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Cuando tu esposo es adicto a la pornografía

Consejos para hacer frente a la adicción sexual

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He leído una carta anónima publicada sobre la mujer de un adicto al porno que sentía el engaño y el dolor fruto de la adicción de su esposo. Al instante sentí dolor, tristeza y furia. A continuación ofrezco estas breves sugerencias prácticas y espirituales, tanto para esta esposa como para su marido. Confío en que otras personas encuentren algo de ayuda aquí también.

A la esposa anónima: todo lo que escribes es absolutamente verdad, y no solo para ti, sino para muchas esposas más (y también esposos). Deberías saber que, de hecho, existen recursos de ayuda para cónyuges de adictos a la pornografía.

Sin embargo, empecemos por ser brutalmente honestos. Probablemente tu marido es adicto a algo más que el porno. Cometemos un grave error al hablar simplemente de “adicción al porno”. La pornografía es una droga de transición que facilita la llegada o concurre con otros múltiples comportamientos sexuales compulsivos. Deberíamos usar el término ‘adicción al sexo’. Al hablar de adicción a la pornografía se minimiza la cuestión (ya que la pornografía está tan gratuitamente aceptada) y se ignora la realidad de que están en juego probablemente comportamientos mucho más graves.

Aquí hay algunas sugerencias prácticas para la esposa anónima:

1. La adicción de tu marido no tiene nada que ver con que tú no le satisfagas sexualmente. Deja de flagelarte. Puede haber dificultades en tu vida íntima, pero no son la causa de su adicción. Más bien al contrario. La adicción causa problemas en tu vida íntima, por no mencionar en tu matrimonio. Tu marido nunca estará satisfecho sexualmente mientras siga siendo un adicto sin intención de recuperarse.

2. Hazte una prueba de ETS. No será fácil emocionalmente. Te pondrá en una montaña rusa de sentimientos encontrados. Pero necesitas saber si tu salud está en peligro a causa del comportamiento de tu marido. Es un adicto, lo cual significa, por desgracia, que es un mentiroso. Tiene que mentir para poder gestionar su adicción. No tienes manera de saber si te ha dicho toda la verdad sobre su trastorno sexual. Lo más probable es que te haya contado una verdad a medias, algo que te satisfaga lo suficiente en un momento de confrontación. Lo más seguro es que tu mente ni siquiera viaje a los lugares donde él ha estado.

3. Existen grupos de ayuda. Encuentra uno que te funcione. Necesitas ayuda. Cargas sobre tus hombros un peso tremendo y sufres enormemente.

– S-Anon es un programa de 12 pasos para parejas y allegados en general de adictos al sexo. Sí, tu marido es un adicto al sexo aunque creas que en realidad “solamente” es un adicto a la pornografía. Es posible que debas probar con diferentes grupos porque todos pueden variar mucho entre sí. Tienes que encontrar uno donde te sientas cómoda; dicho lo cual, no significa que este desafío no deba suponer un esfuerzo. Al-Anon, de alcohólicos anónimos, puede ser de ayuda si no puedes encontrar un programa S-Anon. Los programas de 12 pasos son gratuitos.

– Si no puedes encontrar un programa de 12 pasos o prefieres una opción diferente, prueba a encontrar un terapeuta profesional especializado en adicción al sexo. Muchos ofrecerán tanto asesoramiento individual como en grupo. Como todos los terapeutas, los terapeutas sexuales son un grupo heterogéneo. Algunos son buenos; otros no tanto.

Sé inteligente. Escucha a tu instinto. Existen muchos programas de certificación para terapeutas sexuales, pero los CSAT (Certified Sex Addiction Therapist, del instituto IITAP, International Institute for Trauma and Addiction Professionals) son los más conocidos y posiblemente los más reputados. Su elaboración ha sido supervisada por el doctor Patrick Carnes, experto destacado en adicción al sexo. Su investigación, en particular en el ámbito de la familia, va en línea con la doctrina católica. Los especialistas CSAT también están formados en el proceso por el que un marido se abre por completo a su esposa (o tanto como ella necesite). Necesitarás este proceso para seguir adelante.

– NO vayas a un terapeuta que sea un simple terapeuta sexual. Normalmente no entienden el concepto de adicción al sexo (o al porno) y no es de extrañar que te culpen a ti por los problemas de tu marido. Si tan solo te relajaras, te pusieras ropa sexy, te atrevieras a algo más arriesgado, si encendéis una vela, si vierais porno juntos… Estos terapeutas serán el terapeuta de los sueños de tu marido.

– También te advierto para que tengas cuidado con los terapeutas que se anuncian primero como católicos (o cristianos) y luego como terapeutas. Lo que necesitas es a alguien que entienda por lo que estás pasando, el que sea católico o no es una cuestión menor. Tienes que saber si es un terapeuta experto capaz de ayudarte. Investiga por internet. Llama a organizaciones sanitarias competentes preguntando si pueden recomendar a alguien o si hay quejas sobre alguno de los terapeutas que estés considerando. Incluso en tu centro médico de cabecera; en algunos tienen listas de profesionales de la salud mental que tienen valores neutrales.

4. Lee sobre codependencia y TEPT (trastorno de estrés postraumático) para parejas de adictos al sexo. Si el diagnóstico de codependencia no encaja con tu caso, no dejes que nadie te ponga esa etiqueta. Cada vez más terapeutas que trabajan con cónyuges de adictos al sexo descubren que los cónyuges sufren de forma más inmediata algo parecido al TEPT.

Probablemente haya un elemento de codependencia, pero el efecto de TEPT es mucho más inmediato porque la adicción al sexo es una adicción profundamente personal e íntima. No es como las adicciones a las drogas o al alcohol, aunque también hieren terriblemente a los seres queridos. Causa un dolor que es radicalmente más personal para el cónyuge. Además, a menudo es mucho más oculto y secreto. Normalmente se produce un momento de descubrimiento brutal para el cónyuge de un adicto al sexo.

5. Para entender más en general sobre la adicción al sexo, lee obras de algún experto reputado, como el libro Out of the Shadows del doctor Patrick Carnes.

6. Puedes leer información ofrecida en recursos para cónyuges (o parejas en general) de adictos al sexo. Hay muchos libros y artículos disponibles en Internet. Algunos son obra de cristianos, otros no. Busca lo que funcione en tu caso. Estar en un grupo podría ayudarte a filtrar los mejores recursos.

7. No te conformes con menos que sobriedad por parte de tu marido. A medida que tú te fortalezcas, anímale a que reciba ayuda. En Estados Unidos dispones de tres programas principales de 12 pasos relativos a la adicción al sexo. Resumo brevemente:

– SA: Sexaholics Anonymous. Los miembros de sexólicos anónimos (SA, también en España) coinciden en que la única forma legítima de comportamiento sexual se produce entre marido y mujer. No hay sexo con otros ni con uno mismo. SA se alinea muy bien con la doctrina católica sobre la moral sexual.

– SAA: Sexo Adictos Anónimos. Definen la sobriedad a su manera, así que podría incluir comportamientos que no son estrictamente fieles y castos.

S.L.A.A.: Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (en español A.S.A.A.). Sus miembros también tienen su propia definición de sobriedad.

8. Tu marido también puede recibir ayuda de un terapeuta CSAT y/o de un grupo. Sin embargo, yo recomendaría trabajar con alguien al principio que exija a tu marido que logre cierto nivel de sobriedad (90 días o más) antes de hurgar en cuestiones psicológicas. Tu marido es un adicto. Lo más probable es que sea un hombre inteligente, ya que ha sido capaz de mantener al menos un indicio de fachada hasta ahora. La terapia se convertiría en una distracción de su esfuerzo inmediato sobre la sobriedad. También podría manipular la terapia y tus esperanzas. No te conformes con menos que la sobriedad. Está enfermo y solo hay una forma de mejorar. Sobriedad.

9. No discutas con tu marido. No se encuentra en una posición razonable. Lo volverá todo contra ti. Manifiesta tus necesidades, tus peticiones, etc., pero no insistas si se va a convertir en una discusión. Aquí es donde tu propio esfuerzo será esencial. Si no haces tus propios deberes, tu marido te arrastrará en una espiral de devastación cada vez que discutáis.

10. No eres la madrina de tu marido ni su terapeuta ni su director espiritual ni ante quien deba rendir cuentas. Lo mejor de utilizar recursos externos profesionales es que puedes liberarte de una función imposible en la que probablemente hayas quedado atrapada.

11. No empieces con terapia matrimonial. No hasta que tu marido esté sobrio y ambos estéis sanos en general; nada se puede hacer por el matrimonio hasta entonces. Cualquier terapeuta que sugiera lo contrario es un charlatán. El matrimonio está en pausa por ahora. Si llegas al punto de la terapia matrimonial, trabaja solamente con un terapeuta que no oculte secretos de ninguno de los esposos. Pregunta al terapeuta sobre su enfoque en la terapia de parejas. ¿Incluye la transparencia? Tiene que haber transparencia total. El matrimonio debería ser paciente y vosotros dos deberíais tener un papel en él. Pero el terapeuta debería centrarse en sanar el matrimonio, no en ofrecer encubrimiento a ninguno de los dos. Debería ser un trabajo duro. Si es fácil, probablemente no es real.

12. Cuídate. Te lo debes a ti misma, a tu marido y a tus hijos. Hazte un examen médico si hace más de un año del último o si estás experimentando cambios de salud significativos. Pero un chequeo de verdad, no solo tu visita regular al ginecólogo. Haz ejercicio. Te ayudará a aclarar tu mente y tal vez incluso a rezar. Come bien. Haz cosas buenas que te hagan sentir bien y fuerte: para ti, para tus hijos e incluso para tu marido.

13. No tomes ninguna decisión sobre el matrimonio a no ser que necesites una separación legal para protegerte económicamente o necesites residencias separadas para protegerte a ti y a tus hijos. En cuanto empieces a recuperarte de esta horrible situación, llegarás al punto en que verás con claridad cuál debería ser el próximo paso. Lo sabrás porque tendrás paz sobre tu decisión aunque dé miedo tomarla.

Y a continuación, algunas sugerencias prácticas espirituales.

Por lo general, un cónyuge que ha sido herido tan profundamente termina preguntándose dónde está Dios en medio de todo esto. “Si Dios es Amor, ¿por qué siento soledad y falta de amor? ¿Por qué Dios no se preocupa lo suficiente de mí?”. La traición puede provocar el endurecimiento de nuestro corazón, no solo hacia la persona que nos ha traicionado, sino hacia nosotros mismos y hacia Dios.

Pero la cuestión es que Dios sí se preocupa por ti. Te ama profundamente aunque no sientas Su amor ahora mismo. El hecho de que te hayas percatado de lo malo de tu situación es una señal de que Dios te acompaña, confirmando que mereces más que todo eso, que deberías ser amada y que, de hecho, lo eres. Sin Dios de tu lado, no tendrías la confianza para mantener tus trece (o cantarle las cuarenta) ante tu cónyuge, ante el mundo y ante Dios mismo.

Sigue haciéndote estas preguntas. Exige respuestas. Te acercarán más a Dios. Experimentarás Su amor a medida que crezcas en la certeza de que los fracasos de tu marido no son el reflejo de tu valía ni de tu dignidad. Pide consuelo a Dios; Él te lo concederá. Podrá ser en momentos fortuitos, a veces podrán ser obvios. Ve con frecuencia a confesarte, como mínimo cada dos semanas, si no más a menudo.

Necesitas la gracia para sanar tu ira justificada. Necesitas la gracia para levantarte cuando te sientas tan decaída que nada parezca importar. La gracia está ahí, al alcance de tu mano. Tómala, úsala, corre con ella. Toda esta situación te ha robado tu paz. Permite a Dios que la restaure. Si puedes, consigue un buen director espiritual. Cuando te encuentres en una situación en la que veas que pierdes tu paz, atiende a dos cosas:

1. Perder tu paz interior es una señal de que en lo profundo de tu interior sabes que las cosas deberían ir mejor.

2. Tan pronto como empieces a perder tu paz, haz lo que sea necesario para detener el proceso. Puede que requiera toda tu energía y fuerza o puede que sea sorprendentemente simple. No serás capaz de saber si te están amando si no tienes paz en tu interior. Por eso precisamente al diablo le gusta que pierdas tu paz, porque entonces pierdes apego a la realidad. Por desgracia, probablemente el diablo esté trabajando codo con codo con tu pobre marido para hacerte dudar de todo lo que sabes sobre la realidad, pero en especial la realidad de que eres amada profunda y apasionadamente por Dios, al margen de los errores de tu marido. Al margen de tus propios errores.

Ve a misa siempre que puedas. Estás pasando por una crucifixión, así que dispones de mucho que ofrecer en el sacrificio de la misa. Si tienes hijos pequeños, sigue el consejo de las mamás blogueras y busca a quien te eche una mano con su cuidado. Que no sean ellos quienes te impidan ir a la misa que tan desesperadamente necesitas.

Para los adictos al sexo:

Tenéis que decidir tomaros esto en serio y detener ese comportamiento. [Voy a asumir que el adicto es el marido, como en el caso de la carta mencionada al principio, ya que es el caso de la mayoría de adicciones al sexo; aunque la situación cambia. La adicta podría ser fácilmente la esposa.]

  1. Decide buscar ayuda ahora mismo. Ve a una reunión de SA tan pronto como sea posible. Hoy mismo. Sin excusas; ya has puesto excusas durante demasiado tiempo.
  2. Claro, explora otras opciones de tratamiento; pero una reunión de SA es sin duda un buen camino para comenzar sin más dilación. Hoy. Si no hay ninguna reunión de SA cerca de ti, ve a otra reunión de 12 pasos.
  3. Quiérete a ti mismo lo bastante como para querer estar sano. Probablemente estás en esta situación porque te han pasado muchas cosas desagradables y has elegido muchas cosas desagradables para ti mismo (por no mencionar para tu esposa y tus hijos). Más tarde podrás lidiar con eso, pero primero permanece sobrio.
  4. Si el ordenador es el problema, tíralo, guárdalo bajo llave, busca un responsable ante quien rendir cuentas de tu evolución.
  5. Tu esposa no es la responsable ante quien rendir cuentas, ni tu terapeuta ni tu confesora. Tampoco es Dios ni el padre que te decepcionó ni quienquiera con quien estés enfadado. Deja de usarla para hacerte sentir superior y mejor contigo mismo. Deja de culparla. Deja de señalar sus errores. Quizás no estés preparado ni seas capaz de amarla como debieras, ya que ni siquiera puedes empezar a amarte de verdad a ti mismo hasta que estés sobrio y permanezcas sobrio. Pero deja de herirla más de lo que ya lo has hecho.
  6. Comprende que está enfadada y que seguirá así durante un tiempo. La única esperanza que te queda de ser de alguna ayuda para ella es controlar tu comportamiento y detener tu impulsividad sexual.
  7. Si hay otras adicciones involucradas, busca también ayuda para tratarlas. Tu adicción sexual, no obstante, será la más difícil de superar.
  8. Si tienes hijos o quieres tener hijos, pon freno a tu adicción. De otra forma, tus hijas continuarán casándose con hombres como tú o tus hijos se convertirán en hombres como tú porque tú eres el ejemplo de hombre que más conocen. Solamente puedes empezar a darle la vuelta a la situación viviendo tu sexualidad con integridad.
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