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Embarazada de un hombre casado y padre de 6 hijos

esperaba su turno en el abortorio: no la llamaron

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Lori fue adoptada y supo años después la historia de su nacimiento, que ahora transmite para ayudar a madres que estén pensando abortar.

ReL 2 mayo 2017

Lori Sealy vive en Carolina del Norte con su esposo, pastor presbiteriano, y sus dos hijos, uno de los cuales padece autismo. Es pianista, guitarrista, cantautora y oradora, y bloguera provida en Salvar el 1, donde recientemente compartió el testimonio de sus orígenes. Pudo morir abortada, pero su madre decidió en el último momento salvar su vida:

Hold my hand [Toma mi mano], canción que Lori Sealy dedica a una amiga, madre de cuatro hijos, fallecida por cáncer. (La canción empieza en el minuto 1:10.)

Testimonio de Lory Sealy
Soy adoptada y hace unos cuantos años tuve la dicha de conocer la historia de mi madre biológica.

Llegué a este mundo con unas circunstancias que eran todo menos ‘ideales’. Mi madre biológica tocaba instrumentos musicales y tuvo una relación sentimental con un hombre casado que tenía seis hijos.

No habían planeado que mi mamá quedara embarazada, pero ocurrió y se asustaron mucho. Pensaron que la mejor decisión para todos era que ella abortara. Para ellos terminar con el embarazo era mejor opción que terminar con el matrimonio de mi padre biológico y era preferible romper el corazón de un niño que aún no había nacido y al que no conocían que los corazones de seis niños.

Un error providencial… y otras providencias
Juntos fueron a la clínica abortista, entraron, se registraron, se sentaron, y esperaron… y esperaron… y esperaron. Esperaron durante una hora, pero nadie apareció.

Lo que ocurrió fue que, por un error de la recepcionista, se saltaron en la lista el nombre de mi madre biológica así que, en vez de llamarla a ella, llamaron a la siguiente en la lista.

El error de la secretaria fue sólo una de las piezas de un rompecabezas providencial que ayudó a asegurar que seguiera existiendo fuera del vientre de mi madre. Otra de las piezas de esa providencia fue que, durante su embarazo, se acordó de una lección que un día escuchó en una escuela dominical en la que había estado. El recuerdo tenía más de dos décadas. Era la lección sobre los Diez Mandamientos, una lección que ella había oído por casualidad cuando visitó a una tía que vivía en otro pueblo. Otra casualidad fue que su tía la llevase a la iglesia, algo que su familia raramente hacía.

Mientra ella se sentaba en una silla fría de metal en ese oscuro y sucio cuarto de espera, las palabras “No matarás” le pasaron por la conciencia como un trueno y advirtió que lo que iba a hacer era matar. Se volvió hacia mi padre biológico y le dijo que aunque dar a luz a ese hijo fuera difícil y traumático, ella no podía abortar, y encontraría una manera de llevarme en su vientre hasta que diera a luz.

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Embarazo en soledad
Llegaron juntos a esa clínica pero mi madre salió sola.

Pasó los siguientes siete meses sola, escondida en una cabaña de cacería que tenía un solo cuarto. Esta cabaña estaba en un bosque en Sumter (Carolina del Sur). Ella se aisló de todas las personas que la conocían para no tener que lidiar con la vergüenza y los comentarios por seguir adelante con ese embarazo a pesar de las circunstancias de su concepción. Su sacrificio enorme hizo posible que ahora yo esté aquí.

Ella no escogió el camino más cómodo y fácil sino que invirtió radicalmente el rumbo de su vida y se persuadió de que la niña que llevaba en su vientre no debía morir a consecuencia de sus ‘acrobacias’ en un adulterio.

El peso de mi nacimiento
Cuando reflexiono sobre la historia de mi vida y las circunstancias en las que fui concebida me doy cuenta de cuán cerca de la muerte estuve en la clínica de abortos. Allí otra persona, una niñita o un niñito, murió ese día en mi lugar cuando llamaron a su madre en el lugar de a la mía.

Pienso en el matrimonio que fue destrozado por mi nacimiento; mis hermanos, que sufrieron por la infidelidad de mi padre; el temor que mi madre sentía cuando se refugió en la pequeña cabaña y las consecuencias que, a largo plazo, sufrió mi madre por el sacrificio de dejarme nacer. Cuando pienso en todas estas cosas, me sorprende mucho. A mi madre le costó mucho llevar hasta el final el embarazo y muchos de sus sueños murieron. Pero ella sacrificó sus sueños para darle vida los míos

El plan de Dios
Con frecuencia me pregunto: ¿Por qué estoy aquí? ¿Debería estar aquí? Podría mirar mi vida y decir: “Sólo soy un accidente. Ni siquiera debería existir. No soy más que un error“…

En esos momentos en los que la duda y la culpa surgen sobre los oscuros detalles de la historia de mi concepción, es cuando siento el peso de la carga de mi nacimiento puesto sobre las espaldas de otros; ahí es cuando emergen mis pensamientos más profundos y escondidos y la verdad de Dios me es revelada y me dice porqué estoy aquí. Estoy aquí por la Voluntad de Dios aunque pueda parecer que surgiera del caos.

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Portada de uno de los álbumes de Lori Sealy, que relaciona los dos ámbitos de su vida: la fe y la música.

La palabra de Dios me enseña que no estoy aquí por accidente sino que estoy aquí -independientemente de las circunstancias que me trajeron a este mundo- porque Dios me quería aquí. La palabra de Dios me dice que a pesar del pecado sexual de mis padres biológicos, Dios soberanamente “formó mis partes interiores y me unió en el vientre de mi madre”. Él me dice que yo estoy “formada maravillosamente”.

Algunos años atrás, recibí una carta de mi madre biológica, la mujer que sacrificó tanto por mí. Ella me escribió para contarme que piensa que no estoy viva por accidente sino que yo existo por voluntad divina y que a pesar de todo lo que sufrió, no cambiaría nada si pudiera echar marcha atrás.

La carta
Decía en su carta:

“Lori, Dios te hizo con un propósito. Tú no eres un accidente o una idea tardía, tu no estás en la tierra ‘solo porque sí’ y tampoco eres simplemente un acto de creatividad de Dios sin orden ni concierto. Tu fuiste planeada por el Creador del Universo, aunque no fuiste planeada por mí. A ti, Dios te tenía en su mente mucho antes de que nacieras y te esperaba con alegría. ¡Yo también lo hice!”

A quien esté esperando un hijo imprevisto
Yo ahora me dirijo a todas esas mujeres que esperan un hijo y no disfrutan de las mejores circunstancias o a todas las que sufren como consecuencia de una gestación no planeada.

Amigos y amigas, no conozco sus historias, pero lo que sí sé es que no importa tu situación de hoy, afrontando un embarazo no planeado, luchando contra las consecuencias de un aborto, tratando de descifrar los detalles de un nacimiento que llegó de un adulterio, o de una violación, o de otro hecho horrendo. Toda vida tiene valor y propósito desde el vientre hasta la tumba.

Yo no soy un accidente, y tú no lo eres tampoco. Seguramente la pequeña vida que se está creando dentro de ti tampoco es accidente. No importa cómo sean tus circunstancias en este momento. Quiero que tú sepas que hay un Salvador que te perdona todos tus pecados en este mismo momento. Hay un gran Dios que es bueno y un Salvador que coge las cosas malas y las hace hermosas; hay un Dios que toma las situaciones más horrorosas y los hace maravillosas; un Dios que coge las historias más tristes y crea las canciones más dulces.

Él ha hecho eso por mi mamá biológica y por mí, y yo rezo para que a través de mi historia puedas encontrar un poco de esperanza y ayuda en Él.

Categorías:Aborto, Mundo, ProVida, Testimonios
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