Salvada por una ballena beluga

La submarinista que fue salvada por una ballena beluga


Yang Yun pensaba que estaba al borde de la muerte cuando sus piernas se paralizaron mientras participaba en una competición de submarinismo libre al noreste de China. Sus piernas no le respondían debido a las bajas temperaturas del ártico. Pero entonces apareció Mila para ayudarla a llegar a la superficie. El matiz que marca la diferencia en esta historia es que Mila no es una persona, sino una ballena beluga.

Según informa el diario británico The Telegraph, el campeonato en el que participaba Yang Yun se celebraba en un aquarium y eso fue lo que le salvó la vida.

«Empecé a hundirme. Estaba muerta. Entonces, sentí esa increíble fuerza debajo de mí conduciéndome hasta la superficie», ha explicado la submarinista. «Mila notó las dificultades y usando su nariz como la de un delfín guió a Yun hasta la superficie», ha comentado un organizador de la prueba.

«De repente vimos a la chica empujada hasta arriba de la piscina con sus piernas en la boca de Mila. Es un animal sensitivo que trabaja cerca de humanos y pienso que esa chica le debe la vida», ha añadido una de las personas encargadas de la competición.

Las inteligentes belugas fueron las primeras ballenas en interactuar con el hombre y tienen músculos faciales que les permiten sonreír.

Las belugas como Mila pasan gran parte de su tiempo en la superficie o en aguas poco profundas y son animales muy sociables que mediante el sonido están en contacto con los demás miembros de su especie. Este tipo de ballenas se concentra en las costas de Alaska, Canadá, Groenlandia y Rusia y se alimenta principalmente de crustáceos y peces.

¡viva San Fermín!

Pamplona vuelve a gritar: ¡viva San Fermín!

España  

Fiestas de San Ferm�n 2008
Fiestas de San Fermín 2008

Miles de personas han vuelto a responder al grito de «Pamplonesas, pamploneses, ¡viva San Fermín!» que ha sonado desde el balcón central de la Casa Consistorial al prender la mecha del cohete que abrió este mediodía las fiestas de la capital navarra.

  Uxue Barkos, que salió al balcón junto a la alcaldesa, Yolanda Barcina, elevó la voz ante las miles de personas congregadas en la plaza consistorial y en las calles de alrededor, así como en otros puntos de la ciudad, la Plaza del Castillo o el Paseo de Sarasate, donde se han instalado pantallas gigantes de televisión para seguir el chupinazo sin las aglomeraciones del centro neurálgico.

   Con un día con nubes y sol y una temperatura agradable, los miles de asistentes al lanzamiento del cohete esperaron la hora vestidos de blanco, con el pañuelo rojo en alto y dirigido hacia la fachada del Ayuntamiento, entre gritos, bajo el lanzamiento de litros de champán, los confetis blancos y rojos disparados desde la Casa Consistorial y entre empujones.

   La tensión se multiplicó cuando Uxue Barkos salió a las 12 al balcón y esperó unos momentos a que diera la hora y prendió la mecha. La alegría explotó en las calles de la ciudad.

   Momentos antes de que se lanzara el cohete, agentes de la Policía Municipal desalojaron de la sala del Consistorio desde la que se sale al balcón principal a los dos ediles de ANV, primero a Mariné Pueyo y después de Mikel Gastesi, al intentar desplegar la ‘ikurriña’ en la fachada del Ayuntamiento.

   Tras el ‘chupinazo’ lanzado por la edil nacionalista, los concejales pamploneses fueron prendiendo sucesivos cohetes, anunciando la salida de la banda de gaiteros del Ayuntamiento que, como todos los años, se abre paso en la plaza entre la multitud.

   Como ya es habitual el día del ‘chupinazo’ durante las primeras horas de la mañana agentes de la Policía Foral y Policía Municipal requisaron, en los accesos al casco antiguo, huevos, harina, ketchup y demás productos que los más jóvenes utilizan para tirarse entre ellos.

   Con el ‘pañuelico’ rojo ya anudado al cuello, los pamploneses y visitantes se adentran en nueve días de fiesta y desenfreno. Mañana será el día grande, festividad de San Fermín, y tendrá lugar la procesión en honor al santo por las calles del casco antiguo de la ciudad.

Cuerpo de Cristo: comunidad cristiana

Me llamo Guillermo. Soy seminarista del Seminario Redemptoris Mater de Caracas, en Venezuela. Pertenezco a las comunidades neocatecumenales de Masnou, Barcelona. Les escribo porque quiero dar gloria a Dios de ver cómo llevo para seis años en Venezuela, en el Seminario, y veo la fidelidad del Señor para conmigo. Al principio, pensaba que no iba a durar mucho, ya que por parte de la inestabilidad política me daba mucho miedo y, por otro lado, por mis limitaciones propias veía cómo siempre el Maligno me interpretaba la Historia, pero hasta el día de hoy puedo decir que el Señor ha sido fiel y que el Señor no defrauda. El Señor me curó de la droga. Vivía un infierno y el Señor se hizo presente en este sufrimiento concreto y me lanzó a una misión que me supera totalmente, para mostrar Su misericordia, y mostrarla en otro lugar donde hay muchos que viven esclavizados. He visto a Jesucristo, porque me ha curado de la droga, pero lo he visto en su Cuerpo: la comunidad cristiana. Se dijo el día 30 de diciembre en la madrileña plaza de Colón: «Llegamos hasta donde las instituciones no lo hacen».

Menos sexo y más seso

Me estremeció oír a una niña de diez u once años que me contaba horrorizada, a la salida de su colegio, lo que habían explicado en la clase de Educación para la ciudadanía. Me comentaba esto: «¡Qué asco! ¡Vaya cosas que nos explican con pelos y señales! Prefiero hablar de estas cosas con mi madre, que me lo aclarará todo, y no que me lo digan delante de todos los alumnos, no vuelvo más».   Pensé para mis adentros que tiene mucha razón. ¿Es que quieren animalizar a nuestros niños? ¿Quieren convertir a España en un zoo, en vez de construir un país culto, responsable, etc.? Señores representantes de los ciudadanos españoles, opten por lo positivo, enseñando a amar con amor sacrificado a la familia, a los demás, a ser agradecidos, educados, justos, buenos ciudadanos… Y menos sexo y más seso.

El verdadero amor

Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde yo trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí . Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

-No, me dijo. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañado.

-Y si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo: -«Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella».Tuve que contenerme las lágrimas mientras salía y pensé: -«Esa es la clase de amor que quiero para mi vida. El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya no es… »

Efesios 3:19 «Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.» 1 Juan 4:8 «El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor.» El amor puro y verdadero nacido en el corazón de Dios, donde el compromiso se conjuga en el matrimonio como fruto del perfecto plan de Dios.

La Silla

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre, que estaba muy enfermo.

Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza calzada por un par de almohadas.

Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.

– ¿Supongo que me estaba esperando?, le dijo.

– No, ¿quién es usted?, le dijo el hombre.

-Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarlo.

-Oh, sí, la silla, dijo el hombre enfermo, ¿le importa cerrar la puerta?

El sacerdote sorprendido la cerró.

– Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la Iglesia he escuchado siempre, al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae…, pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y me salió por el otro, pues no tengo idea de cómo hacerlo.
Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración. Esto ha sido así en mí, hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo:

-«José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas: te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo; luego con fe mirar a Jesús sentado delante de tí. No es algo alocado, pues EL nos dijo: Yo estaré siempre con ustedes.
Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora. Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces».

– Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija… pues me internaría de inmediato en el manicomio.

El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que estaba haciendo, y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con el, le extendió una bendición y se fue a su parroquia.

Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó:

– ¿Falleció en paz?

– SÍ, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo en su cama. Me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras, una hora más tarde, ya lo encontré muerto.

– Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré.

– ¿Qué cree usted que pueda significar esto?

El sacerdote se secó las lagrimas de emoción y le respondió:

– «Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera».

Carta de una madre….desesperada

Madre desesperada

He utilizado varias veces, el mes pasado,  esta carta que me pasaron en charlas con madres de familia. No sé quién es la autora pero refleja, por el número de copias que me han pedido, la situación en que se encuentran muchas madres. ¿Qué ama de casa no ha tenido ganas de escribir una carta así alguna vez? No llegan a ese grado de desesperación pero…Alguna la dejará en un sitio estratégico de la casa para que uno de sus distraidos habitantes sepan valorar un poco más la labor insustituible de una madre.

Querida familia:

Me voy.

Volveré cuando sepáis dónde están guardadas las cosas en la despensa, cuando nuestra casa ya no tenga secretos para ninguno, cuando seais capaces de descifrar  la lavadora, cuando logréis reprimir el impulso de llamarme a gritos si se acaba la pasta de dientes, cuando no tenga que decir varias veces que llevéis las cosas al lavaplatos.

Volveré cuando estéis dispuestos a llevar conmigo la corona de reina de la casa.

Cuando no me necesitéis, más que para compartir.

Ya sé que me echaréis de menos, estoy segura.

También yo a vosotros, pero sólo desapareciendo podré rellenar los huecos que el cariño hacia vosotros me produce.

Sólo podré estar segura de que verdaderamente me quieren cuando no tengan necesidad de mí para comer o para vestir o para lavarse o para encontrar las tijeras.

Ya no quiero ser la reina de la casa, estoy harta, me he cansado de tan grande responsabilidad y he caído en la cuenta de que si sigo jugando el papel de supermadre  no lograré inculcarles más que una mentalidad de súbditos.

Y yo los quiero libres y moderadamente suficientes y autónomos.

Ya sé que su comportamiento conmigo no es más que un dejarse llevar por mi rutina; también por eso quiero poner tierra por medio.

Si me quedo, seguiré poniendo todo al alcance de la mano, jugando mi papel de omnipresente para que me quieran más.

Sí, para que me quieran más.!!!!!!!!!!

Me he dado cuenta de que todo lo que hago es para que me quieran más, y eso me parece tan peligroso para vosotros como para mí. Es una trampa para todos.

Palabra de honor que no me voy por cansancio, aunque sea desgastante dormirse todas las noches pensando en la comida del día siguiente y hacer las compras con urgencia cuando vienes del trabajo y, a la larga, pesa mucho la manía de ver siempre un velo de polvo en los muebles cuando me siento un rato en el sofá, y la perenne atracción hacia la escoba y el trapo.

Pero no es sólo por eso. No.!!!!!

Tampoco me voy porque esté harta de poner la lavadora mientras me desabrocho el abrigo ni porque quiera estar más libre para hacer carrera en mi trabajo.
No . Hace ya mucho tiempo que tuve que elegir una perpetua interinidad en mi profesión porque no podía compatibilizar una mayor dedicación mental al trabajo profesional con la lista de la compra.

Me voy para enseñarles a compartir, pero sobre todo me voy para ver si aprendo a delegar.

Porque si lo consigo, no volveré nunca más a sentirme culpable cuando no saquen notas brillantes o cuando se quemen las lentejas o cuando alguno no tenga la ropa planchada que ponerse.

La culpa de que sea imprescindible en casa es sólo mía, así que desapareciendo yo por unos días, se darán cuenta de que la monarquía doméstica es fácilmente derrocable y quizá yo pueda aprender la humildad necesaria para ser, cuando vuelva, una más entre la plebe.

Cuando encuentren la naftalina no dejen de avisarme. Seguro que para entonces yo también habré aprendido a no ser tan excesivamente buena.

Puede ser que ese día no nos querramos más, pero seguro que nos querremos mejor.

Besos.
Mamá.

Sólo soy un simple ser humano, como vosotros

Fuente: http://volveranacer.wordpress.com
 

Al Sr. Rencor le echamos de casa

Lo que comenzó siendo una conversación normal entre dos personas que se quieren, acabó en discusión. Las frases se iban cargando de doble y hasta de triple sentido. Miradas burlonas y desafiantes que cortaban el ambiente. Descargo de agravios comparativos. Sobre la mesa que hacía de frontera entre los dos, volvieron a presentarse unos cuantos recuerdos de sucesos desagradables, ya superados, que hieren sólo con mencionarlos.  Un golpe seco encima de la mesa. La silla que se desplaza con fuerza y un portazo. El famoso portazo que hiela el corazón y la casa. Después, silencio. Un silencio agobiante.

Y entra en escena el Señor Rencor, ése que firma el acta de la discusión, y que me imagino vestido de negro y con bastón, con cara de viejo amargado que se frota las manos cuando ve que dos personas se tiran los trastos a la cabeza y discuten por soberbia.

Al día siguiente, entre los dos, silencios prolongados. Miradas que se esquivan mutuamente. Convivencia sin vivencia. Y pasan las horas. Y sigue el silencio.

Hasta que uno de los dos, quizá el que comenzó con una broma de mal gusto la dichosa conversación, da un paso al frente, y mirándole al otro a los ojos, le dice: ¡Perdóname! Entonces tienes que ver la cara del Señor Rencor… todo un poema. Su rostro, que había manejado los hilos hasta entonces, se contrae de ira y huye desconsolado. No tiene sitio entre los dos. Se va a la mierda.

Y vuelve la alegría.

PD.- Esta es la historia de un matrimonio santo que lucha desde hace más de cuarenta años por quererse como el primer día. Contemplar sus luchas me llena de fortaleza. Ellos, sin palabras, me demuestran que el amor se forja en la debilidad, en ese comenzar y recomenzar cuantas veces haga falta. Y, lo demás, pamplinas.

Fuente: http://juanjomolina.wordpress.com

YO ESTOY AQUÍ

JesusHe robado de este blog  una historia que me ha impactado sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Él, Jesús de Nazaret, está ahí, escondido en el Sagrario, paciente, esperándo nuestra presencia, nuestra conversación… ¡Qué bueno es Jesús y qué mal le tratamos a veces!

Ahí va. «Mediados de la década del setenta. Semana Santa en Antofagasta (Chile). Era el miércoles ya avanzada la noche, y se encontraban reunidos en un lugar de la arquidiócesis de la ciudad – después de la comida – un importante número de sacerdotes, junto a un par de obispos, y entre ellos quien me ha transmitido esta historia.

En algún momento le habrán preguntado de su salud y su vida a uno de los sacerdotes que se encontraba presente, ya de edad bastante avanzada y postrado en silla de ruedas, pero especialmente agradecido de las posibilidades que le daba esta última, que le permitió volver a celebrar misa. Ese sacerdote – en ese entonces el curita de Taltal – logró acaparar toda la atención de los comensales tras anunciar: – Voy a decir algo que nunca he contado antes a nadie, y no lo voy a volver a hacer

Y comenzó su relato.

Postal

Resulta que la Iglesia de Taltal, luego de Guerra del Pacífico, habría estado casi medio siglo sin sacerdote. Fue asignado alrededor de 1930 a esa Parroquia, a un lugar donde por lo menos una generación de habitantes había crecido sin algún tipo de formación o sacramento. Así llegó a la Parroquia de Taltal, un humilde galpón de tablas. Primera Misa: 2 viejitas. Colecta: 20 pesos.

El Padre necesitaba comer, comenzó a hacer clases de francés en el Liceo. Empezó a enseñar a los niños.

De a poco pudo ir más allá y llevarlos algún día al templo. Mientras estaban sentados en la bancas, aprovechaba de enseñarles: – ¿Quién es Dios? – silencio. Les Decía – Dios es nuestro Padre. Bien, ahora repitan todos – ¿Quién es Dios? – Dios es nuestro Padre – repetían
– ¿Quién es la Madre de Dios? – La Virgen María
– ¿Quién es Jesús? – El hijo de Dios hecho hombre
y así eran esas catequesis.

Pero un día, estando enseñando de esta manera a los alumnos en el templo, y siguiendo el mismo sistema, vino la pregunta:
– ¿Donde está Jesús? Repitan: – Está en el Cielo junto al Trono del Padre –
En ese momento, él oyó una voz detrás suyo, fuerte y clara: «YO ESTOY AQUÍ»

Sagrario

Silencio absoluto en la sala.

Se rompió cuando este sacerdote continuó:

– Les digo a todos, especialmente a los sacerdotes «jóvenes» que están aquí (de 70 para abajo), lo que tiene que hacer ustedes, es: Confesar y decir que Jesucristo está aquí. – Buenas Noches –

Que nuestra fe, nos ayude a tratar con tanto amor al Santísimo Sacramento, a Jesús Sacramentado, que vayamos con gusto a saludarlo todos los días, y cuando lleguemos a algún lugar, fijémonos dónde están las Iglesias, las Capillas o los oratorios, y recordemos que Él está ahí, verdaderamente. Como un día concedió la gracia de recordarlo. En Taltal

Benedicto XVI