Amados hijos, ser confrontados con sus propios pecados será difícil…

La Santísima Virgen María a Luz de María de Bonilla el 27 de diciembre de 2022

Amados hijos de Mi Inmaculado Corazón, vengo a ustedes para bendecirlos y traerles mi amor maternal. La fe es indispensable (Mt 17,20; I Jn. 5:4-5), hijos míos, para que permanezcáis en unión con mi Divino Hijo. Espiritualmente preparados, los seres humanos serán capaces de estar en medio de todo lo que vendrá a su cumplimiento.

Les estoy hablando en términos de tiempo humano… Prepárense, hijos, sean más espirituales: es urgente. Prepárense, hijos, con lo que tienen a su disposición. No esperes para prepararte, hazlo ahora. El tiempo de oscuridad está llegando, y sin embargo, manteniendo la fe y siendo fraternos unos con otros, Mis hijos lograrán ayudarse unos a otros.

Amados hijos de Mi divino Hijo, la guerra continuará en la tierra con mayor fuerza, trayendo hambre, que se extenderá sin parar. Hijitos Míos, en los constantes llamados a prepararse, la Casa del Padre ha insistido en que miren las señales y señales que han anunciado lo que se convertirá en la triste realidad de la humanidad.

Muestre previsión: el frío vendrá, reemplazando el calor, y el calor reemplazará al frío. Manténgase alerta: las tensiones entre países se convertirán en guerras entre países. La humanidad permanecerá en un estado constante de ansiedad. La oscuridad llegará a varios países en medio de la guerra.

Oren, hijos Míos, oren por toda la humanidad.

Oren, hijos Míos, oren por la India, su gente sufrirá.

Oren, hijos Míos, oren, no esperen; Presten atención, niños.

Oren, hijos Míos, oren para que su fe crezca a medida que avanzan los acontecimientos. 

Oren, hijos Míos, oren, oren; Los terremotos continuarán a mayor escala.

Hijos míos, como vuestra Madre, os aconsejo que fortalezcáis vuestra fe (Efesios 6,16) en la Santísima Trinidad, para que guardéis silencio, meditéis y seáis personas en las que reina el amor de mi Hijo, para que no pequéis dañando a vuestro prójimo.

Amados hijos, ser confrontados con sus propios pecados será difícil. No lo empeores pecando contra tu prójimo. Mi divino Hijo sufre a causa del peso de las malas obras y el comportamiento de la humanidad.

Sean fraternos, ayúdense unos a otros, respétense unos a otros y oren para que no caigan en pecado. Sed criaturas de paz y usad vuestras lenguas para adorar a la Santísima Trinidad. Como criaturas de bondad, adorad a mi Hijo «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23-24).

Amad a vuestros hermanos y hermanas como a mi Hijo y Yo los amo.

No temas: «¿No estoy yo aquí, yo que soy tu Madre?» (1) Yo te estoy protegiendo.

Madre María

Ave María purísima, concebida sin pecado

Ave María purísima, concebida sin pecado

Ave María purísima, concebida sin pecado

(1) Véase https://catholicexchange.com/lady-guadalupe-not/ (Nota del traductor)

Comentario de Luz de María

Hermanos y hermanas:

Dada esta bendita palabra de Nuestra Santísima Madre, estamos ante un escenario muy serio y desgarrador. El paso del tiempo pone a la vista la proximidad de muchos eventos que pueden ocurrir con la velocidad del rayo. La raíz de tantos obstáculos espirituales dentro de la humanidad es precisamente su desapego de la Santísima Trinidad, la indiferencia hacia lo sagrado, la falta de amor al prójimo y el deseo de ser más que hermano.

Tenemos que trabajar para ser más piadosos, fortalecernos y entrar en un conocimiento más profundo de Nuestro Señor Jesucristo para amarlo más. No neguemos lo que se nos ha dicho de antemano en mensajes anteriores, que pueden haber sido leídos a la ligera.

Hermanos y hermanas, este no es el tiempo de vivir diciendo «quizás»: este es más bien el tiempo de preparación antes de la cosecha.

Amén.

Aparición de la Virgen del Pilar

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de Ángeles que cantaban Ave María Gratia Plena, y vio Aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol.»

La Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, en España, es considerada el primer Santuario Mariano de la cristiandad. De acuerdo a la tradición católica, después de Pentecostés (hacia 33 dC), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago el Mayor habría cruzado el Mar Mediterráneo y desembarcado en la Hispania (actuales España y Portugal) para predicar el Evangelio. Cuenta la historia que, en la noche del 2 de enero del año 40, la Virgen María se le Apareció en la región de Caesaraugusta, a orillas del río Ebro.

El apóstol Santiago, primer apóstol mártir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y Le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a Su Divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los Ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de Luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le Apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la Aparición. En el Lugar de la Aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero. Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe. En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.


Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago según Visión
de Anna Katherinne Emmerich

“He visto a Santiago rezando en Zaragoza, vi venir un resplandor del cielo sobre él y aparecieron Ángeles que entonaban un canto muy armonioso, mientras traían un Pilar de Luz. En el resplandor del Pilar vi a María Santísima de nívea blancura y transparencia, de mayor hermosura y delicadeza que la blancura de una fina seda. Estaba de pie, resplandeciente de Luz… Entonces, vi que Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas y recibió internamente de María el aviso de que debía erigir de inmediato una Iglesia allí”.

Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago según revelación
a la Beata María de Jesús de Ágreda

“Manifestósele a Santiago la Reina del Cielo desde la nube y trono donde estaba rodeada de los Coros de los Ángeles… El dichoso Apóstol se postró en tierra y con profunda reverencia adoró a la Madre de su Creador y Redentor y vio juntamente la Imagen y Columna o Pilar en mano de algunos Án­geles. La piadosa Reina le dio la bendición en Nombre de Su Hijo San­tísimo y le dijo:

 “Este lugar ha señalado y destinado el Altísimo y Todopoderoso Dios del Cielo, para que en la Tierra Le consagréis y dediquéis un Templo y Casa de Oración, de donde debajo del Tí­tulo de Mi Nombre quiere que el Suyo sea ensalzado y engrandecido, y que los Tesoros de Su Divina Diestra se comuniquen, franqueando liberalmente Sus antiguas Misericordias con todos los fieles; y que por Mi Intercesión las alcancen, si las pidieren con verdadera fe y piadosa devoción. Yo, en Nombre del Todopoderoso, les prometo gran­des favores y Bendiciones de dulzura y Mi verdadera protección y amparo, porque éste ha de ser Templo y Casa Mía y Mi propia he­rencia y posesión. Y en testimonio de esta Verdad y Promesa quedará aquí esta Columna y colocada Mi propia Imagen, que en este lugar donde edificaréis Mi Templo perseverará y durará con la Santa Fe has­ta el fin del mundo.” [1]

Importancia de Santiago el Mayor,
Patrón de España.

Santiago es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo. Él y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret. Recibieron de Cristo el nombre «Boanerges», significando hijos del trueno, por su impetuosidad.

En los evangelios se relata que Santiago tuvo que ver con el milagro de la hija de Jairo. Fue uno de los tres Apóstoles testigos de la Transfiguración y luego Jesús le invitó, también con Pedro y Santiago, a compartir más de cerca Su oración en el Monte de los Olivos.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva. Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España. Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana, y luego a la ciudad romana de César Augusto, hoy conocida como Zaragoza. La Leyenda Aurea de Jacobus de Voragine nos cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y sólo siete personas se convirtieron al Cristianismo. Éstos eran conocidos como los «Siete Convertidos de Zaragoza». Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar. Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

En los Hechos de los Apóstoles descubrimos fue el primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el 25 de marzo de 41 dC (día en que la liturgia actual celebra La Anunciación). Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a Santiago por lo que también fue decapitado. Santiago es conocido como «el Mayor», distinguiéndolo del otro Apóstol, Santiago el Menor.

La tradición también relata que los discípulos de Santiago recogieron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia (extremo norte-oeste de España). Sus restos mortales están en la basílica edificada en su honor en Santiago de Compostela. En España, Santiago es el más conocido y querido de todos los santos. En América hay numerosas ciudades dedicadas al Apóstol en Chile, República Dominicana, Cuba y otros países.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como «una antigua y piadosa creencia».

Numerosos Milagros de la Virgen del Pilar

En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: «Creemos que ninguno de los católicos de Occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un Templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros».

El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640)  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Un día años más tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.

________________________
Fuente:
[1] Ágreda, Madre Sor María de Jesús, “Mística Ciudad de Dios.” Tercera Parte, Libro 7, Capítulo 17, Nº 352.
https://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_el_Mayor 
https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral-Bas%C3%ADlica_de_Nuestra_Se%C3%B1ora_del_Pilar_de_Zaragoza
P. Ángel Peña O.A.R. Lima, Perú, 2001. APARICIONES Y MENSAJES DE MARÍA, Primera Parte, Apariciones Aprobadas por la Iglesia”.

Los Magos de Oriente ((6 de enero))

Epifanía

La adoración de los Magos es como el comienzo de la Iglesia de los gentiles, de los que no somos judíos, el comienzo de la procesión de los pueblos hacia el Dios de Israel.

Cuando salieron de su casa o palacio, todo el mundo les decía a los Magos que ese viaje era una locura, suponía dejar su comodidad y su seguridad a cambio de seguir una señal débil: una estrella, es decir, un destino incierto. Así es la vocación.

San Mateo dice: “Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá durante el gobierno del rey Herodes, unos Magos vinieron de Oriente y se presentaron en Jerusalén diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos, que acaba de nacer? Porque hemos visto en Oriente su estrella y venimos a adorarle” (2,2). Los Magos se desconciertan cuando llegan a Jerusalén y nadie sabe que ha nacido el Mesías. La interpretación literal del texto del evangelio hace suponer que la estrella que los guía, aparece, avanza y se oculta, hasta lucir de nuevo.

La estrella

En el relato de San Mateo la estrella juega un papel importante. Una noche, estos sabios, tres según la tradición, Melchor, Gaspar y Baltasar[1], descubrieron una estrella misteriosa que Dios hizo brillar ante ellos, y, recordando los antiguos vaticinios, se dijeron: “He aquí el signo del gran rey; vayamos en su busca”. Es una estrella que vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino a Belén, se mueve delante de ellos en dirección norte-sur. La estrella que conduce a los magos simboliza al mismo Jesucristo, la luz increada que ilumina a todos los hombres y los transforma.

La gente sale a la calle para ver pasar la regia comitiva. A la escena exótica se junta una pregunta desconcertante “¿Dónde está el nacido rey de los judíos?”. (Mt 2,2). Se turbó Herodes y, con él, toda Jerusalén. Ante la grandeza de Dios no faltan personas que se escandalizan; porque no conciben otra realidad que la que cabe en sus limitados horizontes. Mientras los magos estaban en Persia -escribe San Juan Crisóstomo- no veían sino una estrella; pero cuando abandonaron su patria, vieron al mismo sol de justicia.

Informes de Herodes

Según el testimonio del historiador Flavio Josefo, Herodes tenía una red de espías, que son los que le informan de la llegada de los Magos. Llama, pues, a los pontífices y a los escribas, es decir, a la sección del alto consejo, que le servía de norma de interpretación de la Escritura. Cuando le dicen que el Rey de los judíos debe de nacer en Belén, la respuesta debió calmar un poco las suspicacias de Herodes, pues no era fácil que en Belén, población de poca importancia, hubiese una familia tan ilustre que pudiese disputarle la corona. Creyó que lo más conveniente sería disimular “y llamó en secreto a los magos” (Mt 2,7). Después de agasajarlos hipócritamente, los despidió con una recomendación: “Id e informaos bien de ese Niño. En cuanto le hayáis encontrado, hacédmelo saber, pues también yo quiero ir a adorarle” (Mt 2,8). El colmo de su sagacidad está en querer convertir en espías y delatores a aquellos nobles extranjeros que se confiaban a él.

Los Magos quedan perplejos cuando aparece de nuevo la estrella y se detiene en un lugar pobre de Belén, en un pesebre donde sólo hay gente sencilla. Se dieron cuenta de que ese Dios de infinita majestad nace en un lugar donde comían y descansaban los animales.

De lo que dice San Mateo se desprende que los Magos pasaron en Belén, por lo menos, una noche. Presentaron sus regalos, como lo exigía la etiqueta oriental. El oro, debió constituir una ayuda providencial para la pobreza de la Sagrada Familia.

Sus cofres se llenaron de algo más valioso que lo que llevaban: La fe en Jesús, el verdadero camino de la vida.

La visita de los Magos pone de manifiesto el alcance universal de la misión de Cristo, que viene a realizar una tarea que afecta no sólo a Israel, sino a todos los pueblos. Jesús es el Emmanuel anunciado por Isaías y los demás profetas. La presencia de los Magos fue una ráfaga de gloria sobre la infancia de Jesús.

La mística italiana, Luisa Picarreta, nos comunica que Jesús Niño, les obtuvo a los Magos tres efectos: Con el amor obtuvieron el desapego de ellos mismos, con la belleza obtuvieron el desprecio de las cosas terrenas, y con la potencia quedaron sus corazones unidos al Niño y obtuvieron el valor de arriesgar la vida y la sangre por Él (cfr. Libro del Cielo, 4,46).

Un poeta contemporáneo escribe: Al principio Dios quiso poner un pesebre y creó el universo para adornar la cuna. “La Navidad no es un aniversario, ni un recuerdo. Tampoco es un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma. A nosotros sólo nos pide que le reservemos un rincón limpio (…) que abramos las ventanas y miremos al cielo por si pasaran de nuevo los Magos; que son verdad, que existen, y vienen siguiendo la estrella de entonces, camino del mismo portal” (Cf. E. Monasterio, El Belén que puso Dios, Ed. Palabra, España 1996, p. 9).


[1] Los Magos aparecen por primera vez con nombre en un manuscrito del siglo VII, que se encuentra en la Biblioteca Nacional Francesa. En el siglo IX son nombrados como Melchor, Gaspar y Baltasar en un mosaico de Rávena (MIGNE II, 14).

Misa exequial por el Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI

El día 5, a las 9:30, el Papa Francisco celebrará en la Plaza de San Pedro la misa exequial por Benedicto XVI.

Concelebrarán más de 400 obispos y cuatro mil sacerdotes. Ya hay más de 600 periodistas acreditados. Las oraciones por el Pontífice emérito y todos los ritos que precederán y seguirán al funeral, serán transmitidos en directo por televisión.

Para el funeral de Benedicto XVI se espera a las delegaciones oficiales de Alemania e Italia, así como a numerosos representantes ecuménicos, entre ellos los Metropolitas Emmanuel de Calcedonia y Policarpo de Italia, por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, y el Metropolitano Antonio de Volokolamsk, presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú. Y luego obispos de muchas Iglesias ortodoxas de Europa, América y Asia. También estará presente el moderador del Consejo Ecuménico de las Iglesias, el obispo Heinrich Bedford-Strohm.

Al final de la Celebración Eucarística, el Papa Francisco presidirá el rito de la Ultima Commendatio (la última recomendación) y la Valedictio (la despedida). A continuación, el féretro del Pontífice emérito será trasladado a la Basílica de San Pedro y, posteriormente, a las Grutas Vaticanas para su entierro. Durante un rito, de forma privada, se colocará una cinta alrededor del féretro, con sellos del Capítulo de San Pedro, de la Casa Pontificia y de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas. A continuación, el ataúd de ciprés se colocará dentro de un ataúd de zinc más grande que se soldará y sellará. Este féretro de zinc se colocará a su vez en una caja de madera, que se colocará en el lugar que antes ocupaba, hasta la beatificación, el féretro de San Juan Pablo II.

Librito de la celebración.

Joseph Ratzinger, el hombre que no supo reinar (pero sí apartarse)

Jesús Bastantereligión digital

Se fue como renunció. Sin hacer ruido, sin querer ser protagonista, pese a que desde que dimitiera como Papa, en febrero de 2013, abriendo una puerta inédita en la historia moderna de la Iglesia, muchos intentaron utilizarle como ariete contra las reformas de su sucesor, Francisco. Benedicto XVI ya es historia: acaba de fallecer, pocos meses antes de cumplir los 96 años, después de complicaciones respiratorias agravadas por mor de su edad, agravadas durante los días previos a la Navidad.

Aunque no hay estatuto del Papa emérito, se prevé que sus exequias sean similares a los de la muerte de un Papa en ejercicio: nueve días de luto, entierro en la cripta y funeral de Estado. Eso sí: no habrá cónclave. No hay que elegir sucesor de Pedro. Y no hay que hacerlo porque el 11 de febrero de 2013, en latín y sin avisar (de hecho, sólo la periodista de ANSA se percató de lo que había dicho), Joseph Ratzinger anunciaba su renuncia al trono del Vaticano. Una renuncia inédita en la historia moderna de la Iglesia católica (el último en hacerlo fue Celestino V, el Papa ermitaño, en 1296), y que marcó un antes y un después en el futuro de los papas. Hoy, nadie duda de que Francisco, llegado el momento, dimitirá. De hecho, sus problemas en la rodilla han desatado multitud de rumores.

Que la renuncia de un Papa sea el hito más relevante de un pontificado dice mucho del estado de salud de la Iglesia católica que gobernó Benedicto XVI entre 2005 y 2013, tras el espectacular pontificado de Juan Pablo II. Ocho años marcados por los escándalos (las filtraciones de documentos vaticanos, en dos tandas -los famosos ‘Vatileaks-, pusieron negro sobre blanco la corrupción en la curia vaticana y las luchas de poder en la Santa Sede) y con el estallido de la pederastia a nivel mundial.

Ratzinger, que gobernó con mano de hierro, durante décadas, la todopoderosa Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición), condenando a teólogos progresistas y señalando que, fuera de la Iglesia católica, no había salvación, no supo ejercer el mando de una institución cuando llegó a dirigirla como Papa. Quienes le conocen, asumen que lo hizo porque no le quedaba otro remedio, tras la muerte de Karol Wojtyla.

Aunque Ratzinger, durante los últimos años de Juan Pablo II, se empeñó por estudiar los principales escándalos de pederastia clerical, y poco después de ser elegido, sorprendía a todos condenando al depredador mexicano (y fiel consejero del Papa polaco) Marcial Maciel, lo cierto es que, a partir de 2010, con la progresiva sucesión de casos en todo el mundo, Benedicto XVI se vio desbordado, y lo que es peor, con poco apoyo en una Curia que tenía más que esconder que soluciones que aportar.

Un informe de 300 páginas encargado por el Papa a tres cardenales (entre ellos, el español Julián Herranz), y que se mantiene guardado bajo siete llaves, dicen que marcó la decisión del Papa alemán de renunciar, al no «sentirse con fuerzas» de seguir gobernando la Barca de Pedro, tal y como él mismo aseguró el día de su renuncia. De hecho, Ratzinger muere sin dar cuentas, como estaba previsto, ante la justicia alemana por un supuesto caso de encubrimiento de un sacerdote abusador cuando era arzobispo de Múnich a finales de los setenta. El caso estaba previsto juzgarse entre enero y marzo, y el Papa emérito ya no podrá explicarse.

Benedicto XVI quiso apartarse del mundo, y lo hizo. No quiso interferir -hubiera podido hacerlo- en la elección de su sucesor, y jamás quiso intervenir en los complots organizados por sectores ultraconservadores, que en el fondo consideraban que la renuncia de Ratzinger era inváida y él, y solo él, seguía siendo el Papa, mientras que Bergoglio no era más que un usurpador. Las reformas que, poco a poco, viene implementando Francisco, algunas de las cuales venían a enmendar parte del legado de Ratzinger, no fueron contestadas por éste, aunque es cierto que dejó que algunos de sus más estrechos colaboradores (desde su fiel secretario, Georg Ganswein, hasta cardenales ultras como Sarah -con quien escribió, dicen que engañado, un libro ‘a cuatro manos’ contra la apertura a otras realidades familiares- o Müller) utilizaran su cercanía al Papa alemán para aarremeter contra el argentino.

Desde su renuncia, y tras una breve estancia en Castelgandolfo (la residencia veraniega de los papas), Benedicto XVI vivía en el monasterio Mater Ecclesiae, en los jardines vaticanos, acompañado por cuatro consagradas y su fiel Ganswein. Francisco le ha visitado muy a menudo a lo largo de estos años, aunque en los últimos tiempos Ratzinger evitaba el contacto público. Apenas se le concen salidas en los dos últimos años, especialmente desde que enterró a su hermano Georg, fallecido en su Baviera natal, en lo que muchos interpretaron como un viaje de despedida. La última imagen oficial de Benedicto XVI se dio este 1 de diciembre.

FUISTE AMADO

A raíz del pontificado saliente, afectuoso e incluso revolucionario de San Juan Pablo II, el cardenal Joseph Ratzinger fue arrojado bajo una larga sombra cuando asumió el trono de Pedro. Pero lo que pronto marcaría el pontificado de Benedicto XVI no sería su carisma o humor, su personalidad o vigor; de hecho, era tranquilo, sereno, casi incómodo en público. Más bien, sería su teología inquebrantable y pragmática en un momento en que la Barca de Pedro estaba siendo atacada tanto desde dentro como desde fuera. Sería su percepción lúcida y profética de nuestros tiempos la que parecía despejar la niebla ante la proa de este Gran Barco; y sería una ortodoxia que demostrara una y otra vez, después de 2000 años de aguas a menudo tormentosas, que las palabras de Jesús son una promesa inquebrantable:

Te digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y los poderes de la muerte no prevalecerán contra ella. (Mateo 16:18)

El papado de Benedicto XVI no sacudió al mundo tal vez como su predecesor. Más bien, su papado será recordado por el hecho de que el mundo no lo sacudió.

De hecho, la fidelidad y la fiabilidad del cardenal Ratzinger eran legendarias cuando se convirtió en Papa en 2005. Recuerdo que mi esposa entró en el dormitorio donde todavía estaba durmiendo, despertándome con noticias inesperadas esa mañana de abril: «¡El cardenal Ratzinger acaba de ser elegido Papa!» Volví mi rostro hacia la almohada y lloré de alegría, una alegría inexplicable que duró tres días. El sentimiento abrumador era que a la Iglesia se le estaba dando una extensión de gracia y protección. De hecho, fuimos invitados a ocho años de hermosa profundidad, evangelismo y profecía de Benedicto XVI.

En 2006, fui invitado a cantar Song for Karol en el Vaticano para celebrar la vida de Juan Pablo II. Se suponía que Benedicto XVI asistiría, pero sus comentarios sobre el Islam sacudieron sables en todo el mundo que potencialmente pusieron su vida en peligro. No vino. Pero ese asunto resultó en un encuentro inesperado con Benedicto XVI al día siguiente, donde pude poner mi canción en sus manos. Su respuesta sugirió que debía haber visto la celebración de la noche en un circuito cerrado de televisión. Qué surrealista y abrumador estar en presencia del sucesor de San Pedro… y, sin embargo, el intercambio inesperado fue completamente humano (leer Un día de gracia).

Momentos antes, había visto cómo entraba en la sala al grito de los peregrinos y, casi impermeable a la bienvenida de la estrella de rock, vagaba por el pasillo con una humildad y serenidad inolvidables, y esa legendaria torpeza que hablaba de un hombre más cómodo entre libros filosóficos que admiradores burbujeantes. Pero su amor y devoción por cualquiera de los dos nunca ha estado en duda.

El 10 de febrero de 2013, sin embargo, me senté en silencio aturdido mientras escuchaba al Papa Benedicto anunciar su renuncia al papado. Durante las siguientes dos semanas, el Señor pronunció una «palabra ahora» inusualmente fuerte y persistente en mi corazón (semanas antes de escuchar el nombre del cardenal Jorge Bergoglio por primera vez):

Ahora estáis entrando en tiempos peligrosos y confusos.

Esa palabra se ha hecho realidad en tantos niveles, que he escrito literalmente el equivalente a varios libros aquí para navegar por las aguas cada vez más traicioneras de una Gran Tormenta que se ha desatado sobre el mundo entero. Pero aquí nuevamente, las mismas palabras y enseñanzas de Benedicto han servido como un faro en la Tormenta, un faro profético seguro y un ancla para la Palabra del Ahora y un sinnúmero de otros apostolados católicos en todo el mundo (por ejemplo. Falta el mensaje… de un profeta papal y en la víspera).

La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue establecida por el Señor en el Cenáculo en los términos más claros: «Tú… fortalece a tus hermanos» (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de nuevo esta prioridad en su primera carta: «Estad siempre preparados para defender a cualquiera que os llame a dar cuenta de la esperanza que hay en vosotros» (1 P 3, 15). En nuestros días, cuando en vastas áreas del mundo la fe está en peligro de extinguirse como una llama que ya no tiene combustible, la prioridad absoluta es hacer presente a Dios en este mundo y mostrar a los hombres el camino hacia Dios. No cualquier dios, sino el Dios que habló en el Sinaí; a ese Dios cuyo rostro reconocemos en un amor que presiona «hasta el extremo» (cf. Jn 13, 1), en Jesucristo, crucificado y resucitado. El verdadero problema en este momento de nuestra historia es que Dios está desapareciendo del horizonte humano y, con el oscurecimiento de la luz que viene de Dios, la humanidad está perdiendo su orientación, con efectos destructivos cada vez más evidentes. Conducir a los hombres y mujeres a Dios, al Dios que habla en la Biblia: esta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en el momento actual. —Carta de Su Santidad el Papa Benedicto XVI a todos los obispos del mundo, 10 de marzo de 2009; vatican.va

Sin embargo, incluso los momentos de profunda gratitud y dolor por un Papa tan fiel, o un futuro de incertidumbre, nunca deben socavar nuestra fe en Jesús. Es Él quien construye la Iglesia, «Mi iglesia», dijo.

Cuando vemos esto en los hechos de la historia, no estamos celebrando a los hombres, sino alabando al Señor, que no abandona a la Iglesia y que quiso manifestar que Él es la roca a través de Pedro, la pequeña piedra de tropiezo: «carne y sangre» no salvan, pero el Señor salva a través de los que son carne y hueso. Negar esta verdad no es un plus de fe, no es un plus de humildad, sino que es rehuir la humildad que reconoce a Dios tal como es. Por lo tanto, la promesa petrina y su encarnación histórica en Roma siguen siendo en el nivel más profundo un motivo de alegría siempre renovado; Los poderes del infierno no prevalecerán contra él —Cardenal Ratzinger (PAPA BENEDICTO XVI), Llamado a la Comunión, Comprender la Iglesia Hoy, Ignatius Press, p. 73-74

Esto se hizo eco en el sucesor de Benedicto:

Muchas fuerzas han intentado, y todavía lo hacen, destruir la Iglesia, tanto desde fuera como desde dentro, pero ellas mismas son destruidas y la Iglesia permanece viva y fructífera… Ella sigue siendo inexplicablemente sólida … Reinos, pueblos, culturas, naciones, ideologías, potestades han pasado, pero la Iglesia, fundada en Cristo, a pesar de las muchas tormentas y nuestros muchos pecados, permanece siempre fiel al depósito de la fe mostrada en el servicio; porque la Iglesia no pertenece a los papas, obispos, sacerdotes, ni a los fieles laicos; la Iglesia en todo momento pertenece únicamente a Cristo. —PAPA FRANCISCO, Homilía, 29 de junio de 2015 www.americamagazine.org

Estoy seguro de que este es el mensaje perdurable al que Benedicto nos quiere aferrar, sin importar cuán tormentosos se vuelvan nuestros días. Papas y padres, nuestros hijos y cónyuges, nuestros amigos y familiaridades vendrán y se irán… pero Jesús está conmigo ahora, a mi lado, y esa es una promesa tan segura como cualquier cosa que le dijo a Pedro.

He aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo. (Mateo 28:20)

Cuando mi madre falleció hace varios años, yo tenía solo 35 años, ella tenía 62. La repentina sensación de ser abandonado era palpable, desorientadora. Tal vez algunos de ustedes puedan sentirse así hoy: un poco abandonados en la Iglesia Madre con la extinción de una de las llamas más brillantes del siglo. Pero aquí, también, Jesús responde:

¿Puede una madre olvidar a su bebé, estar sin ternura por el niño de su vientre? Incluso si ella lo olvida, nunca te olvidaré. Mira, en las palmas de mis manos te he grabado… (Isaías 49:15-16)

Después de todo, Benedicto XVI no se ha ido. Él está más cerca de nosotros ahora que nunca en el Único y místico Cuerpo de Cristo.

No podemos ocultar el hecho de que muchas nubes amenazadoras se están acumulando en el horizonte. Sin embargo, no debemos desanimarnos,
sino que debemos mantener viva la llama de la esperanza en nuestros corazones.

PAPA BENEDICTO XVI, Agencia Católica de Noticias, 15 de enero de 2009