesaria a la hora de acercarse al enfermo en proceso de final de vida: “Tengo empatía en tanto que exploro e intento entender qué es lo que te hace sufrir, qué es lo que te preocupa. La compasión es ponerse en marcha para ayudarte con las herramientas que tengo a mi alcance”, detalla Vidal.

Esta actitud, según Vidal, es la que se necesita a la hora de dar una mala noticia, y es muy preferible a una situación de mantener un engaño respecto a la enfermedad a un paciente. “La gran mayoría de pacientes sí quiere saber. Nuestra función es explorar hasta dónde quieren saber y darles la información que necesitan”, anota Vidal. Y es que la conspiración de silencio que a veces se produce en torno a algunos enfermos puede generar sufrimiento añadido y, de hecho, vulnera los derechos del paciente: “Si exploras con coraje qué es lo que quiere saber el paciente y se lo explicas, el proceso es mucho más sencillo, porque trabajamos todos en la misma dirección y el trabajo es mucho más llano y digno. Y cuando eres capaz de transmitir a las familias la importancia de esta verdad tolerable entonces, incluso a los familiares, les disminuye mucho la ansiedad”, asegura Vidal.

La Pastoral de la Salud, en la práctica, es una herramienta para saber acompañar a personas que están sufriendo. Montserrat Esquerda, que también es delegada de Pastoral de la Salud del obispado de Lleida y forma parte de un grupo de acompañamiento en el duelo en la diócesis, recuerda que esta pastoral nació hace unos 25 años y que “ha realizado un trabajo enorme generando textos y material, el problema es que no los hemos sabido implementar”. La pediatra reclama más atención para esta pastoral ya que “en nuestro mundo, en el que los aspectos espirituales a menudo cuestan que afloren, en contexto de enfermedad y muerte están presentes y son tierra de Evangelio”. Por eso, pone el acento en dos dinámicas: la renovación del voluntariado y “la formación específica en enfermedad, final de vida y duelo”.

Ciertamente, hasta ahora, la Pastoral de la Salud ha contado con un tipo de voluntariado muy mayor “que va a visitar a los enfermos a los domicilios, a residencias de personas mayores, a sociosanitarios, no tanto a los hospitales” y que “se formó hace muchos años y estaba preparado para lo que se ha ido haciendo, pero nos falta relevo”, opina Esquerda. Los retos, por tanto, son “saber explicar mucho más la necesidad de esta pastoral” y “desaprender mucho (actitudes, frases hechas…) para saber estar al lado del enfermo de una forma determinada”.

Capacitarse para acompañar a enfermos en los hospitales

Un ejemplo de ello es el diploma de Experto Universitario en Acompañamiento en el Proceso de Enfermedad que se dirige al público en general y a los agentes de Pastoral de la Salud, en particular, y que se impartirá en la Facultad de Filosofía de la Universidad Ramón Llull con la colaboración del Instituto Borja de Bioética, empezará a partir del mes de febrero de 2020. En él se hablará de filosofía, humanismo y teología, entre disciplinas.

Montserrat Esquerda, una de las profesoras del curso y directora del Instituto, explica el programa: “Hay una parte más general, que ayuda a entender el hecho de enfermar, que guarda mucha relación con las sociedades en las que vivimos. Nos referimos a la antropología de la persona, la sociología de lo que es la salud, la enfermedad. Hay otra parte de teología pastoral, es decir, cuál es el mensaje de Jesús en relación con los enfermos y toda la teología de la salud”.

La bioética y su deliberación también tienen un papel relevante: “En estos momentos de la vida se concentran buena parte de las decisiones éticas (hasta dónde continuar, cuándo p arar, qué deberes y trato tenemos con los enfermos en los estadios de final de vida)”, recuerda Esquerda.

“Quien haga este curso podrá entrar en un comité de ética de un hospital y dialogar con el resto de profesionales sanitarios.” Finalmente hay un módulo de habilidades de acompañamiento y una parte más práctica junto a una persona que esté en un servicio religioso de los hospitales de Cataluña.

Una habitación con vistas

Vale la pena ver este increíble vídeo que muestra cómo un bebé de 20 semanas se mueve a sus anchas en el seno materno. El scanner ha sido realizado por el proyecto iFIND de Londres, que permite a los padres presenciar este espectáculo. La historia completa la cuenta el Daily Mail.

¿Niños que no se identifican con su sexo?

La respuesta del Colegio de Pediatras de EEUU

Existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal

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El Colegio de Pediatras de Estados Unidos ha dado a conocer una declaración, firmada por su presidenta y su vicepresidente y por uno de los más eminentes pediatras del país, titulada La ideología de género hace daño a los niños.

En ella urgen a “educadores y legisladores” a “rechazar todas las políticas que condicionen a los niños para aceptar como normal una vida de suplantación química o quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto“.

“Son los hechos y no la ideología”, afirman, “quienes determinan la realidad”, esto es, que “la sexualidad es un rasgo biológico objetivo“.

Transcribimos el texto completo de la declaración de la Asociación Americana de Pediatría sobre la ideología de género.

Se trata, advierten, de “una declaración temporal con referencias” y anuncian para este verano una “declaración completa”. Incluimos al final la relación completa de las referencias científicas citadas por los autores en respaldo de sus afirmaciones.

La ideología de género hace daño a los niños

El Colegio Americano de Pediatras urge a los educadores y legisladores a rechazar todas las políticas que condicionen a los niños para aceptar como normal una vida de suplantación química o quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto. Son los hechos, y no la ideología, quienes determinan la realidad.

  1. La sexualidad humana es un rasgo biológico objetivo binario: XY y XX son marcadores genéticos saludables, no los marcadores genéticos de un trastorno. La norma del diseño humano es ser concebido como hombre o como mujer. La sexualidad humana es binaria por definición, siendo su finalidad obvia la reproducción y crecimiento de nuestra especie. Este principio es evidente por sí mismo. Losextraordinariamente raros trastornos del desarrollo sexual, entre ellos la feminización testicular (o síndrome de insensibilidad de los andrógenos) y la hiperplasia suprarrenal congénita, son desviaciones de la norma sexual binaria, todas ellas médicamente identificables y directamente admitidas como trastornos del diseño humano. Los individuos con trastornos del desarrollo sexual no constituyen un tercer sexo.
  2. Nadie nace con un género. Todos nacemos con un sexo biológico. El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo. Nadie nace con conciencia de sí mismo como hombre o mujer; esta conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede desviarse a consecuencia de las percepciones subjetivas del niño, de sus relaciones y de sus experiencias adversas desde la infancia. Quienes se identifican como “sintiéndose del sexo opuesto” o como “algo intermedio” no conforman un tercer sexo. Siguen siendo hombres biológicos o mujeres biológicas.
  3. La creencia de una persona de que él o ella es algo que no es, constituye, en el mejor de los casos, un signo de pensamiento confuso. Cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal.

Estos niños padecen disforia de género. La disforia de género, antes denominada trastorno de identidad de género, es un trastorno mental así reconocido. Las teorías psicodinámicas y de aprendizaje social sobre la disforia de género o trastorno de identidad de género nunca han sido refutadas.

  1. La pubertad no es una enfermedad, y los bloqueadores hormonales pueden ser peligrosos. Reversibles o no, los bloqueadores hormonales inducen un estado de enfermedad -la ausencia de pubertad- e inhiben el crecimiento y la fertilidad en un niño que antes era biológicamente sano.
  2. Hasta un 98% de niños con género confuso y hasta un 88% de niñas con género confuso aceptan finalmente su sexo biológico tras pasar la pubertad de forma natural.
  3. Los niños que utilizan bloqueadores hormonales para reasignación de sexo, necesitarán hormonas cruzadas al final de la adolescencia. Las hormonas cruzadas (testosterona y estrógenos) se asocian con riesgos para la salud, entre ellos hipertensión, coágulos de sangre, derrame cerebral y cáncer.
  4. Las tasas de suicidio son veinte veces mayores entre los adultos que utilizan hormonas cruzadas y sufren cirugía de reasignación de sexo, incluso en Suecia, que se encuentra entre los países con mayor respaldo LGBT.¿Qué persona compasiva y razonable condenaría a ese destino a chicos jóvenes sabiendo que tras la pubertad hasta un 88% de las chicas y un 98% de los chicos aceptarán la realidad y alcanzarán un estado de salud física y mental?
  5. Condicionar a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto constituye un abuso infantil.Respaldar la discordancia de género como algo normal a través de la educación pública y de las políticas legales confundirá a hijos y padres, llevando a muchos niños a acudir a “clínicas de género” donde les administren fármacos bloqueadores hormonales. Esto, a su vez, virtualmente asegura que ellos “elegirán” recibir hormonas cruzadas cancerígenas, o de un modo u otro, tóxicas, y probablemente considerarán innecesariamente, cuando sean adultos jóvenes, la mutilación quirúrgica de sus órganos sanos.

Aborto post nacimiento

Una idea impactante que gana terreno en el ámbito académico

La defensa incluso del infanticidio es el resultado inevitable de la deriva cultural de Occidente

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Estudiantes activistas provida vienen contando una tendencia alarmante que se verifica en los corredores de las universidades de varios países de Occidente, en especial de los Estados Unidos: la creciente aceptación, entre los universitarios, de una idea definida como “aborto post nacimiento”.

Sí, leíste exactamente eso.

Aborto post nacimiento. Infanticidio.

En casi todos los campus que visitamos encontramos personas que consideran moralmente aceptable matar bebés que ya nacieron”, cuenta Mark Harrington, director del grupo provida Created Equal, de los Estados Unidos, que trabaja con estudiantes universitarios.

“Este punto de vista aún es impactante para la mayoría de las personas pero se está volviendo cada vez más ‘popular’ entre las nuevas generaciones”.

Más alarmante aún: la investigación registró que algunos consideran que no existe nada de malo en matar a un niño hasta los 4 o 5 años de edad.

Para confirmar esta tendencia impresionante, otra organización solicitó que los alumnos de un campus universitario firmaran una petición para legalizar el “aborto en el cuarto trimestre” (es decir, del noveno al décimo mes del bebé, cuando él ya nació). Y, como podemos ver en el video (al final del texto), muchos firmaron con gusto.

Hay quien quita importancia a esa tendencia considerando que la idea es una mera manifestación de humor negro universitario, pero el fenómeno está lejos de ser “sólo” una cuestión de comedia de mal gusto.

El concepto de “aborto post nacimiento” fue desarrollado por profesionales de medicina y presentado al público en una revista médica de gran renombre internacional.

En 2011, el “British Journal of Medical Ethics” (JME) publicó el artículo Aborto post nacimiento: ¿por qué el bebé debería nacer?, de los profesores italianos Alberto Giubilini y Francesca Minerva.

La pregunta del título del artículo es sólo retórica, porque de acuerdo con los autores, el bebé no debería necesariamente ser dejado con vida. Los autores equiparan la condición moral de un recién nacido con la de un bebé aún no nacido, lo que les permitió determinar que, ya que un feto puede ser abortado, entonces es permisible matar también a un recién nacido, realizándose lo que ellos llamaron “aborto post nacimiento”.

(¿No se les pasó por la cabeza a los autores lo contrario? ¿Que si el feto es equiparable al recién nacido, entonces ¿matar al feto es un asesinato como matar a un recién nacido?).

Afortunadamente, la publicación del artículo causó tal furor que los autores fueron forzados a escribir una carta abierta para intentar explicar sus motivaciones.

Si, por un lado, esa indignación fue una señal positiva de que la cultura de la muerte aún enfrenta gran oposición, por otro lado es necesario observar que los profesores Giubilini y Minerva no fueron los primeros en el mundo académico que elaboraron justificaciones para el infanticidio.

En su carta abierta, Giubilini y Minerva mencionan, y debidamente, el nombre de Michael Tooley. Tooley puede considerarse el “padrino” del movimiento intelectual moderno que defiende ética e intelectualmente el infanticidio.

En 1972, un año antes de la legalización del aborto en los Estados Unidos, Tooley publicó el artículo Abortion and Infanticide (Aborto e Infanticidio) en la revista Philosophy & Public Affairs (Filosofía y Relaciones Públicas), de la Universidad de Princeton.

En ese texto, Tooley presentaba “justificaciones éticas” para ambas prácticas. También dio nuevos desarrollos al tema en un libro de 1983 con el mismo título, publicado por la Oxford University Press.

Una activista provida citada en la investigación realizada en los campus hizo una denuncia que ayuda a explicar esa tendencia de aceptación, entre los universitarios, de la idea del “aborto post nacimiento”: ella declaró que las obras del profesor Peter Singer, de la Universidad de Princeton, son frecuentemente introducidas en las listas de lectura de los alumnos.

En sus libros Practical Ethics (Ética práctica, 1979,Cambridge University Press) y Rethinking Life and Death (Repensando la vida y la muerte, 19994), Singer escribe, como Tooley ya había escrito antes, tanto en defensa del aborto como del infanticidio: “Si dejáramos de lado esos aspectos emocionalmente conmovedores, si no estrictamente irrelevantes para matar a un bebé, podremos ver que los motivos que tenemos para no matar personas no se aplican a niños recién nacidos” (Practical Ethics).

En el mismo libro, Singer afirma aún que, si es que existe incluso un derecho inherente a la vida o un derecho a no morir, entonces algunos animales tienen más derecho a la vida que un ser humano recién nacido: “Si el feto no tiene el mismo derecho a la vida que el que tiene una persona, nos parece entonces que el recién nacido tampoco lo tiene, y que la vida de un bebé recién nacido tiene menos valor del que tiene la vida de un cerdo, de un perro o de un chimpancé” (Practical Ethics).

La creciente aceptación entre estudiantes universitarios del “aborto post nacimiento”, o infanticidio, incluso en el caso de niños de hasta cinco años de edad, es algo ciertamente preocupante, pero no debería sorprender.

Al final, la estructura intelectual que intenta justificar el infanticidio forma parte de ciertos cursos universitarios de bioética desde hace décadas.

Y aunque esa visión tarde algún tiempo en expandirse fuera los campus, el hecho es que las ideas, como se sabe, tienen consecuencias…

 

 

Mata a los embriones que le implantaron porque no eran suyos

01/07/2010 – Vida y bioética

Una mujer en EEUU mata a los embriones que le implantaron porque no eran suyos

En 2009, se dio otro caso de embriones implantados en una mujer equivocada, pero los dejaron nacer y los dieron a su familia original

ForumLibertas.com

Ser «querido» o «no querido» es la clasificación que permite nacer a muchos seres humanos… o que se usa para justificar su eliminación antes del parto. Pasar de la categoría «querido» a «no querido» puede ser cuestión de segundos.

Associated Press ha difundido la historia de una mujer de Connecticut, EEUU, que acudió en abril a una clínica de fecundación in vitro (el Center for Advanced Reproductive Services, que depende del centro de salud de la Universidad de Connecticut) para implantarse unos embriones producidos (no engendrados) con sus óvulos.

Una hora después de la implantación, la clínica le advirtió de un tremendo error: los embriones recién implantados no eran suyos, sino de una mujer de idéntico nombre que los dejó congelados allí hace 4 años. Al parecer, la asistente técnica del laboratorio miró en la etiqueta solo el nombre de la madre, no el código de seguridad y entregó los embriones erróneos.

La mujer, horrorizada, se negó a gestar esos embriones y los abortó usando una «píldora del día después» (que aunque la industria del aborto presenta como «anticonceptiva», puede usarse también por su efecto abortivo temprano). La clínica le pagará 3.000 dólares en compensación por el error.

El caso plantea numerosos interrogantes éticos. Además de los habituales (los seres humanos tienen derecho a ser engendrados, no producidos y almacenados; es inmoral quitar la vida a otros seres humanos, aunque sean de pequeño tamaño y dependientes de la gestante) cabe preguntarse: ¿qué pasaría si la mujer que hace 4 años dejó sus embriones llegara a la Clínica, los solicitara, y viera que los han matado por decisión de otra mujer? ¿Y si después de 4 años aquella mujer ha decidido gestar a sus hijos y descubre que los han matado sin consultarla?

El bioeticista Wesley J. Smith ha recordado en su blog que estos casos de errores se dan cada cierto tiempo en las clínicas de fecundación in vitro. Lo moral, sin embargo, es, como dice la ética médica básica, «no matar».

Otra mujer eligió dar a luz

Así sucedió en un caso de 2009 en que se implantaron a Carolyn Savage, de Ohio, unos embriones que no eran los suyos. Carolyn y su marido, de convicciones contrarias al aborto, siguieron adelante con el embarazo y se lo entregaron a los padres biológicos, la familia Morell, después del parto. El niño, llamado Logan, tiene ahora (junio 2010) unos 8 meses.

La familia Savage y la familia Morell, a través de esta dura experiencia, desarrollaron una amistad muy especial. Los Savage han declarado que la experiencia les resultó muy dura y se niegan a explicarla en televisiones (sólo lo hicieron en una cadena), pero esperan detallarla en un libro en 2011. Mucha gente les ha felicitado por su generosidad y servicio a la vida.

En la concepción ya hay una vida humana

El Comité de Bioética admite que en la concepción ya hay una vida humana

El órgano asesor, aunque apoya el grueso de la nueva ley del aborto del Gobierno, entiende que la gestación de un embrión ya admite la existencia de una vida humana

El Comité de Bioética de España (CBE) dice que hay vida humana desde el momento de la concepción. En referencia a la nueva ley del aborto del Gobierno de Rodríguez Zapatero, el CBE ha hecho público un documento por el que establece el momento en el que se puede considerar que un feto es un ser humano, y es desde su propia gestación. De esta forma desmonta la estrategia socialista que niega la existencia de un ser humano en las etapas embrionarias del feto.

El Comité admite que se puede discutir sobre si debería prevalecer o no el derecho de la madre sobre el del feto pero no que en él ya hayan indicios de que se trata de un ser humano lo cual constituye una discrepancia radical con las tesis del PSOE.
Este organismo es de carácter consultivo e independiente aunque está adscrito al Ministerio de Ciencia e Innovación. El documento respalda la Ley del Gobierno en todos sus términos, incluso en que las niñas de 16 y 17 años puedan abordar sin el consentimiento paterno aunque, por otro lado, también encuentra indicios de vida humana en el embrión.
Un debate con múltiples visiones
El CBE entiende que “la discusión alcanza a diversos planos de la realidad del embrión y del feto y en ella deberían considerarse tanto el estatuto biológico como los estatutos ontológico,
antropológico, ético y jurídico”. Aunque también constata como desde la ciencia “es posible hacer formulaciones objetivas sobre la realidad biológica de la vida humana y su desarrollo”,
El CBE aborda los cuatro momentos ‘relevantes’ científicamente hablando de la constitución de una vida en gestación y asume que “es evidente que cualquier opción que regule el aborto no deja satisfechos a quienes estiman que el valor de la vida del embrión o del feto debe prevalecer absolutamente sobre la dignidad de la mujer entendida como el derecho a autodeterminar su vida sexual y reproductiva y a resolver el conflicto interno en el que pueda encontrarse a consecuencia del embarazo”
“Son, por consiguiente, dilemas éticos y jurídicos que ponen de manifiesto tanto la
dificultad de pasar de la descripción de los hechos empíricos a las prescripciones, como de la dificultad de describir los hechos utilizando el mismo lenguaje e idénticos significados”, precisa el Comité.
El CBE está formado por expertos científicos de diferentes áreas de la ciencia y la medicina, lo constituyen Victoria Camps Cervera –como presidenta-, Carlos Alonso Bedate –como vicepresidente-, Carmen Ayuso García, Jordi Camí Morell, María Casado González, Yolanda Gómez Sánchez, César Loris de Pablo, José Antonio Martín Pallín, César Nombela Cano, Marcelo Palacios Alonso, Carlos María Romeo Casabona y Pablo Simón Lorda.
¿Qué hacer con la vida humana?
Después de la opinión manifestada por el Comité de expertos cabe preguntarse cómo hay que tratar a la vida humana una vez se acepta que el feto es una vida humana. La segunda cuestión de fondo en la que incide esta afirmación es: ¿cómo hay que tratar a la vida humana dependiente?, pues.
Es evidente que porque a un feto no se le suponga una inteligencia desarrollada, no constituye que no sea una persona en el sentido de personalización. Porque ¿cuántas personas adultas vivas están pero es como si no estuvieran debido a enfermedades mentales?. En gran medida, en muchos estadios de nuestra vida somos dependientes como por ejemplo en estados de enfermedad. Una vida que está creciendo en el vientre materno es dependiente durante nueve meses de la madre y posteriormente necesita de cuidados. Pero esto no es específicos de los no nacidos.
Hay circunstancia en la vida en las que una situación de dependencia puede ser reversible –por ejemplo un coma- o irreversible –un diagnóstico de alzhéimer-, el feto se encuentra en una situación reversible. ¿Significa esto que una vida tiene más valor que otra? ¿qué un estado de dependencia es más legítimo que otro?

No confundir limitación del esfuerzo terapéutico con eutanasia

Los girasoles giran hacia el sol.

Las personass creyentes giran hacia el Evangelio para orientarse. Pero algunas perosnas sedicentes creyentes, que no piensan, giran la cabeza hacia la Conferencia episcopal o hacia la CDF para que les ahorren el pensar y les den respuestas prefabricadas. Algunos monseñores de dicasterios tienen el síndrome de Nefertitis, esas estatuas egipcias con la cabeza girada hacia la derecha.

Hacen declaraciones para Italia o España, pero con la vista a la derecha», es decir, a ver qué dice la cúpula eclesiástica para repetirlo como papagayos. Hay quienes consiguen así el premio de que los nombren «ordinarios del lugar«, o sea, obispos. ¡Qué ordinariez!

Los titulares de Rd que informan sobre el aviso de la CDF a quienes defiendan la eutanasia se oprestan a confusión y malentendidos.

Dice así el titular: «El Vaticano ordena castigar a 41 religiosos por estar a favor de elegir el momento de la muerte».

Pero confundir la L.E.T (Limitacion del esfuerzio terapéutico, admitida tradicionalmente por la doctrina de la iglesia) con la eutanasia es un error.

El mismo error cometieron, tanto en el caso de Eluana como en el Inmaculada Echevarría algunos obispos que tenían olvidada su teología moral. Aunque sea repetitivo, para aclarar a quienes estén en confusión, me parece oportuno repetir el post que escribí con motivo de la decisión sensata del padre de Eluana. Lo copio a continuación y me remito a las distinciones hechas en mi página web (juanmasia.net) sobrela diferencia entre ayudar en el morir y ayudar a morir.

Eluana en paz y Berlusconi en guerra

La crispación parlamentaria desencadenada por el Cavaliere se unió al nerviosismo del ala derecha de la curia pontificia para impedir la muerte con dignidad de Eluana. Dos ideologías integristas, la política y la religiosa, con el pretexto de proteger la vida humana, pusieron en peligro la dignidad de las personas en proceso de morir, la distinción que independiza en democracia al poder judicial frente al legislativo, la separación de las confesionalidades religiosas y el gobierno, la autonomía de las personas pacientes y el derecho a decidir cada cuál cómo vivir la etapa final de la vida hasta morir.

Berlusconi intentó usar a la Iglesia, presentándose como defensor de la vida, algo paradójico cuando es bien sabido lo poco que le han importado en otros casos las vidas de víctimas de guerra o de emigrantes. La postura del primer ministro, cuestionada como anticonstitucional por el presidente de la República se sumó al griterío callejero del integrismo católico, alineado bajo la bandera pro-vida, para hacer un flaco favor a dignidad y derechos de las personas pacientes.

Cardenales y obispos “curiales” han llamado homicidio, asesinato o eutanasia a la voluntad de asumir la muerte en paz de Eluana. (La misma CDF parece caer a:un en esa confusión). No así la teología moral. Abrimos un libro de texto católico de Ética médica de línea moderada publicado con licencia eclesiástica por dos conocidos teólogos dominicos moralistas que matizan con mucho cuidado. Benedict M. Ashley, O.P. y Kevin D. O’Rourke escriben así:

«Quienes se oponen a retirar la nutrición e hidratación, administradas médicamente, lo hacen por temor a abrir la puerta a abusos eutanásicos. Pero si, a pesar del recurso médico que se le está aplicando, la persona no va a poder recuperar la capacidad para ejercitar las finalidades de la vida humana, se puede considerar ese recurso médico como exagerado y se puede interrumpir su uso. Si el uso de sonda nasogástrica o nutrición intravenosa o hidratación son proporcionalmente de menos beneficio para la persona paciente que la carga del cuidado prolongado que pesa sobre otras personas, dichos recursos médicos son extraordinarios y no obligatorios». (Ethics of Health Care: An Introductory Textbook, Georgetown University Press, Washington D.C. 1994, p.224)

Siembra desconcierto la expresión matar de hambre y sed, usadas por quienes se oponían al derecho del padre de Eluana a asumir la muerte con dignidad de su hija. Ni la sonda, más medicación que alimento, se debe comparar con un bocadillo, sino con una inyección, ni la persona está retorciéndose de angustia por hambre y sed, sino necesitada de que la dejemos descansar en paz.

Tanto la prolongación indebida como la aceleración del final son injustas cuando se hace contra la voluntad y dignidad de la persona paciente. Si respetan su autonomía y dignidad, son éticamente correctas. Rehusar recursos médicos fútiles no es eutanasia injusta, sino limitación, moderación o regulación del esfuerzo terapéutico. El criterio para no usar (o interrumpir el uso) de recursos médicos fútiles es el respeto a la voluntad y a la dignidad de la persona.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó, en 2007, la respuesta del cardenal Levada a la Conferencia Espiscopal de Estados Unidos, considerando la nutrición e hidratación artificiales como medios ordinarios, proporcionados y obligatorios. Es una afirmación que contradice toda la tradición de moral teológica, aunque la CDF llevó mucho cuidado de añadir: «en principio» (lo que en el lenguaje críptico-diplomático vaticano -que no satisface, porque se presta a fomentar el doble estándar-, significa que el criterio no es absoluto y sin excepciones).

El giro retrógrado de instancias eclesiásticas dirigentes, desenmascarado hace un cuarto de siglo en el Informe sobre la fe, alcanza cotas de alarma roja. Dirán que no se debe hablar desde dentro de la iglesia. Pero callar sería irresponsable; nos lo echarían en cara las futuras generaciones.

En todo caso, damos gracias por la muerte en paz de Eluana, deseando que legislaciones como la de nuestro país sobre autonomía de pacientes protejan los derechos amenazados por ideologías totalitarias, políticas o religiosas.

Juan Masiá, especialista en Bioética

¿Se puede matar a uno para salvar a otro?

martes, 07 de julio de 2009
Robert Spaemann

Arvo.net

La clonación humana se mueve en el terreno de la Biotecnología. Esto desata una vehemente discusión acerca de la legitimidad de las intervenciones sobre seres humanos. A continuación, transcribimos una conversación con Robert Spaemann[1], uno de los más destacados Almudi.org - Robert Spaemanndefensores de la vida, conducida por Susanne Kummer, publicada en el periódico austríaco «Die Furche» y traducida del alemán por el profesor José María Barrio Maestre

En la discusión sobre la clonación terapéutica entra en juego la ponderación de los respectivos bienes. ¿Es defendible, desde el punto de vista ético, matar embriones a cuenta de la posible curación de enfermedades?

Todas nuestras acciones están sujetas a la ponderación de los bienes en juego. Pero ciertas omisiones son indispensables porque hay acciones que nunca deben ser realizadas. Si alguien me cuenta, por ejemplo, de un campo de concentración en el que se tortura, entonces ya no tengo que preguntar quién es torturado y por qué motivo, sino que puedo decir sin más que eso que ha sucedido es malo. Si afirmamos que los embriones son seres humanos, entonces está claro que no puede haber motivo alguno para intervenir sobre ellos empleándolos como objetos auxiliares para otros hombres. Sin embargo, hay quien asevera que no puede atribuirse al embrión la dignidad humana.

¿Qué autoriza a atribuir el carácter espiritual al embrión, y con ello considerarle acreedor de la dignidad humana?

La experiencia de que cada hombre ha empezado de esa manera. Si el mundo sólo estuviera compuesto, por una parte, de hombres adultos que nunca fueron embriones y, por otra, de embriones que nunca crecerán, entonces podríamos afirmar: cabe prescindir de los embriones. Salta a la vista que carecen en sí mismos de la aptitud para desarrollar un ser inteligente. Pero esto sin duda no es así. Desde nuestro comienzo biológico ya somos seres espirituales. Todo hombre dice: he nacido en tal o cual fecha. Y la madre habla al hijo de lo que le ocurría “cuando tú pataleabas en mi vientre”. Para quienes sólo reconocen el ser personal a partir del comienzo de la actividad autoconsciente, este modo de expresarse resultaría completamente equívoco. Ellos deberían decir: “en aquel momento nació un organismo que más tarde llegaría a ser el sustrato de una autoconciencia, a saber, de la mía”. La propia formulación nos muestra lo artificial que resulta la disección de cuerpo y alma. Es como si primero hubiera una máquina carente de espíritu en la que éste se introduce en un momento dado.

Vd. ha discutido duramente la tesis del ex-ministro alemán de Cultura Nida-Rümelin, para quien la dignidad de la persona humana está asociada a su capacidad de autoestima…

Si así fuera, tal como argumenta el Sr. Nida-Rümelin, habría que concluir que el hombre, aunque haya nacido, todavía no posee ningún derecho humano, ya que en el momento de nacer carece de autoconciencia y no es capaz de autoestima alguna. Cabría incluso matar a niños de un año. Algunos han propuesto tomar como límite el momento del nacimiento. Mi objeción es la siguiente: ¿qué sucede entonces con un parto prematuro? ¿No merece ser protegido en el seno materno un niño de siete meses? En ese caso, el lugar más peligroso para el ser humano sería el seno materno, y sólo cabría desear que en lo posible todos vengamos al mundo mediante un parto prematuro. Esto es perverso.

Todavía está prohibido el diagnóstico preimplantatorio, pero se está abogando por él. ¿Existe algún derecho a tener un hijo sano?

Existe el justo deseo de tener un hijo sano, pero derecho propiamente no hay. Aquí se emplea un lenguaje torticero. “Derecho a un hijo sano” es una fórmula sugestiva con la que se discurre como si existiera la posibilidad de convertir en sano a un niño enfermo. En principio esto suena fantástico, pero en realidad la cuestión es completamente otra: ¿está permitido matar a un niño enfermo para tener uno sano? Naturalmente, este derecho no existe.

Muchos argumentan que la praxis del aborto elimina de facto la protección al embrión, de suerte que ya no es necesario apelar a ella. ¿Cómo juzga Vd. esta línea argumental?

En una sentencia todavía en vigor, el derecho constitucional alemán ha establecido que la vida humana debe ser protegida desde el primer momento de la concepción. En todo caso, en lo que se refiere a lo que el Tribunal Constitucional desarrolla en torno a las disposiciones jurídicas relativas al aborto, hoy ya no puede darse una seguridad completa. Hoerster ha señalado, con razón, esta contradicción. Sin embargo, a mi juicio es inadmisible apelar a dicha contradicción para concluir que se debe renunciar a la primera premisa, es decir, la que se refiere a la protección de la vida, puesto que las disposiciones legales más recientes no están en consonancia con ella. ¿No será precisamente al revés? No es falso el principio de la protección a la vida, sino justamente las regulaciones legales posteriores.

¿Acaso no está el médico en peligro de entrar en un dilema moral si se opone a determinadas terapias?

La cuestión de hoy es la siguiente: ¿cómo entienden los médicos su propio trabajo? ¿Continúan firmemente sujetos a la ética médica tradicional según la cual deben ayudar a promover la vida, y no a destruirla? Hablar de dilema induce a error. No se trata de si el médico puede ser culpable o no. No hay ninguna culpabilidad necesaria. Si yo no presto una ayuda que no puedo prestar, entonces no soy culpable. Si yo sólo puedo ayudar a un hombre matando a otro, desde luego no puedo ayudarle. No soy culpable si no lo hago. No soy alguien como Dios, que pueda responder de todo.

¿Existen en su opinión omisiones necesarias?

Sí. En la historia de la ética europea, ya desde los griegos existe la convicción de que al hombre no le está permitido hacer ciertas cosas; de que hay acciones que no admiten deliberación. Esto siempre nos lleva a aquella sencilla fórmula: el fin no justifica los medios. Nos hemos hecho a un concepto hipertrofiado de la responsabilidad, como si alguien pudiera ser responsable de todo lo que sucede. Esto no es cierto. Sólo somos responsables de lo malo que nosotros mismos hemos hecho, o de lo que nosotros hubiéramos podido impedir con medios lícitos.

La llamada a la ética hoy es más sonora que nunca. Sin embargo, no pocos piensan que la ética va renqueando, o en todo caso que mira siempre hacia atrás en vez de ir por delante…

Pienso que esa demanda de ética es incluso peligrosa. En realidad, se trata de una llamada a los especialistas en ética. Éstos deben decir hasta dónde se puede llegar. A mi juicio se ha producido una cierta perversión de lo que entendemos por ética. El ethos es algo que impregna y sostiene al hombre, lo que mantiene una comunidad humana. El ethos no se puede construir. Me parecen sin sentido fórmulas como, por ejemplo, la empleada por Hans Küng: “proyecto de ética mundial” (Projekt Weltethos). El ethos no puede ser un proyecto, puesto que se necesita para poder elaborar cualquier proyecto. El problema ante el que hoy nos enfrentamos estriba en que el ethos tradicional se compone de normas de actuación que, a la vista de las nuevas situaciones, no parece que se puedan sostener. En tales casos hay que volver a las intuiciones fundamentales que sirven de base a nuestra actuación. No necesitamos un nuevo ethos, sino nuevas normas de aplicación de aquel que siempre nos ha servido para saber lo que era bueno o malo. No necesitamos médicos y expertos en moral; lo que hace falta es que haya médicos con moralidad.

¿Está Vd. entonces en contra de la bioética como rama especial de la ética?

La bioética no puede ser algo diferente que la aplicación de las intuiciones éticas fundamentales a situaciones cada vez más complejas. En esto, desde luego, hace falta gente especialista. Pero es importante no equivocarnos aquí: sólo porque haya gente que se ocupa de bioética no quiere decir que puedan saberlo todo. Si parten de un supuesto falso, obtendrán conclusiones igualmente falsas.

¿Qué recomendaciones daría Vd. al legislador?

Hay reglas muy sencillas. El legislador debe atenerse al principio fundamental de que no se debe matar seres humanos al comienzo de su existencia con el fin de que otros seres humanos puedan vivir mejor. El argumento de que al fin y al cabo esto ya pasa en el extranjero está muy gastado. Del hecho de que realmente lo malo suceda no puede inferirse que nosotros también tengamos que hacerlo. La dignidad humana no constituye el mal como imposible sino como injusto. Por otra parte, el legislador debería impedir de manera estricta toda iniciativa de programar la identidad de las generaciones futuras.

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[1] Robert Spaemann es profesor emérito de la Universidad de Munich. Ha sido profesor visitante en las Universidades de Río de Janeiro, Salzburgo, París (La Sorbona), Berlín, Hamburgo, Zurich o Moscú. También se le ha galardonado con diversas distinciones: doctor honoris causa por las Universidades de Friburgo (Suiza), Santiago de Chile, Universidad Católica de América y Universidad de Navarra. Ha recibido también la Medalla Tomás Moro (1982) y la Cruz del Mérito de Alemania (1ª clase, 1987). Asimismo, es «Officier de L»Ordre des Palmes Academiques» (1988), miembro fundador de la Academia Europea de las Ciencias y de las Artes y miembro de la Academia Pontificia Pro Vita en Roma. Su obra está principalmente dedicada al ámbito de la filosofía práctica. Destacan sus escritos Crítica de las utopías políticas (1977, 1980), Ética: Cuestiones fundamentales (1987), Lo natural y lo racional: Ensayos de antropología (1987, 1989), Felicidad y benevolencia (1991) y Personas: Acerca de la distinción entre algo y alguien (1996, 2000).

La ofensiva del PSOE sobre la eutanasia

Andalucía y Cataluña abren las puertas al debate sobre la eutanasia activa y el suicidio tras aprobar en sus respectivos parlamentos iniciativas para despenalizar estas prácticas

El PSOE pone en marcha su maquinaria para preparar una ofensiva sobre la eutanasia. La reciente aprobación en Andalucía del Anteproyecto de Ley de la Dignidad de la Persona en el trámite de su muerte y el debate jurídico, social y político que tendrá lugar en el Parlamento de Cataluña sobre la eutanasia activa y el suicidio, son iniciativas que ha apoyado el partido socialista en dos de sus feudos políticos más destacados -Andalucía y Cataluña-.

El Parlamento de Andalucía aprobó la semana pasada el ‘Anteproyecto de Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte’, una ley que ha sido presentada como una iniciativa que dará cobertura legal, además de la asistencial en la Sanidad pública, a los pacientes en estado terminal que opten por interrumpir los tratamientos que los mantienen con vida.
Por otro lado, recientemente el Parlamento de Cataluña ha aprobado en el pleno la apertura de un debate social, político y jurídico sobre la eutanasia activa y sobre el suicidio; un debate que puede culmina en las reformas legales necesarias para que ambas prácticas dejen de ser penalizadas.
Antonio Robles afirma en un artículo de opinión en El Mundo del pasado domingo, 21 de junio, que el debate es “un nuevo paso hacia el respeto a la voluntad y la libertad de todo ser humano a vivir y morir con dignidad”.
“Cada vez hay un mayor número de personas, en su mayor parte ancianas, con cada vez menos calidad de vida, torturadas en sus últimos días por un falso sentido del amor”, afirma Robles que considera que “hoy ya no tememos a la muerte”, como sí a “permanecer indefinidamente muertos en vida”.
El diputado, que ha abandonado la disciplina de Ciutadans, sostiene que “el valor supremo de la vida es precisamente lo que nos obliga a replantearnos si tal valor supremo se convierte en indigno cuando alarga el sufrimiento de un ser humano al que sólo le resta morir”.
Las dos iniciativas gestadas por los Gobiernos autonómicos catalán y andaluz son una preparación del terreno para que el Gobierno socialista, si lo considera oportuno, fabrique una ley sobre la eutanasia a pesar de que no estuviera en su programa electoral como ha sucedido con la del aborto.
‘Sedación terminal’ para recién nacidos
Por otro lado, el Observatorio de Bioética y Derecho (OBD) –una institución ligada a la Universidad de Barcelona dependiente del Ayuntamiento que gestiona el grupo socialista- se ha declarado recientemente partidario de aplicar lo que ha llamado “sedación terminal” –otra forma de llamar a la eutanasia- para los casos de neonatos con una “dolencia incurable”.
En el documento, que pretende cubrir un vacío existente, se pide que se considere una “buena práctica” limitar los esfuerzos terapéuticos en grandes prematuros –niños menores de 28 semanas de gestación- o en bebés nacidos con enfermedades graves que hacen difícil la viabilidad de su supervivencia.
El Observatorio cree que se trataría “de no prolongar una situación sin salida”, y añade: “Lo contrario supondría caer en la obstinación terapéutica”.
La directora del OBD, María Casado, a pesar de reconocer que es una cuestión “conflictiva”, opina que debería haber un protocolo de actuación para que no se tomen decisiones “en caliente”. El documento sostiene que “son niños que si sobreviven pueden sufrir secuelas que pueden significar una condena de por vida”.

La paradoja de la ciencia y la vida

Esta situación produce una paradoja: en nombre de la ciencia se preconiza la muerte. Se incide en que la tecnología permite salvar vidas y luego se argumenta que estas vidas no merecen ser vividas.
En otros tiempos en los que la ciencia no estaba tan avanzada, se trataba de salvar a los enfermos con los medios con los que se disponía, y los recién nacidos morían porque no podían salvarse, de ahí que las madres tuvieran numerosos partos. En la actualidad, ahora que podemos salvar muchos bebés gracias a los avances tecnológicos, primero se les salva y luego se les practica la eutanasia.
En el fondo esta tendencia esconde una filosofía eugenésica en la que existen vidas human as sobre las que un tercero judica si merece la pena ser vividas y juzga si esa vida es digna. Se niega el derecho a decidir libremente sobre si se quiere vivir o no.

El ser y la nada

Bibiana Aído: El ser y la nada

aido360(PD).- Requerida su opinión sobre el sonrojante disparate nihilista de Bibiana Aído -cuya oceánica ignorancia sólo es comparable a su atrevimiento, y éste a la irresponsable temeridad de quien la nombró ministra-, su colega Ángel Gabilondo ha contestado con una evasiva ciertamente embarazosa, y nunca mejor dicho: que ni siquiera el rango de catedrático de metafísica le alcanza a él para saber a ciencia cierta cuál es la clave de la condición humana.

Es decir, que hay asuntos sobre los que es mejor abstenerse de opinar antes de proferir una descomunal tontería de la que lamentarse.

Si yo que soy un filósofo, ha venido a decir con impostada modestia, no sabría explicar con exactitud qué es un ser humano, cómo puede esta indocumentada chiquilla meterse en honduras existenciales o científicas sobre el ser y la nada.

Subraya Ignacio Camacho en ABC que la cosa se complica si damos en pensar que ya son al menos dos los miembros de este Gobierno confusos ante una cuestión tan seria, y encima uno de ellos ha ejercido el ministerio sacerdotal antes que el político. Más vale que no prosiga la encuesta.

No al menos antes de que alguno de los cientos de asesores que trabajan en Moncloa les recuerde a ciertos ministros -y sobre todo a ciertas ministras- que entre sus obligaciones no figura la de decir todos los días una gilipollez.

La democracia del canutazo parece haber impuesto la necesidad de salir cada mañana bien temprano a pronunciar una enormidad que agite el debate de opinión pública, comparecencia que a menudo constituye la única actividad reseñable de los miembros -y miembras- con menos competencias en el fantasmal gabinete de Zapatero, lleno de gente bisoña y mal amueblada intelectualmente que ni siquiera ha aprendido aún el arte de hablar sin decir nada.

Por incompetente que resulte para ejercer su cargo, un ministro callado puede parecer un ministro discreto, pero la locuacidad los vuelve transparentes en su indigencia. En las academias de coaching para ejecutivos está de moda leer a Baltasar Gracián, fraile taimado que enseñaba la cautela senequista de aprender a callar cuando lo que se va a decir no mejora el silencio.

Pero a Gracián y a Séneca hace tiempo que los barrieron de los planes de la LOGSE, primordial fuente de conocimiento de esta joven generación que el presidente considera «la mejor preparada de la Historia».

Gabilondo, que sí es un hombre culto y bien leído, ha salido mal que bien de una tesitura envenenada en la que acaso haya empezado a aprender que la metafísica hace mala mezcla con una materia tan impregnada de pragmatismo cínico como la política.

«Hay gente pa tó», dicen que exclamó con cazurra desconfianza El Gallo cuando le presentaron al gran metafísico que fue don José Ortega -Gasset, no Cano-. Más vale no pensar lo que se le hubiese ocurrido si le llegan a poner delante de toda una ministra de Igualdad.