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Archive for 4 abril 2017

En el sexo ¿vale todo?

“Amémonos al límite, seamos felices juntos, olvidémonos de juzgar qué es bueno y qué es malo. Pero súbitamente todo se desmorona”. Liv Ullmann

Infiel 03.jpgAlgunos afirman que nadie puede dictarles lo que tienen que hacer con su sexualidad. Que para ellos “vale todo”. Pero desentenderse de la ley moral acaba tarde o temprano en serios disgustos. Así queda reflejado con brillantez, por poner un ejemplo, en la película “Infiel”, de Liv Ullmann, que aborda con cierta profundidad el drama del adulterio. Cuando dos personas inician una relación adúltera, piensan quizá que es como un juego para adultos. Los principios morales desaparecen. Amémonos al límite, seamos felices juntos, olvidémonos de qué es bueno y qué es malo, que no pasa nada.

Sin embargo, tarde o temprano descubren que no da igual olvidarse de la naturaleza y de sus leyes. Querían hacer como que eran dioses que se dan a sí mismos su naturaleza y sus leyes, y no tardan mucho en comprobar que se han mentido a sí mismos, y sobreviene entonces la consiguiente tragedia. Querían jugar a que no había principios morales, y súbitamente aquella simulación y aquel fingimiento se desmoronan.

Lo que era un matrimonio unido, una hija feliz, un buen amigo, acaba todo deshecho por la irreflexión, por el egoísmo de la sensualidad que ciega y lleva a la irresponsabilidad, e incluso a la crueldad, a destrozarlo todo. Las víctimas son ellos mismos, sus familias, esa niña que ha sido utilizada en el juego de adultos, arrollada por un torbellino emocional que desgarra su vida, sin entender bien cuál es su papel en esa historia de deslealtades.

Alfonso Aguiló

Categorías:infidelidad, Mundo, Sexo

6 pistas para rezar por tu marido

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¿Quieres rezar por tu marido pero no encuentras las palabras adecuadas? Aquí sugerencias de oraciones cortas inspiradas en las cartas de san Pablo.

¿Rezar por los hijos? Fácil, dicen a coro todas las madres. Pero, ¿por el marido? ¿Quién reza, de verdad, por su marido regularmente? En nuestro ritmo de vida tan ocupado, los maridos a veces se convierten en una figura olvidada, el “último de la fila”, como lamentan algunos. Encontramos tiempo para rezar por los hijos, para que tengan éxito en las diferentes etapas de sus vidas, incluso participamos en grupos de oración de madres de manera regular, pero a veces ¡ni se nos pasa por la cabeza rezar por nuestros esposos! Esta falta de hábito hace que nos cueste más trabajo encontrar las palabras cuando queremos rezar por ellos. Aquí tienes 6 sugerencias de oraciones inspiradas en cartas de san Pablo. 6 oraciones cortas y eficaces, fáciles de aplicar en seguida y para celebrar más a menudo la figura de los padres.

  1. Para que mi marido conozca el Amor de Dios

“Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 3:17-19).

Oración: Señor Jesús, me pongo en Tu presencia para implorarte que envuelvas el corazón de mi marido con Tu Sagrado Corazón. Ayúdale a tener absoluta confianza en Ti. Que Tu Amor eche raíces profundas en él y que este Amor se extienda a nuestras vidas. Que mi marido pueda conocer Tu infinita Misericordia para que comprenda que Tu Amor es más real que cualquier experiencia terrenal.

  1. Para que cumpla su vocación de esposo

“Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, (…). Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 5:25-28).

Oración: Señor, según Tu voluntad, mi marido se ha acercado a la santidad gracias al sacramento del matrimonio. Colma su corazón con Tu Amor y ayúdale a cumplir su vocación siguiendo Tu camino.

  1. Para que mi marido enseñe Tu Amor a nuestros hijos

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 6:4).

Oración: Espíritu Santo, llena el corazón de mi marido con Tu paz para que él transpire Tu Amor a nuestros hijos. Concédele la paciencia y la sabiduría necesarias para criar a nuestros hijos en la pureza y en la fe. Ayúdale a guiar a nuestros hijos por el camino correcto y a animarles a permanecer cerca de Ti.

  1. Por el bien de nuestra familia

“Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús” (Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses, 4:19).

Oración: Señor, Tú sabes qué es lo que necesitamos. Te pido que otorgues siempre a mi marido la gracia de utilizar nuestros recursos con sabiduría, de ser “pobre de espíritu” (Mateo 5:3) y generoso con los necesitados. Amén.

  1. Para que sea el hombre que Tú le has llamado a ser

“Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes. Haced todo con amor” (Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 16:13-14).

Oración: Señor, Te confío todas las decisiones de mi marido, sus proyectos, sus inquietudes y todo su ser. Que sea fuerte en Tu Amor y ancle su fuerza en la fe. Que sea el hombre que Tú le has llamado a ser: valiente, alegre y generoso. Que crezca en la fe, la esperanza y la caridad.

  1. Para que mi marido actúe con sabiduría y discernimiento

“No ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente; iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1:16-19).

“Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará” (Carta del Apóstol Santiago 1:5)

Oración: Señor Jesús, Tú que haces el bien allá donde vas, Te pido que des a mi marido la gracia de seguir Tus pasos. Que tenga la fuerza de avanzar con sabiduría y conciencia de que sus elecciones tienen consecuencias para nuestra familia. Que su corazón resplandezca con la luz del Espíritu Santo para que pueda avanzar con firmeza y confianza, sean cuales sean los obstáculos que encuentre. Amén.

Virgen María, Madre de Dios, cubre a mi marido con tu manto para que reciba las gracias necesarias para ser el protector de nuestra familia, como lo era san José. Por tu abrazo maternal, oh María, concédele un sentimiento de seguridad para que nunca se sienta abandonado. Amén.

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Dejó dos veces el convento, era incapaz de predicar… pero va a ser santo

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El papa Francisco aprueba el milagro para la canonización del capuchino Angelo da Acri

Toda vocación necesita un tiempo para oír la llamada, para escucharla en el corazón y para dar una respuesta. Al italiano Lucantonio Falcone, nacido en Cosenza en 1669, le costó un poco más.

Cuando a los 15 años encontró en su camino un capuchino dotado de cierto carisma, a Lucantonio le pareció escuchar la llamada de Dios a entrar en la vida religiosa. Cuatro años más tarde entró en el convento pero lo abandonó a los pocos meses, pensando en formar su propia familia. Al poco, se arrepiente y vuelve al convento…, para volver a dejarlo por no sentirse capaz de lo que pide la vocación religiosa.

Lucantonio está en búsqueda, intentando discernir la llamada, mirándose a sí mismo en lugar de mirar al Señor. Pero reacciona y vuelve al convento, y ya no lo dejará jamás. Cuentan las crónicas que cuando se encaminaba hacia allá, un mastín enorme le sale al paso impidiéndole continuar su camino, por lo que le increpó: “¡Mala bestia, vete, retorna al infierno!”. Se está fraguando un santo.

En la comunidad de frailes menores de Belvedere, a Fray Angelo, su nombre de religión, le llaman “el novicio pendular”. No lo tuvo fácil, e incluso allí no dejó de perseguirle el Maligno.

Un día en que fue presa de fuertes tentaciones, se lanzó a los pies del Crucifijo para exclamar: “Jesús, no puedo más. Socórreme o hazme morir”. Empezaba a experimentar que la vida cristiana no es una construcción que uno haga con sus fuerzas, sus virtudes y sus proyectos, sino un dejarse llevar por el amor dado y recibido del Señor, hasta en los pecados más graves. Te basta mi gracia…

En este caminar en lo precario, es ordenado sacerdote el 10 de abril del año 1700. Y el Señor quiere que su pobreza sirva para la edificación de otros. Sus superiores le envían a predicar, pero incluso en este carisma experimenta la debilidad: en una de sus primeras misiones comienza a hablar y de repente pierde el hilo, se trastabilla, se queda en blanco…, y tiene que volver avergonzado a la sede.

De vuelta al convento llora al Señor y le pide conocer cuál su voluntad para él. La respuesta le llega en la oración: “No tengas miedo: te daré el don de la predicación y bendeciré tus fatigas. De ahora en adelante habla de forma sencilla, que te entiendan todos“.

A partir de ahí, con el método sugerido por el Señor, adquiere pronto gran fama de predicador. Le reclaman en Salerno, Nápoles, Montecassino, Catanzaro, Taranto, Reggio Calabria, Messina. Nadie en el sur del país se queda sin escuchar sus palabras.

La gente dice que cuando fray Angelo predica “en casa no quedan ni los gatos”. Durante toda su vida continuó sufriendo los embates del demonio, que le perseguía y le pegaba, llamándole “ladrón” por la cantidad de almas que le arrebataba.

Murió el 30 de octubre de 1739 en medio de una gran fama de santidad, y el papa León XII le beatificó en 1825. El milagro, reconocido por el papa Francisco el pasado 23 de marzo, que permite ahora su canonización es la curación de un niño convaleciente de grandes secuelas tras un accidente de tráfico.

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Artículo publicado originalmente por Alfa y Omega
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Entrevista a Berenice Crudo

“Amar en los límites es donde se prueba la santidad”

En una cálida entrevista, Berenice Crudo nos concedió la oportunidad de conocer algunos detalles sobre su canción Me Amó y se Entregó por Mí, su misión como músico, y pequeños secretos de su fortaleza espiritual. Su primer disco titulado Enciende mi ser incluye once canciones llenas de sentimientos y mensajes profundos que revelan su madurez cristiana, su historia personal y su rica experiencia como catequista, comunicadora y ministra de liturgia a lo largo de muchos años.

¿Qué te motivó a componer la canción Me Amó y se Entregó por Mí?

Compuse la canción teniendo presente la última frase de San Pablo en Gal 2, 20 que correspondía a un lema de uno de los dos retiros anuales que dábamos en preparación al sacramento de confirmación en una parroquia. Estuve once años dirigiendo un grupo de catequistas con los que preparábamos entre 50 y 80 jóvenes anualmente para recibir este sacramento. El objetivo del primer retiro era hacer pasar a los jóvenes por la experiencia de la Pascua que es fundamental en la vida de cualquier cristiano. En las estrofas de la canción menciono algunos momentos de sufrimiento y de la crucifixión de Jesús y en el estribillo me pregunto que más necesito -o necesitas tú- para creerle a este Dios que se entrega en la cruz. Es una canción de Pascua que además dice que el Señor “se entregó siempre en oración” porque Jesús oró siempre en los momentos más importantes de su vida confiándose a su Padre. Mi canción busca cuestionar si dejamos todo en manos de Dios y si nos animamos a hacerlo. La idea es que las personas se pregunten: qué más espero yo (de Dios) y mirando la cruz encuentren la respuesta.

¿Existe alguna palabra que puede describirte como persona y artista?

Aunque caiga en un “cliché”, voy a decir algo de corazón: sobre todo me siento hija de Dios. Soy alguien que busco hacer su voluntad. En mi experiencia de vida nunca tuve un momento especial de conversión porque desde pequeña siempre sentí las ganas de rezar. En el colegio dominico “Guardia de Honor del Santísimo Rosario” donde hice la primaria había una capilla preciosa. En algunas ocasiones, prefería dejar a mis amigos -con los que me encantaba jugar durante el recreo- para estar sola rezando en la capilla. Son recuerdos desde cuando era muy chiquita. Siempre sentí la necesidad de contarle mis cosas a Jesús en la cruz y a María del Rosario que tenía una imagen en la capilla.

En la vida he tenido que atravesar experiencias muy difíciles. Mi papá falleció con un cáncer terrible. Mi única hermana tiene discapacidad. Y una de mis hijas sufre también una grave discapacidad que requiere mucho de mi tiempo y dedicación. Todos me preguntan cómo hago en situaciones extremas. Yo nunca le pregunté a Dios por qué me tocó vivir esto a mí. Creo que el dolor y la enfermedad son también parte de la vida en este mundo y que puedo afrontar todo lo que me ocurre mucho mejor de la mano del Señor que (si estuviese) alejada de Él. Dios me ha revelado en oración que debo ser la mamá que mi hija necesita y no la mamá que yo quisiera ser. He aprendido que amar en los límites de uno (mismo) y de los demás es donde se juega la santidad y (eso) está (para mí) clarísimo. Por eso, en los momentos difíciles le entrego mis hijas (y me entrego yo también) a Dios junto con mi esposo Pablo, mi compañero que es teólogo y un gran hombre de fe. Juntos buscamos la santidad en lo que hacemos a pesar de que no es fácil. Nos acompañamos en nuestros proyectos como en la gira de conciertos y conferencias que estamos preparando para mi álbum.

¿Tienes alguna misión especial como músico católico?

El músico católico tiene que ser canal de gracia divina, ya sea que pueda juntar multitudes o se encuentre en una reunión con pocas personas. Tiene que procurar que el canto trascienda los aspectos externos como el sonido, las luces, o el escenario para que quien escuche no se vaya solamente con haber tenido una linda experiencia de escuchar un concierto, una misa, una oración comunitaria o un retiro. Tiene la misión de contagiar más allá de una alegría temporal o pasajera. Al momento de cantar, el músico tiene que ayudar a que las personas transformen su corazón. El desafío es inspirar para que haya algo que se mueva y renueve en él o en ella y que lo sienta más allá de la piel y del cuerpo. Que sienta la presencia de Dios para que se vaya “ardiendo”. Lo he experimentado muchas veces y he vibrado. Eso me determinó a ser quien soy (como músico) y ahora estoy haciéndolo profesionalmente. Sentía que Dios me animaba a dar un paso adelante.

Hace muchos años que yo sirvo musicalmente en diferentes maneras y he estado también en las misas de Corpus Christi en la Plaza de Mayo como locutora ayudando a guiar la liturgia junto a quien es hoy el Papa Francisco, en ese entonces el Obispo Mario Bergoglio. He hecho muchas cosas como locutora y profesora de comunicación en colegios secundarios. Todo eso fue parte de mí y es parte de lo que soy. Sin embargo, donde yo siento que Dios me llama para hacer algo más es en la música. Es allí donde puedo servir mejor porque creo que Dios quiere utilizarme así para llegar a los demás.

El éxito de un músico es que al terminar un servicio (sin importar el número de personas que tenga en frente) sienta la certeza absoluta de haberse entregado por completo, con todas sus capacidades y que, a través de su música, esas personas puedan encontrarse con Dios. Sé que Él puso dones y talentos en mí para hacer esto (la música). Y cada vez que lo hago siento la reconfirmación que Dios me quiere en esta misión. Cantar y transmitir el mensaje del Señor es una certeza clara y firme.

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Por Fabián E. J. Aguirre Nava

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Guardianes de la fe, contra la sumisión al Islam

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Un documental que llama a la movilización por los cristianos de Irak

En agosto de 2015 siete jóvenes españoles de entre 23 y 27 años estuvieron en Irak para rodar un documental sobre la situación de los cristianos. Contaban con financiación de dos universidades católicas catalanas, de Ayuda a la Iglesia Necesitada y de algún que otro patrocinador. Dos años después lo estrenan en diferentes salas de España y, según afirman, están dispuestos a llevarlo allí donde tengan un público de un mínimo de 100 personas.

Guardianes de la fe (2017) está al servicio de la denuncia. La expansión del Estado Islámico ha coincidido con una creciente persecución sistemática de las minorías cristianas de aquellos países. Cosa que no ha encontrado su eco proporcional en los medios de comunicación occidentales y que tampoco ha generado una respuesta militar para proteger a los inocentes del exterminio.

La historia que se nos cuenta es la de la entrada del Daesh en Irak y la conquista de Mosul, una ciudad con una numerosa población cristiana, que, en su gran mayoría, huyó a diferentes poblaciones de la llanura de Nínive.

En el montaje se intercalan abundantes y escalofriantes testimonios de víctimas de la región, que relatan crímenes repugnantes cometidos tanto sobre los cristianos como sobre los yazidíes.

Apenas 400 ó 500 soldados del Estado Islámico entraron en Mosul. Cuesta creer, nos dice uno de los curas entrevistados, que solo ese contingente fuese capaz de tomar una ciudad de tantos habitantes. Al parecer no lo hubiesen conseguido sin el apoyo de toda la población musulmana del lugar, que respaldó las operaciones de las tropas del presunto califa y su persecución de los seguidores del nazareno.

Paso a paso y de un modo inadvertido, el metraje va guiando al espectador hacia una tesis contraria al pensamiento dominante y políticamente correcto. Hilvanando afirmaciones de obispos, sacerdotes e incluso de representantes de la Ayuda a la Iglesia Necesitada, llegamos a pensar que el Daesh es la mismísima esencia del “islam”, que, como nos ha recordado recientemente Houellebecq en su última novela, significa literalmente “sumisión”.

Tras alcanzar este objetivo expresivo, las imágenes que uno ha estado viendo empiezan a cobrar relieve y uno entiende el creciente tono épico del filme. La queja por la falta de intervención bélica internacional ante el martirio masivo, la imposibilidad de los cristianos de la zona de seguir viviendo entre unos vecinos que se han convertido en sus verdugos, la presencia constante ante la cámara de la milicia cristiana debidamente armada con sus AK-47 y vestida de camuflaje, el sonsonete de la banda sonora subiendo de volumen en un final que muestra la reconquista real y simbólica de la ciudad de Mosul, etc.

Todo parece confabulado –incluso la página web del documental- para dejar al espectador al borde del alistamiento en una nueva cruzada, especialmente si se identifica con los agredidos.

Si lo que buscan los directores es ese efecto movilizador, lo consiguen sin discusión, por lo menos entre el público católico. Lo que uno no sabe es si abonar esa concepción del Islam es lo mejor en la creciente complejidad del mundo, asistiendo, como estamos, a los primeros intentos, en la Universidad de El Cairo, de una eventual Ilustración de la religión musulmana, orientada a desmontar su teología política.

Pero eso ya lo dejo a criterio del consumidor que se va a encontrar con una historia verídica, valiente y muy bien contada, que, sin duda, merece la pena ver.

Ficha técnica

Directores: Javier Carreras y Jaume Vives

Género: Documental

País: España

Música: Mireia Béjar

Año: 2017

Categorías:Audiovisual, Mundo Etiquetas: ,

Creativas ayudas de este cura de Barcelona a los nuevos pobres

Un respiro para viudas con pensiones mínimas, autónomos sin subsidio, despedidos, deshauciados, divorciados,…

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La globalización, con sus ocultas siderurgias, está modelando el mundo, convirtiéndolo en una acechante gárgola. Las malas noticias se multiplican. Pese a la supuesta recuperación económica, crece el desempleo estructural. Los pronósticos a este respecto no son nada halagüeños: parece que internet y las tecnologías digitales no van a ser capaces de crear tantos empleos como van a destruir. Lo escuchamos del recientemente fallecido Zygmunt Bauman y de otros profesores universitarios en el documental In the Same Boat (2016).

La promesa de un mundo mejor, sin embargo, sigue motivando a mucha gente, en África y Oriente Medio, para hacer el petate y lanzarse a la aventura de intentar llegar a Europa.

Y así el mar Mediterráneo, como nos cuenta Pietro Bartolo, el único médico en Lampedusa, en el documental Fuoccoammare (2016), se está convirtiendo en un “moridero” de personas, que caen presas de las mafias y de la indiferencia de Europa, que es “peor que la del Holocausto”.

La civilización occidental, surgida del cristianismo, ha perdido contacto con la experiencia de fe y de encuentro que la originaba. Por eso el mundo ha seguido produciendo riquezas, beneficios, obras monumentales y espectaculares, pero sin preocuparse por el prójimo, por aquel que hace posible el nuevo inicio.

De este modo, el pobre, el inmigrante, el refugiado, el excluido en general, ya no es percibido como una oportunidad para que la fe se convierta en inteligencia de la realidad y se haga cultura, sino como un problema que hay que gestionar del modo más eficiente posible. Ya se encargará la mano invisible de Adam Smith, versión neoliberal de la Providencia, de hacerles justicia.

Además, uno de los instrumentos que habíamos inventado para combatir el problema de la desigualdad política, social y económica, nuestro querido Estado del Bienestar, está llegando a su colapso.

Los impuestos que se pagan empiezan a no ser suficientes para atender a todos los ciudadanos según los estándares establecidos hasta el momento. Las sociedades occidentales envejecen a galope tendido mientras se resisten a la entrada de los “extranjeros”, que son sometidos, como ganado, al estricto régimen de los campos de concentración de refugiados, a la espera de una morosa respuesta administrativa a su petición de asilo.

En unos años comenzará la jubilación de la generación del baby boom y la inversión de la pirámide demográfica dejará a muchos sin pensión y sin subsidio de ningún tipo. Lo que era un derecho dejará de serlo y aquellos que no tengan patrimonio se quedarán con lo puesto.

Parece que las nuevas ciudades del futuro van a parecerse más a las grandes metrópolis de África o América que a las hasta ahora más homogéneas y ordenadas capitales europeas. Las bolsas de pobreza y de exclusión van a crecer de la mano del desempleo, del incremento de la brecha social entre ricos y pobres y de la sofisticación de las nuevas tecnologías, que van a sustituir al ser humano en muchas de sus labores actuales.

Tras la crisis, empiezan a emerger y consolidarse grupos de “nuevos pobres” en nuestras sociedades. Personas que hasta el momento habían pertenecido a la amplia clase media han abandonado el mundo de relativo bienestar en el que vivían, porque inesperadamente se han descubierto incapaces de pagar sus hipotecas, sus alquileres o de sustentar a sus familias.

El padre Saturnino Rodríguez, párroco de San Eugenio I, Papa, en Barcelona (España), conocido entre sus feligreses como Mossèn Nino, es sacerdote en un barrio donde tradicionalmente vivían personas de clase acomodada. En los catorce años que lleva ejerciendo su presente encargo pastoral, ha visto aparecer esta nueva pobreza entre los habitantes de su arciprestazgo.

Viudas con pensiones mínimas que piden colas de pescado en la pescadería, supuestamente para sus gatos. Antiguos autónomos que ahora no tienen derecho a cobrar subsidio alguno. Personas que pierden su trabajo a los cuarenta, los cincuenta o los sesenta y que no encuentran otro oficio que el de hurgar en las basuras a hurtadillas. Divorcios que debilitan todavía más las familias ante las condiciones sociales ya de por sí desfavorables. Desahucios que dinamitan los horizontes de tantos.

Ante esta miseria sobrevenida, Mn. Nino ha buscado el modo de responder a esta nueva realidad. En él, la inteligencia de la fe se hace inteligencia de la realidad, como nos pedía hace unos años Benedicto XVI. Ha ideado y montado el comedor de Emaús, donde atiende diariamente las necesidades alimenticias de más de 200 personas.

Además, allí reciben el acompañamiento de los voluntarios, e incluso tienen a su disposición la atención psicológica y el consejo de un equipo de abogados, que muchas veces necesitan por las situaciones extremas en las que algunos de ellos se encuentran.

Los usuarios de Emaús son pobres vergonzantes. Hombres y mujeres que intentan mantener la apariencia de sus antiguas vidas de clase media con sus recursos actuales, prácticamente inexistentes.

Mn. Nino nos cuenta cómo el primer día que abrió el comedor de Emaús, había apenas 5 usuarios del mismo, y cada uno comía, investido de toda su dignidad, en su propia mesa, separada de la de los demás. Semanas después la compañía había crecido, se habían trabado vínculos y las sobremesas se alargaban, convirtiéndose para todos en un lugar donde respirar.

Sin embargo, la creatividad de este sacerdote no acaba ahí, porque Emaús no consigue llegar a las necesidades de todas las familias que pasan penurias en la ciudad, sino que está especializada en la pobreza vergonzante del barrio.

Quizás por eso, Mn. Nino también ha tenido que inventarse el supermercado solidario por puntos DISA (Distribución Solidaria de la Alimentos) en el que no solo ha implicado a las parroquias de la zona, sino también al Ayuntamiento y a otras organizaciones tales como el Banco de Alimentos, así como a donantes privados.

Con ello, nos cuenta, ha conseguido subvenir, contando con el trabajo conjunto de las asistentas sociales de la Administración y de Cáritas, las necesidades de más de 400 familias en situación de vulnerabilidad: sin empleo, sin ahorros, sin recursos, sin dinero, y que viven precariamente por culpa de la crisis, que se lo llevó todo.

Después relata emocionado algo que hace evidente que para él lo importante no es la obra. Un día le llaman del Hospital del Vall d’Hebron. Un enfermo seropositivo ha dado su número. Dice que él es su único amigo. Cuando le dicen su nombre no sabe de quién se trata. Pero la enfermera insiste y le cuenta cómo el paciente ha dicho que le conoció, vendiendo pañuelos de papel en la calle.

Mn. Nino lo identifica. Resulta ser un toxicómano sin familia. Sus padres murieron cuando él era un niño. Sufrió malos tratos, como su madre. Y cuando se quedó solo en el mundo se dedicó a olvidar, a pincharse, y ya no conoció amigos, porque sólo tuvo colegas yonquis que, como él mismo decía, no querían su bien.

Cuando salió del hospital le quedaban tres meses de vida. El médico se lo había dicho a los dos. Fueron tres meses de amistad sencilla. Poco a poco, fue pidiendo los sacramentos y acabó muriendo en paz. En la misa funeral solo estaban Mn. Nino, que oficiaba, y el cadáver. Y una foto de su madre, que aquel chico había pedido llevarse a la tumba sobre su pecho.

Hablando con Mn. Nino, ante su testimonio, nos damos cuenta de que la pobreza no sólo es una lacra social, sino que, en la experiencia cristiana, también puede convertirse en oportunidad para el despertar de la fe y para que ésta se convierta en creatividad y en cultura.

Como ha dicho el papa Francisco en la Evangelii Gaudium: “Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio”. Y la pobreza, como afirma san Ignacio, “es madre y muro”. Y comenta el Papa: “La pobreza genera, es madre, genera vida espiritual, vida de santidad, vida apostólica. Y es muro, defiende. ¡Cuántos desastres eclesiales han empezado por falta de pobreza!”.

La pobreza, signo de nuestro tiempo, nos ayuda a darnos cuenta de la presencia del Señor. Tratarla nos polariza y nos hace conscientes de la propia dependencia, de la gracia que es existir en cada instante. “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme”, repite la Iglesia.

De ahí la insistencia evangélica de este Papa en la misericordia: “servir a los pobres”, desgraciadamente cada vez más numerosos en nuestras sociedades post-metafísicas, “es servir al mismo Jesús”. Acercarse a los pobres supone, pues, un camino para la propia fe, un nuevo inicio, cargado de esperanza para la Iglesia, y para nuestra sociedad doliente.

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Así premia una empresa a los empleados que deciden tener hijos

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Generosa respuesta de un empresario italiano, preocupado porque a nadie le importa el descenso de la natalidad

Hay una empresa en el noroeste de Italia que ha decidido otorgar a quien decida tener un hijo una paga de 1.500 euros más que a cualquier otro empleado.

Esto sucede en Brazzale de Roberto Brazzale, 54 años y tres hijos. Él es el administrador de la empresa más antigua de lácteos del país. En Zanè, en el Vicentino, su familia produce y comercializa con quesos desde 1784: los abuelos, en el altiplano de Asiago, comenzaron en el siglo diecisiete.

“Estamos en riesgo de extinción”

Desde este año ha ideado una iniciativa única en su género. Su historia la cuenta La Repubblica (15 de marzo). “Me ha impactado – dice Brazzale – que las impresionantes cifras del descenso de la natalidad no mueven ni al Estado, ni a los privados. Millones de trabajadores también en Occidente ganan lo suficiente para sí mismos, pero no para realizar proyectos familiares. Una sociedad así se extingue. El retraso de nuestro parlamento en regular el derecho de morir con dignidad es un escándalo. Pero es más inaceptable aún la ausencia de un apoyo real a la vida”.

Las cifras

Las cifras a las que hace referencia Brazzale son elocuentes: entre el 2008 y el 2015 los nacimientos se precipitaron del 20%, una quinta parte de niños menos. De cada mil habitantes los recién nacidos ahora son 7,9, respecto a los 10,1 de hace ocho años y a los 10 de la media de la UE.

El primer cheque

Y así Brazzale decidió realizar un gesto simbólico pero importantísimo: dar un cheque con una mensualidad más a los empleados que se tomen “la responsabilidad de procrear”. En la empresa de Zanè el primer cheque se acaba de dar. La responsable de los análisis químicos fue madre la semana pasada. La próxima será la economista que lleva la oficina de gastos.

Bonos a madres y padres

Este salario mensual también se pagará a padres, o a quien adopte un niño. Hay un único requisito: ser empleados desde al menos dos años y asegurar la colaboración por dos años sucesivos a ese acontecimiento feliz. “Nos damos cuenta – dice Brazzale – que 1.500 euros más no bastan para inducir a una pareja a tener un hijo. El mensaje cultural prevalece sobre el material y es la confianza en el futuro: queremos que los jóvenes que invierten en la vida se sientan a gusto y que no tengan que preocuparse del trabajo”.

“Procedimiento” sencillo

Es verdad que no hay procedimientos burocráticos a seguir o autorizaciones que pedir para recibir el bono-bebé: los empleados sólo necesitan comunicar el nacimiento o la adopción, para pasar a la caja aún antes de empezar el permiso parental.

“Cuando era niño – recuerda Brazzale – veía alrededor mamás y carritos. Hoy veo sólo cuidadores de ancianos y sillas de ruedas. Para los jóvenes, pensar en un hijo es un problema enorme. Y aún no hemos dado un peso adecuado a lo que es una tragedia trascendental”.

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