Hace 40 años el Padre Bergoglio descubría su cuerpo incorrupto

y hoy va rumbo a los altares

El hoy Papa Francisco fue testigo excepcional del milagroso hallazgo

Era conocida la fama de santidad del padre Mauricio. 25 años habían pasado de su fallecimiento, y su legado como formador jesuita y como querido sacerdote predicador y confesor en los distintos destinos en los que estuvo trascendía los años. Sus restos descansaban en el Pantéon del Colegio Máximo, en San Miguel, cuando fueron exhumados. Era el 15 de enero de 1979.

El cajón de zinc estaba prácticamente desintegrado. No así su cuerpo. Flexible e íntegro. Tres médicos confirmaron esto. Y 15 días después, cuando se le dio nueva sepultura, le tocó al provincial jesuita de aquel entonces, el padre Jorge Bergoglio, ratificarlo: “Doy fe y juro por Dios nuestro Señor que durante estos días que van desde su exhumación hasta el día de hoy, el cadáver del R.P. Mauricio Jiménez no fue sometido a ningún tratamiento que conservara su incorrupción. Igualmente, en el ataúd de zinc en el que se lo acaba de poner no se ha colocado ningún elemento de este tipo”.

Cinco años después, cuando el padre Bergoglio era Rector del Colegio Máximo, le tocó a él presentar, como vicepostulador, el inicio del proceso de investigación con miras a una eventual beatificación y canonización del Siervo de Dios Padre Mauricio Jiménez Artiga, SJ.

33 años después, en marzo de 2018, los restos del padre Mauricio fueron trasladados a la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, del barrio de Villa Trujui, misionado por los padres jesuitas desde su inicio y a cargo suyo, a 30 cuadras del Máximo. Allí se reza con especial devoción por su pronta beatificación, en particular cada 8 de mes, junto con la devoción a la Virgen que Desata los Nudos.

Formador de discípulos misioneros, como se le suele recordar, nació en Castilruiz, Soria, España, el 22 de setiembre de 1881. De niño fue un humilde pastorcito que fue aprendiendo a amar a la Virgen rezando el rosario en la ermita de Nuestra Señora de Ulagares, patrona del pueblo, a la que tuvo presente siempre hasta en su última carta. Ingresó al noviciado jesuita, y fue ordenado sacerdote el 27 de julio de 1913 en el Colegio Máximo de Dertos, de Tarragona. Se destacó en España como formador, misión para la que se entregó en Sudamérica, donde se lo necesitaba. Llegó a la Argentina en 1930.

Por 18 años fue Maestro de Novicios en Córdoba, de ese país, donde además fue Rector del Colegio de la Sagrada Familia en dos ocasiones. Pero su celo apostólico iba mucho más allá de los futuros jesuitas, a partir de una inmensa obra educativa, hospitalaria, de ejercicios espirituales, etc. Continuó su labor en Montevideo, durante 4 años, y luego en Buenos Aires, como “soldado raso”, sin puestos de mando, circunstancia que disfrutaba mucho, donde vivió hasta su muerte, el 8 de diciembre de 1954, centenario del Dogma de la Inmaculada Concepción. Poco antes de morir, al recibir la extremaunción, proclamó en voz baja “Que alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor”.

Modelo de sacerdote, hombre de paz, dispuesto a la escucha de Dios y de los demás, devoto y promotor de la devoción a la Virgen María, el testimonio del padre Mauricio sobrevivió no solo en aquel de quienes lo conocieron, sino en sus cartas y escritos.

El Padre Julio Merediz, quien fuera vicepostulador del santo Cura Brochero, y ahora lo es del Padre Mauricio, conoció al siervo de Dios y llevó siempre una labor pastoral muy importante en la zona donde descansan hoy sus restos. En una reciente conferencia en la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo recordó estas bellísimas palabras del padre Mauricio, predicadas en una meditación con motivo de la Fiesta del Sagrado Corazón:

“En el corazón de Jesús amamos a todos los hombres. Si excluyéramos a uno solo no estaríamos en ese corazón. En ese corazón ningún infortunio humano nos puede dejar indiferentes. Ninguna explotación del hombre por el hombre podrá sernos tolerable aún.

Corazón fuerte como las olas sin riberas. Corazón en quien los pecadores y publicanos encuentran perdón. Corazón que todo lo sabe. Corazón poderoso en su misericordia. Corazón donde arden las profundidades del fervor de todas las ansias nobles, a él le pedimos “enséñanos a amar”.

Corazón, Corazón, ultima instancia de toda la historia humana. Corazón, garantía absoluta de las promesas de Dios, enséñanos la esperanza. Corazón, que permanece invariable en su entera fidelidad, independientemente de todos los abandonos y traiciones nuestras de nuestra debilidad humana, corazón firme como roca eterna, garantía absoluta de todas las cosas, haz definitiva(mente) fiel nuestra fe.

Por eso, la cruz es el signo de un amor que supera todas las tentaciones y todas las dudas. Y todas las separaciones, porque en nuestra historia de pecado, la misericordia del corazón de Jesús nos cubre todo”.

En la última festividad de San Ignacio de Loyola, el 31 de julio, tuvo lugar en el Obispado de San Miguel la conclusión de la fase diocesana del proceso de beatificación del Padre Mauricio Jiménez SJ. Según se informó, los documentos y el trabajo de la Comisión Histórica serán entregadas en la Congregación para las Causas de los Santos, en Roma.

Guardar la vista es guardar el corazón

Una mujer decía: Quiero ser siempre leal a mi marido y que él también lo sea conmigo. Y recordó un viejo consejo: Quien guarda la vista, guarda el corazón. Efectivamente, por los ojos entran las cosas deseables, sean convenientes o inconvenientes. Educar la mirada es una lucha importante, que influye en la calidad de nuestro mundo interior.

No podemos ver todo, mirar todo, no podemos oír todo. Lo que miramos influye en nuestro mundo interior. Aprender a mirar es también aprender a no mirar. Todo lo que penetra a nuestros sentidos, penetra en nuestra conciencia. La mirada limpia es importante porque, si no hay castidad y pureza no se da el amor.

La mirada no es solamente un acto físico; es una acción humana, que expresa las disposiciones del corazón. Hay miradas de amor y de indiferencia: miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, y miradas cegadas por el egoísmo.

En los siglos III, IV y V de nuestra era tenía un gran prestigio ser Padre del desierto. Una sentencia de los Padres del desierto era: «La guarda del corazón, el examen de sí mismo y el discernimiento, son las tres virtudes que guían al alma».

El corazón se guarda para el novio o la novia y para el futuro cónyuge, o bien para Dios. Guardar el corazón es, sobre todo, cultivar un amor tierno a Jesucristo.

La lucha tiene un frente dentro de nosotros mismos, el frente de las pasiones. Se trata de guardar el corazón de lo malo, pero no se trata de guardarlo por guardarlo. Podemos experimentar la rebelión del cuerpo, pero para eso están la inteligencia y la voluntad. Al tratar a Dios no prescindimos de los afectos del corazón; más aún, procuramos centrarlos en Él. Hay que procurar una oración cálida, huir de la frialdad de corazón y del sentimentalismo.

Salvador Canals dice: Guardar el corazón quiere decir conservarlo para Dios, vivir de modo que nuestro corazón sea su reino… Guardar el corazón quiere decir también amar con pureza y con pasión a quienes debamos amar, y excluir al mismo tiempo los celos, las envidias y las inquietudes, que son causas ciertas de desorden en el amar. Si imaginamos al corazón como un campo de batalla, podemos decir que esa ciencia enseña a vivir continuamente como los centinelas en las avanzadas.

Verdad es que el camino no es fácil, pero cuando el corazón ha alcanzado la purificación completa, Dios nuestro Señor, con su presencia y con su amor, ocupa el alma y todas sus potencias: memoria, inteligencia, voluntad. Y de este modo la pureza del corazón conduce al hombre a la unión con Dios.

En la escuela del corazón podemos aprender, en un instante, más cosas de cuantas nos puedan enseñar en un siglo los maestros de la tierra. Sin la guarda del corazón, por más que queramos empeñarnos, no llegaremos nunca a la santidad (Salvador Canals, Ascética meditada, Ediciones Rialp, 1962).

La gente suele decir que el amor es ciego. El ciego no es el amor sino el odio, que muchas veces no permite ver las grandes virtudes de los demás.

¿De qué les hablaría San Juan Pablo II a los franceses? Ellos presumen de ser fuertes en el amor. Pues de eso les habló en su viaje a Francia: Toda la historia de la humanidad es la historia de la necesidad de amar y de ser amados… El corazón es la apertura de todo el ser a la existencia de los demás, la capacidad de adivinarlos, de comprenderlos. Una sensibilidad así, auténtica y profunda, hace vulnerable. Por eso, algunos se sienten tentados a deshacerse de ella, encerrándose en sí mismos… Jóvenes de Francia: ¡Alzad más frecuentemente los ojos hacia Jesucristo! El es el Hombre que más ha amado, del modo más consciente, más voluntario, más gratuito… ¡Contemplad al Hombre-Dios, al hombre del corazón traspasado! ¡No tengáis miedo! “Jesús no vino a condenar el amor, sino a liberar el amor de sus equívocos y de sus falsificaciones. Fue él quien transformó el corazón de Zaqueo, de la Samaritana y quien realiza, hoy todavía, por todo el mundo, parecidas conversiones. Me imagino que esta noche, Cristo murmura a cada uno y a cada una de entre vosotros: “¡Dame, hijo mío, tu corazón!”. Yo lo purificaré, yo lo fortaleceré, yo lo orientaré hacia cuantos lo necesitan: tu propia familia, tu comunidad, tu ambiente social… El amor exige ser compartido”. Sin Dios el hombre pierde la clave de sí mismo, pierde la clave de su historia. Porque, desde la creación, lleva en sí la semejanza de Dios” (nn. 5 y 6).

Consulta de una madre soltera en aflicción

Tengo una preciosa hija, Valery, acaba de cumplir los 3 meses de edad y ha sido una enorme bendición para mí. La parte triste y difícil es que mi hija nació fuera del matrimonio. Manuel y yo fuimos novios hace 3 años, a pesar del poco tiempo que estuvimos juntos (3 meses), yo me enamoré perdidamente de él. El cumplía con todas las expectativas que yo esperaba de un hombre, trabajador, responsable, educado, deportista, divertido, con una buena autoestima, sin ningún vicio, con una familia unida y de pilón me encantaba físicamente. Manuel decidió terminar la relación con el argumento de que nos tratáramos como amigos para ver si las cosas se volvían a dar. Ingenuamente, yo viví durante estos tres años esperando que las cosas se dieran entre nosotros nuevamente. El tuvo dos noviazgos, el primero termino y en el segundo tristemente su novia falleció, eso fue hace dos años. Yo le hablé a Manuel para darle el pésame y a partir de ese momento me empezó a invitar a cenar a comer, etc. Me dijo que me quería pero que necesitaba tiempo. Un día sin más, me habló para ir a su cuarto a recoger un regalo que me había traído de un viaje y por supuesto fui, terminamos teniendo relaciones. Era la primera vez que yo estaba con un hombre y pensé que el había sido el hombre indicado con el cual yo podía perder mi virginidad. Seguimos viéndonos y tiendo relaciones, no había nada claro y yo platiqué con él. Me alejé de él. Al cabo de unos meses nos encontramos y me invító a salir, yo seguía enamorada de él, y accedí nuevamente. Reanudamos nuestros encuentros sexuales. Después salí embarazada. Le avisé y al principio se portó bien, me dijo que no me preocupara, que nos íbamos a casar. De un día para otro cambió y me dijo que no nos íbamos a casar. Durante el embarazo decidí que el se alejara de mí. El me dijo que quería dar el apellido a su hija y estar al pendiente de ella. Yo he tratado de no involucrar la relación entre él y yo con la relación entre mi hija y su padre. En estos momentos quiero pensar en el bienestar de mi hija y no alejarla de su padre. Quisiera que Manuel se alejara para siempre de nuestras vidas y no esté aquí viniendo muy a gusto a ver a la niña y queriendo tomar decisiones como si él y yo fuéramos una pareja. El pasa una aportación mensual para los gastos de Valeria. El anda saliendo con otras personas y se que en cualquier momento va a rehacer su vida y se casará con alguien que él ame. Solo de pensar en eso, me siento fatal pero se que es la realidad. Actualmente estoy en terapia porque se que mi hija me necesita y yo ya quiero olvidar a su padre, pero me cuesta mucho trabajo porque en cierta forma tenemos comunicación por Valery. Quisiera cortarle definitivamente. El me dice que seamos amigos, que salgamos con Valery. ¿Podrá darme su punto de vista por favor? espero no haber sido muy rollera pero necesitaba platicarle como ha sido todo. Gracias Espero su comentario. Karla

Estimada NN:

Gracias por tu confianza. Esas cosas tan íntimas son las que Dios quiere que también a él le platiques a solas, en tu habitación o en una iglesia. Los hombres son así: Le piden a la mujer que se les entregue y una vez que ella cede la menosprecian. Tú vales mucho, no debes de entregarte a nadie sin que haya de por medio un matrimonio, porque sino te va a seguir pasando lo mismo. Ya cometiste un error, y luego volviste a caer en él. Manuel se da cuenta de que satisfaces su pasión pero no lo elevas, no lo llevas a Dios, a la pureza. Pienso que conviene que nunca te quedes a solas con él, que te portes más seria, amable pero que no vea que a la primera te entregas, por que los varones piensan: “Lo que haga conmigo lo va a hacer con otros”. No piensan que en realidad la mujer sólo se entrega por amor. Haz el propósito firme de no ponerte en la ocasión de volver a tener relaciones con él. No te quedes sola en un lugar como una habitación o un coche. Cuida tu cuerpo, tu alma, tu intimidad. Si eres católica, acude al sacramento del Perdón para que tengas más fuerza para decir que NO. Además, así te sentirás ligera, sin culpa.

Un abrazo con cariño.

Miranda

LOS NOMBRES HAN SIDO CAMBIADOS.

Mujer hermosa en lugar de sexy

Una mujer hermosa es una mujer que posee una belleza que se hace cada vez más definida en el trato, en la conversación y en la mirada. Su hermosura está en la forma en que camina, en su forma de hablar y se presentarse. Está en la manera en que brilla desde dentro hacia afuera. Es su alma y su chispa la que la hace hermosa. Puede ser la mujer que no notas al principio, que no siempre sobresale. No se le pone el adjetivo de “sexy”, adjetivo que se usa frívolamente.

Hay cosas que hacen que la mujer sea hermosa en lugar de sexy, como que se sabe dar a respetar, que usa un lenguaje elegante, no bajo o soez. No hay mujer más bella que la que tiene un gran corazón, no hay mujer más admirable que la que tiene dignidad; no hay mujer más elegante que la que es una dama. La mujer sabia se conoce y trata de conocer a los demás. Una mujer es feliz si se sabe valorar y valora a los que la rodean.

Su vestido es no es un mero tener extrínseco, sino una manera de completar su propia humanidad. Ve la moda como una síntesis de cuerpo y espíritu; de intimidad y exterioridad. Entendida así, convierte la apariencia y la fantasía en medios de manifestación de su espíritu, de manifestar lo bello. La moda y las preferencias de cada quien son particulares, porque el gusto es una idea indeterminada que cobra significado sólo en la exposición individual de cada sujeto.

Hay una percepción de que yo soy yo, y de que sólo yo soy yo. Pero también hay la percepción de un tú posible, de una compañía adecuada. Mi cuerpo tiene la capacidad de expresar compañía. La principal palabra humana no es el cuerpo. Si una muchacha engancha por sus piernas, allí se va a quedar el novio. Allí la persona no es percibida. Luego saldrá el ser real.

El poeta Ramón López Velarde escribió:

Suave Patria: tú vales por el río /

de las virtudes de tu mujerío.

Eso quiere decir, puesto en prosa, que México vale por las virtudes de sus mujeres. El famoso investigador norteamericano, Patrick Fagan, dice que la fortaleza de un país depende de cómo la ciudadanía use la sexualidad: Si hay familias fuertes y personas castas, esa sociedad es como ciudad amurallada, impenetrable ante los avances del enemigo.

Una mujer valiente es la que tiene convicciones y no lleva una doble vida. Una mujer que sabe dar y recibir, es equilibrada, y, por tanto, tiene más capacidad para hacer felices a los demás. El Papa Francisco dice que “la mujer da armonía y sentido al mundo” (Febrero 2017).

Se ha difundido la convicción —totalmente embustera— de que la pureza es enemiga del amor. La pureza es la condición indispensable para poder amar, para amar de verdad, para amar fielmente. Si uno no es dueño de sí mismo, ¿cómo puede entregarse a otro? Y si dos personas se aman ¿deben esperar?… Si él y ella están profundamente enamorados, ¿no es suficiente eso para enlazarlos para siempre? No. Enamorarse es la cosa más fácil del mundo. Permanecer enamorados, lo más difícil. Hay que proteger y cultivar, por tanto, el amor. El matrimonio supone amor pero es mucho más que el amor. Es mucho más que un contrato (que es intercambio de bienes y servicios), es una alianza (tú eres mío y yo soy tuya). Es una promesa de fidelidad, porque el matrimonio pide exclusividad y duración. Todo el mundo quiere un amor duradero.

La biografía real de una persona son sus valores. “Cada uno se transforma en lo que hace”. Si un hombre asesina, y no reconoce que hizo una mala acción, y sigue asesinando, se convierte en un asesino. Ser hijo de Dios no se alcanza por nacimiento, sino que se llega a ser progresivamente con la profundización en la fe, con la escucha prolongada de la palabra de Dios, con su interiorización.