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Principios no negociables

general1Los principios básicos para la actuación coherente del cristiano en política han sido calificados como “no negociables” y son las pautas que nunca se podrán derogar ni dejar a merced de consensos partidistas en la configuración cristiana de la sociedad. ¿Cuáles son? Son principios de ley natural: La familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la defensa de la vida humana desde la concepción hasta su término natural y los derechos de los padres a la educación de los hijos.

Una filósofa norteamericana explica: Los verdaderos derechos humanos son para promover la vida y la libre voluntad. Ser humano y ser bueno son la fuente y la cumbre de los derechos humanos universales. El ser y el bien son el Alfa y el Omega de los derechos humanos. El ser y el bien son la esencia de la vida (Janet Holl Madigan, Universidad de Maryland, College Park).

No existe el derecho a tener hijos. Si existe, en cambio, el derecho del hijo a ser fruto del acto conyugal de sus padres, y también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de la concepción.

En este mundo hay una batalla entre la vida y la muerte. Para hacer una ley respecto al aborto hay que mirar al menos dos perspectivas: La de la madre y la del niño, sino, es imposible que solucionemos el problema.

Algunos legisladores se atienen a las leyes. No cuestionan si la ley está en armonía con el derecho natural o sin va a beneficiar o a dañar a la persona, basta con que sea una ley aprobada, y la aceptan. ¿Las leyes humanas son perfectas? Si así fuera, serían inmutables, pero no son perfectas, por eso los legisladores tienen sesiones periódicas para cambiarlas.

Como los que defienden el aborto no tienen argumentos racionales, se cogen de las leyes, y las leyes muchas veces están equivocadas. Todos somos responsables de lo que sucede. El aborto sólo puede estar presente en la sociedad sobre la base de una mentira. El aborto es la destrucción directa de un ser humano inocente. El aborto no previene el embarazo, lo termina violentamente. Detrás del aborto hay una guerra espiritual que mucho no alcanzan a ver. Decretar un aborto es, en realidad, dar pena de muerte sin juicio.

Existe una constante histórica según la cual un sistema político en crisis multiplica la producción legislativa y enmaraña las leyes, dice Vittorio Messori. Se multiplican las palabras y las frases elaboradas, para no afrontar los problemas de fondo. Se quieren resolver los problemas sociales con la promulgación de leyes. Esto da lugar a numerosos conflictos.

Tratar a los niños como adultos en miniatura portadores de derechos, concediéndoles derechos autónomos que los hacen independientes de sus progenitores, los pone en riesgo de ser manipulados y explotados por activistas de “derechos nuevos”.

La Comisión de Derechos de la Niñez aprobó, en general, la minuta que expide la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes con algunas reservas. Esta ley usa conceptos ambiguos, no reconocidos ni en el Derecho Internacional ni en el Derecho Positivo Mexicano. Ciertamente es necesario legislar a favor de los más pequeños, y que se busque su bienestar y su desarrollo, garantizándoles verdadera protección, pero lo que esa ley busca es precisamente la desprotección. Hay falta de discernimiento entre el bien y el mal por parte de los líderes. Además, les falta ir a la definición de “derechos sexuales y reproductivos”, para conocer que realmente sí atentan contra la honra de los niños. De algún modo se trata de arrebatar a los padres de familia la patria potestad.

Cicerón escribe: “Si los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos, en las decisiones de los príncipes y las sentencias de los jueces, sería jurídico el robo, jurídico el adulterio, jurídica la suplantación de testamentos, siempre que tuviera a favor los votos, o los plácemes de una masa popular”. Y es que “para distinguir la ley buena de la mala, no tenemos más norma que la naturaleza”, con la que se discierne lo justo y lo injusto. “Pensar que esto depende de la opinión de cada uno y no de la naturaleza es cosa de locos” (De Legibus I, XVI, 44).

El derecho a la libertad de pensamiento y expresión en conexión con todo lo relativo a la vida sexual y reproductiva se esgrime como una protección contra las restricciones debidas a ideas, conciencia o religión, si estas impiden el acceso a la educación e información con relación a la sexualidad.

Últimamente, en Naciones Unidas, casi nadie menciona el “mantra” de los “derechos reproductivos” de UNFPA, ¡la ONU está cansada de este debate!, pero parece que eso lo ignoran algunos en México y se entusiasman con la idea, por ignorancia o por mala fe.

La riqueza de un país está en su sexualidad. Una sexualidad sana produce personas felices y con capacidades mentales abiertas y creativas. En cambio, si se quiere debilitar a un país, se le alimenta con pornografía y con lo desagradable, lo cruel y lo prohibido. Duele que los legisladores no estudien a fondo lo que aprueban, y que aprueben cosas por quedar bien con el poder, sin pensar en el bienestar del pueblo. Un escritor francés, Mauricio Druon, dice. “Las tragedias de la historia revelan a los grandes hombres, pero los mediocres son quienes provocan las tragedias”.

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