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Le dijo no al aborto y está cerca de ser reconocida santa

Esta madre de familia puso en jaque el concepto de aborto “terapéutico”

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El jueves 20 de octubre se cierra la fase diocesana de la Causa de Beatificación de María Cecilia Perrín de Buide (1957-1985), laica argentina, madre de familia. En un acto del que participarán autoridades eclesiales de Bahía Blanca, diócesis en la que vivió esta mujer que desde niña participó de actividades del Movimiento de los Focolares, se cerrará esta etapa inicial del proceso, marcada por una profunda investigación documental.

Esta fase precede a la romana, donde continúa el análisis y puede, eventualmente, reconocerse las virtudes heroicas de la Sierva de Dios, y tras este reconocimiento, analizarse posibles milagros que lleven a la beatificación.

Las historias se suelen contar desde el inicio, pero en el caso de Cecilia vale una excepción. El espacio en el cual descansan sus restos mortales, en la Ciudadela Mariápolis Lía, son una suerte de bálsamo espiritual. Sobre su tumba, rodeada de árboles y de un ambiente de permanente paz y alegría, se lee una frase que ella misma acuñó en momentos de enfermedad y despiertan a la oración inmediata: “Tus caminos son una locura, rompen mi humanidad, pero son los únicos que quiero recorrer”. Allí, y así, en un cementerio que recorriendo y pensando su vida se convierte en luminoso, quería ser sepultada.

Cecilia nació en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, el 22 de febrero de 1957. Conoció de niña la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, del que participó como Gen (joven), y luego como voluntaria. Catequista, tras dos años de noviazgo contrajo matrimonio con Luis Buide, en 1983. A los pocos meses, concibe una niña, Agustina, pero una llaga, en febrero de 1984, le llama la atención. Esa llaga indicaba un cáncer que debía ser tratado de inmediato, pero el tratamiento perjudicaría la vida de la niña.

A Cecilia algunos médicos le sugieren un aborto “terapéutico”. Pero decidió seguir adelante con el embarazo, con el apoyo de su marido, familia y amigos, y pudo dar a luz en julio de 1984. A los 8 meses, regresó a la casa del Padre.

Todo el proceso de su enfermedad, de su entrega a la voluntad de Dios poniendo por delante la vida de su hija, quedó registrado en emocionantes cartas que escribió Cecilia durante esos meses.

“Hace días sentía de darle todo a Jesús, pero con la voluntad y el pensamiento, no con el sentimiento, no podía de esta forma decirle SI, porque me invadía un gran temor que me lo impedía. El otro día en el quirófano estando sola antes de que me durmieran pude decirle sintiéndolo: Sí, Jesús, te doy todo. Cuando desperté sentía una gran tranquilidad pese a que lo que me dijeron era bastante desalentador”, le escribió al entonces arzobispo de Bahía Blanca.

“Muchas veces hemos hablado de que Dios es Amor. Ahora les puedo decir que es la experiencia más profunda que vivo. La situación es difícil, pero no saben lo que es abandonarse a Él y decirle Vos actúa. Esta es tu voluntad, manifestate como Tú lo quieras. El cubre todo, todo. Su amor se hace sentir, pero sentir de veras. Es como que el corazón estalla. Parece una locura porque no se puede entender: sufrir el dolor físico y experimentar que más allá de ese gran dolor te invade una felicidad que no se te va. Yo siento que en el dolor uno se desprende de todo y se queda con lo íntimo de uno mismo y en esta intimidad está Dios y Él es Amor”, escribió a sus alumnos de quinto año.

“Días atrás sentía como si fuera lo mismo vivir que morir, o sea, que da igual. Es más, hubo momentos en donde veía que morir era más fácil, más descansado. Pero sabés, lo que ahora le pido a Jesús es que me gustaría ser expresión de su gloria, me gustaría mostrar esta vida que nos ha permitido probar”, escribió a Lía Brunet, referente del Movimiento de los Focolares que hoy da nombre a la Mariápolis en la que descansas sus restos.

Mientras se conoce esta información sobre el avance en la Causa de Beatificación de Cecilia Perrín, considerada de interés provincial por la Provincia de Buenos Aires hace algunos años, la ministra de Salud de esa misma provincia adhirió a un protocolo nacional que hasta ahora la provincia ignoraba para la realización de abortos considerados “terapéuticos”.

Cecilia Perrín, con su alegría y fe, aún en los momentos de mayor dolor físico, propone otro camino.

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