Inculcar un sentido cristiano a la sociedad

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo pudiera ser salvo a través de él. Él vino al mundo para que los hombres pudieran tener luz y dejar de luchar en las tinieblas, y, teniendo luz, pudiera hacer del mundo un lugar donde todas las cosas sirvieran para dar gloria a Dios y ayudar al hombre a alcanzar su fin último. Y la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la recibió. Estas son palabras actuales para una buena parte del mundo, que continúa en la oscuridad más completa, porque fuera de Cristo los hombres nunca alcanzarán la paz, ni la felicidad, ni la salvación. Fuera de Cristo sólo hay oscuridad y pecado. Quien rechaza a Cristo se queda sin luz y ya no sabe qué camino tomar. Está desorientado en su ser más íntimo.

Durante siglos, muchas personas separaron sus vidas (trabajo, estudio, negocios, investigación, pasatiempos…) de la fe; y, como consecuencia de esta separación, las realidades temporales fueron distorsionadas, como si estuvieran fuera de la luz de la Revelación. Al carecer de esta luz, muchos han llegado a considerar el mundo como un fin en sí mismo, sin ninguna referencia a Dios, por lo que han distorsionado incluso las verdades más elementales y básicas. De manera particular, en los países occidentales esta separación debe corregirse, «porque muchas generaciones se están perdiendo para Cristo y para la Iglesia en estos años, y porque desafortunadamente desde estos lugares se están enviando al mundo entero las malas hierbas de un nuevo paganismo. Este paganismo contemporáneo se caracteriza por la búsqueda del bienestar material a toda costa, y por el correspondiente olvido -mejor dicho miedo, verdadero pavor- de todo lo que puede causar sufrimiento. Con esta perspectiva, palabras como Dios, pecado, cruz, mortificación, vida eterna…, son incomprensibles para un gran número de personas, que desconocen su significado y contenido. Habéis contemplado la asombrosa realidad de que muchos quizás comenzaron poniendo a Dios entre paréntesis, en algunos detalles de su vida personal, familiar y profesional; pero, como Dios exige, ama, pide, terminan arrojándolo -como un intruso- fuera de las leyes civiles y de la vida del pueblo. Con una arrogancia ridícula y presuntuosa, quieren elevar a la pobre criatura a su lugar, habiendo perdido su dignidad sobrenatural y su dignidad humana, y reducida -no es exagerado: es visible en todas partes- al vientre, al sexo, al dinero».

El mundo permanece en tinieblas si los cristianos, por falta de unidad de vida, no iluminan y dan sentido a las realidades concretas de la vida. Sabemos que la actitud de los verdaderos discípulos de Cristo, y específicamente de los laicos, hacia el mundo no es de separación, sino de estar inmersos en sus entrañas, como la levadura en la masa, para transformarlo. El cristiano que es coherente con su fe es la sal que da sabor y preserva de la corrupción. Y para ello cuenta, sobre todo, con su testimonio en medio de sus tareas ordinarias, realizadas de manera ejemplar. «Si los cristianos viviéramos verdaderamente en conformidad con nuestra fe, la mayor revolución de todos los tiempos tendría lugar… ¡La eficacia de la co-redención también depende de cada uno de nosotros! -Medita en ello.» ¿Vivo la unidad de la vida en cada momento de mi existencia: trabajo, descanso…?

https://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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