La Biblia y la misión del hombre

Karen Lorenzo, desde Jerusalén

Karen explica: Yo traté de ser feliz sin Dios y no lo logré. Me dijeron: “Prueba y verás qué bueno es el Señor”. Probé, lo hice con incredulidad y fue la mejor decisión de mi vida. Tenemos un concepto equivocado de quién es Dios. Primero debemos descubrir que Dios es un Dios de libertad, de misericordia. Tenemos que cambiar los prejuicios que tenemos en contra de Dios. Me convertí leyendo a Ratzinger.

Cuestionarnos: ¿Cuál es mi misión? es la acción, crecer, dar fruto: “sean fructíferos” dice el Génesis. Para crecer y dar fruto, para unirme con mi Creador y descubrir mi propósito, es decir, para qué fui creada. En Génesis 2 dice que Dios formó al hombre del barro de la tierra y el hombre se convirtió en un alma viva. Antes de terrenal el ser humano es espiritual. Yo no fui creado para este mundo terrenal sino para vivir en la eternidad con Dios. Los santos han entendido esto, dentro de mi está la persona que va a vivir con su Padre por toda la eternidad. No estoy llamada sólo a existir sino para estar vivo. Cada día podemos crecer en muchos aspectos, sobre todo, podemos engrandecer nuestro espíritu. ¿Para qué? Para ser ssnto. ¿Qué es la santidad? Dios me dice: “Sé santo para mí”. Yo fui diseñado para ser hijo de Dios. Fuiste creado para ser diferente a los demás (cfr, Lev 20,26). Dios es un Padre que me dice: Quiero que seas semejante a mí, que soy santo.

Sobre laicos. Se le atribuye al Papa Francisco pero no es de él.

“Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas. Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos. Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad.  Necesitamos santos que busquen tiempo para rezar cada día y sepan enamorarse en la pureza y castidad, o que consagren su castidad…”. Necesitamos santos que estén en medio del mundo, que tomen una cerveza o una pizza con sus amigos”.

La santidad está en la intención con que hacemos las cosas. El pueblo de Israel nos ha dado ejemplo de santidad fallando y fallando. El pueblo hebreo es una imagen de la humanidad porque falla y falla, y vuelve a fallar. Si hubiera sido un pueblo perfecto, no nos daría ánimo de ser santos.

¿Qué pide Dios de mí? Certeza de que todo tiene un propósito, Dios pide confianza y acción.

Dios le habla a Moisés, y le dice que está equipado por las virtudes (Ex 19: Estén preparados y no se lleguen a mujer alguna). ¿Qué pide Dios de mí? Pureza, deseo de cambiar y acción. En esta alianza bilateral no se trata sólo de recibir, sino también de dar. La buena noticie es que Dios hace el resto.

Hebreos 12,1-3. Sacudámonos todo lastre y el pecado que nos asedia.

Isaías 52, 2-4: “Despierta, despierta, vístete de tu fortaleza…”. Hay quien no quiere acercarse a Dios por miedo.

Wil Smith dice en una película: “El miedo no es real. El único lugar en donde puede existir es en nuestro pensamiento sobre el futuro. Es producto de nuestra imaginación, que nos hace temer cosas que no existen en la actualidad y que quizás nunca existan. Eso es casi una locura. No me malinterpretes, el peligro es muy real pero el miedo es una elección”. Hay que controlar ese pensamiento. Nos da miedo que Dios nos ame.

El pueblo de Israel permanece 40 años en el desierto para que dejaran allí los cadáveres del miedo, la pereza, mediocridad, conformismo y duda. Ya no estamos en tiempo de nadar entre nuestros cadáveres.

Dios le dice a Josué: Sé fuerte y muy valiente para custodiar y llevar a la práctica toda la ley … no te desvíes ni a derecha ni a izquierda (Js 1,3-7). Vuelve a repetir: ¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? No te acobardes que el Señor está contigo (Josué 1,9). ¿Y quién me da esa fortaleza? Dios. El que no quiere oír la palabra de Dios comete una gran necedad.

El Levítico dice que hemos de ser santos, el llamado es el mismo pero Jesucristo nos lo hace accesible. La Historia de la Salvación es una, no hay raíz separada de las ramas. Toda ella, conforme la vamos viviendo, vamos comprendiendo el camino de la santidad. Todo es parte de una historia que tenemos que vivir, debemos entender toda la historia, el AT y el NT. No podemos conocer el árbol viendo sólo las ramas.

Anhelar la unión con Dios debe ser nuestro principio fundamental. Cuando nos perdemos, regresemos a Dios. Si he tenido un encuentro con mi Creador, el anhelo de la unión va aumentando. La santidad es individual, cada uno va a ser santo. Descubrir quién soy y qué quiere Dios de mí. La elección es irrevocable. ¿Qué te dio Jesús? Es muy personal. Me trajo de regreso a los brazos de Dios Padre. Hay que dar el primer paso, decir una simple oración: “Señor, ¡quiero despertar! Me llamas a la acción”. Empieza a leer la Biblia.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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