LA SUPER FE DE LOS ATEOS

unidoscontralaapostasia

El ateísmo se ha puesto de moda, y todo debido a que cristianismo está en decadencia, pues los malos ejemplos que han dado algunos líderes religiosos ha sido el medio para conducir a muchos a una frustración religiosa debido a la hipocresía y dualidad de conducta de los supuestos cristianos, por lo cual, decepcionados de los pastores y sacerdote, toman el camino del escepticismo para terminar fundando la religión de los ateos.

¿Por qué digo que el ateísmo es una religión? Porque una religión está vinculada estrechamente a ciertas creencias, y todos los seres humanos tienen necesidad de creer en algo. La única diferencia entre un cristiano, musulmán o budista de un ateo es que estos fundamentan su fe en algo concreto, donde hay un punto de partida para su fe, pero para los ateos, no hay nada en concreto, porque ellos parten de una idea abstracta, en donde su dios es la casualidad, de manera que su fe radica en el principio de creer que de la nada puede salir algo, y para ello necesitamos una super fe.

Lo explicaré tomando los siguientes conceptos prácticos de forma ilustrativa. Yo tengo una computadora u ordenador. Este se compone de tres elementos para funcionar, el hardware (cascarón con la memoria) el software (los programas operativo instalado en la memoria)  y la energía (que la alimenta) . Que tal si a la hora de explicar su existencia, negara que tuvo un creador, y para responder a su creación, dijera que las piezas se formaron por casualidad. Pero después viene otra interrogante ¿y los programas instalados de dónde vinieron? Otra vez acudo a la misma respuesta, fue una evolución casual. Después viene la pregunta más compleja ¿de dónde le vino la energía para funcionar?  Al no encontrar una explicación, porque la energía surge de la nada, respondo que fue la casualidad. En conclusión: la respuesta lógica y sin menos “casualidades o teorías” es aceptar que hubo un creador de la computadora, que fue un hombre, y que el ateo le llamó “casualidad”. ¿No creen ustedes que la fe del ateo es más grande que la de un cristiano?

Si acepto a un creador, solo tengo un punto de vista para explicar todas las cosas. Así que solo tengo una casualidad, de la cual parte todo el orden existente. Puse la ilustración de una computadora por qué es lo más semejante al ser humano. Tenemos un cuerpo es el hardware, y dentro del cuerpo tenemos un cerebro, que almacena la memoria, que es el software, y la energía es la vida que emana de Dios como dice Génesis 2:7. Así que mi fe se fundamenta en un solo punto “DIOS CREADOR”, pero al descartarlo, entonces tengo que fabricar muchas “casualidades y teorías” para explicar la maravillosa creación.

Así que no cabe duda, la fe de un ateo es más grande que la de un cristiano, porque para el cristiano, la fe en Dios simplifica todo lo creado, pues la misma es “concreta”, ya que parte del hecho de que Dios hizo la gallina para que ella pusiera el huevo. Pero para el ateo su fe es abstracta, ya que, al no haber un punto de partida, a todo le tiene que dar una explicación teórica, y aparece la casualidad o la evolución, porque él no puede explicar qué vino primero, si el huevo o la gallina.

La Biblia no trata de demostrar la existencia de Dios, parte del hecho de su existencia, y él que se acerque a él, debe creer que le hay (Hebreos 11:6) y que por él todas las cosas fueron hechas. La Biblia le llama al ateo un necio (Salmo 14:1, 53:1) pero yo analizando sus teorías, le considero que tiene más fe que aquellos que predican la super fe religiosa.

LA NOCHE OSCURA

Santa Teresa del Niño Jesús

Tú la conoces por sus rosas y la sencillez de su espiritualidad. Pero menos la conocen por la oscuridad total en la que entró antes de su muerte. Aquejada de tuberculosis, Santa Teresa de Lisieux admitió que, si no tuviera fe, se habría suicidado. Ella le dijo a su enfermera de cabecera:

Me sorprende que no haya más suicidios entre los ateos. —según lo informado por Sor María de la Trinidad; CatholicHousehold.com

En un momento dado, Santa Teresa pareció profetizar las tentaciones que vendrían que ahora estamos experimentando en nuestra generación: la de un «nuevo ateísmo»:

Si solo supieras qué pensamientos espantosos me obsesionan. Oren mucho por mí para que no escuche al Diablo que quiere persuadirme de tantas mentiras. Es el razonamiento de los peores materialistas lo que se impone en mi mente. Más tarde, incesantemente haciendo nuevos avances, la ciencia explicará todo de forma natural. Tendremos la razón absoluta de todo lo que existe y que sigue siendo un problema, porque quedan muchas cosas por descubrir, etc. etc. Santa Teresa de Lisieux: Sus últimas conversaciones, P. John Clarke, citado en catholictothemax.com

Muchos de los nuevos ateos de hoy señalan a Santa Teresa, la Madre Teresa, etc. como prueba de que estos no eran grandes santos, sino simplemente ateos disfrazados. Pero están perdiendo el punto (aparte de no tener comprensión de la teología mística): estos santos no se suicidaron en su oscuridad, sino que, de hecho, se convirtieron en iconos de paz y alegría, a pesar de la purificación por la que estaban pasando. De hecho, Thérèse testificó:

Aunque Jesús no me está dando consuelo, ¡me está dando una paz tan grande que me está haciendo más bien! Correspondencia General, Vol I, P. John Clarke; cf. Magnificat, septiembre de 2014, p. 34

Dios priva al alma de sentir su presencia para que el alma se desprenda cada vez más de sí misma y de las criaturas, preparándola para la unión con Él mientras sostiene el alma con una paz interior «que supera todo entendimiento». [1]

Si se acerca a mí, no lo veo; si pasa, no soy consciente de él. (Job 9:11)

Este aparente «abandono» por parte de Dios realmente no es abandono en absoluto, ya que el Señor nunca, nunca deja a Su Novia. Pero sigue siendo, sin embargo, una dolorosa «noche oscura del alma». [2]

¿Por qué, oh Señor, me rechazas? ¿por qué esconderme tu cara? (Salmo 88:15)

Al comienzo de mi apostolado de escritura, cuando el Señor comenzó a enseñarme sobre lo que venía, comprendí que la Iglesia debe ahora, como cuerpo, pasar por la «noche oscura del alma». Que colectivamente vamos a entrar en un período de purgación en el que, como Jesús en la Cruz, sentiremos como si el Padre nos hubiera abandonado.

Pero [la «noche oscura»] conduce, de varias maneras posibles, a la alegría inefable experimentada por los místicos como «unión nupcial». —PAPA JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, Carta Apostólica, n.30

Entonces, ¿qué vamos a hacer?

La respuesta es perderse. Es seguir siguiendo la voluntad de Dios en todo. Cuando el arzobispo Francis Xavier Nguyễn Văn Thuận fue encerrado durante trece años en prisiones comunistas, aprendió el «secreto» de caminar en la oscuridad del sufrimiento y el aparente abandono.

Olvidándonos de nosotros mismos, ponemos todo nuestro ser en lo que Dios nos pide en el momento presente, en el prójimo que él pone delante de nosotros, motivado sólo por el amor. Entonces, muy a menudo veremos nuestros sufrimientos desvanecerse como por alguna magia, y solo el amor permanece en el alma. Testimonio de esperanza, p. 93

Sí, esto es lo que Santa Teresa quiso decir con ser «pequeña». Pero ser pequeño no significa ser un cobarde espiritual. Como dice Jesús, necesitamos, de hecho, ser resueltos:

Nadie que ponga una mano en el arado y mire lo que quedó atrás es apto para el Reino de Dios. (Lucas 9:62)

Nada menos que los católicos individuales ordinarios pueden sobrevivir, por lo que las familias católicas ordinarias no pueden sobrevivir. No tienen otra opción. Deben ser santos, lo que significa santificados, o desaparecerán. Las únicas familias católicas que permanecerán vivas y prósperas en el siglo XXI son las familias de los mártires. La Santísima Virgen y la Santificación de la Familia, Siervo de Dios P. John A. Hardon, S.J.

Así que roguemos a Jesús que nos dé la gracia de ser resueltos, que no nos rindamos ni cedamos a la «tentación de ser normales«, que siga el flujo del mundo y permita que la lámpara de nuestra fe se apague. Estos son los días de la perseverancia… pero todo el Cielo está de nuestro lado.

El Búho Rojo

Tengo un grupo de amigos ateos que gustan de organizar parrilladas en Viernes Santo, como una forma de afirmar su identidad atea y, en realidad, su dependencia de una tradición religiosa precedente; pero eso no les gusta reconocerlo. En líneas generales resulta interesante conversar con ellos, pues un buen número tienen alto nivel cultural, lo que suele producir una conversación amena. Siempre es enriquecedor departir con quien no piensa como uno. Suelen reunirse en un café “underground” de una zona bohemia de la ciudad llamado “El Búho Rojo”.

El sábado pasado tuve la oportunidad de asistir allí a una sugestiva conferencia, aderezada con un generoso café, sobre “El temor a la muerte en De rerum naturaede Lucrecio”. Que, resumiendo, como buen epicúreo materialista no temía a la muerte, porque “mientras estamos vivos no es problema, y una vez que morimos ya no existe el sujeto que pudiera tener ese problema”. Pero lo interesante de la reunión fueron las confesiones de fe atea que algunos participantes se sintieron obligados a profesar ante la presencia de un sacerdote católico.

Dos de esas “confesiones” despertaron paralelamente mi curiosidad, hilaridad y pena. Resulta paradójico sentir tristeza y tener risa al mismo tiempo, pero así fue. Esto solo me sucede en el Búho Rojo, por eso lo considero un lugar especial. Una persona mayor, de entre setenta y ochenta años confesó que era ateo desde niño, porque una ocasión le rezó a la Virgen y a todos los santos, pidiéndoles que no le propinaran una tremenda paliza, y adivinen que pasó… La otra fue más dramática, pues no sólo fue confesión de ateísmo sino valiente testimonio de no tener miedo a la muerte. Que alguien joven no tema a la muerte puede ser normal, fruto de la inconciencia juvenil, pero que un señor que afirmaba tener noventa y cinco años lo diga no deja de ser curioso, y uno no puede evitar preguntarse si será verdad o lo dirá cara a la galería, pero el discurso sea acaso diferente en las largas noches de insomnio junto a la almohada, o cuando se palpan las progresivas limitaciones físicas. El caso es que este amigo se hizo ateo el día de su primera comunión, porque no alcanzó el consabido pastel y chocolate caliente, tradicionales al final del evento religioso. Pensó que eso significaba que Jesús no lo quería y por eso no existía.

El primer testimonio me hizo pensar que, en buena lógica, yo no debería ser solo ateo sino satánico, habida cuenta la cantidad de veces que mi madre me dio en las pompis con la chancla, o por aún, mi papá con el cinturón o correa. Quizá se deba a que yo de niño no era tan inteligente y la verdad no se me ocurrió; a lo más intentaba escarmentar para que no se volviera a repetir la furiosa y agresiva tormenta sobre los glúteos.

Debo decir, en defensa de los ateos ahí presentes, que otros tienen motivos más académicos para su ateísmo, son menos existenciales. Pero esos dos, repito, no dejaron de llamarme la atención. Pensándolo bien, yo también soy ateo del dios en el que esos dos respetables ancianos no creen. Un dios semejante al “genio de la lámpara” que debe comprobar su existencia demostrándomela, concediéndome mi deseo. Una especie de dios mágico, al que acudo, como a los brujos y chamanes, para pedir un favor, y a quien no pagaré nada hasta ver los resultados. Lo trágico de la confusión es que el dios del que se declaran ateos los dos ancianos no es el Dios cristiano, por más que lo hayan “vacado” en la primera comunión o al rezarle a la Virgen.

¿Cuál es el Dios cristiano entonces? Precisamente el de la Semana Santa, pero que, nuevamente en forma trágica, no alcanzarán a vislumbrar, pues estarán muy ocupados aderezando las carnes el Viernes Santo, mientras con aire de superioridad compadecen a la “pobre gente” que reza el Vía Crucis o asiste al “Sermón de las Siete Palabras” (o a una versión más intensa, “el sermón de las tres horas”; sí, ¡tres horas hablando el padrecito y la gente no pierde la fe!, una demostración práctica de que Dios sí existe).

¿Cuál es el Dios de la Semana Santa? El que asume, hasta sus últimas consecuencias, la misteriosa y dura experiencia humana del dolor, del fracaso, del sufrimiento. El Dios que es capaz de hacer de lo más oscuro, la luz más potente; de la muerte más horrible, el ícono de la belleza; de la condena y el abandono, la fuente de la esperanza. Jesús estaba más cerca de ese niño sin pastel y de ese niño castigado, pero ellos no se dieron cuenta. Es el mismo Jesús que en la Cruz no tiene rencor ni resentimiento con quienes le condenan, sino que ora por ellos pidiendo a su Padre “perdónales, porque no saben lo que hacen”. Lo mismo pido yo a Dios por mis amigos ateos, consciente de que no soy mejor que ellos, quizá es que solo eran más listos de pequeños; pido que les de la gracia del arrepentimiento y puedan rezar aquella maravillosa oración de último momento “acuérdate de mí cuando estés en tu reino”; mientras que para mí aplico esa otra del Angélico, “límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero”.

 Mario Arroyo

Doctor en Filosofía

p.marioa@gmail.com

 

Cada vez más personas no creyentes piden ayuda a exorcistas

Símbolo satánico / Foto: Flickr Dellboy y Art (CC-BY-NC-SA-2.0)
Símbolo satánico / Foto: Flickr Dellboy y Art (CC-BY-NC-SA-2.0)

ROMA, 21 Abr. 15 / 10:07 pm (ACI).- Cada vez más personas no creyentes buscan a los exorcistas, afirmó el P. Aldo Bounaiuto, demonólogo y exorcista, quien advirtió que Satanás se esconde también en internet, donde están más expuestos los jóvenes que suelen ventilar “su necesidad de búsqueda de lo sobrenatural”.

En declaraciones al diario italiano Quotidiano, el sacerdote señaló que gracias a que el Papa Francisco habla frecuentemente de la realidad del demonio “hay una conciencia más fuerte por parte de todas las realidades eclesiales sobre la presencia del maligno que actúa directa o indirectamente”.

“El fenómeno es fuerte, nos encontramos diariamente con personas afectadas por estos problemas y recibimos decenas de señales”, indicó el exorcista, que fue uno de los relatores del “Curso de exorcismo y oración de liberación” realizado en Roma (Italia).

El sacerdote, que anima el servicio anti-sectas de la Comunidad Papa Juan XXIII y colabora con la policía de Estado, dijo que en 2014 recibieron unos 1.500 pedidos de ayuda con casi 696 personas tratadas.

En ese sentido, advirtió que los más expuestos a la acción del demonio son “sin duda los jóvenes”. “Ventilan su necesidad de búsqueda de lo sobrenatural, sobre todo en Internet, pero estos viajes tenebrosos pueden transformar el encuentro virtual en uno real”, alertó en la entrevista publicada el 15 de abril.

El P. Bounaiuto indicó que actualmente también buscan ayuda “muchos no creyentes, un fenómeno en evolución. Nos piden ser liberados de males indescifrables para los cuales no han encontrado respuesta en la medicina”.

Sin embargo, aclaró que siempre primero se debe realizar “un diagnóstico clínico y después un serio discernimiento por parte del sacerdote exorcista, el único autorizado para tratar contra el demonio”.

Cómo se manifiesta

El sacerdote explicó que los trastornos típicos de una persona poseída es “sentir una presencia interior que no puede controlar, a veces hasta sentirse dividida, voces que la empujan a asumir comportamientos negativos, así como una repentina aversión a los realidades sagradas”.

“Si todo esto no se debe a una enfermedad física, se hace una oración de liberación y un pequeño exorcismo en el cual se pide la liberación del mal. Si no se resuelve, se procede al exorcismo en sí donde se exige al demonio que salga de aquella persona. De ahí se tiene que ver cómo reacciona el poseído, a veces el diablo atormenta por largo tiempo y pueden ser años”.

En el caso de las infestaciones, explicó que “cuando una persona tiene un malestar por el contacto con determinados objetos o en un ambiente particular donde incluso fue realizado un maleficio, un sacrilegio o una misa negra, ahí el exorcista interviene realizando bendiciones para eliminar la infestación del lugar o el objeto. Por último, están las vejaciones, es decir cuando el maligno se ensaña con un acto persecutorio sobre una persona, una tortura, por ejemplo, provocando fuertes formas de ansiedad”.

Finalmente, el P. Bounaiuto afirma que no tiene miedo cuando afronta al demonio, “pienso que es él quien debe tener temor”. “Todos los cristianos sabemos por la fe que Jesús venció a las tinieblas. Es más importante tener temor de Dios que del diablo: la primera es una virtud, mientras que el arte del demonio es infundir miedo”, concluyó.

Se le apareció su ángel de la guarda y le dijo «sígueme»

La historia del filósofo Sylvain Clement 

Ateo y desesperado, se le apareció su ángel de la guarda y le dijo «sígueme»: todo cambió en su vida 

Primero fue una extraña aparición, luego descubrió la Eucaristía y más tarde el perdón. Del sinsentido, Sylvain Clement pasó a la fascinación por la Verdad. 

Actualizado 30 junio 2013 

Javier Lozano / ReL 

14007_hombre_reflexionaQue Dios se puede aparecer a las personas de las maneras más insospechadas y en los lugares más extraños es algo indudable. Si no que se lo cuenten a Sylvain Clement, un filósofo que vivió una conversión radical viniendo desde el ateísmo, la desesperación y el nihilismo. Pero Dios aconteció de manera fulgurante y le cambió el corazón y pese a que al principio se resistió una vez que experimentó el verdadero amor, su vida recobró un sentido tal que nunca quiso volver a lo anterior. 

El sinsentido en su vida

La historia comienza en septiembre de 1994 cuando este joven tenía apenas 22 años, edad suficiente para haber experimentado ya el sinsentido de la vida de tal forma que hasta el suicidio rondaba ya por su cabeza. 

Sylvain caminaba por la basílica de Nuestra Señora de Longpont sur Orge junto a su amiga Emmanuelle, a la que conoció en un centro para personas discapacitadas en el que trabajaron juntos. “En el fondo deseaba recorrer un largo camino de vida juntos pero esto requería un compromiso. Además, ella había decidido antes de conocernos retirarse durante nueve meses a una comunidad religiosa para pensar sobre una posible vocación”. 

“Este era nuestro paseo de despedida. Era uno de los primeros católicos que conocí. Yo no creía en Dios ni en el diablo –y para decirlo todo, no creía ni en la buena gente ni en mi mismo-, me empeñaba en ponerle mil objeciones aunque fui tocado por la sencillez de su alegría y la sinceridad de su fe”, recuerda Sylvain Clement en Famille Chretienne

¿Cuál es el sentido de la vida?

Sin embargo, sobre el acechaban muchos años de desesperanza. “Sobre todo, en ese día en mí se manifestaba la sombra de la desesperación que había tenido durante años. Estaba absorbido por el abismo de la nada al igual que un meteorito es succionado por un agujero negro”. 

Su pasado le atormentaba. De este modo, recuerda que “desde los 16 años sin descanso me asaltaban las siguientes preguntas: ¿cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué hacer con ella? ¿Por qué merece la pena ser vivida? ¿Por qué el sufrimiento?…Esas preguntas me llegaban hasta el corazón y la mente”. 

Incluso afirmaba que la “muerte me fascinaba más” y “meditaba vagando en los cementerios”. Pero un hecho comienza a cambiarle un poco la percepción de la vida.  Fue el suicidio de un amigo. En ese momento, este joven francés se decía: “no quiero vivir a medias, quiero una vida plena, que valga la pena de haber sido vivida”. Pero el problema es que “no sé cómo”. 

La búsqueda en la filosofía

En esta búsqueda se sentía en medio de ninguna parte por lo que intentó encontrar la felicidad en su mente. “Busqué entre los poetas y los filósofos, leí decenas de libros. Este deseo de entender, esta búsqueda de un sentido me empujó a hacer Filosofía en la Sorbona». Aune este camino le llevó a la decepción: «la filosofía se veía como un supermercado con sus estantes, los ´grandes pensadores´, cada uno con su programa que tenía la clave de todo. Pero, ¿cuál era la correcta?». 

En este sentido, Sylvain recuerda que hubo tres autores que le llamaron particularmente la atención: Kant, Nietzsche y Freud. Con sus escritos, cuenta, «me entere de que la verdad no es accesible, la búsqueda es  mejor que el resultado. Cultivé la duda y la sospecha y caí en la desesperación del nihilismo. Tuve la horrible experiencia del vacío, un abismo parecía abrirse debajo de mis pies». 

Todo esto fue calando en este joven que «incluso llegué a no creer en el amor –porque el amor está asociado a la verdad-. Si no existe, entonces, ¿qué es el amor?».  Por todo ello, el amor no podría ser otra cosa que «egoísmo disfrazado». 

Un ángel se le aparece

Con este sentimiento e historia volvemos al paseo con Emmanuelle por la basílica. Van caminando por sus maravillosos pasillos. En ese momento se separan por distintos pasillos. Y aquí llegó el extraño momento que cambió su existencia. “Pasaba delante de una estatua del obispo Dionisio. Y de repente, vi en su corazón el rostro de un niño. Parecía uno de esos ángeles con el pelo rizado. Esta cara se volvió hacía mí y me miró como diciendo ‘ven, sígueme’. Me detuve asombrado, volví a la estatua pero el niño había desaparecido”. 

No lograba explicarse aquello. ¿Era una alucinación? No encontraba ninguna explicación racional para ello. Al encontrarse con Emmanuelle fue presuroso a contarle lo que le había pasado. “¡Me ha pasado algo que parece una locura!”, le dijo. Ella, con alegría le dijo muy contenta que era algo “genial” pues “es tu ángel de la guarda”. El problema para Sylvain es que “no creía  en los ángeles, ni siquiera creía en Dios”, que fue lo que le dijo casi enfadado a su joven amiga. 

“La palabra de Dios me habla personalmente”

Tras esto, ambos se sentaron en un banco mientras ella rezaba en silencio por él. En el camino de regreso, Silvayn comienza a sentirse más ligero y al despedirse de su amiga, que iba a hacer una experiencia en el convento está triste pero sereno. Sin saberlo, ese día iba  a suponer un punto de inflexión en su vida.

Él mismo reconoce que desde aquel día todo fue muy rápido. Al día siguiente de esta “aparición” se sintió atraído a ir a la iglesia de su barrio de París. “Yo que no era bautizado, iba a vivir una de las primeras misas de mi vida. La palabra de Dios me habla a mí personalmente. Tenía la impresión de que mis oídos se abren. Las palabras del sacerdote también me tocaban. No asistía a la misa, la viví”. 

Experimenta algo que nunca había tenido. “Llega a mí la paz, se impone en mí una dulzura”. De hecho, cuenta que en ese momento “por primera vez estoy bien”. Y lo que más molestaba a este joven es que esa paz “no venía de mí” y “me hacía libre”. Él que buscaba todo esto con su cabeza y su razón lo había encontrado de repente “convertido en Presencia de Dios”. 

Redescubrir el perdón

“¡Qué semana!”, pensaba Sylvain. “En pocos días: una cara de niño aparece en el corazón de una estatua de un obispo; una hostia que oculta una Presencia inaudita; al día siguiente unas lágrimas venidas de las profundidades releyendo cartas de mis padres; dos días después, un perdón liberador y que pacifica descubriendo la confesión…”. 

 A pesar de esto, la lucha durante su conversión fue grande. “Conocí el combate real”, afirma. “No es fácil porque al adversario no le gusta que se renuncie a un camino de muerte para ir al de Dios”. 

Pero ese gran día llegó.  “Fui bautizado en la Iglesia Católica en Pentecostés de 1995. Día de júbilo y de victoria”.  Su vida se inició también ahí. “Sobre esta roca construí mi vida” y empieza a tomar decisiones en su vida acorde a esta vida. Se casó con Emmanuelle, ha tenido tres hijos y al final sus estudios de filosofía le han servido para impartir clase y mostrar la belleza de la unión entre fe y razón. 

“En la Iglesia me encontré con Cristo vivo y descubrí sorprendido el Dios de los Evangelios, que nos ama y quiere salvar a todos los hombres. Tengo muchas razones para decir ‘gracias’ a Aquel que me salvó de la desesperación y la eternidad no sería suficiente para darle la gracias”.